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    <title><![CDATA[elDiario.es - Diana Asín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/diana_asin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Diana Asín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La Francia post Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/francia-post-macron_132_11477114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb720dbe-2a76-481b-8d70-f362c2e49627_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Francia post Macron"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Francia ha perdido la referencia de sí misma, por primera vez, y nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá los días 30 de junio y 7 de julio"</p></div><p class="article-text">
        Hace siete a&ntilde;os el terror se apoderaba de Francia. Como si de nuevo fuese 2002 y Jacques Chirac rogara, conmocionado, la concentraci&oacute;n del voto para impedir que Le Pen, entonces padre, ganase las elecciones por primera vez, abocando a Francia a lo que habr&iacute;a sido una situaci&oacute;n inh&oacute;spita en el pa&iacute;s vecino.
    </p><p class="article-text">
        Como Chirac, Emmanuel Macron agitaba en 2017 la carta del miedo y exprim&iacute;a cada cent&iacute;metro de su carisma e inteligencia para lograr la victoria de un partido reci&eacute;n cocinado, que no contaba con estructura territorial ni con nombres conocidos en la lista, m&aacute;s all&aacute; del fugaz ex ministro de Econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Apenas cinco a&ntilde;os despu&eacute;s Francia volv&iacute;a a ser testigo de otro combate cuerpo a cuerpo entre Macron y la sempiterna candidata Marine Le Pen, hija, pero no heredera leg&iacute;tima del partido, que ha conseguido, gradualmente en cada elecci&oacute;n, los mejores resultados de la historia del RN - <em>Rassemblement National</em> en franc&eacute;s- en gracias a la presunta dulcificaci&oacute;n de su mensaje y al rechazo al legado de Jean Marie.
    </p><p class="article-text">
        Este peque&ntilde;o contexto nos ayuda a situarnos en el momento presente: no es, ni mucho menos, la primera vez que el partido de Marine Le Pen ha estado a punto de ganar las elecciones y nada de esto es ya una novedad para los franceses.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en esta ocasi&oacute;n las alarmas se han disparado como nunca antes tras la decisi&oacute;n apresurada de Macron, que, ante los pobres resultados conseguidos por su partido en las elecciones al Parlamento Europeo (apenas consigui&oacute; el 14,6% del voto), decidi&oacute; detonar la bomba de una nueva convocatoria y poner al pa&iacute;s patas arriba. 
    </p><p class="article-text">
        El problema de todo esto es que, o bien el presidente no tuvo en cuenta la realidad sociopol&iacute;tica actual- que en parte ha ayudado a crear &eacute;l mismo manteniendo un partido presidencialista que basa sus victorias en la figura de Macron y no en una base territorial consolidada- o bien no calibr&oacute; adecuadamente el descenso de su popularidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Emmanuel Macron ha querido ser, siempre, el presidente-rey, como lo fueran antes Charles de Gaulle y Fran&ccedil;ois Mitterrand. Pero parece ser el &uacute;nico que a&uacute;n no se ha dado cuenta de que aquellos tiempos ya no existen. Y no solo en Francia, sino en el resto del mundo, en el que la intelectualidad est&aacute; denostada en todas las esferas de la vida y las apuestas por nuevos partidos, con estructuras diferentes a las tradicionales, se han demostrado ineficaces para gobernar en el largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        Los franceses perciben a su presidente como una persona elitista y alejada de la realidad de su pa&iacute;s. Ciertamente su desd&eacute;n por las revueltas contra la reforma de las pensiones o la p&eacute;sima gesti&oacute;n de la crisis de los llamados chalecos amarillos no han ayudado a suavizar su imagen distante. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado de todo ello es un pa&iacute;s desnortado y aturdido, que cada d&iacute;a se levanta con nuevas afrentas de Jordan Bardella, discusiones entre los l&iacute;deres de Nuevo Frente Popular o rid&iacute;culas ri&ntilde;as de patio entre los compa&ntilde;eros del partido conservador Los Republicanos.
    </p><p class="article-text">
        Francia ha perdido la referencia de s&iacute; misma, por primera vez, y nadie sabe a ciencia cierta qu&eacute; suceder&aacute; los d&iacute;as 30 de junio y 7 de julio. 
    </p><p class="article-text">
        El escenario m&aacute;s probable, dadas las d&eacute;biles alianzas del partido Renacimiento- el nombre en s&iacute; solo dar&iacute;a para una tesis acerca de las aspiraciones alienadas de Emmanuel Macron- es que el RN de Le Pen y el Nuevo Frente Popular consigan pasar a la segunda vuelta, dejando al partido del actual presidente fuera de la batalla electoral.
    </p><p class="article-text">
        Ante este escenario, Europa conf&iacute;a en que los franceses, asustados y horrorizados a partes iguales, votar&aacute;n masivamente al Nuevo Frente Popular para evitar que Le Pen sume un numero significativo de esca&ntilde;os en la Asamblea Nacional francesa que pudiera facilitar una futura victoria a las presidenciales del a&ntilde;o 2027.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque una segunda vuelta con una ciudadan&iacute;a concentrada en el voto a la izquierda es sin duda, el escenario &ldquo;menos malo&rdquo; de los posibles si Macron se queda fuera, esta situaci&oacute;n entra&ntilde;ar&iacute;a resultados catastr&oacute;ficos para la gobernabilidad del pa&iacute;s. Y ello por cuanto que una derrota de tal calibre obligar&iacute;a sin duda a adelantar las presidenciales en el medio plazo, dado el escenario ingobernable en el que se convertir&iacute;a un parlamento fragmentado, con un partido que sustenta el gobierno en minor&iacute;a menguante. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no se puede obviar el caos que originar&iacute;a la victoria del Nuevo Frente Popular, teniendo en cuenta que los candidatos de la coalici&oacute;n han conseguido ponerse de acuerdo para concurrir juntos, pero el programa, candidatos e ideas de cada partido de la coalici&oacute;n es tremendamente dispar. 
    </p><p class="article-text">
        Su victoria, adem&aacute;s, redundar&iacute;a en el progresivo debilitamiento de Macron y en la apresurada llegada del fin de su mandato, que m&aacute;s pronto que tarde, evidenciar&aacute; el cambio de una era en Francia, y, por ende, en Europa.
    </p><p class="article-text">
        La llegada, ahora s&iacute;, de los partidos de extrema derecha es una realidad y el RN se encuentra m&aacute;s fuerte y cohesionado que nunca. Una parte de la ciudadan&iacute;a acepta impl&iacute;citamente que la coalici&oacute;n a la que vote podr&iacute;a pactar con el partido de Marine Le Pen y ha perdido el miedo.
    </p><p class="article-text">
        Una hipot&eacute;tica gobernanza de partido de extrema derecha en uno de los motores sociales, econ&oacute;micos e intelectuales del mundo pueda acarrear un terremoto de consecuencias inesperadas no solamente por la dureza de su discurso y sus pol&iacute;ticas xen&oacute;fobas, sino por la ca&oacute;tica puesta en practica que devendr&iacute;a de otorgarle tanto poder a un partido que nunca lo tuvo ni pens&oacute; tenerlo y que, ciertamente, se ver&aacute; desbordado, como ya les ha sucedido a otros antes, entre su promesas y la, por suerte, dif&iacute;cil puesta en pr&aacute;ctica de las mismas en un Estado democr&aacute;tico de Derecho. 
    </p><p class="article-text">
        Macron, a pesar de todo, ha sido un firme defensor de la Uni&oacute;n Europea y de los valores que representa. Su declive en las instituciones francesas supone no solamente la ca&iacute;da de un modelo de gobernanza patria, sino, asimismo, de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a Francia, entre otros pa&iacute;ses, se aprobaron los fondos de recuperaci&oacute;n europea, se desatasc&oacute; la nueva pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n o se puso sobre la mesa el debate sobre un ej&eacute;rcito europeo propio.
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n de gobernantes pro Uni&oacute;n Europea en los respectivos espacios nacionales minar&aacute; sin duda el proyecto com&uacute;n, que progresivamente se ver&aacute; gobernada por pol&iacute;ticos que buscan destruirlo, como Giorgia Meloni, Victor Orban o Marine Le Pen.
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones francesas, por tanto, no son solo un refer&eacute;ndum de los franceses a Macron, sino un refer&eacute;ndum a una visi&oacute;n fuerte y poderosa de la Uni&oacute;n Europea frente a las pol&iacute;ticas de extrema derecha que la rechazan y hostigan. 
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, que, por desgracia ya no es ins&oacute;lita, &iquest;veremos a Macron el pr&oacute;ximo 14 de julio feliz y orgulloso escuchando a Daft Punk en la plaza de la Concorde o ser&aacute; este su &uacute;ltimo <em>D&iacute;a de la Bastilla</em>? Pronto lo sabremos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diana Asín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/francia-post-macron_132_11477114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Jun 2024 05:06:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Francia post Macron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Emmanuel Macron,Elecciones,Europa,Jean-Marie Le Pen,Marine Le Pen,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la intolerancia con los intolerantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/intolerancia-intolerantes_132_1556481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b3fd3bf-58f6-4aa1-a5bd-38e68f43ae61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la intolerancia con los intolerantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si no queremos que los próximos años nuestros parlamentos sean un nido de ideologías antidemocráticas...salgamos a votar"</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que al descr&eacute;dito econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de la Uni&oacute;n Europea se le ha unido el descr&eacute;dito social. En ocasiones, como consecuencia de sus propios errores y peque&ntilde;as hipocres&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y en otras, como consecuencia de su actitud extremadamente benevolente y laxa ante los incumplimientos latentes de sus socios. Sea la raz&oacute;n que sea, lo cierto es que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos asistido a la desintegraci&oacute;n de las principios y valores propios del modelo de Estado democr&aacute;tico de Derecho europeo, por parte de algunos pa&iacute;ses, como Hungr&iacute;a, Polonia y Rep&uacute;blica Checa, que han dado un giro antidemocr&aacute;tico en sus pol&iacute;ticas internas, sin que la UE pudiera hacer gran cosa m&aacute;s all&aacute; de meras advertencias.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el &uacute;ltimo a&ntilde;o la situaci&oacute;n ha degenerado gravemente. Los desaf&iacute;os lanzados por Victor Orb&aacute;n, por poner solo un ejemplo, han llegado tan lejos que la Comisi&oacute;n Europea se ha visto obligada a regular un instrumento espec&iacute;fico con el objetivo de vigilar los &iacute;ndices de democracia en sus estados miembro.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un mecanismo <em>ad hoc</em> ideado para controlar a los pa&iacute;ses en este sentido, al estilo de los mecanismos de control del cumplimiento de la estabilidad presupuestaria, mediante llamamientos bilaterales de la UE al Estado incumplidor, que, si bien parecen un buen comienzo, lo cierto es que no conllevan, al menos por ahora, multas o sanciones o ning&uacute;n otro sistema coercitivo, lo que hace dudar seriamente de su efectividad final.
    </p><p class="article-text">
        Y es que ya no es tiempo de mirar hacia otro lado; lo que a priori podr&iacute;a parecer exagerado, o incluso lejano, ya no lo es. Los movimientos de extrema derecha est&aacute;n creciendo y tomando fuerza en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y comienzan a invadir la vida cotidiana y la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Francia es un buen ejemplo de ello. Nuestro vecino, tercer pa&iacute;s con mayor poblaci&oacute;n jud&iacute;a del mundo, se est&aacute; viendo sacudida por una ola antisemita, como si una parte importante de la poblaci&oacute;n se vise imbuida por el esp&iacute;ritu de Le Pen padre repentinamente.
    </p><p class="article-text">
        Italia por su parte form&oacute; gobierno con un partido de extrema derecha, del que escandaliza hasta las meras declaraciones de su Ministro del Interior, que a veces hasta nos hace pensar en el mafioso derechista de Berlusconi como un pol&iacute;tico moderado.
    </p><p class="article-text">
        Y llegamos a Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s que ha pasado de moverse en el binomio centro izquierda- centro derecha (con leves inclinaciones a uno u otro lado), a ampliar su espectro a cuatros ejes: izquierda- derecha- extrema derecha- extrema extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Sobre qui&eacute;n es extrema derecha y qui&eacute;n lo es, tambi&eacute;n, podr&iacute;an decirse muchas cosas. En todo caso, m&aacute;s all&aacute; de los desvar&iacute;os ideol&oacute;gicos del nuevo l&iacute;der del PP, la enorme repercusi&oacute;n del Vox en la sociedad y en el resto de partidos de derecha es un hecho muy preocupante y del que seguramente tomen nota en Bruselas si el partido e Abascal alcanza alg&uacute;n puesto p&uacute;blico en los pr&oacute;ximos meses.
    </p><p class="article-text">
        No es para menos. A saber: se trata de un partido negacionista con la dictadura, los campos de concentraci&oacute;n, la violencia de g&eacute;nero, xen&oacute;fobo, que aboga por el rearme ciudadano y el ojo por ojo, ultranacionalista, contrario a permanecer en la Uni&oacute;n Europea. Con estas credenciales apolilladas, ha atra&iacute;do y reubicado a una parte del electorado que cre&iacute;amos desaparecida tras el 20 de noviembre de 1975 o al menos, en proceso de extinci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero para Vox lo vintage est&aacute; de moda, por eso pasea su ideolog&iacute;a antisistema y sus propuestas antidemocr&aacute;ticas (por decirlo de una manera elegante) ante todo aquel que les escuche; que por cierto, no es un p&uacute;blico internacional, ya que ni Marine Le Pen, Geert&nbsp;Wilders o Salvini, entre otros, se dignan a reunirse con ellos.
    </p><p class="article-text">
        Ante tal panorama, no es de extra&ntilde;ar que la UE haya decidido ponerse las pilas y crear un plan destinado &iacute;ntegramente para luchar contra la proliferaci&oacute;n de movimientos y partidos de extrema derecha en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y por los &uacute;ltimos movimientos de los pol&iacute;ticos europeos, parece que se trata de una decisi&oacute;n no solo externa, sino tambi&eacute;n interna, como ha demostrado el grupo PPE (Partido Popular Europeo), al suspender temporalmente la afiliaci&oacute;n de Orb&aacute;n en el Parlamento Europeo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la gran pregunta es, &iquest;pueden estas medidas, relegadas &uacute;nicamente al campo normativo, verdaderamente cambiar el rumbo de las pol&iacute;ticas antidemocr&aacute;ticas de una creciente parte de los dirigentes europeos?
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que las medidas de contraataque han tardado demasiado tiempo en llegar y aun se atisban como una herramienta muy d&eacute;bil. Parece que las instituciones y los gobiernos nacionales todav&iacute;a no acaban de comprender el peligro de esta creciente deriva de movimientos de extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Bruselas tan solo se ha puesto las pilas cuando las aguas han llegado a los pa&iacute;ses m&aacute;s fuertes en la UE; como en el poema de Niem&ouml;ller, cuando la deriva proced&iacute;a de pa&iacute;ses del este, como Hungr&iacute;a o Polonia, la UE y gran parte de los ciudadanos lo observaba preocupados, pero con cierta distancia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la ola comenz&oacute; a infestar Italia y Francia, comenzamos apregntarnos en qu&eacute; diablos estar&iacute;an pensando los italianos para dar el gobierno a semejantes individuos.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora ha llegado el turno de Espa&ntilde;a. En nuestro caso, la influencia de Vox se ha multiplicado y extendido en nuestras fronteras y los espa&ntilde;oles a&uacute;n nos resistimos a hacer algo, como si pens&aacute;semos que con hacer aspavientos se convencer&aacute; del error a sus potenciales votantes.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, estos pol&iacute;ticos sonr&iacute;en, dan entrevistas y se burlan de nosotros, alienados que pretendemos decidir el futuro de un pa&iacute;s y de sus consiguientes pol&iacute;ticas sociales y econ&oacute;micas en virtud de qui&eacute;n recita mejor los art&iacute;culos de la Constituci&oacute;n, como si el &uacute;nico problema de Espa&ntilde;a fuese Puigdemont, o los comentarios de turno de Santiago Abascal, copia ib&eacute;rica de la idea de s&uacute;per-hombre que tanto fascina los seguidores de Putin y de sus fotograf&iacute;as de pecho descubierto peleando con una foca, un caballo o una rata.
    </p><p class="article-text">
        No es alarmismo. El mism&iacute;simo Steven Bannon ya ha dicho que se encuentra en conversaciones con Vox para incluirles en la estimada liga de la extrema derecha internacional, The Movement.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es casual que Ortega Smith interviniese, sin tener representaci&oacute;n en el Parlamento Europeo, en un Pleno comunitario que le sirvi&oacute; de perfecta carta de presentaci&oacute;n en el panorama europeo.
    </p><p class="article-text">
        Numerosos polit&oacute;logos llevan tiempo alertando de la vuelta de distintos movimientos de ra&iacute;z fascista, o lo que personalmente llamar&iacute;a como un proceso progresivo de desprejuiciamiento: verg&uuml;enza de reconocer que las ideas de algunos &ndash; de momento pocos, eso s&iacute;- son racistas, machistas, antieuropeas y antidemocr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Esas mismas ideas que hasta hace poco se ocultaban hasta a los amigos, ahora se corean sin pudor. Y ello es consecuencia de la enorme dimensi&oacute;n social que est&aacute; adquiriendo este fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Envolverse en una bandera y reducir los problemas a echar la culpa al inmigrante, al otro, es el pan de cada d&iacute;a en los pol&iacute;ticos de extrema derecha, cada vez m&aacute;s unidos, cada vez menos diferenciarles por sus siglas.
    </p><p class="article-text">
        Y la sociedad, espa&ntilde;ola y europea, permanece cruzada de brazos ante el blanqueamiento de la extrema derecha en programa de prime time. No podemos consentir que esto pase. Tolerar al intolerante es un error sin vuelta atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Si bien es cierto que este tipo de partidos tienen todo el derecho a estar en los parlamentos, en representaci&oacute;n de los ciudadanos que les han votado, aun cuando su existencia en los mismos resulta toda una paradoja (Neil Farange defendiendo durante a&ntilde;os el Brexit y cobrando de las arcas comunitarias por ello era una muy buena muestra), tambi&eacute;n lo es que los dem&oacute;cratas (aquellos que creemos en los derechos humamos, la igualdad y la libertad, y hablo sin referirme a ninguna ideolog&iacute;a concreta), nos tenemos que poner las pilar ante el actual desvar&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Primero, para ir votar en tropel en abril y mayo e impedir que gente que quiere meter armas en casa, salirse de la UE o cerrar las fronteras a las personas inmigrantes lleguen a tener alg&uacute;n tipo de poder p&uacute;blico, en Espa&ntilde;a y Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y segundo, para comenzar ya, de una vez, a analizar por qu&eacute; un n&uacute;mero considerable de ciudadanos, bien por desesperaci&oacute;n, bien porque el sistema educativo y social ha fallado, se identifica con ideas de extrema derecha que contradicen la &eacute;tica humana.
    </p><p class="article-text">
        Y este segundo punto es tan importante o m&aacute;s que el primero. La educaci&oacute;n no solo debe llegar a los colegios, sino tambi&eacute;n mediante los medios de comunicaci&oacute;n, los pol&iacute;ticos, y a trav&eacute;s de cualquier canal social que tenga una m&iacute;nima capacidad de divulgaci&oacute;n y difusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si no queremos que los pr&oacute;ximos a&ntilde;os nuestros parlamentos sean un nido de ideolog&iacute;as antidemocr&aacute;ticas, que destruyan lo conseguido en 70 a&ntilde;os de proyecto europeo, salgamos a votar. Y al d&iacute;a siguiente, salgamos a trabajar contra todo lo que se ha viciado estos &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        De lo contrario, como dijo Niem&ouml;ller, cuando vengan a por nosotros, no quedar&aacute; ya nadie que nos ayude.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diana Asín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/intolerancia-intolerantes_132_1556481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 May 2019 22:32:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la intolerancia con los intolerantes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Intolerancia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brexit, segunda parte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/brexit-segunda-parte_132_2037035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35de02ff-7ed4-4011-b114-35da75333f3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Brexit, segunda parte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Repetir ahora el referéndum significaría que las decisiones que toman los individuos y los países no son actos conscientes y racionales, sino impulsos irreflexivos"</p></div><p class="article-text">
        El 52% de los votantes brit&aacute;nicos dijeron 's&iacute;' a la escisi&oacute;n de Reino Unido de la Uni&oacute;n Europea. Una victoria no aplastante, pero si lo suficientemente holgada para que no hubiera margen a la duda.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, algunas voces comienzan a pedir que se realice un segundo refer&eacute;ndum, con intenci&oacute;n de corregir los desastres que ya se sufren derivados de la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica del primero.
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de que a los europe&iacute;stas se nos rompiera el coraz&oacute;n con la inesperada (al menos, inesperada para mi) victoria del Brexit, y m&aacute;s all&aacute; de que el resultado supuso un fracaso para Europa, la mera consideraci&oacute;n de volver a realizar un refer&eacute;ndum, esta vez con el objeto de lograr los resultados que nosotros queremos, entra&ntilde;a un cariz antidemocr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el planteamiento de una nueva votaci&oacute;n supone la absoluta subestimaci&oacute;n del voto de aquellos ciudadanos que votaron por la salida, y una directa conclusi&oacute;n de que toda la informaci&oacute;n que supuestamente les llev&oacute; a adoptar esa decisi&oacute;n era err&oacute;nea (si damos por hecho que todos ellos votaron condicionados por la l&iacute;nea populista del partido de Neil Farange, cosa que no tiene por qu&eacute; ser cierta), asumiendo una visi&oacute;n en la que esos votantes son poco menos que ciudadanos de segunda, cuyas  decisiones no son inteligentes, razonadas o v&aacute;lidas, o al menos, no tanto como las decisiones de los que s&iacute; abogaban por quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Este argumento, adem&aacute;s de peligroso y da&ntilde;ino, es sumamente antidemocr&aacute;tico. Parte de la afirmaci&oacute;n impl&iacute;cita de que el voto de los brit&aacute;nicos pro-europeos y de la franja de votantes m&aacute;s j&oacute;venes, que seg&uacute;n las estad&iacute;sticas son quienes en gran medida contribuyeron a la lucha por la permanencia en la Uni&oacute;n Europea, era un voto m&aacute;s informado y, sobre todo, con una mayor validez que el de aquellos que no quer&iacute;an continuar en el sistema comunitario.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que, por mucho que nos duela que Reino Unido se escinda, y por mucho que personalmente no comparta esa decisi&oacute;n, no podemos hacer una distinci&oacute;n entre los ciudadanos, catalogando entre ciudadanos de primera y de segunda, seg&uacute;n compartan o no nuestras ideas, y deslegitimando adem&aacute;s el voto de m&aacute;s de la mitad de la sociedad que particip&oacute; en el refer&eacute;ndum, de manera libre y voluntaria.
    </p><p class="article-text">
        La reordenaci&oacute;n de una parte de la sociedad seg&uacute;n los par&aacute;metros imperantes de la otra parte comienza a constituirse en un fen&oacute;meno que observo en todas partes en los &uacute;ltimos meses, pero que en el caso del Brexit me resulta de una especial arrogancia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; diciendo es que los votos de los j&oacute;venes, calificados, acertadamente o no como progresistas y europe&iacute;stas, son superiores moral e intelectualmente a los de la gente de barrio, de los pueblos o de edades comprendidas entre los 50 y los 70, que, a su vez, es el perfil que se nos ha dado de los votantes pro-Brexit. Es decir, se les est&aacute; llamando tontos y devaluando el resultado que, aunque no estemos de acuerdo, es leg&iacute;timo desde el punto de vista democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, y en segundo lugar, repetir ahora el refer&eacute;ndum significar&iacute;a que las decisiones que toman los individuos y los pa&iacute;ses no son actos conscientes y racionales, sino impulsos irreflexivos susceptibles de continuos cambios.
    </p><p class="article-text">
        De actuar siempre as&iacute;, los pa&iacute;ses nunca adoptar&iacute;an ninguna decisi&oacute;n que cambiase el curso de la historia, puesto que, como si de ni&ntilde;os se tratase, tomar&iacute;an una decisi&oacute;n para luego modificarlas y volver al principio, seg&uacute;n les conviniera en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Este comportamiento es sumamente irresponsable y denota una falta de compromiso y seriedad por parte de los pol&iacute;ticos que, hasta cierto punto, se traslada en muchos aspectos tambi&eacute;n a la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo este razonamiento del constante cambio, si ahora se vuelve a votar y gana el s&iacute; a la permanencia, nada impide que en unos meses o a&ntilde;os de nuevo se considere oportuno votar y vuelva a sumar mayor&iacute;a el porcentaje de personas que quiere un nuevo Brexit, puesto que las circunstancias de ese momento aconsejen nuevamente una separaci&oacute;n. 'And so on', que dir&iacute;a el fil&oacute;sofo &#381;i&#382;ek en sus famosos v&iacute;deos.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, la ciudadan&iacute;a europea, la econom&iacute;a y, en general, el sistema se ver&iacute;a constantemente resentido y obligado a resetearse cada vez que se cambie de opini&oacute;n en funci&oacute;n &uacute;nicamente de los beneficios y ventajas que se aprecien en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Por no hablar del da&ntilde;o que todo esto provoca en la credibilidad europea, que se comporta como un amante abandonado, arrastr&aacute;ndose para que su pareja vuelva a sus brazos, sin importar el dolor causado con el proceso de refer&eacute;ndum, los recursos econ&oacute;micos y materiales gastados y la inoperatividad del mecanismo de activaci&oacute;n del art&iacute;culo 50 del Tratado de Lisboa, que regula una de las circunstancias m&aacute;s serias que pueden producirse dentro del sistema comunitario: el abandono de un estado miembro.
    </p><p class="article-text">
        Tengamos en cuenta adem&aacute;s que el mayor inconveniente que ahora parece emitirse contra el Brexit es la cuesti&oacute;n monetaria, los da&ntilde;os econ&oacute;micos que comienzan a apreciarse, lo que de por s&iacute; desvirt&uacute;a de pleno el sentido de la Uni&oacute;n Europea, reduci&eacute;ndola a un club en el que se decide la estancia en funci&oacute;n de las ventajas econ&oacute;micas que le reporta al socio, vaciando el proyecto de todo contenido moral y social.
    </p><p class="article-text">
        Nadie quer&iacute;a que Reino Unido se fuera. No beneficia ni social, ni moral, ni econ&oacute;micamente a la Uni&oacute;n Europea. Pero una vez que ha sucedido, respetemos lo que se ha elegido democr&aacute;ticamente y no menospreciemos las decisiones que, de manera legal, se han tomado por lo que constituye una mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No podemos forzar las votaciones hasta que salga el resultado que queremos. Y tampoco podemos ceder en las contraprestaciones hasta el punto de desdibujar las l&iacute;neas del proyecto comunitario, otorgando m&aacute;s derechos y ventajas a quien amenaza con irse, puesto que supone privilegiar al que huye sobre el que se queda y saca adelante ese proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, s&iacute; podemos hacer todo cuanto est&eacute; en nuestra mano para mejorar esta situaci&oacute;n, tratando de renegociar aquellos puntos que nunca estuvieron claros, porque no han sido objeto de consulta, y sobre los que leg&iacute;timamente puede tratar de buscarse una soluci&oacute;n de consenso que beneficie a todas las partes: los derechos y libertades de los ciudadanos en cada uno de los territorios, el sistema Schengen, las condiciones de permanencia en el mercado &uacute;nico, la permanencia en el sistema jur&iacute;dico comunitario y sus consecuentes tratados sobre derechos humanos, o los sistemas de reparto de refugiados.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que leg&iacute;tima y moralmente nos corresponde ahora a quienes s&iacute; creemos en la Uni&oacute;n Europea, debiendo pelearlo con u&ntilde;as y dientes para estar a la altura de los ideales que tanto defendieron los famosos &ldquo;padres comunitarios&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diana Asín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/brexit-segunda-parte_132_2037035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Jul 2018 08:19:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Brexit, segunda parte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brexit,Referéndum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ilegalidad y deslealtad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ilegalidad-deslealtad_132_2235536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7f76fd1-e6b4-4cf3-8e6f-e3d37baf69ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ilegalidad y deslealtad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No puede permitirse que los estados que componen el proyecto europeo convivan con la ilegalidad, y no respeten los principios más básicos"</p></div><p class="article-text">
        Es un hecho que la Uni&oacute;n Europea lleva a&ntilde;os enfrent&aacute;ndose a la deslealtad de algunos de sus estados miembro, sin disponer apenas de un m&iacute;nimo margen de maniobra para evitarlo, lo que es consecuencia tanto de la escasa normativa al respecto como de su excesiva benevolencia a la hora de imponer firmeza entre sus socios.
    </p><p class="article-text">
        De nada han servido las continuas advertencias de la Comisi&oacute;n a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os a Hungr&iacute;a, Polonia y Rep&uacute;blica Checa, entre otros, ya que han sido sistem&aacute;ticamente deso&iacute;das, evidenciando un claro cuestionamiento de su autoridad.
    </p><p class="article-text">
        El famoso mecanismo de coacci&oacute;n comunitaria del art&iacute;culo 7 del Tratado de la Uni&oacute;n Europea, que nunca hasta ahora hab&iacute;a tenido que ser utilizado, se ha convertido en la &uacute;nica salida de una situaci&oacute;n que se encontraba estancada desde hace meses.
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo establece que los estados podr&aacute;n decidir cu&aacute;ndo uno de sus miembros comete una violaci&oacute;n grave de los valores constitutivos de la UE, procediendo, en su caso, y siempre que se adopte la decisi&oacute;n por mayor&iacute;a cualificada del Consejo, a la suspensi&oacute;n de algunos de sus derechos comunitarios.
    </p><p class="article-text">
        Pura ambig&uuml;edad que condena a Bruselas a requerir de la unanimidad de todos los pa&iacute;ses miembro, adem&aacute;s de tener que concretar el alcance y consecuencias de un modelo de castigo completamente indefinido, cuya mera activaci&oacute;n entra&ntilde;a ya de por s&iacute; una enorme complejidad.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Polonia, la UE ha llegado al l&iacute;mite de su paciencia tras varios a&ntilde;os soportando humillaciones de todo tipo; la &uacute;ltima, la adopci&oacute;n de una modificaci&oacute;n por la que pr&aacute;cticamente se proh&iacute;be el aborto en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, se ha aprobado una ley por la que se considerar&aacute; delito cualquier afirmaci&oacute;n sobre la participaci&oacute;n de Polonia con el r&eacute;gimen nazi. Consideraciones hist&oacute;ricas a parte, la nueva norma es un disparo en la frente a la libertad de expresi&oacute;n en un pa&iacute;s que ha llegado a prohibir por homofobia hasta las retransmisiones televisivas de los teletubbies.
    </p><p class="article-text">
        Este alejamiento de los principios m&aacute;s b&aacute;sicos del Estado de Derecho se ha manifestado tambi&eacute;n en decisiones como las reformas en el Tribunal Constitucional, el Consejo Nacional del Poder Judicial y los tribunales ordinarios, las restricciones a la libertad de prensa o los recortes generalizados de los derechos de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Pero los reiterados desplantes a la hora de cumplir con las cuotas de solicitantes de asilo han sido quiz&aacute; la disputa m&aacute;s grave con Bruselas durante los &uacute;ltimos meses.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Hungr&iacute;a, Orban siempre ha mantenido una actitud extremadamente beligerante con Europa y sus instituciones, manifestando una y otra vez que no cumplir&iacute;a con el acuerdo de ninguna de las maneras. Recordemos, sin ir m&aacute;s lejos, el fallido refer&eacute;ndum organizado en 2016 con la intenci&oacute;n de echar un pulso a Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica Checa por su parte, tambi&eacute;n se ha mostrado muy beligerante en los &uacute;ltimos tiempos, a pesar de haber mantenido un perfil m&aacute;s bajo que sus socios de cruzada. Adem&aacute;s del rechazo absoluto a aplicar las cuotas de reparto, el pa&iacute;s se neg&oacute; a cumplir con las &oacute;rdenes comunitarias de recuperar las toneladas de residuos trasladadas ilegalmente a Katowice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prueba de este distanciamiento es que su reci&eacute;n elegido presidente, Andrej Babis, se ha presentado al mundo como un convencido anti-europe&iacute;sta, lo que complica la posibilidad de restaurar unas relaciones fluidas con las instituciones comunitarias.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista estrictamente legal, resulta incomprensible que la UE no haya sido m&aacute;s contundente en su respuesta ante tan graves incumplimientos. El socavamiento al Estado de Derecho es una l&iacute;nea roja que no puede sobrepasarse nunca por un estado miembro, o de lo contrario el modelo comunitario queda despojado de su sentido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, Bruselas se ha encontrado atada de pies y manos, resultado de su escasa autoridad pr&aacute;ctica para imponer decisiones y l&iacute;mites a sus miembros. Y es que, m&aacute;s all&aacute; de las pertinentes advertencias y de la activaci&oacute;n del art&iacute;culo 7 del Tratado de la Uni&oacute;n Europea, poco m&aacute;s puede hacer a nivel legal. Quiz&aacute; por esa raz&oacute;n la Comisi&oacute;n ha tratado de evitar durante meses quemar su &uacute;ltimo cartucho, ese que evidencia precisamente la debilidad para imponer una soluci&oacute;n m&aacute;s firme.
    </p><p class="article-text">
        Tengamos en cuenta, por un lado, que se necesita unanimidad de los socios para privar a un estado miembro de alguno de sus derechos comunitarios y ser&iacute;a previsible que varios estados votaran en contra. Por otro lado, no se puede despreciar el coste pol&iacute;tico que supone mostrar que Bruselas no tiene autoridad ninguna sobre los estados.
    </p><p class="article-text">
        Ante este desolador panorama, lo cierto es que la UE deber&iacute;a haber actuado antes, ya que no s&oacute;lo est&aacute; en juego la defensa de su autoridad, sino tambi&eacute;n la protecci&oacute;n del inter&eacute;s de los ciudadanos europeos y la garant&iacute;a del sistema democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Nunca deber&iacute;amos haber llegado a este punto, pero quiz&aacute; gracias a &eacute;l podamos obtener importantes lecciones para el futuro. La UE no solo debe dar un toque de atenci&oacute;n severo a sus socios cuando incumplen sus obligaciones econ&oacute;micas. Tambi&eacute;n ha de estar muy pendiente de sus obligaciones democr&aacute;ticas y del estricto cumplimiento de la normativa comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        No puede permitirse que los estados que componen el proyecto europeo convivan con la ilegalidad, y no respeten los principios m&aacute;s b&aacute;sicos de separaci&oacute;n de poderes, la garant&iacute;a de los derechos y libertares de sus ciudadanos y el cumplimiento del estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        Los desaf&iacute;os constantes de Hungr&iacute;a, Polonia o Rep&uacute;blica Checa constituyen una flagrante violaci&oacute;n del modelo democr&aacute;tico que no se debe permitir y contra la que hace falta tomar medidas de mayor calado. Nos jugamos la credibilidad, la honestidad y la supervivencia del modelo a largo plazo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diana Asín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ilegalidad-deslealtad_132_2235536.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Mar 2018 18:26:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ilegalidad y deslealtad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[UE - Unión Europea,Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la importancia de Turquía para Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/importancia-turquia-europa_132_2994410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bba83dac-0968-4cbc-b360-07f47ebb14e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la importancia de Turquía para Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Bruselas ya no puede continuar mirando hacia otro lado con la cuestión turca, piense como piense Merkel"</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os visit&eacute; Turqu&iacute;a y qued&eacute; muy impresionada con el pa&iacute;s: adem&aacute;s de espectaculares paisajes, ciudades maravillosas y una gastronom&iacute;a incre&iacute;ble, comprob&eacute; lo avanzado, democr&aacute;tico y desarrollado que es, no solo en las grandes ciudades, sino tambi&eacute;n en los pueblos m&aacute;s rec&oacute;nditos.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que desde aquel momento mi inter&eacute;s por el pa&iacute;s y su cultura aument&oacute;, y esta es la principal raz&oacute;n por la que siempre he defendido en&eacute;rgicamente su entrada en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por haber comprobado de primera mano la excepcionalidad de Turqu&iacute;a es por lo que me sorprenden tanto los perjuicios que tradicionalmente presentan algunos de los estados miembro de la Uni&oacute;n Europea en contra de la adhesi&oacute;n de un pa&iacute;s, que, recordemos, ya en 1923 fund&oacute; una rep&uacute;blica democr&aacute;tica y secular que se ha mantenido desde entonces y que, hasta hace escasos a&ntilde;os, constitu&iacute;a un modelo a seguir para numerosos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Las razones de este rechazo, materializado en una negociaci&oacute;n con la Uni&oacute;n Europea en estado de permanentemente par&aacute;lisis, son numerosas y variadas. Sin duda, el principal motivo de rechazo est&aacute; condicionada por el factor temporal, ya que actualmente la relaci&oacute;n no pasa por sus mejores momentos. Desde hace a&ntilde;os, Erdogan ejerce un gobierno retr&oacute;grado y cuasi dictatorial, en el que la libertad de prensa no existe, la secularizaci&oacute;n en el &aacute;mbito p&uacute;blico se persigue indisimuladamente, el conflicto kurdo se encuentra enquistado y sometido a altos niveles de violencia y las mujeres han sufrido enormes retrocesos legales y sociales en todos los &aacute;mbitos. Por no hablar del intento de golpe de Estado del pasado a&ntilde;o, cuyo origen a&uacute;n permanece dudoso y del que se ha beneficiado mayormente el propio presidente, que gracias a &eacute;l pas&oacute; a otorgarse plenos poderes.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n a&ntilde;aden le&ntilde;a al fuego los continuos desprecios del Erdogan hacia Europa y todo aquello que &eacute;sta simboliza, lo que evidentemente dificulta avanzar en un tratado de adhesi&oacute;n sobre el que, en cualquier caso, nunca ha mostrado un verdadero inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Erdogan siempre se ha resistido a jugar el papel que la Uni&oacute;n le demandaba: el de mediador entre occidente y oriente, y el de gu&iacute;a pol&iacute;tico a seguir por el resto de pa&iacute;ses de religi&oacute;n musulmana. En su lugar, ha mantenido una actitud defensiva a lo largo de los a&ntilde;os, salpicada de afirmaciones aqu&iacute; y all&aacute; sobre el escaso sentido de entrar en un grupo al que considera no necesitar.
    </p><p class="article-text">
        Bruselas no se ha quedado atr&aacute;s tampoco, cambiando constantemente su postura sobre la integraci&oacute;n turca, seg&uacute;n qui&eacute;n se siente al frente de las instituciones; por de pronto, la reelegida presidenta de Alemania, Angela Merkel, en su arrogado papel de jefa suprema europea, ha renegado recientemente de la posibilidad de que Turqu&iacute;a vaya a convertirse en socio.
    </p><p class="article-text">
        Junto con todo ello, en contra de la adhesi&oacute;n incide especialmente la supuesta vinculaci&oacute;n de Turqu&iacute;a con Siria, tema candente que amenaza con romper cualquier tipo de relaci&oacute;n diplom&aacute;tica entre los dos bloques, salvo aquella que verdaderamente parece interesarles: el infame intercambio de dinero por refugiados que acordaron hace a&ntilde;o y medio.
    </p><p class="article-text">
        Y finalmente, no se pueden dejar de mencionar las reticencias que presentan las instituciones comunitarias para con el pa&iacute;s vecino, tanto en el &aacute;mbito social como en el cultural y el religioso. Muchas han sido las dudas acerca de la conveniencia de incorporar a un pa&iacute;s cuya poblaci&oacute;n profesa mayoritariamente la religi&oacute;n musulmana y que, a pesar de ser oficialmente laico, no se encuentra a&uacute;n en el estadio de desarrollo social y econ&oacute;mico que otros estados miembro han conseguido - o, al menos, no se encuentra en el que la UE desear&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, independientemente de las razones de fondo de este eterno imp&aacute;s negociador, y dando por hecho que este no es el mejor de los momentos, con un Erdogan cada vez m&aacute;s autoritario y hostil a Europa y unas instituciones absolutamente plegadas en s&iacute; mismas, no podemos perder de vista la importancia de esta adhesi&oacute;n, tanto por motivos de solidaridad como de pervivencia del modelo comunitario.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, el primer paso ser&iacute;a que la Comisi&oacute;n se esforzase en retomar unas relaciones pr&aacute;cticamente rotas, que estableciesen, por fin, un v&iacute;nculo estable entre las dos partes. Resulta esencial exigir al presidente de Turqu&iacute;a el cumplimiento estricto de los valores y principios democr&aacute;ticos y el respeto a las libertades y derechos fundamentales que Bruselas demanda, marcando las l&iacute;neas rojas para la integraci&oacute;n de cualquier estado en el modelo que Europa defiende.
    </p><p class="article-text">
        Hay que ser firme en este sentido y dejar claro que es requisito sine qua non para retomar cualquier negociaci&oacute;n de adhesi&oacute;n. En este sentido, debemos recordar que Turqu&iacute;a no es Erdogan; el actual presidente es solo un elemento temporal que no ha de confundirse con el sentir y actuar de la ciudadan&iacute;a turca.
    </p><p class="article-text">
        El requisito de cumplir con estas exigencias no obedece al hecho de que estemos negociando la entrada de un pa&iacute;s de religi&oacute;n musulmana, sino a tratar de evitar errores pasados: la UE ya ha realizado anteriormente adhesiones sin comprobar que los nuevos pa&iacute;ses cumpl&iacute;an con las exigencias democr&aacute;ticas requeridas, lo que le ha supuesto con posterioridad serias dificultades para reconducir a algunos de ellos en el cumplimiento de la legalidad comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        No estar&iacute;a de m&aacute;s que la Comisi&oacute;n revisase tambi&eacute;n si Turqu&iacute;a cumple los requisitos de estabilidad econ&oacute;mica y financiera que tambi&eacute;n debieron exigirse en el momento de valorar la entrada de otros pa&iacute;ses en la zona euro.
    </p><p class="article-text">
        A cambio de todas estas exigencias, la entrada en el club comunitario supondr&iacute;a para Turqu&iacute;a, entre otras cosas, el disfrute de los beneficios del mercado com&uacute;n y del euro, la garant&iacute;a de los derechos y obligaciones comunitarias, la integraci&oacute;n en el territorio Schengen y la seguridad que proporcionan los est&aacute;ndares judiciales y legales del modelo europeo, factores todos ellos que sin duda supondr&iacute;an el empuj&oacute;n final para el desarrollo social y econ&oacute;mico del pa&iacute;s vecino.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la Uni&oacute;n Europea sumar&iacute;a a su lista de estados miembro uno que resulta esencial en la geopol&iacute;tica del futuro, no solo por su enclave geogr&aacute;fico, sino por la importancia del estado turco en el mundo musulm&aacute;n y por su enorme 
    </p><p class="article-text">
        potencial econ&oacute;mico y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de no olvidar los fuertes lazos hist&oacute;ricos, culturales y sociales que nos unen y por los que resulta natural admitir a Turqu&iacute;a dentro de la Uni&oacute;n. La adhesi&oacute;n de cada nuevo pa&iacute;s al proyecto comunitario se ha llevado siempre a cabo bajo criterios de solidaridad y responsabilidad para con el progreso, desarrollo y crecimiento de los nuevos integrantes.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero sentido de unirse en una misma estructura supranacional, y para ello hay que pensar principalmente en que, m&aacute;s all&aacute; del comportamiento del actual presidente, el objetivo es beneficiar al pueblo turco y a los estados miembros. Pensemos, sin ir m&aacute;s lejos, en c&oacute;mo y cu&aacute;nto ha cambiado Espa&ntilde;a gracias a la adhesi&oacute;n a la UE, y las sinergias positivas de negociaci&oacute;n que result&oacute; ser un win-win para ambas partes.
    </p><p class="article-text">
        Eso es precisamente lo que deber&iacute;a suponer la uni&oacute;n de Turqu&iacute;a a la UE: un acuerdo que refuerce nuestros lazos como pueblos amigos, que nos ayude a crecer y progresar conjuntamente, y que posibilite la comprensi&oacute;n y coexistencia entre dos sistemas diferentes pero no incompatibles.
    </p><p class="article-text">
        Fijemos ya un plazo; pongamos las condiciones encima de la mesa y establezcamos unas l&iacute;neas b&aacute;sicas que Turqu&iacute;a haya de cumplir si quiere integrarse en la UE y todos nos veremos beneficiados. Bruselas ya no puede continuar mirando hacia otro lado con la cuesti&oacute;n turca, piense como piense Merkel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diana Asín]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Dec 2017 19:36:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la importancia de Turquía para Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Europa,Turquía]]></media:keywords>
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