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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Monereo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel_monereo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Monereo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La 'europeización': ¿elegir entre dos derechas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europeizacion-elegir-derechas_129_2778392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ac674bc-b26c-4a48-a2bf-21fc9a9e388e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las encuestas dicen algo que no deberíamos eludir: el PP y Ciudadanos, en su competencia y cooperación, se están convirtiendo en la fuerza mayoritaria y, lo que es más grave, están polarizando a la opinión pública en torno a ella</p></div><p class="article-text">
        Dej&eacute;moslo claro desde el principio. La especificidad espa&ntilde;ola era tan evidente que, con mucha frecuencia, no la hemos tenido en cuenta. Aqu&iacute;, en nuestro pa&iacute;s, era el &uacute;nico lugar &ndash;o casi- donde la izquierda crec&iacute;a y se desarrollaba. Alcanzar m&aacute;s de un 20% del voto era una singularidad que ten&iacute;a que ver con un 15M extremadamente potente y una conciencia democr&aacute;tica elevada de las nuevas generaciones. Desde sus inicios, este movimiento de democratizaci&oacute;n pol&iacute;tico social fue combatido con fiereza y a Unidos Podemos se le ha negado el derecho a ser una fuerza de gobierno en un pa&iacute;s que mutaba para peor.
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza de Ciudadanos fue conocida y reconocida desde el principio: una fuerza creada por los poderes f&aacute;cticos para neutralizar por el centro a Podemos y complementar al Partido Popular por la derecha. La llamada cuesti&oacute;n catalana ha cambiado muchas cosas y ha lanzado a Ciudadanos como la fuerza que mejor pod&iacute;a interpretar la reacci&oacute;n nacional-espa&ntilde;ola que el independentismo catal&aacute;n ha provocado. Por primera vez, el PP tiene un serio rival en su derecha, Ciudadanos est&aacute; imponiendo su agenda pol&iacute;tica y el PSOE, sin norte y sin impulso, apenas si es capaz de oponerse a un movimiento que afecta directamente a su centralidad pol&iacute;tica. Unidos Podemos ha sufrido un serio desgaste e intenta recomponerse ante una situaci&oacute;n pol&iacute;tica que cambia aceleradamente.
    </p><p class="article-text">
        Lo he se&ntilde;alado y lo repito: el independentismo catal&aacute;n ha obtenido una victoria que puede ser p&iacute;rrica y ha entrado en un proceso de desgaste que nadie sabe realmente hacia donde le llevar&aacute;. Para decirlo de otra forma, el independentismo ha hecho emerger la otra Catalunya, ha roto la comunidad y ha hecho emerger en todas partes el nacionalismo espa&ntilde;ol. Aqu&iacute; hab&iacute;a que hilar fino tambi&eacute;n y no equivocarse demasiado: el nacionalismo espa&ntilde;ol no es mayoritario en el conjunto del Estado y la mejor prueba de ello es que lo recoge y lo interpreta Ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a vive su condici&oacute;n de espa&ntilde;ola con mucha normalidad, razonablemente esc&eacute;ptica ante las grandes palabras, serenamente orgullosa de los progresos del pa&iacute;s y molesta ante tanta descalificaci&oacute;n sobre personas y lugares de las que se sienten parte. El desprecio a los sentimientos de las gentes, la incapacidad para entenderlas y, lo que es peor, su rechazo global, abren una sima entre intelectuales y sociedad que solo la derecha extrema o la extrema derecha pueden salvar. Lo que est&aacute; en juego es esta especificidad espa&ntilde;ola, entendida como un movimiento de democratizaci&oacute;n general del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que, en muchos sentidos, sigue representando Unidos Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas dicen algo que no deber&iacute;amos eludir: el PP y Ciudadanos, en su competencia y cooperaci&oacute;n, se est&aacute;n convirtiendo en la fuerza mayoritaria y, lo que es m&aacute;s grave, est&aacute;n polarizando a la opini&oacute;n p&uacute;blica en torno a ella. &iquest;Qu&eacute; es lo que desaparece? La izquierda, es decir, PSOE y Unidos Podemos como alternativa. Insisto, se empiezan a dar las condiciones en Espa&ntilde;a para que ocurra como en otros pa&iacute;ses europeos: la &uacute;nica opci&oacute;n pol&iacute;tica es elegir entre varias derechas y la desaparici&oacute;n de la socialdemocracia como fuerza de gobierno en el marco de una involuci&oacute;n autoritaria de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Es la venganza de las naciones y pueblos a la deriva tecnocr&aacute;tica, neoliberal y antidemocr&aacute;tica de unas instituciones de la Uni&oacute;n Europea al servicio de los poderes econ&oacute;micos fuertes. En todas partes, el mismo fen&oacute;meno: una izquierda sin proyecto aut&oacute;nomo propio que renuncia a un reformismo real y que, una y otra vez, acepta el chantaje de una plutocracia que cree llegado su momento para poner fin a la historia de la otra Europa, la que ha representado hist&oacute;ricamente la izquierda pol&iacute;tica y social. El europe&iacute;smo en este caso &ndash;es la verdadera orientaci&oacute;n- se torna en norteamericanizaci&oacute;n, en Estado m&iacute;nimo, en la producci&oacute;n social de hombres y mujeres que hacen suyos los postulados neoliberales, que conviven con ellos y los convierten en el horizonte insuperable de sus relaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a decir que exagero, que tiendo al catastrofismo y a una alarma no justificada en la realidad, pero lo que viene ahora es bastante previsible: una lucha dura &ndash; a veces ser&aacute; dur&iacute;sima- entre Ciudadanos y el PP, un PSOE desnortado que sue&ntilde;a con reducir pol&iacute;tica y electoralmente a Unidos Podemos con la esperanza de convencer a unos y a otros de que la verdadera anomal&iacute;a es la existencia de esta organizaci&oacute;n. Al final volvemos al principio, la especificidad de una Espa&ntilde;a marcada por el movimiento de los indignados y una fuerza alternativa que sigue teniendo grandes dimensiones electorales, sociales y pol&iacute;ticas. Se puede decir que los pr&oacute;ximos meses ser&aacute;n decisivos para las clases populares, para los j&oacute;venes y para todas las personas que siguen pensando que otra Espa&ntilde;a es posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Monereo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europeizacion-elegir-derechas_129_2778392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Feb 2018 20:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La 'europeización': ¿elegir entre dos derechas?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carlo Formenti, la variante populista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carlo-formenti-variante-populista_129_3022630.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af8137c0-0ad8-4121-8ea2-9e0f718d83f8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se podría decir que este sociólogo italiano ha ido elaborando una crítica del “uso capitalista” de las modernas tecnologías de la información y la comunicación</p></div><p class="article-text">
        No se trata de un fantasma, es algo m&aacute;s material, m&aacute;s molecular, m&aacute;s consistente: la emergencia de una izquierda soberanista. Entend&aacute;monos, una izquierda que pretende reconciliar de nuevo emancipaci&oacute;n social, soberan&iacute;a popular y reconstrucci&oacute;n de un Estado democr&aacute;tico avanzado. Lo de volver a reconciliar tiene que ver con invertir la ruta que durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os ha opuesto estos valores a la izquierda realmente existente consider&aacute;ndolos como reliquias de un pasado que no volver&aacute; o, a&uacute;n peor, obst&aacute;culos que hay que superar para enfrentarse a los retos de esta modernidad tard&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo vivimos cada d&iacute;a, a veces, como aqu&iacute; y ahora en Espa&ntilde;a, dram&aacute;ticamente. Primero, se toma nota con gran alarma del renacimiento de viejos y nuevos nacionalismos y de la tendencia en diversos Estados a la fragmentaci&oacute;n y a la ruptura territorial; segundo, se defiende vehementemente la globalizaci&oacute;n y su espec&iacute;fico modo de concretarse en nuestro continente, es decir, la Uni&oacute;n Europea entendida siempre como algo irreversible e inevitable a la que solo cabe modular, atemperar o democratizar; tercero, se propone profundizar en la integraci&oacute;n supranacional y en la progresiva p&eacute;rdida de soberan&iacute;a de los Estados en la perspectiva de un lejano momento donde se ir&iacute;a, m&aacute;s o menos, a unos Estados Unidos de Europa. Como se puede entender, la clave de este argumentario es que estos tres supuestos no se relacionen entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo nos vamos a extra&ntilde;ar de que cuando planificadamente se est&aacute; deconstruyendo los Estados europeos realmente existentes, renazcan o se revitalicen nacionalismos nuevos o viejos? &iquest;C&oacute;mo no entender que cuando la democracia como autogobierno de la ciudadan&iacute;a pierde peso e influencia ante poderes econ&oacute;micos olig&aacute;rquicos o no democr&aacute;ticos, como las instituciones europeas, renazcan demandas de soberan&iacute;a, de identidad, de protecci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo no comprender la desafecci&oacute;n ante instituciones y partidos pol&iacute;ticos tradicionales cuando se han ido rompiendo las reglas de un pacto impl&iacute;cito que ligaba capitalismo regulado con democracia pol&iacute;tica y derechos sociales?
    </p><p class="article-text">
        Algunos hablamos de que Europa vive un &ldquo;momento Polanyi&rdquo;. M&aacute;s de tres d&eacute;cadas de hegemon&iacute;a de pol&iacute;ticas neoliberales han ido minando el poder de los trabajadores en la sociedad, limitando los derechos sociales fundamentales y recortando sustancialmente el Estado social. Se puede decir que, a m&aacute;s integraci&oacute;n europea, menos democracia real y menos derechos efectivos para las mayor&iacute;as sociales. El &ldquo;mercado autorregulado&rdquo; ha avanzado mucho y, como nos ense&ntilde;&oacute; el viejo socialista austriaco, las sociedades est&aacute;n reaccionando y lo hacen con los &ldquo;materiales&rdquo; disponibles y desde supuestos pol&iacute;ticos muchas veces antag&oacute;nicos. En todas partes, la demanda de soberan&iacute;a en un sentido preciso: derecho a decidir el modelo social, el modelo pol&iacute;tico, el modelo territorial; las poblaciones no son nada, no tienen poder, ven c&oacute;mo sus condiciones de vida y de trabajo empeoran y ven como el horizonte de &ldquo;sentido&rdquo; se bloquea y se cierra.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n de la sociedad, en una u otra direcci&oacute;n, no es algo premoderno o un atavismo de un pasado que se niega a desaparecer. Es la consecuencia de una modernizaci&oacute;n capitalista en un momento de crisis de la globalizaci&oacute;n neoliberal realmente existente. Las poblaciones reclaman en todas partes lo mismo: soberan&iacute;a, Estado, orden, protecci&oacute;n, seguridad, futuro. Como la historia mostr&oacute; en la anterior globalizaci&oacute;n y en las diversas crisis del capitalismo, la reacci&oacute;n de la sociedad se produce en correlaciones de fuerzas dadas y pueden ir hacia la derecha, la derecha extrema o hacia la izquierda en sus distintas variantes. No es cosa de ir demasiado lejos en este texto; baste decir que la encrucijada en la que nos encontramos podr&iacute;a ser definida del siguiente modo: la crisis de un capitalismo sin alternativa.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Carlo Formenti entra de lleno en esta problem&aacute;tica que acabo de esbozar. Carlo, es bueno subrayarlo, es un soci&oacute;logo competente, militante sindical durante mucho tiempo y exponente destacado de la llamada cultura obrerista italiana. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha dedicado con pasi&oacute;n y rigor a una cr&iacute;tica de los supuestos te&oacute;ricos y pol&iacute;ticos que han ido conformando el imaginario de una parte considerable de la izquierda social italiana. Formenti es un especialista en las nuevas tecnolog&iacute;as y sus relaciones con la producci&oacute;n, la econom&iacute;a y la estructura social. Se podr&iacute;a decir que ha ido elaborando una cr&iacute;tica del &ldquo;uso capitalista&rdquo; de las modernas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El choque ha sido duro. El debate con el obrerismo dominante sigue abierto y Formenti ha tenido que soportar cr&iacute;ticas poco elegantes y descalificaciones groseras. La pol&eacute;mica es tan antigua como la historia del marxismo entre aquellos que ponen el acento en el desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas y c&oacute;mo estas cambian las relaciones sociales y aquellos otros que ponen el acento en la materialidad de la lucha de clases, en la subjetividad organizada como algo no ajeno, sino parte sustancial de las propias fuerzas productivas. No es casualidad que el libro de Formenti concluya con un ap&eacute;ndice dedicado a la ontolog&iacute;a del ser social de Luk&aacute;cs.
    </p><p class="article-text">
        No pretendo aqu&iacute; resumir un libro y, mucho menos, servir de instrumento para discutir con el autor. No lo har&eacute;; solo indicar algunos nudos que lo hacen especialmente relevante para nuestro presente, siempre con el &aacute;nimo de invitar a una lectura cr&iacute;tica. El t&iacute;tulo, La variante populista, tiene mucho de provocaci&oacute;n. Los que empleamos el t&eacute;rmino populista o populismo de izquierdas lo hacemos conscientemente. Usar la provocaci&oacute;n como un pu&ntilde;etazo encima de la mesa para desvelar una realidad que se quiere negar con la descalificaci&oacute;n de populista. Formenti lo dice claramente: el populismo es la forma de la lucha de clases hoy, aqu&iacute; y ahora. Dicha la provocaci&oacute;n, cargada de sentido, empezamos a discutir en serio de los problemas de nuestra sociedad desde el punto de vista de las clases trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        Carlo Formenti hace un an&aacute;lisis muy serio de este capitalismo financiarizado que, al parecer, no tiene alternativa. Somete a una cr&iacute;tica profunda los an&aacute;lisis dominantes de lo que podr&iacute;amos llamar la izquierda &ldquo;globalista&rdquo; desde una valoraci&oacute;n sensata de la correlaci&oacute;n real de fuerzas existente, haciendo un enorme esfuerzo por entender las transformaciones que se han producido en las clases trabajadoras, en el viejo y nuevo proletariado. Lo hace contundentemente, sabiendo de lo que habla y desde un punto de vista anticapitalista y con voluntad socialista.
    </p><p class="article-text">
        Inevitablemente, hablar de populismo significa fajarse con Ernesto Laclau y con Chantal Mouffe. Formenti lo hace con respeto, pero con radicalidad, intentando ir m&aacute;s all&aacute; de los mencionados autores desde una estrategia nacional-popular que tiene en su centro a Antonio Gramsci. De los nudos a los que antes me refer&iacute;, quiero analizar uno que me parece sustancial. Me refiero a la contraposici&oacute;n entre una econom&iacute;a social y moral basada en los flujos, opuesta a una econom&iacute;a basada en el territorio. Esta contraposici&oacute;n me parece decisiva. Lo que podr&iacute;amos llamar la territorialidad del poder, entendida como una apropiaci&oacute;n colectiva de un espacio que busca la inserci&oacute;n armoniosa en un medio del que somos parte y, desde ah&iacute;, construir un modo de vivir capaz de integrar nuevas tecnolog&iacute;as, cualificaci&oacute;n y emancipaci&oacute;n de la fuerza de trabajo y formas de organizaci&oacute;n social que promuevan la solidaridad, el altruismo y el buen vivir de las personas. Para Formenti, el &ldquo;atraso&rdquo; puede ser un adelanto. Muchos estamos reflexionando con &eacute;l en la necesidad de un nuevo &ldquo;meridionalismo&rdquo; que convierta a nuestro Sur descalificado, denigrado y dependiente en una alternativa posible que nos reencuentre con el Norte en un cambio de civilizaci&oacute;n, de modos de vida, desde una l&oacute;gica socialista y fraterna.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        1. Carlo Formenti, La variante populista. Lucha de clases en el neoliberalismo. El Viejo Topo 2017&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Monereo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carlo-formenti-variante-populista_129_3022630.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Dec 2017 20:04:29 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Catalunya: la astucia y la represión no resolverán el problema de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/catalunya-represion-resolveran-problema-espana_129_3060322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a719c2d6-fa3c-488e-ac83-6ab7744443ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La llamada crisis catalana es también la de España como país y como Estado</p><p class="subtitle">Se puede eludir y hasta ignorar, pero la crisis del Régimen del 78 sigue abierta</p></div><p class="article-text">
        Las crisis desvelan la realidad o, al menos, la hacen m&aacute;s compleja, m&aacute;s polis&eacute;mica. A estas alturas sabemos dos cosas; mejor dicho, se van a clarificar dos cosas que antes se ignoraba o se quer&iacute;an ignorar. Ahora ya no es posible. La primera es evidente: que la naci&oacute;n o la nacionalidad espa&ntilde;ola existe; y la segunda, que el movimiento independentista movilizado, audaz, fuerte, sigue siendo minoritario en Catalunya.
    </p><p class="article-text">
        No me gustar&iacute;a entrar mucho en debates filol&oacute;gicos. Hay una identidad fuerte, heterog&eacute;nea, difusa de gente que se considera espa&ntilde;ola. Lo hace de un modo laico, no excluyente y sabi&eacute;ndose parte de una pluralidad de seres humanos. Lo que quiero decir es que el nacionalismo espa&ntilde;ol es minoritario. Tanto es as&iacute;, que para buscar la hegemon&iacute;a tiene que camuflarse en el nacional-constitucionalismo e incorporar irremediablemente al PSOE. Es cierto que puede haber muchos ciudadanos espa&ntilde;oles que sean nacionalistas sin saberlo; pero, en todo caso, minoritarios. Lo digo de una manera directa para evitar equ&iacute;vocos: la identidad espa&ntilde;ola, en sus diversos grados y motivaciones, no significa la presencia mayoritaria de un nacionalismo excluyente y autoritario.
    </p><p class="article-text">
        Algunos lo dijimos desde el comienzo con desigual suerte, es verdad. El paso del nacionalismo catal&aacute;n al independentismo iba a generar, tarde o temprano, la presencia de una minor&iacute;a de grandes dimensiones espa&ntilde;ola y hasta espa&ntilde;olista. La pluralidad de culturas existente en Catalunya ha coexistido en un marco auton&oacute;mico porque nadie iba a ser sometido a elegir entre Catalunya y Espa&ntilde;a. Este era un salto con consecuencias porque catalanes que se sienten espa&ntilde;oles con toda normalidad y naturalidad ven en peligro, no solo su identidad sino que empiezan a vivir dram&aacute;ticamente una &ldquo;condici&oacute;n post espa&ntilde;ola&rdquo; que los convierte en extra&ntilde;os en su propia tierra que, dicho sea de paso, muchos la han construido con sus propias manos en condiciones de sobre explotaci&oacute;n y, paradojas de la vida, defendiendo los derechos nacionales de Catalunya.
    </p><p class="article-text">
        La realidad ha evidenciado m&aacute;s cosas que convendr&iacute;a no olvidar ahora que estamos ya en plena campa&ntilde;a electoral. Las &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas catalanas el movimiento independentista las plante&oacute; como un plebiscito. No ganaron, mejor dicho, tuvieron mayor&iacute;a parlamentaria pero no consiguieron la mayor&iacute;a del electorado. Los partidos mayoritarios ten&iacute;an varias posibilidades y escogieron una especialmente arriesgada: romper con la legalidad estatutaria e iniciar un proceso de secesi&oacute;n. Hay que decir que han conseguido movilizar a una parte significativa de Catalunya y que esta movilizaci&oacute;n ha sido sostenida en el tiempo en una dial&eacute;ctica muy pensada de acci&oacute;n/reacci&oacute;n que ha situado al gobierno espa&ntilde;ol en un escenario con muchas dificultades.
    </p><p class="article-text">
        El c&aacute;lculo estrat&eacute;gico se ha hecho expl&iacute;cito con el tiempo. El punto de partida era, en principio, potente: control de las instituciones del Estado en Catalunya, espec&iacute;ficamente, de los funcionarios y de los Mossos a lo que hab&iacute;a que a&ntilde;adir una influencia determinante en los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos. El r&eacute;gimen puyolista cre&oacute; una &ldquo;trama&rdquo; entre poderes pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y comunicacionales que, solo en la fase final, ha entrado en crisis. Todo esto &ndash;es bueno insistir sobre ello- con una movilizaci&oacute;n muy importante (centenares de miles de personas) que han encontrado en la independencia de Catalunya su &ldquo;utop&iacute;a concreta&rdquo; transversal y liberadora.
    </p><p class="article-text">
        No creo que sea aventurado decir que en los c&aacute;lculos estrat&eacute;gicos del n&uacute;cleo dirigente independentista estaba, en primer lugar, la idea de que la Uni&oacute;n Europea (confundir la Uni&oacute;n Europea con Europa es arriesgado siempre) ser&iacute;a neutral o que incluso podr&iacute;a apoyar el proceso independentista. Imagino que algo sabr&iacute;an y que deber&iacute;an de tener alguna informaci&oacute;n que el resto de los mortales no conoc&iacute;amos. Un segundo elemento llevar&iacute;a a pensar que el movimiento independentista vislumbr&oacute;, pens&oacute; que el Estado espa&ntilde;ol no tendr&iacute;a fuerza suficiente para bloquear o impedir el proceso. Habr&iacute;a un tercer elemento que no sabemos a estas alturas si se tuvo en cuenta cuando se inici&oacute; el proceso. Me refiero a la capacidad del gobierno de construir una amplia mayor&iacute;a parlamentaria articulada en torno a unos medios de comunicaci&oacute;n casi un&aacute;nimes y con el apoyo, m&aacute;s o menos expl&iacute;cito, de una parte significativa de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia de Mariano Rajoy ha sido, en muchos sentidos, inteligente. A la &ldquo;guerra de maniobras&rdquo; emprendida por el gobierno de la Generalitat ha respondido con una &ldquo;estrategia de desgaste&rdquo; que no solo le ha dejado la iniciativa al adversario, sino que le ha permitido ganar tiempo, acumular fuerzas y hacer evidentes las contradicciones del contrario.
    </p><p class="article-text">
        Rajoy jug&oacute; fuerte desde el principio. Lo primero fue ganarse el apoyo del amigo americano, hoy especialmente complicado por la figura de Donald Trump. Luego, tejer acuerdos con la Uni&oacute;n Europea, sus gobiernos e instituciones y, m&aacute;s all&aacute;, intentar neutralizar una campa&ntilde;a internacional del gobierno catal&aacute;n especialmente eficaz.
    </p><p class="article-text">
        Rajoy dejaba hacer, les permit&iacute;a avanzar favoreciendo que el gobierno independentista fuese cada vez m&aacute;s audaz rompiendo amarras con una parte de la poblaci&oacute;n catalana, haciendo emerger todas sus contradicciones. La hip&oacute;tesis de una direcci&oacute;n plebeya del proceso que confirmar&iacute;a la autonom&iacute;a del movimiento en Catalunya, al final no ha dado mucho de s&iacute;. Cuando el presidente Puigdemont, en el &uacute;ltimo minuto, intent&oacute; pactar una salida que impidiera la aplicaci&oacute;n del 155, ya era demasiado tarde. Rajoy se dio cuenta de que hab&iacute;a ganado la partida y estaba en condiciones de ceder o no y dejarle al presidente de la Generalitat la decisi&oacute;n definitiva. La proclamaci&oacute;n de la supuesta independencia habr&iacute;a que calificarla de proclamaci&oacute;n/fiasco. La desbandada fue general y entramos ya de lleno en una campa&ntilde;a electoral que, a mi juicio, puede producir sorpresas significativas. El ingreso en prisi&oacute;n de una parte del gobierno de Catalunya y la orden internacional de b&uacute;squeda del resto, ha sido el inicio de una represi&oacute;n que se est&aacute; aplicando con una calculada gradualidad. Se habla, incluso, de que no habr&aacute; presos el d&iacute;a de las elecciones
    </p><p class="article-text">
        Creo que se puede decir que la lucha contra la represi&oacute;n ha impulsado de nuevo un movimiento que hab&iacute;a perdido el norte y que carec&iacute;a de una s&oacute;lida direcci&oacute;n pol&iacute;tica. Ahora estamos en el &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; electoral y, a partir de ah&iacute;, reorganizar fuerzas y reformular una estrategia que ha demostrado enormes carencias. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo hace pensar que las elecciones del d&iacute;a 21 de diciembre ser&aacute;n especialmente complicadas. Las encuestas hablan de un mapa electoral muy parecido al anterior, sin grandes novedades. Tengo la impresi&oacute;n de que puede haber sorpresas y que nos encontremos con un parlamento catal&aacute;n diferente y de composici&oacute;n m&aacute;s heterog&eacute;nea. Lo importante, a mi juicio, est&aacute; por llegar. La llamada crisis catalana es&nbsp; tambi&eacute;n la de Espa&ntilde;a como pa&iacute;s y como Estado. Se puede eludir y hasta ignorar, pero la crisis del R&eacute;gimen del 78 sigue abierta; se podr&iacute;a matizar diciendo que la restauraci&oacute;n ha avanzado y que las fuerzas de la ruptura democr&aacute;tica han perdido influencia, se han dividido y tienen dificultades para definir un proyecto de sociedad, de gobierno y de Estado diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Termino como empec&eacute;: el problema es Espa&ntilde;a; Catalunya es causa y efecto. Olvidar esto es enga&ntilde;arse y enga&ntilde;ar. La cuesti&oacute;n federal, tarde o temprano, llegar&aacute;, no como un suced&aacute;neo o un en&eacute;simo transformismo pol&iacute;tico-institucional sino como proyecto para cambiar el tipo de Estado y sus relaciones con la sociedad. Tambi&eacute;n llegar&aacute; la cuesti&oacute;n social con todas sus implicaciones y, lo fundamental, m&aacute;s temprano que tarde, emerger&aacute; la madre de todos los debates: la necesidad de un proceso constituyente que active al soberano de nuestra Constituci&oacute;n, el pueblo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Monereo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/catalunya-represion-resolveran-problema-espana_129_3060322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Nov 2017 20:13:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Catalunya: la astucia y la represión no resolverán el problema de España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Elecciones en Catalunya 2017]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Puede Andalucía cambiar España?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/puede-andalucia-cambiar-espana_129_3130370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d484c4f2-4d7f-420d-9837-10e898d34299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Puede Andalucía cambiar España?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El modelo autonómico está agotado y que toda la Constitución Española tiene problemas muy serios de legitimidad</p><p class="subtitle">La “crisis catalana” afecta a todo el Estado y que Andalucía debería jugar un papel positivo para encontrar una salida federal, solidaria y socialmente avanzada</p></div><p class="article-text">
        Empecemos con algo de ficci&oacute;n pol&iacute;tica. Imaginemos una presidenta andaluza, alineada claramente con los intereses de su pueblo, comprometida con las mayor&iacute;as sociales y defensora de un federalismo democr&aacute;tico, plurinacional y solidario, &iquest;qu&eacute; tendr&iacute;a que hacer en un contexto como este? Lo primero, constatar que el modelo auton&oacute;mico est&aacute; agotado y que toda la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola tiene problemas muy serios de legitimidad. Lo segundo es que, desde hace a&ntilde;os, los aspectos m&aacute;s progresivos de la Constituci&oacute;n est&aacute;n siendo desvirtuados y que se est&aacute; imponiendo una &ldquo;Constituci&oacute;n material&rdquo; claramente neoliberal cuyo ejemplo m&aacute;s claro y evidente es la Reforma expr&eacute;s del art&iacute;culo 135. En tercer lugar, tomar&iacute;a nota de que la &ldquo;crisis catalana&rdquo; afecta a todo el Estado y que Andaluc&iacute;a deber&iacute;a jugar un papel positivo para encontrar una salida federal, solidaria y socialmente avanzada. Es m&aacute;s, podr&iacute;a haber jugado un papel de mediaci&oacute;n, de s&iacute;ntesis desde el federalismo que Andaluc&iacute;a representa y defiende.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, como se ver&aacute;, de una pura y simple&nbsp; pol&iacute;tica ficci&oacute;n. Nuestra presidenta ha sido maestra en enfrentar&nbsp; andaluces contra catalanes, alinearse sin complejos detr&aacute;s del Gobierno de Mariano Rajoy y pactar rebajas de impuestos con la nueva derecha que representa Ciudadanos. Susana D&iacute;az personifica una deriva populista desde un regionalismo de oposici&oacute;n. Lo dir&iacute;a as&iacute;: malo para Andaluc&iacute;a y malo para Espa&ntilde;a. Hay que repetirlo hasta que se convierta en sentido com&uacute;n: el pueblo andaluz, mayoritariamente, conquist&oacute; su autonom&iacute;a y con ello cambi&oacute; el mapa pol&iacute;tico de Espa&ntilde;a. Andaluc&iacute;a construy&oacute; su autonom&iacute;a, no frente a Catalunya, Madrid o Euskadi sino en favor de un proyecto propio que coincid&iacute;a con los intereses y aspiraciones de las mayor&iacute;as sociales del Estado. El federalismo andaluz ha estado ligado siempre a la emancipaci&oacute;n social, al respeto de las identidades nacionales, a la alianza entre los pueblos; por eso ha sido de izquierdas y solidario. Es una vieja herencia que sigue viva en el imaginario social y que peri&oacute;dicamente emerge. No queremos separar sino unir; no queremos privilegios, reivindicamos la justicia y estamos convencidos que nuestro bien como Comunidad ayuda y promueve la cooperaci&oacute;n y el apoyo mutuo.
    </p><p class="article-text">
        Le guste o no a Susana D&iacute;az, le guste o no al PP o a Ciudadanos, en Espa&ntilde;a se abre un escenario federal, un escenario donde las relaciones sociales y de poder van a redefinirse y Andaluc&iacute;a necesita voz propia, proyecto claro y una hoja de ruta que sirva para cambiar nuestro modelo productivo, garantizar los derechos sociales e impulsar una sociedad igualitaria comprometida con el medio ambiente del que irremediablemente somos parte. A este debate nosotros aportaremos nuestro patrimonio ideal y moral desde nuestros problemas comunes y espec&iacute;ficos. Queremos romper el c&iacute;rculo vicioso que nos convierte en &ldquo;periferia de la periferia&rdquo; y que nos condena a una econom&iacute;a sin base industrial propia, a la sobreexplotaci&oacute;n tur&iacute;stica, a la precariedad y bajos salarios y a la esquilmaci&oacute;n dram&aacute;tica de nuestros recursos naturales.
    </p><p class="article-text">
        Defenderemos en Andaluc&iacute;a y en Espa&ntilde;a la garant&iacute;a constitucional de los derechos sociales de todos y todas, una fiscalidad realmente progresiva y un sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mico que promueva la igualdad entre territorios y la solidaridad entre las personas. Apostamos por una reforma de la administraci&oacute;n y de la gesti&oacute;n p&uacute;blica que impulse, no solo la descentralizaci&oacute;n sino la democratizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico, que fomente la participaci&oacute;n en la cosa p&uacute;blica y que organice una democracia participativa de base municipal. Aspiramos a combinar la democracia directa con la democracia representativa; las cuestiones fundamentales sobre nuestro futuro tienen que ser decididas por los andaluces y andaluzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra Comunidad siempre ha sido un lugar de encuentro entre culturas, valores y narraciones hist&oacute;ricas. Somos mediterr&aacute;neos y atl&aacute;nticos y vivimos entre Europa y &Aacute;frica. Nada de lo que ocurra en estos mundos nos es ajeno, guste o no, se quiera o no, tenemos la obligaci&oacute;n de implicarnos en esta realidad geopol&iacute;tica desde una cultura de paz, de cooperaci&oacute;n, de promoci&oacute;n de un desarrollo humano sostenible. No tiene justificaci&oacute;n hist&oacute;rica la militarizaci&oacute;n de Andaluc&iacute;a y que nos convirtamos en parte de una estrategia imperial contra otros pueblos, contra otras naciones. Paz, cooperaci&oacute;n, desarrollo y solidaridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Monereo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/puede-andalucia-cambiar-espana_129_3130370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 17:29:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Puede Andalucía cambiar España?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Cataluña,Independencia,Constitución,Reforma constitucional]]></media:keywords>
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