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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Luis Fuertes Suárez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_luis_fuertes_suarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Luis Fuertes Suárez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Homenaje a Cataluña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/homenaje-cataluna_129_3120574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/deeec67f-f9b4-44ff-b332-145a7112662e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El catalanismo más sólido, materializado en la figura de Prat de la Riba, nunca fue separatista</p><p class="subtitle">Partimos de la base de que no existe tal cosa como “un mandato popular” para declarar la independencia</p><p class="subtitle">Se trata de que no acabemos como la</p><p class="subtitle">Rebelión en la Granja</p><p class="subtitle">la otra gran obra de Orwell</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Pero prefiero ser extranjero en Espa&ntilde;a y no en ning&uacute;n en otro pa&iacute;s&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la Central Telef&oacute;nica hab&iacute;an arriado la bandera anarquista y s&oacute;lo flameaba el estandarte catal&aacute;n. Ello significaba la derrota definitiva de los trabajadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        (George Orwell: <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a</em>, 14 de abril de 1938).
    </p><p class="article-text">
        George Orwell escribi&oacute; en 1938 su precioso libro <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a</em>, memorias de su participaci&oacute;n en la Guerra Civil espa&ntilde;ola, en el frente de Arag&oacute;n y en Barcelona. En el mismo destaca las cualidades de los espa&ntilde;oles (siempre catalanes, que era a los que trataba): generosidad, dignidad, nobleza. S&oacute;lo le preocupaba una cosa: el odio que percib&iacute;a entre los propios catalanes, consider&aacute;ndolo m&aacute;s peligroso que los fascistas contra los que luchaban.
    </p><p class="article-text">
        En esta nueva casi Semana Tr&aacute;gica de aflicci&oacute;n para espa&ntilde;oles y catalanes por la deriva de los pol&iacute;ticos de Catalu&ntilde;a en contra de la Constituci&oacute;n, las leyes y el leg&iacute;timo poder judicial que dimana del pueblo seg&uacute;n la Carta Magna y la ineficacia del Gobierno central, es preciso recordar ante todo que la misi&oacute;n de los espa&ntilde;oles y de los catalanes es defender el Estado de Derecho y la convivencia pac&iacute;fica y democr&aacute;tica que surgen de la Constituci&oacute;n, en la que se declara solemnemente que la soberan&iacute;a reside en el pueblo espa&ntilde;ol. En este contexto, es indeclinable la defensa de esa norma m&aacute;xima por todos los poderes del Estado, incluidos los que representan al pueblo catal&aacute;n, como &ldquo;principio general de todas las naciones civilizadas&rdquo;, en palabras del TEDH de Estrasburgo.
    </p><p class="article-text">
        La gravedad del caso, se arrastra desde hace tiempo y, despu&eacute;s de la carta del Presidente Puigdemont, se estrecha a&uacute;n m&aacute;s el campo de entendimiento. No se puede pretender un dialogo, manteni&eacute;ndose en una posici&oacute;n de reproche al Estado y en situaci&oacute;n de insumisi&oacute;n declarada frente a la Constituci&oacute;n y su int&eacute;rprete m&aacute;ximo, el Tribunal Constitucional. Pero a pesar de ello, el Gobierno, tiene la obligaci&oacute;n de marcar la diferencia y hacer valer la &ldquo;prudencia&rdquo; que se le supone y no abusar como hasta ahora ha hecho al activar los mecanismos de la Justicia, cuando quiz&aacute;s deber&iacute;a haber buscado otros cauces pol&iacute;ticos para solucionar un problema eminentemente pol&iacute;tico y de larga fragua. Tal activaci&oacute;n nos ha llevado a la sorprendente y muy preocupante decisi&oacute;n judicial, auspiciada por una petici&oacute;n fiscal absolutamente innecesaria para dos representantes de sendas organizaciones civiles promotoras de la independencia, que pueden ser el detonante de males mayores. Realmente no es una cuesti&oacute;n de respeto a la divisi&oacute;n de poderes y de acatamiento de las decisiones judiciales, sino de saber si quien ha puesto en marcha el mecanismo sabe bien en el riesgo que nos pone a todo el pueblo espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, no se puede establecer un argumento de negociaci&oacute;n sobre c&oacute;mo lograr la paz democr&aacute;tica y constitucional, bas&aacute;ndose en los presuntos excesos de las fuerzas de orden p&uacute;blico, que deben resolverse en un &aacute;mbito diferente como es el de la investigaci&oacute;n judicial y no en el del debate pol&iacute;tico, sin perjuicio de las responsabilidades de este orden que quepan a los m&aacute;ximos responsables. Ni tampoco sobre una presunta afrenta a Catalu&ntilde;a que s&oacute;lo existe en un designio voluntarista y predeterminado en la mente de los independentistas radicales.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente hay que entender el denominado catalanismo como ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, que a su vez se apoyaba en una trayectoria hist&oacute;rica de rasgos muy perceptibles: la unidad de Espa&ntilde;a como el primer Estado moderno europeo desde el siglo XV, mediante la uni&oacute;n pol&iacute;tica de Castilla y la Corona de Arag&oacute;n. Sin olvidar que la convivencia en el nuevo Estado se llev&oacute; a cabo pac&iacute;ficamente y que durante m&aacute;s de cinco siglos no existi&oacute; en Catalu&ntilde;a vestigio alguno de soberan&iacute;a nacional, aunque sigui&oacute; manteniendo su identidad, apoyada en sus instituciones, su lengua, su cultura y luego, en su dinamismo social y econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Catalu&ntilde;a fue uno de los escasos territorios donde hubo una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n burguesa (Sol&eacute; Tura), con todo lo positivo que ello ten&iacute;a, al crearse una burgues&iacute;a industrial; y en ella precisamente se asent&oacute; la reivindicaci&oacute;n catalanista. Este catalanismo no cuestion&oacute; la unidad de Espa&ntilde;a, lo que ahora algunos parecen olvidar. El catalanismo m&aacute;s s&oacute;lido, materializado en la figura de Prat de la Riba, nunca fue separatista; siempre sostuvo la unidad de Espa&ntilde;a como &ldquo;patria grande&rdquo; (Bases de Manresa, 1906).
    </p><p class="article-text">
        Partiendo de esta realidad, la paz democr&aacute;tica y constitucional en Catalu&ntilde;a, se convierte en una prioridad, dada la aflicci&oacute;n de los espa&ntilde;oles y los catalanes de buena fe sobre la situaci&oacute;n de odio y enfrentamiento; la obstinaci&oacute;n no s&oacute;lo manipulada sino enga&ntilde;ada de parte del pueblo catal&aacute;n, (que todo hay que decirlo) y la indeseable situaci&oacute;n de mantener permanentemente el acatamiento a la ley por el reactivo aunque leg&iacute;timo uso de los medios coactivos del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Pero el pac&iacute;fico y voluntario cumplimiento de las leyes, sobre el que se apoya la convivencia c&iacute;vica (Tocqueville) no puede ser consecuencia de una suerte de &ldquo;cesi&oacute;n&rdquo; a un &ldquo;arraigo independentista&rdquo;, porque dicho planteamiento integrar&iacute;a la categor&iacute;a de mero voluntarismo sin fundamento, que podr&iacute;a ser coincidente con el de otros territorios, sin legitimaci&oacute;n que lo autorice (lo que acab&oacute; con la Primera Rep&uacute;blica fue un rebeli&oacute;n cantonal, como es sabido) sino basada en razones hist&oacute;ricas, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas objetivas que hacen deseable en el caso de Catalu&ntilde;a y s&oacute;lo en &eacute;l, un di&aacute;logo pac&iacute;fico sobre el reconocimiento de su personalidad diferenciada. La finalidad es encontrar un punto intermedio, en el que, cediendo todos, puedan construir un autogobierno econ&oacute;mico pleno, para el que existen mecanismos constitucionales, sin necesidad de una muy dif&iacute;cil e imprecisa reforma &ldquo;federal&rdquo; de la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Partimos de la base de que no existe tal cosa como &ldquo;un mandato popular&rdquo; para declarar la independencia, pues los que votaron eran conscientes de que con el ejercicio de su derecho al voto, no pod&iacute;an revertir la ilegalidad de la convocatoria, as&iacute; declarada por el Tribunal Constitucional. El recurso dial&eacute;ctico del President en sus discursos, apelando al efecto leg&iacute;timante de unas normas suspendidas en su vigencia y a unos efectos de la consulta, meramente pol&iacute;ticos pero no legales, es una acci&oacute;n antidemocr&aacute;tica, como lo es tambi&eacute;n arrogarse la supuesta voluntad del pueblo y sustituirla por la propia para consolidar unas normas que carecen de vigencia y por ende de efecto legitimador para el debate sobre una independencia que no cabe en el marco constitucional. En este contexto, el Gobierno Central, no tiene margen alguno para cambiar ese marco, extremo que no le corresponde como tal.
    </p><p class="article-text">
        Unos y otros han ido demasiado lejos y a todos les ha faltado, proporcionalidad y mesura frente a la soberbia desplegada. Las dos partes deben comprometerse a abordar la situaci&oacute;n territorial y debatir sobre soluciones que muchas voces se&ntilde;alan pueda ir incluso en la l&iacute;nea de un refer&eacute;ndum pactado y con garant&iacute;as, pero dentro del marco legal que nos gobierna a todos.
    </p><p class="article-text">
        Es decir en la actual situaci&oacute;n, el di&aacute;logo precisar&iacute;a ineludiblemente de una declaraci&oacute;n expresa de las instituciones auton&oacute;micas de acatamiento de la Constituci&oacute;n y las leyes y de una oferta del Gobierno, con tal premisa, de di&aacute;logo sereno sobre el mecanismo para reconocer el autogobierno econ&oacute;mico de Catalu&ntilde;a. Con el reconocimiento asimismo de las razones hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas que lo justifican, a trav&eacute;s de personas independientes y de prestigio aceptadas por ambos, ya que parece inviable hacerlo entre el Gobierno autoritario del Partido Popular y los actuales pol&iacute;ticos catalanes independentistas, que se han situado en un plano irreal sustentado en una especie de realidad virtual paralela, que pivota sobre una especie de alienaci&oacute;n marxista y un nirvana imaginario.
    </p><p class="article-text">
        El pleno autogobierno de Catalu&ntilde;a, que defendemos, ser&iacute;a coherente con su tradici&oacute;n hist&oacute;rica e integrado por las suficientes competencias pol&iacute;ticas y sobre todo las econ&oacute;micamente necesarias, y asumir&iacute;a la realidad identitaria hist&oacute;ricamente defendida, pero dentro del bloque de constitucionalidad. Esta propuesta, se aporta para el debate ideal que se propone, sin abandonar cualesquiera otras posibilidades que se desarrollar&iacute;an una vez superada la situaci&oacute;n de &ldquo;insumisi&oacute;n legal&rdquo; actual de la Generalitat.
    </p><p class="article-text">
        Los dem&aacute;s territorios no deben considerarse agraviados por ello, dada la singularidad e identidad incuestionables de Catalu&ntilde;a, y su especial&iacute;sima identidad cultural, ling&uuml;&iacute;stica, social y econ&oacute;mica, compatible con el contenido del art. 150.2 de la Constituci&oacute;n, que permite este tipo de transferencia, sin necesidad de alteraciones constitucionales, poco probables.
    </p><p class="article-text">
        Si este tipo de soluciones no son barajadas y el gobierno se empecina en la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 155 de la CE, pensado siempre como un art&iacute;culo de efecto puramente disuasorio (para no ser aplicado), la brecha ahora existente, se convertir&iacute;a en precipicio dif&iacute;cil de salvar: La eliminaci&oacute;n de los puentes de entendimiento, nos conducir&iacute;a a un abismo de impredecibles consecuencias para la integridad de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de que no acabemos como la <em>Rebeli&oacute;n en la Granja</em> la otra gran obra de Orwell; ya que es incuestionable que el pacto de convivencia secular del territorio de Catalu&ntilde;a como parte de Espa&ntilde;a es irrevocable, como lo es la unidad de la soberan&iacute;a del pueblo espa&ntilde;ol, y que volvamos a renovar nuestro compromiso, citando al gran dem&oacute;crata de Gettysburg, de que la soberan&iacute;a del pueblo espa&ntilde;ol, nunca desaparecer&aacute; de la tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Baltasar Garzón, José Luis Fuertes Suárez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Oct 2017 19:21:06 +0000]]></pubDate>
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