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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Martínez González-Tablas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_martinez_gonzalez-tablas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Martínez González-Tablas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Razones y sinrazón en el choque de trenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/razones-sinrazon-choque-trenes_129_3196966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No es sensato que pueda ignorarse con argumentos de legalidad la voluntad de un colectivo diferenciado que de forma reiterada y con una mayoría significativa manifiesta su firme deseo de opinar sobre los términos de su inserción en España</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Es posible que llegue a darse un proceso presidido por la sinraz&oacute;n en el que los part&iacute;cipes est&eacute;n cargados de razones? Tal vez no sea lo m&aacute;s habitual, no lo s&eacute;, pero evidentemente es posible, porque est&aacute; sucediendo ante nuestros ojos, para asombro y esc&aacute;ndalo de quienes somos ciudadanos de a pie, sin ninguna pretensi&oacute;n de especialistas en la materia concernida, pero conservamos criterio y capacidad de discernimiento. Si no estoy hablando de algo relacionado con Trump, tendr&aacute; que referirse necesariamente a la cuesti&oacute;n catalana, porque se dir&iacute;a que el resto de problemas son secundarios si no banales: el paro, la exclusi&oacute;n, el deterioro de las condiciones reales de trabajo y de vida, la creciente desigualdad, la pertinaz invisibilidad de muchas mujeres, del &aacute;mbito dom&eacute;stico, de los cuidados, el empobrecimiento de la democracia, las amenazas que se derivan del cambio clim&aacute;tico y de la transgresi&oacute;n de los l&iacute;mites biof&iacute;sicos que permiten y sostienen la vida. Pecata minuta. Lo principal es lo principal. Hablemos de ello.
    </p><p class="article-text">
        Algunas constataciones ofrecen pocas dudas: provenimos de una trayectoria hist&oacute;rica compleja e interpretable de forma diversa, en la que, heterog&eacute;neos, hemos tenido fricciones y desajustes pero a la vez una larga realidad de convivencia; muchos tampoco negamos que en las d&eacute;cadas de dictadura franquista no solo se pisote&oacute; la libertad, sino que los ciudadanos y pueblos, que vivimos en lo que conocemos como Espa&ntilde;a, sufrimos la privaci&oacute;n de derechos b&aacute;sicos de todo tipo, en un contexto sociopol&iacute;tico en el que la persecuci&oacute;n de los discrepantes no se detuvo en l&iacute;mites, en el que sufri&oacute; la cultura y la creatividad, en el que se agostaron las din&aacute;micas m&aacute;s esperanzadoras que parec&iacute;an haber germinado en la democracia precedente; luego, la agon&iacute;a del franquismo y la transici&oacute;n hacia una nueva democracia se resolvieron en t&eacute;rminos tergiversados por unos y por otros, donde la ejemplaridad se concentra en que conseguimos establecer un r&eacute;gimen de libertades homologable en muchos aspectos con los de nuestro entorno, sin volver a matarnos entre nosotros, pero donde el poder econ&oacute;mico permaneci&oacute; intocado, no hubo reconocimiento a las v&iacute;ctimas ni exigencia de responsabilidades a los victimarios, se construy&oacute; con alfileres la configuraci&oacute;n territorial del Estado que en aquella correlaci&oacute;n de fuerzas result&oacute; posible y se dejaron abiertas a una eventual concreci&oacute;n ulterior muchas cuestiones capitales; es constatable que en las d&eacute;cadas transcurridas bajo la Constituci&oacute;n de 1978 ha habido que navegar situaciones dif&iacute;ciles, ha habido avances apreciables en muchos campos, nos hemos transformado, podr&iacute;amos decir que con convivencia y pragmatismo, pero en modo alguno ha tenido lugar una interpretaci&oacute;n creativa y progresista de las posibilidades latentes en el texto constitucional: lo que se cerr&oacute; pobremente permanece y lo que permit&iacute;a una evoluci&oacute;n positiva no se ha concretado y, a menudo, mas bien ha sucedido lo contrario; ha cambiado el entorno y nuestra inserci&oacute;n en &eacute;l, ha desaparecido el socialismo real, se ha profundizado la globalizaci&oacute;n, se ha hecho hegem&oacute;nica una concepci&oacute;n neoliberal de las personas, de la vida social y del mundo, alejada de la b&uacute;squeda de cohesi&oacute;n social de las primeras d&eacute;cadas de la segunda mitad del siglo XX, se han enraizado entre nosotros los cambios que acompa&ntilde;an a la revoluci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n, mientras las finanzas vuelan irrestrictas, independizadas del conjunto del sistema econ&oacute;mico; finalmente, en este contexto, hemos dejado de ser una anomal&iacute;a dentro de una Europa que a su vez iba pasando del sue&ntilde;o del tratado de Roma, al acuerdo de Maastricht y la creaci&oacute;n de la eurozona, aceptando la cesi&oacute;n de soberan&iacute;a y las reglas de juego imperantes en el club al que pasamos a pertenecer, haciendo que muchas cosas cambien radicalmente dentro de este proceso de integraci&oacute;n: desde lo que tradicionalmente se ha entendido por soberan&iacute;a, hasta el significado de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Desde estas bases, es hora de que nos detengamos en las razones. La Constituci&oacute;n de 1978 fue votada por los ciudadanos espa&ntilde;oles, en unas condiciones homologables como democr&aacute;ticas en nuestro entorno, un conjunto de ciudadanos en los que, seg&uacute;n el texto constitucional, reside la soberan&iacute;a. Puede ser que el desarrollo constitucional del que nace el ordenamiento jur&iacute;dico vigente sea muy imperfecto, algunos lo pensamos, pero no puede negarse que es el marco que nos ha permitido vivir en democracia durante casi cuatro d&eacute;cadas, el per&iacute;odo m&aacute;s largo de la historia de este pa&iacute;s. Por otro lado, es un hecho que la inserci&oacute;n que tenga Catalunya en Espa&ntilde;a afecta en primer lugar a los ciudadanos catalanes, pero tambi&eacute;n, por m&uacute;ltiples razones, a todos los espa&ntilde;oles, que con sencillo respeto pueden decir que ellos tambi&eacute;n tienen algo que decir al respecto. Como tambi&eacute;n es un hecho que ni la legalidad, ni las pr&aacute;cticas internacionales respaldan la autodeterminaci&oacute;n de una parte de un Estado constituido democr&aacute;ticamente. Por no hablar de que, por otras razones, la UE y la eurozona ni pueden, ni quieren acoger autom&aacute;ticamente en su seno a partes de sus actuales miembros que aspiren a ser aceptados como nuevos Estados independientes. En suma, la legalidad establecida no es un valor absoluto, pero si se ha establecido a trav&eacute;s de procesos convalidables democr&aacute;ticamente en un contexto y momento hist&oacute;rico determinados, la democracia no puede construirse transgrediendo esa legalidad, si &eacute;sta, por muy imperfecta que sea, se ejerce con mesura.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco es sensato que pueda ignorarse con argumentos de legalidad, la voluntad de un colectivo diferenciado (y en la definici&oacute;n de esta condici&oacute;n no debemos caer ni en nominalismos, ni en intentos de reducci&oacute;n al absurdo) si de forma reiterada y con una mayor&iacute;a significativa manifiesta su firme deseo de opinar sobre los t&eacute;rminos de su inserci&oacute;n en el Estado al que pertenece, en nuestro caso de su pertenencia a Espa&ntilde;a. Podr&aacute; opinarse sobre la forma de hacerlo, sobre las condiciones que cabe exigir a esa expresi&oacute;n, sobre la forma de gestionar su resultado, pero dif&iacute;cilmente puede pretenderse impedirlo o ignorarlo si la sociedad que lo hace no est&aacute; dispuesta a dejar de convivir en democracia y la que lo desea no decae en su prop&oacute;sito. Si es una pretensi&oacute;n carente de fundamento, de funcionalidad o, en el l&iacute;mite, de viabilidad, un ejercicio democr&aacute;tico bien entendido tiene instrumentos para que la argumentaci&oacute;n, las cautelas y la negociaci&oacute;n dificulten y hasta impidan que se asienten opciones que puedan resultar da&ntilde;inas para unos, para otros o para todos. Y el riesgo de que no sea as&iacute; hay que asumirlo, si no queremos sacrificar bienes de orden superior.
    </p><p class="article-text">
        Si son tantas las razones sensatas de ambas posiciones, &iquest;d&oacute;nde radica la sinraz&oacute;n, que todo lo obscurece? Sencillamente, en no percibir y reconocer las razones del otro, que no hacen desaparecer las propias, pero que existen y no pueden ser ignoradas, si queremos construir una convivencia democr&aacute;tica, en la que quepamos todos.
    </p><p class="article-text">
        Puede arg&uuml;irse que, aunque seamos capaces de construir pacientemente actitudes y pr&aacute;cticas dial&oacute;gicas, en las que reconozcamos y respetemos al otro, tal vez no haya margen para el encuentro, porque, por mucho que sea el empe&ntilde;o que pongan ambos, no puede resolverse la cuadratura del c&iacute;rculo. Es posible que sea as&iacute;, pero no tenemos por qu&eacute; aceptar como un apriorismo que estemos ante planteamientos excluyentes. La buena pol&iacute;tica se ha desarrollado para tratar y desenredar situaciones de esta naturaleza. No puede garantizarse el resultado, pero podemos afirmar que hasta ahora no se ha intentado y que hay una amplia gama de instrumentos y de transacciones que podr&iacute;an contribuir a tratar contradicciones que se nos presentan como antag&oacute;nicas sin serlo. Y los ciudadanos tenemos derecho a exigir que se exploren y debemos penalizar a las fuerzas pol&iacute;ticas que se nieguen a hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que no es f&aacute;cil llegar a transacciones que combinen diversidad y asimetr&iacute;a de territorios con igualdad ciudadana, manejar mayor&iacute;as cualificadas para decisiones de un determinado alcance sin convertirlas en barreras insalvables para lo que se dice aceptar, articular pronunciamientos enlazados de todos los colectivos afectados sin que devengan entre si incompatibles, negociar los t&eacute;rminos concretos de las distintas opciones sin eludir costes, plazos y contraprestaciones. Aceptemos que la dificultad es abrumadora pero, la pol&iacute;tica, adem&aacute;s de para gestionar lo corriente tambi&eacute;n est&aacute; para hacer frente a situaciones de esta complejidad y calado. Y a los pol&iacute;ticos y partidos que desistan de hacerlo debemos decirles que abandonen el campo, si no son capaces de ejercer la funci&oacute;n para la que han sido elegidos. Aunque tengan que irse muchos de los que actualmente est&aacute;n en ejercicio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Martínez González-Tablas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/razones-sinrazon-choque-trenes_129_3196966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Sep 2017 19:33:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Razones y sinrazón en el choque de trenes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Referéndum,España,Constitución Española]]></media:keywords>
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