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    <title><![CDATA[elDiario.es - Noemí López Trujillo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/noemi_lopez_trujillo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Noemí López Trujillo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Aprende a pronunciar si quieres trabajar aquí”: así es la discriminación por acento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/apuntate-academia-aprender-pronunciar-discriminacion_1_1930682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ed6d5a7-9ac3-4dfa-8a78-2e5aaa1d1b84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Aprende a pronunciar si quieres trabajar aquí”: así es la discriminación por acento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La penalización por el acento o forma de hablar se conoce como ‘hablismo’, una forma de discriminación muy poco visibilizada</p><p class="subtitle">“¿Cómo sabemos si se juzga a una persona por su aspecto, por lo que hace, por lo que dice o por cómo lo dice?”, se pregunta una investigadora universitaria</p><p class="subtitle">Según los investigadores, cuanto más fuerte sea el acento de alguien más probabilidades tiene de que se le asignen los estereotipos asociados a su origen</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La &uacute;nica otra persona no brit&aacute;nica que conozco en mi trabajo es el portero, que es peruano. Siempre nos saludamos en espa&ntilde;ol cuando nos vemos&rdquo;. Lo dice Lara, de 26 a&ntilde;os, redactora de contenidos (en r&eacute;gimen de <em>freelance</em>) de una importante radio brit&aacute;nica. Emigr&oacute; a Inglaterra hace ya dos a&ntilde;os, y comenz&oacute; a colaborar con esta cadena hace uno. Forma parte de la secci&oacute;n que da cobertura informativa internacional: su cometido es elaborar contenidos sobre los acontecimientos sociopol&iacute;ticos m&aacute;s relevantes de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Lara estudi&oacute; en una universidad del norte de Inglaterra y curs&oacute; un m&aacute;ster en la London School of Economics, pero sabe que aunque es pr&aacute;cticamente biling&uuml;e, su ingl&eacute;s nunca estar&aacute; al nivel del de un nativo. &ldquo;En mi trabajo, si eres extranjero, vas a formar parte del equipo de tu pa&iacute;s, cubriendo informaci&oacute;n de all&iacute;. Quienes hacen informaci&oacute;n del Reino Unido han nacido aqu&iacute;. Yo tengo muy buena pronunciaci&oacute;n, pero para ellos siempre tendr&eacute; acento extranjero, y creo que eso, en cierto modo, me impide ascender o hacer m&eacute;ritos&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Esta penalizaci&oacute;n por el acento o forma de hablar se conoce como <em>accentism</em> en ingl&eacute;s y se traduce como &lsquo;hablismo&rsquo;. Supone una forma de discriminaci&oacute;n, como el rechazo por g&eacute;nero o raza, aunque a&uacute;n no est&eacute; tan visibilizada como estas: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo sabemos si se juzga a una persona por su aspecto, por lo que hace, por lo que dice o por c&oacute;mo lo dice?&rdquo;, se pregunta Erin Carrie, de la Manchester Metropolitan University.
    </p><p class="article-text">
        Esta investigadora trabaja junto a Rob Drummond tratando de descifrar c&oacute;mo el &lsquo;hablismo&rsquo; perjudica a ciertos hablantes, y apunta lo siguiente: &ldquo;Nuestros acentos y, en general, las formas en que utilizamos el lenguaje proporcionan informaci&oacute;n sobre nosotros a los dem&aacute;s. A menudo, juzgar el acento de una persona se convierte en un juicio de valor sobre -entre otras cosas- su lugar de origen, clase social, y origen &eacute;tnico, en vez de su manera de hablar en s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se juzga a las personas por lo que dicen, adem&aacute;s de c&oacute;mo lo dicen, y se les critica por no usar el lenguaje que se considere apropiado en un contexto determinado. El tipo de comentario realizado nos puede dar alguna pista en cuanto a qu&eacute; tipo de discriminaci&oacute;n se est&aacute; practicando&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Esto es precisamente lo que se&ntilde;ala Virginia, de 42 a&ntilde;os, una enfermera espa&ntilde;ola residente en Manchester: &ldquo;He tenido pacientes que se han quejado o me han ridiculizado por mi forma de pronunciar cuando les estaba haciendo el triaje en enfermer&iacute;a. Y tambi&eacute;n algunos compa&ntilde;eros recurren a menudo a mi acento para hacer burla. Muchos lo hacen de broma pero cuando esto pasa me jode bastante porque te ponen en evidencia en un entorno laboral y te recuerda constantemente que eres de otro pa&iacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Fernando, profesor en una universidad del norte de Inglaterra, apunta que algunos alumnos han destacado su acento de forma negativa en las evaluaciones a los docentes: &ldquo;Alguna vez han aparecido comentarios del tipo &lsquo;aprendo peor al ser un profesor extranjero&rsquo;. Te aseguro que me hago entender cuando doy clase, as&iacute; que leer algo as&iacute; no es agradable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Romero forma parte del Departamento de Psicolog&iacute;a de la Edge Hill University (Inglaterra), donde, adem&aacute;s de impartir clases como docente, lleva cabo una investigaci&oacute;n sobre el acento extranjero y su percepci&oacute;n: &ldquo;Empec&eacute; a investigar sobre esto por el inter&eacute;s que me genera c&oacute;mo las personas nativas perciben a los inmigrantes que van llegando a sus pa&iacute;ses. Hay muchos estudios sobre raza pero a&uacute;n hay poca literatura cient&iacute;fica sobre discriminaci&oacute;n por acento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este doctor en Psicolog&iacute;a present&oacute; su l&iacute;nea de investigaci&oacute;n en el XII Congreso de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Psicolog&iacute;a Experimental (SEPEX), celebrado el pasado julio en Madrid. All&iacute; explic&oacute; que las personas que ejercen de jurado en un juicio aplican condenas mucho m&aacute;s severas a los acusados que hablan con un acento extranjero en comparaci&oacute;n con los acusados que tienen un acento nativo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A todos los participantes se les ense&ntilde;&oacute; un caso de un atraco a mano armada en el que toda la evidencia apuntaba a un &uacute;nico acusado. M&aacute;s tarde, a los participantes se les separ&oacute; en dos grupos: uno de los grupos escuchaba al acusado, hablante nativo de ingl&eacute;s, defendi&eacute;ndose de la acusaci&oacute;n; el otro grupo escuchaba al acusado diciendo exactamente lo mismo, pero en este caso siendo un hablante extranjero de ingl&eacute;s (espa&ntilde;ol hablando ingl&eacute;s). Los participantes que escucharon al acusado nativo de ingl&eacute;s le condenaron a cuatro a&ntilde;os de prisi&oacute;n de media, mientras que los participantes que escucharon al acusado que ten&iacute;a acento extranjero le condenaron a 13 a&ntilde;os de prisi&oacute;n de media&rdquo;, explica Romero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La investigadora Bernadette Watson apuntaba en un estudio realizado junto a Howard Giles que los hablantes extranjeros suelen ser percibidos de forma m&aacute;s negativa en diferentes rasgos (menos inteligentes, menos simp&aacute;ticos o menos cre&iacute;bles), y esto incrementa cuanto m&aacute;s fuerte es el acento extranjero del hablante.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existen un par de hip&oacute;tesis sobre por qu&eacute; ocurre esto: la primera, defendida por investigadores como Galen Bodenhausen (Northwestern University, Illinois), sugiere que los extranjeros con acentos m&aacute;s fuertes son percibidos como m&aacute;s representativos de su grupo social y, por tanto, es m&aacute;s probable que se les atribuyan los estereotipos negativos asociados a ese grupo&rdquo;, cuenta Carlos Romero, que a&ntilde;ade que, &ldquo;la otra hip&oacute;tesis defendida por investigadores como Marko Dragojevic (Universidad de Kentucky) sostiene que los hablantes extranjeros son evaluados negativamente no tanto por la activaci&oacute;n de estereotipos sociales, sino por la propia dificultad de procesamiento que implica entender a un hablante extranjero. Por tanto, cuanto m&aacute;s fuerte es el acento de una persona, m&aacute;s trabajo cuesta entenderla, y m&aacute;s negativa ser&aacute; la reacci&oacute;n del oyente hacia esa persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si un hablante extranjero tiene menos credibilidad en un proceso judicial, esto tambi&eacute;n sucede en el &aacute;mbito laboral, como apuntaban Lara y Virginia. Es tambi&eacute;n el caso de David, un arquitecto espa&ntilde;ol que emigr&oacute; a Liverpool hace cuatro a&ntilde;os. &ldquo;Cuando llegu&eacute; sab&iacute;a que tendr&iacute;a que empezar por trabajos menos cualificados, pero cuando llevaba un a&ntilde;o y hab&iacute;a perfeccionado el idioma, que ya era bueno de por s&iacute; porque me fui con un B2, decid&iacute; ir a una entrevista de lo m&iacute;o. El jefe de proyecto para el puesto al que yo optaba me dijo: &lsquo;Ap&uacute;ntate a una academia para aprender a pronunciar si quieres trabajar aqu&iacute;&rsquo;. Creo que ni siquiera lo dijo como algo ofensivo, sino como un consejo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque David matiza que en otras entrevistas laborales nunca han destacado su acento, la investigaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica llevada a cabo por Erin Carrie y Rob Drummond demuestra que el sesgo hacia los acentos extranjeros tiene consecuencias en la vida real. &ldquo;En el lugar de trabajo, por ejemplo, se considera que los trabajadores con acento extranjero son mucho menos adecuados para el trato directo con clientes e incluso para trabajos telef&oacute;nicos tipo <em>call centre</em>&rdquo;, detallan, aunque &ldquo;en ciertos sectores, como la ense&ntilde;anza del ingl&eacute;s, los profesores de minor&iacute;as &eacute;tnicas &lsquo;visibles&rsquo; son objeto de discriminaci&oacute;n tanto por su acento, como por su raza y nacionalidad, a pesar de que muchos son hablantes nativos del ingl&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Carrie y Drummond se&ntilde;alan que hablar de manera distinta a la norma establecida no es algo negativo de por s&iacute;,&nbsp;pero se percibe de forma peyorativa: &ldquo;La gente suele preferir acentos similares a los suyos. Esto es lo que los ling&uuml;istas llamamos 'lealtad al acento'. A los llamados acentos &lsquo;est&aacute;ndares&rsquo; se les confiere un estatus alto y son recibidos de manera positiva en contextos formales en detrimento de los &lsquo;regionales&rsquo; o &lsquo;no est&aacute;ndares&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los testimonios de este reportaje han sido anonimizados a petici&oacute;n de las fuentes. Todas y todos (residentes en otro pa&iacute;s) denuncian discriminaci&oacute;n en el entorno laboral por su acento o forma de hablar. Por precauci&oacute;n, han preferido que sus nombres reales no aparezcan para evitar represalias, excepto en el caso de los investigadores citados.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/apuntate-academia-aprender-pronunciar-discriminacion_1_1930682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Sep 2018 18:52:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Aprende a pronunciar si quieres trabajar aquí”: así es la discriminación por acento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Endometriosis, la enfermedad ignorada que pone en riesgo la fertilidad: "Estoy asimilando que nunca seré madre"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/endometriosis_1_2018874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a62cddcf-bc2c-4bde-b409-a85e24cf1cbc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Endometriosis, la enfermedad ignorada que pone en riesgo la fertilidad: &quot;Estoy asimilando que nunca seré madre&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ginecóloga Paloma Andrés señala que entre un 10 y un 15% de las mujeres la padecen, y que de ese porcentaje, el 40% presenta graves problemas de fertilidad</p><p class="subtitle">“Si tan solo en una de esas consultas rutinarias, cuando yo decía que tenía dolores fuertes, hubiesen empezado a hacerme pruebas, igual hubiese tenido el diagnóstico antes de los 30. Y quizá habría podido revertir la situación”, dice Alba, que con 39 años sigue un tratamiento de reproducción asistida</p><p class="subtitle">"El retraso en el diagnóstico no es tanto por falta de recursos, sino por no hacer bien lo primero que hay que hacer: sospechar. El gran problema es que no escuchamos a las mujeres”, apunta la ginecóloga y obstetra Miriam Al Adib</p></div><p class="article-text">
        Alba Dur&aacute;n acaba de cumplir 39 y hace cuatro a&ntilde;os que su pareja y ella intentaron tener un hijo. &ldquo;Soy peluquera y tuve que cerrar mi negocio all&aacute; por 2010. Ten&iacute;a 31 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos y mi chico y yo ya hab&iacute;amos hablado de ser padres. Pero con su sueldo no nos daba, yo estaba hecha polvo... Y dejamos que pasase el tiempo&rdquo;. Cuenta que comenz&oacute; a alternar &eacute;pocas de paro con trabajos en los que no cobraba m&aacute;s de 900 euros.
    </p><p class="article-text">
        En 2014 le ofrecieron un contrato indefinido de 1.200 euros brutos m&aacute;s pluses en una peluquer&iacute;a de un centro comercial al norte de Madrid, y poco despu&eacute;s tom&oacute; la decisi&oacute;n de quedarse embarazada. &ldquo;Ya ten&iacute;a 35 a&ntilde;os, sent&iacute;a que las cosas mejoraban y que era el momento. Estuvimos un a&ntilde;o intent&aacute;ndolo y nada. Nos desanimamos, pero luego algunos amigos me dec&iacute;an que ellos estuvieron intent&aacute;ndolo bastante tiempo, as&iacute; que recuperamos la esperanza. Pas&oacute; casi otro a&ntilde;o, me plant&eacute; en 37 y sin el beb&eacute;&rdquo;. Entonces Alba acudi&oacute; al ginec&oacute;logo. Comenzaron las pruebas y meses despu&eacute;s le diagnosticaron endometriosis.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; siempre me hab&iacute;a dolido mucho la regla, pero pensaba que era normal, que me ten&iacute;a que aguantar. Me met&iacute;a unos cuantos ibuprofenos y a seguir. Alguna vez lo dije en una citolog&iacute;a de estas rutinarias y me aseguraban que le pasaba a todas las mujeres&rdquo;. Alba ten&iacute;a casi 38 a&ntilde;os cuando le dijeron que de forma natural iba a ser muy dif&iacute;cil que se quedase embarazada, as&iacute; que empez&oacute; con los ciclos de reproducci&oacute;n asistida: &ldquo;La Seguridad Social te cubre m&aacute;ximo tres ciclos y hasta los 40 a&ntilde;os. Me han hecho uno y no ha habido suerte. Me quedan dos ciclos y un a&ntilde;o para lograrlo, as&iacute; que ya estoy asimilando que nunca ser&eacute; madre&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        La ginec&oacute;loga y obstetra Miriam Al Adib se&ntilde;ala que este no es ni mucho menos un caso puntual, sino que refleja uno de los mayores problemas de la comunidad m&eacute;dica a la hora de enfrentarse a la endometriosis: &ldquo;El retraso en el diagn&oacute;stico no es tanto por falta de recursos, sino por no hacer bien lo primero que hay que hacer: sospechar. Para ello es necesario escuchar detalladamente los s&iacute;ntomas que tiene la mujer. Una sospecha no es un diagn&oacute;stico, pero s&iacute; te permite empezar a subir los pelda&ntilde;os necesarios para llegar a algo concluyente. Cuando una mujer en una consulta dice que le duele, hay que profundizar en eso haciendo una serie de preguntas. Y si sospechamos que puede ser endometriosis, hay que hacer las pruebas diagn&oacute;sticas pertinentes. El gran problema es que no escuchamos a las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alba se lamenta de que ning&uacute;n m&eacute;dico sospechase de su dolencia: &ldquo;Si tan solo en una de esas consultas rutinarias, cuando yo dec&iacute;a que ten&iacute;a dolores fuertes, hubiesen empezado a hacerme pruebas, igual hubiese tenido el diagn&oacute;stico antes de los 30. Y quiz&aacute; habr&iacute;a podido revertir la situaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras la publicaci&oacute;n de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/nidos/Aplazar-tener-hijos-demasiado-tarde_0_768873797.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reportaje en eldiario.es</a> sobre c&oacute;mo muchas mujeres aplazan la decisi&oacute;n de ser madres por la precariedad econ&oacute;mica y laboral hasta que quiz&aacute; sea demasiado tarde, varias pacientes diagnosticadas con endometriosis denunciaron a trav&eacute;s de redes sociales su situaci&oacute;n: ellas tambi&eacute;n retrasaron la decisi&oacute;n de tener un beb&eacute; por las circunstancias; ellas tambi&eacute;n viv&iacute;an con la presi&oacute;n de que a los 35 la reserva ov&aacute;rica comienza a disminuir y los &oacute;vulos, poco a poco, pierden calidad; pero en su caso, adem&aacute;s, una endometriosis diagnosticada de manera muy tard&iacute;a hab&iacute;a rebajado considerablemente las posibilidades de un embarazo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los implantes endom&eacute;tricos en los &oacute;rganos reproductivos, que son los m&aacute;s frecuentes, pueden destruir poco a poco el tejido ov&aacute;rico y dejarte con pocos &oacute;vulos funcionales, puede generar tambi&eacute;n poca movilidad en el &uacute;tero, o puede afectar a las trompas de Falopio, dificultando la fertilidad&rdquo;, explica Paloma Andr&eacute;s, ginec&oacute;loga de un Centro de Salud Comunitaria del Ayuntamiento de Madrid.
    </p><h3 class="article-text">El 40% tiene graves problemas de fertilidad</h3><p class="article-text">
        A sus 21 a&ntilde;os, Lorena Frontal ha urdido un plan vital: quedarse embarazada y despu&eacute;s extirpar su &uacute;tero. Llenar y vaciar como dos verbos que se conjugar&iacute;an en su cuerpo casi a la vez. Est&aacute; a punto de acabar la carrera de Ciencias Ambientales y el pr&oacute;ximo curso quiere estudiar un m&aacute;ster. Despu&eacute;s, encontrar trabajo y alquilar un piso. Y luego, el beb&eacute;. Todo ello antes de los 25, la edad que una ginec&oacute;loga le estableci&oacute; como horizonte si quer&iacute;a ser madre de manera &ldquo;natural&rdquo;. &ldquo;Me abruma cumplir a&ntilde;os&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Lorena no tiene a&uacute;n un diagn&oacute;stico concluyente, pero la sospecha es que padece endometriosis. Tuvo su primera regla a los 11 a&ntilde;os, y aunque dice que siempre le ha dolido, fue a los 19 cuando empeor&oacute;. Desde entonces le han hecho una laparoscopia (cirug&iacute;a) y varias ecograf&iacute;as. Tambi&eacute;n le han recetado tratamiento hormonal, como a la mayor&iacute;a de pacientes con endometriosis: &ldquo;Ahora mismo lo que tengo es una menopausia inducida. Cada tres meses me ponen una inyecci&oacute;n de Decapeptyl. Me han puesto dos, pero me han dicho que al ser tan joven no es recomendable que siga con este tratamiento, que es algo temporal. En nada me vendr&aacute; la regla [cuando se pase el efecto de la &uacute;ltima inyecci&oacute;n] y estoy sufriendo solo de pensar en que volver&aacute;n los dolores&rdquo;. Paloma Andr&eacute;s apunta que el Decapeptyl &ldquo;no est&aacute; indicado para aplicarlo durante largos periodos&rdquo;. &ldquo;Es un tratamiento muy severo, debe ser empleado como algo reducido en el tiempo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La endometriosis es una enfermedad infradiagnosticada&rdquo;, apunta Luc&iacute;a Torres, de la asociaci&oacute;n EndoMadrid. &ldquo;Consiste en el crecimiento de un tejido muy similar al del endometrio pero fuera del &uacute;tero. Estos crecimientos o adherencias suelen aparecer, sobre todo, en zonas como ovarios, trompas de Falopio, vegija... A&uacute;n no se conocen las causas por las que crece fuera del &uacute;tero, lo que se sabe es que al ser un tejido parecido al endometrio, responde a los ciclos hormonales que tenemos las mujeres&rdquo;, a&ntilde;ade. Esto significa que tambi&eacute;n producen hemorragias, como las menstruales.
    </p><p class="article-text">
        El s&iacute;ntoma m&aacute;s com&uacute;n es el de la dismenorrea: &ldquo;En la mayor parte de los casos, produce dolores en el bajo vientre y sobre todo, cuando se pone m&aacute;s de manifiesto, es cuando se produce esa descamaci&oacute;n, es decir, en &eacute;poca menstrual. Est&aacute; normalizado que la regla duele, y este dolor ha sido utilizado hasta hace no mucho como excusa para mantener a las mujeres dentro de casa y manifestar su debilidad&rdquo;, se&ntilde;ala la ginec&oacute;loga Paloma Andr&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La especialista en salud sexual y reproductiva se&ntilde;ala que entre un 10 y un 15% de las mujeres la padecen, y que de ese porcentaje, el 40% presenta graves problemas de fertilidad. Adem&aacute;s, seg&uacute;n apunta Luc&iacute;a Torres, &ldquo;desde que una mujer acude a una consulta m&eacute;dica porque empieza a tener s&iacute;ntomas hasta que por fin tiene un diagn&oacute;stico, la media es de nueve a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lorena a&uacute;n no tiene diagn&oacute;stico concluyente: &ldquo;Una ginec&oacute;loga de un hospital p&uacute;blico de Madrid me hizo una resonancia y revis&aacute;ndola me dijo que intu&iacute;a dos peque&ntilde;os focos de endometriosis en la zona del &uacute;tero pegada a la vejiga&rdquo;. &ldquo;En septiembre deber&iacute;an hacerme otra laparoscopia, pero hay casos en los que la endometriosis es tan profunda que no se ve ni as&iacute;. S&eacute; que los dolores volver&aacute;n, porque la p&iacute;ldora anticonceptiva a m&iacute; no me hace nada. El Decapeptyl no me lo pueden volver a inyectar... Pienso en tener un beb&eacute; cuanto antes y despu&eacute;s hacerme una histerectom&iacute;a. Si no tengo nada dentro, no habr&aacute; dolor. No quiero vivir con dolor. Por un lado me asusta ser madre casi ya, porque no s&eacute; si mi pareja y yo sobrevivir&iacute;amos econ&oacute;micamente, pero me asusta m&aacute;s pensar que no lo voy a ser&rdquo;, explica.
    </p><h3 class="article-text">Falta de perspectiva de g&eacute;nero</h3><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Torres, de EndoMadrid, critica la falta de perspectiva de g&eacute;nero en el sistema p&uacute;blico sanitario: &ldquo;Esta es una enfermedad que pone en riesgo la fertilidad. As&iacute; que la seguridad social deber&iacute;a darte la posibilidad de congelar tus &oacute;vulos. El tema de la reproducci&oacute;n de las mujeres se ha dejado en manos privadas, de cl&iacute;nicas que monetizan eso. Afortunadamente hay algunas comunidades que ya lo est&aacute;n haciendo, que ya cubren la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos. Si a ti con 20 a&ntilde;os te diagnostican endometriosis, lo m&iacute;nimo que podr&iacute;a hacer el sistema de salud es darte esa opci&oacute;n de cara al futuro. Si no, se est&aacute; excluyendo a las mujeres pobres que no pueden pagarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Diana Unzurrunzaga, de 36 a&ntilde;os y t&eacute;cnico medioambiental, llor&oacute; el d&iacute;a en el que le dijeron que padec&iacute;a endometriosis y que empezase a plantearse si quer&iacute;a tener hijos porque el tiempo corr&iacute;a en su contra: &ldquo;Ten&iacute;a 26 y me dijeron eso a la vez que me informaban de que me tendr&iacute;an que operar para quitarme unos quistes en el ovario. Me llev&eacute; un disgusto... Pensaba: 'Quiero ser madre, pero &iquest;ahora?'. En mi cabeza se repet&iacute;a la frase 'si tardas mucho, igual no puedes'. De primeras fue un shock. Dec&iacute;a: 'Quiero ser madre pero ya me han puesto un muro antes siquiera de intentarlo'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Luc&iacute;a Torres, muchas mujeres descubren que tienen endometriosis cuando intentan ser madres y ven que no pueden: &ldquo;Esto significa que hasta que la mujer no puede cumplir con su rol social de procrear, la comunidad m&eacute;dica no presta suficiente atenci&oacute;n a sus s&iacute;ntomas para llegar a un diagn&oacute;stico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Diana ahora est&aacute; a punto de intentar su tercera fecundaci&oacute;n in vitro. La primera vez tuvo un aborto espont&aacute;neo al mes y medio, la segunda vez los &oacute;vulos se degradaron antes siquiera de intentar implantar el embri&oacute;n. Desde hace un par de a&ntilde;os, su lenguaje cotidiano se ha visto aplazado por otro al que ni siquiera estaba habituada: hormonaci&oacute;n, hiperestimulaci&oacute;n, transferencias, punci&oacute;n, extracci&oacute;n. &ldquo;El proceso es duro, y al menos me lo cubre la Seguridad Social. Pero tras el aborto, luego los &oacute;vulos que se degradaron, luego tuve hiperestimulaci&oacute;n y me toca descansar... Viendo las dificultades que estoy teniendo ya no s&eacute; si quiero ser madre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su entorno, dice, la anima a seguir intent&aacute;ndolo por la v&iacute;a privada si el tercer ciclo (el &uacute;ltimo que cubre la sanidad p&uacute;blica) no tiene &eacute;xito. &ldquo;Creo que no quiero pasar por eso. M&aacute;s y m&aacute;s intentos. Psicol&oacute;gicamente es muy duro, y pagarlo tambi&eacute;n. No s&eacute; si estoy dispuesta a m&aacute;s sufrimiento solo por tener un beb&eacute;. Antes lo deseaba, ahora ya no s&eacute; hasta qu&eacute; punto lo quiero por el miedo a arrepentirme o por la frustraci&oacute;n que pueda sentir en el futuro por no haber sido madre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Mila S&aacute;nchez es diferente. Ahora tiene 37 pero sufre dolores menstruales desde los 13. &ldquo;El m&eacute;dico siempre me dec&iacute;a que era normal que me doliese, y que cuando tuviese hijos se me pasar&iacute;a&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        La ginec&oacute;loga Paloma Andr&eacute;s apunta que el embarazo nunca debe ser recetado como un tratamiento, sino como una posibilidad o elecci&oacute;n: &ldquo;Estamos en un sistema social y cultural patriarcal cuyo mandato para las mujeres es ser madres. Por un lado la experiencia nos dice que la maternidad alivia los s&iacute;ntomas de la endometriosis porque no hay menstruaci&oacute;n y, por tanto, disminuyen los implantes [crecimiento del tejido fuera del &uacute;tero]. En la l&oacute;gica de muchos m&eacute;dicos, todas las mujeres quieren ser madres porque ese es su cometido en la vida, creen que as&iacute; se completan. As&iacute; que si unes las dos cosas, tienes el embarazo como tratamiento. Pero lo &uacute;nico que se debe hacer es informar: decirles que un embarazo puede reducir los s&iacute;ntomas, pero no cura la enfermedad. Y preguntarles sobre todo si desean ser madres. Si no lo desean, esa posibilidad no es una v&iacute;a para ellas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Torres arremete contra el mito del embarazo terap&eacute;utico: &ldquo;Es cierto que en algunas mujeres funciona, pero ni mucho menos en todas. Adem&aacute;s, si est&aacute;s enferma y tienes un dolor cr&oacute;nico que te incapacita de forma intermitente, a lo mejor no tienes fuerzas para cuidar de un beb&eacute;. El embarazo deber&iacute;a ser una opci&oacute;n vital, no un tratamiento. Adem&aacute;s, muchas mujeres, aunque lo deseen, no conseguir&aacute;n embarazarse. Hay que informar a las pacientes debidamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mila fue diagnosticada de endometriosis en 2016. Unos a&ntilde;os antes hab&iacute;a intentado quedarse embarazada pero no lo logr&oacute;. &ldquo;He descartado ser madre. Me hubiese gustado pero ahora mismo estoy en paro, cerca de los 40 y con unos dolores muy fuertes. Quiz&aacute; si me hubiesen diagnosticado cuando era adolescente, que ya ten&iacute;a s&iacute;ntomas, todo habr&iacute;a sido diferente. Ahora no tengo medios ni fuerzas para intentarlo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/endometriosis_1_2018874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jul 2018 19:49:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Endometriosis, la enfermedad ignorada que pone en riesgo la fertilidad: "Estoy asimilando que nunca seré madre"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Endometriosis,Fertilidad,Maternidad,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los emigrados españoles empiezan a volver (y no está siendo fácil)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/emigrados-espanoles-empiezan-volver-facil_1_2026913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffa1088d-f4f3-4ce6-9446-6f14726b5838_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los emigrados españoles empiezan a volver (y no está siendo fácil)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por primera vez desde la crisis de 2008, los españoles que vuelven son más de los que se van</p></div><p class="article-text">
        Una maleta tambi&eacute;n es un trozo de tierra. Un objeto cotidiano donde guardar un jersey, un abrigo, unas botas, y que simboliza una patria en transici&oacute;n. El equipaje recuerda a quien se marcha que sus cosas no est&aacute;n en el mismo lugar en el que siempre estuvieron.
    </p><p class="article-text">
        En 2010, decenas de miles de personas empaquetaron sus cosas y se fueron al extranjero. Ese a&ntilde;o, la emigraci&oacute;n espa&ntilde;ola a otros pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea empez&oacute; a crecer a un ritmo m&aacute;s intenso que la de otros pa&iacute;ses del sur del continente que tambi&eacute;n viv&iacute;an una crisis en auge, como apuntaba el informe elaborado por la soci&oacute;loga Amparo Gonz&aacute;lez (<em>La nueva emigraci&oacute;n espa&ntilde;ola. Lo que sabemos y lo que no</em>). Solo dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2012, Espa&ntilde;a pasaba de ocupar el puesto n&uacute;mero 14 de emisor de emigrantes laborales al Reino Unido al segundo puesto (&uacute;nicamente por detr&aacute;s de Polonia).
    </p><p class="article-text">
        La crisis devor&oacute; las expectativas de una generaci&oacute;n. De los que se fueron y de los que se quedaron.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, por primera vez desde hace casi una d&eacute;cada, Espa&ntilde;a registra el primer saldo migratorio positivo de espa&ntilde;oles. Es decir, que en los &uacute;ltimos seis meses de 2017 (hasta donde se tienen datos), volvieron m&aacute;s de los que se fueron. Como apuntaba el INE, la &uacute;ltima vez que se registr&oacute; un saldo positivo fue en 2008.
    </p><p class="article-text">
        Desde mediados de 2017, seg&uacute;n las cifras, han vuelto casi el triple de emigrados respecto a los a&ntilde;os anteriores de la crisis (cuando comenzamos a exportar j&oacute;venes). En total, 45.000 espa&ntilde;oles retornados.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de hablar de cifras del fen&oacute;meno migratorio espa&ntilde;ol durante la crisis, siempre hay que tener en cuenta que los datos son inexactos porque no hay mecanismos suficientes para medir de forma cuantitativa cu&aacute;nta gente se va realmente. Por tanto, tampoco se puede saber cu&aacute;nta gente vuelve. Esto se debe a que muchos emigrados no se registran en las embajadas o consulados del pa&iacute;s al que se marchan. Las cifras oficiales siempre est&aacute;n por debajo de las reales, un limbo que propicia que, a efectos pr&aacute;cticos, miles de personas ni han emigrado ni han retornado porque para la Administraci&oacute;n nunca se fueron.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la tendencia empieza a cambiar. Bel&eacute;n, Ana, David y Laura cuentan su experiencia sobre volver (o sobre la intenci&oacute;n de hacerlo pr&oacute;ximamente). &iquest;Qu&eacute; esperan del pa&iacute;s del que se marcharon?
    </p><p class="article-text">
        Ana Gonz&aacute;lez, de 28 a&ntilde;os, es una de las emigradas que regres&oacute; a finales de 2017. Despu&eacute;s de &ldquo;un verano horrible en Belfast&rdquo;, comenz&oacute; a hacer entrevistas por tel&eacute;fono y por Skype: &ldquo;No me iba a volver a Espa&ntilde;a sin un trabajo. Me daba miedo dejar el que ten&iacute;a [desarrolladora de software en Liberty IT] para incorporarme a un mercado laboral que en 2013 me hab&iacute;a decepcionado mucho&rdquo;. Emigr&oacute; a principios de 2014 de su ciudad natal, Salamanca, a Dubl&iacute;n. Lo hizo tras graduarse en Inform&aacute;tica T&eacute;cnica, cursar algunas becas y trabajar en una <em>start-up</em> de la que fue despedida a los cuatro meses. Al poco de llegar encontr&oacute; trabajo como desarrolladora en Bank of America. Estuvo dos a&ntilde;os y de ah&iacute; dio el salto a Belfast, donde estuvo otros dos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me fui con un poco de rabia y desencantada de Espa&ntilde;a. Ten&iacute;a <em>ticket</em> de ida pero no de vuelta. Despu&eacute;s de aquel verano y viendo que mis padres se hac&iacute;an mayores... decid&iacute; que quer&iacute;a volver&rdquo;, explica. Adem&aacute;s de enviar su curr&iacute;culum y hacer entrevistas, Ana contact&oacute; con Volvemos.org, una plataforma que promueve el retorno de los emigrados a trav&eacute;s de empresas privadas y administraciones p&uacute;blicas. &ldquo;Gracias a ellos di con la empresa en la que trabajo ahora, Gofore, una compa&ntilde;&iacute;a finlandesa con sede en Espa&ntilde;a&rdquo;. Durante tres meses, dice, rechaz&oacute; varios puestos porque no cumpl&iacute;an ciertas condiciones salariales y de horarios. &ldquo;Si tienes contactos en este &aacute;mbito, enseguida ves que lo que muchas veces te venden no es del todo cierto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Reconoce que no le apetec&iacute;a regresar &ldquo;a cualquier precio&rdquo;, pero no solo por una cuesti&oacute;n de expectativas vitales y personales, sino &ldquo;porque no ser&iacute;a justo para la gente que se ha tenido que quedar&rdquo;. &ldquo;Si yo vuelvo y decido bajarme los pantalones, por as&iacute; decirlo, perjudico a esas personas. Si eres un poco m&aacute;s exigente, las empresas al final tendr&aacute;n que ofrecerte m&aacute;s, y eso puede beneficiar a gente aqu&iacute; que por la situaci&oacute;n en la que est&aacute;n no pueden pelear mejor condiciones. Si puedes exigir m&aacute;s, debes hacerlo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Este es uno de los beneficios que Ra&uacute;l Gil, uno de los fundadores de Volvemos, cree que podr&iacute;a tener el retorno: &ldquo;Estos perfiles vuelven con unas exigencias que har&aacute;n posible que haya cambios. Los que est&aacute;n aqu&iacute; se han visto obligados a acostumbrarse a ciertas condiciones laborales, pero los retornados pueden ser una punta de lanza que haga cambiar el modelo laboral&rdquo;. Este modelo, seg&uacute;n Gil, &ldquo;est&aacute; obsoleto&rdquo;: &ldquo;Presencialismos absurdos, excesiva jerarquizaci&oacute;n, poca posibilidad de conciliaci&oacute;n...&rdquo;. Y pone de ejemplo a su compa&ntilde;ero Diego, otro de los fundadores de la plataforma: &ldquo;&Eacute;l en Berl&iacute;n tuvo 14 meses de baja por paternidad para cuidar de sus dos hijos&rdquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">No quieren volver a la casilla de salida</h3><p class="article-text">
        Uno de los lemas m&aacute;s repetidos durante a&ntilde;os fue el de que Espa&ntilde;a expulsaba talento, y ese talento se asociaba al de joven licenciado. Sin embargo, Ra&uacute;l Gil defiende que &ldquo;talento es todo&rdquo;: &ldquo;Cuando hablamos de este t&eacute;rmino nos referimos a adquirir unas competencias y capacidades por haber estado fuera, no es un tema de m&aacute;s o menos cualificaci&oacute;n. Talento no es tener tres carreras y dos m&aacute;steres, sino adaptarse a metodolog&iacute;as de trabajo diferentes o a superar las barreras que supone emigrar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los perfiles m&aacute;s cualificados no son los &uacute;nicos que han aumentado su nivel de exigencia. En palabras de Gil: &ldquo;Los emigrados no quieren volver a la casilla de salida&rdquo;. Bel&eacute;n Navarro, de 27 a&ntilde;os y procedente de Albacete, es ejemplo de ello.
    </p><p class="article-text">
        Se form&oacute; como azafata de vuelo y despu&eacute;s como auxiliar de veterinaria. &ldquo;No encontraba trabajo de nada. De azafata ni lo intentaba porque mi ingl&eacute;s era muy b&aacute;sico, y de lo otro... imposible. Pero es que tampoco encontraba en hosteler&iacute;a o en una tienda. Que no soy nada delicada para el trabajo, yo iba a lo que saliese&rdquo;. En 2015 se march&oacute; a Londres y hasta hace dos semanas estuvo trabajando en un restaurante de la capital inglesa. &ldquo;Irme me ha hecho darme cuenta de que lo que quiero es trabajar con animales. Lo tengo clar&iacute;simo. S&eacute; que al principio tendr&eacute; que aceptar trabajos de otro tipo pero, por ejemplo, que no voy a coger nada en hosteler&iacute;a. No por nada, sino porque en Espa&ntilde;a te explotan, trabajas un mont&oacute;n de horas, muchas te las pagan en negro&hellip; Aunque sepa que tengo que adaptarme, hay unos m&iacute;nimos a los que no voy a renunciar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Bel&eacute;n regres&oacute;, en parte, por la situaci&oacute;n pol&iacute;tica. &ldquo;Veo otro clima, siento que mucha gente de mi entorno empieza a encontrar trabajo, y tambi&eacute;n que la gente est&aacute; m&aacute;s animada en los &uacute;ltimos meses&rdquo;. Su retorno ha sido impulsado en parte gracias a un programa del gobierno de Castilla-La Mancha: &ldquo;Te asignan a un mediador o mediadora, y te ayudan a mejorar el curr&iacute;culum, a prepararte entrevistas, a buscar trabajos que se adapten a ti, te ofrecen una ayuda econ&oacute;mica (el avi&oacute;n de vuelta, la mudanza) y tambi&eacute;n se la dan a la persona o empresa que te contrate&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de iniciativas, aunque son todav&iacute;a minoritarias y no del todo efectivas a la hora de encontrar trabajo a quienes retornan, s&iacute; que reducen la brecha entre la migraci&oacute;n cl&aacute;sica y la nueva migraci&oacute;n: &ldquo;Muchos emigrantes nos manifiestan sus dificultades que la administraci&oacute;n espa&ntilde;ola les ayude a resolver sus dudas legales y administrativas (documentaci&oacute;n para el retorno, ayudas, convalidaci&oacute;n de t&iacute;tulos, acceso a vivienda, guarder&iacute;as p&uacute;blicas...). El sistema espa&ntilde;ol est&aacute; pensado para la emigraci&oacute;n cl&aacute;sica (que piensa m&aacute;s en pensiones, por ejemplo) y todav&iacute;a no se ha adaptado&rdquo;, explica Ra&uacute;l Gil.
    </p><p class="article-text">
        En la plataforma de Volvemos han realizado varias encuestas para analizar cu&aacute;les son las prioridades y necesidades de los emigrados. La &uacute;ltima fue contestada por 1.900 emigrados que est&aacute;n pensando en regresar. El salario no aparece entre las tres primeras porque &ldquo;saben que es una de las condiciones buenas que tienen en el extranjero pero a la que aqu&iacute; tendr&aacute;n que renunciar&rdquo;, apunta Ra&uacute;l Gil. Sin embargo, entre sus preocupaciones est&aacute;n las de volver al mismo lugar en el que estaban al irse -en t&eacute;rminos laborales- y no compaginar trabajo y familia como desear&iacute;an. Es decir, los emigrados est&aacute;n dispuestos a cobrar menos al mes si a cambio tienen un empleo de su &aacute;mbito y en el que se sientan realizados y puedan conciliar. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Quiero el trabajo que tengo aqu&iacute; pero en Espa&ntilde;a&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo 33 a&ntilde;os, casi 34&rdquo;, dice Laura, como si estuviese en el tiempo de descuento. Su chico David y ella ya eran doctorados en Psicolog&iacute;a cuando se fueron al norte de Inglaterra, en agosto de 2015. Ambos han pedido usar nombres falsos porque temen que su testimonio les perjudique en el &aacute;mbito acad&eacute;mico espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me fui porque las condiciones en las que estaba trabajando eran bastante precarias: estaba de falsa aut&oacute;noma en una universidad, echando much&iacute;simas horas, con mi propio ordenador... Y me promet&iacute;an cosas que no llegaban nunca. As&iacute; que me cans&eacute;. Ech&eacute; el curr&iacute;culum por un mont&oacute;n de universidades de Espa&ntilde;a y nada, ni siquiera un e-mail de respuesta&rdquo;, cuenta Laura.
    </p><p class="article-text">
        Decidi&oacute; extender la b&uacute;squeda al Reino Unido, donde hab&iacute;a cursado una beca Eramus y una estancia durante el doctorado. Consigui&oacute; una plaza en una universidad del norte de Inglaterra: &ldquo;Al principio era un puesto que tampoco me iba mucho, pero un a&ntilde;o despu&eacute;s ya estaba dando clase, que era lo que yo quer&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El periplo de David, de 31, fue similar: precariedad como investigador en Espa&ntilde;a hasta que logr&oacute; tambi&eacute;n una plaza en Inglaterra. &ldquo;Tanto Laura como yo tenemos un contrato permanente, un buen salario, hacemos algo que nos gusta... Es el equivalente a un profesor titular en Espa&ntilde;a, algo que all&iacute; nos costar&iacute;a a&ntilde;os y a&ntilde;os conseguir&rdquo;. &ldquo;Queremos el trabajo que tenemos aqu&iacute; pero en Espa&ntilde;a&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Ambos quieren volver, porque emigrar era &ldquo;solo una inversi&oacute;n&rdquo;: &ldquo;Coger experiencia, hacer curr&iacute;culum y regresar. Pero nos estamos dando cuenta de que no es viable&rdquo;. Para hacerlo tendr&iacute;an que hacer renuncias: &ldquo;Es casi una conversaci&oacute;n diaria que tenemos&rdquo;, dice &eacute;l. &ldquo;Si volvemos tendremos peor salarios y peores condiciones de trabajo. Y eso puede influir a nivel personal. Queremos poder comer y tener la garant&iacute;a o cierta seguridad de que a los seis meses o al a&ntilde;o no nos vamos a quedar sin trabajo&rdquo;, reconoce Laura.
    </p><p class="article-text">
        En su caso, el Brexit ha sido un empuj&oacute;n para querer regresar: &ldquo;Son varios factores, pero pesa saber que un alto porcentaje de la poblaci&oacute;n de aqu&iacute; no te quiere. Hay gente que preferir&iacute;a que los profesores fueran brit&aacute;nicos, y eso incluye a parte del alumnado al que le damos clase nosotros&rdquo;. David lanza un mensaje conciliador hacia Espa&ntilde;a: &ldquo;Tenemos la esperanza de que al haber un nuevo Ministerio de Ciencia y Universidades, este tema se gestione mejor. En nuestro caso no es un motivo definitivo como para volver, pero s&iacute; nos da esperanzas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/emigrados-espanoles-empiezan-volver-facil_1_2026913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 19:32:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los emigrados españoles empiezan a volver (y no está siendo fácil)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marea Granate,España,Reino Unido,Brexit,Emigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/aplazar-tener-hijos-demasiado-tarde_1_2132464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56972677-9cf0-481b-bac0-6a0b391786f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tengo muchas amigas que no quieren ser madres. Escucho a las que sí quieren serlo, sus lamentos, y no puedo evitar sentir que nos han arrebatado espacios de control de nuestras vidas</p><p class="subtitle">"Siempre he pensado en ser madre por mi cuenta, con inseminación artificial. Lo haría ya, este año mismo. Lo haría si tuviese un sueldo decente y un contrato decente", dice Ángela, a punto de cumplir 30 años</p><p class="subtitle">"La mayoría de mujeres están concentradas en puestos inseguros, a tiempo parcial o de falsas autónomas, lo que incentiva a no quedarse embarazadas para conservar el trabajo", apunta la politóloga Sílvia Claveria</p></div><p class="article-text">
        Ten&iacute;a diez a&ntilde;os cuando mi primo David naci&oacute;. Mi t&iacute;a nos dej&oacute; una noche al beb&eacute; en casa, le preparamos una cama en la salita, junto a la bicicleta est&aacute;tica. Recuerdo que me despert&eacute; a medianoche y fui a hurtadillas a la habitaci&oacute;n para verlo. Me asom&eacute; a la cuna improvisada y le di besos en la cara. Pensaba: &ldquo;Te quiero mucho&rdquo;. Pensaba: &ldquo;Ojal&aacute; seas m&iacute;o&rdquo;. Durante el d&iacute;a los adultos &ndash;mis padres y mis t&iacute;os&ndash; me hac&iacute;an darme cuenta de mi propia realidad, que yo era muy peque&ntilde;a para cuidar de un beb&eacute;. Pero durante aquellos cinco minutos a solas imagin&eacute; que era su madre.
    </p><p class="article-text">
        A partir de entonces, a veces fantaseaba con tener una barriga de embarazada. Me pon&iacute;a un coj&iacute;n bajo el jersey y apoyaba mis manos en la cintura, a la altura de los ri&ntilde;ones, como si llevase una gran carga en mi diminuto cuerpo. En unos meses cumplir&eacute; 30 a&ntilde;os y cada vez m&aacute;s imagino mi vientre como una tumba a la que alg&uacute;n d&iacute;a llevar&eacute; flores. Un lugar en el que nunca habr&aacute; nada, que siempre estuvo muerto. Soy una madre sin hijo. Y eso me aterra.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o le&iacute; <a href="https://www.eldiario.es/tribunaabierta/dia-maternidad-madre_6_617048324.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Qui&eacute;n quiere ser madre</em></a><em> </em>de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/Maternidad-llamada-Cronica-llegada-ovodonacion_0_700280585.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Silvia Nanclares</a>. Ese libro fue una revoluci&oacute;n para m&iacute;; abri&oacute; una compuerta y dio paso a un pensamiento que me martillea desde entonces: &iquest;ser&aacute; demasiado tarde para mi cuerpo cuando mis circunstancias econ&oacute;micas, laborales y personales me permitan ser madre?
    </p><p class="article-text">
        La escritora narra en primera persona la odisea del fracaso. A sus casi 40 a&ntilde;os, Silvia intenta quedarse embarazada. Un deseo que experimentaba desde los siete a&ntilde;os y que estalla con la muerte de su padre: &ldquo;La vida me debe otra vida&rdquo;, pens&oacute;. Cada mes, la sangre en su ropa interior era el preludio de un peque&ntilde;o desastre: la constataci&oacute;n, una y otra vez, de que no hay una nueva vida gest&aacute;ndose en su interior. Tras unos meses, su pareja y ella deciden intentarlo por la v&iacute;a qu&iacute;mica: tratamientos hormonales, pruebas, fecundaciones in vitro... Una jerga burocr&aacute;tica de su propio cuerpo. Pero el &eacute;xito nunca llega. &iquest;Ser&eacute; yo ella? &iquest;Me ocurrir&aacute; lo mismo? &iquest;Ese retrato &iacute;ntimo es una advertencia para que reaccione a tiempo?
    </p><p class="article-text">
        Este es un reportaje sobre el retraso en la edad de la maternidad y sobre c&oacute;mo algunas mujeres de mi generaci&oacute;n afrontamos ese anhelo que puede que nunca se materialice. Pero tambi&eacute;n es un desahogo, una carta al hijo que no tengo y que quiz&aacute; nunca tenga. Casi un duelo anticipado. &iquest;Se puede amar algo que ni siquiera existe a&uacute;n? &iquest;Le habla Silvia a chicas como yo, que creen que la juventud es eterna y que un d&iacute;a deber&aacute;n asumir que son no-madres?
    </p><h3 class="article-text">Un coste de oportunidad</h3><p class="article-text">
        La noche antes de cumplir 29 a&ntilde;os, Mar&iacute;a S&aacute;nchez, veterinaria y poeta, responde a mi correo electr&oacute;nico. Hace cuatro a&ntilde;os, public&oacute; un texto titulado <em>Ejercicios para una maternidad inventada</em>. Ya entonces se planteaba si las chicas de su edad podr&iacute;an ser madres cuando y como quisieran: &ldquo;Tengo 25 a&ntilde;os que dejar&aacute;n pronto de serlo y no paro de pensar en que me acerco a la edad con la que mi madre me tuvo. Tengo 25 a&ntilde;os y a veces me toco la barriga, la hincho, la imagino isla y alimento para alguien que no s&eacute; si terminar&aacute; existiendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s, me cuenta que iniciativas como las que ofrecen <a href="https://www.eldiario.es/nidos/libertad-enganosa-congelar-mercado-discrimina_0_731077164.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ciertas empresas</a> a sus trabajadoras (congelar los &oacute;vulos) esconden algo perverso: &ldquo;&iquest;De verdad esa es la soluci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s a&ntilde;os pasemos trabajando sin ser madres somos 'mejores'? Me parece incre&iacute;ble que nuestro trabajo, directa o indirectamente, influya en esta decisi&oacute;n, que nos condicione tanto. Que ser madre suponga un lastre en nuestra carrera. Es triste, pero muchas veces es as&iacute;. Con los hombres no pasa, es impensable. Yo por ahora no lo pienso mucho, pero s&iacute; es verdad que a mi edad mi madre ya me hab&iacute;a tenido. Nuestras madres, una generaci&oacute;n olvidada que ha hecho posible que nosotras hoy contemos, escribamos, trabajemos, seamos independientes...
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; es verdad que tengo amigas que se plantean la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos o la inseminaci&oacute;n si no tienen pareja a una edad que se han puesto como l&iacute;mite. Yo, por ahora, no me planteo nada, pero s&eacute; que en un par de a&ntilde;os entrar&eacute; en este dilema&ldquo;, escribe en el e-mail.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;lvia Claveria, polit&oacute;loga especializada en temas de g&eacute;nero, explica algunos de los factores estructurales que han condicionado la maternidad: &ldquo;La inestabilidad laboral es uno de ellos. Hasta que no existe una seguridad econ&oacute;mica y/o laboral, muchas mujeres no se pueden plantear tener hijos. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de ellas est&aacute;n concentradas en puestos de trabajo inseguros, adem&aacute;s de temporales, a tiempo parcial o de falsas aut&oacute;nomas, lo que incentiva no quedarse embarazadas para conservar el trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, se&ntilde;ala Claveria, la maternidad a d&iacute;a de hoy &ldquo;es un coste de oportunidad que mayoritariamente afecta a las madres&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;Las mujeres con m&aacute;s formaci&oacute;n retrasan m&aacute;s la edad de tener el primer hijo porque coincide el punto &aacute;lgido de estabilizaci&oacute;n o promoci&oacute;n de la carrera laboral con el de la media de ser madre. Y cuando lo son, ellas tienen que hacer unas renuncias que los hombres, muchas veces, ni se plantean&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres estamos por fin ocupando espacios y siendo reconocidas profesionalmente, pero no tenemos una seguridad a ese respecto. Creo que nos sorprender&iacute;amos si empez&aacute;ramos ahora mismo a preguntar a las mujeres de nuestro alrededor qu&eacute; supondr&iacute;a y qu&eacute; consecuencias traer&iacute;a ser madre en su trabajo&rdquo;, apunta Mar&iacute;a S&aacute;nchez.
    </p><h3 class="article-text">Congelar &oacute;vulos</h3><p class="article-text">
        Yo, por lo pronto, ni siquiera tengo trabajo estable y a menudo siento que en siete a&ntilde;os no he avanzado lo suficiente. &iquest;Tengo que esperar otros siete a&ntilde;os para tener, al fin, estabilidad econ&oacute;mica? Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez, una ginec&oacute;loga de 33 a&ntilde;os con la que contacto a trav&eacute;s de una amiga en com&uacute;n, me explica: &ldquo;A partir de los 35, la fertilidad baja porque se reduce la reserva ov&aacute;rica, y adem&aacute;s los &oacute;vulos tienen peor calidad. Mientras tengas la regla, te puedes quedar embarazada, pero por encima de los 35 y seg&uacute;n te aproximas a los 40, cuesta mucho m&aacute;s. A la consulta [trabaja en una cl&iacute;nica privada] me llegan muchas mujeres en esta situaci&oacute;n, que no consiguen embarazarse. Empiezan con t&eacute;cnicas de fertilidad pero a veces no lo logran. El desgaste psicol&oacute;gico es brutal. Al verlo cada d&iacute;a empez&oacute; mi agobio, as&iacute; que decid&iacute; congelar mis &oacute;vulos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Le pregunto a Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez por el proceso de criogenizaci&oacute;n de &oacute;vulos y lo resume as&iacute;: &ldquo;Tienes que estar dos semanas pinch&aacute;ndote hormonas, los ovarios se ponen supergrandes, llenos de fol&iacute;culos, y cuando est&aacute;n todos preparados, te llevan a quir&oacute;fano, te pinchan por v&iacute;a vaginal, te sacan todos los &oacute;vulos y los congelan. Cuando los quieras usar en el futuro, tendr&aacute;s que pagar la segunda parte, que ser&iacute;a la fecundaci&oacute;n de tu &oacute;vulo con un espermatozoide en un laboratorio y ya ponerte el embri&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Qui&eacute;n quiere ser madre</em>, Silvia recuerda que a finales de los noventa, en algunos c&iacute;rculos feministas se cuestionaban y criticaban las t&eacute;cnicas de reproducci&oacute;n asistida, sin imaginar que por muchas circunstancias algunas acabar&iacute;an recurriendo a ellas. &ldquo;&iquest;Y si pudi&eacute;ramos hablar con esa Mara y esa Silvia de principios de siglo? &iquest;Qu&eacute; les dir&iacute;amos? Chicas, vuestras criaturas van a aplazar su llegada, m&aacute;s bien ser&eacute;is vosotras quienes lo vay&aacute;is aplazando hasta casi el tiempo de descuento. &iquest;Es un aplazamiento elegido? &iquest;Forzoso? &iquest;Habr&iacute;amos hecho algo diferente en nuestra vida si hubi&eacute;ramos podido mirar el hoy por un agujero del tiempo? Probablemente. O no&rdquo;, escribe.
    </p><p class="article-text">
        Paula, que tambi&eacute;n cumple 30 a&ntilde;os en unos meses, fue la primera amiga de mi entorno que me habl&oacute; de la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos. Hasta entonces, esa posibilidad ni siquiera exist&iacute;a para m&iacute;. Viv&iacute;a con cierta angustia comprobar que cada a&ntilde;o mi inestabilidad laboral era la misma, y el sueldo, tambi&eacute;n. &ldquo;A los 35 lo tengo sea como sea, s&iacute; o s&iacute;, sola, como sea&rdquo;, pensaba. Pero me ve&iacute;a a m&iacute; misma dici&eacute;ndome: &ldquo;A&uacute;n hay tiempo, eres joven. Sales, vives en un piso compartido, a veces comes a deshoras. Soy una adolescente tard&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La trampa de la juventud contra la que Kiko Llaneras escribi&oacute; un alegato: &ldquo;Ya no eres joven. Pero no importa: a&uacute;n puedes salir, puedes jugar a videojuegos, puedes quejarte de cosas que no importan y tener cuenta en Tinder. Dejar la juventud no significa que debes ser otra persona. Significa que eres un adulto. Dejar de ser joven es reconocer que has aprendido suficiente para ser &uacute;til. Significa que no eres un chaval que se sacrifica invirtiendo en su yo del futuro: t&uacute; eres el del futuro. Querr&aacute;s cosas razonables como un salario digno y un horario humano. Y tendr&aacute;s, quiz&aacute;s, responsabilidades esper&aacute;ndote en casa al salir del trabajo: hijos que ba&ntilde;ar, amigos que socorrer, padres que cuidar. Ser un adulto, y que te reconozcan como tal, significa que nadie ignore esas cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quedo con Paula en una cafeter&iacute;a de Lavapi&eacute;s y se me viene a la cabeza un p&aacute;rrafo de Silvia Nanclares en el que recuerda que diez a&ntilde;os atr&aacute;s sus amigas y ella beb&iacute;an cervezas en terrazas mientras fantaseaban con tener beb&eacute;s. Bromeaban inconscientes sobre el &ldquo;fatalismo edadista&rdquo; de la biolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Paula me cuenta que ya incluso se ha informado sobre el proceso de congelaci&oacute;n de &oacute;vulos, aunque no tiene claro si lo har&aacute; o no. &ldquo;Depender&aacute; de si a los 32 o 33 sigo con mi pareja o no, si queremos tener hijos o no en ese momento... Puede que s&iacute; los congele porque en principio queremos ser padres, pero quiz&aacute; queremos retrasarlo unos a&ntilde;os para poder alcanzar m&aacute;s estabilidad econ&oacute;mica o laboral. Lo que s&iacute; tengo claro es que quiero ser madre y si el d&iacute;a de ma&ntilde;ana no tuviese con qui&eacute;n, lo ser&iacute;a sola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Paula llam&oacute; a una cl&iacute;nica de fertilidad para saber en qu&eacute; consist&iacute;a el proceso: &ldquo;Me dijeron que costaba unos 2.000 o 2.500 euros y que luego hab&iacute;a que pagar un 'alquiler' cada a&ntilde;o, es decir, pagar para que cada a&ntilde;o te mantengan tus &oacute;vulos congelados. Eran unos 500 euros al a&ntilde;o&rdquo;. Me pregunto cu&aacute;ntas chicas podr&iacute;an coste&aacute;rselo.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Lo har&iacute;a si tuviese un sueldo decente&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En el tema de los hijos, adem&aacute;s de una obvia cuesti&oacute;n de g&eacute;nero (los hombres de mi edad apenas se preocupan de si en diez a&ntilde;os sus espermatozoides habr&aacute;n perdido calidad y si quiz&aacute; no sirvan para la fecundaci&oacute;n), hay una cuesti&oacute;n de clase. Conozco a Sandra porque estudi&aacute;bamos juntas de peque&ntilde;as, aunque ahora apenas nos vemos. Hace poco sub&iacute;a una foto cogiendo a un beb&eacute; en brazos, el de un amigo que acababa de ser padre. En el pie de foto escrib&iacute;a: &ldquo;Tendr&eacute; que conformarme con ser la t&iacute;a de los hijos de mis amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Le mando un mensaje privado para preguntarle si siente que quiere ser madre pero quiz&aacute; nunca lo sea, que estoy escribiendo un art&iacute;culo al respecto. Sandra trabaja en hosteler&iacute;a y su salario apenas llega a los 900 euros al mes. &ldquo;&iquest;En serio cuesta eso?&rdquo;, responde cuando le digo el precio de congelar los &oacute;vulos. &ldquo;No tendr&iacute;a c&oacute;mo pagarlo&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;No tengo novio y eso me frustra. He pensado en apuntarme en una lista de esas para adoptar pero... &iquest;yo sola? &iquest;Y si no puedo mantenerlo? &iquest;Y si me dan uno cuando tenga casi 40? Me gustar&iacute;a poder decidir cu&aacute;ndo tenerlo, por m&iacute; me inseminar&iacute;a ma&ntilde;ana mismo. Pero es car&iacute;simo. Solo me queda esperar y ver si en unos dos o tres a&ntilde;os mi situaci&oacute;n ha cambiado un poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace una semana, mi amiga &Aacute;ngela (nombre falso para preservar su identidad) comenz&oacute; a ir a una psic&oacute;loga. Tambi&eacute;n cumple 30 este a&ntilde;o y tiene un contrato temporal de media jornada. &ldquo;Pasar rachas sin trabajo y ver que con esta edad a&uacute;n no s&eacute; qu&eacute; va a pasar con mi vida me ha afectado mucho. Siempre he pensado en ser madre por mi cuenta, con inseminaci&oacute;n artificial. Lo har&iacute;a ya, este a&ntilde;o mismo. Lo har&iacute;a si tuviese un sueldo decente y un contrato decente&rdquo;, cuenta. Por un lado, dice, no quiere renunciar a sus expectativas laborales, pero tampoco a las personales. Su opci&oacute;n, ahora mismo, es esperar. Como si la maternidad fuese sentarse en la parada del autob&uacute;s. &ldquo;Antes me encantaba rodearme de beb&eacute;s de familiares y amigos, pero ahora lo evito porque luego me voy con la sensaci&oacute;n de que quiero uno y no puedo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Tengo muchas amigas que no quieren ser madres. A veces querr&iacute;a ser como ellas, extirpar ese impulso que habita en m&iacute; desde que era una cr&iacute;a. Escucho a las que s&iacute; quieren serlo, sus lamentos, y no puedo evitar sentir que nos han arrebatado espacios de control de nuestras vidas. Empec&eacute; a trabajar en 2011, el mismo a&ntilde;o en el que en Espa&ntilde;a la incertidumbre se materializaba en el lema &ldquo;Sin casa, sin curro, sin pensi&oacute;n, sin miedo&rdquo;. Pienso: &ldquo;Y sin hijos&rdquo;. Y una parte de m&iacute; s&iacute; que admite el miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/aplazar-tener-hijos-demasiado-tarde_1_2132464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 May 2018 18:42:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Jóvenes,Embarazo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres juzgadas por dar biberón: "Hay algunos que te insinúan que si no das el pecho eres mala madre"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mujeres-juzgadas-biberon-insinuan-pecho_1_3056548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b26adc51-d75f-40c0-8028-5a2c042680d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres juzgadas por dar biberón: &quot;Hay algunos que te insinúan que si no das el pecho eres mala madre&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ana Sierra es nutricionista y optó por el biberón: "Jamás se puede asemejar una leche artificial a la materna, aunque las artificiales contienen todos los nutrientes. Yo tenía mucha ansiedad y dar el biberón fue un alivio"</p><p class="subtitle">"Parece que hay una competición por ver qué madre aguanta más dando el pecho", dice Pamela, que dejó la lactancia materna después de tres meses en los que su calidad de vida fue "deplorable"</p><p class="subtitle">Otras mujeres se sienten juzgadas por dar el pecho de forma prolongada: "En determinados sitios, si das el pecho en público notas hostilidad"</p></div><p class="article-text">
        Mayo de 1985. Una mujer corre apurada hacia el hospital en el que est&aacute; ingresado su beb&eacute; reci&eacute;n nacido, que habita en una incubadora. Le toca la siguiente toma y aunque intenta darle el pecho, el ni&ntilde;o, furioso, se revuelve. Apenas come. Ella se ha pasado parte de la ma&ntilde;ana extrayendo el alimento de su pecho con un sacaleches y lo ha introducido en un biber&oacute;n que lleva en la mano. &ldquo;Llego tarde&rdquo;, se dice, y acelera. Al entrar se tropieza, se cae y el biber&oacute;n se rompe, derramando el l&iacute;quido. En el suelo, el reguero parece una v&iacute;a l&aacute;ctea que da origen al desastre. &ldquo;A la mierda, no puedo m&aacute;s&rdquo;, piensa. La madre es la escritora Elvira Lindo, que recuerda aquella an&eacute;cdota como el momento en el que decidi&oacute; que no le dar&iacute;a de mamar a su hijo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esa &eacute;poca me sent&iacute;a un poco desamparada, el ni&ntilde;o estaba en la incubadora y cuando me lo daban para mamar lloraba, no se agarraba al pecho. Yo hab&iacute;a intentado d&aacute;rselo de todas las maneras. En casa me ve&iacute;a con el sacaleches y me resultaba un poco humillante: yo sola y sin el ni&ntilde;o en casa. Ah&iacute; pens&eacute; que dar el biber&oacute;n ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil para m&iacute; y as&iacute; lo hice&rdquo;. Elvira Lindo reconoce que no se sinti&oacute; juzgada por esta decisi&oacute;n: &ldquo;Me sent&iacute; sola en todos los aspectos, y por eso me pareci&oacute; m&aacute;s llevadero el biber&oacute;n. Dicen que dar de mamar crea un v&iacute;nculo pero no creo que ese v&iacute;nculo se resuma en dar de mamar de la teta. Yo estoy muy unida a mi hijo y creo que eso viene del amor que le di, de ocuparme de &eacute;l&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchas mujeres que optan por no dar el pecho se sienten juzgadas por el entorno: familiares, matronas, pediatras.... Los estudios sobre lactancia, que se&ntilde;alan los beneficios sobre la salud del beb&eacute;, son utilizados en ocasiones como arma arrojadiza contra las madres que emplean leche artificial. Sin embargo, la ciencia a&uacute;n no ha podido probar los beneficios en el beb&eacute; a nivel cognitivo: un estudio de 2015 publicado en la revista cient&iacute;fica PLOS ONE desment&iacute;a otro ensayo sobre el supuesto aumento de la inteligencia del reci&eacute;n nacido.
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) se&ntilde;ala que &ldquo;la lactancia materna reduce la mortalidad infantil y tiene beneficios sanitarios que llegan hasta la edad adulta&rdquo;. De hecho, la OMS recomienda &ldquo;no utilizar biberones, tetinas o chupetes&rdquo;. Pero las recomendaciones referentes a la salud a menudo chocan con la realidad que vive cada madre. &ldquo;No se debe crear una especie de religi&oacute;n, parece que quien no sigue todos los preceptos est&aacute; infraalimentando al ni&ntilde;o&rdquo;, opina Elvira Lindo.
    </p><p class="article-text">
        Ana Sierra es nutricionista y cuando dio a luz acab&oacute; optando por el biber&oacute;n: &ldquo;La lactancia no es tan f&aacute;cil como nos la pintan. Yo intent&eacute; darle el pecho a mi hija, la primera semana lo hice. Pero me costaba much&iacute;simo. La ni&ntilde;a no se enganchaba, se pasaba una hora en cada pecho y enseguida ten&iacute;a hambre&rdquo;, rememora. Como nutricionista asegura que la leche materna es &ldquo;inigualable&rdquo;: &ldquo;Jam&aacute;s se puede asemejar una leche artificial a la materna, eso es as&iacute;. Ahora bien, las leches artificiales contienen todos los nutrientes que un beb&eacute; necesita para crecer perfectamente. La diferencia es que el calostro [el primer l&iacute;quido que segregan las mamas antes de la subida de la leche], por ejemplo, es muy rico en anticuerpos; adem&aacute;s, la leche materna tiene la cantidad de hidratos y grasas necesarias para cada beb&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ah&iacute; la teor&iacute;a, dice. Como nutricionista, Ana Sierra defiende que la calidad de la leche artificial es menor que la que produce una mujer que acaba de dar a luz. Pero como madre, ella decidi&oacute; dar biber&oacute;n. &ldquo;A los pocos d&iacute;as de darle de mamar, se me agrietaron los pezones. El izquierdo se me parti&oacute; en dos y cuando la ni&ntilde;a chupaba, sal&iacute;a sangre. Era un dolor indescriptible. La ni&ntilde;a no se enganchaba bien, yo segu&iacute;a con los pechos muy hinchados y encima con los pezones muy doloridos. Ten&iacute;a mucha ansiedad y no lo estaba pasando nada bien&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Su entorno, asegura, la presionaba para que no cesase en su empe&ntilde;o por dar de mamar, pero Ana ni siquiera disfrutaba de sus primeros d&iacute;as con su hija: &ldquo;Mi madre me dec&iacute;a: 'Hija, como nutricionista &iquest;c&oacute;mo se te va a ocurrir dar leche de bote?'. A m&iacute; solo me sal&iacute;a decir: '&iexcl;Es que no puedo!'&rdquo;. Ah&iacute; es cuando decidi&oacute; tomar la pastilla para que sus pechos no produjesen m&aacute;s leche y comenz&oacute; a darle el biber&oacute;n a su hija: &ldquo;Fue un alivio impresionante. Preparaba el bibe con una ilusi&oacute;n... Y la ni&ntilde;a com&iacute;a tan bien... Fue lo mejor que me pudo pasar en aquel momento&rdquo;, explica. La nutricionista reconoce que algunos de sus compa&ntilde;eros, a los que considera &ldquo;talibanes de la lactancia&rdquo;, la juzgaron: &ldquo;Hay algunos que te insin&uacute;an que si no das el pecho eres mala madre. Yo creo que cada madre debe hacer lo que cree mejor para el beb&eacute; pero tambi&eacute;n para sentirse bien ella. Y por suerte, a d&iacute;a de hoy, tenemos leches artificiales muy buenas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace tres meses que Lorena Gonz&aacute;lez dio a luz a su hija Claudia. Antes de que naciese, ya hab&iacute;a decidido que le dar&iacute;a biber&oacute;n. &ldquo;Me tom&eacute; la pastilla para que no me subiese la leche porque lo ten&iacute;a claro desde el primer momento. No me apetec&iacute;a pasar por ese proceso, y adem&aacute;s creo que si doy el biber&oacute;n es una responsabilidad que puedo compartir con mi pareja, no que yo tengo que estar pendiente de levantarme cada dos horas para darle de comer o de sacarme la leche&rdquo;, apunta. Lorena ve&iacute;a m&aacute;s ventajas en la leche artificial que en la suya propia: &ldquo;Mi hija naci&oacute; con bajo peso y hasta mi matrona me dijo que con biber&oacute;n coger&iacute;a peso m&aacute;s r&aacute;pido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con su discurso no pretende convencer a otras madres de que la tetina de pl&aacute;stico es mejor que el pecho: &ldquo;A m&iacute; lo que me ha molestado realmente es lo juzgada que me he sentido. Hay gente muy entrometida y maleducada. Algunos conocidos que ven&iacute;an a ver al beb&eacute; me preguntaban: 'Huy, &iquest;y por qu&eacute; no le das el pecho?', o '&iquest;pero ni siquiera el calostro?, &iquest;sabes que es muy bueno?'. Al final hac&iacute;a o&iacute;dos sordos, pero hay mam&aacute;s que realmente no pueden dar el pecho por alg&uacute;n problema de salud y a lo mejor es algo traum&aacute;tico para ellas. Si te inmiscuyes en su vida de esa manera la vas a hacer sentir mal y culpable&rdquo;, apunta.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Yo era mi peor juez&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Dar de mamar es un acto mitificado. En la Historia del Arte se ha representado a las V&iacute;rgenes de la Leche como transmisoras no solo de alimento, sino de religi&oacute;n (madres de la Iglesia). En las pinturas y esculturas cl&aacute;sicas dar el pecho es una forma de alimentar a la Humanidad, no solo con leche, sino transmitiendo identidad y civilizaci&oacute;n. El pecho femenino como s&iacute;mbolo primigenio de la vida, incluso de caridad. La f&aacute;bula de Cim&oacute;n y su hija Pero, representada numerosas veces bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Caridad romana&rdquo;, cuenta la historia de un padre encarcelado y desnutrido que mama a escondidas la leche de su hija. La muchacha romana amamanta al progenitor y, al ser descubierta, el carcelero, movido por ese gesto compasivo, deja al hombre en libertad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a&uacute;n hay personas que se escandalizan cuando dar de mamar se hace en un contexto mundano, como puede ser un centro comercial, una cafeter&iacute;a o una piscina p&uacute;blica. En agosto de 2013, <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/Primark-CarmenVega-tetada-lactancia-amamantar_0_167283707.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primark</a> expulsaba de su local a una mujer por amamantar a su beb&eacute;; y en agosto de este a&ntilde;o, a otra le prohibieron hacerlo en la piscina municipal de <a href="http://www.elperiodico.com/es/santa-coloma/20170809/una-piscina-prohibe-a-una-madre-dar-el-pecho-a-su-bebe-dentro-del-agua-6210855" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cam Zam</a> (Santa Coloma, Barcelona). Cuando la representaci&oacute;n es humana (y real), y no una sublimaci&oacute;n del acto de la alimentaci&oacute;n en una obra de arte, muchas madres se sienten juzgadas. El pecho, como elemento sacralizado, parece que no debe exhibirse en p&uacute;blico, sino quedar restringido al &aacute;mbito privado.
    </p><p class="article-text">
        Pamela Espigares describe como &ldquo;dur&iacute;sima&rdquo; la lactancia. Ella dio el pecho a su beb&eacute; durante tres meses; despu&eacute;s, el biber&oacute;n. &ldquo;Al principio no se agarraba, ten&iacute;a que ponerme de mil maneras, posturas terribles, dolores de cervicales... Lo recuerdo como algo un poco traum&aacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pamela estuvo a punto de desarrollar una mastitis (inflamaci&oacute;n de la gl&aacute;ndula mamaria) y cada vez que daba una toma, &ldquo;el dolor era inaguantable&rdquo;. &ldquo;Me dec&iacute;a a m&iacute; misma: 'Tienes que seguir, esto es lo mejor para el beb&eacute;, no puedes no hacerlo'. Yo era mi peor juez. Los m&eacute;dicos y gente de mi alrededor, a pesar de que yo estaba destrozada, me dec&iacute;an: 'Sigue adelante, no te rindas, no lo dejes, int&eacute;ntalo m&aacute;s'. Era abrumador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres meses le dio solo el pecho, y a partir de entonces decidi&oacute; probar el biber&oacute;n porque el cr&iacute;o cog&iacute;a menos peso del indicado: &ldquo;El progreso del ni&ntilde;o no era el ideal y mi calidad de vida era deplorable. No dorm&iacute;a, ten&iacute;a dolores insoportables y mucho mal humor&rdquo;. La pediatra le dijo que alternase tomas (a veces pecho, a veces biber&oacute;n), que no hab&iacute;a ning&uacute;n problema: &ldquo;Not&eacute; una evoluci&oacute;n brutal en mi familia. Yo estaba mucho m&aacute;s feliz, el ni&ntilde;o engord&oacute;... Mi marido me dec&iacute;a: 'Olv&iacute;date de que el biber&oacute;n es el demonio, el beb&eacute; va a estar perfecto, tienes que estar bien t&uacute;'. Decid&iacute; parar la lactancia y seguir solo con biber&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pamela recuerda especialmente los chascarrillos ajenos a los que se tuvo que enfrentar: &ldquo;Una vez colgu&eacute; una foto en Facebook con mi hijo en un restaurante, en la mesa hab&iacute;a un biber&oacute;n y alguien coment&oacute;: 'Anda, &iquest;pero ya tan pronto le est&aacute;s dando biber&oacute;n?'. Parece que hay una competici&oacute;n por ver qu&eacute; madre aguanta m&aacute;s dando el pecho&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Tambi&eacute;n juzgadas por dar de mamar</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n algunas mujeres que deciden dar pecho sienten que el entorno las somete a juicio. Es el caso de Elba. Su hijo tiene ahora seis a&ntilde;os y hasta los cuatro le dio de mamar. &ldquo;En determinados sitios, si das el pecho en p&uacute;blico notas hostilidad. Y sobre todo es muy chocante que ver a un ni&ntilde;o que ya camina y que a&uacute;n sigue mamando. No era una cuesti&oacute;n alimentaria, sino un v&iacute;nculo entre nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante el embarazo, Elba le&iacute;a estudios cient&iacute;ficos sobre los beneficios de la lactancia y por eso decidi&oacute; dar el pecho a su hijo: &ldquo;Los comienzos fueron muy duros y todo mi entorno estaba en contra. El ni&ntilde;o estaba muy delgadito y me dec&iacute;an que le diera el biber&oacute;n, que no com&iacute;a lo suficiente... Tuve mucha presi&oacute;n sobre todo de mi madre porque mis hermanos y yo fuimos ni&ntilde;os de biber&oacute;n y ella no lo entend&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir del a&ntilde;o y medio, solo le daba el pecho en casa, como un gesto &iacute;ntimo entre madre e hijo; con tres le explic&oacute; que el d&iacute;a en que cumpliese cuatro ya no podr&iacute;a amamantarle m&aacute;s: &ldquo;Estaba un poco cansada, y aunque se cre&oacute; un v&iacute;nculo muy especial entre nosotros, sent&iacute;a que ya era hora. Mi madre me dec&iacute;a que el ni&ntilde;o ya era muy mayor, que ya estaba bien de dar el pecho&rdquo;. Elba es clara en su posicionamiento: &ldquo;Creo que lo que hay que decirle a las mujeres es que los comienzos de la maternidad son dif&iacute;ciles y est&aacute;s vulnerable, as&iacute; que cada una debe hacer lo que considere. Si es dar de mamar, adelante, y si quiere dar el biber&oacute;n, tambi&eacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mujeres-juzgadas-biberon-insinuan-pecho_1_3056548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Nov 2017 20:19:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mujeres juzgadas por dar biberón: "Hay algunos que te insinúan que si no das el pecho eres mala madre"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Lactancia,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las niñas madre de las chabolas de El Gallinero: un bebé en los brazos a los 14 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/ninas-madre-gallinero-tener-catorce_1_3089414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc519d83-5875-456a-b0d4-09f27af1bfd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Diagrama, Larisa y los niños / N. T."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este poblado a 12 kilómetros del centro de la ciudad de Madrid la tradición viste a las niñas de largo al bajarles la regla y las casa aún en edad escolar</p><p class="subtitle">Violeta tiene marido desde los 12 y con 18 años cría a tres hijos: "Me gustaba un chico y me casé. Todas las chicas aquí lo hacen así. Mis hijas también lo harán"</p><p class="subtitle">Los matrimonios carecen de efectos legales pero "dejan de estudiar y ya no hay nada que hacer", explica Paco Pascual que trabaja en el asentamiento desde hace años</p></div><p class="article-text">
        Larisa es la &uacute;nica ni&ntilde;a de <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/integracion/exclusion-gallinero-chabolismo-madrid_0_158534207.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Gallinero </a>que lleva pantalones largos. Est&aacute; a punto de cumplir 14 a&ntilde;os y no quiere ser madre, sino peluquera. Sus progenitores, Livia y Elvis, quisieron ponerle falda larga cuando le baj&oacute; la regla, como es tradici&oacute;n en la cultura rumana gitana. Dijo que no, con convicci&oacute;n adulta. Tambi&eacute;n se neg&oacute; a casarse. Ellos saben que si no lo hacen pronto, perder&aacute;n la dote. &ldquo;Primero quiero estudiar y trabajar para que mi madre ya no tenga que salir a pedir dinero en la calle. No quiero ser como el resto de chicas que se casan tan pronto&rdquo;, explica Larisa.
    </p><p class="article-text">
        Su hermana Alicia, de nueve a&ntilde;os, ya lleva falda larga. &ldquo;Es una manera de mostrar respeto frente a los chicos&rdquo;, dice Larisa, &ldquo;pero a m&iacute; es que ahora no me interesan los chicos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Gallinero es un poblado chabolista de familias rumanas de etnia gitana asentadas&nbsp;a solo 12 kil&oacute;metros del centro de la ciudad de Madrid.&nbsp;Aqu&iacute; llegaron a convivir hasta 500 personas,<a href="http://www.eldiario.es/sociedad/jerarquia-eclesiastica-tradicional-poblado-Gallinero_0_348565895.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> pero los derribos</a> y la imposibilidad de&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/gallinero-Madrid-pobreza-chabolismo_0_595290621.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mejorar sus vidas</a> han provocado que la mayor&iacute;a emigrase a otros pa&iacute;ses como Francia o Gran Breta&ntilde;a. Ahora&nbsp;quedan apenas cuarenta ni&ntilde;os con sus padres y madres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A unos 20 metros de la chabola en la que viven Larisa y su familia, est&aacute; la de Espa&ntilde;a, una cr&iacute;a de 16 a&ntilde;os que se cas&oacute; a los 13 con Ricardo, un joven unos a&ntilde;os mayor que ella. A los 14 dio a luz a su primer hijo, Kevin. Hasta entonces, iba al colegio y ve&iacute;a telenovelas como cualquier ni&ntilde;a de su edad. Reconoce que, de momento, no quiere tener m&aacute;s hijos pero dice que no depende de ella. &ldquo;Si viene, viene... Qu&eacute; voy a hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me gustaba demasiado estudiar, as&iacute; que me cas&eacute;&rdquo;. Espa&ntilde;a habla con frases cortas, no le gusta exponer su intimidad y cuando su suegra entra en la chabola, calla. Hace tan solo dos a&ntilde;os, cuando Kevin era un reci&eacute;n nacido, Espa&ntilde;a dec&iacute;a: &ldquo;Me gustaba ir a clase, escuchar m&uacute;sica, bailar&hellip; pero ya no tengo tiempo de eso, tengo que cuidar del ni&ntilde;o&rdquo;. Su marido asent&iacute;a.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Repudiadas por denunciar malos tratos&nbsp;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy dif&iacute;cil conseguir que estas chicas tan j&oacute;venes, que son ni&ntilde;as, rompan con la tradici&oacute;n. Les cuesta hablar del tema. Hace unos meses, dos mujeres de El Gallinero denunciaron a sus maridos por malos tratos. Ahora las repudian, ya no pueden volver al poblado&rdquo;, explica Paco Pascual, profesor jubilado y voluntario de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada. &ldquo;En cuanto las casan, dejan de estudiar y ya no hay nada que hacer&rdquo;, a&ntilde;ade Pascual, que lleva casi una d&eacute;cada trabajando para que los menores de El Gallinero no sigan el patr&oacute;n de sus mayores.&nbsp;
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                </figure><p class="article-text">
        Violeta desayuna pescado del d&iacute;a anterior en un banquito que hay junto a su chabola. Lo desmenuza y coge los trocitos con los dedos. Come un poco y el resto se lo da al beb&eacute; que lleva en brazos. Tiene 18 a&ntilde;os y tres hijas. &ldquo;Me gustaba un chico y me cas&eacute; [a los 12]. Todas las chicas aqu&iacute; lo hacen as&iacute;. Mis hijas tambi&eacute;n lo har&aacute;n as&iacute;&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        A veces ni siquiera saben c&oacute;mo evitar un embarazo: &ldquo;Yo no uso nada. Simplemente cuando me quedo embarazada, me quedo y ya est&aacute;. Yo no decido&rdquo;, reconoce Violeta. &ldquo;Por eso es tan importante la educaci&oacute;n, cuando van al colegio salen de su mundo, ven otras cosas. Sobre todo, las ni&ntilde;as se dan cuenta de no tienen por qu&eacute; resignarse a ser solo madres. Cuando dejan de ir al colegio porque ya empiezan a tener edad de casarse es cuando se echa todo a perder&rdquo;, apunta Paco Pascual.
    </p><h3 class="article-text">Una dote de 10.000 euros</h3><p class="article-text">
        Las bodas no lo son como tal a efectos legales: son ceremonias familiares simb&oacute;licas en las que hay un intercambio de dinero. La familia del novio paga cerca de 10.000 euros a la familia de la novia. &ldquo;Normalmente, todo lo que consiguen de ayudas del ayuntamiento o lo que ganan con el cobre lo guardan para cuando tengan que dar la dote&rdquo;, se&ntilde;ala Pascual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diagrama tiene 24 a&ntilde;os y es la t&iacute;a de Larisa. Entre ella y su sobrina hay solo 10 a&ntilde;os de diferencia, pero las expectativas vitales son antag&oacute;nicas. Diagrama ya tiene cinco hijos, pero quiere m&aacute;s. Larisa, que debe cuidar de sus hermanas al salir del colegio, no imagina un beb&eacute; en su vientre. &ldquo;Mis profesoras, Elena, Leonor e Isidora, me dicen que yo puedo ser lo que quiera&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de sus docentes le recomend&oacute; el libro <em>No eres una lagartija</em>, una met&aacute;fora sobre c&oacute;mo combatir la identidad que el entorno configura sobre uno mismo: &ldquo;Es mi favorito porque parece que habla de m&iacute;. Una vez so&ntilde;&eacute; que yo trabajaba de secretaria, como una chica de una pel&iacute;cula. Y ella no ten&iacute;a hijos ni nada. Pens&eacute;: &lsquo;Quiero ser ella&rsquo;. Yo antes ped&iacute;a dinero en la calle, &iquest;sabes? Pero ya no quiero ser esa persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida en El Gallinero sucede al margen de todo evento pol&iacute;tico y medi&aacute;tico relevante. Igual que las mujeres barren el polvo para sacarlo fuera de sus chabolas, la pol&iacute;tica barre fuera de casa.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en que Catalu&ntilde;a se proclamaba independiente, Espa&ntilde;a alimentaba a su hijo y preparaba la comida para su suegra y su marido. &ldquo;El ayuntamiento de Carmena al menos ha asfaltado algunas zonas y ha puesto letrinas. Que est&aacute; bien. Est&aacute; bien porque al ver que no derriban sus chabolas pues las familias empiezan a echar ra&iacute;ces. Y si echan ra&iacute;ces, en vez de estar dando tumbos de un lugar a otro, es cuando los ni&ntilde;os empiezan a tener una rutina. Pero hay que hacer m&aacute;s, si las ni&ntilde;as se siguen casando y pariendo significa que todo lo que hacemos a&uacute;n es insuficiente&rdquo;, critica Paco Pascual.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/ninas-madre-gallinero-tener-catorce_1_3089414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Nov 2017 18:35:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las niñas madre de las chabolas de El Gallinero: un bebé en los brazos a los 14 años]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Anciano y gay: la fórmula de la sexualidad escondida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/anciano-gay-doble-discriminacion-sexual_1_3146774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/872d2ca5-9bab-40d1-9651-34cf69d60890_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jesús Herrerro durante una entrevista."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Toda una generación LGTBI, nacida durante el franquismo, aún padece las secuelas de la represión sexual: "Se buscaba en las cloacas", explican</p><p class="subtitle">La senectud no se asocia a lo carnal, "hay una creencia de que en la vejez el sexo no se hace desde un lugar natural", analiza la sexóloga Marian Pontes</p><p class="subtitle">"Les hacemos saber que tienen derecho a sentirse queridos y deseados, y de una forma saludable", apunta Fernando Armentero de la Fundación 26 de diciembre</p></div><p class="article-text">
        Jes&uacute;s Herrero sorbe su caf&eacute; sentado en la terraza de un bar mientras aparta las moscas con la mano. Lo hace con el mismo gesto con el que se ha sacudido durante a&ntilde;os la palabra &ldquo;maric&oacute;n&rdquo; en boca ajena. A sus 75 a&ntilde;os vive su sexualidad con menos pudor que cuando ten&iacute;a 20. En voz baja, porque as&iacute; es como se hacen las confidencias, dice: &ldquo;A veces veo un chico en el metro y pienso: 'Ay, qu&eacute; guapo'. Pero nunca les digo nada, eso les puede violentar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es tan &ldquo;religioso como marica&rdquo;, asegura. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Teolog&iacute;a en un seminario de Francia, su sue&ntilde;o era ser misionero en &Aacute;frica pero le expulsaron por ser gay: &ldquo;Me dijeron que era muy nervioso. Sutilezas&rdquo;. Su orientaci&oacute;n sexual fue durante d&eacute;cadas como vestir de luto y guardar silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s es un ejemplo de esa generaci&oacute;n LGTBI que va m&aacute;s a misa que al barrio de Chueca, polo de liberaci&oacute;n gay en Madrid. Aquella que naci&oacute; en los a&ntilde;os 30 y 40 del siglo XX. El mundo en el que despertaron carec&iacute;a de libertades. En Espa&ntilde;a ahora se permite el matrimonio igualitario. Muchos de ellos, sin embargo, a&uacute;n sienten que viven en los m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A esta gente le cost&oacute; mucho salir del armario, no quieren volver a uno. Saben que en una residencia convencional no se van a sentir aceptados, no podr&iacute;an exhibir su sexualidad en un sitio as&iacute;&rdquo;, explica Federico Armentero, director de la Fundaci&oacute;n 26 de Diciembre, una organizaci&oacute;n que trabaja con personas de la tercera edad y del colectivo LGTBI. Muchos de ellos rompieron lazos con su entorno cuando sus familias les dieron la espalda al saber que eran homosexuales. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te haces viejo y est&aacute;s solo. Te invitan a una boda y te dicen: '&iquest;Vas solo?'. S&iacute;, voy solo. Yo querr&iacute;a ir con un hombre, agarrado del brazo&hellip; Cuando eres joven no te importa, pero con los a&ntilde;os comprendes que estar&aacute;s solo siempre&rdquo;, cuenta Jes&uacute;s. 
    </p><h3 class="article-text">El viejo verde y la mujer invisible</h3><p class="article-text">
        Culturalmente, la senectud no se asocia a lo carnal, analiza la sex&oacute;loga Marian Pontes. &ldquo;Hay una creencia de que en la vejez el sexo no se hace desde un lugar natural. En los hombres est&aacute; la figura del 'viejo verde' y las mujeres ni siquiera cuentan porque en una sociedad patriarcal, como ya no pueden procrear, el sexo pierde sentido. La sexualidad est&aacute; asociada a la genitalidad y a la belleza f&iacute;sica y eso nos esclaviza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestro colectivo ha vivido una sexualidad muy reprimida, buscando en las cloacas. Eso no es saludable. Aqu&iacute; les ense&ntilde;amos a que el placer es mucho m&aacute;s que eyacular&rdquo;, explica Armentero. La organizaci&oacute;n ofrece servicios sexuales: &ldquo;Aqu&iacute; la gente no llega y dice: 'Quiero una paja'. Bueno, igual s&iacute;, pero no funciona de esa forma. Es un proceso. &iquest;Quieres sexo? Vale, vamos a ver c&oacute;mo. Hay personas enfermas que ya ni tienen erecciones. Con ellos pasas m&aacute;s tiempo lav&aacute;ndoles el cuerpo, les das aceite, les acaricias durante el ba&ntilde;o, les masajeas, les tocas el pene... No es algo impuesto o algo que nosotros creamos que necesitan. Se habla y seg&uacute;n lo que la persona demanda, se hace&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s es uno de los usuarios de este servicio. Si la persona lo puede costear, la fundaci&oacute;n solo les ayuda a encontrar a alguien adecuado: &ldquo;Nuestra gente tiene muchos complejos. Unos con c&aacute;ncer de pr&oacute;stata, otros con VIH, otros que creen que su cuerpo da asco... Aqu&iacute; trabajamos con <em>escorts</em> que saben tratarles. Est&aacute;s muy equivocado si piensas: Tienes servicio de chapero, qu&eacute; bien'. Aqu&iacute; se trabaja la sexualidad, no se les masturba y ya est&aacute;. Les hacemos saber que tienen derecho a sentirse queridos y deseados, y que se puede hacer de una forma saludable&rdquo;, apunta Armentero.
    </p><p class="article-text">
        El rechazo erosiona la autoestima. Jes&uacute;s recuerda cuando contrat&oacute; los servicios de un prostituto: &ldquo;&Eacute;l eyacul&oacute; y cuando acab&oacute;, le dije: 'Me toca a m&iacute;'. Se neg&oacute;&rdquo;. Tambi&eacute;n cuando conoci&oacute; a otro hombre que le pidi&oacute; que no se quitase la camiseta: &ldquo;No me quer&iacute;a ver, le daba asco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La fundaci&oacute;n le puso en contacto con el <em>escort</em> que acude a su casa dos veces al mes: &ldquo;Le pago 200 euros. Es como un amigo, solo que &eacute;l se gana la vida as&iacute;. Llega y me da un beso, me acaricia, me escucha. A veces solo se tumba a mi lado y hablamos. Otras veces la cosa se anima un poco m&aacute;s&rdquo;, dice riendo.
    </p><h3 class="article-text">La brecha de g&eacute;nero</h3><p class="article-text">
        Iv&aacute;n Zaro, trabajador social de la asociaci&oacute;n Imagina M&aacute;s que asiste a prostitutos, explica que a las personas de m&aacute;s de 60 a&ntilde;os &ldquo;se les condena al ostracismo&rdquo; en el terreno sexual. &ldquo;A las mujeres, directamente, se les amputa el deseo&rdquo;. Algunos de los trabajadores sexuales que acuden a esta ONG ejercen para la Fundaci&oacute;n 26 de Diciembre: &ldquo;Los hombres mayores que requieren estos servicios est&aacute;n en una situaci&oacute;n de vulnerabilidad f&iacute;sica. A esas edades, si el prostituto quiere pegarle una paliza al cliente anciano, lo hace&rdquo;, se&ntilde;ala Zaro.
    </p><p class="article-text">
        El trabajador social apunta que el g&eacute;nero influye en las relaciones de poder que se establecen en la prostituci&oacute;n: &ldquo;En la masculina, la trata es pr&aacute;cticamente inexistente. Ya partiendo de esa base, es muy diferente el servicio que requiere un hombre gay anciano que el que pide un hombre hetero&rdquo;. Zaro tambi&eacute;n reconoce que apenas hay mujeres que hagan uso de este servicio.
    </p><p class="article-text">
        En la propia Fundaci&oacute;n 26 de Diciembre asumen que hay una brecha de g&eacute;nero: &ldquo;Hay muy pocas mujeres. Vienen sobre todo trans, y lo especifico porque son mujeres con pene que se han visto abocadas a ejercer la prostituci&oacute;n. Con ellas hacemos trabajo psicol&oacute;gico porque han aprendido que su sexo solo lo buscan aquellos hombres que se excitan cuando ven dos pechos y un pene en un mismo cuerpo. Es injusto para ellas. Est&aacute;n en los m&aacute;rgenes de los m&aacute;rgenes&rdquo;, se&ntilde;ala Federico Armentero.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Primero tienen que desaprender que no son simples objetos sexuales; despu&eacute;s intentamos que aprendan que hay muchos otros puntos de placer. A menudo, al hormonarse pierden deseo sexual. O simplemente, por presi&oacute;n social, el pene es algo traum&aacute;tico para ellas y rechazan alcanzar placer a trav&eacute;s de &eacute;l&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Dice Jes&uacute;s que le hubiese gustado no ser homosexual, tener una vida &ldquo;facilita&rdquo;. &ldquo;Acept&eacute; mi orientaci&oacute;n ya casi con 60 a&ntilde;os. Me habr&iacute;a gustado envejecer junto a alguien pero no pod&iacute;a decir: 'Mi novio'. Era 'el amigo con el que viv&iacute;a'. Cuando ya no tuve que esconderme m&aacute;s result&oacute; que ya era anciano&rdquo;. Su discurso no es el del romanticismo, sino el de alguien que sufre la soledad como si fuese un alimento abandonado en una nevera: &ldquo;No es que sea necesario estar con alguien, pero que estar solo sea una elecci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noemí López Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/anciano-gay-doble-discriminacion-sexual_1_3146774.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2017 18:03:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anciano y gay: la fórmula de la sexualidad escondida]]></media:title>
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