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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sirio Canós]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sirio_canos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sirio Canós]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rajoy en Londres o la oportunidad perdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-londres-oportunidad-perdida_129_3020995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1470460-ee28-4b7a-b4ae-e82b2320babe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los riesgos que el gobierno decide ignorar</p></div><p class="article-text">
        Sorprende que un proceso como el de las negociaciones del Brexit -sin duda el mayor escollo destituyente que haya conocido el proyecto europeo desde el Tratado de Roma- haya generado tan poco debate p&uacute;blico en Espa&ntilde;a. Hubo, es cierto, un arrebato inicial subido de tono sobre Gibraltar- que en seguida fue reconducido y rebajado con buen tino por todas las partes implicadas.
    </p><p class="article-text">
        Oficialmente, la posici&oacute;n del gobierno no difiere de la de muchas otras canciller&iacute;as y capitales europeas: prudencia, discreci&oacute;n, unidad en torno a las posiciones del negociador europeo, y una hasta ahora exitosa t&aacute;ctica que consiste en esperar los errores, contradicciones e incongruencias de la posici&oacute;n brit&aacute;nica que van marcando el ritmo de las negociaciones. El trabajo parlamentario sigue la misma t&oacute;nica - en la subcomisi&oacute;n del Brexit de momento estudiamos documentaci&oacute;n, escuchamos a los expertos (cuyas comparecencias empiezan irremediablemente por un &ldquo;es imposible saber lo que va a suceder&rdquo;) y esperamos la informaci&oacute;n que Bruselas anuncia a cuentagotas y el devenir de los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        Si la prudencia (que se lo digan a cualquiera que haya vivido los &uacute;ltimos meses en Espa&ntilde;a) puede ser buena consejera ante procesos tan delicados y sensibles, no es sin embargo una buena noticia que no exista un grado de conciencia en el debate p&uacute;blico proporcional a la importancia de lo que est&aacute; en juego. En primer lugar, porque, aunque el Gobierno sigue sin tener cifras fiables sobre emigraci&oacute;n - pese a nuestros m&uacute;ltiples y reiterados requerimientos - sabemos que Reino Unido es el principal destino de la emigraci&oacute;n espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n los datos de la Seguridad Social Brit&aacute;nica, 40.473 espa&ntilde;oles/as se dieron de alta s&oacute;lo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o; esto son 110 altas de espa&ntilde;oles al d&iacute;a. A estos hay que a&ntilde;adir los que fueron a estudiar o est&aacute;n trabajando sin contrato (que, por desgracia, es algo relativamente com&uacute;n, especialmente en los empleos m&aacute;s precarios).
    </p><p class="article-text">
        Reino Unido es tambi&eacute;n uno de nuestros mayores importadores: el 7,5% de todas las exportaciones espa&ntilde;olas en 2016; un 10% de las del sector agrario y ganadero, y hasta un 16% de las exportaciones de hortalizas fueron a parar all&iacute;. Adem&aacute;s, la salida de Reino Unido de la Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n comportar&aacute; una reducci&oacute;n de alrededor de 7000 millones de euros para Espa&ntilde;a en el pr&oacute;ximo periodo. No es por lo tanto descabellado afirmar que el resultado de este proceso de negociaciones -que se siguen produciendo, todo un cl&aacute;sico en Bruselas, a puerta cerrada- afectar&aacute; decisivamente a la posici&oacute;n de Espa&ntilde;a en la UE, a la de la UE en el mundo, y tendr&aacute; repercusiones importantes sobre sectores claves de nuestro sistema productivo y sobre la vida de cientos de miles de compatriotas.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos adem&aacute;s ahora en un momento clave del proceso, en que ambos equipos est&aacute;n intentando cerrar con dificultad la primera fase de negociaciones (centrada en el acuerdo financiero, la frontera con Irlanda y los derechos adquiridos de la ciudadan&iacute;a brit&aacute;nica en la UE y la comunitaria en Reino Unido) para poder pasar a negociar el tratado comercial. &iquest;Pero qu&eacute; pasar&aacute; si alguna de estas cuestiones -tan sensibles- no llega a buen puerto, o si como parecen asumir todas las partes implicadas, resulta imposible concluir un tratado comercial antes de que finalice el plazo establecido por el Art&iacute;culo 50?
    </p><p class="article-text">
        Nuestra principal preocupaci&oacute;n, en este magma de incertidumbres cruzadas, es que los derechos de la ciudadan&iacute;a queden secuestrados como rehenes de una negociaci&oacute;n a contrarreloj. Seg&uacute;n las cifras oficiales hay alrededor de tres millones de ciudadanos comunitarios viviendo en el Reino Unido, y un mill&oacute;n de brit&aacute;nicos viviendo en la UE, muchos de ellos en Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n el registro consular espa&ntilde;ol, hay actualmente 115.000 espa&ntilde;oles residiendo en Reino Unido, aunque como las organizaciones de emigrados no dejan de denunciar, es muy posible que esta cifra no represente ni una tercera parte de la real.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el gobierno brit&aacute;nico como la Uni&oacute;n Europea aseguran que su m&aacute;xima prioridad, por encima de cualquier otra, es garantizar los derechos de los ciudadanos, pero 9 meses despu&eacute;s de iniciar las negociaciones sigue sin haber un acuerdo claro en esta materia, y en la pr&aacute;ctica, ambas partes siguen utilizando a la ciudadan&iacute;a como fichas de negociaci&oacute;n. Mientras tanto, casi 5.000 comunitarios han sido deportados de Reino Unido s&oacute;lo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, la xenofobia y los cr&iacute;menes de odio siguen en aumento, y miles de personas y sus familias viven horas de angustia e incertidumbre sobre su futuro.
    </p><p class="article-text">
        Esa situaci&oacute;n no tiene visos de modificarse mientras el acuerdo sobre derechos de la ciudadan&iacute;a siga supeditado a que se alcance un acuerdo global. Si por cualquier otra cuesti&oacute;n -y en vista de los recientes desacuerdos, la lista de posibles razones es extensa- se rompieran las negociaciones en el curso de los pr&oacute;ximos meses, o incluso si alguno de los 28 pa&iacute;ses no aprobara el acuerdo final, miles de personas podr&iacute;an verse de un d&iacute;a para otro sin derecho a vivir y trabajar en sus lugares de residencia, donde han hecho sus vidas y donde pagan sus impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es una cuesti&oacute;n menor. Aun si se supera el escollo de la frontera irlandesa, cuando se empiece a negociar ese acuerdo comercial, ser&aacute;n muchos y muy poderosos los intereses que se enfrenten para redefinir el estatus de las relaciones comerciales entre el Reino Unido y la Uni&oacute;n Europea: hay quien aboga abiertamente por adoptar modelos como el del CETA (tratados comerciales de nueva generaci&oacute;n que incluyen la creaci&oacute;n de sistemas normativos y jur&iacute;dicos propios, al margen del ordenamiento constitucional de los Estados) para superar el modelo de la uni&oacute;n aduanera y la libre circulaci&oacute;n de personas, pero es evidente que no va a haber tiempo suficiente -ni probablemente voluntad, o quiz&aacute; capacidad, dada la posici&oacute;n de debilidad actual del Gobierno brit&aacute;nico- para concluir un acuerdo de esas caracter&iacute;sticas en el plazo establecido.
    </p><p class="article-text">
        No es la &uacute;nica cuesti&oacute;n sensible: la renegociaci&oacute;n de la Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n, por ejemplo, para adaptarse al agujero que dejar&aacute; el final de las contribuciones brit&aacute;nicas, tendr&aacute; implicaciones -y despertar&aacute; intereses- de primer orden en cada uno de los Estados Miembros. En cada una de estas cuestiones, existe el riesgo real de que los derechos de la ciudadan&iacute;a sean rehenes de una confrontaci&oacute;n de grandes intereses, de t&aacute;cticas dilatorias o amenazas de bloqueo en una negociaci&oacute;n comercial que no tiene nada que ver con las necesidades ni con la situaci&oacute;n vital de millones de personas que pueden verse atrapadas en un escenario de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica en el que no han tenido, por ahora, ni voz ni voto real.
    </p><p class="article-text">
        La visita del se&ntilde;or Rajoy a Downing Street ser&iacute;a una buena ocasi&oacute;n para plantear que el derecho al trabajo, a la residencia, a la movilidad, a que se vean reconocidos las prestaciones y los derechos adquiridos de nuestros compatriotas en el Reino Unido (y tambi&eacute;n de los brit&aacute;nicos que viven en nuestro pa&iacute;s) y se garanticen al margen e independientemente de todas las dem&aacute;s cuestiones, para asegurar que la gente no quede expuesta y desprotegida en ninguna circunstancia. Aprovechando la visita, el presidente del Gobierno podr&iacute;a hacer hueco en la agenda tambi&eacute;n para reunirse y hablar con nuestros compatriotas. Tal vez as&iacute; entendiera la gravedad de la situaci&oacute;n a la que se enfrentan y que es tambi&eacute;n su responsabilidad velar por sus derechos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy, Sirio Canós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-londres-oportunidad-perdida_129_3020995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Dec 2017 20:25:10 +0000]]></pubDate>
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