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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jordi Ortiz Gisbert]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jordi_ortiz_gisbert/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jordi Ortiz Gisbert]]></description>
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      <title><![CDATA[Reforma generacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/reforma-generacional_1_3019878.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n de 1978 no ha fracasado. Ha ofrecido grandes &eacute;xitos. Ha permitido desarrollar un pa&iacute;s con fuertes estructuras del bienestar. Ha sido capaz de dar importancia a las singularidades. Sin esta Carta Magna y los Estatutos de Autonom&iacute;a que de ella emanan nunca se hubiesen llevado a cabo medidas como la <em>Llei d&rsquo;&Uacute;s i Ensenyament del Valenci&agrave;. </em>Condenarla ser&iacute;a un error. No obstante, tampoco la podemos alabar por completo ni considerarla como un dogma inmutable. Si queremos crecer como sociedad, no podemos caer en esa interpretaci&oacute;n maniquea. Ni v&iacute;as unilaterales ni bilaterales, tan plurales como sean posibles. Debemos avanzar a base de consensos. 
    </p><p class="article-text">
        La Carta Magna se tiene que adaptar a la evoluci&oacute;n del mundo y al progreso del marco que ella mismo ofreci&oacute;. La Constituci&oacute;n, como norma fundamental del Estado, debe integrar a la mayor&iacute;a social m&aacute;s amplia posible. Debe ser el mejor s&iacute;mbolo del pluralismo, el mejor fruto del di&aacute;logo y la mejor interpretaci&oacute;n de toda la sociedad. Por eso mismo, debe dar importancia a las necesidades del presente. La Constituci&oacute;n del 78 se ofrece al mundo como el &eacute;xito hist&oacute;rico de una generaci&oacute;n. Una reforma de la misma debe ser capaz de hacer que las nuevas generaciones se sientan protagonistas de un nuevo acuerdo constitucional. Adaptarse a los nuevos tiempos es la mejor manera de legitimarse ante las nuevas generaciones. Con retraso, pero ha llegado el momento de hacer un gran cambio generacional y sensato. 
    </p><p class="article-text">
        La reforma, m&aacute;s all&aacute; de abrirse como un proceso de soluci&oacute;n a la crisis territorial actual, debe ser amplia y abordar diversas materias. El debate de ideas, que es el primer paso, est&aacute; servido. Rubalcaba defend&iacute;a recientemente que la reforma no puede producirse sin &ldquo;constitucionalizar&rdquo; elementos como el sistema de sanidad universal o de educaci&oacute;n. Estos ya est&aacute;n asumidos por toda la sociedad y si se recortan erosionan la aceptaci&oacute;n de la Carta Magna. Algunos presidentes auton&oacute;micos han reivindicado el papel de las comunidades de cara a esta reforma. Se han presentado multitud de propuestas para modificar el encaje de les territorios en el Estado. Muchas ideas, desde todos los &aacute;mbitos, est&aacute;n alimentado las discusiones propias de la reforma, que se avecina para el 2018. El debate debe ser del todo inclusivo. 
    </p><p class="article-text">
        Los revolucionarios franceses ya tuvieron en cuenta que las mutaciones de la sociedad cambiar&iacute;an los marcos constitucionales. En la Constituci&oacute;n de 1793 aparece un art&iacute;culo, el 28, que dice: <em>Un pueblo siempre tiene derecho de revisar, reformar y cambiar su Constituci&oacute;n. No puede una generaci&oacute;n sujetar a sus leyes a las generaciones futuras. </em>En un momento en el que el constitucionalismo empezaba a tomar forma, los franceses quisieron plasmar su precauci&oacute;n acerca de la aceptaci&oacute;n de las normas en el futuro y no las quisieron plantear como inmutables. En Espa&ntilde;a, las generaciones futuras, que ya son el presente, deben pronunciarse y formar parte de la transformaci&oacute;n constitucional. 
    </p><p class="article-text">
        De la reforma de la Constituci&oacute;n de 1978 deben salir unas instituciones fuertes. Los ciudadanos deben confiar en ellas al m&aacute;ximo. Este debate constitucional, en pleno siglo XXI, debe aumentar la calidad democr&aacute;tica. Debe ser transparente y p&uacute;blico para contar as&iacute; con la complicidad de la ciudadan&iacute;a. Esta reforma debe mostrarse tambi&eacute;n como una Reforma Generacional. M&aacute;s de un 65% de la ciudadan&iacute;a actual no pudo votar la Constituci&oacute;n en 1978. Ha llegado la hora en que muchos sientan como suyo el texto constitucional. Encaramos un cambio de ciclo al que tenemos que mirar de frente. La participaci&oacute;n de los j&oacute;venes es esencial para lograr que la Constituci&oacute;n obtenga la m&aacute;xima complicidad y que, de esta manera, resulte la mejor f&oacute;rmula para una convivencia entre diversos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Ortiz Gisbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/reforma-generacional_1_3019878.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Dec 2017 12:11:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Reforma generacional]]></media:title>
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