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    <title><![CDATA[elDiario.es - Susana Ruiz Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/susana_ruiz_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Susana Ruiz Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Reiventar el sistema fiscal internacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reiventar-sistema-fiscal-internacional_129_8132437.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27298f40-4e8c-4c8d-b10f-48e6b46b63e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reiventar el sistema fiscal internacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un nuevo modelo tributario que se adapte a la realidad del siglo XXI al tiempo que pone coto a las prácticas depredadoras de los paraísos fiscales y la competencia fiscal tan perjudicial en la que se han visto sumidos el conjunto de países</p></div><p class="article-text">
        Los ojos estaban puestos en Venecia el fin de semana, donde se esperaba que los Ministros de Finanzas del G20 dieran el visto bueno a lo que deb&iacute;a ser la gran reforma del sistema fiscal internacional, una reforma esperada y urgente que siente las bases sobre c&oacute;mo gravar los beneficios internacionales de grandes corporaciones que hoy operan como fantasmas fiscales. En definitiva, un nuevo modelo tributario que se adapte a la realidad del siglo XXI al tiempo que pone coto a las pr&aacute;cticas depredadoras de los para&iacute;sos fiscales y la competencia fiscal tan perjudicial en la que se han visto sumidos el conjunto de pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos que la factura de estos abusos fiscales, amparados por a&ntilde;os de impasibilidad pol&iacute;tica, la ha pagado la ciudadan&iacute;a, que ha visto como grandes corporaciones pod&iacute;an multiplicar sus beneficios mientras reduc&iacute;an obscenamente los impuestos pagados. El saldo ha sido una desinversi&oacute;n en pol&iacute;ticas sociales o un mayor esfuerzo sobre las familias y el trabajo, especialmente desde la gran crisis financiera de 2008. Y estas decisiones, pol&iacute;ticas, han condicionado la capacidad de los pa&iacute;ses para enfrentarse a la pandemia de la Covid-19. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso esta fase final de la reforma del sistema fiscal internacional no llega en un momento cualquiera, sino tambi&eacute;n, en un contexto de m&aacute;xima tensi&oacute;n presupuestaria y fiscal. En los pa&iacute;ses en desarrollo, la deuda est&aacute; alcanzando niveles insostenibles y amenazan con desestabilizar el fr&aacute;gil sistema financiero internacional en el que se fundamenta la fr&aacute;gil recuperaci&oacute;n post-pandemia. Abordar una reconstrucci&oacute;n m&aacute;s justa a esta crisis requiere de decisiones decididas como quien asumir&aacute; el coste, pero tambi&eacute;n de c&oacute;mo evitar que la desigualdad se dispare. Conviene recordar que la COVID 19 no ha afectado ni sanitariamente ni econ&oacute;micamente a todos los pa&iacute;ses por igual. Tampoco lo ha hecho entre las personas de un mismo pa&iacute;s. Las personas y las comunidades m&aacute;s vulnerables han sido las m&aacute;s impactadas, las que m&aacute;s han sufrido la p&eacute;rdida del empleo y las &uacute;ltimas en acceder a los programas de protecci&oacute;n social, cuando los ha habido. Mientras, la riqueza de las mayores fortunas del mundo ha alcanzado cotas nunca antes vistas. 
    </p><p class="article-text">
        Es en este complejo escenario en el que por fin se retomaron las negociaciones para reformar las reglas que determinan cu&aacute;nto y d&oacute;nde deben pagar los impuestos por sus beneficios las grandes empresas multinacionales. A principios de junio, los pa&iacute;ses del G7 dieron su respaldo pol&iacute;tico, con bombo y platillo, lo que ha acelerado la posibilidad de alcanzar un consenso, pero tambi&eacute;n que ha puesto de manifiesto que no era sino un acuerdo para proteger sus propios intereses. Y si este acuerdo puede poner en jaque el funcionamiento de algunos para&iacute;sos fiscales, tambi&eacute;n es una apuesta perversa para los pa&iacute;ses en desarrollo a los que coloca en un falso dilema, respaldar un acuerdo que es injusto para ellos o dejar v&iacute;a libre a la elusi&oacute;n fiscal m&aacute;s desmedida. 
    </p><p class="article-text">
        Una encrucijada compleja. Porque (casi) todos coinciden en reconocer que el sistema fiscal internacional, dise&ntilde;ado hace 90 a&ntilde;os, se ha quedado obsoleto. Entonces, nadie advirti&oacute; de los profundos cambios que nos iba a traer la globalizaci&oacute;n y la digitalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a. Lo que s&iacute; ten&iacute;an claro era que quienes dise&ntilde;aron ese modelo lo hac&iacute;an para favorecer los intereses de quienes ya entonces dominaban el comercio internacional, de los pa&iacute;ses ricos. Y desde hace d&eacute;cadas, son numerosos los pa&iacute;ses en desarrollo y las organizaciones de la sociedad civil que claman por una reforma profunda, m&aacute;s justa. Unas reglas que simplemente permitan retener all&iacute; donde se genera valor y actividad econ&oacute;mica, los beneficios fiscales que leg&iacute;timamente les corresponden. &nbsp;Lo &uacute;nico que se ha conseguido con este modelo es que los pa&iacute;ses compitan por ver quien baja m&aacute;s los impuestos a los beneficios empresariales. Una carrera al desastre. 
    </p><p class="article-text">
        Estas discusiones supon&iacute;an una oportunidad &uacute;nica para efectivamente alcanzar un acuerdo hist&oacute;rico. Y una absoluta responsabilidad pol&iacute;tica el lograrlo. Sin embargo, el acuerdo alcanzado resulta poco ambicioso e injusto. Los intereses de los pa&iacute;ses ricos y sus grandes corporaciones se han puesto por delante de las personas y de los pa&iacute;ses en desarrollo. Dos son los principales problemas. 
    </p><p class="article-text">
        El primero tiene que ver con el tipo m&iacute;nimo efectivo propuesto, de &ldquo;al menos del 15%&rdquo;. Lejos del 21% que el Presidente Biden quieren aplicar en los Estados Unidos, y por debajo del 25% que recomiendan economistas como Joseph Stiglitz o Thomas Piketty. En el fondo, es una concesi&oacute;n que no hace sino acercarnos a los niveles de conocidos para&iacute;sos fiscales como Irlanda y Singapur. Es mejor que nada, sin duda, pero el list&oacute;n queda tan bajo que dif&iacute;cilmente lograr&aacute; el efecto esperado de poner fin a la competencia fiscal. Sin duda generar&aacute; tensi&oacute;n sobre los para&iacute;sos fiscales m&aacute;s agresivos, pero ser&aacute; en beneficio de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos. Es una medida dise&ntilde;ada para que quien la pueda ejecutar sea el pa&iacute;s de la casa matriz. Por eso, seg&uacute;n nuestras estimaciones, dos terceras partes de los ingresos adicionales ir&aacute;n a parar a pa&iacute;ses G7 y de la UE, mientras que a los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres apenas les corresponder&aacute; un 3% del total, a pesar de representar al 36% de la poblaci&oacute;n mundial. No hacemos sino perpetuar d&eacute;cadas de injusticia en el sistema fiscal internacional, mientras que algunos pa&iacute;ses europeos act&uacute;an como verdaderas termitas fiscales en el sistema global. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo problema se refiere a la manera acordada para repartir los impuestos sobre los beneficios globales de las grandes empresas que, a pesar de conseguir amplios beneficios, no tiene presencia a efectos fiscales. La idea es redistribuir parte de esos beneficios globales hacia el resto de pa&iacute;ses en los que la empresa est&aacute; presente. Pero los umbrales son tan altos, que apenas afectar&aacute; a unas cien empresas, aquellas que facturen por encima de los 20.000 millones de euros y con rentabilidad superior al 10%. Son pocas, tan pocas que incluso monstruos digitales como Amazon podr&iacute;an quedarse fuera. No s&oacute;lo eso. Los pa&iacute;ses donde las multinacionales est&aacute;n produciendo o generando sus ventas y beneficios, apenas se repartir&aacute;n una parte m&iacute;nima de los beneficios globales (no llega al 5%). 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n resultan problem&aacute;ticos los flecos a&uacute;n por concretar. Ya sabemos que el diablo est&aacute; en los detalles. El sector financiero por ejemplo ha quedado al margen del acuerdo, sin duda por la presi&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a entre otros. Su exclusi&oacute;n supone reducir los ingresos fiscales globales a la mitad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil que este acuerdo sea motivo de celebraci&oacute;n. Mart&iacute;n Guzm&aacute;n, ministro de Finanzas de Argentina, pa&iacute;s miembro del G20, critic&oacute; la propuesta, al igual que algunos pa&iacute;ses africanos como Nigeria o Kenia que incluso renunciaron a firmar el acuerdo. En estos t&eacute;rminos, corremos el riesgo de incrementar las desigualdades entre pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el partido a&uacute;n no ha acabado. Hasta octubre todav&iacute;a podemos conseguir un acuerdo que sea m&aacute;s justo y que genere ingresos adicionales suficientes y sustanciales para todos, incluidos los pa&iacute;ses en desarrollo. Para ello tendr&iacute;amos que pensar en un tipo m&iacute;nimo m&aacute;s alto, del 25%. Y tendr&iacute;amos que garantizar que los beneficios se compartan de manera equilibrada con los pa&iacute;ses en desarrollo y que las grandes empresas que se han beneficiado de la digitalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, como Amazon no puedan eludir este acuerdo. Convendr&iacute;a que la opini&oacute;n p&uacute;blica sea consciente de lo importante del momento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Ruiz Rodríguez, Iñigo Macías Aymar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reiventar-sistema-fiscal-internacional_129_8132437.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jul 2021 20:48:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reiventar el sistema fiscal internacional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[100 días y una revolución fiscal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dias-revolucion-fiscal_129_1939301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfcf94da-6e60-46b2-9dd3-cb36cc548076_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="100 días y una revolución fiscal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis se ha saldado trasladando una mayor parte del esfuerzo fiscal a los ciudadanos, manteniendo la regresividad y la insuficiencia recaudatoria histórica</p><p class="subtitle">Nuestro sistema fiscal necesitaría una intervención en quirófano, una reforma en profundidad casi “a corazón abierto”</p></div><p class="article-text">
        Los primeros cien d&iacute;as del nuevo gobierno de Pedro S&aacute;nchez han estado marcados por la efervescencia de propuestas en materia fiscal. La densidad de iniciativas que flotan en el aire a&uacute;n no deja un escenario claro sobre los avances que se pueden materializar. El reto, que no es poco, es pasar a la acci&oacute;n y conseguir en un escenario de matem&aacute;ticas parlamentarias inciertas, recuperar a&ntilde;os de rezago fiscal. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es el pa&iacute;s de la paradoja fiscal, un pa&iacute;s a dos velocidades. Hace cuatro a&ntilde;os que Espa&ntilde;a emergi&oacute; de la crisis, y su El PIB ha crecido de forma sostenida desde 2014, pero los resultados de esta reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica siguen dejando de lado a una inmensa mayor&iacute;a haciendo que la desigualdad apenas se haya reducido (6 d&eacute;cimas si consideramos el &iacute;ndice de Gini). Y mientras, la crisis se ha saldado trasladando una mayor parte del esfuerzo fiscal a los ciudadanos, manteniendo la regresividad y la insuficiencia recaudatoria hist&oacute;rica. En 2007, las familias aportaban el 74% del total de ingresos recaudados, para pasar a aportar un 83% en 2017. En el mismo periodo, las empresas aportaron 22% y 12%, respectivamente. En realidad, desde 1999 el resultado contable de las empresas se ha m&aacute;s que multiplicado mientras que su factura fiscal sigue sin recuperarse ni estar a la altura. Nuestro sistema fiscal no est&aacute; al servicio de la reducci&oacute;n de la desigualdad, somos el sexto pa&iacute;s de la UE con menor efecto redistributivo a trav&eacute;s de ingresos y gastos p&uacute;blicos, por detr&aacute;s tan s&oacute;lo de Lituania, Estonia, Letonia, Bulgaria y Ruman&iacute;a. Esto condiciona nuestro techo de gasto, la senda de reducci&oacute;n del d&eacute;ficit y la posibilidad de financiar programas de protecci&oacute;n social vitales como las pensiones. 
    </p><p class="article-text">
        Parados, como dec&iacute;amos. En estos &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, el n&uacute;mero de los ultrarricos (con patrimonios declarados superiores a los 30 millones de euros) casi se ha triplicado. Pero en este mismo periodo de tiempo, los hogares sin ning&uacute;n tipo de ingresos han crecido un 60%, pasando de cerca de 400.000 a los 600.000, aproximadamente. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema fiscal necesitar&iacute;a una intervenci&oacute;n en quir&oacute;fano, una reforma en profundidad casi &ldquo;a coraz&oacute;n abierto&rdquo; para corregir las deficiencias y profundas inequidades que lo caracterizan. Pero las aritm&eacute;ticas parlamentarias, complicadas y sensibles, nos llevar&aacute;n m&aacute;s bien a un ejercicio de curas b&aacute;sicas, enfocado a afrontar las urgencias m&aacute;s inmediatas pero tambi&eacute;n donde se encuentren los mayores consensos. 
    </p><p class="article-text">
        Nos inclinamos por tres prioridades factibles dados los condicionantes. Para empezar, corregir la alergia casi sintom&aacute;tica que existe en nuestra estructura tributaria a la hora de gravar la riqueza y las rentas m&aacute;s altas. Hay pocos elementos en el dise&ntilde;o del IRPF o de la tributaci&oacute;n de las rentas de capital que consigan frenar esta creciente concentraci&oacute;n y que logre redistribuir sus beneficios al resto de la sociedad. Muy al contario, la &uacute;ltima reforma fiscal que entr&oacute; en vigor en 2015 rest&oacute; progresividad al conjunto del dise&ntilde;o tributario al combinar la supresi&oacute;n del tramo m&aacute;s alto en el IRPF y reduciendo el tipo marginal m&aacute;s elevado, mientras se rebajaba la presi&oacute;n sobre las mal llamadas &ldquo;rentas del ahorro&rdquo;. Por eso, la propuesta de elevar el tipo al 52% a las rentas superiores a los 150.000 euros (frente al 45% actualmente para las rentas a partir de los 60.000 euros) tiene tanto de importancia recaudadora como de recuperaci&oacute;n de los principios de equidad. S&oacute;lo que deber&iacute;a suprimir tambi&eacute;n la dualidad en la tributaci&oacute;n del trabajo frente al capital, y avanzar hacia una armonizaci&oacute;n bien dise&ntilde;ada en los impuestos sobre herencias y donaciones que act&uacute;e tambi&eacute;n para frenar la perpetuaci&oacute;n de la desigualdad intergeneracional. 
    </p><p class="article-text">
        Donde hay que tocar el nervio tributario es especialmente en la contribuci&oacute;n de las grandes empresas a trav&eacute;s de sus beneficios. El Impuesto de sociedades sigue recaudando la mitad de lo que recaudaba en 2007, a pesar de que las grandes empresas rozan resultados hist&oacute;ricos &uacute;ltimamente. Adem&aacute;s, la globalizaci&oacute;n y digitalizaci&oacute;n creciente de la econom&iacute;a ponen a&uacute;n m&aacute;s trabas a un sistema fiscal internacional arcaico y desfasado, dise&ntilde;ado hace casi cien a&ntilde;os, a pesar de los esfuerzos por parchearlo de la OCDE y el G20. Pero mientras se avanza por la construcci&oacute;n de consensos globales, la opci&oacute;n de establecer una tributaci&oacute;n efectiva m&iacute;nima para las grandes empresas es un ejercicio de contenci&oacute;n de m&iacute;nimos m&aacute;s que necesario, sobre todo si viene acompa&ntilde;ado de medidas sancionadoras que impidan que estas grandes se aprovechen de las debilidades del sistema para contar con privilegios fiscales que les permitan pr&aacute;cticamente no pagar nada. Igual que el impuesto a las grandes tecnol&oacute;gicas es una soluci&oacute;n temporal pero efectiva frente a colosos digitales que escapan en la pr&aacute;ctica al control tributario. Dominan el mercado pero con estructuras puramente virtuales que no encajan con un dise&ntilde;o en el IS r&iacute;gido y territorializado. Hay que reinventar el sistema tributario para responder a una sofisticaci&oacute;n en los modelos empresariales y acompa&ntilde;arlo de un plan de urgencia contra la evasi&oacute;n y elusi&oacute;n fiscal. 
    </p><p class="article-text">
        Para terminar, una apuesta hist&oacute;rica pero no menos de actualidad: la aplicaci&oacute;n del Impuesto a las Transacciones Financieras, ITF, o el renacer de la Tasa Tobin. Este mes de septiembre de 2018 se cumplen diez a&ntilde;os de la crisis financiera, cuyos coletazos golpearon tan fuerte nuestro pa&iacute;s. El ITF tiene un gran potencial recaudador, pero tambi&eacute;n puede corregir los efectos altamente especulativos de algunos de los productos financieros en el origen de la gran crisis. La propuesta de ITF europea se ha ido poco a poco atascando, en tecnicismos que encubren la falta de voluntad pol&iacute;tica suficiente. Ser&iacute;a el primer impuesto realmente europeo, y una buena declaraci&oacute;n de intenciones, adem&aacute;s de anteponer las necesidades de la ciudadan&iacute;a frente a los intereses del sector financiero y de liberar recursos para luchar contra la pobreza, la desigualdad y el cambio clim&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Los retos son m&aacute;s amplios, pero &eacute;stas son reformas que dif&iacute;cilmente pueden esperar si existe la voluntad pol&iacute;tica. Hace unos meses, Pedro S&aacute;nchez acertaba en la necesidad de poner el ojo en las reformas fiscales para abordar las reformas sociales y reducir la desigualdad. No hay pa&iacute;s en el mundo que haya logrado una senda de reducci&oacute;n de la desigualdad sin construir un sistema fiscal m&aacute;s justo. Simplemente, no es posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Ruiz Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dias-revolucion-fiscal_129_1939301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Sep 2018 19:54:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paradise Papers: cinco medidas para acabar con los escándalos fiscales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/paradise-papers-medidas-escandalos-fiscales_129_3057107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1198ed9c-7794-4fc8-905b-e19bc473ed25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paradise Papers: cinco medidas para acabar con los escándalos fiscales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sorprende por lo visto que los esquemas que nos encontramos en Paradise Papers son en gran medida legales</p><p class="subtitle">La propia OCDE reconocía hace 4 años que el sistema fiscal internacional estaba obsoleto y no respondía a la realidad del siglo XXI</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Panama Papers, el comisario europeo de Econom&iacute;a y Asuntos Fiscales, Pierre Moscovi, declaraba: &ldquo;Si no actuamos tras lo de Panam&aacute;, la gente creer&aacute; que todo est&aacute; podrido&rdquo;. Paradise Papers, el &uacute;ltimo de los esc&aacute;ndalos fiscales, tiene que ser una se&ntilde;al de alarma para el Comisario quien acusaba esta semana pasada de &ldquo;vampiros&rdquo; a quienes recurren a los para&iacute;sos fiscales, grandes fortunas y grandes empresas, para aprovecharse de los vac&iacute;os legales y pagar menos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda alguna, los para&iacute;sos fiscales chupan recursos vitales para todos los pa&iacute;ses y generan un doble rasero que mina y socava los cimientos democr&aacute;ticos, los principios de equidad e igualdad de todos ante la ley. Es pura matem&aacute;tica, lo que se pierde por esta v&iacute;a t&oacute;xica y perversa se traduce en menos hospitales, menos educaci&oacute;n, menos cooperaci&oacute;n al desarrollo. Una sociedad m&aacute;s desigual.
    </p><p class="article-text">
        Sorprende por lo visto que los esquemas que nos encontramos en Paradise Papers son en gran medida legales. Viejos conocidos, aunque m&aacute;s cuidadosos en los detalles, con mayor ingeniosidad para detectar los resquicios y desajustes legales entre pa&iacute;ses. Pero si la ley es insuficiente, hay que cambiarla. Empresas como Nike registran su marca en Bermudas. Las ventas europeas de la empresa se canalizan a trav&eacute;s de Holanda desde donde los royalties por el uso de esta marca se transfieren desfiscalizados. Es un puente &ldquo;al para&iacute;so&rdquo;, un pa&iacute;s que opera como veh&iacute;culo de inversi&oacute;n o de beneficios no gravados, un juego que no es ajeno a muchas otras tecnol&oacute;gicas que lo han adoptado desde hace tiempo. Pero el remate es un ventajoso acuerdo fiscal por 10 a&ntilde;os con Holanda, que rebaja al m&iacute;nimo su contribuci&oacute;n fiscal. En estos &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, la empresa crece en actividad y volumen de ventas, y baja en contribuci&oacute;n fiscal. Contra intuitivo cuando menos.
    </p><p class="article-text">
        Los esc&aacute;ndalos han sido fundamentales para que las fichas pol&iacute;ticas empiecen a moverse, pero siempre a medias. La voluntad pol&iacute;tica falla en atajar de ra&iacute;z el problema. El gobierno holand&eacute;s por ejemplo ha anunciado que impondr&aacute; una retenci&oacute;n en fuente para esos ingresos de alto riesgo que se transfieren al exterior (pagos por dividendos, intereses o royalties). Pero no ha dejado a&uacute;n claro cuando, aunque probablemente no sea antes 2021, lo que dejar&iacute;a mucho margen para seguir explotando este gran agujero legal. Tampoco ha aclarado con qu&eacute; pa&iacute;ses, por lo que las Bermudas muy bien podr&iacute;a quedarse fuera. Ni qu&eacute; tipo de retenci&oacute;n aplicar&aacute;, por lo que viendo los vol&uacute;menes tan astron&oacute;micos que se mueven, quiz&aacute;s no sea un desincentivo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Parecida es la jugada de Irlanda, con el famoso &ldquo;doble irland&eacute;s&rdquo;, un ingenioso esquema de elusi&oacute;n fiscal que permite igualmente transferir beneficios por propiedad intelectual a Irlanda, pr&aacute;cticamente a coste (fiscal) cero, y de ah&iacute; volverlos a remitir Bermudas donde el impuesto es nulo. Bajo la presi&oacute;n de las reformas globales, Irlanda se comprometi&oacute; a revisar los mecanismos que permiten este juego fiscal. Pero, a cambio, ha creado una nueva figura de &ldquo;incentivo fiscal a la innovaci&oacute;n&rdquo; que gravar&iacute;a los rendimientos de estos intangibles tan s&oacute;lo al 6.5%, pr&aacute;cticamente a la mitad de su ya baj&iacute;simo impuesto de sociedades (un 12.5%). Es como jugar al gato y al rat&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y a este juego saben jugar bien las grandes corporaciones. Glencore, de capital suizo y una de las mayores mineras del mundo, es probablemente tambi&eacute;n uno de los mejores clientes de Appleby, tanto que la firma de servicios offshore lleg&oacute; a poner su nombre a una de las salas de su edificio de oficinas en Bermudas. Glencore tan s&oacute;lo reconoce en sus cuentas anuales 17 filiales en para&iacute;sos fiscales, cuando Paradise Papers muestra como Appleby registr&oacute; 107 para el grupo, 74 de ellas en Bermudas tan s&oacute;lo. Una de estas filiales de Bermudas controla las acciones de Glencore en la minera Los Quenuales de Per&uacute; Glencore sobre los que los documentos filtrados en Paradise Papers detectan sospechosos movimientos de pr&eacute;stamos que podr&iacute;an no tener otro fin que el de reducir artificialmente los beneficios en el pa&iacute;s andino para trasladarlos al para&iacute;so caribe&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Significa que los Papeles de Panam&aacute; no han servido de nada? No, pero las agendas internacionales, europeas o de los distintos pa&iacute;ses van a paso de tortuga cuando se necesitar&iacute;a velocidad de crucero. La propia OCDE reconoc&iacute;a hace 4 a&ntilde;os que el sistema fiscal internacional estaba obsoleto y no respond&iacute;a a la realidad del siglo XXI. Se cre&oacute; hace m&aacute;s casi 100 a&ntilde;os, con estructuras empresariales que respond&iacute;an a modelos de negocio completamente otros. Y sin tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n, que permiten en un clic transferir capitales o crear sociedades en cualquier lugar del mundo sin moverse de casa. Sin embargo, en la actualidad, el 45% de los beneficios de las grandes corporaciones se realizan en para&iacute;sos fiscales.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os la agenda de reformas internacional se ha movido m&aacute;s que en los &uacute;ltimos 100 a&ntilde;os. &iquest;Entonces, qu&eacute; nos queda por hacer? Mucho. Pero hace falta voluntad pol&iacute;tica ante todo para que estas reformas no se queden en parches en la capa m&aacute;s superficial del problema, en lugar de entrar a fondo a revisar el estatus quo actual.
    </p><p class="article-text">
        En Oxfam hemos pensado en cinco medidas urgentes para activar un plan de acci&oacute;n contra los esc&aacute;ndalos fiscales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elaborar una</strong> <strong>lista negra mundial de para&iacute;sos fiscales</strong>, siguiendo criterios objetivos y sin interferencias pol&iacute;ticas, que vaya acompa&ntilde;ada de contramedidas e incluso sanciones que desincentiven su uso. En junio del a&ntilde;o pasado, el G20 dio por buena la propuesta de lista negra de la OCDE en la que tan s&oacute;lo aparece un pa&iacute;s, Trinidad y Tobago. Y pronto ninguno, porque a Trinidad y Tobago, pa&iacute;s del Calipso, le est&aacute;n dando una oportunidad de &ldquo;enmendarse&rdquo;. La propuesta de la OCDE falla porque se centra tan s&oacute;lo en la transparencia. La UE en cambio est&aacute; a punto de presentar su propia lista negra el 5 de diciembre, basada en 3 criterios m&aacute;s ambiciosos que los de la OCDE. Pero los intereses pol&iacute;ticos pueden acabar diluyendo el resultado.
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        <strong>Incrementar la</strong> <strong>transparencia</strong> sobre cu&aacute;nto pagan las grandes empresas, donde realizan su actividad real, qu&eacute; impuestos pagan, qu&eacute; personal tienen. Es como contar con una foto que nos acerque a entender si hay una actividad econ&oacute;mica real o si, como sucede en muchos casos, nos encontramos con empresas con actividad econ&oacute;mica en el pa&iacute;s pero sin domicilio fiscal o sin ning&uacute;n trabajador.
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        <strong>Acabar con la opacidad</strong> tras la que se ocultan los s&uacute;per ricos, estableciendo un registro p&uacute;blico de los titulares reales de empresas offshore, fundaciones, <em>trusts</em>, cuentas bancarias, etc. Al frente de esta mara&ntilde;a de sociedades pantalla no aparecen los propietarios reales sino un sinf&iacute;n de testaferros, hombres de paja para que se convierta en imposible llegar hasta el verdadero beneficiario.
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        <strong>Renegociar los acuerdos fiscales </strong>entre pa&iacute;ses, garantizando que se negocian en pie de igualdad y que no erosionan las bases impositivas de los pa&iacute;ses en desarrollo. Existen m&aacute;s de 3000 tratados o acuerdos fiscales en el mundo, que se convierten en una negociaci&oacute;n a la baja.
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        <strong>Es hora de crear un organismo fiscal mundial </strong>que permita la participaci&oacute;n de todos los pa&iacute;ses en el dise&ntilde;o y elaboraci&oacute;n de las reglas del juego fiscal y del que nazca una nueva oleada de reformas del sistema fiscal internacional. Esta vez, anteponiendo los intereses de la mayor&iacute;a de las personas y de todos los pa&iacute;ses.
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        &iquest;Un plan imposible? No. Lo cierto es que muchas de estas medidas est&aacute;n ya en marcha, pero la falta de voluntad pol&iacute;tica hace que se queden por el camino o que vayan diluy&eacute;ndose. Ya no hay tiempo para m&aacute;s, y acabar con la crisis de desigualdad extrema requiere tambi&eacute;n poner fin a los esc&aacute;ndalos fiscales. No puede haber cabida para m&aacute;s Paradise Papers.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Ruiz Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/paradise-papers-medidas-escandalos-fiscales_129_3057107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Nov 2017 18:55:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paradise Papers: cinco medidas para acabar con los escándalos fiscales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paraísos fiscales]]></media:keywords>
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