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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ander Errasti]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Ander Errasti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Free Unión': ¿Realidad o aspiración?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/free-union-realidad-aspiracion_129_2980269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f6b7402-3a8c-43b0-bbeb-b9a0b0b62155_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de la sociedad vasca y catalana partimos de que Euskadi y Catalunya son naciones que tienen un encaje voluntario y contingente en el Estado</p><p class="subtitle">Asumimos, por pragmatismo y responsabilidad, que ese encaje es formalmente imperfecto: sabemos en qué circunstancias se construyó la joven democracia española</p></div><p class="article-text">
        Que el territorio que comprende el Reino de Espa&ntilde;a es plurinacional no es un juicio de valor, es una constataci&oacute;n. Salvo que entendamos las naciones desde el trinomio &lsquo;una cultura-una naci&oacute;n-un estado&rsquo;, superada hace m&aacute;s de medio siglo en Europa. En ese sentido, es posible que en alg&uacute;n momento de la historia de este territorio que hoy abarca Espa&ntilde;a esa constataci&oacute;n pudiera ser cuestionable: los procesos de institucionalizaci&oacute;n tienden a ser resultado de un conflicto. Ahora bien, la instauraci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico presupone, entre otras cuestiones, la salida ordenada a ese conflicto. No en vano, cuando la democracia arraiga en un territorio, ocurren al menos dos fen&oacute;menos: se visibiliza o encauza la pluralidad existente en el territorio y se des-esencializa esa pluralidad. Esa &lsquo;pluralidad&rsquo; no s&oacute;lo se refiere a la pluralidad de hechos nacionales. Sin embargo, los hechos nacionales s&iacute; que son, por definici&oacute;n, los que m&aacute;s directamente condicionan la composici&oacute;n del marco institucional. Es decir, del estado. Espa&ntilde;a no es una excepci&oacute;n: m&aacute;s all&aacute; de debates sobre c&oacute;mo se constituy&oacute; el estado, se da la circunstancia de que en al menos dos territorios la posici&oacute;n nacionalista ha persistido. Es decir, la ciudadan&iacute;a de Catalunya y Euskadi han persistido de forma mayoritaria y sostenida en la convicci&oacute;n de que las instituciones de sus respectivas comunidades aut&oacute;nomas eran las instituciones que coyunturalmente representaban sus respectivas realidades nacionales.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos debatir si esto deriva de preferencias racionales identitarias, ling&uuml;&iacute;sticas, de modelo social o de modelo de estado, entre otras. Podr&iacute;amos discutir el peso de cuestiones m&aacute;s emocionales como la historia y la memoria colectiva de una parte de esa ciudadan&iacute;a tiene en esa realidad nacional: la lucha en defensa de las instituciones y lo que representan (autonom&iacute;a para gestionar la lengua, la educaci&oacute;n, la sanidad, el territorio en sentido geogr&aacute;fico, etc.), el gobierno en el exilio y la opresi&oacute;n, la lucha por los derechos sociales o, incluso, la defensa de la convivencia pac&iacute;fica en democracia. Podr&iacute;amos tambi&eacute;n considerar motivaciones menos justificables, por anti-cosmopolitas, como un posible ego&iacute;smo, nativismo o, en casos extremos, supremacismo. Sean cuales sean las motivaciones que enfatice cada cual, la verdad es que posiblemente ninguna de ellas pueda explicar por s&iacute; sola la realidad nacional que hoy por hoy existe en esas sociedades. Lo cierto es que la ciudadan&iacute;a es, m&aacute;s en la era digital, tan heterog&eacute;nea como compleja en sus motivaciones a la hora de posicionarse pol&iacute;ticamente. Tan cierto es esto como que, en estos territorios, el posicionamiento refleja que una amplia mayor&iacute;a considera sus instituciones como instituciones nacionales. Incluso entre votantes de opciones no nacionalistas. Precisamente porque, desde un punto de vista sociol&oacute;gico, el nacionalismo del siglo XXI no es necesariamente ni militante ni un&iacute;voco, sino eminentemente pragm&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Esta realidad no se ha expresado en los mismos t&eacute;rminos en otros territorios del estado. La descentralizaci&oacute;n ha podido introducir (o consolidar) &aacute;mbitos de identificaci&oacute;n institucional diferentes al estado central. Sin embargo, esos &aacute;mbitos institucionales no tienen el car&aacute;cter nacional que s&iacute; tienen Catalunya y Euskadi. Podr&iacute;amos discutir, nuevamente, las causas de que as&iacute; sea. No obstante, lo relevante seguir&aacute; siendo el sentido del voto de la ciudadan&iacute;a en esos territorios descentralizados: un sentido que en ning&uacute;n caso refleja la existencia de una sociedad diferenciada que se exprese a trav&eacute;s de las instituciones. Es decir, as&iacute; como la mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a de Euskadi puede expresar su afinidad con su ayuntamiento o provincia sin por ello diferenciarlas de la realidad nacional de Euskadi, la mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a del resto del estado puede expresar su afinidad con su comunidad aut&oacute;noma sin por ello diferenciarlas de la realidad nacional de Espa&ntilde;a. Sin embargo, el voto mayoritario y sostenido en Euskadi y Catalunya, incluso cuando no han gobernado opciones abiertamente nacionalistas, s&iacute; refleja que esa diferenciaci&oacute;n existe, y nada parece indicar que vaya a desaparecer &iquest;Es esto un problema en s&iacute; mismo? Depende de c&oacute;mo entendamos la diferencia. Si la entendemos como ego&iacute;smo, superioridad, desconsideraci&oacute;n o reivindicaci&oacute;n de esencias, lo es sin duda. Si la entendemos como reconocimiento, no. Un reconocimiento que no est&aacute; re&ntilde;ido con aceptar la porosidad y heterogeneidad interna. En el caso de la Uni&oacute;n Europea, se aprecia con claridad: la mayor&iacute;a amplia y persistente de la ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola expresa democr&aacute;ticamente que es una sociedad diferente a la francesa. La francesa hace lo propio respecto a la sociedad espa&ntilde;ola &iquest;Significa esto que la mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a francesa y espa&ntilde;ola no aspiren a ser solidarios, igualitarios, cooperativos o interculturales entre s&iacute;? No, prueba de ello es el esfuerzo com&uacute;n por trabajar en la integraci&oacute;n europea.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces, d&oacute;nde est&aacute; el problema? El problema est&aacute; en que la reivindicaci&oacute;n (constataci&oacute;n, dir&iacute;amos algunos) de la existencia de esa realidad nacional diferenciada no es reconocida por los partidos pol&iacute;ticos que representan de forma sostenida y mayoritaria a la sociedad espa&ntilde;ola. Es decir, ese reconocimiento no es mutuo. Ciertamente la Comunidad Aut&oacute;noma Vasca y Catalana tienen importantes recursos de autogobierno. No obstante, ese autogobierno sigue vi&eacute;ndose como una concesi&oacute;n en lugar de una realidad intr&iacute;nseca al propio Estado, a su plurinacionalidad. Hay una salvedad, no menor: la bilateralidad que subyace al Concierto Econ&oacute;mico Vasco y al Convenio Navarro. Una bilateralidad que, m&aacute;s all&aacute; de la autonom&iacute;a en materia fiscal, permite en teor&iacute;a el desarrollo y consolidaci&oacute;n de un modelo social propios (frente al caso de Catalunya, donde esa imposibilidad posiblemente sea parte de la causa de la situaci&oacute;n actual). Sin embargo, incluso esa bilateralidad est&aacute; empezando a ser abierta y peligrosamente cuestionada por la mayor&iacute;a de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica en el Estado.
    </p><p class="article-text">
        En suma, la mayor&iacute;a de la sociedad vasca y catalana partimos de que Euskadi y Catalunya son naciones que tienen un encaje voluntario y contingente en el Estado. Asumimos, por pragmatismo y responsabilidad, que ese encaje es formalmente imperfecto: sabemos en qu&eacute; circunstancias se construy&oacute; la joven democracia espa&ntilde;ola. Somos conscientes de las dificultades que hab&iacute;a y de los sacrificios que se tuvieron que hacer. Unos sacrificios que tambi&eacute;n asumi&oacute; la mayor&iacute;a de la sociedad vasca que, a pesar de no haber votado favorablemente la constituci&oacute;n, la acat&oacute; con lealtad a la sociedad espa&ntilde;ola, confiando en que las carencias formales se pudieran resolver por la v&iacute;a de facto. Sin embargo, ya no estamos en ese escenario. Ya no hay ruido de sables. Si tan convencidos estamos de que el Reino de Espa&ntilde;a es una democracia consolidada, toca reflejar de jure lo que es una realidad de facto. Sin imposiciones, con di&aacute;logo, con esp&iacute;ritu cooperativo y sin renunciar al car&aacute;cter solidario que ha de corresponder a toda sociedad que se diga cosmopolita. No me cabe duda, porque as&iacute; lo ha expresado la mayor&iacute;a de la sociedad vasca y, muy en particular, su Lehendakari, de que por parte de Euskadi as&iacute; ser&aacute;. Por parte del Estado, no obstante, la concepci&oacute;n del propio estado que ha aflorado en su respuesta a la reivindicaci&oacute;n catalana deja alarmantes muestras de lo contrario: un estado que, en boca y ejercicio del conjunto de sus poderes (partidos pol&iacute;ticos mayoritarios, estamentos judiciales, agentes econ&oacute;micos y buena parte de los agentes que moldean la esfera p&uacute;blica) ha mostrado una visi&oacute;n monol&iacute;tica de su unidad.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por estas circunstancias, el proceso para consolidar formalmente lo que muchos creemos que es una realidad ha de incluir la posibilidad de la independencia. Para dejar claro, sin espacio para la duda, que la uni&oacute;n es una uni&oacute;n libre, una free-union. Si el estado asume un talante negociador en sinton&iacute;a con el mostrado por los representantes institucionales de Euskadi, no me cabe duda de que llegaremos a un acuerdo en el que la sociedad vasca y sus instituciones nacionales (el caso de Nafarroa estando estrictamente supeditado al encaje que su ciudadan&iacute;a considere oportuno) y la sociedad espa&ntilde;ola (o sociedades espa&ntilde;olas, no corresponde a la ciudadan&iacute;a vasca definir ese punto) y sus instituciones nacionales puedan cooperar, convivir y abordar en com&uacute;n los retos que comparten. Sin embargo, si la posici&oacute;n negociadora se sintoniza con el &lsquo;a por ellos&rsquo;, con &lsquo;norte rico a costa de un sur subdesarrollado&rsquo;, el discurso del jefe de estado tras el 1-O o, m&aacute;s expl&iacute;citamente, con el esp&iacute;ritu del art&iacute;culo 155 y la consiguiente represi&oacute;n judicial e institucional, el encaje se presenta complicado. Conf&iacute;o en que los l&iacute;deres pol&iacute;ticos y sociales espa&ntilde;oles est&eacute;n a la altura de las circunstancias de un estado del siglo XXI en plena Uni&oacute;n Europea. De lo contrario no habr&aacute; encaje y tocar&aacute; negociar para dar cauce ordenado a la independencia, que sin duda ser&aacute; infinitamente m&aacute;s costosa para todas las partes. Un proceso de reforma en el que, dado el nivel de conflicto, en el caso catal&aacute;n a todas luces implicar&aacute; plantear un refer&eacute;ndum donde simult&aacute;neamente el &lsquo;S&iacute;&rsquo; abogue por esa propuesta de <em>free union</em> [uni&oacute;n libre] y el &lsquo;NO&rsquo; por la independencia: &iquest;Abordar&aacute; Espa&ntilde;a el reto de forma racional o en la negaci&oacute;n de su realidad plurinacional acabar&aacute; disolviendo su propia realidad institucional?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ander Errasti]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Dec 2017 19:33:05 +0000]]></pubDate>
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