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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier de Domingo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier_de_domingo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier de Domingo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A qué esperamos los hombres para hablar de los partos de nuestras parejas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/esperamos-hombres-hablar-partos_1_1161949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b7f6c48-0f05-4089-868a-1b495b06539e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A qué esperamos los hombres para hablar de los partos de nuestras parejas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Contracciones. Dolores. Cada vez más. ¿Cómo se acompaña esto? Decido ser fuerte y eso en un mundo de varones significa anestesiarse, disociarse, es decir, no sentir emociones</p><p class="subtitle">Me ofrecen algo que hacer: me explican que aplicando fuerza con mi antebrazo en el fondo del útero ayudo a sacar a mi hijo. Era la maniobra de Kristeller. Sus riesgos para la salud del bebé y la madre son enormes</p><p class="subtitle">Con el relato del parto libero dolor. Lo he visto tantas veces en los testimonios de las mujeres, de las madres que llevan mucho visibilizando sus heridas que no sé a qué esperamos los hombres para hacer lo mismo. ¿Miedo a sentir?</p></div><p class="article-text">
        <em>Ahora, empuja&hellip; venga, con fuerza, dale, que el ni&ntilde;o no quiere salir</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como hace ocho a&ntilde;os, en 2009, un s&aacute;bado 19 de diciembre, yo puse en peligro la salud de quienes m&aacute;s amaba en el mundo; por ignorante, por negligente y por obediente. Mansamente segu&iacute; instrucciones sin haberme informado de los riesgos de lo que estaba ocurriendo. Empuj&eacute; con fuerza el vientre de mi pareja, Esther, la madre de Daniel, el beb&eacute; que estaba a punto de nacer, nuestro primero de varios y con qui&eacute;n aprendimos a mirar lo que no nos ense&ntilde;aron a ver. Ni a ella ni a m&iacute;. Qu&eacute; brutos &eacute;ramos y qu&eacute; listos nos cre&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Todo empez&oacute; 24 horas antes, en un cine. Viernes de estreno. Avatar. El parto era inminente. 41 semanas m&aacute;s 3. Dani segu&iacute;a acurrucado, seguro en su fusi&oacute;n con la madre y estaba bien donde estaba. &iquest;Y yo? Imaginaba un futuro con escaso ocio y quise darme el capricho de ver esa esperad&iacute;sima pel&iacute;cula de acci&oacute;n y fantas&iacute;a, muy de machotes. Simb&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Hoy lo veo diferente. En v&iacute;speras del suceso m&aacute;s trascendental de mi vida mi mente deseaba estar en otro lugar y no &ldquo;perderse&rdquo; una peli. No perderse. Me lo perd&iacute; todo. Horas despu&eacute;s Daniel avisaba. Pronto hijo, pronto nos veremos. Nos preparamos. Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. Previsi&oacute;n de nieves. Fuimos al hospital. Desde aqu&iacute; todo es borroso.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos. Un box. A monitores. Solo ella, yo y el beb&eacute;. Risas e ilusi&oacute;n. Qu&eacute; cerca estamos de abrazarnos los tres. Caricias a solas, miradas, ternura, esperanza de que todo vaya bien. Estamos muy emocionados. Nos dicen que va para largo pero no queremos volver a casa. Pedimos habitaci&oacute;n. Nos la dan. Avisamos a la familia. Llegan. Empieza el circo y somos el centro, el plato estrella, brotando los guiones que cada miembro ha representado desde siempre.
    </p><p class="article-text">
        Unos espolvorean sus miedos. Otros los aplacan. Hay amor pero nos entregamos a la distracci&oacute;n. Qu&eacute; absurdo me parece ahora. Qu&eacute; desenfocado. Esther se duele. La familia responde con lo que puede o sabe, que no es demasiado. Hablamos, bromeamos, camuflamos el dolor de ella con charla banal y absurda. Sacamos a la mam&iacute;fera de su sentir porque somos incapaces de procesar lo que siente ella y menos aun lo que activa en todo el resto de los presentes y la evasi&oacute;n es una herramienta interiorizada que manejamos a la perfecci&oacute;n. Todo es tan bienintencionado pero tan errado.
    </p><p class="article-text">
        Contracciones. Dolores. Cada vez m&aacute;s. &iquest;C&oacute;mo se acompa&ntilde;a esto? Decido ser fuerte y eso en un mundo de varones significa anestesiarse, disociarse, es decir, no sentir emociones. Activaci&oacute;n del circuito hormonal de la adrenalina, el dise&ntilde;ado para responder a la depredaci&oacute;n. Formato macho. Y as&iacute; mutilo la activaci&oacute;n natural de la oxitocina. No quiero. &iquest;Qu&eacute; hago? Que alguien me lo diga por favor. Ella est&aacute; sufriendo. &iquest;Adrenalina u oxitocina? &iquest;Pero qu&eacute; hago?
    </p><p class="article-text">
        La mam&iacute;fera que necesita gritar y aullar se contrae cuando rompe aguas en el ba&ntilde;o. Son marrones. Te&ntilde;idas. Mal asunto. La matrona dice &ldquo;ya no te puedo dejar parir sola&rdquo;. Oxitocina artificial, en la habitaci&oacute;n. Toda la familia alrededor de la cama. Muecas de dolor. La miramos. Le cojo la mano. Me molesta la presencia de tanta gente, pero callo. El dolor es tan fuerte que la bajan al paritorio para poner la epidural. Sola.
    </p><p class="article-text">
        Al poco me dejan acompa&ntilde;arla. Tiene fr&iacute;o y tiembla. Luz azul, m&aacute;quinas e instrumental. Aquello parece un laboratorio. Le duele a&uacute;n. El anestesista hace comentarios como de reproche, como que no puede ser. Un segunde chute le provoca temblores. A este hombre da la impresi&oacute;n de que esta mujer le parece tonta o quejica. Me cabrea. Nos inhibimos. Dani quiere nacer pero parece que le cuesta.
    </p><p class="article-text">
        La ginec&oacute;loga no llega. Es noche de jaleo. Se oyen gritos en otros paritorios. Los sanitarios est&aacute;n desbordados, simulan sonrisas pero reflejan tensi&oacute;n, mucha tensi&oacute;n. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n las caricias? &iquest;Y la ternura? No siento confianza en nadie.
    </p><p class="article-text">
        Quiero ayudar, sin tener idea de lo que significaba nada de lo que sucede en ese paritorio. Me entrego a mi miedo, a mi ignorancia, a la angustia de no saber y ser tarde para querer hacerlo. All&iacute;, permeable al pensamiento del experto, me ofrecen un hacer, una contribuci&oacute;n, un algo que aportar para abreviar todo. Me explican que aplicando fuerza con mi antebrazo en el fondo del &uacute;tero ayudo a sacar a mi hijo. Era la <a href="https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/campanas/campana-stop-kristeller-cuestion-de-gravedad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">maniobra de Kristeller</a>. Sus riesgos para la salud del beb&eacute; y la madre son enormes y por eso est&aacute; contraindicada en Espa&ntilde;a y prohibida en el Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que all&aacute; voy. Mi cerebro ven&iacute;a instruido en ejercer el poder del m&uacute;sculo. Mi fuerza de hombre salvar&iacute;a el momento. Eso lo entend&iacute;a. Es lo que tiene nuestra programaci&oacute;n de macho. Ejercitamos los m&uacute;sculos equivocados. Tiemblo solo de recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; la ginec&oacute;loga. Justo para la firma del procedimiento, con bistur&iacute; y f&oacute;rceps. As&iacute; la abrieron y as&iacute; lleg&oacute; Daniel. Episiotom&iacute;a. No ten&iacute;a por qu&eacute; haber nada de aquello pero nadie en aquel paritorio estaba al tanto de las &uacute;ltimas actualizaciones sobre partos. Si lo estaban, callaron.
    </p><p class="article-text">
        De eso nos hemos informado y formado despu&eacute;s. Sin ser cosa de brujas, sencillamente es lo que otros centros p&uacute;blicos y privados ya hacen poniendo en evidencia a una mayor&iacute;a que se resiste, anclados en un narcisismo pedag&oacute;gico que los retrata en su orgullo impidi&eacute;ndoles agachar la cabeza y corregirse.
    </p><p class="article-text">
        Se llevan a nuestro beb&eacute;. Incubadora. Nos persuaden de que tiene que descansar y que la madre tambi&eacute;n.  Vuelta al circo familiar. Es de noche. Se van. Ella tan dolorida que apenas puede moverse.
    </p><p class="article-text">
        El peor susto quedaba por llegar. La pediatra vino y ante la pregunta de una madre que no pod&iacute;a estar sin su beb&eacute; y necesitaba saber cu&aacute;ndo iba a ser posible el encuentro le respondi&oacute;: &ldquo;Si me est&aacute;s preguntando si la vida de tu hijo corre peligro o no, es algo que no puedo contestarte, por eso est&aacute; en observaci&oacute;n&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Al instante y por las caras de estupefacci&oacute;n y p&aacute;nico se percat&oacute; de su insensibilidad. Pero no la dejan acercarse a su beb&eacute;. A m&iacute; s&iacute;. Corro al nido. Tal vez pueda hacerle fotos y un v&iacute;deo y ense&ntilde;&aacute;rselas a Esther. Es todo lo que nos dejan. Una foto como Ibuprofeno para una madre que no tiene a su beb&eacute; donde corresponde, pegado a su piel.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entro y le veo me pongo a llorar. Lloro y lloro y no se parar. Me quiebro. Yo nunca lloraba, no antes de aquello. Despu&eacute;s no he dejado de hacerlo. Hice fotos y un peque&ntilde;o v&iacute;deo. Corr&iacute; a Esther. La separaci&oacute;n la angusti&oacute;, la atorment&oacute; y la desquici&oacute;. Literalmente. No supe manejar aquello. La noche m&aacute;s dura de nuestras vidas en el momento que deb&iacute;a ser el m&aacute;s feliz.
    </p><p class="article-text">
        A las 06:00 la mam&iacute;fera decide que no lo soporta m&aacute;s y quiere ver a su cr&iacute;a. A pesar del dolor de la episiotom&iacute;a hall&oacute; fuerzas y bajo el pretexto de cambiar el pa&ntilde;al de su beb&eacute; intent&oacute; sortear el protocolo hospitalario y su absurdo horario dise&ntilde;ado para encajar con el de los sanitarios. Nos rechazaron. A esperar hasta las 09:00. Rabiamos, cu&aacute;nto rabiamos. Y a la hora prefijada la madre se angusti&oacute; m&aacute;s al no saber cu&aacute;l era su hijo. Por fin nos lo mostraron. Nos dieron un rato. Lloramos. Le ped&iacute; perd&oacute;n a Daniel, entre l&aacute;grimas. &ldquo;Perd&oacute;name hijo, perd&oacute;name&hellip; no he sabido hacerlo mejor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como si fuese un reo nos informan de que la visita termina. Nueva espera. &iquest;En serio? &iquest;Ha de ser as&iacute;? &iquest;Qui&eacute;n ha dise&ntilde;ado todo esto? &iquest;C&oacute;mo han sido instruidos estos obstetras y pediatras? Solo mentes disociadas y anestesiadas han podido construir protocolos tan claramente anti natura.
    </p><p class="article-text">
        Luz de d&iacute;a. Mucho sol y nieve cuajada en la calle. Nos trajeron a Daniel. Precioso, &uacute;nico y maravilloso. Vivo. Sano. Dolido. Enfadado con el mundo y tambi&eacute;n con nosotros por no saber lo que realmente necesitaba. C&oacute;mo me duele.
    </p><p class="article-text">
        Y ya est&aacute;. Esto fue. Esto es el relato del primer parto de Esther y del nacimiento de Daniel. Medio recordado, medio reconstruido. Al hacerlo libero dolor. Sacarlo, narrarlo, compartirlo tiene un poder sanador y restaurador desbloqueando lo que el trauma neg&oacute;, reprimi&oacute; o proyect&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo he visto tantas veces en los testimonios de las mujeres, de las madres que llevan mucho visibilizando sus heridas que no s&eacute; a qu&eacute; esperamos los hombres para hacer lo mismo. &iquest;Miedo a sentir? &iquest;Ese es el legado a nuestros hijos e hijas? &iquest;A&uacute;n estamos en eso? &iquest;De verdad?
    </p><p class="article-text">
        Por todo esto surgieron y surgen iniciativas como el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, la <a href="http://ahige.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n de Hombres por la Igualdad de G&eacute;nero</a> o <a href="https://www.elpartoesnuestro.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Parto es Nuestro</a>, para que no suceda m&aacute;s, a nosotros, a nadie, mujer u hombre. No es necesario pasar por ello, ninguno. Menos nuestros beb&eacute;s. &iquest;No crees?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de Domingo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jan 2018 19:47:23 +0000]]></pubDate>
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