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    <title><![CDATA[elDiario.es - Xavier Simón Fernández]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/xavier_simon_fernandez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Xavier Simón Fernández]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Más allá de las llamas: agroecología para un rural menos vulnerable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/alla-llamas-agroecologia-rural-vulnerable_132_3086967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35a2a3bf-9c0b-4bf2-b9c5-d33a107e41e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de las llamas: agroecología para un rural menos vulnerable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El monte, al menos en Galiza, no lo podemos ni entender ni gestionar, de forma general, alejado de las unidades productivas agrarias, de la producción agrícola y ganadera.</p></div><p class="article-text">
        Hace dos semanas miles de hect&aacute;reas de tierras productivas fueron devastadas por las llamas. Los incendios de Asturias, Galiza y Portugal se caracterizaron por la intensidad y voracidad del fuego. En muy pocas horas causaron una destrucci&oacute;n masiva de capital natural, sembraron el p&aacute;nico en muchos n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n y causaron la muerte de 4 personas en Galiza y de 45 en Portugal. 
    </p><p class="article-text">
        Tienen raz&oacute;n los pol&iacute;ticos cuando indican que las razones de los incendios son humanas. Pero se equivocan cuando apuntan a imprudentes visitantes de los montes o a descuidados desbrozadores de malezas, y mienten descaradamente cuando pretenden tapar su inoperancia y desidia mencionando a terroristas incendiarios. Somos los humanos que consumimos demasiados combustibles f&oacute;siles, somos los humanos que expulsamos demasiado CO2 a la atm&oacute;sfera los que aceleramos el cambio clim&aacute;tico, sembramos vientos para recoger tempestades en forma grandes huracanes que traen incendios ahora o lluvias torrenciales despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las mentes pensantes que dise&ntilde;aron, amparan y justifican el sistema econ&oacute;mico capitalista espa&ntilde;ol a&uacute;n militan en la creencia de &ldquo;la tecnolog&iacute;a todo lo puede&rdquo; y si no puede, deberemos afinar el funcionamiento de algunas de las partes que conforman aquel sistema, a&ntilde;adir nuevas t&eacute;cnicas m&aacute;s o menos eficientes e impulsar algunos ajustes institucionales. Todo ello para mantener intactas las posiciones de poder que algunos, pocos, ejercen desde la atalaya de la comodidad, de la abundancia y del desprecio a todo lo que pueda significar una amenaza, por leve que sea, a su &ldquo;merecido&rdquo; &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Esto ocurrir&aacute;, desgraciadamente, con el diagn&oacute;stico de las razones y las propuestas que se formalicen a ra&iacute;z de los destructivos incendios que ocurrieron a mitad de este mes de octubre en el Noroeste peninsular, sobre todo en Portugal y Galiza. Me refiero, claro, a las explicaciones y pol&iacute;ticas que se desarrollen a partir de las administraciones p&uacute;blicas y de sus tecn&oacute;logos (sociales, ambientales&hellip;.). La distancia entre lo que propondr&aacute;n ellos, desde arriba, y la sociedad civil, los movimientos sociales y las personas de &ldquo;la calle&rdquo;, desde abajo, ser&aacute;, una vez m&aacute;s, inmensa. Y ello no ser&aacute; porque los primeros sean los que saben y los que entienden de l&iacute;mites y hasta donde poder llegar, mientras que &ldquo;los de abajo&rdquo; se dejen llevar por sentimentalismos e ideas ut&oacute;picas no amparadas por criterios cient&iacute;ficos. Y como uno se identifica m&aacute;s con estos &uacute;ltimos pero pretende que los de arriba, primero cambien las caras y despu&eacute;s de forma de actuar, mi ejercicio de &Uacute;ltima Llamada va a consistir en reflexionar sobre las propuestas agroecol&oacute;gicas para la gesti&oacute;n sustentable del territorio, con la intenci&oacute;n de que se reduzca la distancia entre ambos. 
    </p><p class="article-text">
        Las dos primeras propuestas tienen que ver con la memoria. Una, con la memoria hist&oacute;rica de lo que fue la gesti&oacute;n del mundo rural hasta la llegada del franquismo y la instauraci&oacute;n de un nuevo modelo superintensivo de aprovechamiento forestal e industrial. Los incendios forestales, y ahora civiles, el desmantelamiento agrario y la desaparici&oacute;n de n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n son los principales s&iacute;ntomas del fracaso de ese modelo. La segunda, es la memoria agroecol&oacute;gica, compuesta de diversos vectores temporales y escalas espaciales, de complejidades sist&eacute;micas gestionadas comunitariamente y de m&uacute;ltiples valores entretejidos para alcanzar una dif&iacute;cil supervivencia. Creo que es decisivo retener esas dos componentes, una para entender la ra&iacute;z de los problemas socioecol&oacute;gicos que padecemos en el medio rural, y otra para intentar definir estrategias de transici&oacute;n hacia un mundo mucho mejor, social, econ&oacute;mica y ecol&oacute;gicamente.
    </p><p class="article-text">
        Una derivada de la memoria agroecol&oacute;gica es que el monte, al menos en Galiza, no lo podemos ni entender ni gestionar, de forma general, alejado de las unidades productivas agrarias, de la producci&oacute;n agr&iacute;cola y ganadera. Ya s&eacute; que hay &ldquo;explotaciones forestales&rdquo; que funcionan bien. Pero de ello no se deduce que podamos, ni debamos, transformar todo el territorio a monte a su semejanza ni que debamos obviar que la forestaci&oacute;n masiva y de monocultivo realizada con especies al&oacute;ctonas de crecimiento r&aacute;pido obedece fundamentalmente a la l&oacute;gica de intereses empresariales espec&iacute;ficos. Si se fortalece la producci&oacute;n agraria, y se conecta con el monte, estaremos alcanzando dos efectos necesarios para un mundo rural en acelerada descomposici&oacute;n, y amenazado de repentina muerte por los incendios: m&aacute;s poblaci&oacute;n y mayor aprovechamiento de los recursos locales disponibles.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, no imaginemos una soluci&oacute;n universal y similar para todos los espacios que conforman un territorio. Incluso para los escasos 30.000 km2 de la superficie gallega debemos apostar por &oacute;ptimos diferenciales o soluciones localizadas. Y ello por las diferencias ambientales y sociales entre comarcas, municipios y aldeas pero tambi&eacute;n por las disimilitudes de organizaci&oacute;n territorial o cultural: diversidad de soluciones, multifuncionalidad de ecosistemas e integraci&oacute;n horizontal de subsistemas agr&iacute;colas, ganaderos y forestales. 
    </p><p class="article-text">
        Estas soluciones se alcanzar&aacute;n solamente a trav&eacute;s del di&aacute;logo y del progresivo consenso, reduciendo la distancia entre &ldquo;los de arriba&rdquo; y &ldquo;los de abajo&rdquo;. La apuesta de la agroecolog&iacute;a es el empoderamiento de las personas y de sus comunidades como gestores del territorio. Di&aacute;logo y consenso en el que participen los propietarios de los recursos, los productores y consumidores, las agencias gubernamentales y no gubernamentales y los movimientos sociales en general. Me refiero a la necesidad de superar la hasta ahora peligrosa separaci&oacute;n entre &ldquo;los que saben&rdquo; y los que deben seguir lo dictado por ellos. Esta receta ya no funciona para enfrentar problemas complejos donde existen incertezas, y alrededor de los cuales se pone mucho en juego (los incendios, por ejemplo). Participaci&oacute;n, consenso y tambi&eacute;n transdisciplinariedad. Debemos integrar los principales avances tecnol&oacute;gicos, y los mejores conocimientos cient&iacute;ficos, si contribuyen con certeza a la construcci&oacute;n de un mundo mejor y m&aacute;s justo, sin duda alguna, pero en pie de igualdad con otros saberes locales, concretos, pr&aacute;cticos y globalizadores.
    </p><p class="article-text">
         Es inadmisible que los gobiernos no hayan incorporado en sus planes de gesti&oacute;n de los incendios forestales y de prevenci&oacute;n de sus efectos todos los conocimientos que tenemos sobre las consecuencias del cambio clim&aacute;tico y el comportamiento de fen&oacute;menos extremos, como fue hace el hurac&aacute;n Ofelia. Es verdad que finalmente pod&iacute;a haber cambiado de rumbo, o habr&iacute;a podido perder mucha de su fuerza, pero ante la evidencia de su trayectoria y caracter&iacute;sticas (es muy f&aacute;cil comprobar en internet como ya desde el d&iacute;a 10 de octubre el hurac&aacute;n presentaba una trayectoria que afectar&iacute;a a Portugal, Galiza y Asturias) las medidas preventivas y urgentes de corto plazo no existieron en ninguno de esos espacios. Los resultados: p&eacute;rdida de capital natural, destrucci&oacute;n de recursos productivos, muertes humanas&hellip;..
    </p><p class="article-text">
        Todo ello propiciar&iacute;a que la intervenci&oacute;n en el territorio se construya a partir de la diversidad mediante diferentes formas de organizaci&oacute;n de propietarios, productores y consumidores. Exigir&iacute;a tambi&eacute;n que las regulaciones gubernamentales sean flexibles y adaptadas a cada una de las necesidades territoriales colectivamente definidas, dejando atr&aacute;s la uniformidad prevaleciente hasta ahora. Este fortalecimiento de lo rural y lo local, entendidos el en sentido m&aacute;s amplio y diverso posible, requiere que se dise&ntilde;en tambi&eacute;n nuevas f&oacute;rmulas para las relaciones econ&oacute;micas y la socializaci&oacute;n del monte, ahora integrado en las unidades agrarias, con el mundo urbano.
    </p><p class="article-text">
        Todo este conjunto de estrategias podr&iacute;an contribuir a transformar el actual sistema agroalimentario, del que debe formar parte el monte, en un nuevo sistema que priorice procesos y resultados justos social, ambiental y econ&oacute;micamente, un sistema m&aacute;s seguro, menos vulnerable. La agroecolog&iacute;a atribuye a estos sistemas el calificativo de resilientes y afirma que la resiliencia requiere de transformaciones tecnoambientales, pero sobre todo transformaciones sociales y pol&iacute;ticas. Sirvan como ejemplos dos referencias finales. Una se refiere a otro hurac&aacute;n, el Mar&iacute;a, un fen&oacute;meno natural de una dimensi&oacute;n terriblemente exacerbada por el cambio clim&aacute;tico que dej&oacute; rastros infinitamente diferentes en dos territorios, el cubano y en puertorrique&ntilde;o, con condiciones ambientales bastante similares, pero estructuras sociales resilientemente distintos. La otra, menciona la cita del eminente cient&iacute;fico alem&aacute;n Albert Einstein quien dijo, m&aacute;s o menos, lo siguiente: &ldquo;Los problemas importantes que tenemos no pueden ser resueltos con los mismos pensamientos que los crearon&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Simón Fernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Nov 2017 19:11:31 +0000]]></pubDate>
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