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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alba Elvira]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alba_elvira/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alba Elvira]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Jóvenes bajo tutela: el riesgo de la distancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/jovenes-tutela-riego-distancia_132_2984605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7424f30b-9976-4356-8b34-42a2e6863e8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jóvenes bajo tutela: el riesgo de la distancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si somos corresponsables del estigma social que sufren estas jóvenes, ¿no tendríamos que ser corresponsables también de garantizar sus derechos?</p></div><p class="article-text">
        Imagina: separarse de la familia, irse a vivir a un centro de protecci&oacute;n a la infancia y adolescencia, convivir con otros j&oacute;venes que no conoc&iacute;as, depender del apoyo y acompa&ntilde;amiento de educadores y educadoras tambi&eacute;n desconocidas... No debe ser nada f&aacute;cil. Las experiencias de los chicos y chicas tuteladas son muy diversas pero la incertidumbre, la inseguridad, el miedo e, incluso, la soledad son sensaciones comunes en el momento en el que son acogidas por primera vez en un centro residencial de acci&oacute;n educativa, los CRAE.
    </p><p class="article-text">
        La vida de los chicos y chicas tuteladas es una realidad desconocida e invisibilizada; y a&uacute;n m&aacute;s, a&ntilde;adir&iacute;a, estigmatizada. A los retos que &lsquo;<em>los chicos y chicas de CRAE&rsquo;</em> tienen que afrontar, dada su situaci&oacute;n, se suman los prejuicios de gran parte de la sociedad. Son r&aacute;pidamente encasilladas como j&oacute;venes &lsquo;<em>inadaptadas</em>&rsquo; o &lsquo;<em>problem&aacute;ticas</em>&rsquo;, como si fueran corresponsables de su situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Plant&eacute;atelo: el desconocimiento genera rechazo. Entonces, para empezar, &iquest;no nos tendr&iacute;amos que preguntar c&oacute;mo es la vida de los chicos y chicas que se encuentran bajo la tutela de la Generalitat? &iquest;Cu&aacute;les son las historias de vida que albergan las paredes de los CRAEs? Desgraciadamente, la realidad es m&aacute;s dura de lo que querr&iacute;amos. Una de las conclusiones extra&iacute;das del proyecto Alternativas de Futuro, un proyecto europeo dirigido al empoderamiento de adolescentes tutelados/das v&iacute;ctimas de violencia desde la perspectiva de g&eacute;nero y los derechos de la infancia ha sido que, a lo largo de su vida, la mayor&iacute;a de j&oacute;venes tuteladas han sido testigo o han experimentado episodios de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Las formas que puede tomar la violencia son diversas y cambiantes. Estas j&oacute;venes pueden haber sido expuestas a violencia psicol&oacute;gica, f&iacute;sica o sexual, perpetrada por varias personas, desde los progenitores hasta otros familiares, amistades o, incluso, en las relaciones sexo-afectivas.
    </p><p class="article-text">
        No hay duda de que la experiencia de la violencia, directa o indirecta, especialmente en edades tan tempranas, tiene consecuencias nefastas para las personas. Las experiencias traum&aacute;ticas en la infancia o adolescencia condicionan los procesos de desarrollo y limitan las oportunidades y expectativas de futuro, es decir, conforman el imaginario de las relaciones posibles. Y la violencia ejercida por gente querida es todav&iacute;a m&aacute;s dolorosa.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta realidad, Alternativas de Futuro naci&oacute; con el objetivo de dar respuesta a las necesidades derivadas de estas experiencias de violencia. Estos chicos y chicas forman parte de un colectivo de j&oacute;venes extremadamente vulnerable, por lo que reconocer que tienen unas necesidades diferenciadas del resto de j&oacute;venes que no han vivido experiencias similares es central. Es, de hecho, un buen punto de partida.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de intentar atender estas necesidades tambi&eacute;n es importante tener en cuenta que la violencia no es ajena a la marca del g&eacute;nero. Suerte de las lentes violetas del feminismo, que nos permiten enfocar mejor y que nos ayudan a ver que las relaciones de poder entre g&eacute;neros afectan las experiencias de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Ser un chico, una chica o una persona joven que no se identifica ni con el g&eacute;nero masculino ni con el femenino condiciona el tipo de violencia que se puede sufrir y qu&eacute; impacto puede tener. No se trata de negar las individualidades o de no reconocer que, adem&aacute;s del g&eacute;nero, hay otros muchos factores que condicionan c&oacute;mo somos y que hacemos en este mundo. Pero los principios en los que se basa la feminidad y la masculinidad en la sociedad occidental nos dicen mucho sobre el uso social de la violencia. Mientras que la fuerza y la agresividad son signo de masculinidad, la pasividad y la sumisi&oacute;n se asocian al mundo femenino.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una simple diferencia, sino de una desigualdad. Reconozcamos, pues, que las chicas, as&iacute; como las personas LGTBI, al desobedecer las normas de g&eacute;nero tradicionales, se encuentran en situaci&oacute;n de mayor riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Si bien socialmente la violencia es patrimonio de la masculinidad, esto no significa que las chicas o las personas LGTBI no puedan ser agresivas o ejercer violencia. De hecho, crecer en un entorno en el que habitualmente se reproduce violencia, contribuye a que se normalice y se integre como forma de relacionarse con las otras personas y con una misma. Romper con estas din&aacute;micas interiorizadas es fundamental para poder garantizar un futuro libre de cualquier forma de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Ofrecer una atenci&oacute;n adecuada y espec&iacute;fica que contribuya a la recuperaci&oacute;n y empoderamiento de las personas j&oacute;venes tuteladas no es s&oacute;lo una necesidad, sino un deber. En esta tarea, los y las profesionales que trabajan en centros residenciales tienen un rol clave. Ahora bien, su responsabilidad tiene l&iacute;mites y es compartida. Si somos corresponsables del estigma social que sufren estas j&oacute;venes, &iquest;no tendr&iacute;amos que ser corresponsables tambi&eacute;n de garantizar sus derechos?
    </p><p class="article-text">
        Corresponsabilizarse. El reto es enorme y requiere la implicaci&oacute;n de todas las instituciones y del conjunto de la sociedad. La situaci&oacute;n en la que se encuentran estas adolescentes es producto de las discriminaciones y desigualdades que genera la estructura social. Cuando hablamos de derechos, hablamos de responsabilidades colectivas porque la vulneraci&oacute;n de estos derechos, en muchos casos, tambi&eacute;n es colectiva. Igual que es imprescindible que toda la poblaci&oacute;n se implique activamente en frenar las violencias machistas, es necesario que reflexionemos y actuemos para que estas j&oacute;venes puedan salir de la espiral de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad justa e igualitaria es aquella consciente de que no todo el mundo nace con las mismas oportunidades y emprende acciones concretas y contundentes para revertir estas desigualdades. Todos y todas formamos parte y nos jugamos mucho en ello. &iquest;Nos ponemos en marcha?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Elvira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/jovenes-tutela-riego-distancia_132_2984605.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Dec 2017 13:31:07 +0000]]></pubDate>
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