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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Vial Dumas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel_vial_dumas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Vial Dumas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A Oriol, el ingenioso hidalgo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/oriol-ingenioso-hidalgo_132_2058502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60c4cc27-d40b-405b-99b4-5945217b8b8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A Oriol, el ingenioso hidalgo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras en tierra extranjera su alter ego es llamado President y coronado con guirnaldas y hasta virreyes tiene; Oriol respira el olor del olvido que hasta Castilla viene</p></div><p class="article-text">
        En un lugar de Estremera, cuyo nombre prefiero no recordar, no ha mucho tiempo vive un hidalgo de los de lanza en astillero. Hombre de ancho pecho y buenas maneras, Oriol por nombre lleva y de familia, Junqueras. Como sabedor de la tradici&oacute;n conoce que el destino del hidalgo es la derrota; lo contrario es cosa de otras gentes, de los importantes, de los ricos, del gentleman que explota. El burgu&eacute;s sabe triunfar y de &eacute;xito coronarse, siempre limpio el traje, sin marca de espada las manos, de elogios busca hartarse. Oriol, en cambio, vive en la inopia, del amor un olvidado, tenido por loco y rodeado en su celda por fantasmas, que no es poco. Cierra los ojos el hidalgo noble de Barcino, su mirada recorre el mundo y triste piensa que su destino habr&iacute;a de ser otro.
    </p><p class="article-text">
        Porque Oriol ha equivocado la tierra. Naci&oacute; donde la hidalgu&iacute;a, el hero&iacute;smo y el martirio hoy se olvidan; mientras la astucia, la estrategia, la pulcritud, por &uacute;tiles, en mejor altar anidan. Oriol tiene su espejo inverso, y es ese reflejo y no &eacute;l quien dirige los destinos de la tierra, el que es admirado, obedecido y ensalzado. Oriol, con injusta suerte, yace encerrado. Mientras en tierra extranjera su alter ego es llamado President y coronado con guirnaldas y hasta virreyes tiene; Oriol respira el olor del olvido que hasta Castilla viene. No es raro que as&iacute; sea, tal vez ni &eacute;l consciente fuera, pero Oriol es de hechura demasiado castiza para ser amado o tenido por profeta en su tierra austera. De Castilla podr&aacute; decirse todo, de lo bueno y de lo malo, pero es cierto que, por querer lo viejo, a hidalgos y tambi&eacute;n truhanes ha admirado; es tierra de cantos caballerescos, de esos oxidados, pues mientras en las tierras de Oriol triunfaba el mercader arrollador, los castellanos segu&iacute;an pensando en gestas de a&ntilde;ejo esplendor.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Oriol, que lleva una en el cuerpo, que es un h&eacute;roe sin ninguna condici&oacute;n, ha, sin embargo, errado el pueblo para el que pide liberaci&oacute;n. Porque si Oriol en vez de cargar se&ntilde;era tuviera por blas&oacute;n un castillo y un le&oacute;n, seguro que hasta Estremera ir&iacute;an muchos en procesi&oacute;n. &iexcl;C&oacute;mo envidia la tierra sin mar la suerte de la Catalu&ntilde;a perseverante que a Junqueras pari&oacute; y su talante! Castilla en cambio enrojece de pudor porque su hidalgo, nacido en el dolor, cae en traici&oacute;n mudando villa por mansi&oacute;n. Empero, en la tierra del norte, donde la torpe hidalgu&iacute;a ha tiempo no causa fervor ni compasi&oacute;n, Oriol es olvidado y la victoria del astuto entra&ntilde;a admiraci&oacute;n. El que se entrega es eclipsado por quien con truco puso pies en polvorosa, mientras &eacute;l est&aacute; cautivo en una celda dolorosa.
    </p><p class="article-text">
        Si a Castilla liberara, Oriol se sabr&iacute;a rey. Cuidado con que se d&eacute; cuenta el cautivo, que tal vez la soluci&oacute;n estriba en separar a Castilla de la Catalunya esquiva. Porque Oriol est&aacute; en la meseta antagonista, la de los molinos gigantes, y de sus paisanos solo la espalda avista. Tal vez, para quien no posea ojo certero, Oriol recuerde la estampa no del Quijote, sino la de Sancho, el escudero. Pero si en su pueblo vieran mejor, en vez de sentarlo en un asno bruto que da coces de desquite, lo aupar&iacute;an a Rocinante y dir&iacute;an como Le&oacute;n Felipe: &ldquo;Va cargado de amargura, / que all&aacute; &laquo;qued&oacute; su ventura&raquo; / en la playa de Barcino, frente al mar. Por la manchega llanura/ se vuelve a ver la figura/ de Don Quijote pasar. Va cargado de amargura, / va, vencido, el caballero de retorno a su lugar&hellip; Ponme a la grupa contigo, / caballero del honor, / ponme a la grupa contigo, / y ll&eacute;vame a ser contigo / pastor.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Vial Dumas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/oriol-ingenioso-hidalgo_132_2058502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jun 2018 18:52:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A Oriol, el ingenioso hidalgo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¡No os riais de Hitler! (o elogio a los tibios de Catalunya)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/riais-hitler-elogio-tibios-catalunya_132_2113836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4c3fbf7-7b4c-47f8-844d-ec7cf4c6f7f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡No os riais de Hitler! (o elogio a los tibios de Catalunya)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al fascismo no se lo ve venir tan fácilmente, si no, nunca habríamos llegado donde llegamos y donde, hay que recordarlo, siempre podemos volver a llegar</p></div><p class="article-text">
        Me encanta Star Wars. Vaya eso por delante para evitar la furia de mis amigos que tambi&eacute;n son seguidores incondicionales de la saga. Pero hay que reconocer que entre sus defectos est&aacute; ese manique&iacute;smo infantil consistente en presentar a un bando como algo amable, atractivo, reposado, sereno, blanco por todas partes y rodeado de amor y bondad y, al otro, como algo s&oacute;rdido, oscuro, que rezuma maldad, rabia y ego&iacute;smo repugnante. &iquest;Qui&eacute;n en su sano juicio se pasar&iacute;a al lado oscuro?  A los paladines de la pel&iacute;cula que se ven tentados por ese bando, vistos con un poco de distancia, habr&iacute;a que internarlos, sus habilidades emocionales parecen nulas &iquest;c&oacute;mo puede alguien con dos dedos de frente verse tentado por un viejo escu&aacute;lido al que se le ven palpitar las venas verdes e hinchadas y que habla con voz de satan&aacute;s gal&aacute;ctico? &iquest;por uno que menciona la ira, el odio, el resentimiento como las fuerzas que deben guiar nuestras conductas?. Nadie act&uacute;a as&iacute;, quiero decir, reconoci&eacute;ndolo; quien obra por odio, desprecio o ego&iacute;smo disfraza sus razones, para el resto y para s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que nuestra infantilizaci&oacute;n de estos personajes, que representan lo que no nos gusta o no deber&iacute;a gustarnos, no acaba ah&iacute;. Por influencias hollywoodienses, seguramente, nos hemos acostumbrado desde hace tiempo a presentar a los totalitarismos del siglo XX y a sus l&iacute;deres como seres rid&iacute;culos, de los que nadie podr&iacute;a fiarse (salvo que sea un aspirante a jedi, claro est&aacute;). Continuamente aparece en nuestros televisores el paradigma de todos, Hitler, como un hombrecito torpe y repulsivo, lleno de man&iacute;as visibles y de ademanes de psiqui&aacute;trico. En nuestras representaciones, los dictadores y fascistas con sus uniformes parecen cantar a los cuatro vientos que son malos y re-malos. Y peor a&uacute;n, la correcci&oacute;n pol&iacute;tica naif de nuestros discursos p&uacute;blicos condena el decir lo contrario, parece que lo que queda bien es seguir pint&aacute;ndolos como payasos o como hombres oscuros a los que se les ve la maldad en los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no, no hay que burlarse ni caricaturizar a estos personajes. Hay que presentarlos como lo que fueron, l&iacute;deres atractivos, seductores, con ideas que en su momento pod&iacute;an sonar razonables a quienes las recibieron, no en vano todos gozaron de gran apoyo popular. Entre ellos y los que supuestamente eran buenos no hab&iacute;a tantas diferencias est&eacute;ticas ni conductuales como se nos vende hoy &iexcl;Basta de pensar que la gente de antes era tonta! los tontos seremos nosotros si pensamos que los nuevos totalitarismos vendr&aacute;n guiados por sujetos vestidos de militares con bigotes al uso, un buen par de botas y discursos hist&eacute;ricos. Al fascismo no se lo ve venir tan f&aacute;cilmente, si no, nunca habr&iacute;amos llegado donde llegamos y donde, hay que recordarlo, siempre podemos volver a llegar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hay tambi&eacute;n que tener cuidado con las palabras. Se critica mucho hoy el uso de los vocablos nazi o fascista. Efectivamente, hay gente que los usa a mansalva para catalogar todo lo que no le gusta. No es esa la v&iacute;a. Tampoco es, sin embargo, pensar que solo podremos aplicar esos t&eacute;rminos a los generalitos esperp&eacute;nticos, de esos no habr&aacute; en nuestro tiempo (aunque confieso que la figura de Donald Trump me desconcierta). Estas cosas son como el diablo, se muestran siempre de forma atractiva, seductora, con un discurso que est&aacute; en los l&iacute;mites, pero puede ser aceptado por muchos, al menos en la intimidad. Sus l&iacute;deres se presentan (y lo creen, pues casi nadie es fascista confes&aacute;ndoselo) como defensores de su pueblo, de los suyos, de los d&eacute;biles, tal como har&iacute;a quien est&aacute; del lado de los &ldquo;buenos&rdquo;. De estos relatos hay varios en circulaci&oacute;n y se han vuelto a hacer visibles en estos &uacute;ltimos d&iacute;as.  <strong>Tienen no poco de ese discurso intolerante (aunque no en exclusiva) las dos derechas nacionalistas de Catalunya: la de Arrimadas y la de Torra. Ambas est&aacute;n sedientas de conflicto, del &ldquo;cuanto peor, mejor&rdquo;, a ninguna de las dos parece importarle la convivencia</strong>. Al contrario, cifran su esperanza en que la colisi&oacute;n y la hostilidad apague cualquier atisbo de raz&oacute;n entre los votantes &iexcl;qu&eacute; mejor que tener un enemigo! Es la receta para polarizar la arena pol&iacute;tica hasta que haya que decidir con el est&oacute;mago de qu&eacute; lado (de la fuerza) est&aacute;s. Por eso no os riais de Hitler, que solo supimos qui&eacute;n era cuando todo acab&oacute;. En los d&iacute;as que corren, mucho mejor es ser tibio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Vial Dumas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/riais-hitler-elogio-tibios-catalunya_132_2113836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 18:42:57 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Problema de mayorías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/problema-mayorias_132_3100488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c1d0d15-4cbb-4115-96a4-2cc4b3f0ba5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Problema de mayorías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reforma constitucional superficial no desactivará el problema y es probable que nos lo volvamos a encontrar pasados unos pocos años; por su parte, la ausencia de reforma solo conseguiría acelerar los acontecimientos</p></div><p class="article-text">
        Mirada con cierta distancia, la cuesti&oacute;n catalana es un asunto de mayor&iacute;as en la que poco tienen que ver las reglas constitucionales o los procedimientos jur&iacute;dicos. Hasta ahora, en votaciones con garant&iacute;as, la causa independentista nunca ha obtenido una victoria aplastante, de hecho, en la que hace dos a&ntilde;os se plante&oacute; como plebiscitaria (y decisiva), el apoyo indubitable a la independencia cosech&oacute; el 48% de los votos. Este porcentaje, que puede fluctuar un poco por arriba y un poco por debajo de la mitad de los electores, es el que genera el problema actual.
    </p><p class="article-text">
        El independentismo asegura ser mayoritario, el Gobierno asegura que, por el contrario, la llamada &ldquo;mayor&iacute;a silenciosa&rdquo; es la aut&eacute;ntica fuerza hegem&oacute;nica. A ciencia cierta nadie sabe qui&eacute;n tiene raz&oacute;n, probablemente dependa del momento en el que esto se eval&uacute;a. La &uacute;nica cuesti&oacute;n cierta es que el independentismo no tiene una mayor&iacute;a entre el 60 o 70 por ciento que lo haga incontestable. Eso lo sabemos todos los que vivimos en Catalunya, lo saben muy bien los que luchan por la causa independentista y saben que para lograr sus objetivos necesitan engrosar el colch&oacute;n de partidarios. El Gobierno central se entera de esto a ratos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de las reacciones internas y externas a los hechos acaecidos el 1-O parece haber tomado nota de que procediendo de esa forma hace un favor al independentismo y a su necesidad de mayor&iacute;as amplias. Por eso ahora la t&aacute;ctica es la del terror a la debacle econ&oacute;mica, pues de esa el Gobierno puede afirmar que la provocan los propios pol&iacute;ticos catalanes independentistas. En este tira y afloja muchos, incluido el Rey con su no est&aacute;is solos dirigido a los catalanes no independentistas, justifican su posici&oacute;n en las mayor&iacute;as, pero nadie tiene una carta ganadora. La carta ser&iacute;a esa mayor&iacute;a del 60 o 70 porciento pues, a fin de cuentas, un r&eacute;gimen, cualquiera sea, tiene pocos n&uacute;meros para sobrevivir mucho tiempo si un porcentaje as&iacute; de la poblaci&oacute;n est&aacute; en contra.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco tiene muchas posibilidades de conseguir apoyos internacionales quien reclama un cambio tan radical y solo tiene tras de s&iacute; a la mitad de la poblaci&oacute;n, aunque sea la mitad m&aacute;s uno o m&aacute;s cien o m&aacute;s mil. El problema es justamente que sea la mitad y, por ende, en aumentar o disminuir las mayor&iacute;as, est&aacute; el objetivo de los independentistas y del Gobierno central.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese juego de disminuir, conservar y acrecentar mayor&iacute;as, los movimientos que puede hacer un bando y el otro son m&iacute;nimos y tienen muchas consecuencias. Por ejemplo, el president Puigdemont ha tardado bastante en aceptar que no se hab&iacute;a declarado la independencia el 10 de octubre (aunque todo el que quisiera verlo ya lo sab&iacute;a); admitirlo en un primer momento podr&iacute;a haberle restado apoyos; ha esperado hasta que parezca aceptable, por estrat&eacute;gico, ante sus partidarios.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno, por su parte, tiene un electorado que mimar (que est&aacute; disperso por las autonom&iacute;as con excepci&oacute;n de la catalana, donde su existencia es testimonial, y eso es un gran problema en esta din&aacute;mica), y una parte de dicho electorado pide mano dura y amenaza al PP con una fuga de votos a fuerzas que se han comportado de forma incendiaria para instrumentalizar el conflicto a su favor, como Ciudadanos. Tan delicada es la posici&oacute;n del Gobierno que, a pesar del revuelo que generaron las cargas policiales el 1-O y el justificado reproche que provocan, desde su posici&oacute;n, el balance sigue siendo positivo.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que gracias a dicho proceder se ha internacionalizado en alguna medida el problema, es cierto que esto fabric&oacute; en un d&iacute;a cientos y quiz&aacute;s miles de independentistas y que ha dado alas al argumentario del Govern; pero tambi&eacute;n es cierto que esas cargas hacen que el refer&eacute;ndum no sea aceptable como instrumento para medir mayor&iacute;as (aunque evidentemente ese objetivo se podr&iacute;a haber conseguido de una forma m&aacute;s inteligente). Por esto, adem&aacute;s, algunos sectores del PP, hoy por hoy minoritarios, han llegado incluso a plantear la ilegalizaci&oacute;n de los partidos independentistas: ser&iacute;a catastr&oacute;fico, en la lucha por las mayor&iacute;as, que en unas hipot&eacute;ticas elecciones el independentismo recibiera un apoyo que lo acerque a las necesarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Probablemente los dirigentes independentistas hagan n&uacute;meros a medio plazo. Lograr la independencia requiere conseguir apoyos y el gobierno del PP, con sus altos y bajos, juega a la perfecci&oacute;n el papel de pa&iacute;s de pandereta con que el independentismo caricaturiza a Espa&ntilde;a. A este ritmo, si la t&aacute;ctica del miedo al desastre econ&oacute;mico (hasta ahora la &uacute;nica que ha resultado efectiva) no funciona o acaba agot&aacute;ndose, el secesionismo conseguir&aacute; poco a poco sus objetivos ante la impotencia del Estado para dar una soluci&oacute;n pol&iacute;tica al problema.
    </p><p class="article-text">
        Eso pone por delante un escenario complicado al que es probable que nos veamos enfrentados en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. La mayor&iacute;a necesaria podr&iacute;a ir conform&aacute;ndose en un plazo no muy largo, tal vez 4 u 8 a&ntilde;os, eso siempre que el descontrol de la situaci&oacute;n actual no vaya a m&aacute;s y lo acelere todo. Si la reforma constitucional que se plantea (soluci&oacute;n pol&iacute;tica por antonomasia) no prospera o bien resulta ser papel mojado, es probable que no sea capaz de hacer remitir ese avance y al cabo de este plazo, a&ntilde;os arriba a&ntilde;os abajo, el independentismo alcance las cotas que necesita para triunfar. Si eso sucede, aun quedar&aacute; el recurso a la mediaci&oacute;n internacional (hoy evitada, entonces probablemente inevitable, precisamente por las mayor&iacute;as). Dicha mediaci&oacute;n acabar&iacute;a, con mucha probabilidad, promoviendo una reforma constitucional en serio, un encaje federal como el que desde algunos sectores moderados se propone, hoy por hoy, con muy poco coraje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, ante la advertencia que hace unos d&iacute;as hac&iacute;a el expresidente Aznar (que la reforma constitucional no sea pagar a plazos lo que no se est&aacute; dispuesto a pagar hoy al contado), se podr&iacute;a plantear una pregunta: &iquest;por qu&eacute; pagar a plazos, con un cr&eacute;dito cuyos intereses variables (movilizaci&oacute;n, violencia, odio, etc.) pueden hacer la compra extremadamente onerosa, algo que se puede pagar hoy al contado y m&aacute;s barato?.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de actuar con los ojos puestos en el futuro (el futuro que veo venir y he descrito). Una reforma constitucional superficial no desactivar&aacute; el problema y es probable que nos lo volvamos a encontrar pasados unos pocos a&ntilde;os; por su parte, la ausencia de reforma (la hip&oacute;tesis extrema, querida por algunos, del aplastamiento del movimiento independentista) solo conseguir&iacute;a acelerar los acontecimientos. Hay que evitar dilatar el problema hasta que nos veamos obligados a solucionarlo con prisas, con imposiciones indeseables y con menos libertades.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que lo sensato es negociar ahora que las partes no tienen cartas ganadoras (las mayor&iacute;as) y se ven obligadas a hacerse concesiones mutuas. Esos acuerdos deber&iacute;an acabar en una reforma constitucional en serio, una que actualice el pacto de la primera transici&oacute;n (que cruje por todas partes), que reconozca las singularidades de Catalunya, con un sistema de transferencias econ&oacute;micas claras que no d&eacute; lugar a especulaciones (como el famoso &ldquo;Espa&ntilde;a nos roba&rdquo;), con un reconocimiento de las leg&iacute;timas pretensiones de Catalunya como pueblo, una reforma que despu&eacute;s de negociada sea votada como manda la actual constituci&oacute;n. Tal vez solo una reforma as&iacute; puede obrar el milagro de que todos, o al menos una gran mayor&iacute;a, estemos a gusto en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Vial Dumas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/problema-mayorias_132_3100488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Oct 2017 18:18:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Cataluña,Nacionalismo,Independencia]]></media:keywords>
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