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    <title><![CDATA[elDiario.es - Julio Picatoste]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/julio_picatoste/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Julio Picatoste]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Estampas kafkianas de una instrucción judicial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estampas-kafkianas-instruccion-judicial_129_12821955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fa29fc3-be12-47ee-bb8a-0e035d31ebf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estampas kafkianas de una instrucción judicial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Toda vanidad y afán velado de prepotencia es incompatible con la toga de administrar justicia</p><p class="subtitle">La Audiencia Provincial corrige al juez Peinado y anula la imputación del delegado del Gobierno en Madrid en el caso de Begoña Gómez</p></div><p class="article-text">
        Que la instrucci&oacute;n del juez Juan Carlos Peinado en el asunto de la mujer del presidente del Gobierno est&aacute; plagada de decisiones chocantes no constituye, a estas alturas, novedad alguna. Pero quiero ahora destacar las concomitancias que encuentro entre algunas singularidades de esa instrucci&oacute;n y ciertos pasajes de la novela <em>El proceso</em> de Franz Kafka.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabemos por la prensa que, en uno de los zigzagueantes meandros de la interminable e insondable instrucci&oacute;n de Peinado, este cit&oacute; como investigada a la secretaria general de la Presidencia para recibirle declaraci&oacute;n un domingo por la tarde &ndash; en hora casi taurina, a las 17,30 - ya que en la fecha inicialmente fijada para tal fin su abogada estaba ya comprometida con otras citaciones judiciales.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el art&iacute;culo 184 de la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial establece que, trat&aacute;ndose de la instrucci&oacute;n de causas criminales, todos los d&iacute;as del a&ntilde;o y todas las horas son h&aacute;biles. Ello no obstante, si no hay causa que imponga o justifique una urgencia inaplazable no es com&uacute;n llamar a declarar a investigados o testigos en domingo o d&iacute;a festivo; es razonable que en esos d&iacute;as quiera el juez desligarse de toda carga laboral para entregarse al gozo de la privacidad y el descanso, y debe suponerse que el ciudadano objeto de citaci&oacute;n estar&aacute; deseoso de igual recogimiento. L&oacute;gico. Por consiguiente, solo razones perentorias &ndash; desconocidas en este caso &ndash; pueden servir de apoyo a tan particular e impaciente convocatoria.
    </p><p class="article-text">
        Esa citaci&oacute;n dominguera me trae inevitablemente a la memoria el pasaje de <em>El proceso</em> en el que el atribulado Josef K., protagonista del angustioso relato, es citado en domingo para someterse a un primer interrogatorio del juez de instrucci&oacute;n. En la novela, la inusual citaci&oacute;n se explica por el deseo del tribunal de no molestar al interrogado en sus quehaceres profesionales. No parece, ni consta, que el juez Peinado actuara movido por igual deferencia hacia las ocupaciones laborales de la persona que va a ser interrogada, toda vez que la citaci&oacute;n originaria estaba se&ntilde;alada para un d&iacute;a laborable. Desconozco entonces los motivos de la decisi&oacute;n del juez, si es que pretende dar apariencia de una actividad instructora de alto voltaje y corriente continua, perseverante e inagotable, o si se trata de un solapado escarmiento a quienes le obligan a mudar la fecha originaria por &eacute;l se&ntilde;alada; tambi&eacute;n -admit&aacute;moslo- es posible que el juez no dispusiese de otra fecha cercana en d&iacute;a laborable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra decisi&oacute;n de Peinado, sorprendente por extravagante, tuvo lugar con ocasi&oacute;n de recibir declaraci&oacute;n al ministro Bola&ntilde;os en Moncloa, momento en el que, llegado a la sede oficial, solicit&oacute; una tarima para situarse sobre ella y as&iacute;, en estado de autoelevaci&oacute;n, llevar a cabo el interrogatorio. Inaudito. Est&aacute; claro que quer&iacute;a reproducir la disposici&oacute;n de jerarqu&iacute;as que representan los estrados de una sala de audiencia. No le bastaba con el rango inherente al cargo y la posici&oacute;n procesal del juez que, en rigor, no precisan de aditivos; al parecer, ten&iacute;a por inexcusable que, de alguna manera, se hiciese visible la supremac&iacute;a judicial del momento, poder mirar al ministro desde arriba, por encima del hombro. El poder siempre ha querido afirmarse en posici&oacute;n encumbrada, y no solo porque los s&uacute;bditos eran obligados a comparecer rebajados a cota inferior, sino porque con aquella altura &ndash; de ah&iacute; alteza- de vocaci&oacute;n levitante, todas las miradas inevitablemente convergen en quien lo encarna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No dice la Ley de Enjuiciamiento Criminal (art&iacute;culo 413) que en las ocasiones en las que el juez haya de desplazarse al despacho de una alta autoridad para la pr&aacute;ctica de un interrogatorio, haya de reproducirse la gradaci&oacute;n de alturas propia de la sala de vistas de un tribunal. Dicho de otro modo, la sala de audiencia no es escenario itinerante. Si tan relevante o necesario era el auxilio de la tarima para el cometido del interrogatorio, bien pudo plantearse el juez la posibilidad de llevarse consigo a Moncloa alguna tarima de mano, plegable y transportable, como si de una herramienta m&aacute;s de trabajo se tratara, y liberar as&iacute; a los funcionarios de las dependencias ministeriales de la que debi&oacute; ser para ellos una carga inesperada y tan enojosa como ins&oacute;lita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si el juez Peinado hubiese hecho valer igual exigencia si, en la hip&oacute;tesis prevista art&iacute;culo 419 de la LECrm, se hubiese trasladado al domicilio de un particular impedido f&iacute;sicamente de acudir al llamamiento judicial, para recibirle all&iacute; declaraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, esta ocurrencia de la tarima, que va de alturas, niveles, rangos y apariencias, me traslada de nuevo a im&aacute;genes de <em>El proceso</em>. Uno de los personajes de la novela, Leni, enfermera de Huld, el abogado al que Josef K. hab&iacute;a encomendado su defensa, le muestra el retrato de un juez de instrucci&oacute;n que, siendo hombre de estatura &ldquo;casi diminuta&rdquo;, en el cuadro se hace representar alto &ldquo;porque es insensatamente vanidoso, como todos los de aqu&iacute;&rdquo;. De nuevo el s&iacute;ndrome del engrandecimiento, la preocupaci&oacute;n por la elevaci&oacute;n, la obsesi&oacute;n por el nivel dominante desde donde la mirada del juez puede examinar, escudri&ntilde;ar acaso, al justiciable.
    </p><p class="article-text">
        Toda vanidad y af&aacute;n velado de prepotencia es incompatible con la toga de administrar justicia (por ello soy contrario a que en ella se luzcan medallas, collares y condecoraciones; nada como la sobriedad). Sabia era la cr&iacute;tica de Kafka, que en su ejercicio profesional debi&oacute; conocer a m&aacute;s de un juez y las flaquezas de algunos. Coincido con el profesor Ramos M&eacute;ndez cuando dice que ser&iacute;a tremendamente pedag&oacute;gico disponer en nuestros tribunales de ejemplares gratuitos de <em>El proceso</em>. Para lectura de los jueces, claro. Es una idea, Sr. ministro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estampas-kafkianas-instruccion-judicial_129_12821955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Dec 2025 21:20:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estampas kafkianas de una instrucción judicial]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Selección de jueces: tiempo de reformas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/seleccion-jueces-tiempo-reformas_129_12148229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc296c73-3b39-4251-8f61-f3d0419d5c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Selección de jueces: tiempo de reformas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pese a sus imperfecciones, el sistema de acceso a la judicatura ha dado buenos jueces, pero no por ello debo renunciar a una apreciación crítica de lo visto y oído durante los treinta años que he ejercido como juez en un tribunal de apelación.</p></div><p class="article-text">
        El Anteproyecto de Ley Org&aacute;nica que modifica la del Poder Judicial y el Estatuto del Ministerio Fiscal aborda varias cuestiones, algunas de ellas especialmente conflictivas y delicadas como es, por ejemplo, y entre otras, la situaci&oacute;n de los jueces sustitutos, problema que debe tratarse con suma cautela. Pero ahora me voy a ocupar solo de las concretas modificaciones proyectadas en lo que afecta al sistema de selecci&oacute;n de jueces o, lo que es lo mismo, a las pruebas en las que se desarrolla el ya vetusto r&eacute;gimen de oposiciones.
    </p><p class="article-text">
        Como conozco el pa&ntilde;o de los contradictores, quiero adelantar algunas advertencias: la primera, no me opongo sin m&aacute;s a la existencia de un r&eacute;gimen de acceso a la judicatura por medio de oposici&oacute;n libre. Pero soy contrario a que aquella se configure solo y exclusivamente con pruebas de exposici&oacute;n preponderantemente memor&iacute;stica. La segunda, no trato de subestimar la memoria, imprescindible, como es obvio, en todo examen o prueba de conocimientos, pero s&iacute; opugno la sobrevaloraci&oacute;n de esa memorizaci&oacute;n textual a que conduce el sistema de ejercicios de recitaci&oacute;n contra reloj, sujeta a un tiempo predeterminado. Y tercera, es evidente que, pese a sus imperfecciones, el sistema ha dado buenos jueces, pero no por ello debo renunciar a una apreciaci&oacute;n cr&iacute;tica de lo visto y o&iacute;do durante los treinta a&ntilde;os que he ejercido como juez en un tribunal de apelaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el ya citado anteproyecto, el Gobierno se ha decidido a reformar el sistema de selecci&oacute;n de jueces o, lo que es lo mismo, el r&eacute;gimen de oposiciones. Y la verdad es que, en lo que a las pruebas se refiere, lo hace de modo prudente, sin provocar estremecimiento alguno. Se puede decir que el anteproyecto, en lo que a este extremo concierne, se ocupa m&aacute;s de establecer garant&iacute;as &uacute;tiles que de introducir modificaciones que pongan en riesgo los cimientos del sistema, a excepci&oacute;n de las omisiones a que luego aludir&eacute;. Pese a ello, la derecha judicial y pol&iacute;tica se sobresaltan, se rasgan togas y vestiduras y temen que con ellas tambi&eacute;n se desgarre el velo del templo sagrado de la justicia. Francamente, me parece una sobreactuaci&oacute;n gestual injustificada.
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que algunos no quieran obstinadamente ver la realidad, es lo cierto que, en la actualidad, los ejercicios orales que constituyen la clave y esencia de la oposici&oacute;n, est&aacute;n concebidos como demostraci&oacute;n y prueba del aprendizaje memorizado de unos temas de contenido calculado para su exposici&oacute;n ante el tribunal de forma comprimida bajo el apremio del reloj que marca un tiempo concreto de recitado. Decir que ese m&eacute;todo permite evaluar &ldquo;la capacidad de razonamiento y de expresi&oacute;n, as&iacute; como la madurez de los candidatos&rdquo; (as&iacute; lo hace, por ejemplo, el portavoz de Foro Judicial Independiente) es de todo punto insostenible. Tambi&eacute;n lo es afirmar &ndash;como justificaci&oacute;n de la oralidad de los ejercicios&ndash; que la tarea jurisdiccional se basa en la expresi&oacute;n oral, criterio rotundamente inaceptable toda vez que acontece justamente lo contrario: lo m&aacute;s notable y propio de la funci&oacute;n judicial tiene lugar en el dictado de resoluciones escritas. En suma, que para defender lo indefendible se ha recurrido a argumentos de inconcebible atrevimiento.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil entender que las moderadas propuestas del anteproyecto relativas a los ejercicios de la oposici&oacute;n puedan suscitar protesta. Veamos:
    </p><p class="article-text">
        1&ordm;. Con objeto de paliar el memorismo autom&aacute;tico de los ejercicios orales, el anteproyecto dice que la prueba oral no podr&aacute; consistir, en ning&uacute;n caso, en una exposici&oacute;n memor&iacute;stica. Es una correcci&oacute;n oportuna, bienintencionada, por m&aacute;s que falte, a mi juicio, una concreci&oacute;n del modo en que tal prop&oacute;sito pueda conseguirse, esto es, mediante qu&eacute; f&oacute;rmula ha de neutralizarse aquella exigencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2&ordm;. Para el ejercicio oral tambi&eacute;n se prev&eacute; su registro en soporte audiovisual, garant&iacute;a cuya necesidad vengo demandando desde 2016 en sucesivos art&iacute;culos. &iquest;De verdad que esta previsi&oacute;n puede merecer reproche serio? &iquest;En nombre de qu&eacute; principios?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        3&ordm;. La incorporaci&oacute;n de un ejercicio pr&aacute;ctico (eliminatorio) responde a una necesidad ineludible; se trata, adem&aacute;s, de una prueba escrita que cuenta con la garant&iacute;a del anonimato. Que las pruebas de acceso a la judicatura est&eacute;n limitadas a solo dos ejercicios orales, como actualmente ocurre, sin que el aspirante sea sometido a prueba alguna dirigida a comprobar sus aptitudes argumentativas, su destreza en el razonamiento, su capacidad para detectar los problemas, su habilidad hermen&eacute;utica, es de todo punto irrazonable. Si tal ejercicio pr&aacute;ctico se da en otras oposiciones (notar&iacute;as, registros, abogados del Estado) &iquest;c&oacute;mo es posible que se prescinda de &eacute;l a la hora de seleccionar a los jueces cuyo cometido profesional consiste precisamente en la diaria puesta a prueba de aquellas aptitudes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se reprocha el car&aacute;cter discrecional de esta prueba. A esto debemos responder: primero, que por m&aacute;s que se tache de objetivo el ejercicio oral &ndash;es argumento mim&eacute;ticamente reiterado&ndash;  hay discrecionalidad en la valoraci&oacute;n de los ejercicios orales; no es objetiva una prueba que depende de la subjetividad de un tribunal que ha de evaluar la exposici&oacute;n del opositor. La realidad es, por otra parte, tristemente elocuente. He o&iacute;do varias veces las explicaciones dadas por miembros de tribunales para justificar el rechazo de alg&uacute;n opositor que son muestra palmaria de una manifiesta discrecionalidad y, en ocasiones, de irritante injusticia. Segundo, no se trata de que, en la resoluci&oacute;n del caso pr&aacute;ctico o confecci&oacute;n del dictamen, el examinando &ldquo;acierte&rdquo; en la concreta soluci&oacute;n del caso, a gusto del tribunal; eso ser&iacute;a absurdo; a diario, los tribunales discrepan en la resoluci&oacute;n de los litigios, en la interpretaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de la ley. Objetivo de aquellas pruebas ha de ser comprobar la razonabilidad de la argumentaci&oacute;n y soluci&oacute;n ofrecida, la no arbitrariedad o veleidad del razonamiento o interpretaci&oacute;n de la norma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He le&iacute;do lo que a prop&oacute;sito de los ejercicios de la oposici&oacute;n dice el informe redactado por la muy conservadora Asociaci&oacute;n Profesional de la Magistratura. Es la expresi&oacute;n del m&aacute;s trasnochado inmovilismo. En su opini&oacute;n, quienes critican la evaluaci&oacute;n memor&iacute;stica de las actuales oposiciones es que &ldquo;no saben lo que las oposiciones son o no ha opositado&rdquo;. Este criterio supone un empecinamiento en negar una realidad patente que precisamente conocen quienes han opositado y sufren quienes preparan una oposici&oacute;n. Y, sin duda, desconoce la legi&oacute;n de antiguos opositores, hoy jueces y magistrados, que reconocen y reprueban el decisivo componente mnem&oacute;nico de las pruebas orales. Dice tambi&eacute;n el informe que la actual configuraci&oacute;n de estos ejercicios permite evaluar no solo los conocimientos de teor&iacute;as doctrinales y cuestiones jurisprudenciales, sino tambi&eacute;n el &ldquo;trabajo bajo presi&oacute;n del cron&oacute;metro, aprovechamiento del tiempo, firmeza, tranquilidad y sosiego en situaciones de estr&eacute;s&rdquo;. Sin comentarios. Y, para rematar la inconsistencia de estos juicios, termina por defender lo innecesario del ejercicio escrito sobre un caso pr&aacute;ctico. Tambi&eacute;n sin comentarios. Como dice Pasquau Lia&ntilde;o, la necesidad del ejercicio pr&aacute;ctico &ldquo;no deber&iacute;a tener que argumentarse. Su ausencia produce rubor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jueces para la Democracia aprueba plenamente las modificaciones proyectadas en los ejercicios de la oposici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el comunicado emitido por la Asociaci&oacute;n Judicial Francisco de Vitoria, ninguna referencia se hace a las modificaciones proyectadas en relaci&oacute;n con los ejercicios de las oposiciones; se limita a expresar su leg&iacute;tima y razonable preocupaci&oacute;n sobre otros aspectos del anteproyecto.
    </p><p class="article-text">
        De Foro Judicial Independiente no me consta pronunciamiento oficial al respecto, pero s&iacute; manifestaciones de su portavoz, ya recogidas l&iacute;neas atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, y ci&ntilde;&eacute;ndome a lo que concierne al sistema de oposici&oacute;n (hay otros temas en el anteproyecto de notable importancia que merecen cuidadosa atenci&oacute;n), al margen de lo ya dicho, debo mostrarme cr&iacute;tico, por ejemplo, con la ausencia en los ejercicios orales de materias como el Derecho Mercantil y el Derecho procesal civil y penal (llevados estos &uacute;ltimos al ejercicio pr&aacute;ctico), la no previsi&oacute;n de posible interpelaci&oacute;n del tribunal al opositor una vez terminada la exposici&oacute;n oral, el mantenimiento de la unidad de oposici&oacute;n para las Carreras Judicial y Fiscal pese a la tan diferente funci&oacute;n de ambas y, por ende, a la distinta formaci&oacute;n que cada una requiere.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, el Gobierno ha puesto el tema sobre la mesa; es la hora del debate.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/seleccion-jueces-tiempo-reformas_129_12148229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2025 21:32:41 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Y Kafka se hizo verbo y habitó entre nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/kafka-hizo-verbo-habito_129_11587412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ab0ebc9-ddc2-4621-bf2e-b33a6d1f01ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y Kafka se hizo verbo y habitó entre nosotros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Espeleólogo nocturno de su mundo interior, nos fue llevando por las galerías angostas de su espíritu complejo, mostrándonos los rincones absurdos de la existencia y recurriendo a relatos de textura onírica para describir la atmósfera propia de una realidad hostil</p></div><p class="article-text">
        Para conmemorar el centenario de su muerte, hacemos de este el &ldquo;a&ntilde;o Kafka&rdquo; destinado al recuerdo del escritor checo; volvemos una vez m&aacute;s sobre su figura y su obra enigm&aacute;tica que hizo de la sombra un manual de estilo (Ang&eacute;lica Tanarro), una obra que deslumbr&oacute; a Walter Benjamin, Hanna Arendt, Citati, Calasso, Borges, El&iacute;as Canetti, Camus, Adorno, Nabokov&hellip; Han pasado cien a&ntilde;os desde su desaparici&oacute;n y seguimos leyendo sus libros, meditando sobre ellos e interpretando sus historias cr&iacute;pticas y poli&eacute;dricas; seg&uacute;n Adorno, ello es debido a que su obra es como una oficina de informaci&oacute;n -actual y eterna- de la situaci&oacute;n del hombre. Es lo que acontece con los cl&aacute;sicos, sabios conocedores de la condici&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 1917 es diagnosticado de una tuberculosis que le llevar&aacute; lentamente a la muerte ocurrida casi siete a&ntilde;os despu&eacute;s en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena. Los &uacute;ltimos d&iacute;as son terribles; no puede ya hablar; se comunica por escrito con Dora Diamant, la mujer con la que vivi&oacute; al final de su vida. Los dolores arrecian, se hacen insoportables e implora la administraci&oacute;n de morfina; su amigo Klopstock se resiste a ello y Kafka le dice: &ldquo;M&aacute;teme, o es usted un asesino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El 3 de junio de 1924, a un mes de cumplir los 41 a&ntilde;os, dejaba de existir. Hab&iacute;a expresado el deseo de que con su desaparici&oacute;n lo hiciesen todos sus escritos, papeles y diarios; nada deb&iacute;a quedar que testimoniase su radical vocaci&oacute;n de escritor, y as&iacute; se lo pide a su amigo &iacute;ntimo Max Brod. Este se niega a cumplir ese deseo destructivo de reducci&oacute;n a la nada; aspira a ser su albacea literario, no el pir&oacute;mano de su legado. Hoy tenemos por acertada su deslealtad redentora con la que dio comienzo a una entusiasta labor de apostolado en favor de un escritor genial del que el propio Brod proclamaba su santidad laica. Propugn&oacute; una interpretaci&oacute;n religiosa de su obra, apenas secundada por los estudiosos (salvo Citati; tambi&eacute;n de la Rica con su interpretaci&oacute;n cristol&oacute;gica de <em>En la colonia penitenciaria)</em>. Mucho m&aacute;s interesante y fruct&iacute;fera ser&aacute; la interpretaci&oacute;n socio-pol&iacute;tica. Hay en Kafka una preocupaci&oacute;n constante por el poder, la autoridad y la ley; Costas Despiniadis lo define como un anatomista del poder.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, Kafka no hizo sino escribir sobre s&iacute; mismo. &Eacute;l dijo en carta Felice Bauer: &ldquo;Yo soy la novela. Yo soy mis historias&rdquo;. Espele&oacute;logo nocturno de su mundo interior, nos fue llevando por las galer&iacute;as angostas de su esp&iacute;ritu complejo, mostr&aacute;ndonos los rincones absurdos de la existencia y recurriendo a relatos de textura on&iacute;rica para describir la atm&oacute;sfera propia de una realidad hostil. Por eso hicimos de su nombre el adjetivo de lo absurdo y lo angustioso. Con su excepcional sensibilidad, fronteriza con lo visionario, acert&oacute; en la radiograf&iacute;a del hombre contempor&aacute;neo, sumido en la angustia del desarraigo y el desvalimiento, presa de incertidumbres y perplejidades. W.H. Auden dijo que Kafka es tan importante para nosotros porque sus problemas son los problemas del hombre de hoy. Han pasado cien a&ntilde;os desde su muerte, pero Kafka, conocedor profundo de la condici&oacute;n humana, dej&oacute; su palabra escrita y con ella habita entre nosotros. 
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntos hombres y mujeres despiertan cada ma&ntilde;ana, tras un sue&ntilde;o agitado, d&aacute;ndose de bruces con la pesadilla de sentirse lo que no quieren ser, atrapados en una circunstancia que el tiempo fue tejiendo a su alrededor, caparaz&oacute;n insoportable, deformaci&oacute;n grotesca de s&iacute; mismos proyectada en el espejo c&oacute;ncavo de una vida a la contra. La vida impuesta como exilio irremediable.
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntos hombres y mujeres sienten sobre sus vidas la gravidez de un poder invasivo, dominador y codicioso, de rostro y origen desconocidos, del que es secreci&oacute;n viscosa una burocracia envolvente que nos enreda hasta la impotencia y la insignificancia, el desasosiego y el desamparo. Es el sistema aplastante y laber&iacute;ntico que al final prevalece sobre el individuo. Kafka dijo a su amigo Janouch: &ldquo;Las cadenas de la atormentada humanidad est&aacute;n hechas de papel de oficina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Kafka da testimonio del hombre que se siente amenazado por un poder absorbente, controlador, que quiere ser due&ntilde;o de nuestros pensamientos y conductor de nuestros deseos, un poder que no duda, si a su inter&eacute;s conviene, en escondernos la verdad y llamar posverdad a la mentira, un poder, en suma, que quiere impedirnos el acceso al recinto donde se guarda el secreto de la ley, la verdad y la vida, custodiado por un guardi&aacute;n disuasorio que juega con nosotros y tampoco dice la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Acert&oacute; a o&iacute;r anticipadamente el temblor subterr&aacute;neo que anunciaba los totalitarismos que despuntaban tras el horizonte; y fue, por ello, avisador del fuego, como dice Reyes Mate. Con su novela <em>El proceso</em>, coloc&oacute; a Joseph K. en el v&oacute;rtice de un proceso en un sistema judicial aberrante y deforme, de atm&oacute;sfera opresiva y febril, acusado y condenado por un delito nunca conocido. Nos hizo saber que cualquier persona pod&iacute;a ser perseguida y condenada, no por sus actos o su conducta sino por ser quien era, por su condici&oacute;n, por su ideario. Es lo que los penalistas llaman &ldquo;derecho penal de autor&rdquo; que es lo contrario al derecho penal del hecho, propio de un Estado de Derecho que, como dice Ferrajoli, penaliza acciones y no autores, comportamientos y no identidades. 
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntos cuerpos de hombres y mujeres llevan tatuada su piel por la acci&oacute;n violenta de un poder que se quiso mostrar omn&iacute;modo. Y cu&aacute;ntos habr&aacute;n vivido la tragedia de una condena sin culpa, como Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, ambos condenados por una violaci&oacute;n que no hab&iacute;an cometido y cuya condena cumpli&oacute; el primero (el segundo muri&oacute; en prisi&oacute;n mientras la cumpl&iacute;a). Cu&aacute;ntas personas habr&aacute;n sufrido el espanto de Kathleen Folbigg que, siendo inocente, fue condenada en 2003 como autora de la muerte de sus cuatro hijos, condena por la que pas&oacute; varios a&ntilde;os en la c&aacute;rcel. Y cu&aacute;ntas otras habr&aacute;n sido v&iacute;ctimas, como Elena Scherbakova, de una acusaci&oacute;n y encarcelamiento debidos a errores o negligencias burocr&aacute;ticas. Entre estas ruinas, entre estos estragos humanos transita perenne la sombra afilada de Kafka. 
    </p><p class="article-text">
        Tiene raz&oacute;n Costas Despiniadis, quien se acerca a su obra dif&iacute;cilmente seguir&aacute; viendo el mundo de la manera en que lo ve&iacute;a antes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/kafka-hizo-verbo-habito_129_11587412.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Aug 2024 19:27:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Y Kafka se hizo verbo y habitó entre nosotros]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No se quieren enterar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-quieren-enterar_129_10856390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/637fb99c-bb0f-4ab2-a1ac-20fd73e38298_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No se quieren enterar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siempre he tenido por improcedente la presencia de signo o aditamento alguno de contenido religioso en espacio que es propio de lo institucional, cuando ello es propiciado por quien ostenta cargo público</p></div><p class="article-text">
        Estas pasadas Navidades circul&oacute; por las redes una singular &ndash;dig&aacute;moslo as&iacute;&ndash; felicitaci&oacute;n navide&ntilde;a del vocal del Consejo General del Poder Judicial Jos&eacute; Mar&iacute;a Mac&iacute;as Casta&ntilde;o. Cuando la vi, pens&eacute; que se trataba de un meme, una composici&oacute;n fotogr&aacute;fica hecha <em>iocandi causa</em>, como broma o chanza. Luego comprob&eacute; que no, que aquella felicitaci&oacute;n navide&ntilde;a, aunque ins&oacute;lita, era real. Este hombre, miembro del ya momificado CGPJ &ndash;&iexcl;hay vida m&aacute;s all&aacute; de la caducidad!&ndash; se prodigaba entre amigos y enemigos con el env&iacute;o de una tarjeta navide&ntilde;a de la siguiente hechura: en la margen izquierda, la conocida efigie de la Justicia, con su espada y su balanza, y los ojos vendados, lo que, por fortuna, le exime de leer el texto impreso que la acompa&ntilde;a. En la parte superior derecha, el escudo o sello del CGPJ, para que no hubiera duda de la condici&oacute;n en la que actuaba el devoto remitente. Y, en el centro, un texto que literalmente rezaba (y nunca mejor dicho) de esta guisa: &ldquo;Te ruego, Se&ntilde;or, que atiendas esta plegaria y que, en estos tiempos de incertidumbre y miseria moral, libres del acoso a los hombres y mujeres que sirven a la Justicia&rdquo;. Inaudito. En otro tiempo, he recibido puntual felicitaci&oacute;n navide&ntilde;a de alg&uacute;n vocal con mensajes al uso, portadores de los deseos de paz y felicidad propios de esas fechas. Pero este texto era absolutamente inusual, y desde luego, no pertinente.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he tenido por improcedente la presencia de signo o aditamento alguno de contenido religioso en espacio que es propio de lo institucional, cuando ello es propiciado por quien ostenta cargo p&uacute;blico; se trata de una incursi&oacute;n, una mixtura incompatible con la aconfesionalidad del Estado, que tal es lo que proclama el art&iacute;culo 16.3 de nuestra Constituci&oacute;n. Es f&aacute;cilmente entendible que los miembros de una instituci&oacute;n del Estado, a la hora de comunicarse con terceros, deben mantener una actitud acorde con la laicidad del Estado. Las convicciones religiosas pertenecen al &aacute;mbito de lo privado, y a&uacute;n de lo &iacute;ntimo, ya que se forjan en lo arcano del alma humana. Quien ejerce cargo p&uacute;blico y en tal condici&oacute;n se dirige a los ciudadanos &ndash;cual hizo el vocal Mac&iacute;as&ndash; debiera abstenerse del uso de enunciados o expresiones, jaculatorias o invocaciones propias de una creencia religiosa determinada puesto que no es ese el contexto en el que debe comunicarse con los administrados. Pero algunos gobernantes (siempre de la derecha, claro) se empe&ntilde;an en actuar de espaldas a la laicidad del Estado espa&ntilde;ol, y gustan de impregnar actos que son realizados en aquella condici&oacute;n con gestos, se&ntilde;ales o mensajes que, por su significaci&oacute;n religiosa, est&aacute;n destinados a ser compartidos en la esfera privada con sus correligionarios.
    </p><p class="article-text">
        Hay, con todo, muestras de diverso calibre; la de Mac&iacute;as es menor si la comparamos con otras que adquieren dimensiones de aut&eacute;ntico desprop&oacute;sito. V&eacute;ase, por ejemplo, la del que fue ministro del Interior con Rajoy, Jorge Fern&aacute;ndez D&iacute;az, que por dos veces concedi&oacute; sendas medallas a la Virgen: la de Oro&nbsp;al M&eacute;rito Policial a la Virgen Mar&iacute;a Sant&iacute;sima del Amor, y la de Plata de la Guardia Civil a la Virgen de los Dolores de Archidona, gestos que, lejos de corresponder a una devoci&oacute;n seria y verdadera, caen en lo grotesco y folkl&oacute;rico, adem&aacute;s de resultar absolutamente fuera de lugar en ministro de un Estado constitucionalmente laico; a&uacute;n m&aacute;s, en el fondo, se me antoja que, en contra de lo pretendido, supone un trato no respetuoso para con la Virgen, a la que se hace part&iacute;cipe de estos terrenales y prosaicos galardones de banda y medalla. Y como muestra pintoresca de c&oacute;ctel edilicio-eclesial son dignas de recordar las homil&iacute;as navide&ntilde;as de sabor tridentino que acostumbra a pronunciar la presidenta de la Comunidad de Madrid, D&iacute;az Ayuso. Lo dicho, que muchos no se han enterado &ndash;o no se quieren enterar&ndash; del art&iacute;culo 16.3 de nuestra Constituci&oacute;n. Quienes as&iacute; act&uacute;an dan un monumental salto atr&aacute;s, retrotray&eacute;ndose al tiempo de la lucha de las investiduras (1075-1122), que en su d&iacute;a supuso el inicio de la separaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado, entre lo terrenal y lo sagrado, y cuyas fronteras se consolidar&iacute;an m&aacute;s tarde con la Revoluci&oacute;n Francesa. Hoy, lo &uacute;nico sagrado para los pol&iacute;ticos y su acci&oacute;n p&uacute;blica es la Constituci&oacute;n; no hay en lo p&uacute;blico otra dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al &ldquo;rezo institucional&rdquo; del vocal Mac&iacute;as. Pide al Se&ntilde;or que proteja a los hombres y mujeres servidores de la Justicia del acoso de los miserables. Y puesto que se acompa&ntilde;a en la misiva de la representaci&oacute;n de la diosa Themis, es claro que lo hace en nombre y por el bien de la Justicia. Quiere que las potencias celestiales intervengan directamente en estas pelamesas humanas para sellar la boca de los acosadores. Acaso hubiera sido preferible que demandase del Alt&iacute;simo luz y sabidur&iacute;a para proceder en justicia en el desempe&ntilde;o del cargo, y que acierten a ser ellos quienes, fieles a su funci&oacute;n, amparen a juezas y jueces del acoso ileg&iacute;timo, pero a todos sin excepci&oacute;n, pues la experiencia conocida nos ense&ntilde;a que alg&uacute;n juez reiteradamente vituperado y anatematizado por las fuerzas conservadoras no obtuvo el amparo que con raz&oacute;n impetr&oacute; del Consejo, que habiendo sido tan presto para otros, con &eacute;l anduvo sordo y mudo. Pongamos que hablo del magistrado Jos&eacute; Ricardo de Prada.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-quieren-enterar_129_10856390.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jan 2024 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No se quieren enterar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CGPJ - Consejo General del Poder Judicial,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jueces progresistas, jueces conservadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jueces-progresistas-jueces-conservadores_129_9952521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Recientemente un magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha hecho unas declaraciones que resultan chocantes en juez de tan alto linaje, por su simplismo y porque parece que quisiera sortear con dos palabras una realidad inesquivable. Dice, por ejemplo, que &ldquo;los magistrados no deben ser ni conservadores ni progresistas&rdquo;, proposici&oacute;n quim&eacute;rica que carece de sentido; harto dificultoso me parece, por no decir imposible, no ser lo uno o lo otro. Ambas son cualidades que, aun susceptibles de gradaci&oacute;n, son inherentes a la persona e inescindibles de ella, definen su talante o modo de ser y son el fruto de ese repertorio vital de ingredientes -experiencias, cultura, creencias, tradiciones, convicciones adquiridas, etc.- que forjan una identidad. William James dec&iacute;a que cada uno de nosotros tiene una filosof&iacute;a subyacente de la vida. Y al hilo de este pensamiento, Cardozo apuntaba que hay en cada uno de nosotros un impulso o tendencia que da coherencia y direcci&oacute;n al pensamiento y a la acci&oacute;n, y el juez -a&ntilde;ad&iacute;a- no puede escapar a esa tendencia de todo hombre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, el citado magistrado de la Sala Segunda no es &ndash; no quiere ser- ni conservador ni progresista. &iquest;Acaso es posible sustraerse a una de esas dos condiciones que son emanaci&oacute;n de la propia personalidad y conforman un modo de ver, un modo de mirar, una visi&oacute;n de la vida? Tengo para m&iacute; que quienes se muestran como arc&aacute;ngeles de toga alada y aura virginal, cuyo esp&iacute;ritu sit&uacute;an por encima de ese encasillamiento, son jueces que c&aacute;ndidamente militan en la m&iacute;tica cofrad&iacute;a de la Inmaculada Jurisdicci&oacute;n. Invariablemente, son conservadores.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que luego se l&iacute;a la toga a la cabeza y dice que el &aacute;rbitro del partido no puede ser de uno de los dos equipos contendientes porque nadie creer&iacute;a en la independencia judicial. &iquest;Pero qu&eacute; es esto? &iquest;Acaso ser progresista o conservador coloca al juez en uno de los dos bandos contendientes en un proceso? Esta conclusi&oacute;n ya es &ldquo;el desequilibrio en bicicleta&rdquo;, que dir&iacute;a Miguel Hern&aacute;ndez. Pero a&uacute;n se atreve a m&aacute;s; afirma que partir de la idea &ndash; &eacute;l lo llama error- de que hay jueces conservadores y jueces progresistas &ldquo;prostituye el sistema judicial&rdquo;. &iexcl;Qu&eacute; barbaridad! Pienso, por el contrario, que anatematizar esa dicotom&iacute;a como contraria a la imparcialidad judicial es un error tan da&ntilde;ino como inadmisible. Dicho de otro modo, quienes, so capa de inmunidad arcang&eacute;lica, quieren desligarse de esas adscripciones a las que tienen por infectas y espurias, hasta el punto de vincularlas a la degradaci&oacute;n del sistema judicial, est&aacute;n alentando la idea de una densa contaminaci&oacute;n pol&iacute;tica de aquellos jueces a los que se adscribe a una u otra categor&iacute;a. M&aacute;s da&ntilde;o que etiquetar a los jueces de conservadores o progresistas hace el sugerir la idea disparatada de que ello compromete su imparcialidad.
    </p><p class="article-text">
        Frente a lo que ese anatema quiere sugerir, la imparcialidad judicial no se ve afectada por el solo hecho de que el juez llamado a juzgar sea conservador o progresista. Si as&iacute; fuera, la ley hubiera incluido ese rasgo entre los motivos de abstenci&oacute;n o recusaci&oacute;n, cosa que no ocurre (v&eacute;ase el art. 219 LOPJ). Advi&eacute;rtase que aquellos apelativos, por m&aacute;s que aludan a un sesgo ideol&oacute;gico, son de una generalidad inocua. Para que pudiera verse comprometida, real o aparencialmente, la imparcialidad judicial tendr&iacute;a que tratarse de casos de notorio sesgo extremista y egoc&eacute;ntrico (y, por tanto, no legoc&eacute;ntrico) o de claras implicaciones partidistas o con manifiestos v&iacute;nculos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Como l&oacute;gica consecuencia de lo que vengo diciendo, tampoco puedo compartir lo dicho recientemente por el ex presidente del Tribunal Constitucional (TC), Sr. Gonz&aacute;lez-Trevijano, cuando habla de la &ldquo;falsaria dicotom&iacute;a entre jueces conservadores y progresistas&rdquo;. Sorprende este rechazo cuando &eacute;l mismo hab&iacute;a declarado que &ldquo;los juristas somos casi todos conservadores, porque el Derecho es una ciencia conservadora&rdquo;,&nbsp;con lo que est&aacute; haciendo uso distintivo de uno de los elementos de la vituperada taxonom&iacute;a del estamento judicial. Sin entrar en la fortuna de esa afirmaci&oacute;n, hay que concluir que si &ldquo;casi todos&rdquo; son conservadores es que hay un reducto que no lo son, y que, por consiguiente, habr&aacute; que adscribir al grupo de los progresistas, seg&uacute;n nomenclatura al uso. Pero es que, adem&aacute;s, la idea de jueces conservadores y progresistas est&aacute; impl&iacute;citamente reconocida en la heterogeneidad de discernimiento o entendimiento de las cuestiones jur&iacute;dicas. Lo revela el propio TC en sus resoluciones, curiosamente citadas por su ex presidente en el discurso de despedida. Seg&uacute;n aquel tribunal, la &ldquo;inevitable incidencia en la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica de las particulares concepciones del Derecho y visiones del mundo de cada magistrado se refleja en la necesaria pluralidad de perspectivas jur&iacute;dicas que confluyen en las deliberaciones y decisiones del tribunal como &oacute;rgano colegiado por excelencia&rdquo; (auto107/2021). &ldquo;Esa heterogeneidad de posiciones guarda una estrecha correspondencia con el pluralismo pol&iacute;tico que, como valor superior del ordenamiento jur&iacute;dico (art. 1.1 CE), permite diversas formas de organizaci&oacute;n de la comunidad. Una diversidad que se plasma en disposiciones normativas de distinto rango, susceptibles de distintas interpretaciones jur&iacute;dicas en las que inevitablemente influyen elementos conceptualmente ideol&oacute;gicos, todos ellos dentro del amplio espacio dise&ntilde;ado por el texto constitucional&rdquo; (auto 180/2013). Y lo dicho, vale tanto para los magistrados del TC, a los que se refieren las citas que acabo de hacer, como para los de tribunales ordinarios, pues ellos son inevitablemente portadores de particulares concepciones del Derecho y visiones diversas del mundo, como lo son, tambi&eacute;n, de un c&uacute;mulo de experiencias de su trayectoria vital y cultural que conforman su personalidad. En palabras de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mena, la independencia e imparcialidad que son exigibles a todo juez no deben &ldquo;significar ni engendrar indiferencia o marginalidad social, c&iacute;vica o cultural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese distinto cariz personal de cada juez puede traducirse en una diversa sensibilidad de percepci&oacute;n de la norma y, por ende, de su interpretaci&oacute;n -que es ejercicio netamente jurisdiccional-, especialmente cuando est&aacute;n en juego determinados valores y derechos constitucionales, sin que ello tenga que comportar desviaci&oacute;n alguna en la imparcialidad del juez. Piense el lector en una sonata de Chopin; la misma partitura puede ser interpretada por dos pianistas de sensibilidad diversa, de forma que cada uno de ellos ejecutar&aacute; de modo diferente la misma pieza, sin que por ello se vea traicionada la creaci&oacute;n del compositor. Lo mismo cabe decir de la pintura. Puestos ante el mismo paisaje, dos pintores lo llevaran al lienzo de modo distinto, seg&uacute;n sus diferentes t&eacute;cnicas y modos de sentir el paisaje, la luz, las sombras, los colores; cada mirada, cada pupila habr&aacute; recreado a su manera la misma realidad sin por ello falsearla.
    </p><p class="article-text">
        Aparte de estas consideraciones generales, evoco mi propia experiencia de cuarenta a&ntilde;os de ejercicio profesional, de los cuales veintinueve lo han sido en tribunal colegiado, donde con frecuencia confluyen sensibilidades y sesgos diferentes. Nunca he visto que el cariz ideol&oacute;gico del juez le haya desviado del deber sagrado de imparcialidad, ni se haya traducido en acepci&oacute;n de personas. Por lo dem&aacute;s, a veces ha habido coincidencia de criterios entre magistrados del mismo tribunal y diferente adscripci&oacute;n ideol&oacute;gica, en otras ocasiones salta la discrepancia expresada en voto particular, y he visto tambi&eacute;n disensiones de jueces progresistas entre s&iacute;, como tambi&eacute;n discrepancias entre conservadores, sin que nunca estuviera comprometida la imparcialidad de los miembros del tribunal. Solo puro ejercicio de la libertad de interpretaci&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jueces-progresistas-jueces-conservadores_129_9952521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Feb 2023 05:01:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Jueces progresistas, jueces conservadores]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Goodbye, Lesmes, goodbye]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/goodbye-lesmes-goodbye_129_9643486.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1ee2ed6-9308-438b-a6a9-b65bda96784f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Goodbye, Lesmes, goodbye"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es incumbencia del CGPJ asegurar resultados de excelencia en su importante cometido de nombramientos. No ha sido así; su presidente y buen número de sus vocales no pocas veces han permitido de modo consciente que intereses espurios y un afrentoso mercadeo se hayan antepuesto al mérito y la capacidad</p></div><p class="article-text">
        Se estren&oacute; en el cargo con un exabrupto irrespetuoso para con los jueces de este pa&iacute;s, una ocurrencia impropia de quien, por su alta responsabilidad, se esperaba inteligencia, respeto y mesura. A los jueces se les controla con el palo y la zanahoria, se atrevi&oacute; a decir. Una torpeza. Naturalmente, &eacute;l ten&iacute;a el palo y dispon&iacute;a de la zanahoria. No hubo retractaci&oacute;n, ni rectificaci&oacute;n, ni matizaci&oacute;n alguna. Nada. Mal comienzo. No solo era ello signo inconfundible de su talante, sino tambi&eacute;n de su concepci&oacute;n de la judicatura espa&ntilde;ola como grey funcionarial, gobernable con m&eacute;todo tan hosco como tosco. Las asociaciones judiciales, indignadas, salieron al paso calificando su &ldquo;met&aacute;fora&rdquo; de &ldquo;groser&iacute;a inaceptable&rdquo;, &ldquo;torpe y denigrante manifestaci&oacute;n&rdquo;, y, en consecuencia, le negaron, con toda la raz&oacute;n, &ldquo;aptitud para seguir ostentado el cargo de presidente del Consejo General del Poder Judicial&rdquo; (CGPJ) al tiempo que le invitaban a la renuncia al cargo. Pinchaban en hueso. La soberbia no dimite. All&iacute; quedaba la grotesca imagen del auriga togado, sobre un carro tirado por una larga asnada tambi&eacute;n togada, conducida reciamente -que no rectamente- a base de palos y zanahorias. Nunca un alto cargo hab&iacute;a desairado a los jueces ante la opini&oacute;n p&uacute;blica de esa manera. Quien falta al respeto no puede aspirar despu&eacute;s a ser respetado por los agraviados.
    </p><p class="article-text">
        No pod&iacute;amos imaginar entonces que, despu&eacute;s de todo, aquel exabrupto era una escueta pero reveladora tarjeta de presentaci&oacute;n, precursor aviso de lo que hab&iacute;a, porque, en rigor, no hab&iacute;a m&aacute;s; aquel era el resumen de lo m&aacute;s abultado de su programa, que no era sino el proyecto de una indisimulada repoblaci&oacute;n de los tribunales con magistrados afines, de genotipo genuinamente conservador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si es que en algo se aprecia y valora lo que el CGPJ ha de ser, Lesmes nunca debi&oacute; acceder a su presidencia. Importa sobremanera recordar lo que el Informe N.&deg;10 (2007) del Consejo Consultivo de Jueces Europeos dice a prop&oacute;sito de las condiciones que deben adornar a quien presida el &oacute;rgano de gobierno de los jueces; ha de ser &ldquo;persona imparcial alejada de los partidos pol&iacute;ticos&rdquo;. Es obvio que en el caso de Lesmes esta prevenci&oacute;n fue desde&ntilde;ada por el ministerio que lo apadrin&oacute; (el calamitoso Gallard&oacute;n) y los vocales que lo votaron. Basta con ver su trayectoria. Fue Director General de Objeci&oacute;n de Conciencia (1996-2000) y despu&eacute;s <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Direcci%C3%B3n_General_de_Relaciones_con_la_Administraci%C3%B3n_de_Justicia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Relaciones con la Administraci&oacute;n de Justicia</a> (2000-2004), cargos que desempe&ntilde;&oacute; durante el gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar y bajo la jefatura de ministros del ramo: Margarita Mariscal de Gante, Jos&eacute; Mar&iacute;a Michavila y &Aacute;ngel Acebes.
    </p><p class="article-text">
        Hay que afirmar, pues, algo m&aacute;s que una simple cercan&iacute;a al Partido Popular; sirvi&oacute; durante ocho a&ntilde;os a sus gobiernos con todo lo que ello comporta de inevitable ret&iacute;cula envolvente y viscosa, trenzada de contactos y contagios, influencias, ascendientes y privanzas. Con el gobierno de Zapatero, volvi&oacute; al ejercicio de la jurisdicci&oacute;n. En 2010 fue promovido a magistrado del Tribunal Supremo y, m&aacute;s tarde, bajo el gobierno de Mariano Rajoy, es nombrado presidente del TS y del CGPJ.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el abandono de tan prolongada actividad pol&iacute;tica no devuelve al ejercicio profesional a un hombre inmaculado, sin adherencia alguna. Quien viene precedido de este historial de indisimulados v&iacute;nculos pol&iacute;ticos en el dilatado desempe&ntilde;o de cargos al servicio de una opci&oacute;n pol&iacute;tica, con una muy activa implicaci&oacute;n, carece de idoneidad para presidir un &oacute;rgano llamado a personalizar y defender la independencia judicial. Dicho de otro modo, por su trayectoria, Lesmes ven&iacute;a ya desprovisto <em>ab origine</em> de la <em>auctoritas </em>que el cargo requiere. Tal vez por eso quiso investirse desde el primer momento de una inelegante<em> potestas</em>, expresada en la vulgar met&aacute;fora de los palos y las zanahorias. Sucede, por otra parte, que despu&eacute;s, a lo largo del ejercicio de su mandato, ha sido incapaz de recuperar para el CGPJ el prestigio que de forma continuada ha venido perdiendo, mandato tras mandato, siempre a manos de sus propios integrantes. Es m&aacute;s, en la &eacute;poca Lesmes, ha alcanzado lamentables cotas de deterioro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta lamentable saber que quien desempe&ntilde;&oacute; tan alta magistratura durante a&ntilde;os era en su d&iacute;a identificado por la prensa como el candidato del Ministerio de Justicia (Gallard&oacute;n). Y resulta en verdad extravagante que en la presidencia del &oacute;rgano al que corresponde la defensa de la independencia del poder judicial se coloque a una persona patrocinada y apadrinada por el ejecutivo al que adem&aacute;s ha servido meses antes en cargo de libre designaci&oacute;n. Y para empeorar las cosas, aquel ministro, con escandalosa deslealtad a su electorado, llev&oacute; a cabo una reforma del &oacute;rgano de gobierno de los jueces que no solo nada ten&iacute;a que ver con la promesa electoral, sino que dise&ntilde;&oacute; un CGPJ de corte presidencialista para uso y manejo del nuevo presidente, al que dot&oacute; de una inusitada capacidad de maniobra para crear un h&aacute;bitat judicial propicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A mi juicio, el presidente del CGPJ ha de ser persona,&nbsp; hombre o mujer, dotada de sabidur&iacute;a -en el sentido de la &ldquo;fr&oacute;nesis&rdquo; griega- con &ldquo;auctoritas&rdquo;, y, por tanto, respetada en la Carrera Judicial, sin vinculaci&oacute;n o adherencia alguna a formaciones pol&iacute;ticas, ni antecedentes en el desempe&ntilde;o de cargo pol&iacute;tico de designaci&oacute;n en gobiernos anteriores, que no aspire a capitanear facciones dentro del Consejo, sino que sea capaz de aunar voluntades, &aacute;rbitro en la disidencia, respetuoso con la dignidad de la funci&oacute;n judicial, comprometido seriamente con la mejora de la justicia y decididamente valeroso a la hora de defender y alzaprimar la independencia del Poder Judicial.
    </p><p class="article-text">
        Lesmes, que ven&iacute;a lastrado por el improcedente patrocinio del Ejecutivo, carec&iacute;a de esas cualidades. La procelosa historia de este Consejo est&aacute; colmada de desaciertos, omisiones, silencios y nombramientos sorprendentes, que han proyectado hacia la sociedad y los jueces en general un perfil m&aacute;s pol&iacute;tico que judicial de su presidente.
    </p><p class="article-text">
        Es incumbencia del CGPJ asegurar resultados de excelencia en su importante cometido de nombramientos. No ha sido as&iacute;; su presidente y buen n&uacute;mero de sus vocales no pocas veces han permitido de modo consciente que intereses espurios y un afrentoso mercadeo se hayan antepuesto al m&eacute;rito y la capacidad, lo que vale tanto como decir que han antepuesto intereses particulares a los generales de la Administraci&oacute;n de Justicia. Fue conocido a nivel nacional el malhadado episodio del nombramiento del presidente de la Sala Tercera del TS, hecho contra viento y marea, contra raz&oacute;n y justicia. Muchas veces han gozado de preferencia para puestos jurisdiccionales destacados quienes sumaban m&eacute;ritos asociativos y eran por ello aupados por sus correligionarios aun a sabiendas de la concurrencia de candidatos de mayor m&eacute;rito que quedaron injustamente preteridos; otras veces fueron las filias y fobias o el amiguismo, y no el m&eacute;rito y la capacidad, los que decidieron los nombramientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este CGPJ, con Lesmes al frente, es el que ha desatendido la reiterada petici&oacute;n de los jueces de una fijaci&oacute;n de las cargas de trabajo. No se hizo, y no ser&iacute;a precisamente por falta de tiempo. Ha sido un injustificable e incalificable desd&eacute;n al colectivo judicial. Eso s&iacute;, llegadas las vacas flacas, Lesmes se apresur&oacute; a pedir un &ldquo;esfuerzo adicional&rdquo; para vadear las dificultades planteadas por la pandemia del coronavirus. &iquest;Acaso no sab&iacute;a que ese esfuerzo era ya una constante en el trabajo diario de los jueces?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Loado sea el momento de su ya muy demorada dimisi&oacute;n. Lo celebro; y me consta que son legi&oacute;n quienes comparten este sentimiento. Espero que al marchar no se haya olvidado de retirar cuantas varas y zanahorias quedasen a&uacute;n almacenadas en el cuarto oscuro del Consejo.
    </p><p class="article-text">
        La desastrosa era Lesmes ha llegado a su fin. Goodbye, Lesmes, goodbye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/goodbye-lesmes-goodbye_129_9643486.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2022 20:31:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Goodbye, Lesmes, goodbye]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por la boca muere el juez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/boca-muere-juez_129_8978309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db726aee-6c9b-466b-af0b-9c060798a39f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por la boca muere el juez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del aspirante a juez no se requiere otra prueba que una hazaña memorística, pero ninguna otra orientada a la verificación de las aptitudes que la tarea judicial requiere; por ejemplo, y por citar solo algunas, la capacidad de raciocinio, argumentación y aplicación del derecho</p></div><p class="article-text">
        La juez Mar&iacute;a Jes&uacute;s del Barco, decana de los jueces de Madrid y presidenta de la ultraconservadora Asociaci&oacute;n Profesional de la Magistratura (APM), fue entrevistada recientemente por Jim&eacute;nez Losantos en su programa de radio; en el curso de sus declaraciones salieron de su boca algunas perlas dignas de comentario. Ya al comienzo de la conversaci&oacute;n, y en un espasmo de entusiasta autocomplacencia, afirm&oacute; que la asociaci&oacute;n que preside es &ldquo;la m&aacute;s profesional&rdquo;. Ah&iacute; es nada. Cualquiera que sea el sentido que quiso dar al t&eacute;rmino, es una afirmaci&oacute;n de ineducado &ndash; y hasta rid&iacute;culo- engreimiento frente a las dem&aacute;s asociaciones (Francisco de Vitoria, Jueces para la Democracia y Foro Judicial Independiente) que, le guste o no a la juez decana de Madrid, son de una profesionalidad indiscutible que ella no debi&oacute; subestimar. Ha de saber que, del mismo modo que el h&aacute;bito no hace al monje, la denominaci&oacute;n social no hace necesariamente al colectivo. Y debiera tambi&eacute;n recordar que, en fecha reciente, las cuatro asociaciones judiciales actuaron de consuno para enarbolar frente a los poderes p&uacute;blicos todo un repertorio de reivindicaciones profesionales sostenidas en com&uacute;n y por igual, y no veo raz&oacute;n alguna para que aquella pueda arrogarse ni autorregalarse un liderazgo de profesionalidad entre los colectivos judiciales que no le corresponde y nadie le ha atribuido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la entrevista se refiri&oacute; a la preocupaci&oacute;n del Consejo General del Poder Judicial por el d&eacute;ficit de jueces. Pues bien, pese a la gravedad de esta inveterada e irresuelta carencia de nuestra Administraci&oacute;n de Justicia, inexplicablemente se ha negado a firmar un comunicado conjunto suscrito por las otras tres asociaciones en el que reclaman, una vez m&aacute;s, &ldquo;no solo un incremento de la plantilla judicial, sino tambi&eacute;n el correspondiente esfuerzo presupuestario para sostenerla&rdquo;. En el mismo escrito ya se advierte que la inacci&oacute;n del Ejecutivo en este extremo, adem&aacute;s de precarizar las condiciones de trabajo de los miembros de la carrera judicial, lesiona los derechos de los justiciables al contar con un poder judicial que, en este estado de cosas, no puede ampararlo eficazmente. Y esta demanda tan urgente y necesaria no es suscrita ni compartida por la APM. &iquest;Acaso tan egregia asociaci&oacute;n no tiene por suficientemente profesionales el inter&eacute;s defendido y el objetivo pretendido? Parece obvio que lo que las dem&aacute;s asociaciones solicitan del Ejecutivo es no solo una reivindicaci&oacute;n netamente, decididamente profesional, sino de inter&eacute;s com&uacute;n para jueces y justiciables.
    </p><p class="article-text">
        En el fragor de la entrevista, dijo m&aacute;s adelante que algunos quieren cargarse las oposiciones a la Carrera Judicial porque &ldquo;el m&eacute;rito y la capacidad en este pa&iacute;s parece ser un insulto al resto de la ciudadan&iacute;a&rdquo;. Meritoria es, desde luego, la superaci&oacute;n de prueba tan ardua como la de una oposici&oacute;n, y m&aacute;s si es de aquellas que se basan en el acopio memor&iacute;stico de saberes comprimidos y preordenados para su exposici&oacute;n en tiempo tasado. Dejemos ah&iacute; lo del m&eacute;rito. En cuanto a la capacidad, no tiene raz&oacute;n, a mi juicio. He de adelantar, pues me conozco los reproches, que el sistema, pese a sus deficiencias, ha dado buenos jueces. Pero ello no ha de ser &oacute;bice para que decir que los ejercicios de esta oposici&oacute;n, en su actual concepci&oacute;n y estructura, no est&aacute;n en modo alguno pensados para evaluar las capacidades que han de acompa&ntilde;ar al delicado y complejo ejercicio de la funci&oacute;n jurisdiccional. Dejando a un lado el test previo, cuyo objetivo es la reducci&oacute;n de la oposici&oacute;n a un n&uacute;mero razonable de aspirantes, el grueso de la prueba consiste en la realizaci&oacute;n de dos ejercicios orales de una hora cada uno; se trata de exponer unos temas, seleccionados al azar y en tiempo reglado; esa exigencia de medido ajuste entre palabra y tiempo exige inexcusablemente del dominio memor&iacute;stico del discurso, objetivo que se logra tras un estudio meramente repetitivo durante a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, del aspirante a juez no se requiere otra prueba que esa haza&ntilde;a memor&iacute;stica, pero ninguna otra orientada a la verificaci&oacute;n de las aptitudes que la tarea judicial requiere; por ejemplo, y por citar solo algunas, la capacidad de raciocinio, argumentaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n del derecho. Preg&uacute;ntese el lector si es razonable reconocer la habilitaci&oacute;n para conducir veh&iacute;culos a motor con la sola comprobaci&oacute;n de que el aspirante tiene memorizado el c&oacute;digo de circulaci&oacute;n, pero sin someterle a prueba alguna sobre su destreza y aptitudes en la conducci&oacute;n. He escrito en varias ocasiones sobre esta cuesti&oacute;n y no me voy a repetir aqu&iacute;. Pero como conozco algunas reacciones, m&aacute;s viscerales que racionales, debo advertir que la cr&iacute;tica al sistema actual de oposiciones no comporta una correlativa y autom&aacute;tica defensa de las designaciones a dedo, sin acreditamiento de la cabal preparaci&oacute;n jur&iacute;dica del aspirante y sin los controles oportunos que conjuren el nepotismo, el amiguismo o la conveniencia partidista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Sra. Del Barco dice que solo abogan por la supresi&oacute;n de las oposiciones quienes no las han preparado. No es cierto. Por de pronto, no se trata de suprimir las oposiciones, sino de rehacerlas bajo una concepci&oacute;n diversa, de no mantener el actual sistema b&aacute;rbaro, absurdo e irracional que subsiste gracias a una inercia indolente y absolutamente acr&iacute;tica. Muchos de los jueces que se muestran decididamente cr&iacute;ticos con el sistema actual, son jueces por oposici&oacute;n. Yo mismo, si se me permite la alusi&oacute;n personal, aprob&eacute;, de forma sucesiva, dos oposiciones a los antiguos cuerpos de la judicatura, Jueces de Distrito y Carrera Judicial, y soy muy cr&iacute;tico con un sistema que, como m&iacute;nimo, est&aacute; urgentemente necesitado de reformas profundas, de un replanteamiento serio dirigido a optimizar el sistema de selecci&oacute;n de jueces. Durante mucho tiempo he mantenido trato continuado con opositores y, de los cuarenta a&ntilde;os de ejercicio profesional, cuento sobre mis espaldas con veintinueve en un tribunal de apelaci&oacute;n y s&eacute; lo que digo, circunstancia esta &uacute;ltima que me permito dudar de la juez decana de Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/boca-muere-juez_129_8978309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 May 2022 20:56:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por la boca muere el juez]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La clase de jueces que el Consejo General del Poder Judicial quiere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/clase-jueces-consejo-general-judicial-quiere_129_8579285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4552096-8a9a-466b-8710-526d211d2307_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La clase de jueces que el Consejo General del Poder Judicial quiere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de cómo al CGPJ no se le ocurrió mejor remedio que tratar de sancionar a un juez que superaba el nivel cuantitativo de resoluciones establecidas pone de manifiesto cuál es el tipo de juez que le seduce... y le conviene</p><p class="subtitle">El Poder Judicial archiva la denuncia contra la jueza que usó la expresión "Galicia profunda" en un auto</p></div><p class="article-text">
        Lo que voy a narrar es la cr&oacute;nica de una injusticia cometida por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a la que la Sala Tercera del Tribunal Supremo puso al final remedio. Se trata de la sanci&oacute;n impuesta a un juez que el alto tribunal deja sin efecto en sentencia de 18 de noviembre pasado. El hecho tiene inter&eacute;s en la medida en que pone de manifiesto la clase de jueces que el Consejo quiere y fomenta, y cu&aacute;l es, en verdad, su modelo de juez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos son, resumidamente, los hechos tal como resultan de la sentencia:
    </p><p class="article-text">
        La Comisi&oacute;n Disciplinaria del CGPJ impuso al titular de un Juzgado de Primera Instancia e Instrucci&oacute;n una sanci&oacute;n pecuniaria (multa por importe de mil euros) como autor responsable de una falta grave de retraso injustificado del<em> </em>art&iacute;culo 418.11 de la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial. Confirmada la sanci&oacute;n por el Pleno del Consejo, el juez sancionado interpone recurso contencioso-administrativo ante la Sala Tercera del Tribunal Supremo.
    </p><p class="article-text">
        Se reprochaba al magistrado el nivel de pendencia y el tiempo de respuesta en su juzgado, ambos superiores a la media provincial, auton&oacute;mica y nacional.
    </p><p class="article-text">
        El Tribunal Supremo entiende certeramente que la cuesti&oacute;n que se ha de dilucidar es si el retraso acumulado por el juez en el desempe&ntilde;o de su labor en el Juzgado es consecuencia de la desatenci&oacute;n a sus obligaciones jurisdiccionales, o si se debe m&aacute;s bien a la carga de trabajo que pesa sobre el Juzgado.
    </p><p class="article-text">
        El tribunal destaca que los &iacute;ndices de rendimiento del juez son muy superiores a los m&oacute;dulos establecidos por el CGPJ.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se&ntilde;ala la sentencia que, aunque se dan unos &iacute;ndices de retraso apreciables &ndash; pero no exorbitantes-, es cierto que el juzgado se encuentra en una situaci&oacute;n evidente de sobrecarga de trabajo en materia civil (144%), y que los &iacute;ndices de rendimiento del juez sancionado revelan que su dedicaci&oacute;n es notablemente superior a la que el &oacute;rgano de gobierno del poder judicial ha estipulado como razonable. Por todo ello, concluye el Tribunal Supremo, no hay retraso injustificado ni conducta merecedora de la sanci&oacute;n impuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la vista de los antecedentes expuestos, el Tribunal Supremo anula la sanci&oacute;n. Pero resumamos y digamos las cosas en rom&aacute;n paladino: el juez supera los niveles de trabajo y dedicaci&oacute;n que el propio Consejo establece, pero este, en su avidez estad&iacute;stica, quiere que se alcancen cotas m&aacute;s altas de productividad -es decir, que el juez dicte a&uacute;n m&aacute;s sentencias- para que el juzgado, que viene arrastrando una sobrecarga de trabajo, no sufra retrasos, como si la saturaci&oacute;n del juzgado fuera responsabilidad del juez y no del exceso de asuntos que registra. En esta situaci&oacute;n, al CGPJ no se le ocurre mejor remedio que la sanci&oacute;n disciplinaria al juez que supera el nivel cuantitativo de resoluciones que el propio Consejo establece. Sencillamente, aberrante y, en cualquier caso, injusto.
    </p><p class="article-text">
        La historia es un ejemplo claro de c&oacute;mo el CGPJ entiende la funci&oacute;n jurisdiccional y cu&aacute;l es el tipo de juez que le seduce... y le conviene. Es evidente que el &oacute;rgano de gobierno de los jueces tiene una idea pobre, raqu&iacute;tica y estrecha del quehacer judicial. El profesor Alejandro Nieto escribe con toda raz&oacute;n que para el CGPJ &ldquo;la Administraci&oacute;n de Justicia es una granja donde se valora a los animales por su producci&oacute;n, medida exclusivamente por cantidades y tiempos&rdquo;. Cierto; se ha ense&ntilde;oreado de aquel &oacute;rgano un irrefrenable frenes&iacute; por la concepci&oacute;n gallin&aacute;cea del juez al que, como pluriov&iacute;paro togado, exige ser f&eacute;rtil ponedor de sentencias. Siempre ha sobreestimado la productividad funcionarial, propia de un mecanicismo burocr&aacute;tico por encima de otras exigencias y valores que, en rigor, se esperan del quehacer jurisdiccional. Le cautiva el juez estajanovista, le fascina el &ldquo;juzgar a destajo&rdquo;, en expresi&oacute;n cr&iacute;tica de Dom&eacute;nech Pascual, sin que parezcan inquietarle los riesgos e inconvenientes de ese modo de desempe&ntilde;ar la tarea judicial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y metido el CGPJ en la magna empresa de fomentar la feracidad resolutiva, se apresta a aguijonear el arrebato productivo mediante el seductor se&ntilde;uelo de la gratificaci&oacute;n econ&oacute;mica. Se trata de alentar a los jueces para que se presten a desobstruir el fenomenal atasco y saturaci&oacute;n de asuntos en los tribunales a que han conducido a&ntilde;os y a&ntilde;os de desvalimiento y abandono en que se ha tenido a la Administraci&oacute;n de Justicia. A mi juicio, se trata de una pr&aacute;ctica contraria a las indicaciones y esp&iacute;ritu del &ldquo;Estatuto Universal del Juez&rdquo; (noviembre-1999) cuando advierte en su art&iacute;culo 13 que la remuneraci&oacute;n no debe depender del resultado de la actividad del juez. Por su parte, el &ldquo;Estatuto del Juez Iberoamericano&rdquo; (mayo-2001) dice que los jueces deben recibir una remuneraci&oacute;n suficiente, irreductible y acorde con<strong> </strong>la importancia de la funci&oacute;n que desempe&ntilde;an y con las exigencias y responsabilidades<strong> </strong>que conlleva (art. 32). En sentido similar, la &ldquo;Carta Europea sobre el Estatuto de los Jueces&rdquo; (julio-1998, art. 6.2). En ning&uacute;n momento se les ocurre a los firmantes de estos acuerdos supranacionales acudir a la modulaci&oacute;n de la retribuci&oacute;n en funci&oacute;n del rendimiento o a la previsi&oacute;n de incentivos por productividad. Incentivos que, lamentablemente, han avivado una nefasta picaresca togada; algunos jueces, en efecto, pronto discurrieron estrategias de trabajo selectivo de las que resultaba una ficticia hiperproductividad aplicada a los asuntos f&aacute;ciles, pero que hacen n&uacute;mero y producen renta; los dif&iacute;ciles que esperen, y sus interesados tambi&eacute;n; vergonzosa argucia maquinada en inter&eacute;s (econ&oacute;mico) propio, no en el de los justiciables. Verdaderamente deplorable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La incitaci&oacute;n a la sobreproducci&oacute;n resolutiva conduce a una justicia de rebajas: dos sentencias por el tiempo de una, compulsi&oacute;n expedidora incompatible con el temple reflexivo que debe acompa&ntilde;ar a la funci&oacute;n jurisdiccional. Y nada importan los riesgos, lo que cuenta es el momento de exhibir musculatura estad&iacute;stica &iquest;Para qu&eacute; ampliar plantillas, para qu&eacute; crear m&aacute;s tribunales all&iacute; donde se necesitan si, bien espoleados, los bur&oacute;cratas del redil van zurciendo eficazmente las estad&iacute;sticas?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/clase-jueces-consejo-general-judicial-quiere_129_8579285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Dec 2021 21:34:40 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuarentena para la reflexión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuarentena-reflexion_129_5915102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0dcec73b-9ba3-49bc-addf-dad9ee6204d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuarentena para la reflexión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dicen algunos, que vencida la pandemia y pasado este Rubicón del pánico, no volveremos a ser los mismos, que habrá un antes y un después. Lamento, querido lector, ser pesimista. Somos de fácil e interesada desmemoria</p></div><p class="article-text">
        Y de pronto, casi abruptamente, al modo kafkiano, nos hemos encontrado en medio de la distop&iacute;a. La realidad es ya una pesadilla en la que vivimos atrapados. No hay puertas, solo muros y ventanas; las calles se dejan ver en su desnudez, vac&iacute;as, como corredores de asfalto y silencio por donde serpentean el miedo y la sospecha. Vivimos acosados por un enemigo invisible del que solo vemos sus estragos. Y todos a una hemos retrocedido. Un ej&eacute;rcito encubierto ha ganado el espacio y desde entonces vivimos agazapados, como si aquel adversario espantoso nos hubiese inmovilizado y confinado en un gueto. A la noche, en las noticias, el parte de guerra, el recuento de bajas, la contabilidad del dolor, y la inquietud de saber que todos entramos en el sorteo del destino.
    </p><p class="article-text">
        Irrumpi&oacute; la epidemia en un mundo bullicioso y confiado, y de pronto se hizo el silencio y sobrevino la quietud. Hac&iacute;a poco habl&aacute;bamos de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a, de esos pueblos sumidos en un silencio de quimera y rostro desconchado cuyos habitantes hab&iacute;an viajado hacia una tierra prometida para hacinarse en las ciudades. Y as&iacute;, hacinados y apilados, nos quer&iacute;a el virus para crecer y multiplicarse, para propagarse como una llamarada incontenible. Ahora son las calles de las ciudades las que han quedado vac&iacute;as. Es toda Espa&ntilde;a la que se vac&iacute;a. Nos hemos recluido en el reducto del hogar, en el &uacute;tero dom&eacute;stico. Hemos abandonado las calles; nos hemos escondido en nuestras madrigueras, asustados, ante el poder destructor de la COVID-19. La cuarentena ha acallado las voces de la calle. Reina el silencio. Suena el toque de queda mientras el fantasma viral campa a sus anchas de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo. De nuevo, es la mirada de Kafka que nos invita a descubrir que la realidad aut&eacute;ntica es irreal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sumidos en el espanto y el dolor, parece que algo en el tic-tac de la vida se hubiera suspendido para imponer una tregua, letargo de quietud y silencio para meditar sobre lo que acontece y sobre nuestro entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el virus un hurac&aacute;n que asola la poblaci&oacute;n. Muchos miles de personas sucumben, otros miles lloran las p&eacute;rdidas, otros viven sumidos en la angustia. Es la humanidad entera la que sufre. Dir&iacute;ase que es ahora la propia naturaleza la que se revuelve contra nosotros, que tantos estragos venimos causando en ella. Hemos irrumpido como b&aacute;rbaros en territorios sagrados para la vida, hemos descoyuntado su equilibrio, su armon&iacute;a, estamos hiriendo de muerte el planeta. Nos comportamos como un virus destructivo, imp&iacute;o, y, sordos a toda advertencia, quebramos la salud de la naturaleza y comprometemos la vida y bienestar de las pr&oacute;ximas generaciones con injustificable desd&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ahora, esa naturaleza, a la que venimos emponzo&ntilde;ando, nos devuelve la moneda, y desde rincones secretos de sus entra&ntilde;as nos avisa de que ella tambi&eacute;n sabe diezmar nuestra existencia, que somos fr&aacute;giles y vulnerables, m&aacute;s de lo que creemos. Quiero pensar que la siempre sabia naturaleza nos est&aacute; llamando a la introspecci&oacute;n, a la reflexi&oacute;n sobre nuestra forma de vida.
    </p><p class="article-text">
        Dicen algunos, que vencida la pandemia y pasado este Rubic&oacute;n del p&aacute;nico, no volveremos a ser los mismos, que habr&aacute; un antes y un despu&eacute;s. Lamento, querido lector, ser pesimista. Somos de f&aacute;cil e interesada desmemoria. Ha habido otras pandemias y no podemos decir que, pasadas aquellas, la humanidad haya sido mejor ni haya avanzado en valores esenciales. Volver&aacute; el bullicio ensordecedor, la cultura del consumo y el hedonismo desmedidos, el imp&uacute;dico e imp&iacute;o af&aacute;n de poder y riqueza, la indiferencia ante la injusticia y la desigualdad, la indolencia ante el cambio clim&aacute;tico y sus perniciosas consecuencias en los ecosistemas. El letargo de la cuarentena, estos &ldquo;ejercicios espirituales&rdquo; a que nos invita la pandemia, nos ayudar&aacute;n a defendernos del virus, pero no de nosotros mismos.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuarentena-reflexion_129_5915102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2020 21:12:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuarentena para la reflexión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Decepción de decepciones, todo es decepción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/decepcion-decepciones-decepcion_129_1230754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b30531a-6fb8-4ad0-a4b0-7ec39b9f584b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Sede del Consejo General de la Abogacía Española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo es posible que con las graves carencias que afectan a la Administración de Justicia nuestros políticos se entretengan con la figura del juez divulgador, que por interesante y útil que sea, ni es urgente ni contribuye a aminorar las penurias que aquella padece?</p><p class="subtitle">Parece que quienes aspiran a representarnos en el Parlamento no están al tanto de lo que las asociaciones judiciales vienen demandando desde hace tiempo como urgencias de la Justicia</p></div><p class="article-text">
        Antes de la celebraci&oacute;n de las &uacute;ltimas elecciones, el Consejo General de la Abogac&iacute;a organiz&oacute; un encuentro con candidatos a diputados por diversos partidos a fin de conocer aquellas reformas que, a su juicio, convienen a la Administraci&oacute;n de Justicia. La informaci&oacute;n de prensa dice, acaso con harta largueza, que all&iacute; compareci&oacute; &ldquo;uno de los planteles de mayor nivel jur&iacute;dico de los &uacute;ltimos tiempos, a tenor de su procedencia profesional&rdquo;; lo integraban un magistrado, dos abogados del Estado, dos abogadas y una profesora de Derecho Civil.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo la noticia sobre este acto, compruebo con profunda decepci&oacute;n &ndash; que es preludio de enojo e irritaci&oacute;n- la poquedad de lo que all&iacute; se dijo, el vuelo alicorto de las ideas expuestas a prop&oacute;sito del objetivo para el que hab&iacute;an sido convocados los componentes de la mesa-coloquio.
    </p><p class="article-text">
        Por de pronto, sorprende que quien hablaba por el PSOE dijese que la Justicia es el &ldquo;&uacute;nico elemento vertebrado [sic] del Estado que no ha sido sometido a una renovaci&oacute;n&rdquo;, raz&oacute;n por la que destaca la necesidad de &ldquo;hablar, dialogar con operadores jur&iacute;dicos y poner voluntad pol&iacute;tica para superar este punto negro de la democracia, as&iacute; como una gran apuesta tecnol&oacute;gica&rdquo;. Nos preguntamos por qu&eacute;, en los no pocos a&ntilde;os de sucesivos gobiernos de su partido, no se ha llevado a cabo esa invocada renovaci&oacute;n, qu&eacute; ha hecho entonces su partido en todo ese tiempo. Pues probablemente no otra cosa que hablar, solo hablar; dialogar, solo dialogar. Pero la hora de actuar no puede esperar m&aacute;s. <em>Facta, non verba</em>, diremos una vez m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y estupor produce comprobar c&oacute;mo algunos aspiran a distraernos de los problemas verdaderos proponiendo la incorporaci&oacute;n de los llamados &ldquo;jueces divulgadores o explicadores&rdquo;, cuya funci&oacute;n, comunicadora y did&aacute;ctica, consiste en hacer entendibles a los ciudadanos las sentencias judiciales relevantes. &iquest;C&oacute;mo es posible que con las graves carencias que afectan a la Administraci&oacute;n de Justicia, nuestros pol&iacute;ticos se entretengan con esta figura que, por interesante y &uacute;til que sea, ni es urgente ni contribuye a aminorar las penurias que aquella padece? &iquest;C&oacute;mo puede ocupar su atenci&oacute;n esta nueva figura en un pa&iacute;s que destaca en Europa por su baja dotaci&oacute;n de jueces por habitante? Cuando son muy otras las demandas y necesidades, la propuesta del juez comunicador, en este momento, se mueve entre la falta de respeto y la irresponsabilidad. Tengo para m&iacute; que esa tan acusada miop&iacute;a sobre las necesidades de nuestra Justicia no es sino un deliberado recurso distractor del esfuerzo que supone ponerse a la dura y dif&iacute;cil tarea de elaborar un proyecto serio de reformas.
    </p><p class="article-text">
        La representante del PP mantuvo que en su programa electoral va la elecci&oacute;n del &oacute;rgano de gobierno de los jueces directamente por los miembros de la carrera judicial. &iquest;Pero qu&eacute; broma es esta? &iquest;C&oacute;mo de nuevo a vueltas con una promesa ya incumplida por Gallard&oacute;n, con deslealtad y alevos&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Y, en fin, Podemos pone el acento en la modificaci&oacute;n del sistema de oposiciones, necesario, sin duda, pero olvida otras muchas cuestiones capitales que afectan al d&iacute;a a d&iacute;a de los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        Parece que quienes aspiran a representarnos en el Parlamento no est&aacute;n al tanto de lo que las asociaciones judiciales vienen demandando desde hace tiempo como urgencias de la Justicia. No es este el lugar ni el momento de transcribir el repertorio de sus peticiones. Pero en aquel encuentro en la sede del Consejo General de la Abogac&iacute;a nada se dijo, por ejemplo, acerca de la insoslayable necesidad de incrementar seriamente la partida presupuestaria dedicada a Justicia, sin cuya realidad nada efectivo puede hacerse. Tampoco hubo referencia alguna a una puesta al d&iacute;a y a nivel europeo del n&uacute;mero de jueces. Tambi&eacute;n se ha omitido ol&iacute;mpicamente la tan demandada como orillada regulaci&oacute;n de la carga de trabajo, pues no es de recibo querer sanar los problemas estructurales de la Administraci&oacute;n de Justicia recabando de los jueces un sobreesfuerzo continuado. Ausente estuvo tambi&eacute;n toda alusi&oacute;n cr&iacute;tica al sistema de nombramientos de altos cargos judiciales, materia en la que, al margen de flagrantes injusticias y arbitrariedades, est&aacute; comprometida la imagen de la independencia de la Justicia sin la que no puede esperarse la confianza de los ciudadanos. Y nada se dijo, en fin, sobre la dotaci&oacute;n de medios materiales y personales adecuados que sirvan de auxilio a jueces y fiscales encargados de la causas de corrupci&oacute;n. Y no sigo.
    </p><p class="article-text">
        Todo este toreo de sal&oacute;n, esta esgrima verbal de vals y rigod&oacute;n, en forma de encuentros, mesas redondas y debates, de nada sirven si, al cabo, no cristalizan en decisiones ejecutivas, que obras son amores y no buenos coloquios. No caben ya aplazamientos, ni promesas. El tiempo de las palabras est&aacute; agotado. Es llegada la hora de los hechos, de las inversiones, de la planificaci&oacute;n de una Administraci&oacute;n de Justicia del siglo XXI. Debo recordar que en su d&iacute;a las asociaciones judiciales fueron claras cuando, no hace mucho, dijeron a los propios parlamentarios: &ldquo;Sentimos decirlo, pero tenemos dificultades para garantizar la tutela judicial efectiva. Nuestra situaci&oacute;n es l&iacute;mite y el malestar entre nuestros compa&ntilde;eros est&aacute; muy extendido. Mucho m&aacute;s de lo que ustedes pudieran sospechar&rdquo;. Porque lo que al fin y al cabo est&aacute; en juego es la mejora de los medios que el Estado ha de poner para garantizar la tutela judicial efectiva de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco en ese tan citado encuentro se ha mentado la necesidad de una nueva demarcaci&oacute;n territorial como instrumento indeclinable de la reforma profunda y radical que la Justicia requiere. Hubo un intento o proyecto que termin&oacute; en un pobre y nada innovador dise&ntilde;o perge&ntilde;ado en el seno del Consejo General del Poder Judicial que D&iacute;var presidi&oacute;. Part&iacute;a aquel engendro de un esquema simplista que trataba de reagrupar los antiguos partidos judiciales en circunscripciones m&aacute;s amplias, respetando el marco provincial de ubicaci&oacute;n originaria.
    </p><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n de Justicia, como toda obra arquitect&oacute;nica, debe empezar a construirse desde abajo, desde el suelo. Es necesaria una previa labor de replanteo; antes de levantar el edificio, debe llevarse a cabo la delimitaci&oacute;n y parcelaci&oacute;n del terreno sobre el que se va a construir, con traslaci&oacute;n de las dimensiones de la obra que se va a acometer; siguiendo con el s&iacute;mil arquitect&oacute;nico del replanteo, debe decidirse la ubicaci&oacute;n de cimientos, zapatas, pilotes&hellip; Es decir, se trata de hacer una Ley de Demarcaci&oacute;n adaptada a la actual textura territorial condicionada por factores de muy diverso orden, que impone una reestructuraci&oacute;n del mapa judicial para el que muy probablemente no sirva ya la vieja configuraci&oacute;n provincial.
    </p><p class="article-text">
        Es preciso tomar conciencia de la necesidad de traducir al &aacute;mbito judicial una realidad sociol&oacute;gica y econ&oacute;mica que no puede desconocerse, siguiendo as&iacute; la pauta de otras demarcaciones ya existentes en &aacute;mbitos diversos de la Administraci&oacute;n. No puede pensarse en un nuevo mapa judicial propio del siglo XXI sin tener en cuenta, no solo criterios de litigiosidad, sino otros geogr&aacute;ficos, demogr&aacute;ficos, econ&oacute;micos, de infraestructuras de transportes y de pol&iacute;tica territorial de las Comunidades Aut&oacute;nomas, que oportunamente han sido contemplados en el dise&ntilde;o de otras &aacute;reas de actuaci&oacute;n administrativa.
    </p><p class="article-text">
        La sucesi&oacute;n de ministros de Justicia me sugiere la atormentada imagen de S&iacute;sifo; cada uno recomienza la pol&iacute;tica de reformas parciales que ser&aacute;n luego nuevamente enmendadas por el siguiente. No hay pol&iacute;tica de continuidad, no hay un proyecto conductor y seductor, suprapartidista, volcado de hoz y coz en la cabal reconstrucci&oacute;n y articulaci&oacute;n de la Justicia en este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es dudoso que los partidos, por m&aacute;s que se titulen de democr&aacute;ticos, se cuiden de proporcionarnos una Justicia con plenitud de medios y cabalmente independiente. Y mucho menos si, cuando se re&uacute;nen para hablar de las necesidades exhiben su decepcionante indigencia de ideas y proyectos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/decepcion-decepciones-decepcion_129_1230754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Nov 2019 21:12:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Decepción de decepciones, todo es decepción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Consejo General de la Abogacía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oposiciones y selección de jueces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/oposiciones-seleccion-jueces_129_1291564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23c26713-a220-4a92-ad86-81b0d779d41d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">O los tribunales tienen de sí mismos y de su capacidad de adivinación o lo tienen muy pobre de lo que es ser juez y del alcance de la tarea jurisdiccional</p><p class="subtitle">Se trata de un sistema que debe ser ya revisado y que, cuando menos, requiere de radicales y urgentes reformas porque todo en él falla</p></div><p class="article-text">
        El pasado mes de junio asist&iacute; con un compa&ntilde;ero, magistrado barcelon&eacute;s, a una sesi&oacute;n del &uacute;ltimo ejercicio (oral) de las oposiciones para acceso a la Carrera Judicial que ten&iacute;an lugar en el Tribunal Supremo. A las puertas de la sala donde se desarrollaban los ejercicios, dos j&oacute;venes y angustiadas opositoras esperaban su turno. Entablamos conversaci&oacute;n con ellas tratando de tranquilizarlas, d&aacute;ndoles &aacute;nimos, en un intento &ndash;in&uacute;til, lo s&eacute;&ndash; de aplacar sus nervios ante una prueba decisiva en sus vidas. Al fin, la primera de ellas es llamada por el tribunal; entramos y escuchamos pacientemente todo el ejercicio. La joven aprob&oacute;. Podr&iacute;amos describirlo as&iacute;: entr&oacute; como opositora y sali&oacute; como juez. Lo &uacute;nico que hizo ante el tribunal fue exponer, durante una hora, unos temas escogidos al azar, cuyo contenido hab&iacute;a memorizado previamente a lo largo de unos a&ntilde;os de machaconas repeticiones. Aquello fue como lo que G&oacute;mez Rom&aacute;n, hace muchos a&ntilde;os, calificaba de &ldquo;acto fugaz y falaz&rdquo;. Lo mismo hab&iacute;a ocurrido en el ejercicio anterior: la opositora entra, declama y sale.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, que adem&aacute;s de o&iacute;r su exposici&oacute;n, estuve hablando y cambiando impresiones con ella, me ser&iacute;a absolutamente imposible augurar si aquella mujer ten&iacute;a o no condiciones para el ejercicio de la funci&oacute;n judicial. En rigor, lo ignoraba todo acerca de su real preparaci&oacute;n jur&iacute;dica, si en verdad sab&iacute;a derecho o era un simple loro recitador, como desconoc&iacute;a tambi&eacute;n si estaba dotada de capacidad anal&iacute;tica y dotes hermen&eacute;uticas o si, por el contrario, carec&iacute;a de ellas. Nada sab&iacute;a de su persona, ni de su percepci&oacute;n de la realidad social y econ&oacute;mica del pa&iacute;s en el que va a administrar justicia. En suma, no ten&iacute;a conocimiento alguno acerca de las cualidades profesionales que han de esperarse de un juez. Pero lo cierto es que el tribunal tampoco. El tribunal, cuya &uacute;nica exploraci&oacute;n de aptitudes de la aspirante se hab&iacute;a limitado a escuchar una hora de recitado de unos temas, estaba en las mismas condiciones de inopia que yo. Y, sin embargo, pese a esa ceguera y con ese nivel de desconocimiento, concede su pl&aacute;cet a personas cuyas aptitudes para el ejercicio de la funci&oacute;n judicial, en rigor, no le constan.
    </p><p class="article-text">
        Me parece incontrovertible que con solo una hora (por cada ejercicio) de declamaci&oacute;n memor&iacute;stica de unos temas tomados al azar, ese tribunal no pod&iacute;a estar en condiciones de llevar a buen fin un encargo de tanta trascendencia como es el de la selecci&oacute;n de jueces. No puedo admitir que la fortuna coyuntural del &ldquo;rapsoda jur&iacute;dico&rdquo; de unos textos comprimidos y enlatados &ndash;las consabidas &ldquo;contestaciones al programa&rdquo;&ndash; sirva para apreciar las aptitudes de un futuro juez, y que toda comprobaci&oacute;n o indagaci&oacute;n de las capacidades del aspirante al ejercicio de la funci&oacute;n jurisdiccional se agote en ese tr&aacute;nsito ef&iacute;mero. No acierto a entender que con una prueba de esa &iacute;ndole el tribunal est&eacute; en condiciones de hacer una razonable prognosis acerca de la idoneidad y talentos de un opositor. O los tribunales tienen de s&iacute; mismos y de su capacidad de adivinaci&oacute;n un excelente concepto o lo tienen muy pobre de lo que es ser juez y del alcance de la tarea jurisdiccional.
    </p><p class="article-text">
        Terminado su ejercicio, y mientras la opositora siguiente velaba armas, abordo a dos miembros del tribunal &ndash;mujeres&ndash; que salieron de la sala. Hablo con ellas y les expongo las deficiencias de lo que est&aacute; ocurriendo en unas oposiciones cuyo desarrollo segu&iacute;a de cerca: criterios dispares en los tribunales a la hora de valorar los ejercicios, las desconcertantes, cuando no inadmisibles o arbitrarias, explicaciones con que algunos de sus componentes tratan de justificar y despachar sus veredictos negativos. Una de las integrantes del tribunal se envar&oacute; y, con moh&iacute;n de ofendida, guard&oacute; silencio. La otra balbuce&oacute; excusas y termin&oacute; por decir que ellos valoraban los ejercicios &ldquo;en conciencia&rdquo;. Pero &iquest;c&oacute;mo que en conciencia? &iquest;Pero qu&eacute; modo de valorar un examen es ese?
    </p><p class="article-text">
        He discutido mucho sobre este tema de palabra y por escrito. Pero esta vez he querido reparar en la plasticidad y elocuencia de la imagen que acabo de expresar: una joven que entra en la sala como opositora y sale como juez, con una sola y exclusiva prueba de exposici&oacute;n esencialmente memor&iacute;stica de unos temas en tiempo tasado.
    </p><p class="article-text">
        Se mire como se mire, se excuse como se excuse, no es sino la expresi&oacute;n de un sistema extravagante e irracional del que cansinamente se predica, a modo de justificaci&oacute;n, una objetividad que lo hace inmune a nepotismos y enchufismos. Sin embargo, en mi opini&oacute;n, se trata de un sistema que debe ser ya revisado y que, cuando menos, requiere de radicales y urgentes reformas porque todo en &eacute;l falla: el m&eacute;todo selectivo, la composici&oacute;n de los tribunales, el contenido de los programas, la preponderancia de lo memor&iacute;stico que los propios tribunales fomentan. No se confunda el lector; no estoy abogando por sistemas de designaci&oacute;n discrecional donde las afinidades de todo tipo puedan traducirse en acepci&oacute;n de personas, ni por m&aacute;steres al uso. No; abogo por sistemas que no se reduzcan al simplismo del actual, y que en la medida de lo posible adecuen las pruebas a la finalidad que deben cumplir: la comprobaci&oacute;n de las cualidades que habilitan para el ejercicio de la funci&oacute;n judicial. E insistir&eacute; una vez m&aacute;s; para empezar, y mientras se mantenga este r&eacute;gimen, es preciso grabar los ejercicios orales en prevenci&oacute;n de un eventual contraste cuando se haga realmente necesario. Mientras no sea as&iacute;, los tribunales gozar&aacute;n de una injustificada impunidad y los opositores estar&aacute;n indefensos ante hipot&eacute;ticos errores del tribunal. Porque, eso s&iacute;, haberlos haylos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/oposiciones-seleccion-jueces_129_1291564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2019 20:26:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oposiciones y selección de jueces]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poder Judicial,Jueces,Oposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unamuno y la Guerra Civil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unamuno-guerra-civil_129_2243155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/558cb290-3d60-4a5e-8345-98ac30f07eb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x770y704.jpg" width="1200" height="675" alt="Unamuno y la Guerra Civil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es sabido que Unamuno se adhirió en un principio al bando de los rebeldes y realizó actos difícilmente entendibles en quien era declarado antimilitarista</p><p class="subtitle">Al paso de los días se hace cargo de su errada percepción del alzamiento; nada de lo que ocurre tiene que ver con rectificación de la República ni con la "defensa de la civilización occidental cristiana" que tanto predicaba</p></div><p class="article-text">
        Colette y Jean Claude Rabat&eacute; son un matrimonio de hispanistas franceses volcados desde hace tiempo en el estudio de la figura de Miguel de Unamuno. A pocos meses de publicar el primer tomo del Epistolario del rector salmantino (&iexcl;se anuncian ocho vol&uacute;menes!), llega ahora a las librer&iacute;as 'En el torbellino. Unamuno en la Guerra Civil', en cuidada edici&oacute;n de Marcial Pons. Se trata de un excelente y documentado estudio sobre los primeros meses de la Guerra Civil espa&ntilde;ola tan intensamente vividos por el pensador &ldquo;donquijotesco&rdquo;, aquel &ldquo;fuerte vasco&rdquo; &ldquo;de quim&eacute;rica montura&rdquo;, como en verso le describi&oacute; Antonio Machado. Ha sido prop&oacute;sito de los autores indagar sobre las &ldquo;posturas vacilantes e incluso dif&iacute;cilmente explicables que adopt&oacute; frente a los dos bandos durante los primeros meses de la Guerra Civil&rdquo; y tratan, en suma, de entender y reconstruir aquellos momentos de &ldquo;tumulto y de confusi&oacute;n que vivieron muchos espa&ntilde;oles, entre ellos el viejo catedr&aacute;tico.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        No es, desde luego, el primer libro que aborda las vivencias unamunianas en los meses de Guerra Civil que precedieron a su muerte el 31 de diciembre de 1936. Al margen de las biograf&iacute;as escritas (Rabat&eacute;, Juaristi, Salcedo), otros trabajos han abordado en particular ese per&iacute;odo que de forma tan aflictiva y tormentosa vivi&oacute; el rector salmantino (Carlos Rojas, Gonz&aacute;lez Egido, Blanco Prieto).
    </p><p class="article-text">
        Me atrever&iacute;a a decir que la lectura de lo escrito sobre estos meses de la vida de don Miguel debe acompa&ntilde;arse del excepcional documento &ndash;magn&iacute;ficamente glosado por Carlos Feal- que es El resentimiento tr&aacute;gico de la vida. Notas sobre la revoluci&oacute;n y Guerra Civil espa&ntilde;olas, agitados apuntes escritos por un Unamuno angustiado y sobrecogido por aquella &ldquo;salvaje pesadilla&rdquo;. Probablemente constituyan esas notas el postrer monodi&aacute;logo ag&oacute;nico y dram&aacute;tico de un hombre fiel a s&iacute; mismo, solo, enfrentado a todos, los &ldquo;hunos&rdquo; y los &ldquo;hotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es sabido que el rector salmantino se adhiri&oacute; en un principio al bando de los rebeldes y llev&oacute; a cabo actos dif&iacute;cilmente entendibles en quien era declarado antimilitarista. El&iacute;as D&iacute;az explica esta actitud an&oacute;mala de Unamuno, incoherente desde luego con sus propios presupuestos ideol&oacute;gicos, como error de un viejo liberal del siglo XIX que hab&iacute;a ido perdiendo contacto con la compleja realidad espa&ntilde;ola y europea. Sin duda, su perspectiva fue err&oacute;nea, incluso incauta. Tom&oacute; aquel levantamiento militar como un intento de rectificaci&oacute;n de una Rep&uacute;blica- o mejor, del gobierno republicano- con cuya deriva &eacute;l, que la proclam&oacute; desde el balc&oacute;n del Ayuntamiento salmantino, se mostraba a disgusto y disconforme. Pudieron inducirle a error determinados gestos equ&iacute;vocos como las palabras de Queipo de Llano que afirmaba que el &ldquo;movimiento es netamente republicano, de lealtad absoluta y decidida al r&eacute;gimen&rdquo; y justificaba la sublevaci&oacute;n por el bien de Espa&ntilde;a y de la Rep&uacute;blica. Tambi&eacute;n el Comandante Militar de Salamanca, Garc&iacute;a &Aacute;lvarez, cierra su bando con un &ldquo;&iexcl;Viva la Rep&uacute;blica!&rdquo; A&uacute;n m&aacute;s, la bandera tricolor se mantuvo ondeando varios d&iacute;as en el Ayuntamiento de la ciudad. Pero don Miguel se estaba equivocando; se dar&aacute; cuenta de ello y as&iacute; lo reconocer&aacute;; pero para entonces ya hab&iacute;a llevado a cabo actos de dif&iacute;cil explicaci&oacute;n como la firma del Mensaje de la Universidad de Salamanca en apoyo del alzamiento, o la donaci&oacute;n de 5.000 pts. para la causa, cantidad entonces importante. &nbsp;En el balance de actos y gestos de apoyo al &ldquo;bando nacional&rdquo;, el matrimonio Rabat&eacute; entiende que, a la postre, son m&aacute;s bien &ldquo;de fachada&rdquo;, cargos emblem&aacute;ticos y honor&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que al paso de los d&iacute;as se hace cargo de su errada percepci&oacute;n del alzamiento; nada de lo que ocurre tiene que ver con rectificaci&oacute;n alguna de la Rep&uacute;blica ni con la &ldquo;defensa de la civilizaci&oacute;n occidental cristiana&rdquo; que &eacute;l tanto predicaba. Aquello era el suicidio colectivo de una guerra incivil, expresi&oacute;n m&aacute;xima de la barbarie cainita. Pronto empieza a ver que sus amigos son encarcelados y asesinados; Casto Prieto, alcalde de Salamanca, y Jos&eacute; Manso, diputado socialista, mueren a manos de falangistas venidos de Valladolid; el pastor protestante Atilano Coco es encarcelado como tambi&eacute;n lo fue su dilecto amigo Filiberto Villalobos. Con el tiempo reconocer&aacute; su dram&aacute;tica equivocaci&oacute;n; contrariado por ella, escribe al escultor vasco Quint&iacute;n de Torre: &ldquo;Qu&eacute; c&aacute;ndido y qu&eacute; ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El dolor y repulsa por lo que est&aacute; sucediendo presionan las compuertas de su indignaci&oacute;n. Cualquier m&iacute;nima provocaci&oacute;n le har&aacute; estallar. Y eso ocurre el 12 de octubre en el Paraninfo donde tiene lugar el ya m&iacute;tico enfrentamiento entre el viejo rector y Mill&aacute;n Astray. Fiada a la memoria de unos y otros, se hace dif&iacute;cil una reconstrucci&oacute;n fidedigna de lo acontecido entonces entre las paredes de aquel Paraninfo; las versiones de los testigos presenciales no son coincidentes. En contra de lo hecho por otros autores (Salcedo, Gonz&aacute;lez Egido, Rojas, Portillo, Hugh Thomas) que llevan a cabo una reelaboraci&oacute;n del breve discurso de Unamuno, los Rabat&eacute; no quieren aventurar una versi&oacute;n hipot&eacute;tica de un contenido a estas alturas dif&iacute;cil de reconstruir. Por eso, prefieren actuar con &ldquo;mucha humildad y circunspecci&oacute;n&rdquo; a la hora de recomponer &nbsp;aquel episodio, pues es tarea que ha de hacerse con testimonios cuya autenticidad es discutible. En tal trance, se limitan a glosar las notas &nbsp;que el viejo rector escribi&oacute; al dorso de la carta que le hab&iacute;a enviado la mujer del pastor protestante Atilano Coco pidiendo ayuda para su marido encarcelado. Lo que all&iacute; figura anotado es lo que probablemente &ndash;y a lo mejor no todo- fue dicho por Unamuno. La frase ya acu&ntilde;ada como m&iacute;tica &ndash;&ldquo;vencer&eacute;is, pero no convencer&eacute;is&rdquo;- no parece que sea exacta; muy probablemente la forma verbal fue otra; el propio don Miguel dej&oacute; escrito que en su arremetida verbal increp&oacute; a militares y falangistas con un &ldquo;vencer no es convencer&rdquo;. Es la raz&oacute;n que se rebela contra la fuerza bruta, inteligencia contra barbarie, justamente all&iacute;, en el sagrado templo del saber y por boca de quien &ndash;seg&uacute;n algunas versiones- dijo ser su sumo sacerdote. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco hay unanimidad sobre el nivel de agitaci&oacute;n desatada por la embestida verbal de Unamuno, y as&iacute; lo explican los autores de En el torbellino. Se se&ntilde;ala una cierta incoherencia o falta de correspondencia entre la sacudida producida por las palabras del rector y las arrebatadas invectivas de Mill&aacute;n Astray, por una parte, y lo que, por otra, reflejan las fotograf&iacute;as hechas instantes despu&eacute;s, en el momento de la despedida, a la salida de acto. Pero s&iacute; debe aceptarse una crispaci&oacute;n ambiental notable cuando, a prop&oacute;sito de este episodio, el propio Unamuno le dice a Quint&iacute;n de Torre: &ldquo;&iexcl;Hubiera usted o&iacute;do aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histri&oacute;n que es Mill&aacute;n Astray&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ese incidente empieza un nuevo confinamiento para Unamuno; su casa de la calle Bordadores ser&aacute; su Fuerteventura en Salamanca; all&iacute; se mantendr&aacute; recluido; escribe cartas, poemas para su Cancionero, recibe visitas. Agitado por la situaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, angustiado por terribles y certeros presagios, el 21 de noviembre escribe a Lorenzo Giusso: &ldquo;Cuando se acabe esta salvaje guerra incivil, vendr&aacute; aqu&iacute; el r&eacute;gimen de la estupidizaci&oacute;n general colectiva y del m&aacute;s fren&eacute;tico terror&rdquo;. El tiempo le dio la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El 31 de diciembre de 1936, envuelta en fr&iacute;o y nieve, rondaba cautelosa la muerte por entre las paredes de su casa, tal como &eacute;l hab&iacute;a prefigurado treinta a&ntilde;os antes en la soledad de su estudio. Y a las cuatro de la tarde, le encontr&oacute; al fin, sentado en su mesa camilla, al calor del brasero, &nbsp;y de forma inesperada, sigilosamente, le sumi&oacute; en el sue&ntilde;o final.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente de la muerte de Unamuno, Ortega y Gasset escribe: &ldquo;Temo que padezca nuestro pa&iacute;s una era de atroz silencio&rdquo;. &nbsp;Y as&iacute; fue durante cuarenta a&ntilde;os. Libros y trabajos como este &ndash;y otros- del matrimonio Rabat&eacute; contribuyen a mantener viva &nbsp;la voz ejemplar e insobornable de quien, en palabras de Andr&eacute;s Trapiello, fue el hombre m&aacute;s libre que ha dado Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/unamuno-guerra-civil_129_2243155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Mar 2018 18:55:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Unamuno y la Guerra Civil]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel de Unamuno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kafka y el “procés”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/kafka-proces_129_3028836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d04f599-0695-4a57-a264-2da6b2b0987e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los secesionistas tratan de recrear un escenario político-social propio de los años sesenta, necesitan configurar el gran holograma de una realidad a la contra que legitime su discurso mítico</p></div><p class="article-text">
        Le&iacute; &lsquo;El proceso&rsquo; de Kafka en mis a&ntilde;os de estudiante; recuerdo aquella primera lectura como una suerte de inmersi&oacute;n en una atm&oacute;sfera de textura on&iacute;rica en la que compart&iacute;a con el atribulado Josef K. la pesadilla densa y gr&aacute;vida de un tribunal que, a lo largo de un proceso disparatado, va cercando a un hombre inocente que no sabe de qu&eacute; delito se le acusa y por el que, al final, es ejecutado. Lo que en aquella historia ocurr&iacute;a &ndash;extra&ntilde;o e ins&oacute;lito- poco o nada ten&iacute;a que ver con lo que en la vida real acontece, tanto que dentro de las innumerables interpretaciones que de la novela pueden hacerse, podr&iacute;a aventurarse la tesis de que el relato corresponde a una realidad distorsionada por la percepci&oacute;n de una mente enajenada. Escenarios y situaciones, di&aacute;logos y personajes aparec&iacute;an con la desfiguraci&oacute;n propia de los sue&ntilde;os y la dislocaci&oacute;n de lo absurdo, al tiempo que palabras y conceptos se vaciaban de su significaci&oacute;n originaria para adquirir un contenido grotesco. La detenci&oacute;n de Josef K. no lo es al cabo, pues seguir&aacute; en libertad; el proceso, por arbitrario, no merece tal nombre; el tribunal no juzga, sino que persigue, acusa y condena; no existe la idea de una absoluci&oacute;n definitiva. Todo se concita para ofrecer al lector un mosaico de factura extravagante.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo el &lsquo;proc&eacute;s&rsquo; secesionista catal&aacute;n, he revivido aquella sensaci&oacute;n de quiebra de la realidad; primero, porque ocurre lo inimaginable, y luego, porque se instaura una suerte de realidad paralela y virtual, una farsa que sirve de contrapunto pseudolegitimador del propio desvar&iacute;o. Y una vez el desbarro se apodera de la realidad, se acude al uso mendaz de las palabras con el vano prop&oacute;sito de apuntalar aquella realidad artificial, inexistente, pero interesadamente acomodada a la percepci&oacute;n distorsionada de las cosas tal como interesa al visionario.
    </p><p class="article-text">
        Hace alg&uacute;n tiempo hubiera tenido por inimaginable el escandaloso y espeluznante atropello de la legalidad y de los derechos de la oposici&oacute;n ocurrido en el Parlament los d&iacute;as 6 y 7 de septiembre. &iquest;Acaso alguien pod&iacute;a prever tama&ntilde;a osad&iacute;a, semejante desafuero de imp&uacute;dico desprecio por el orden democr&aacute;tico? Fue la gran deflagraci&oacute;n secesionista que quiso abrir atajos sobre las cenizas de las instituciones democr&aacute;ticas; estorbaba el respeto y la observancia de la legalidad, como estorbaban tambi&eacute;n las normas que rigen en el templo donde la palabra, mediante el parlamento, se hace ley. &iquest;C&oacute;mo pueden demandar di&aacute;logo aquellos que tan abruptamente lo burlaron en la c&aacute;mara del di&aacute;logo democr&aacute;tico por excelencia? Y al engendro de aquel golpe de lesa legalidad llamaron, sin pesta&ntilde;ear, ley. Era impensable algo tan descabellado, pero ocurri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco nunca hubiera podido representarme una tan ins&oacute;lita como insolente imagen de la presidenta de la c&aacute;mara legislativa de Catalunya al frente de una manifestaci&oacute;n, arengando a la masa, ante la sede de los tribunales de Barcelona. &iquest;Se imagina el lector similar escena en Madrid con la presidenta del Congreso de los Diputados (poder legislativo) encabezando una manifestaci&oacute;n ante el Tribunal Supremo (poder judicial)? Absolutamente impensable; y de seguro que no lo veremos. Es cosa que solo en sue&ntilde;os puede ocurrir; y a lo que se ve, con algunos catalanes tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los secesionistas tratan de recrear un escenario pol&iacute;tico-social propio de los a&ntilde;os sesenta, necesitan configurar el gran holograma de una realidad a la contra que legitime su discurso m&iacute;tico. Piden unas libertades que no han perdido y que est&aacute;n reconocidas en la Constituci&oacute;n, piden democracia como si vivieran a&uacute;n en un r&eacute;gimen autocr&aacute;tico, y llaman represi&oacute;n a lo que no es sino necesaria reacci&oacute;n legal frente a actitudes de contumaz rebeld&iacute;a contra el orden jur&iacute;dico y las decisiones de los tribunales. Hablan en nombre del pueblo catal&aacute;n del que dicen cumplir un mandato expresado en las urnas, unas urnas que fueron puestas al servicio de una algarab&iacute;a de corte berlanguiano a la que dieron en llamar refer&eacute;ndum, pese a la notoria y escandalosa ausencia de garant&iacute;as, esperpento pseudodemocr&aacute;tico donde vot&oacute; quien quiso, donde quiso y cuantas veces quiso. Pero no importan estos dislates; prietas las filas, el &lsquo;proc&eacute;s&rsquo; debe continuar. Los mensajes falsarios se repiten una y otra vez por aquello de que la mentira bien cultivada adquiere visos de verdad. Inevitable me resulta en estos d&iacute;as el recuerdo de Orwell cuando escrib&iacute;a que la mentira sistem&aacute;tica practicada por los estados totalitarios no es un recurso transitorio, sino que forma parte integral del totalitarismo (El poder y la palabra).
    </p><p class="article-text">
        Los secesionistas proclaman que &lsquo;esto no va de Catalunya ni de independencia sino de democracia&rsquo;. No es as&iacute;. Esto va de elemental y obligado respeto a la legalidad, que es en toda democracia fuente de legitimidad, libertad y seguridad, legalidad que de forma abrupta e insurrecta fue pisoteada p&uacute;blicamente en el Parlament. Tal vez no se haya enfatizado lo suficiente ante la opini&oacute;n p&uacute;blica la idea de que la legalidad es n&uacute;cleo vital de la democracia, &lsquo;baluarte y premisa de la soberan&iacute;a de los ciudadanos&rsquo; y &lsquo;poder de los sin poder&rsquo;, como dice Flores d&acute;Arcais.
    </p><p class="article-text">
        El predominio de lo ins&oacute;lito y extravagante y esa diplop&iacute;a a que nos lleva la irracional fabulaci&oacute;n de una realidad paralela, en suma, toda esta cr&oacute;nica donde lo real valdr&iacute;a como so&ntilde;ado y lo irreal se nos presenta como verdadero, es lo que da al &lsquo;proc&eacute;s&rsquo; una reconocible connotaci&oacute;n kafkiana
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n lugar, el propio Kafka dijo que &lsquo;la realidad aut&eacute;ntica es siempre irreal&rsquo;. Y repasando el curso del &lsquo;proc&eacute;s&rsquo;, tenemos que darle la raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/kafka-proces_129_3028836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Nov 2017 19:33:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kafka y el “procés”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Referéndum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apertura de tribunales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/apertura-tribunales_129_3211068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fd26bf5-32c8-4c33-970b-1a93ccf552ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apertura de tribunales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace décadas, toda cuanta reforma y medios se han venido aplicando a la Administración de Justicia han quedado siempre muy por debajo de las necesidades reales</p></div><p class="article-text">
        Cada mes de septiembre se repite en el Sal&oacute;n de Plenos del Tribunal Supremo la sesi&oacute;n solemne de apertura de tribunales; con ceremonial de vigor pl&aacute;stico cuasisacral, tiene lugar all&iacute; la augusta composici&oacute;n esc&eacute;nica del mundo judicial, presidida por el Rey, en cuyo nombre se administra la justicia, seg&uacute;n dispone el art. 117.1 de nuestra Constituci&oacute;n. Desaparecidos los que en otro tiempo eran llamados &ldquo;d&iacute;as de estero y desestero&rdquo;, hay uno en septiembre que se reserva para una suerte de estero ocasional, el de la gran alfombra roja que adornar&aacute; el paso de autoridades del m&aacute;ximo rango que acuden al acto. Es el d&iacute;a del gran posado de la Justicia, que con especial esmero se engalana para la ocasi&oacute;n. El marco es majestuoso; por unas horas, se hace del Sal&oacute;n de Plenos egregio escenario en el que sus candilejas avivan paramentos rojos, las togas se revisten de medallas y collares cuyos dorados brillan bajo los focos, el recinto se puebla de vuelillos de altos vuelos, y un protocolo meticuloso, cual escen&oacute;grafo del ritual, ordena las jerarqu&iacute;as. En ese recinto hier&aacute;tico se suceden los discursos, entre sus paredes resuenan palabras hondas, de contenido y significado graves: justicia, democracia, derechos&hellip; Tambi&eacute;n se habla de logros y prop&oacute;sitos, de esperanzas y proyectos.
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo, el paso de los a&ntilde;os va dejando en m&iacute; la amarga sensaci&oacute;n de la impotencia de un Aquiles que nunca alcanza a la tortuga. Desde hace d&eacute;cadas, toda cuanta reforma y medios se han venido aplicando a la Administraci&oacute;n de Justicia han quedado siempre muy por debajo de las necesidades reales.
    </p><p class="article-text">
        Se me antoja que ese espacio mayest&aacute;tico del Sal&oacute;n de Plenos semeja por un d&iacute;a la gran burbuja de una Justicia glamurosa. Pero fuera de ella, m&aacute;s all&aacute; de los gruesos muros del recinto palaciego, est&aacute;n las voces de miles de jueces que han avalado las catorce propuestas que las asociaciones judiciales &ndash;las abajo firmantes&ndash; llevan hasta el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y de las que han dado cuenta a los grupos parlamentarios. Esta vez, las asociaciones han sido claras con los segundos: &ldquo;Sentimos decirlo, pero tenemos dificultades para garantizar la tutela judicial efectiva. Nuestra situaci&oacute;n es l&iacute;mite y el malestar entre nuestros compa&ntilde;eros est&aacute; muy extendido. Mucho m&aacute;s de lo que ustedes pudieran sospechar&rdquo;. Ya no bastan las palabras, es la hora de los hechos. Solo estos permitir&aacute;n recobrar la confianza. <em>Res, non verba</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ese pliego de reivindicaciones &ndash;solo cuatro de ellas son de &iacute;ndole corporativa&ndash; contiene todo un repertorio de inquietudes y necesidades de inaplazable atenci&oacute;n si de verdad aspiramos a una Justicia de siglo XXI; se refiere aquel, fundamentalmente, a la organizaci&oacute;n y funcionamiento del CGPJ, sistema de elecci&oacute;n de los vocales de procedencia judicial, nombramiento de altos cargos judiciales, plan de inversi&oacute;n suficiente y prolongado que asegure calidad y rapidez en la Administraci&oacute;n de Justicia, esfuerzo inversor para hacer posible su modernizaci&oacute;n, incremento del n&uacute;mero de jueces para equipararlo a la media europea, racionalizaci&oacute;n de la planta judicial, dotaci&oacute;n de medios materiales adecuados a los funcionarios p&uacute;blicos con competencias en la lucha contra la corrupci&oacute;n. Se reclama tambi&eacute;n una regulaci&oacute;n de las cargas de trabajo, petici&oacute;n que las asociaciones judiciales vienen haciendo al CGPJ desde el a&ntilde;o 2014 para que se fijen de una vez unos m&oacute;dulos adecuados a la complejidad de la sociedad actual y, que sean, a la vez, compatibles con el derecho al descanso y la conciliaci&oacute;n familiar. La dejaci&oacute;n por parte del CGPJ ha llevado a las asociaciones judiciales a presentar una demanda de conflicto colectivo para que se proceda a la regulaci&oacute;n de la carga de trabajo de los jueces.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a deseable que el Sal&oacute;n de Plenos, convertido por unas horas en burbuja rutilante y togada, fuese ese d&iacute;a caja de resonancia de la voz exacta y verdadera de una Carrera Judicial cansada de pedir para una Administraci&oacute;n de Justicia herida por tantas carencias largamente desatendidas.
    </p><p class="article-text">
        Terminar&aacute; el acto solemne que anuncia el comienzo del nuevo a&ntilde;o judicial; vac&iacute;o y en penumbra el escenario, se har&aacute; el silencio en el Sal&oacute;n de Plenos, pero quien quiera o&iacute;r percibir&aacute; un clamor incesante que viene de fuera y que por momentos adquiere el tono de un runruneo pres&iacute;smico; es la voz de los jueces que al paso del tiempo arrecia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julio Picatoste]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/apertura-tribunales_129_3211068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Sep 2017 18:55:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Apertura de tribunales]]></media:title>
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