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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Franquelo-Giner]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel_franquelo-giner/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Franquelo-Giner]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El matadero en ARCO]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/matadero-arco_132_1671603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63380517-4cd6-4bb8-95c2-126565df4ba3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;El discurso del método&#039;, obra del artista Manuel Franquelo-Giner expuesta en ARCO 2019"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista Manuel Franquelo-Giner reflexiona en este artículo sobre su obra</p><p class="subtitle">Ornamentos materiales para un matadero</p><p class="subtitle">, que la Twin Gallery ha presentado en ARCO 2019</p><p class="subtitle">El mercado aún se muestra muy reticente a incorporar a sus colecciones obras que trabajan con la filosofía moral aplicada a los animales, como también lo estuvo a la hora de incorporar obras que trabajaron desde el feminismo</p><p class="subtitle">Para el ensayo del que parte este artículo Franquelo-Giner se ha inspirado en el libro</p><p class="subtitle">Meat, Modernity and the Slaughterhouse</p><p class="subtitle">, de Paula Young Lee</p></div><p class="article-text">
        A pesar de que el matadero moderno es posiblemente una de las instituciones ejemplares de la primera mitad del siglo XIX, los historiadores han pasado por alto su implicaci&oacute;n como un fen&oacute;meno urbano susceptible al an&aacute;lisis cultural y est&eacute;tico. Para acompa&ntilde;ar a mi propuesta art&iacute;stica, propongo reflejar tres cuestiones: la primera, que la separaci&oacute;n de los afectos entre seres humanos y animales no humanos aument&oacute; como un proceso intr&iacute;nseco de la Modernidad; la segunda, que la expulsi&oacute;n de la est&eacute;tica, la historia y la narrativa del matadero moderno fue una estrategia fundamental que reforzar&iacute;a esta brecha diferencial; y, la tercera, que la anestesia emocional hacia otras formas de vida no antropomorfas ha continuado asever&aacute;ndose a lo largo de la evoluci&oacute;n de los dos fen&oacute;menos anteriores.
    </p><p class="article-text">
        La violencia es, ante todo, un problema sist&eacute;mico que lleva tiempo preocupando especialmente al movimiento ecofeminista. Otorgar importancia a los valores &eacute;ticos del cuidado, como defienden, es una tarea capital a la hora de contrarrestar la destrucci&oacute;n acuciante de los recursos naturales y de sus valores asociados. Las soluciones a los problemas antropog&eacute;nicos son plurales y en la medida de lo posible deben considerarse desde un campo que ofrezca un punto de vista lo m&aacute;s panor&aacute;mico posible. En primer lugar, me gustar&iacute;a indicar que mi trabajo reconoce la &eacute;tica animal aplicada como una herramienta fundamental para extender la frontera moral actual hacia un horizonte relacional m&aacute;s inclusivo, que tambi&eacute;n considere los intereses y la agentividad de diversas especies sintientes, con sus m&uacute;ltiples aptitudes y diferencias. Y, en segundo lugar, tambi&eacute;n reconoce que politizar esta cuesti&oacute;n implica organizar la coexistencia entre humanos y no humanos de tal forma que los intereses de estos queden incluidos en la definici&oacute;n del bien com&uacute;n; y, m&aacute;s importante a&uacute;n, que esta tarea pasa por desarticular los diversos mecanismos que trabajan en el sentido opuesto.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la t&aacute;ctica del eterno retorno de lo reprimido es un recurso que ha sido empleado con profusi&oacute;n por la &eacute;tica animal a lo largo de su breve historia, y considero que la obra <em>Ornamentos materiales para un matadero</em> tambi&eacute;n comparte su mismo &iacute;mpetu. Esto es, desarmar el componente ideol&oacute;gico que impide o al menos dificulta ampliar el c&iacute;rculo de consideraci&oacute;n moral hasta un di&aacute;metro que sea lo suficientemente inclusivo como para&nbsp;incorporar otras formas de vida m&aacute;s all&aacute; del modelo normativo antropomorfo vigente. Aunque en raras ocasiones se ha visto con buenos ojos que los sentimientos reprimidos retornen a un primer plano, es preciso lidiar con los tab&uacute;es y revaluarlos como sociedad incluso cuando estos parezcan ir contra el sentido com&uacute;n. Tambi&eacute;n es necesario recuperar su historia.
    </p><p class="article-text">
        Me concentrar&eacute; en c&oacute;mo el contexto de la Modernidad propici&oacute; que se generara una suerte de pudor a que los ciudadanos tuvieran una experiencia fenomenol&oacute;gica grotesca, como era el sacrifico animal. En pocas palabras, este tab&uacute; se tradujo en una estrategia est&eacute;tica particular que he considerado oportuna analizar desde el punto de vista m&aacute;s amplio del ornamento. Esta aproximaci&oacute;n que he elegido tomar parte de la intersecci&oacute;n de la modernizaci&oacute;n de los mataderos con su repercusi&oacute;n est&eacute;tica para ofrecer una perspectiva renovadora de la oposici&oacute;n binaria entre humanos y animales no-humanos, as&iacute; como de su afianzamiento en el espectro p&uacute;blico. Esta tarea implica evaluar, entre otros asuntos, c&oacute;mo la funcionalidad y la estandarizaci&oacute;n minimizaron la reciprocidad entre ambas especies mediante la manipulaci&oacute;n de las experiencias fenomenol&oacute;gicas sumergidas en el proceso productivo animal. Este es el punto que m&aacute;s me interesa.
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        El rechazo generalizado a que los mataderos fuesen objeto de la ornamentaci&oacute;n no solo protagoniz&oacute; un papel remarcable en el marco de su modernizaci&oacute;n, sino mucho m&aacute;s. Fue, ante todo, una transformaci&oacute;n hacia la raz&oacute;n instrumental que revertir&iacute;a al poco tiempo en un &aacute;mbito m&aacute;s amplio y generalizado de la sociedad, que hoy analizamos pregunt&aacute;ndonos por qu&eacute; resultar&iacute;a inc&oacute;modo contemplar un matadero industrial ornamentado con numerosos y cuidados estucados y con formas voluptuosas de cemento. Aunque a priori la sensaci&oacute;n inquietante que produce imaginarlo no parezca guardar relaci&oacute;n alguna con los animales <em>per se</em>, es importante hacer una pausa para prestarle la atenci&oacute;n necesaria. Como bien afirm&oacute; el feminismo del &uacute;ltimo tercio del siglo veinte, es crucial analizar las relaciones de poder en su cotidianidad y, como tambi&eacute;n indic&oacute; Slavoj Zizek, hemos de tener en cuenta que la violencia objetiva representa el peligro de mayor apremio, pues es inherente al estado normal de las cosas. La modernizaci&oacute;n de los mataderos no ha de analizarse, entonces, como un hecho infraordinario y banal, sino como una manifestaci&oacute;n extremadamente relevante de un sistema de dominaci&oacute;n que ha instaurado un menosprecio generalizado por tal acontecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Si la producci&oacute;n industrial de cuerpos no-humanos se ha caracterizado por ejercerse bajo el paraguas de una arquitectura impenetrable, si la movilidad de sus cuerpos depende de una log&iacute;stica primariamente nocturna, si su praxis ha progresado en virtud de externalizar los sentimientos desencontrados, entonces, estaremos de acuerdo en que el matadero es una instituci&oacute;n abandonada al misterio. Este mismo oscurantismo representa una propiedad capital de la violencia a la que estamos tratando de aproximarnos desde el punto de vista de la est&eacute;tica y, tambi&eacute;n, desde la sospecha que incita mi obra. En este proceso, es fundamental aislar el &aacute;rbol del bosque.
    </p><p class="article-text">
        El primer objetivo, entonces, ser&aacute; indicar cu&aacute;l fue la singularidad que opuso la modernizaci&oacute;n del matadero a otras industrias propias de la revoluci&oacute;n industrial. Esta diferencia, adem&aacute;s, es inmutable. El matadero contin&uacute;a someti&eacute;ndose a la probabilidad de un aluvi&oacute;n de juicios morales que, sin duda, le empujan a reprimir un porcentaje elevado de la realidad de su proceso productivo. Por esta raz&oacute;n, nuestro consumo c&aacute;rnico en la tienda es la culminaci&oacute;n de un largo proceso que, a excepci&oacute;n de su producto final, se oculta delicadamente ante nuestros ojos.
    </p><p class="article-text">
        La memoria tambi&eacute;n es un factor relevante en juego, pues sin la posibilidad de recordar ser&iacute;a imposible ejercer un juicio ajustado a las condiciones que se presentan. El matadero industrial ha logrado interiorizar y aprovecharse con &eacute;xito de esta situaci&oacute;n. Si estudiamos con detenimiento su estrategia productiva, resulta evidente que comparte numerosas similitudes con el modelo funcional de una caja negra, donde el usuario tan solo conoce los datos que entran y los que salen. Transponi&eacute;ndolo a nuestro caso, conocemos que los animales vivos entran por la puerta frontal y que la carne sale por la puerta trasera, pero la realidad es que las im&aacute;genes que conocemos de su punto intermedio han sido obtenidas, en su mayor&iacute;a, por irrupciones de activistas que nos ofrecen una ingeniera inversa de su proceso productivo. El recuerdo y la conmemoraci&oacute;n tambi&eacute;n guardan una relaci&oacute;n significativa con la escala. Si la monumentalidad de las instituciones que brotaron en aquella &eacute;poca desempe&ntilde;&oacute; esta y otras funciones, el matadero concentr&oacute; sus esfuerzos en la p&eacute;rdida de memoria y en la implacable negaci&oacute;n de la narrativa e historia que lo deber&iacute;a acompa&ntilde;ar. Como las prisiones, los crematorios o los desag&uuml;es, los mataderos industriales son servicios oprimidos culturalmente como necesidades embarazosas, masivas en escala, pero sin su habitual monumentalidad simb&oacute;lica. Una sensaci&oacute;n similar emerge cuando se contempla la posibilidad de ornamentar un matadero industrial, ya que obliga a fijar la mirada sobre un espacio del que ha sido progresivamente desahuciada.
    </p><p class="article-text">
        No ser&iacute;a extra&ntilde;o imaginarnos a Goya ornamentando un matadero industrial en una continuaci&oacute;n de sus conocidos 'Disparates'. No obstante, para una gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n carecer&iacute;a de sentido especular m&aacute;s all&aacute; de las necesidades productivas que engendran su endiablada cadena de desmontaje. Las cuales, siendo precisos, no difieren sustancialmente de una f&aacute;brica con una producci&oacute;n centrada en instalar motores para electrodom&eacute;sticos, ni tampoco de donde se produjo el veh&iacute;culo 1908 modelo T de Ford. Salvo que, en este caso, la materia prima que estamos tratando es la vida misma. La obsolescencia programada habitual en un elevado n&uacute;mero de productos mec&aacute;nicos fabricados en estas empresas, tambi&eacute;n guarda una relaci&oacute;n l&oacute;gica con la vida en el proceso productivo animal. Como sabemos, la esperanza de vida de los animales ha quedado minimizada a un porcentaje mucho menor de su expectativa como especie, ya que &eacute;sta es regulada seg&uacute;n las leyes de la m&aacute;xima productividad. Por ejemplo, las vacas lecheras tan solo viven cinco a&ntilde;os de los veinte potenciales que pueden llegar a vivir.
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        Si retrocedemos en el tiempo, esta relaci&oacute;n entre factor&iacute;as tan dispares como son la automotriz y la c&aacute;rnica la explica una directriz redactada en un compendio que fue publicado poco despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n Francesa: el C&oacute;digo Napole&oacute;nico insist&iacute;a en que sus construcciones deb&iacute;an ser s&oacute;lidas y nada m&aacute;s, para ahorrar altos costes, y que deb&iacute;an de ser borradas de toda ambici&oacute;n de la arquitectura y de la ornamentaci&oacute;n. Aunque se dieron excepciones, los mataderos municipales posteriores a esta publicaci&oacute;n generalmente acataron un dise&ntilde;o normativo, inexpresivo y banal. La est&eacute;tica, que anteriormente hab&iacute;a colaborado en la importante tarea de traducir la muerte a trav&eacute;s de los procesos educativos de la sociedad, reajust&oacute; sus valores para maximizar la higiene y la eficiencia modernas en su lugar. El proyecto dise&ntilde;ado para el matadero de Rochechouart a finales del siglo XIX supuso un incremento de estos valores y tambi&eacute;n un punto de inflexi&oacute;n en la exaltaci&oacute;n de la oposici&oacute;n binaria cultura-animal, que posteriormente criticar&iacute;a el pensamiento postmoderno desde posiciones posthumanistas como es la que nos ofrece Donna Haraway. De cualquier forma, aunque el arquitecto comisionado para construir el matadero mantuvo el &iacute;mpetu por a&ntilde;adir figuras animales que vinculaban su existencia a la estructura formal del matadero, tal sugerencia fue interpretada por la comunidad como una pr&aacute;ctica il&oacute;gica, pasada de moda y verdaderamente anti progresista.
    </p><p class="article-text">
        Poco antes del comienzo del siglo XX, el margen para el ejercicio libre de la est&eacute;tica y la narrativa era verdaderamente escueto, si no un motivo de burla a ojos de los ingenieros y urbanistas de la &eacute;poca. De una forma u otra, tanto los arquitectos como sus colaboradores deb&iacute;an atenerse a las normas impuestas por los c&aacute;nones modernistas y esto implicaba que los mataderos adoptaran el sistema y la apariencia de cualquier otra factor&iacute;a, considerando a sus vacas y ovejas, no como animales, sino como carne esperando a ser cosechada por una infraestructura progresivamente mecanizada. Esta nueva visi&oacute;n no difer&iacute;a mucho de la herencia anterior, pues los animales ya eran esencialmente m&aacute;quinas que convert&iacute;an el forraje de bajo precio en carne de alto valor.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de la cosmovisi&oacute;n utilitarista que gobernaba el siglo&nbsp;XIX en relaci&oacute;n a los animales, estos no entraron por primera vez en la imaginaci&oacute;n de los humanos como carne cosechada. Uno de los puntos que me gustar&iacute;a se&ntilde;alar es precisamente este. Numerosas tribus del pasado compart&iacute;an un profundo deseo por aproximarse al mundo animal y esta raz&oacute;n les llevaba a organizar rituales a su alrededor para promover una suerte de ecoafinidad. La celebraci&oacute;n serv&iacute;a generalmente como una estructura educativa, est&eacute;tica y narrativa que fomentaba los valores del cuidado y del respeto por el mantenimiento ecol&oacute;gico de la Naturaleza. En tiempos primitivos, por ejemplo, los motivos que desembocaban en rituales eran primordialmente religiosos y la manipulaci&oacute;n socializadora de los s&iacute;mbolos apareci&oacute;, en parte, en beneficio de minimizar la molesta contradicci&oacute;n que entra&ntilde;aba estimar a los animales y darles muerte. Entre otras funciones, estos actos comunitarios se encargaban de lidiar, no solo con la tesitura moral que supon&iacute;a dividir a un animal en sus partes, sino tambi&eacute;n con el malestar que implicaba subordinar el reino animal a los placeres ef&iacute;meros de los seres humanos, como bien indic&oacute; Karen Warren en relaci&oacute;n a la tribu ind&iacute;gena sioux.
    </p><p class="article-text">
        Aunque esta postura suponga un problema desde el punto de vista de la &eacute;tica animal, creo que es vital reconocer que representa un mal menor en comparaci&oacute;n con la apat&iacute;a que se desarrollar&iacute;a posteriormente en el seno de las sociedades occidentales y que avanzar&iacute;a a un ritmo cercano a su proceso de modernizaci&oacute;n. Como he mencionado, a pesar de que tal v&iacute;nculo sea irrelevante e incluso criticable a efectos de la vida del animal, estoy de acuerdo en que algunos rituales primitivos previos a la Modernidad establec&iacute;an una suerte de reciprocidad ecol&oacute;gica entre humanos y animales, y que esta relaci&oacute;n era una manera efectiva de proteger un v&iacute;nculo significativo que asum&iacute;a la posici&oacute;n vulnerable y nunca jer&aacute;rquica de ambas especies. A falta de ahondar en el amplio debate que engendra esta postura, tanto en la corriente atomista como en la corriente holista de la &eacute;tica ambiental, animal y feminista, mi postura es indecisa. Considero que apoyarse en este v&iacute;nculo de afinidad entre ambas especies es una forma fraudulenta de hablar en t&eacute;rminos morales, ya que los animales sufren de una forma o de otra, pero, sin que sirva de pretexto, tambi&eacute;n acepto que lo que vino posteriormente tuvo una repercusi&oacute;n muy negativa a niveles conceptuales que posteriormente se traducir&iacute;an en actitudes reales.
    </p><p class="article-text">
        El aumento de la brecha diferencial entre ellos y nosotros estaba subordinado a que la preparaci&oacute;n de los animales para el consumo desapareciera del ojo p&uacute;blico para finalmente retraerse a un espacio privado e imaginativo. John Berger indic&oacute; que el trato de los animales en la pintura rom&aacute;ntica del siglo&nbsp;XIX ya afirmaba su inminente desaparici&oacute;n. Esas im&aacute;genes eran de animales retray&eacute;ndose a un estado salvaje que solo exist&iacute;a en la imaginaci&oacute;n. La gesti&oacute;n fenomenol&oacute;gica de la presencia y el recuerdo cobr&oacute; un protagonismo remarcable en este contexto hist&oacute;rico. Antes de que se acabara con el <em>laissez faire</em> de los mataderos previos a su regulaci&oacute;n, los animales eran sacrificados en una constelaci&oacute;n desordenada de cub&iacute;culos maltrechos y putrefactos que serv&iacute;an de espect&aacute;culo a ni&ntilde;os que se amontonaban, con sus rostros estupefactos, al vislumbrar la intermitente agon&iacute;a de los animales. Aunque numerosos ni&ntilde;os estaban habituados a trabajar en los mataderos, en algunas localidades frecuentar los mataderos y presenciar la agon&iacute;a de las v&iacute;ctimas de los carniceros se convirti&oacute; casi en un pasatiempo para los j&oacute;venes de ambos sexos. Esta familiaridad con tales escenas de sangre era considerada como una influencia amoral preocupante. En aquellos a&ntilde;os, los expertos ya adujeron una relaci&oacute;n causal entre los juegos de los ni&ntilde;os que atormentaban a los animales y la tiran&iacute;a dom&eacute;stica que el hombre adulto ejercer&iacute;a sobre sus esposas, hijos y servidores.
    </p><p class="article-text">
        Por este y otros motivos, las m&aacute;quinas imp&iacute;as irrumpieron para sustituir a los humanos en el desempe&ntilde;o de las funciones m&aacute;s tediosas y abominables que acompa&ntilde;aban al tormentoso sacrificio <em>ad infinitum</em> de los animales. A pesar de que las maquinas aliviaron el peso moral impl&iacute;cito en un mercado econ&oacute;mico globalizado que ya sacrificaba animales a un ritmo sin parang&oacute;n, la automatizaci&oacute;n de estas tareas inaugur&oacute; dos nuevas trabas relacionadas con la importante y subversiva opci&oacute;n de dar testimonio. La primera ya la hemos repasado, la modernizaci&oacute;n del matadero tradujo sus consecuencias en una desconexi&oacute;n sin precedentes entre el ser humano y el animal. Sin embargo, la segunda inaugur&oacute; una divisi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica remarcable entre la realidad y la met&aacute;fora de los conceptos que se gestaban en el &aacute;mbito del nuevo modelo de matadero municipal. En relaci&oacute;n a los malabares ling&uuml;&iacute;sticos que se continuar&iacute;an desarrollando, la acad&eacute;mica Kiri Clafin escribi&oacute; un comentario en un cap&iacute;tulo que dedic&oacute; al matadero de La Villette en el Par&iacute;s del siglo XIX. En &eacute;l explicaba que los empleados de la llamada Ciudad de Sangre utilizaban un lenguaje que ofuscaba la realidad y que, adem&aacute;s, manten&iacute;a a los ciudadanos que viv&iacute;an en sus proximidades ajenos a su cultura. Cuando charlaban entre ellos en referencia a las partes de un animal, se conoce que los hombres del <em>abattoir</em> compart&iacute;an un lenguaje especial que incluso un profesor de anatom&iacute;a apenas reconocer&iacute;a. Por lo tanto, el com&uacute;n denominador y tambi&eacute;n el quid de la cuesti&oacute;n parece ser el inter&eacute;s por parte de la cultura dominante de no hacer claro aquello de lo que es signo.
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        El proceso civilizador implic&oacute; una manipulaci&oacute;n verdaderamente elaborada de los signos para que &eacute;sta pudiera llevarse a cabo con la menor repercusi&oacute;n moral posible. La econom&iacute;a visual sembrada por los reformistas municipales deb&iacute;a esforzarse en reprimir la propiedad org&aacute;nica, salvaje, h&uacute;meda y visceral que, sin duda, encarnaban estos y otros actos. Las consecuencias m&aacute;s directas fueron, entre otras, espaciales. La mera posibilidad de que los consumidores cayeran en el tab&uacute; de &ldquo;observar a la m&aacute;quina en pleno funcionamiento&rdquo; fue minimizada cuando se desplazaron los mataderos a las afueras de la ciudad. Las razones tambi&eacute;n fueron a efectos higi&eacute;nicos, por supuesto. Edwin Chadwick afirm&oacute; que Berl&iacute;n era la ciudad m&aacute;s pestilente y sucia del mundo debido a la cantidad de micro mataderos clandestinos que, a pesar de su prohibici&oacute;n, a&uacute;n plagaban su ciudad. Las enfermedades como la triquinosis o la tuberculosis porcina eran habituales entre la poblaci&oacute;n de Par&iacute;s y su erradicaci&oacute;n fue uno de los grandes objetivos de las pol&iacute;ticas de higiene que tanto caracteriz&oacute; el proyecto de la Modernidad en Europa, y tambi&eacute;n en Am&eacute;rica, especialmente despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del libro <em>La jungla,</em> de Bob Sinclair.
    </p><p class="article-text">
        Este v&iacute;nculo inexorable entre la higiene, los animales y las m&aacute;quinas fue respaldado, tambi&eacute;n, por la influencia que continuaba ejerciendo la filosof&iacute;a mecanicista de Ren&eacute; Descartes. Recordemos que este fil&oacute;sofo clavo las patas del perro de su mujer a un tabl&oacute;n, para diseccionarlo vivo y demostrar que el perro era una m&aacute;quina sin alma, cuyos gritos de dolor no eran distintos al ruido que hac&iacute;an los muelles y los engranajes de un reloj al desmontarlo. De cualquier manera, el marco de la &eacute;tica tampoco estaba preparado para entrar de lleno en la defensa intelectual de los animales. Al menos no en toda su extensi&oacute;n. En ese momento, la raz&oacute;n prevalec&iacute;a sobre los sentimientos en la concepci&oacute;n m&aacute;s extendida de la &eacute;tica, y estos eran considerados como una debilidad indeseable cercana a la figura femenina. Con todo el sentido que este contexto le podr&iacute;a otorgar, Le Corbusier declar&oacute; que una casa era una maquina donde vivir, aunque podr&iacute;a haber declarado, en su lugar, que un matadero se convirti&oacute; en una m&aacute;quina donde morir.
    </p><p class="article-text">
        Para los expertos en el campo, la implementaci&oacute;n del modelo industrial del matadero puso de manifiesto los &uacute;ltimos avances en la maestr&iacute;a tecnol&oacute;gica de la naturaleza. Aqu&iacute; es donde es posible aducir la existencia de una misma l&oacute;gica interconectada de dominaci&oacute;n, aunque matizable seg&uacute;n los casos, que a&uacute;na a la mujer, a los animales, a las personas racializadas y a otras minor&iacute;as. Como Alicia Puleo o Val Plumwood han concluido, estoy de acuerdo en que la dominaci&oacute;n es un problema sist&eacute;mico que ha de formularse en conjunto, sin olvidar los casos particulares y aproxim&aacute;ndose desde distintas disciplinas que, por supuesto, no siempre estar&aacute;n de acuerdo. En este sentido, es preciso recordar que todas las formas de opresi&oacute;n est&aacute;n conectadas, pues se basan en una forma com&uacute;n de organizaci&oacute;n del mundo. El pensamiento binario es sin duda la forma por defecto. No obstante, all&aacute; donde la raz&oacute;n no llegue por los motivos que fueren, los sentimientos deber&aacute;n entrar en juego, no como oposici&oacute;n a esta, sino como una continua complementaci&oacute;n bilateral. Como bien recordaba John Stuart Mill con respecto al sexismo, la mayor&iacute;a de los prejuicios no se basan en la raz&oacute;n, sino en la costumbre y en sentimientos profundos, con lo que los argumentos racionales no son suficientes para rebatir esta situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, el arte contempor&aacute;neo tiene por costumbre trascender los valores estrictamente racionales y, en general, toda clasificaci&oacute;n que establezca una divisi&oacute;n r&iacute;gida entre sus partes. Aunque es cierto que est&aacute; afianz&aacute;ndose una afinidad especial por las nuevas formas de pensar en torno a las minor&iacute;as en el contexto del arte, todav&iacute;a queda mucho trabajo por hacer. El mercado a&uacute;n se muestra muy reticente a incorporar a sus colecciones obras que trabajan con la filosof&iacute;a moral aplicada a los animales, como tambi&eacute;n lo estuvo a la hora de incorporar obras que trabajaron desde el feminismo.
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras, la obra <em>Ornamentos materiales para un matadero</em> ironiza, a trav&eacute;s de un ornamento de tres metros de longitud dise&ntilde;ado en tres dimensiones, impreso y vaciado en cemento, sobre la incoherente posibilidad de devolver ese v&iacute;nculo referencial que la higiene y la extrema funcionalidad de la modernidad eliminaron. Sin duda, la carne es la m&aacute;s m&aacute;gica y hechizante de las mercanc&iacute;as. Una que justo aparece, sin dejar apenas rastro de su brutal origen. Pero&hellip;, &iquest;y si el arte tambi&eacute;n fuese as&iacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Franquelo-Giner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/matadero-arco_132_1671603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Mar 2019 20:17:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El matadero en ARCO]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ARCO - Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid,Ecofeminismo,Explotación animal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artista Franquelo-Giner reflexiona sobre la opresión hacia los animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/exposicion-franquelo-giner-reflexiona-opresion-animales_132_3144062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33f962d2-a7f5-489b-a298-0663bd3d1321_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Detalle de la obra &#039;El adoctrinamiento&#039;, de Manuel Franquelo-Giner"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista asegura que "sentará a muchos como como un baño de agua fría" porque su obra es de las escasas que reflexiona sobre la opresión hacia los animales y los sistemas ocultos que la construyen</p><p class="subtitle">Para Franquelo-Giner la importancia del animalismo en la sociedad actual no procede únicamente de ser un movimiento que lucha por el derecho de los animales, sino de ser la mejor ecología de inclusión y respeto hacia la vida en nuestro planeta</p><p class="subtitle">La exposición consta de cinco piezas multidisciplinares y de gran formato</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Hasta el pr&oacute;ximo 21 de octubre,&nbsp;en el espacio madrile&ntilde;o&nbsp;<a href="http://twingallery.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Twin Gallery,</a> podr&aacute; verse la segunda exposici&oacute;n individual de <a href="http://www.manuelfranqueloginer.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Manuel Franquelo-Giner</a>, titulada <em>Poli&eacute;ster: en la flor sint&eacute;tica de la existencia</em></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Me ha pedido Rafael Doctor Roncero que hable sobre mi obra, tras unos encuentros donde tuvimos el placer de reunirnos varios artistas y agentes del mundo del arte para intercambiar nuestro trabajo de forma horizontal. Como muchas de las cosas maravillosas que se crean en esta vida.
    </p><p class="article-text">
        Resulta muy dif&iacute;cil hablar de mi obra sin contar, de forma muy breve, el contexto que en cierta manera la hizo posible. No nac&iacute; en Nueva York, aunque el extrarradio madrile&ntilde;o ya quedaba lejos para alguien que viv&iacute;a en Ant&oacute;n Mart&iacute;n. Como ya se sabe, a principios de los a&ntilde;os noventa la vida rural llevaba sufriendo una di&aacute;spora hacia los n&uacute;cleos urbanos, hasta bien entrado el milenio. Fue por esos a&ntilde;os cuando la democratizaci&oacute;n del ordenador e internet entr&oacute; dando el codazo m&aacute;s que la mano, prometiendo ordenar en megas todo el desastre acumulativo que ha venido d&aacute;ndose desde los a&ntilde;os 50 hasta la fecha.
    </p><p class="article-text">
        Tuve mi primer ordenador con 6 a&ntilde;os pero no entend&iacute; lo que era la morcilla, ni la diferencia entre una gallina y un pollo hasta bien entrado en edad. Vi los primeros seres vivos que no fueran humanos en un <em>display</em> totalmente sint&eacute;tico: zoos en los que -a pesar de haberme criado en un centro de ense&ntilde;anza libre- no fui capaz de escarbar la tristeza de los animales. La traca final fue pensar que las chucher&iacute;as estaban hechas de alg&uacute;n ingrediente m&aacute;gico, al menos eso rondaba en mi cabeza por aquel momento. La lente de un ojo humano no es muy eficiente a la hora de enfocar aquello que est&aacute; muy cercano. Result&oacute; que los grandes problemas que a menudo no se ven est&aacute;n en esta distancia inoperativa, sobre todo cuando son grandes. La reflexi&oacute;n vino m&aacute;s pronto que tarde, por suerte.
    </p><p class="article-text">
        Me mud&eacute; campo adentro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, donde le&iacute; mucho sobre arte contempor&aacute;neo gracias a mi padre, que tambi&eacute;n es artista. Entre otras cuestiones me pregunt&eacute; si habremos sido la primera generaci&oacute;n en carecer de inter&eacute;s por el proceso y el origen de la vida, y en definitiva de lo natural. Mi retorno a las formas de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n locales signific&oacute; averiguar lo poco que sab&iacute;a sobre cosas que en la ciudad se dan por hecho. En ese momento tuve claro que si ten&iacute;a que estructurar aquello que el arte denomina como&nbsp;<em>statement&nbsp;</em>iba a ser desde dentro hacia fuera.
    </p><p class="article-text">
        Por lo pronto me pregunt&eacute; -por mi&nbsp; afici&oacute;n a leer teor&iacute;a cr&iacute;tica de cuando en cuando- sobre aquellos procesos que corren en un segundo plano y que afectan, de manera significativa, a la forma en la que vivo y me relaciono. &iquest;De d&oacute;nde viene la comida que consumo? &iquest;Qui&eacute;n decide lo que comemos? &iquest;Es realmente necesario el sufrimiento animal? &iquest;Hay alternativas?&nbsp;&nbsp;
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        Sin duda, hay sistemas que han sido creados y se crear&aacute;n para perpetuar el desconocimiento de todos. La <em>granja-escuelaificaci&oacute;n</em> iniciada a comienzo de los a&ntilde;os 80 da cuenta de c&oacute;mo fueron y siguen siendo un instrumento esencial para representar la realidad y convertirla, al fin y al cabo, en una fantas&iacute;a. &iquest;Acaso se muestra all&iacute; c&oacute;mo se aparta a un ternero de su madre para obtener leche? No hay que desesperar, los santuarios se est&aacute;n organizando poco a poco para contar lo mucho tienen que transmitir en este sentido. Siempre he cre&iacute;do y creer&eacute; que la mejor forma de hacer activismo a largo plazo est&aacute; en la educaci&oacute;n en manos sensibles.
    </p><p class="article-text">
        Toda esta introducci&oacute;n tiene un porqu&eacute;. Llevaba un tiempo leyendo art&iacute;culos sobre feminismo, ecologismo y documentales sobre la industria de la alimentaci&oacute;n, cuando le&iacute; dos libros que resultaron ser reveladores: uno de ellos fue <em>Las pol&iacute;ticas sexuales de la carne</em>, de Carol J. Adams, una teor&iacute;a cr&iacute;tica feminista y vegetariana inspirada en el famoso libro de Kate Miller <em>Pol&iacute;ticas sexuales</em>; y el segundo, un art&iacute;culo de Arne Naess, 'The Three Great Movements', escrito en el 92. Este &uacute;ltimo sirve para cerrar mi introducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se estaba haciendo tan mal, a falta de matices y a pesar de una tendencia exacerbada del ser humano hacia su autodestrucci&oacute;n. Arne Naess describi&oacute; el activismo de final siglo XX, en tres grandes movimientos: el pacifismo, los derechos humanos y el ecologismo. &iquest;C&oacute;mo se relacionan esos movimientos a d&iacute;a de hoy? A&uacute;n existen debates acalorados sobre si para ser pacifista hay que ser necesariamente feminista, o bien si para ser feminista hay que ser necesariamente ecologista, entre otros casos. En este sentido, &iquest;habr&aacute; reconciliaci&oacute;n entre el movimiento animalista y el ecologista, como desarrolla l&uacute;cidamente Ernesto Castro C&oacute;rdoba en parte de su ponencia titulada 'Goodbye Meat Eaters'?
    </p><p class="article-text">
        Parece ser, en definitiva, la suma necesaria de ecologismo, feminismo y pacifismo la que sin duda -en t&eacute;rminos generales- traer&iacute;a la empat&iacute;a necesaria para el bien de casi toda forma de vida, a mi modo de ver.
    </p><p class="article-text">
        Esto conecta directamente con la galer&iacute;a comercial de arte y su funci&oacute;n. La colaboraci&oacute;n entre la galer&iacute;a y el mecenas es extremadamente &uacute;til para transmitir ideas como la anterior. Al fin y al cabo la colecci&oacute;n es -entre otros procesos- un di&aacute;logo entre distintas partes. Quiero pensar que si tienen un sentido cr&iacute;tico, tendr&aacute;n una funci&oacute;n esencial para las generaciones del futuro. Es, en efecto, lo que terminar&aacute;n por observar, estudiar y aprender. Creo que la relaci&oacute;n entre la galer&iacute;a y el coleccionista es esencial en este aspecto, aparte de apoyar al artista mediante la compra. Twin Gallery, que es la galer&iacute;a joven que me representa en Espa&ntilde;a, est&aacute; haciendo una gran labor en este sentido, no solo desde este punto de vista, sino tambi&eacute;n desde otros, como desde el feminismo con el trabajo de la artista Valle Galera, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Twin no es de las galer&iacute;as m&aacute;s comerciales y aun as&iacute; no es una tarea sencilla la de calcular un balance entre el mercado y la cr&iacute;tica. Este punto es extremadamente delicado y fr&aacute;gil: &iquest;tiene sentido venderle arte cr&iacute;tico con la industria de la alimentaci&oacute;n a un coleccionista que come comida basura? &iexcl;Por supuesto! Lo importante quiz&aacute;s est&eacute; en lo siguiente: alg&uacute;n d&iacute;a -si el coleccionista quiere- la obra se mover&aacute; en alg&uacute;n tipo de circuito p&uacute;blico, donde alg&uacute;n padre o un ni&ntilde;o como yo puedan reflexionar sobre ello al salir de la exposici&oacute;n. Para eso est&aacute;n las estructuras pedag&oacute;gicas del museo 2.0, para activar, entre otras cosas, las colecciones. No se trata de cambiar el mayor n&uacute;mero de mentes posible, sino de hacer pensar al menos a una para que se mantenga el pensamiento cr&iacute;tico, o a dos para que aumente. La l&oacute;gica del mercado del arte puro y duro va por otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Hacer encajar cada obra en estas variables tampoco result&oacute; ser sencillo. La segunda exposici&oacute;n individual ha sido, de alguna forma, replantearse este reto con la voluntad de que adquiriese un sentido m&aacute;s comprometido, depurado y manteniendo el rigor de los discursos que me interesan dentro del arte contempor&aacute;neo. A pesar de leer muchos textos en contra de ello, cada vez estoy m&aacute;s convencido de que el ecosistema del arte evitar&aacute; entrar en un grave conflicto, si existe por su parte un inter&eacute;s inclusivo, horizontal y renovador hacia la vida. Si es que ocurre una gran cat&aacute;strofe, el arte deber&aacute; ser &uacute;til para sobrevivir y quiz&aacute;s est&aacute; tirando por ah&iacute;, con la que se nos viene encima.
    </p><p class="article-text">
        Dejando atr&aacute;s el recorrido hasta la exposici&oacute;n, el texto de Carol J. Adams result&oacute; ser esencial para la intimidad de los significados dentro de la muestra. La autora viene a decir, entre otras cosas, un t&eacute;rmino crucial: la p&eacute;rdida de la conexi&oacute;n con el animal vivo viene a darse por una met&aacute;fora muy simple: &iquest;acaso hay alguna relaci&oacute;n directa entre la palabra carne y un cad&aacute;ver? No existe porque no interesa que el ni&ntilde;o, por ejemplo, establezca una conexi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de lo sublime en Kant. No es de extra&ntilde;ar que sea complicado dar cuenta de ello, la industria c&aacute;rnica siempre ha sido una suerte de<em> black-box</em> en un accidente a&eacute;reo. Ni se sabe cu&aacute;l es su funcionamiento interno, ni le importa a la sociedad por una raz&oacute;n clave: se quiso desligar el consumo animal de la necesidad de ejercer un juicio moral.
    </p><p class="article-text">
        Filosof&iacute;a aparte, cada obra de la exposici&oacute;n la he concebido como una forma de reflexionar sobre una serie de hechos que preocupan no solo al arte contempor&aacute;neo, sino al desarrollo de la teor&iacute;a animalista, a saber:
    </p><h4 class="article-text">La fragmentaci&oacute;n</h4><p class="article-text">
        Que se pueda hacer una operaci&oacute;n bancaria compleja desde un Apple Watch mientras se hace <em>trail</em> delante de un monitor que reproduce un parque natural en pixeles, es un hecho que describe lo terrible del capitalismo moderno actual. Entre otras cosas, no soporto los gimnasios convencionales por esa raz&oacute;n. Carol J. Adams vino a decir que este modelo fue posible por la industrializaci&oacute;n de la fragmentaci&oacute;n animal: Henry Ford se fij&oacute; en los mataderos de Chicago, creando la cadena de montaje que tanta tristeza provoc&oacute; a principios de siglo. M&aacute;s tarde ocurri&oacute; lo inverso, el modelo productivo c&aacute;rnico actual tom&oacute; el modelo sloaniano de autom&oacute;viles: los cuerpos de animales vendr&iacute;an a producirse como distintos modelos de coche, con m&aacute;quinas vers&aacute;tiles y variando seg&uacute;n la demanda que se genere. Para m&iacute;, hablar de animalismo es hablar del capitalismo integrado y de toda una estructura de poder basada en el lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        Para esta ocasi&oacute;n, cre&eacute; una pieza que hablase de esto. Se model&oacute; en 3D la cabeza de un cerdo para dividirse en varios bloques de cristal, grabado por l&aacute;ser, siguiendo los datos tridimensionales. El aspecto de los bloques vendr&iacute;a a tomar la est&eacute;tica del souvenir barato de empresa y su presentaci&oacute;n se inspir&oacute; en el display utilizado por Jeff Koons, en gran parte sobre su serie al culto de objetos populares.
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                </figure><h4 class="article-text">El adoctrinamiento</h4><p class="article-text">
        Vender trozos cocinados de costillas, v&iacute;sceras y otros deshechos en los que incontables seres vivos han perdido su vida, seguramente de una forma atroz, no puede llevarse a cabo sin una estructura especial. Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, introdujo estrategias propagand&iacute;sticas y jug&oacute; con v&iacute;nculos sentimentales hacia el producto, como si de una ingenier&iacute;a se tratara. No fue coincidencia que trabajara para la industria de la alimentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La industria de la chucher&iacute;a, y en especial la de Haribo, ha conseguido transformar lo terrible en lo amable, como si se tratara de un proceso alqu&iacute;mico. Que se acepten estos dogmas sin cuestionamiento alguno, viene a resumirse en la teor&iacute;a de la infantilizaci&oacute;n de occidente de Marcel Danesl. Entre otras cosas, el ser humano occidental sufre una regresi&oacute;n a lo infantil, exigiendo cada vez m&aacute;s a la vida y apenas par&aacute;ndose a entender el mundo que nos rodea. Es, en definitiva, una dictadura del impulso y del presente m&aacute;s estricto.
    </p><p class="article-text">
        Resulta ser una pr&aacute;ctica com&uacute;n utilizar el descampado conceptual de los ni&ntilde;os, aun por construir, para hacer fluir lo que quieren hacia los adultos.
    </p><p class="article-text">
        La pieza 'Baby Calf' toma como referente a un ternero degollado en un matadero para transformarlo en su representaci&oacute;n, tan perversa como amable: un peluche extremadamente colorido. Resulta interesante c&oacute;mo en la pieza existe un juego de realidades: la infantil, la del adulto y la distorsi&oacute;n de ambas.
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                </figure><h4 class="article-text">El referente ausente</h4><p class="article-text">
        En Windows el comando Alt+Cntrl+Supr revela una gran cantidad de procesos extra&ntilde;os en segundo plano y que son esenciales para el funcionamiento del entorno. Con toda probabilidad un gran porcentaje de usuarios desconoce el 95% de ellas. &iquest;Acaso importa, si funciona?
    </p><p class="article-text">
        Se pueden encontrar multitud de subprocesos en lo cotidiano e infraordinario del lenguaje diario. Al d&iacute;a se usan una media de veinte mil conceptos que se consideran nuestros. &iquest;Pero cu&aacute;ntos son impuestos? Resulta complicado encontrar un sistema sin brechas, que una hegemon&iacute;a como el patriarcado, pueda aprovechar.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de mis fotograf&iacute;as -casi de polic&iacute;a cient&iacute;fica-, de tablas de cortar y envases de espuma de poliuretano con post-its, tienen que ver con lo anterior. &iquest;C&oacute;mo la palabra 'carne&rsquo; ha logrado desligarse de un animal asesinado y desmembrado? &iquest;Cu&aacute;l es el sujeto y cu&aacute;l el objeto?
    </p><p class="article-text">
        De forma diametralmente opuesta, Dorothy Watson acu&ntilde;&oacute; la palabra &lsquo;vegan&rsquo; a primera mitad del siglo XX, una combinaci&oacute;n del principio y el final de &lsquo;vegetarian&rsquo;, despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n de la &uacute;ltima, reducida por el relato carn&iacute;voro. Encuentro un inter&eacute;s profundo en el lenguaje, su flujo de cambio y los poderes que la controlan.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Volkswagen Motors y otras empresas han venido ocultando las emisiones, con un software, en m&aacute;s de 11 millones de unidades durante varios a&ntilde;os, y China instala en Pek&iacute;n un parque &ldquo;natural&rdquo; para que lo disfruten todos sus ciudadanos, hecho en poli&eacute;ster. La traca final explota cuando Trump dice que el cambio clim&aacute;tico es, en su esencia, un cuento chino.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cumplir el deseo de un crecimiento infinito en un planeta finito es, de nuevo, una regresi&oacute;n al berrinche infantil por tenerlo todo. Cuando vi unos de mis calzoncillos dados de s&iacute;, pareci&oacute; una similitud de c&oacute;mo lo natural ha venido a deformarse &lsquo;a la fuerza&rsquo;. Juan L&oacute;pez de Uralde en <em>El planeta de los est&uacute;pidos</em> mencion&oacute; al planeta tierra como un motor que ha acabado en el desguace luego de haberlo reventado a kil&oacute;metros. Durante la crisis, gran parte de los parques con c&eacute;sped se secaron y fueron reemplazados por c&eacute;sped sint&eacute;tico cuya similitud era tan acertada como un tropez&oacute;n. Luego pens&eacute; si lo sint&eacute;tico es ahora lo nuevo natural. &iquest;Acaso hay diferencia?
    </p><p class="article-text">
        Joseph Beuys dijo que los animales son un &oacute;rgano externo del ser humano, espero que no haya que trasplantarlos de urgencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Franquelo-Giner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/exposicion-franquelo-giner-reflexiona-opresion-animales_132_3144062.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Oct 2017 18:34:08 +0000]]></pubDate>
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