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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Peña]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alejandro_pena/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Peña]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Mejor de lo esperado? Claves electorales en Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mejor-esperado-claves-electorales-argentina_132_3097249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/548b8ccf-4bdc-475d-be06-98a91db99aca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Mejor de lo esperado? Claves electorales en Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones del pasado domingo representan un claro triunfo de Cambiemos, la coalición del Presidente Macri</p><p class="subtitle">Cristina Fernández de Kirchner queda en una posición débil frente a un Peronismo que rara vez perdona las derrotas de sus líderes</p><p class="subtitle">Este escenario de incertidumbre dentro del Peronismo representa lo mejor de ambos mundos para Cambiemos</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones del pasado domingo representan un claro triunfo de Cambiemos, la coalici&oacute;n gobernante de centro-derecha liderada por el Presidente Mauricio Macri. Frente a resultados que superaron las expectativas generadas por las primarias de Octubre, la disimulada euforia de l&iacute;deres, candidatos, y militantes en los actos de festejo mostraba, por un lado, el alivio de haber espantado finalmente los fantasmas &ldquo;delaru&iacute;sticos&rdquo; que se agitaban desde el 2015, cuando se tem&iacute;a que la vol&aacute;til amalgama de falta de experiencia, elitismo, y un programa de ajustes pro-mercado se llevar&iacute;an por delante el austero margen con que Macri hab&iacute;a triunfado en las elecciones presidenciales. Por el otro, los festejos suger&iacute;an tambi&eacute;n la seguridad de algo cada vez m&aacute;s evidente tanto para la oposici&oacute;n c&oacute;mo para la sociedad entera: que esa victoria era, tambi&eacute;n, una nueva derrota del Kirchnerismo, la tercera en sucesi&oacute;n desde el 2013. Con el agravante de que esta era una derrota m&aacute;s significativa, distinta a las anteriores, ya que indicaba la conclusi&oacute;n de un ciclo hist&oacute;rico y pol&iacute;tico de m&aacute;s de una d&eacute;cada de duraci&oacute;n marcado en sus inicios por la crisis del 2001 y por el colapso del sistema de partidos que sigui&oacute;, y que dej&oacute; al Peronismo, primero, y al Kircherismo, despu&eacute;s, en una posici&oacute;n hegem&oacute;nica sin precedentes en la democracia argentina. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto todav&iacute;a no significa, a mi entender, la vuelta a la normalidad, un t&eacute;rmino que dif&iacute;cilmente puede ser usado para entender la pol&iacute;tica en Argentina. Esto es porque el nuevo ciclo que se abre va estar marcado, al menos en el corto plazo, por la evoluci&oacute;n de dos din&aacute;micas pol&iacute;tico-partidarias entrelazadas. La primera tiene que ver con la posici&oacute;n y consolidaci&oacute;n de Cambiemos como partido pol&iacute;tico. Los resultados del domingo, sin duda, confirman la graduaci&oacute;n de Cambiemos de fuerza distrital a fuerza nacional. La coalici&oacute;n no s&oacute;lo confirm&oacute; su dominio en su distrito de origen, con Elisa Carri&oacute; superando al candidato Kirchnerista Daniel Filmus por 25 puntos en la Ciudad de Buenos Aires, sino que avanz&oacute; en regiones y provincias que dif&iacute;cilmente se enmarcan con la idea del &ldquo;Macrismo&rdquo; c&oacute;mo partido porte&ntilde;o, de clase media o clase alta. En la provincia de Buenos Aires, tradicional basti&oacute;n peronista, Esteban Bullrich, un tecn&oacute;crata de escasa popularidad, super&oacute; a Cristina Fern&aacute;ndez por 41% contra 37% de los votos. Cambiemos tambi&eacute;n triunf&oacute; en Salta, Jujuy, Chaco y La Rioja, provincias pobres en el Noroeste del pa&iacute;s (y en este &uacute;ltimo caso, la primera que el expresidente Carlos Menem pierde una elecci&oacute;n en su provincia). C&oacute;mo resultado, el mapa electoral argentino tiene hoy un marcado tinte amarillo, d&aacute;ndole a Cambiemos la seguridad de tener (limitadas) mayor&iacute;as en ambas c&aacute;maras.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, Cambiemos es una coalici&oacute;n electoral reci&eacute;n nacida, que aglutina partidos y facciones con distintas ideolog&iacute;as, pero que bajo la polarizaci&oacute;n promovida durante doce a&ntilde;os de Kirchnerismo encontraron, gradualmente, puntos comunes. Podemos pensar entonces que el &eacute;xito electoral (y la expansi&oacute;n territorial del partido y sus l&iacute;deres) va a reforzar estas asociaciones y relativizar diferencias internas, m&aacute;s a&uacute;n cuando Mauricio Macri qued&oacute; en una posici&oacute;n favorable para ganar su re-elecci&oacute;n dentro de dos a&ntilde;os, una posibilidad que unos meses atr&aacute;s pocos se atrev&iacute;an a mencionar. Sin embargo, de ah&iacute; a que esto implique la consolidaci&oacute;n de una nueva identidad partidaria de centro-derecha en Argentina hay un gran paso. Hay que recordar que Cambiemos surgi&oacute; principalmente c&oacute;mo una coalici&oacute;n opositora no-Peronista y, m&aacute;s fundamentalmente, anti-Kirchnerista. El ocaso de su espejo, que muchos comentaristas dan por sentado ahora, no es un tema trivial y podr&iacute;a generar ciertos problemas.
    </p><p class="article-text">
        Esto conecta con la segunda din&aacute;mica en cuesti&oacute;n: la ca&iacute;da del Kirchnerismo y sus implicaciones para el Peronismo. Primero, hay que notar que esta ca&iacute;da es relativa: el Kirchnerismo y sus aliados obtuvieron el 20% de los votos a nivel nacional, y conservan 67 esca&ntilde;os en el Congreso Nacional. Si se le suman los votos Peronistas no-Kirchneristas, ambos obtuvieron el 37% de los votos, un punto porcentual m&aacute;s que los ganados por Cambiemos. Sin embargo, es dif&iacute;cil negar que el lunes por la ma&ntilde;ana, la posibilidad del retorno de Cristina Fern&aacute;ndez al poder fue degradada de probable a remota. M&aacute;s notable y significativo es quiz&aacute;s que el Kirchnerismo parece estar involucionando en direcci&oacute;n apuesta al Macrismo: el grueso de sus votos procede de unos pocos distritos muy poblados en el conurbano bonaerense (principalmente de esa aberraci&oacute;n geo-pol&iacute;tica conocida como Partido de La Matanza, con sus casi dos millones de habitantes), peligrosamente cerca de convertirse en un partido municipal. Como repiten distintos observadores pol&iacute;ticos, el problema de Cristina Fern&aacute;ndez es que tiene piso alto y techo bajo. Esto la pone en una posici&oacute;n d&eacute;bil frente a un Peronismo que rara vez perdona las derrotas de sus l&iacute;deres, mientras que envalentona a sus competidores internos, particularmente aquellos que aceptan el nuevo clima pol&iacute;tico. La renovaci&oacute;n del Peronismo parece entonces m&aacute;s necesaria considerando que a dos a&ntilde;os de las pr&oacute;ximas elecciones, este se encuentra fragmentado y carente de liderazgos fuertes y visibles, mientras que Cambiemos no s&oacute;lo tiene a un Macri cada vez m&aacute;s c&oacute;modo, sino que ha desarrollado un grupo de figuras carism&aacute;ticas con proyecci&oacute;n nacional (la gobernadora de Buenos Aires, Maria Eugenia Vidal, siendo el ejemplo m&aacute;s concreto).
    </p><p class="article-text">
        Este escenario de incertidumbre dentro del Peronismo representa lo mejor de ambos mundos para Cambiemos, y para la gobernabilidad del pa&iacute;s. Cambiemos ha explotado exitosamente la polarizaci&oacute;n promovida por el Kirchnerismo, particularmente en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os de gobierno: dif&iacute;cil si no explicar los votos provenientes de distritos desfavorecidos, considerando la fuerte pol&iacute;tica de ajuste y subida de tarifas aplicada en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, as&iacute; como la escasa repercusi&oacute;n electoral del caso Santiago Maldonado, considerando el conflicto pol&iacute;tico y social que provoc&oacute;. De esta manera, el desaf&iacute;o a medio plazo de Cambiemos es superar su identidad anti-Kirchnerista, y claro est&aacute;, lograr sus objetivos de gobierno, principalmente re-activar la econom&iacute;a. En el mientras tanto, disfruta de la situaci&oacute;n de crisis de Peronismo, una situaci&oacute;n que recuerda a la famosa frase de Antonio Gramsci, donde lo viejo est&aacute; muriendo pero lo nuevo no acaba de nacer. Una Cristina que se niega a claudicar, y que todav&iacute;a supera a sus competidores en reconocimiento y votos, pero que no gana elecciones, es la mejor garant&iacute;a que tiene Cambiemos para evitar competir con un Peronismo unificado. Mientras esto dure, Macri, su partido, y muchos de sus votantes, pueden respirar tranquilos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Peña]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mejor-esperado-claves-electorales-argentina_132_3097249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Oct 2017 17:58:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Mejor de lo esperado? Claves electorales en Argentina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Mauricio Macri,Elecciones Argentina,Cristina Fernández de Kirchner,Cambiemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La derecha en movimiento en América Latina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/derecha-movimiento_132_3250209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las protestas recientes revelan un perfil “de derecha”, distinto de movilizaciones sociales anteriores</p><p class="subtitle">Estas sugieren cierta innovación en la manera en que los partidos políticos conservadores se relacionan con actores sociales modernos</p></div><p class="article-text">
        Las protestas en las calles de Brasil y Venezuela se han vuelto un evento tristemente cotidiano en portadas de diarios y portales de noticias. Estos eventos, sin embargo, son parte de una escalada de conflicto en una regi&oacute;n ya caracterizada por un alto nivel de movilizaci&oacute;n. Algunas de estas protestas, sin embargo, son de inter&eacute;s m&aacute;s all&aacute; del caso particular y han sido analizadas <a href="http://mobilizationjournal.org/doi/abs/10.17813/1086-671X-22-2-177?code=hjdm-site" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde un punto de vista acad&eacute;mico</a>, debido a que comparten ciertas caracter&iacute;sticas que sugieren un cambio de tendencia en la orientaci&oacute;n del conflicto social en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos como ejemplo las marchas que acosaron a Dilma Rousseff en Brasil desde el 2013 en adelante, as&iacute; como las sufridas por el gobierno de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner en Argentina hacia el fin de su mandato. En ambos pa&iacute;ses, fueron las movilizaciones m&aacute;s grandes en la &uacute;ltima d&eacute;cada, con millones de participantes. Uno de los aspectos comunes m&aacute;s notables es que ambas fueron movilizaciones &ldquo;de derecha&rdquo; (un t&eacute;rmino pol&eacute;mico en s&iacute; mismo, particularmente en Am&eacute;rica Latina). Los manifestantes que tomaron las calles de Sao Paulo, Buenos Aires, y muchas otras ciudades, pertenec&iacute;an a los segmentos econ&oacute;micos medios y altos de la sociedad, y con mayor nivel educativo. A su vez, en gran parte, las protestas promovieron marcos de protesta &ldquo;republicanos&rdquo;; la defensa de las instituciones, la lucha contra la corrupci&oacute;n y la inseguridad, la eficiencia del Estado, en contraste con los motivos &ldquo;populares&rdquo; al frente de movimientos sociales en la regi&oacute;n durante los noventa y principios del milenio. De esta forma, algunos comentaristas ir&oacute;nicos denominaron a estas protestas como &ldquo;cacerolazos de tefl&oacute;n&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Otra caracter&iacute;stica inusual durante estas marchas fue el involucramiento, m&aacute;s o menos expl&iacute;cito, de partidos pol&iacute;ticos conservadores, tradicionalmente en la vereda de enfrente a la protesta social. En este sentido, ambos eventos, como tambi&eacute;n las protestas en contra del acuerdo de paz con las FARC en Colombia durante 2016, representan una cierta innovaci&oacute;n en t&eacute;rminos de repertorios de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica &ndash;las rutinas de conflicto que involucran un mismo par de agentes y motivos&ndash; ya que marchas y grandes movilizaciones han sido un repertorio tradicional de la izquierda, a trav&eacute;s de la conexi&oacute;n profunda que partidos populares como el PT (Partido de los Trabajadores) en Brasil y el PJ (Partido Justicialista, que agrega el n&uacute;cleo principal del Peronismo) en Argentina poseen con entidades gremiales y movimientos sociales de distinta &iacute;ndole.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de este nuevo repertorio, de mantenerse, es entonces interesante por dos motivos. Por un lado, porque representa la &ldquo;entrada en la calle&rdquo; de sectores de la sociedad que antes prefer&iacute;an convencionalmente otros canales de participaci&oacute;n y confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica. El caso brasile&ntilde;o es ilustrativo en este sentido: antes de 2013, Brasil era un pa&iacute;s donde las protestas de gran escala eran eventos raros, incluso durante per&iacute;odos econ&oacute;micos m&aacute;s complicados que el actual. Pero como Dilma Rousseff pudo atestiguar, desde entonces, las movilizaciones contra la clase pol&iacute;tica y el gobierno, por estudiantes y sectores amplios de la clase media, se volvieron eventos rutinarios, a tal punto que se puede decir que el pa&iacute;s ha entrado en una fase contenciosa activa donde la calle se ha vuelto tan o m&aacute;s importante que las instituciones. Similarmente, la creciente convocatoria de la serie de marchas contra el gobierno Kirchnerista entre 2012 y 2013, que en su momento sorprendieron tanto al gobierno como a la oposici&oacute;n, fueron una demostraci&oacute;n de que la clase media argentina le hab&iacute;a perdido miedo a la calle, una calle antes monopolizada por piqueteros, gremios, y movimientos filo-peronistas.  
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, este repertorio sugiere nuevas formas de relaci&oacute;n entre distintos actores sociales y pol&iacute;ticos, diferentes en principio de las alianzas ideol&oacute;gicas y estructuras corporativistas comunes entre los movimientos pol&iacute;ticos latinoamericanos. La manera en que el movimiento juvenil Brasil Livre, muy activo en promover la destituci&oacute;n de Rousseff, adopt&oacute; esl&oacute;ganes y s&iacute;mbolos propuestos por la clase empresarial brasile&ntilde;a y sus aliados pol&iacute;ticos (por ejemplo, el gigante pato inflable amarillo provisto por la Federaci&oacute;n de Industrias de Sao Paulo, colocado frente a su edificio sobre la avenida Paulista), y la forma en que dirigencias del Macrismo y otros partidos opositores en Argentina se coordinaron con ciberactivistas &ldquo;Anti-K&rdquo; independientes, representan nuevas formas de relacionamiento entre actores pol&iacute;ticos, privados, y sectores de la sociedad civil.
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        A partir de esto me surge una hip&oacute;tesis un tanto arriesgada y no muy bien acabada, que siendo esto un blog, me animo a proponer (a tirar, c&oacute;mo se dice en Argentina): &iquest;As&iacute; como los partidos de izquierda en muchos pa&iacute;ses de la regi&oacute;n se conforman como movimientos populares, ser&aacute; posible que estemos viendo una asociaci&oacute;n estructural entre partidos de derecha y las protestas m&aacute;s descentralizadas, individualizadas y virtuales t&iacute;picas de nuestro tiempo? O puesto de otra forma: &iquest;son los manifestantes m&aacute;s acaudalados, y m&aacute;s liberales si se quiere, a los partidos de derecha lo que los movimientos populares a los de izquierda? En el fondo, se podr&iacute;a pensar que estructuras m&aacute;s horizontales de organizaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n, y marcos de referencia menos ideologizados y articulados, son m&aacute;s compatibles con una visi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s liberal que con una colectivista. Al fin y al cabo, cuando la revista <em>Time</em> design&oacute; <em>The Protester</em> c&oacute;mo persona del a&ntilde;o 2011, la <a href="http://content.time.com/time/covers/0,16641,20111226,00.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">imagen de portada</a> no fue la de un grupo o la una multitud, pero la de un solo individuo (que seguro ten&iacute;a un tel&eacute;fono en la mano). Si estiramos la idea un poco, surge entonces una contraparte interesante, que resuena con eventos m&aacute;s all&aacute; del Sur: si la ca&iacute;da de ideolog&iacute;as colectivistas desgast&oacute; la legitimidad de la huelga como repertorio contencioso, y los v&iacute;nculos corporativistas entre trabajadores y partidos laboristas, forzando a estos &uacute;ltimos a mudarse al centro, &iquest;Podr&iacute;a auge del individualismo y de formas individualizadas de protesta significar una ventaja estructural para los partidos conservadores modernos, dado motivos y estructuras de movilizaci&oacute;n m&aacute;s personalizadas, menos verticales y menos comprometidas? Volviendo al barrio, &iquest;ser&aacute; Twitter al Macrismo lo que la Unidad B&aacute;sica fue al Peronismo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Peña]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Oct 2017 17:28:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La derecha en movimiento en América Latina]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Brasil,Cristina Fernández de Kirchner,Mauricio Macri]]></media:keywords>
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