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    <title><![CDATA[elDiario.es - Martin Portos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/martin_portos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Martin Portos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El procés y los referéndums desde abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/proces-referendums-abajo_132_3140434.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93d16ba0-d6bf-4510-888b-7b5ff12de66c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El procés y los referéndums desde abajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proceso de votación del 1-O fue posible gracias a la organización y coordinación de ciudadanos de a pie a través de una miríada de</p><p class="subtitle">Comitès de Defensa del Referèndum locales.</p><p class="subtitle">Enfoques basados en la retórica de choque de trenes entre la Generalitat y el Estado/Gobierno central, el pulso entre Rajoy, la Corona y Puigdemont o el posicionamiento de gobiernos e instituciones internacionales, minusvaloran tanto el ciclo de contienda política como la presión que, desde hace años, buena parte de la ciudadanía viene ejerciendo “desde abajo”.</p></div><p class="article-text">
        Hace escasamente unos meses, las divisiones internas y estrat&eacute;gicas entre los impulsores del <em>proc&eacute;s</em> hab&iacute;an proliferado y el apoyo a la independencia catalana estaba en declive. Asimismo, los sectores partidarios de la independencia contaban con una capacidad de movilizaci&oacute;n social que, si bien todav&iacute;a importante, se estaba viendo mermada. Pero los acontecimientos que tuvieron lugar las semanas precedentes al 1-O &mdash; con las autoridades espa&ntilde;olas promoviendo medidas judiciales contra los promotores de la votaci&oacute;n, clausurando p&aacute;ginas web e interviniendo pagos de la Generalitat&mdash; y la violenta represi&oacute;n policial que tuvo lugar el mismo d&iacute;a de la votaci&oacute;n, han hecho rebrotar la movilizaci&oacute;n y resistencia social en multitud de formas, as&iacute; como los sentimientos de agravio, frustraci&oacute;n y desesperaci&oacute;n de una buena parte de la sociedad catalana.
    </p><p class="article-text">
        Aunque ciertos sectores de la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash; y autoridades pol&iacute;ticas&mdash; todav&iacute;a conciben el acto de votaci&oacute;n del pasado 1 de octubre como un empe&ntilde;o impulsado por los l&iacute;deres pol&iacute;ticos catalanes (ya sean el PDeCAT, ERC, las CUP o la propia Generalitat), esta interpretaci&oacute;n centrada en &eacute;lites e instituciones no justifica los altos niveles de resistencia y movilizaci&oacute;n de una gran parte de la ciudadan&iacute;a catalana el pasado domingo. Es m&aacute;s, esta perspectiva no explica los 2,3 millones de votos depositados en el refer&eacute;ndum no oficial ni vinculante en noviembre de 2014, minimiza la importancia de los centenares de refer&eacute;ndums municipales que han tenido lugar a lo largo y ancho de los municipios catalanes desde 2009 e ignora las centenares de miles de personas que se han venido concentrado por el derecho a decidir y la independencia desde el 2010, especialmente en las <em>diadas</em>. En definitiva, esta perspectiva ignora el gran ciclo de contestaci&oacute;n popular que ha tenido lugar en Catalu&ntilde;a, y que desborda la l&oacute;gica puramente institucional.
    </p><p class="article-text">
        La avalancha informativa de los &uacute;ltimos d&iacute;as se ha centrado en las acciones de la Generalitat, en las tecnicidades legales de las diferentes actuaciones (desde la represi&oacute;n policial a una eventual Declaraci&oacute;n Unilateral de Independencia) y en la relaci&oacute;n institucional entre Espa&ntilde;a y Catalu&ntilde;a, sin dar cuenta del car&aacute;cter persistente, multitudinario y heterog&eacute;neo del movimiento catal&aacute;n en favor de la auto-determinaci&oacute;n. Es cierto que a medida que las olas de contienda avanzan, la frontera entre pol&iacute;tica institucional y sociedad civil tiende a difuminarse (sirva a modo de ejemplo la actual presidenta del Parlament, Carme Forcadell, anterior l&iacute;der de la ANC), pero no podemos entender el <em>proc&eacute;s</em> catal&aacute;n en toda su plenitud sin tener en cuenta y responder a la presi&oacute;n ejercida &ldquo;desde abajo&rdquo;, al malestar y a las demandas de reconocimiento de una buena parte de la sociedad civil catalana. 
    </p><p class="article-text">
        Junto con actores establecidos como partidos y redes institucionales (p.ej., la Associaci&oacute; de Municipis per la Independ&egrave;ncia), fue primero la Plataforma pel Dret a Decidir, seguida despu&eacute;s por otras organizaciones como la Assemblea Nacional Catalana, numerosas entidades c&iacute;vicas y culturales (p.ej., S&uacute;mate, Ciemen, &Ograve;mnium Cultural) y cientos de asambleas de base, vecinales, colectivos aut&oacute;nomos e individuos an&oacute;nimos quienes han permitido, desde hace unos cuantos a&ntilde;os, mantener la campa&ntilde;a por el refer&eacute;ndum de auto-determinaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a. El proceso de votaci&oacute;n del 1-O fue posible gracias a la organizaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de ciudadanos de a pie a trav&eacute;s de una mir&iacute;ada de <em>Comit&egrave;s de Defensa del Refer&egrave;ndum locales.</em> Pero Catalu&ntilde;a no es una excepci&oacute;n. Percibimos una tendencia generalizada entre los movimientos sociales a iniciar, impulsar y promover, pero tambi&eacute;n a penetrar y moldear a trav&eacute;s de agitaci&oacute;n social, las campa&ntilde;as de refer&eacute;ndums institucionales, oficiales o no, en una din&aacute;mica que hemos bautizado como &ldquo;refer&eacute;ndums desde abajo&rdquo; en nuestro &uacute;ltimo libro (v&eacute;ase <a href="https://policypress.co.uk/social-movements-and-referendums-from-below#book-detail-tabs-stison-block-content-1-0-tab0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Es un hecho que el n&uacute;mero de refer&eacute;ndums sobre la secesi&oacute;n ha crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, especialmente tras el colapso de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (v&eacute;ase <a href="/content/edit/onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-923X.2014.12070.x/abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Ya sea en Escocia en 2014 o en Kurdist&aacute;n este mismo septiembre&mdash; aunque este &uacute;ltimo no ha sido (todav&iacute;a?) legalmente reconocido por el gobierno iraqu&iacute;&mdash;, la tendencia no parece menguar. Mientras que en el primer caso una gran movilizaci&oacute;n de las bases populares se desarroll&oacute; en paralelo a la campa&ntilde;a institucional liderada por el SNP, el refer&eacute;ndum kurdo fue iniciativa del partido gobernante KDP, con poca participaci&oacute;n ciudadana m&aacute;s all&aacute; del propio voto. No obstante, las crecientes interacciones entre los instrumentos de democracia directa y los movimientos sociales se observan m&aacute;s all&aacute; de los asuntos relacionados con el encaje territorial.
    </p><p class="article-text">
        Bajo fuertes presiones del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisi&oacute;n Europea, varios estados de la periferia europea trataron de mitigar las consecuencias del colapso financiero general a trav&eacute;s de aplicar pol&iacute;ticas de austeridad. Las reacciones ciudadanas en forma de movimientos como Occupy o el 15M representaron el creciente descontento ante la falta de responsabilidad y legitimidad de algunas instituciones pol&iacute;ticas en un contexto de privaci&oacute;n de recursos. Desde el punto de vista de los movimientos, los contextos pol&iacute;ticos cambiantes han presentado oportunidades para recurrir a instrumentos de democracia directa, caracterizados por iniciativas &ldquo;desde debajo&rdquo;. De hecho, se han utilizado refer&eacute;ndums como mecanismos de oposici&oacute;n a pol&iacute;ticas neoliberales que conllevaban la privatizaci&oacute;n de los suministros de agua (en Italia), rescates bancarios (en Islandia) o tratados internacionales que perpetuaban la austeridad (en Grecia).
    </p><p class="article-text">
        En general, los refer&eacute;ndums pueden ser herramientas potencialmente constructivas para fortalecer y apuntalar la democracia, la participaci&oacute;n ciudadana, el debate, el empoderamiento popular y la organizaci&oacute;n aut&oacute;noma m&aacute;s all&aacute; de las estructuras estatales; todos ellos requisitos inherentes de las l&oacute;gicas y concepciones democr&aacute;ticas deliberativas e inclusivas. Sin embargo, y no muy a menudo se desarrolla este debate en el seno de los movimientos sociales, los refer&eacute;ndums son un instrumento propio de las democracias mayoritarias, pues una minor&iacute;a de la poblaci&oacute;n se excluye de la toma de decisiones e implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas. Adem&aacute;s, los refer&eacute;ndums y sus resultados son muy sensibles a las circunstancias concretas del contexto donde se desarrollan los debates&mdash; como muestran los recientes refer&eacute;ndums sobre el Brexit y el acuerdo con las FARC colombianas&mdash;, y m&aacute;s a&uacute;n en contextos de extrema polarizaci&oacute;n. De hecho, los estudios sobre refer&eacute;ndums han mostrado c&oacute;mo un evento notable (como puede ser la amenaza de represi&oacute;n policial, por ejemplo) puede influir en la opini&oacute;n p&uacute;blica y en el resultado de la votaci&oacute;n. Por esos motivos, los refer&eacute;ndums tienen que ser tratados con mucho cuidado.
    </p><p class="article-text">
        El fragor de la batalla alrededor del <em>proc&eacute;s</em> puede haber desplazado otros debates fundamentales en Catalu&ntilde;a como son la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica o los recortes sociales. Pero en cierto modo, tambi&eacute;n los ha canalizado. El caso es que para mucha gente en Catalu&ntilde;a, hoy, la soluci&oacute;n a estos problemas pasar&iacute;a por la dotaci&oacute;n de estructuras de estado propias. Otra parte se contentar&iacute;a, de momento, con el reconocimiento del conflicto por parte del Estado espa&ntilde;ol y la apertura de un di&aacute;logo pol&iacute;tico que permita canalizar las demandas de auto-determinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las interpretaciones que, de un modo impl&iacute;cito o expl&iacute;cito, conciben las movilizaciones sociales de los &uacute;ltimos d&iacute;as&mdash; incluyendo la votaci&oacute;n del pasado 1-O o la huelga del martes 3 de octubre&mdash; como propias de masas descerebradas, maleables y serviles, no s&oacute;lo son inciertas sino que dificultan la desescalada del conflicto. Enfoques basados en la ret&oacute;rica de choque de trenes entre la Generalitat y el Estado/Gobierno central, el pulso entre Rajoy, la Corona y Puigdemont o el posicionamiento de gobiernos e instituciones internacionales, minusvaloran tanto el ciclo de contienda pol&iacute;tica como la presi&oacute;n que, desde hace a&ntilde;os, buena parte de la ciudadan&iacute;a viene ejerciendo &ldquo;desde abajo&rdquo;. Asociado con la fallida reforma del Estatut y la crisis de autogobierno en un contexto de recesi&oacute;n, el 1-O es un punto &aacute;lgido de confrontaci&oacute;n dentro del ciclo de movilizaci&oacute;n social que va m&aacute;s all&aacute; de partidos pol&iacute;ticos e instituciones y donde actores pol&iacute;ticos extra-institucionales han venido jugando (&iexcl;y todav&iacute;a juegan!) un rol fundamental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Donatella della Porta, Francis O'Connor, Anna Subirats Riba, Martin Portos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/proces-referendums-abajo_132_3140434.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2017 18:14:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El procés y los referéndums desde abajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Referéndum,Independencia de Catalunya]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres mitos sobre las protestas en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mitos-protestas-espana_132_3906529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El 15M es un desencadenante clave, pero supone sólo el inicio de un pico de protestas que se prolonga en el tiempo, hasta bien entrado el año 2013.</p><p class="subtitle">La contienda no se radicaliza a medida que el ciclo se desarrolla; los enfrentamientos son esporádicos y ocasionales.</p><p class="subtitle">Actores tradicionales, como partidos y sindicatos, conservan una gran capacidad de movilización social.</p></div><p class="article-text">
        Hace casi dos meses se cumpl&iacute;a el quinto aniversario del inicio de las movilizaciones del 15M. El 15 de mayo de 2011, pocos d&iacute;as antes de la celebraci&oacute;n de unos comicios municipales (y auton&oacute;micos en trece Comunidades), algunas organizaciones de la sociedad civil reunieron en el centro de Madrid a varios cientos de manifestantes bajo los lemas &laquo;No nos representan&raquo; y &laquo;No somos mercanc&iacute;a en manos de pol&iacute;ticos y banqueros&raquo;. Tras la protesta, hubo una carga policial. Gracias a la difusi&oacute;n de informaci&oacute;n a trav&eacute;s de redes sociales, manifestantes y cientos de simpatizantes adicionales convergieron en Puerta del Sol. De este modo, una campa&ntilde;a de protesta no partidista se extendi&oacute; por la mayor&iacute;a de capitales de provincia espa&ntilde;olas en menos de 24 horas, organizada en asambleas p&uacute;blicas, abiertas y populares, con comisiones espec&iacute;ficas que facilitaban la participaci&oacute;n directa ciudadana. Estas movilizaciones han contado con un <a href="http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14636204.2014.938466#abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gran respaldo popular</a>.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los eventos de protesta directamente vinculados al 15M han significado un punto de no retorno en el &aacute;mbito de la protesta espa&ntilde;ola, conviene, no obstante, interpretarlos en su justa medida. Una perspectiva longitudinal permite arrojar luz sobre las din&aacute;micas de lo que, en realidad, ha sido un ciclo de contienda social mucho m&aacute;s complejo e irregular con variables estrategias, actores e interacciones y multitud de frentes abiertos en la acci&oacute;n colectiva contenciosa: anti-desahucios, mareas sectoriales, movimientos urbanos, huelgas, etc. De hecho, el an&aacute;lisis de datos sobre eventos de protesta aqu&iacute; aportados permite desmontar algunos falsos mitos acerca de la evoluci&oacute;n reciente de las protestas en Espa&ntilde;a, en un contexto marcado por la recesi&oacute;n, las pol&iacute;ticas de austeridad y la crisis de legitimidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mito n&uacute;mero 1: el 15M ha supuesto el punto &aacute;lgido de las protestas</strong>. Si bien es cierto que ha supuesto un punto de inflexi&oacute;n, los meses y a&ntilde;os inmediatamente posteriores estuvieron marcados por unos niveles de contestaci&oacute;n muchos m&aacute;s elevados que los de mayo de 2011. En los siguientes gr&aacute;ficos podemos ver la evoluci&oacute;n mensual del n&uacute;mero de eventos de protesta en Espa&ntilde;a y sus participantes entre 2007 y 2015 (m&aacute;s detalles sobre los indicadores, m&aacute;s abajo en los ap&eacute;ndices). Como se puede comprobar, el 15M ha sido un desencadenante, un facilitador clave de un pico de protestas que se mantiene hasta bien entrado 2013, cuando comienza la desmovilizaci&oacute;n.
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        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Considerando los niveles de eventos y participantes, observamos que el ciclo consta de las tres fases habituales: ascenso, cl&iacute;max y declive. El 15M cabalga sobre los cimientos proporcionados por una red de activistas&nbsp;capaz de crear espacios de resistencia como, por ejemplo, el movimiento altermundista, las luchas estudiantiles contra la implantaci&oacute;n del Plan Bolonia o iniciativas ciudadanas como <a href="http://www.rompamoselsilencio.net/2010/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rompamos el Silencio</a>. Pero una de las caracter&iacute;sticas propias de este ciclo de contienda espa&ntilde;ol ha sido la prolongaci&oacute;n en el tiempo del pico de protestas (para un an&aacute;lisis m&aacute;s pormenorizado de este punto, <a href="http://siba-ese.unisalento.it/index.php/paco/article/view/15897/13788" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">click aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mito n&uacute;mero 2: con el paso del tiempo las protestas anti-austeridad se han radicalizado</strong>. Tradicionalmente se ha entendido que la desmovilizaci&oacute;n de un ciclo de protesta resulta de una combinaci&oacute;n de institucionalizaci&oacute;n y radicalizaci&oacute;n. A medida que avanza el ciclo, las tensiones y divisiones estrat&eacute;gicas entre activistas proliferan. Por un lado, se suelen abrir oportunidades institucionales, acogidas de buen grado por las facciones m&aacute;s moderadas de los movimientos, que adoptan t&aacute;cticas menos confrontacionales. En cambio, los sectores m&aacute;s subversivos sufren a menudo una &ldquo;involuci&oacute;n sectaria&rdquo;, manteni&eacute;ndose firmes en sus estrategias no-convencionales y radicalizando sus repertorios de acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el caso espa&ntilde;ol se han observado focos espor&aacute;dicos de confrontaci&oacute;n. En ellos, los activistas adoptan t&aacute;cticas m&aacute;s violentas, mientras que la polic&iacute;a reprime las protestas a trav&eacute;s de medios tradicionales de acci&oacute;n directa. Los enfrentamientos durante la <em>Primavera Valenciana</em> contra los recortes en educaci&oacute;n en febrero de 2012, los conflictos asociados a <em>Rodea el Congreso</em> en septiembre de 2012, o diversos enfrentamientos urbanos y vecinales (por ejemplo, en el barrio burgal&eacute;s de Gamonal o alrededor del centro social okupado <em>Can Vies</em> en el vecindario barcelon&eacute;s de Sants en 2014), han sido las excepciones durante el ciclo. No se observa pues una tendencia clara hacia la radicalizaci&oacute;n ni mayores niveles de disrupci&oacute;n durante la fase de desmovilizaci&oacute;n. Es m&aacute;s, los niveles de confrontaci&oacute;n han sido, en general, bastante bajos a lo largo de este ciclo de protesta espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Mito n&uacute;mero 3: partidos y sindicatos han visto su capacidad de movilizaci&oacute;n social muy mermada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</strong> Es cierto que los niveles de respaldo social y confianza hacia los sindicatos mayoritarios y otras instituciones de representaci&oacute;n han disminuido considerablemente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y tambi&eacute;n es cierto que la campa&ntilde;a del 15M ha sido la m&aacute;s multitudinaria al margen de sindicatos y partidos pol&iacute;ticos desde la Transici&oacute;n, lo que podr&iacute;a parecer indicativo de un reemplazo de los actores que lideran la organizaci&oacute;n de la movilizaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        El siguiente gr&aacute;fico, sin embargo, nos permite observar c&oacute;mo actores tradicionales (partidos y sindicatos) siguen desempe&ntilde;ando un rol fundamental en la organizaci&oacute;n de las protestas. Si bien se produce una ca&iacute;da significativa del peso relativo de sindicatos y partidos en la organizaci&oacute;n de eventos en 2010, repunta durante el cl&iacute;max de las protestas. De hecho, los eventos m&aacute;s concurridos en el ciclo corresponden con las huelgas generales y otras huelgas sectoriales (lideradas o no por las mareas ciudadanas) cuyo &eacute;xito depende, en gran medida, de la implicaci&oacute;n activa de los sindicatos. Son los actores m&aacute;s asentados quienes disponen de recursos (bases s&oacute;lidas, tiempo, dinero, experiencia, acceso a redes) y contribuyen a que la acci&oacute;n colectiva se pueda sostener en el tiempo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En resumen, en el marco de la recesi&oacute;n, Espa&ntilde;a ha experimentado un ciclo de protesta que obedece a la l&oacute;gica tradicional: ascenso, cl&iacute;max y declive. El 15M es un desencadenante clave, pero marca s&oacute;lo el inicio de un pico de protestas que se prolonga en el tiempo, hasta bien entrado el a&ntilde;o 2013. Los datos existentes no permiten respaldar la hip&oacute;tesis de la radicalizaci&oacute;n de la contienda a medida que el ciclo se desarrolla (y particularmente durante la fase de desmovilizaci&oacute;n), sino que los enfrentamientos obedecen a choques espor&aacute;dicos. Por &uacute;ltimo, conviene no subestimar la capacidad de movilizaci&oacute;n que conservan los actores tradicionales, como partidos y sindicatos. Los nuevos actores que emergen durante el ciclo no los reemplazan, sino que los empujan a adaptarse a un contexto social cambiante.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        <strong>AP&Eacute;NDICE METODOL&Oacute;GICO 1.</strong> Un aspecto sensible con An&aacute;lisis de Eventos de Protesta es el c&aacute;lculo y estimaci&oacute;n del n&uacute;mero de participantes en un evento determinado. Dependiendo de la fuente, los datos, que son escasos y parciales, tienden a diferir sobremanera. Para corregir este potencial sesgo he recabado informaci&oacute;n sobre los datos de participaci&oacute;n proporcionados por las tres fuentes principales por separado, cuando estaba disponible: 1) polic&iacute;a, autoridades o instituciones gubernamentales; 2) los organizadores; y 3) el propio peri&oacute;dico <em>El Pa&iacute;s</em>. Como las autoridades tienden a infraestimar el tama&ntilde;o de las protestas y los organizadores lo sobreestiman, se utilizan coeficientes correctores a fin de calcular la desviaci&oacute;n con respecto a la media para los casos donde dispongo de informaci&oacute;n completa acerca de los tres indicadores. He extrapolado esos coeficientes penalizados para cada una de las tres fuentes al total de la muestra a fin de obtener tres medidas de participaci&oacute;n corregidas para cada fuente. Finalmente, he calculado un &iacute;ndice de participantes definitivo a partir de la media de las tres primeras fuentes (corregidas por sus respectivos coeficientes de penalizaci&oacute;n). Cuando se proporcionan solamente estimaciones de asistencia, con cifras vagas o no espec&iacute;ficas (p. ej., &laquo;unas pocas decenas&raquo;, &laquo;varios cientos&raquo;, &laquo;muchos miles&raquo;, etc.), se transforma en un indicador continuo (N&rsquo;= 505). Para la transformaci&oacute;n en una variable continua, se siguen los criterios estipulados para <a href="http://web.stanford.edu/group/collectiveaction/cgi-bin/drupal/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dynamics of Collective Action</a>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>AP&Eacute;NDICE METODOL&Oacute;GICO 2. </strong>Las variables relacionadas con la radicalizaci&oacute;n y represi&oacute;n se han codificado de la siguiente manera:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Violencia de los activistas: variable binaria. Cada evento es igual a 1 si los activistas han utilizado estrategias violentas; 0 en caso contrario, o si no se registra el uso de violencia.</li>
                                    <li>Coerci&oacute;n, entendida como las medidas tomadas por las autoridades para reprimir las acciones de los activistas, se mide en una escala 0-3. La codificaci&oacute;n de las categor&iacute;as es la siguiente: 0 = sin coerci&oacute;n conocida; 1 = coerci&oacute;n de baja intensidad (arrestos espor&aacute;dicos y/o heridas, definidos como menos de 10); 2 = coerci&oacute;n substancial (definida como 10-75 arrestos o 10-40 heridos); 3 = gran represi&oacute;n (m&aacute;s de 75 arrestos o m&aacute;s de 40 heridos).</li>
                                    <li>Nivel de violencia total, entendido como la severidad e intensidad del desorden general. Se combina en una misma escala el grado de disrupci&oacute;n de las t&aacute;cticas y recursos empleados tanto por activistas como por autoridades, y se adapta <a href="https://www.jstor.org/stable/2094726?seq=1#page_scan_tab_contents" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">de este trabajo</a>&nbsp;(rango 0-4).</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Portos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mitos-protestas-espana_132_3906529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Jul 2016 18:42:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tres mitos sobre las protestas en España]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
