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    <title><![CDATA[elDiario.es - Míriam Hatibi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miriam_hatibi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Míriam Hatibi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Déjame insultarte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/dejame-insultarte_1_6165957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ededdd7-d246-4496-8747-bb391bbd489c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Déjame insultarte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las críticas e insultos que reciben ciberactivistas del antirracismo, el feminismo, el derecho a la vivienda, etc. pueden generar ansiedad en las personas que las reciben y acabar consiguiendo silenciar las voces que no les gustan</p></div><p class="article-text">
        La red social de opini&oacute;n y pol&iacute;tica por excelencia, Twitter, ha decidido que ya se pueden limitar las respuestas a los mensajes que se publican. La medida no es exclusiva de Twitter y exist&iacute;a en otras plataformas conocidas por su negatividad, como Instagram, donde puedes permitir que solo respondan tus seguidores o limitar ciertas palabras en los comentarios. Por ejemplo: si intentas comentar en los perfiles de Instagram de Xavier Garc&iacute;a Albiol o Laura Escanes (por poner dos ejemplos muy diferentes) ver&aacute;s que no puedes hasta que empieces a seguirles. Otro caso, m&aacute;s extremo a&uacute;n, es el de la congresista estadounidense Ilhan Omar, que limita los comentarios a la gente que ella sigue. Al hacerlo as&iacute;, reduce considerablemente la negatividad que recibe. Prueba de ello es comparar las respuestas que reciben sus tweets (sin restricci&oacute;n) y las que recibe en sus fotograf&iacute;as en Instagram.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que ahora podremos hacerlo todo en Twitter. Antes de darle al bot&oacute;n de publicar, podemos escoger si puede responder todo el mundo, si no puede hacerlo nadie o si solo dejamos que comenten las personas a las que seguimos o que hemos mencionado directamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Leyendo las quejas que reciben las personas que han empezado a usar esta funci&oacute;n, cualquiera dir&iacute;a que Twitter es un club de debates educados y emp&aacute;ticos, nada m&aacute;s lejos de la realidad. Aparecen usuarios que se quejan de no poder decirte lo que piensan, cuando lo que piensan suele ser que &ldquo;te deber&iacute;as ir a tu pa&iacute;s&rdquo;, que &ldquo;mejor que te calles&rdquo; o que &ldquo;a ver si alguien te pone ya en tu lugar&rdquo;. No s&eacute; a vosotros, a m&iacute; me da la sensaci&oacute;n de que est&aacute;n pidiendo que abras las respuestas como quien pide permiso para poder insultarte.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salma Haidrani, periodista en Vice, habla del problema de las &ldquo;ocho notificaciones&rdquo;. La periodista escribe frecuentemente historias relacionadas con mujeres musulmanas en Reino Unido y, como tantas periodistas, comparte sus piezas en su cuenta de Twitter. Como ella explica, hay momentos en los que su hermana es quien le controla el m&oacute;vil y lo &uacute;nico que Salma pregunta es si hay m&aacute;s de ocho notificaciones. Seg&uacute;n Haidrani, a partir de esta cifra hay dos opciones: puede que el tweet se haya viralizado sin m&aacute;s (entonces no pasa nada) o puede que hayas levantado una horda y que est&eacute;s varios d&iacute;as recibiendo cr&iacute;ticas e insultos.
    </p><p class="article-text">
        Estas cr&iacute;ticas e insultos, que reciben ciberactivistas de diferentes &aacute;mbitos (antirracismo, feminismo, derecho a la vivienda, etc&eacute;tera), pueden generar ansiedad en las personas que las reciben constantemente y acabar consiguiendo su objetivo, que no es otro que silenciar las voces que no les gustan. Varias activistas han acabado abandonando sus redes sociales, temporal o permanentemente, al no poder aguantar m&aacute;s la presi&oacute;n que supone tener que enfrentarse a discusiones constantes cada vez que publican su opini&oacute;n sobre alg&uacute;n tema. Leila Nachawati explic&oacute; muy bien en P&iacute;kara las consecuencias de todo ello y la necesidad de &ldquo;<a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/06/leila-nachawati-violencia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desarrollar estrategias de autoprotecci&oacute;n y de reconocimiento</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Limitar qui&eacute;n te responde no deja de ser una forma de controlar el foco de la ansiedad que puede generar estar esperando esas &ldquo;ocho notificaciones&rdquo;. Hacerlo as&iacute; da mucha paz mental, puedes dar tu opini&oacute;n sin tener que borrar un tweet de cada diez porque no tienes ganas de estar pendiente de las notificaciones para ver qui&eacute;n ha decidido insultarte esta vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el debate en Twitter fuera real y sano, esta funci&oacute;n no ser&iacute;a necesaria. Ahora bien, viendo la realidad, esto de limitar las respuestas se a&ntilde;ade autom&aacute;ticamente a mi lista de consejos para evitar tener que sufrir la ciberviolencia que se genera al dar ciertas opiniones en Twitter. Ojal&aacute; se convierta en una forma m&aacute;s de limpiar nuestros espacios.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/dejame-insultarte_1_6165957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2020 19:49:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Déjame insultarte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo se traduce 'George Floyd'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/traduce-george-floyd_129_6140928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4ac7464-c549-4fad-a060-d29a03f0f151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo se traduce &#039;George Floyd&#039;?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El racismo institucional en nuestro país es una especie de fenómeno atmosférico que se da por natural mientras 'influencers' y políticos denuncian el racismo en Estados Unidos</p></div><p class="article-text">
        El asesinato de George Floyd en Minneapolis (EEUU) hace algo m&aacute;s de dos meses levant&oacute; una ola de manifestaciones, tanto en Estados Unidos como en Europa. En general, eran manifestaciones iniciadas por parte de personas racializadas o colectivos antirracistas, pero a las que, de una forma u otra, podr&iacute;amos decir que se uni&oacute; la poblaci&oacute;n en general.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque no es el primer asesinato de una persona negra a manos de la polic&iacute;a en Estados Unidos, ni tampoco ha sido el &uacute;ltimo, la muerte de George Floyd levant&oacute; un nivel de inter&eacute;s por parte de la comunidad internacional, que casos anteriores no hab&iacute;an conseguido. Millones de acciones (muchas de ellas digitales) parec&iacute;an demostrar que todo el mundo estaba volcado y que de repente 'Black Lives' <em>mattered</em>. Parec&iacute;a hasta real. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No fueron pocas las marcas que se unieron, a trav&eacute;s de redes sociales o incluso con donaciones, condenando el racismo y la violencia policial y ofreciendo su apoyo a las comunidades. Lo mismo pasaba con los famosos. Desde los que suelen posicionarse hasta los que casi nunca lo hacen, todos llenaron sus perfiles de Instagram con el cuadrado negro, usando el hashtag #blackouttuesday. Durante un iluso instante, el asesinato de George Floyd pareci&oacute; un punto de inflexi&oacute;n, como lo pareci&oacute; el de Trayvon Martin en 2014. No estoy diciendo que la participaci&oacute;n de <em>influencers</em> y marcas sea clave en los movimientos sociales, Dios nos libre, pero es evidente que una sacudida comunicativa como la que se vivi&oacute; durante esas semanas parec&iacute;a apuntar, por lo menos, un cambio en la percepci&oacute;n social. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, en las manifestaciones en Espa&ntilde;a se pudieron ver carteles en los que pon&iacute;a &ldquo;<em>Black Lives Matter&rdquo;, &ldquo;Justice for Breonna Taylor&rdquo;</em> o &ldquo;<em>Justice for George Floyd&rdquo;.</em> Que las pancartas y los posts en Instagram hayan sido en ingl&eacute;s, sumado a leer solo a antirracistas americanos, no ha sido s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de lenguas. Parec&iacute;a un tema idiom&aacute;tico, pero ha puesto de manifiesto nuestra incapacidad de interpretar lo que pasa a nivel global y de entenderlo a la luz de nuestras realidades. Se ha denunciado el racismo en Estados Unidos pero hemos sido incapaces de mirar qu&eacute; pasa aqu&iacute;, como si sufri&eacute;ramos una suerte de hipermetrop&iacute;a social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si pudi&eacute;ramos traducir George Floyd, hablar&iacute;amos de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/adama-traore-custodia-republica-francesa_1_3569208.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adama Traor&eacute;</a>, de <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/juzgado-archiva-investigacion-menores-oria_1_1052842.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ilias Tahiri</a> o de Akram, asesinado a manos de la polic&iacute;a hace apenas unos d&iacute;as en B&eacute;lgica. Sin embargo, nunca llegamos a traducir el <em>Black Lives Matter</em> ni el <em>Justice for George Floyd</em>. De haberlo hecho, hoy habr&iacute;a manifestaciones multitudinarias convocadas para denunciar la sentencia de absoluci&oacute;n de los guardias civiles implicados en el asesinato de 15 personas en la playa de Tarajal. Se conoce ese 6 de febrero de 2014 como &ldquo;La tragedia de Tarajal&rdquo;. Cualquiera dir&iacute;a que se trat&oacute; de un fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico que se llev&oacute; por delante la vida de 15 inocentes. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De alguna forma, as&iacute; ha sido el racismo institucional en nuestro pa&iacute;s, una especie de fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico que se da por natural mientras <em>influencers</em> y pol&iacute;ticos denuncian el racismo en Estados Unidos. Cualquiera dir&iacute;a que no tenemos racismo &ldquo;kil&oacute;metro cero&rdquo; y tenemos que importarlo. Las vidas negras importan, pero aqu&iacute; y ah&iacute;. Aqu&iacute;, las vidas negras son muchas veces migrantes que se ahogan en las fronteras. Y <a href="https://afrofeminas.com/2020/07/29/tarajal-cuando-las-vidas-negras-no-importan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como apuntan muy bien las compa&ntilde;eras de afrofeminas,</a> tambi&eacute;n importan. Denunciar el racismo en Estados Unidos nos libra un poco de culpa, es mirar hacia fuera, ver todo lo que se hace mal y &ldquo;mostrar apoyo&rdquo;. Cuando hablamos del racismo institucional de aqu&iacute; hablamos de aquello que sostenemos, de las estructuras que de una forma u otra estamos defendiendo. Eso molesta, claro; nos hace salir de lo abstracto y traducir. <em>&iquest;Qu&eacute; significa racismo? </em>Pues bueno traductores, saquen las libretas que aqu&iacute; tenemos prosa propia a gestionar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/traduce-george-floyd_129_6140928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2020 19:25:23 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasó el 8M, por fin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/paso-fin_129_1002027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/161d0bc5-e091-4883-9fcc-e02b7bafd888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasó el 8M, por fin"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La semana antes del 8M es muy difícil esquivar la presión de estar respondiendo a un feminismo vacío que ya no controlamos, que responde solo a los intereses del momento y que ni siquiera estamos liderando nosotras</p></div><p class="article-text">
        Como todas, sent&iacute; la presi&oacute;n de hacer un art&iacute;culo antes del 8 de marzo para explicar mi postura ante la manifestaci&oacute;n. Como muchas, no tuve tiempo ni calma para hacerlo en los d&iacute;as anteriores al domingo. Es ahora que encuentro el rato que necesito para poder escribir lo que pienso.
    </p><p class="article-text">
        En el pr&oacute;logo de &ldquo;Vindicaci&oacute;n de los derechos de la mujer&rdquo;, Bebi Fern&aacute;ndez afirma que &ldquo;el suspiro que deviene al hartazgo es una constante en la Historia de las mujeres.&rdquo; Y aunque ella empieza as&iacute; lo que acaba convertido en un elogio al hartazgo, entendido como un motor de cambio, me voy a permitir coger esa frase para hacer todo lo contrario. Lo m&iacute;o es hartazgo sin m&aacute;s, sin ning&uacute;n elogio al motor de cambio, s&oacute;lo el consuelo de saber que no soy la &uacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Llevaba unas cuantas semanas deseando que llegara el 8 de marzo, recordando la intensidad con la que lo viv&iacute; el a&ntilde;o pasado. Sent&iacute;a las ganas de repetirlo, pero tambi&eacute;n la prisa de querer saborearlo bien por no saber si pod&iacute;a ser la &uacute;ltima movilizaci&oacute;n masiva, por si pasa la moda. La jornada se nos presenta como el cl&iacute;max de la lucha feminista: las calles son nuestras, literal y metaf&oacute;ricamente hablando. Recuperamos con seguridad y confianza el espacio que a veces, de formas muy invisibles, se nos niega.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, la semana anterior es un horror. Nuestros correos electr&oacute;nicos se llenan de campa&ntilde;as de marketing en nombre del empoderamiento femenino, purplewashing directo a tu bandeja de entrada, segmentado para tu perfil: aqu&iacute; tienes un 20% en cosm&eacute;tica para que te quieras como eres. Mejor a&uacute;n, para que quieras a esa versi&oacute;n ligeramente mejorada de ti, y lo hagas como si realmente fueras t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Durante varios d&iacute;as, los medios de comunicaci&oacute;n se han llenado de mujeres, cansadas, repitiendo lo invisibilizadas que estamos y lo importante que es que se tenga en cuenta no s&oacute;lo nuestra voz sino tambi&eacute;n nuestra perspectiva, y no s&oacute;lo hoy sino tambi&eacute;n el resto del a&ntilde;o. Me declaro culpable: repetitiva y cansada. El colectivo OnS&oacute;nLesDones (&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n las mujeres?) ya recoge la vuelta a la normalidad el 9 de marzo, cuando las secciones de opini&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n vuelven a ser mayoritariamente masculinas.
    </p><p class="article-text">
        La semana antes del 8M es muy dif&iacute;cil esquivar la presi&oacute;n de estar, s&iacute; o s&iacute;, respondiendo a un feminismo vac&iacute;o que ya no controlamos, que responde solo a los intereses del momento y que ni siquiera estamos liderando nosotras. En nombre del empoderamiento nos vemos de nuevo explotadas, consumidas, cansadas. Repetimos que la revoluci&oacute;n del feminismo empieza en los cuidados. Ja. Bailamos al son del amo. En este caso, el amo es la exposici&oacute;n medi&aacute;tica disfrazada de visibilidad del mensaje. Al intento est&eacute;ril de simplificar realidades complejas para que queden bien en televisi&oacute;n lo llamamos &ldquo;pedagog&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero por fin ha pasado. Ha acabado la peor semana para el feminismo, la del merchandising, la autoexplotaci&oacute;n y el consumismo descontrolado. La del paternalismo que &ldquo;nos da voz&rdquo; y los especiales en los que hablamos nosotras. La de estar m&aacute;s cansadas que combativas. Menos mal que ya podemos volver a ser feministas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/paso-fin_129_1002027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2020 21:14:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pasó el 8M, por fin]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cajón de las bolsas de tela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cajon-bolsas-tela_129_1097054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1d1e2aa-f827-4afe-a10c-1177556ffb86_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Lotería Mantera por Barcelona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las grandes marcas sacan campañas de moda inclusiva, intentando llegar a nuevos mercados e incorporando la diversidad sin haberla tenido en cuenta en sus oficinas</p><p class="subtitle">Me hace fruncir el ceño cada vez que una de las grandes marcas saca un anuncio que busca emocionarnos hablándonos de lo que nos une y nos hace mejores personas</p><p class="subtitle">Ahora Nike ha incluido a deportistas musulmanas en sus campañas de marketing, y se supone que debería aplaudirlo</p></div><p class="article-text">
        Vestirse de una forma u otra no deja de ser una manera de expresarse. Es como una tarjeta de presentaci&oacute;n que utilizamos seg&uacute;n el d&iacute;a, el contexto o nuestras opciones del momento. Adem&aacute;s, antes de tomar la decisi&oacute;n de qu&eacute; ponernos, tenemos que tomar la decisi&oacute;n de qu&eacute; y d&oacute;nde compramos.
    </p><p class="article-text">
        Ese comprar ya es la primera decisi&oacute;n hacia el &ldquo;yo&rdquo; que est&aacute;s construyendo y que quieres proyectar: una marca m&aacute;s cara con un logo m&aacute;s visible, otra un poco m&aacute;s barata pero con el logo disimulado, aquella chaqueta que le viste a aquel famoso al que te quieres parecer&hellip; M&aacute;s a menudo de lo que me gustar&iacute;a caigo en el juego de utilizar las camisetas o las chapas en la mochila como forma de expresar un posicionamiento pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A veces es la camiseta de &ldquo;Esta es nuestra manada&rdquo;, con el mensaje de No es No, otras es una bolsa de tela con una frase de una poeta o con alg&uacute;n mensaje antirracista. Me siento completamente descrita por Noelia Ram&iacute;rez cuando habla de treinta&ntilde;eras (sin ser yo nada de eso) que buscan &ldquo;colgarse simb&oacute;licamente y a bajo coste la cara de alguna escritora, porque en el pastel capitalista de la identificaci&oacute;n femenina, aqu&iacute; hay raci&oacute;n para todas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que aqu&iacute; me ten&eacute;is, utilizando accesorios tan in&uacute;tiles como chapas de colores que no aportan nada pr&aacute;ctico o decorando camisetas para que parezcan alternativas y a la vez griten cosas como &ldquo;estoy en contra de la islamofobia&rdquo; o &ldquo;este lazo morado significa que me importa el 8 de marzo&rdquo;. As&iacute;, absurdamente, se va llenando un caj&oacute;n en el que guardo las bolsas de tela que &ldquo;me empoderan&rdquo;, junto a la promocional de la &uacute;ltima edici&oacute;n de Operaci&oacute;n Triunfo y la de la tienda aquella en la que han decidido que no venden m&aacute;s bolsas de pl&aacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; de absurdamente, o no, entre el camino que me lleva a decidir d&oacute;nde consumo, qu&eacute; visto y qu&eacute; dice todo esto de m&iacute; y de lo que pienso; me encuentro comprando n&uacute;meros para la loter&iacute;a del Sindicato Mantero, porque tiene m&aacute;s sentido gastarse ese dinero en un sindicato autogestionado que en la &uacute;ltima colecci&oacute;n de H&amp;M o Stradivarius. Me hago las fotos con la chaqueta del sorteo que me han prestado, la que en la espalda lleva la frase &ldquo;Migration is Not a Crime&rdquo;, y pienso en que tengo que devolverla, pero lo que quiero es pasearme por Barcelona con ella puesta, pensando en que ya me puedo hartar a escribir libros o art&iacute;culos que, al fin y al cabo, quiz&aacute;s es m&aacute;s efectivo un mensaje en una camiseta que pueda captar la atenci&oacute;n de la gente con la que me cruce.
    </p><p class="article-text">
        Mis pantalones son de Zara y las bambas son Vans. Nuestras contradicciones ser&aacute;n nuestras esperanzas, o esa es la excusa que me doy. Al menos he dejado de comprar las camisetas que el IBEX35 pone en sus l&iacute;neas, las del &ldquo;merchandising de la causa&rdquo;, en las que la industria que explota a mujeres y ni&ntilde;as en otras partes del mundo les pide a esas mismas que cosan camisetas con mensajes muy feministas para que las de &ldquo;aqu&iacute;&rdquo; podamos llevarlas pagando 3.99&euro; en las rebajas de enero. &ldquo;Mujer guapa es la que lucha y la que se viste bien pagando poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora las grandes marcas sacan campa&ntilde;as de moda inclusiva, intentando llegar a nuevos mercados e incorporando la diversidad&trade; en sus anuncios, sin haberla tenido en cuenta en sus oficinas centrales.
    </p><p class="article-text">
        Las causas que las grandes marcas defienden en su <em>merchandansing para un mundo mejor</em> &trade; siguen sin estar representadas en su pr&aacute;ctica. Mientras tanto, nosotras, con la ilusi&oacute;n de formar parte de un movimiento global o buscando la identificaci&oacute;n de la que hablaba Noelia Ram&iacute;rez, financiamos con nuestro dinero y h&aacute;bitos de consumo las marcas que deber&iacute;amos detestar, dando la espalda a aquellas, las peque&ntilde;as, las que se lo creen, que s&iacute; que necesitan nuestro apoyo. Soy culpable.
    </p><p class="article-text">
        Ahora Nike ha incluido a deportistas musulmanas en sus campa&ntilde;as de marketing, y se supone que deber&iacute;a aplaudirlo, pero hay algo en todo esto que me incomoda profundamente. Tiene que ver con la mercantilizaci&oacute;n de nuestros ideales y valores y todav&iacute;a no lo he resuelto. Hay algo que me hace fruncir el ce&ntilde;o cada vez que una de las grandes marcas saca un anuncio que busca emocionarnos habl&aacute;ndonos de todo lo que nos une y nos hace mejores personas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que cierro el a&ntilde;o con m&aacute;s dudas que certezas, esquivando los anuncios navide&ntilde;os de las marcas que quieren humanizarse compartidas por gente que quiere mejorar su marca personal. Mi prop&oacute;sito de 2020 va a ser llevar la chaqueta de la Loter&iacute;a Mantera por Barcelona y empezar a pensar m&aacute;s en aquello que consumo, intentando tener cada vez menos contradicciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cajon-bolsas-tela_129_1097054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jan 2020 20:50:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cajón de las bolsas de tela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Moda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al rincón de pensar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rincon-pensar_129_1205706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ed45f40-d127-4c85-99f2-8f8fa4650861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al rincón de pensar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después del 10N (y quizás un poco antes) estuvimos tan apresurados en responder al fascista, en desmentir sus bulos y mentiras o en escandalizarnos por sus actos, que perdimos la capacidad de decidir nuestras propias narrativas</p></div><p class="article-text">
        La semana pasada pas&eacute; dos d&iacute;as de siete hablando de fascismo, aunque supongo que todos llevamos las &uacute;ltimas semanas hablando del mismo tema.
    </p><p class="article-text">
        Me pase el s&aacute;bado en un tren leyendo el libro de Marcia Tiburi, <em>&iquest;C&oacute;mo conversar con un Fascista?</em> (Akal, 2018). En el bolso llevaba una copia del libro de Jason Stanley, <em>Facha</em> (Blacki Books, 2019), que me hab&iacute;a llegado el jueves anterior.
    </p><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n casi enfermiza ven&iacute;a porque el CCCB, Centre de Cultura Contempor&aacute;nea de Barcelona, hab&iacute;a organizado 72 horas de actividades que deb&iacute;an servir para reflexionar sobre el fascismo que hemos conocido durante tanto tiempo y que ahora va cogiendo forma. Aqu&iacute; van algunas de mis reflexiones despu&eacute;s de estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El fascismo ha sido un poco como Voldemort con sus horrocruxes. En el caso espa&ntilde;ol, el-que-no-debe-ser-nombrado se asegur&oacute; de dejar por varios sitios aquellas piezas que har&iacute;an que su alma siguiera presente entre nosotros a&uacute;n cuando muriera, dej&aacute;ndolo todo atado y bien atado.
    </p><p class="article-text">
        Las piezas, que a veces hemos visto de una forma u otra, nos han ido recordando constantemente que el r&eacute;gimen no hab&iacute;a desaparecido del todo, que la Transici&oacute;n no hab&iacute;a sido tal. La herencia del franquismo y el autoritarismo, propio de muchos Estados y organizaciones pol&iacute;ticas que se llaman democr&aacute;ticas, han estado presentes mientras &iacute;bamos creciendo o intentando desafiar la norma. Si dentro de &ldquo;los l&iacute;mites de la legalidad&rdquo;, que no legitimidad, todo estaba permitido, eran las personas que sal&iacute;an de ah&iacute; los que han ido sufriendo a lo largo de los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la cosa ha cambiado, el autoritarismo impl&iacute;cito parece querer volver a ser expl&iacute;cito, como si el-que-no-debe-ser-nombrado volviera a ser real, ahora que ha salido de su tumba y encuentra un cuerpo tangible que puede volver a utilizar.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que en estos dos d&iacute;as no hemos resuelto c&oacute;mo hablar con un fascista, ni si hay una forma concreta de hacerlo. Lo que s&iacute; que hemos ido entendiendo es c&oacute;mo comprender sus estrategias (no confundir con comprenderlo a &eacute;l).
    </p><p class="article-text">
        Marcia Tiburi, que escribe en su libro que &ldquo;el di&aacute;logo es la forma espec&iacute;fica del activismo filos&oacute;fico&rdquo;, nos emocion&oacute; cuando habl&oacute; de Marielle Franco, afirmando que evidentemente Marielle, asesinada por fascistas, no tendr&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en sentarse a dialogar con ellos. Marielle era la viva imagen de todas las ideas con las que los fascistas brasile&ntilde;os quer&iacute;an acabar y hablar de ella sirvi&oacute; para dar forma a las reflexiones que necesit&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos d&iacute;as han servido para recuperar la capacidad de pensar sobre lo que pasa a nuestro alrededor y alejarnos de la prisa del momento. Despu&eacute;s del 10N (y quiz&aacute;s un poco antes) estuvimos tan apresurados en responder al fascista, en desmentir sus bulos y mentiras o en escandalizarnos por sus actos, que perdimos la capacidad de decidir nuestras propias narrativas.
    </p><p class="article-text">
        Siento que en alg&uacute;n momento hemos empezado a correr, jugando a un pilla pilla absurdo con los fascistas, sin pararnos a reflexionar sobre qu&eacute; es lo que queremos hacer y desde qu&eacute; espacios queremos construir.
    </p><p class="article-text">
        Hemos ca&iacute;do en las trampas del lenguaje que saben utilizar demasiado bien. Han marcado la agenda de noticias temas y debates. Si ellos hablaban de c&oacute;mo los inmigrantes estaban accediendo a todas las ayudas de vivienda, nuestra respuesta se bas&oacute; m&aacute;s en responder que eso no era as&iacute; (que no lo era), que en hablar de c&oacute;mo el Estado del bienestar tiene que defender a las familias m&aacute;s vulnerables y c&oacute;mo las familias m&aacute;s vulnerables son muy a menudo las migrantes, con tasas de paro m&aacute;s altas, m&aacute;s precariedad, salarios m&aacute;s bajos y menos arraigo familiar.
    </p><p class="article-text">
        Incluso ahora, cada vez que queremos hablar de violencia machista, lo hacemos lanzando ese gui&ntilde;o envenenado al-que-no-debe-ser-nombrado, como si nuestros discursos solo se pudieran articular a partir de la agenda que ellos marcan.
    </p><p class="article-text">
        Nos es urgente poder recuperar la reflexi&oacute;n, decidir nuestro espacio y desde d&oacute;nde nos pronunciamos, sobre qu&eacute;, cu&aacute;ndo y c&oacute;mo. Pensar en cu&aacute;les son las l&oacute;gicas que les mueven y dejar de encasillarlos como unos simples &ldquo;hooligans&rdquo; o &ldquo;est&uacute;pidos&rdquo;, porque pueden ser lo primero, pero desde luego no son lo segundo.
    </p><p class="article-text">
        Yo, personalmente, creo que voy a dejar de pensar en ellos durante un tiempo. Mi propuesta, al menos por ahora, va a ser parar m&aacute;s a reflexionar sobre los espacios que ocupo y seguir el consejo de Jason Stanley, pensando en c&oacute;mo activar esas personas que est&aacute;n en el medio, las que no est&aacute;n politizadas o piensan que esto no va con ellas, aquellas que pueden acabar aceptando pronto un discurso fascista pero todav&iacute;a no lo han hecho. A ver si podemos crear algunos horrocruxes antifascistas antes de que esta legislatura acabe con nuestros discursos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rincon-pensar_129_1205706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Dec 2019 20:37:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Al rincón de pensar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España no es una paella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espana-hamburguesa_129_1304345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1907040-0fc3-41bc-8cbe-634e592b7775_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Vídeo del Gobierno."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se puede pretender lanzar una campaña de comunicación y actuar como si no pasara nada sin haber dado respuesta a más de dos millones de independentistas y otros tantos millones de demócratas</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.eldiario.es/politica/MINUTO-POLITICO-sentencia-proces-elecciones_13_952734718_33561.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Everybodysland</a>&nbsp;se publica, insultantemente, el d&iacute;a de la sentencia del proc&egrave;s que millones de personas llevan dos a&ntilde;os esperando</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Naomi Klein public&oacute; en 2002 un art&iacute;culo titulado &ldquo;<a href="https://www.theguardian.com/media/2002/mar/14/marketingandpr.comment" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">America is not a hamburger</a>&rdquo;. En el art&iacute;culo explicaba c&oacute;mo Bush hab&iacute;a pensado en la mala reputaci&oacute;n de Estados Unidos como si se tratara de una marca cualquiera. Bush contrat&oacute; a un equipo de publicistas, que no expertos en comunicaci&oacute;n, para mejorar la mala reputaci&oacute;n que el pa&iacute;s empezaba a tener internacionalmente.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la forma de entender del presidente, no era necesario mejorar la relaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses sino simplemente aparentar haberlo hecho o aparentar ser un pa&iacute;s dispuesto a hacerlo. Consider&oacute; que lo &uacute;nico que hab&iacute;a que hacer era vender Estados Unidos como si fuera un producto y para hacerlo necesitaba personas que supieran vender productos: publicistas del sector privado.
    </p><p class="article-text">
        El producto se vendi&oacute; relativamente bien, el problema era que realmente no exist&iacute;a. Esa Am&eacute;rica de la uni&oacute;n, el respeto y la libertad no era tal para muchas personas, como tampoco eran id&iacute;licas sus relaciones con otros pa&iacute;ses. Tan fr&iacute;volo que es comparable a cuando Fyre Festival vendi&oacute; un producto que no exist&iacute;a, colocando las expectativas en lo m&aacute;s alto y dejando que el batacazo fuera a&uacute;n m&aacute;s duro, jugando adem&aacute;s con algo tan intangible como las emociones: vivir experiencias incre&iacute;bles o vivir en la mejor democracia del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo, que le&iacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de que se publicara, vuelve de vez en cuando a mi mente. Este lunes volvi&oacute; con la publicaci&oacute;n de Everybodysland.
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;deo se publica, insultantemente, el d&iacute;a de la sentencia del proc&eacute;s que millones de personas llevan dos a&ntilde;os esperando. No es mucho m&aacute;s que un conjunto de frases vac&iacute;as dichas por miembros del gobierno en varios idiomas: &ldquo;La casa de todas&rdquo; (excepto de las refugiadas), &ldquo;las diferencias nos hacen especiales&rdquo; (excepto si actuamos en base a ellas).
    </p><p class="article-text">
        Vemos este v&iacute;deo mientras caminamos hacia una manifestaci&oacute;n que ni siquiera sabemos muy bien para qu&eacute; sirve. Quiz&aacute;s para que cuando esta noche los presos y presas pol&iacute;ticas vean la televisi&oacute;n o escuchen la radio sepan que hay todo un movimiento civil organizado en su apoyo y se sientan un poco menos solos. Ciudadan&iacute;a autoorganizada por Telegram, dudando sobre si esa movilizaci&oacute;n ser&aacute; tambi&eacute;n sedici&oacute;n. Ciudadan&iacute;a con sed de expresar una opini&oacute;n pol&iacute;tica que iba desde el derecho a manifestaci&oacute;n hasta aquellos que defend&iacute;an y defienden la independencia. Activistas de diferentes &aacute;mbitos pensando, una vez m&aacute;s, en d&oacute;nde habr&aacute; quedado el derecho a movilizaci&oacute;n cuando desafiar demasiado el <em>status quo</em> puede tener un resultado as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No se puede pretender lanzar una campa&ntilde;a de comunicaci&oacute;n y actuar como si no pasara nada sin haber dado respuesta a m&aacute;s de dos millones de independentistas y otros tantos millones de dem&oacute;cratas.
    </p><p class="article-text">
        No se puede presumir de calidad democr&aacute;tica en un pa&iacute;s en el que l&iacute;deres de movimientos sociales est&aacute;n en la c&aacute;rcel mientras la Fundaci&oacute;n Francisco Franco sigue abierta y quemando las heridas que tantas familias no han podido cerrar.
    </p><p class="article-text">
        Si Am&eacute;rica no era una hamburguesa, tampoco Espa&ntilde;a es comparable a su producto gastron&oacute;mico m&aacute;s t&iacute;pico o conocido. La pol&iacute;tica no es un producto, o al menos no es s&oacute;lo eso. En este caso, los anuncios no van a vuestros clientes, para eso esperen a la campa&ntilde;a pol&iacute;tica. Estos, publicados por Moncloa, van a toda la ciudadan&iacute;a y, diversa como es, el mensaje choca demasiado con las acciones o con un presidente socialista pronunciando un discurso propio de la pol&iacute;tica m&aacute;s reaccionaria.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Everybodysland&rdquo; es un quiero y no puedo, es un hacer o&iacute;dos sordos ante una realidad que cada vez se oye con m&aacute;s fuerza: Derecho a la autodeterminaci&oacute;n, a la vivienda, a una vida digna. En materia de derechos, toca garantizarlos y blindarlos antes de poder presumir de ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espana-hamburguesa_129_1304345.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Oct 2019 20:24:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[España no es una paella]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Sentencia del Procés]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plantilla de mail para saturadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/plantilla-mail-saturadas_129_1470970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c6c9fdd-29ee-497e-8c47-4a99d094b658_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Creo que te diré lo típico: "Ya sabes, la vida, el trabajo…". Respuesta prefabricada para que me contestes: "Bueno, lo importante es tener trabajo". Cuando me digas eso sonreiré mientras por dentro pienso: no, lo importante es tener tiempo</p></div><p class="article-text">
        Hola (insertar nombre),
    </p><p class="article-text">
        Disculpa que no haya respondido antes a tu correo. Llevo vi&eacute;ndolo en mi bandeja de entrada cinco d&iacute;as y pienso que cada d&iacute;a que pase har&aacute; m&aacute;s rid&iacute;cula mi respuesta y m&aacute;s dif&iacute;cil decirte que no. Si te contesto el fin de semana que viene diciendo que al final no cuentes conmigo voy a quedar muy mal.
    </p><p class="article-text">
        Me ha saltado incluso la aplicaci&oacute;n maldita de Gmail que te avisa que hace tres d&iacute;as que recibiste el correo y que deber&iacute;as responder. En mi mente lo he le&iacute;do as&iacute; &ldquo;hici tris diis qui ricibisti il quirrii&rdquo;. No me gusta que me presionen y esto, que una m&aacute;quina me d&eacute; ordenes sobre aspectos que ya s&eacute; que deber&iacute;a estar haciendo mejor, no lo llevo bien. El m&oacute;vil dice que deber&iacute;a andar m&aacute;s, la alarma dice que no voy a dormir suficientes horas y Gmail que deber&iacute;a responder los mails. Perfecto.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, lo siento por contestar tarde. S&eacute; que te dificulto la organizaci&oacute;n del evento/revista/publicaci&oacute;n/conferencia y ahora me estoy agobiando pensando en que quiz&aacute;s piensas que soy una persona horrible, pero te prometo que no quer&iacute;a complicarte el trabajo. No eres t&uacute;, soy yo. De verdad, te prometo que no tiene nada que ver contigo.
    </p><p class="article-text">
        Ya me pas&oacute; hace meses. Durante semanas dej&eacute; de responder correos. Coincidi&oacute; con el post 8M, esa &eacute;poca del a&ntilde;o en la que, ir&oacute;nicamente, las mujeres andamos m&aacute;s cansadas que nunca. Hacemos demasiadas cosas, nos apuntamos a mil temas y cuando nos queremos dar cuenta han pasado tres semanas, entre art&iacute;culos, conferencias y entrevistas, no hemos descansado. &iexcl;Viva la reivindicaci&oacute;n! El caso es que cuando por fin me puse a responder correos decid&iacute; que, a las personas con las que m&aacute;s confianza ten&iacute;a, les contar&iacute;a lo que hab&iacute;a pasado: les dije que me hab&iacute;a bloqueado de cansancio, de agobio, de no poder llegar a todo.
    </p><p class="article-text">
        A ti no s&eacute; qu&eacute; decirte. Creo que te dir&eacute; lo t&iacute;pico: &ldquo;Ya sabes, la vida, el trabajo&hellip;&rdquo;. Respuesta prefabricada para que me contestes: &ldquo;Bueno, lo importante es tener trabajo&rdquo;. Cuando me digas eso sonreir&eacute; mientras por dentro pienso: no, lo importante es tener tiempo. Pero al fin y al cabo soy de la generaci&oacute;n que aspiraba a tener muchos proyectos porque as&iacute; se med&iacute;a (y se mide) el &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta vez es la &uacute;ltima, ya no me pasa m&aacute;s. &iquest;Sabes cu&aacute;l es el problema? Me cuesta decidir si acepto o no. Yo crec&iacute; con el mantra de que hay que trabajar duro para conseguir las cosas. Hay que hacer el doble. Luego lleg&oacute; lo de &ldquo;Girl Power&rdquo;, las mujeres podemos con todo. Si nos dej&aacute;is, podemos estar en una tertulia por la noche, otra por la ma&ntilde;ana, entregar un art&iacute;culo y seguir con nuestro trabajo, vida familiar y amistades. La casa impoluta, la ropa planchada y la sonrisa perfecta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;T&uacute; sabes la de veces que cito a Byung Chul Han? Creo que lo hago para decir &ldquo;oye, esto del agobio no es cosa m&iacute;a, lo dice un fil&oacute;sofo de verdad&rdquo;. Dice que lo que nos enferma &ldquo;no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento&rdquo;, la necesidad (que es casi una obligaci&oacute;n) de hacer m&aacute;s, de producir m&aacute;s, de generar m&aacute;s y llegar a m&aacute;s. Necesidad autoimpuesta, por cierto. Podr&iacute;amos decir que escogida. Realmente creo que el problema es m&iacute;o, que no s&eacute; cu&aacute;ndo me voy a ver superada y tampoco s&eacute; como poner el l&iacute;mite. Te lo prometo, nos explotamos en nombre de la perfecci&oacute;n y no sabemos parar.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que yo no s&eacute; si aceptar esto que me propones o no. Hago lo que me gusta y eso es una maldici&oacute;n. Adem&aacute;s, est&aacute; el otro tema, he reivindicado tanto el espacio para gente como yo que, ahora, &iquest;c&oacute;mo te voy a decir que no? Vas a pensar que soy una notas. Adem&aacute;s, &iquest;son s&oacute;lo unas horitas no? Y un s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana en el que lo &uacute;nico que iba a hacer era tirarme en el sof&aacute; con un caf&eacute; y la tele de fondo.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que realmente no tengo tiempo, adem&aacute;s estoy cansada, no s&eacute; si podr&iacute;a hacerlo bien. Ley&eacute;ndolo bien, ni siquiera s&eacute; si es &uacute;til o si voy a poder aportar algo.
    </p><p class="article-text">
        Bueno no s&eacute;, &iquest;me das m&aacute;s detalles? Te respondo dentro de un mes.
    </p><p class="article-text">
        Saludos y, de nuevo, disculpa por el retraso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/plantilla-mail-saturadas_129_1470970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Oct 2019 19:52:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Plantilla de mail para saturadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Ocio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Israa Ghareeb y las reivindicaciones de las mujeres árabes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/israa-ghareeb-reivindicaciones-mujeres-arabes_129_1354690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/030b6dd2-d317-4b65-81ad-81e2adbff638_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Israa Ghareeb y las reivindicaciones de las mujeres árabes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres, las árabes, las magrebíes, las musulmanas y todas en general estamos hartas de que la sociedad, la policía o el Estado se crean con derecho a decidir sobre nuestros cuerpos</p><p class="subtitle">El asesinato de Israa Ghareeb será una de las muchas llamas que enciendan uno de los muchos movimientos feministas que hay en países árabes</p></div><p class="article-text">
        Israa Ghareeb fue asesinada en Palestina hace unas semanas. Ten&iacute;a 21 a&ntilde;os. Los detalles de su asesinato siguen siendo confusos y cambian seg&uacute;n la fuente que los consulte. A d&iacute;a de hoy hay una investigaci&oacute;n en marcha y queda pendiente saber qu&eacute; sucedi&oacute; exactamente.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la raz&oacute;n &uacute;ltima habr&iacute;a sido la violencia ejercida por su hermano y otros familiares despu&eacute;s de que publicara en redes sociales un v&iacute;deo con su pareja. La muerte de Israa Ghareeb ha generado un mar de indignaci&oacute;n en forma de hashtag alrededor del mundo, en un contexto en el que el hartazgo de las mujeres no para de crecer para seguir generando m&aacute;s movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Su asesinato se puede clasificar como crimen de honor. El tipo de crimen en el que toda la fragilidad masculina que pueda haber en la familia queda puesta en las manos de las mujeres cuyas vidas corren peligro si la rompen.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres, las &aacute;rabes, las magreb&iacute;es, las musulmanas y todas en general estamos hartas. Hartas de que la sociedad, la polic&iacute;a o el Estado se crean con derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Y en esta ola de indignaci&oacute;n alrededor del caso de Israa Ghareeb, parece sonar de fondo lo que Mona El Tahawy explica sobre c&oacute;mo las mujeres &aacute;rabes se encuentran entre la roca y el muro cuando tienen que denunciar el machismo que sufren. Si la roca es la sociedad occidental, pendiente de escuchar cualquier aspecto negativo entre la comunidad musulmana para hacer gala de su islamofobia y el muro es el machismo que las mujeres musulmanas viven, alzar la voz, si no es con un equilibrio perfecto, es asumir el riesgo de caer en un lado en el que no est&aacute;s c&oacute;moda. Acabar, por lo tanto, instrumentalizada por unos o por otros.
    </p><p class="article-text">
        El sufrimiento de las mujeres &aacute;rabes, magreb&iacute;es o musulmanas es a menudo utilizado por una sociedad que nos quiere &ldquo;salvables&rdquo;. El caso de Israa Ghareeb se repite desde los &aacute;mbitos m&aacute;s racistas e incluso machistas. Repitiendo el cl&aacute;sico &ldquo;mirad, sobre estos pa&iacute;ses no os quej&aacute;is&rdquo;, haciendo referencia a las feministas espa&ntilde;olas. Las musulmanas, mientras tanto, deben ser ese sujeto pasivo que espera una salvaci&oacute;n que venga &ldquo;de fuera&rdquo; para todos los problemas &ldquo;de dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, a las mujeres musulmanas que nos queremos llamar feministas se nos exige que denunciemos y criminalizar as&iacute; nuestros contextos. La f&oacute;rmula perfecta para asumir que todo lo que vivimos es machismo y que todo el machismo que vivimos es el &ldquo;nuestro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El asesinato de Israa Ghareeb ser&aacute; una de las muchas llamas que enciendan uno de los muchos movimientos feministas que hay en pa&iacute;ses &aacute;rabes. Que la instrumentalizaci&oacute;n no se apodere de la lucha.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Míriam Hatibi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/israa-ghareeb-reivindicaciones-mujeres-arabes_129_1354690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Sep 2019 19:34:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Israa Ghareeb y las reivindicaciones de las mujeres árabes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
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