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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Dada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_dada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Dada]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Guatemala detiene a su periodista más prominente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/guatemala-detiene-periodista-prominente_129_9219744.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73817585-5d5b-4c43-81eb-6e0c470c93b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guatemala detiene a su periodista más prominente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gobierno de Giammattei ha quedado pintado como lo que José Rubén Zamora llama una cleptocracia, que se dedica a saquear al Estado</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/politica/fuerzas-seguridad-allanan-vivienda-reconocido-periodista-guatemalteco_1_9212118.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">detenci&oacute;n de Jos&eacute; Rub&eacute;n Zamora</a>, presidente de El Peri&oacute;dico de Guatemala y uno de los periodistas m&aacute;s reconocidos de Am&eacute;rica Latina, ocurri&oacute; el viernes pasado en su vivienda, mientras fiscales y polic&iacute;as allanaban tambi&eacute;n las oficinas del diario. Declarado bajo reserva el caso, las autoridades no dijeron ni en un lugar ni en el otro qu&eacute; buscaban ni bajo qu&eacute; cargos se llevaban a Zamora. Ante la protesta internacional, el Fiscal Especial contra la Impunidad, Rafael Curruchiche, se vio obligado a aclarar: &ldquo;La aprehensi&oacute;n no tiene ninguna relaci&oacute;n con su calidad de periodista sino por un posible hecho de lavado de dinero en su calidad de empresario&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; esperaban que dijera? &iquest;Que lo detienen por el periodismo de su medio que denuncia la corrupci&oacute;n, que tanto incomoda a funcionarios y exfuncionarios, incluyendo al presidente Alejandro Giammattei y su gabinete, a la jefa del Ministerio P&uacute;blico Consuelo Porras y al mismo Curruchiche? &iquest;Que Zamora es una de las principales voces cr&iacute;ticas contra la toma del Estado perpetrada por los mismos oscuros poderes que sacaron a la CICIG, que han montado casos contra jueces, magistrados y fiscales, incluyendo a Claudia Paz y Paz y al ex fiscal especial Juan Francisco Sandoval? &iquest;Que por eso lo han detenido? No. Lo acusan de lavar dinero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las legislaciones centroamericanas tienen, palabras m&aacute;s o menos, la misma definici&oacute;n para el delito de lavado de dinero: es el acto de administrar, invertir o tener dinero sabiendo que proviene de la comisi&oacute;n de otro delito. En otras palabras, es el intento de legalizar dinero de origen ilegal, ll&aacute;mese narcotr&aacute;fico o corrupci&oacute;n o extorsi&oacute;n. Con otro agravante: el delito es tan grave que la persona acusada no puede defenderse en libertad. El juicio debe enfrentarse encarcelado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Acusar a Zamora de este delito es establecer p&uacute;blicamente, desde el Estado, la imagen de alguien que trabaja para el crimen organizado. Deslegitimarlo. Igual que hoy a &eacute;l, la dictadura nicarag&uuml;ense acus&oacute; al periodista Carlos Fernando Chamorro de lavado de dinero y embarg&oacute; sus oficinas. A m&iacute; tambi&eacute;n el presidente salvadore&ntilde;o Nayib Bukele me acus&oacute;, en cadena nacional de televisi&oacute;n, de lavar dinero, mostrando im&aacute;genes m&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses, Jos&eacute; Rub&eacute;n Zamora me llam&oacute; para solidarizarse conmigo y El Faro, el peri&oacute;dico que dirijo, por las m&uacute;ltiples auditor&iacute;as ama&ntilde;adas en nuestra contra, ordenadas por el ministerio de Hacienda de Bukele en su intento por construir en contra nuestra casos de lavado de dinero o de evasi&oacute;n de impuestos. Sus largas d&eacute;cadas de experiencia en un pa&iacute;s como Guatemala, donde no termina de aclarar cuando ya oscurece de nuevo, han expuesto a Jos&eacute; Rub&eacute;n y elPeri&oacute;dico a varias auditor&iacute;as de este tipo. Es el modo en que operan aquellos que quieren silenciarnos. No me dio muchos consejos ni grandes consuelos, pero me ofreci&oacute; su casa y me dijo que al final aquellos que nos acusan para tapar sus propios delitos terminar&aacute;n en la c&aacute;rcel. Parad&oacute;jicamente, es &eacute;l quien est&aacute; hoy preso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l, quien desde hace a&ntilde;os denuncia a pol&iacute;ticos y militares de su pa&iacute;s de apropiarse indebidamente de dinero, de obtenerlo de manera il&iacute;cita y luego legalizarlo; es decir, de lavado de dinero. Pero no son aquellos los presos, sino &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Centroam&eacute;rica vive hoy un grav&iacute;simo retroceso democr&aacute;tico en el que los gobernantes concentran cada vez m&aacute;s poder a costa de los derechos constitucionales de sus ciudadanos. El mayor ejemplo es la dictadura de Ortega en Nicaragua, seguida por el autoritarismo&nbsp;<em>millenial</em>&nbsp;de Bukele en El Salvador; y Giammattei y los grupos narcopol&iacute;ticos, empresariales y militares en Guatemala. En los tres pa&iacute;ses el retroceso institucional va de la mano con la corrupci&oacute;n escandalosa y la falta de contrapesos y mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas. En estas condiciones, el periodismo se convierte en el &uacute;ltimo dique para contener el atropello impune, a trav&eacute;s de la investigaci&oacute;n, la denuncia y el cuestionamiento cr&iacute;tico al ejercicio del poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto la fiscal al frente del Ministerio P&uacute;blico, Consuelo Porras, como Curruchiche, el fiscal que orden&oacute; la detenci&oacute;n de Zamora, han sido se&ntilde;alados por actos de corrupci&oacute;n, plagio u obstaculizaci&oacute;n de investigaciones contra la corrupci&oacute;n, no solo en Guatemala sino internacionalmente. Ambos fueron incluidos&nbsp;<a href="https://elfaro.net/es/202207/centroamerica/26276/La-Lista-Engel-apunta-cada-vez-m%C3%A1s-cerca-de-los-presidentes-centroamericanos.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la lista Engel</a>&nbsp;y no han ocultado su intenci&oacute;n de vengarse contra todos los operadores del sistema judicial que durante los a&ntilde;os de la CICIG intentaron limpiar la corrupci&oacute;n en Guatemala. El mismo d&iacute;a de la detenci&oacute;n de Zamora ordenaron y ejecutaron tambi&eacute;n la captura de la auxiliar del Ministerio P&uacute;blico, Samari G&oacute;mez, sobreviviente de la Fiscal&iacute;a Especial que dirig&iacute;a Juan Francisco Sandoval, hoy en el exilio. Hay 24 exoperadores del sistema de justicia (exfiscales y jueces) exiliados por la persecuci&oacute;n de Giammattei, Porras y Curruchiche, y cinco procesados en Guatemala. Es la venganza del viejo sistema contra quienes estorbaban, o a&uacute;n estorban, la toma total del sistema de justicia en manos de Porras y Curruchiche. Que sean ellos, los se&ntilde;alados por corrupci&oacute;n, los que encabecen la persecuci&oacute;n contra Zamora, ya da muchas luces sobre este proceso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El de Jos&eacute; Rub&eacute;n Zamora no es, lamentablemente, un caso aislado en la regi&oacute;n. En Guatemala, ya el a&ntilde;o pasado denunci&aacute;bamos la persecuci&oacute;n judicial contra otras y otros periodistas: Carlos Choc, Anastasia Mej&iacute;a, Juan Luis Font, Sonny Figueroa, Marvin del Cid, Claudia M&eacute;ndez y el propio Zamora, a quien le estaban reabriendo viejas causas judiciales ya agotadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Nicaragua, hay dos periodistas y seis personas m&aacute;s vinculadas a medios de comunicaci&oacute;n presas en las c&aacute;rceles de Ortega. Uno de ellos, Miguel Mora, lleva cuarenta d&iacute;as en huelga de hambre en protesta contra la tortura de que son objeto los presos pol&iacute;ticos. Una gran cantidad de periodistas, incluyendo a Chamorro, tuvieron que partir al exilio. Nicaragua es hoy un pa&iacute;s sin peri&oacute;dicos impresos, tras el cierre de La Prensa por embargo del papel y la captura de su gerente; y justo esta semana la polic&iacute;a orteguista cerr&oacute; siete radioemisoras cat&oacute;licas, porque criticaban a la dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En El Salvador, son ya docenas de colegas espiados, perseguidos, acosados y difamados por Bukele y sus voceros. Solo en El Faro, CitizenLab encontr&oacute; que 22 de nosotros ten&iacute;amos los&nbsp;<a href="https://elfaro.net/es/202201/el_salvador/25935/Veintid%C3%B3s-miembros-de-El-Faro-fueron-intervenidos-con-Pegasus-226-veces-entre-2020-y-2021.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tel&eacute;fonos infectados con Pegasus</a>, un sistema de espionaje que permite activar en vivo c&aacute;mara y micr&oacute;fonos y extraer toda la informaci&oacute;n del aparato. Hemos sufrido seguimientos, campa&ntilde;as de deslegitimaci&oacute;n apadrinadas por el propio Bukele, espionaje con drones en nuestras casas (uno de esos aparatitos, despu&eacute;s de un par de visitas a unos metros de distancia, entr&oacute; muy campante la tercera vez por el ventanal de mi estudio y flot&oacute;, con toda impunidad, durante unos momentos frente a mi), linchamientos en redes, amenazas&hellip; Tras nuestras investigaciones que revelaron las&nbsp;<a href="https://elfaro.net/es/202205/el_salvador/26175/Audios-de-Carlos-Marroqu%C3%ADn-revelan-que-masacre-de-marzo-ocurri%C3%B3-por-ruptura-entre-Gobierno-y-MS.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">negociaciones entre el gobierno salvadore&ntilde;o y las pandillas</a>, la bancada del partido oficial aprob&oacute;&nbsp;<a href="https://elfaro.net/es/202204/el_salvador/26117/Asamblea-controlada-por-Bukele-aprueba-ley-mordaza-bajo-la-excusa-de-combate-a-pandillas.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una ley mordaza</a>, que prev&eacute; penas de hasta 15 a&ntilde;os para periodistas y representantes de medios que publiquemos cualquier cosa sobre pandillas que se salga del discurso oficial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La intenci&oacute;n de las autoridades en nuestros pa&iacute;ses es la misma: desprestigiarnos y silenciarnos para que no sigamos investigando ni publicando actos de corrupci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es casual que, el lunes siguiente a la captura de Jos&eacute; Rub&eacute;n, la oficina del fiscal Curruchiche haya ordenado congelar las cuentas bancarias del peri&oacute;dico. Sin dinero no podr&aacute;n comprar papel ni pagar a sus empleados. Sin dinero, el medio m&aacute;s importante de la historia reciente de Guatemala morir&aacute;, con su fundador en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades guatemaltecas podr&aacute;n pensar que con ello se han quitado ya un problema de encima, pero en realidad han causado otro mayor: han despertado una protesta internacional de periodistas, de organizaciones de defensa de la libertad de expresi&oacute;n y de gobiernos de varios pa&iacute;ses. Porque nadie cree que Jos&eacute; Rub&eacute;n sea lavador de dinero y tampoco nadie cree que el sistema de justicia guatemalteco sea hoy capaz de brindarle las m&iacute;nimas garant&iacute;as para su defensa. El gobierno de Giammattei ha quedado pintado como lo que Jos&eacute; Rub&eacute;n Zamora llama una cleptocracia, que se dedica a saquear al Estado y por tanto necesita deshacerse de sus cr&iacute;ticos. Hoy el grupo que gobierna Guatemala tiene a un prominente preso pol&iacute;tico, ante los ojos del mundo. Y a un periodismo centroamericano harto ya de que los corruptos intenten silenciarnos. Mi solidaridad con la familia Zamora, y con los colegas de toda la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Esta columna fue originalmente publicada en </em><a href="https://elfaro.net/es/202208/columnas/26313/Guatemala-detiene-a-su-periodista-m%C3%A1s-prominente.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Faro</em></a><em>.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Dada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/guatemala-detiene-periodista-prominente_129_9219744.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Aug 2022 08:44:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Guatemala,Prensa internacional,Libertad de prensa,Periodismo,Detenido]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un agujero de cinco milímetros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/agujero-milimetros_1_1879510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa4fc016-d7f9-483a-b44f-9beee9113094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un agujero de cinco milímetros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Monseñor Óscar Romero concluyó que tenía la obligación moral de pronunciar aquellas palabras, ahora históricas: "¡cese la represión!"</p><p class="subtitle">¿Qué hizo Romero luego de su homilía más célebre? ¿Qué hizo el día siguiente, el de su asesinato, antes de oficiar su última misa?</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://elfaro.net/es/201810/el_salvador/22530/Un-agujero-de-cinco-mil%C3%ADmetros.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Este reportaje se public&oacute; originalmente en El Faro,&nbsp;</a><a href="https://elfaro.net/es/201810/el_salvador/22530/Un-agujero-de-cinco-mil%C3%ADmetros.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">de El Salvador</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La &uacute;ltima casa que habit&oacute; &Oacute;scar Arnulfo Romero es hoy un centro de visitantes; un museo en el que se exhiben sus documentos personales, sus libros, su grabadora, su ropa a&uacute;n manchada por la sangre del martirio y las fotograf&iacute;as en blanco y negro capturadas el 24 de marzo de 1980, al momento de su asesinato, por Eulalio P&eacute;rez Garc&iacute;a. Son estas im&aacute;genes las que determinaron la memoria colectiva de aquella tarde, en la que inici&oacute; nuestra larga guerra civil que durar&iacute;a doce a&ntilde;os y nos dejar&iacute;a casi cien mil muertos.
    </p><p class="article-text">
        Una de esas fotos, tomada pocos segundos despu&eacute;s de que Romero recibiera un balazo en el pecho, muestra su rostro cubierto por la sangre que sale profusamente por su nariz y su boca. Su apariencia es la serenidad de un sue&ntilde;o profundo que contrasta con la angustia de dos religiosas y un hombre mayor que intentan auxiliarlo.
    </p><p class="article-text">
        Contrario a lo que parece, el arzobispo no descansa a&uacute;n. Libra una batalla silenciosa, semiconsciente, por sobrevivir a la destrucci&oacute;n mete&oacute;rica de sus &oacute;rganos vitales. Se est&aacute; asfixiando. Tardar&aacute; a&uacute;n varios minutos en morir. Por ahora resiste a la invasi&oacute;n generalizada, al desborde fatal de los torrentes de sangre que la diminuta bala calibre .22 sac&oacute; de sus cauces naturales. Sus defensas han sido aniquiladas pero ese cuerpo, esa vida, se niega a capitular. Sus &oacute;rganos hacen los &uacute;ltimos intentos desesperados para evitar la cat&aacute;strofe. No podr&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pocos minutos despu&eacute;s, algunos de los presentes, recuperados del aturdimiento, llevar&aacute;n alarmados al arzobispo a un veh&iacute;culo de carga, el &uacute;nico disponible, para trasladarlo a un hospital. Hay varias fotograf&iacute;as de ese momento. Una de ellas retrata el c&iacute;rculo mortuorio. Dos mujeres sostienen la parte media de la espalda, el hombro izquierdo, el cuello y la cabeza de Romero. Lloran. En sus rostros hay urgencia, una angustia incontenible. Gritos sofocados por la adrenalina, el coraz&oacute;n bombeando a gran velocidad. Frente a ellas, sosteniendo la parte derecha del cuerpo a&uacute;n vivo, una muchacha casi superada por el momento. Las fosas nasales expandidas revelan agitaci&oacute;n. Mira hacia otro lado, como si recibiera indicaciones para colocar al obispo en el veh&iacute;culo. En medio, la cabeza de monse&ntilde;or tirada hacia atr&aacute;s. Los ojos cerrados. La sangre. Las manos fl&aacute;cidas. El cuerpo pesado desparram&aacute;ndose bajo la t&uacute;nica y el alba. Lo &uacute;nico que impide su ca&iacute;da son los brazos de estas mujeres que lo sostienen maternalmente. Monse&ntilde;or se les muere entre los brazos. Es la versi&oacute;n salvadore&ntilde;a de La Piedad.
    </p><p class="article-text">
        Las fotos exhibidas aqu&iacute;, en esta sala, causan un efecto extra&ntilde;o. Son retratos de un tiempo que hoy parece tan lejano -antes del cataclismo de su muerte-. Parecen tambi&eacute;n de otro lugar. Es una antorcha la que se extingue en estas fotos. El hombre antorcha que Romero fue para El Salvador durante su arzobispado. En medio de tanta austeridad, estas im&aacute;genes son el &uacute;nico referente contextual de los pocos d&iacute;as en los que este lugar funcion&oacute; como vivienda: entre 1977 y 1980. Tres intensos a&ntilde;os en los que El Salvador, la iglesia y el mundo parec&iacute;an especialmente agitados. Tres a&ntilde;os de noches en las que las calles de San Salvador eran coto de caza de paramilitares conocidos como Escuadrones de la Muerte: matones, torturadores, asesinos provenientes de los cuerpos de seguridad nacional y al servicio de los intereses del binomio oligarqu&iacute;a-Ej&eacute;rcito; tres a&ntilde;os con sus d&iacute;as en los que se encontraban cad&aacute;veres por las calles; tres a&ntilde;os con d&iacute;as y noches en los que en casas clandestinas y organizaciones campesinas y universidades y sindicatos se gestaba una revoluci&oacute;n. Tres a&ntilde;os de un arzobispo desafiado por el poder pol&iacute;tico, militar y econ&oacute;mico; por el terror del Estado. Tres a&ntilde;os de un arzobispo malinterpretado, maltratado y abandonado por la mayor parte de la conferencia episcopal de su propia Iglesia; por el Papa Juan Pablo II y por las conspiraciones de arzobispos latinoamericanos y cardenales en Roma. Los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os que vivi&oacute; el arzobispo en esta casa y en este mundo.
    </p><p class="article-text">
        La peque&ntilde;a vivienda fue construida por las monjas carmelitas poco despu&eacute;s de que Romero, reci&eacute;n nombrado arzobispo, se neg&oacute; a vivir en el palacio arzobispal. Mientras la constru&iacute;an, &eacute;l durmi&oacute; en una diminuta habitaci&oacute;n detr&aacute;s del altar de la capilla, que se encuentra al otro lado de la calle Toluca, que atraviesa el complejo. El sitio incluye tambi&eacute;n un hospital de caridad en el que las hermanas atienden a enfermos terminales de c&aacute;ncer; y una residencia para las monjas, que lo administran. La casa dispone de un garaje para un autom&oacute;vil, un recibidor donde ten&iacute;a su biblioteca, un cuarto con ba&ntilde;o y la sala en la que se exponen las im&aacute;genes de su asesinato.
    </p><p class="article-text">
        En la pared contigua a la exposici&oacute;n fotogr&aacute;fica hay una vitrina, detr&aacute;s de la cual cuelga una camisa gris, con una gran mancha de sangre seca y un puntito oscuro, milim&eacute;trico, en el bolsillo izquierdo: la huella que dej&oacute; la diminuta bala justo antes de penetrar la carne y desintegrarse en su cuerpo. Y aniquilarlo. Junto a la camisa se exhibe tambi&eacute;n el alba blanca que monse&ntilde;or Romero visti&oacute; aquel d&iacute;a por encima de la camisa, en la que son m&aacute;s visibles, por el contraste, la gran mancha de sangre que cubri&oacute; su espalda y el agujerito sitiado por sangre seca, a la altura de pecho.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En una esquina hay una mesa sobre la cual se exhiben varios documentos personales de Romero: su licencia de conducir, su c&eacute;dula de identidad. Los cubre un vidrio. Esta no es m&aacute;s una casa. Es un museo. Los objetos no est&aacute;n como los dej&oacute; su &uacute;nico habitante, sino reordenados por curadores para los peregrinos. Son objetos originales, como la austeridad que caracteriza todo el espacio. Esos objetos, otrora comunes por cotidianos, son ahora las reliquias de un m&aacute;rtir. Los sobrevivientes tangibles (aunque no puedan ser tocados por los visitantes) de una vida, y de una muerte, hoy consideradas can&oacute;nicas por la iglesia Cat&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        Entre estos objetos hay un sartal con cuentas. Las hermanas Carmelitas, que administran la casa-museo, llaman a este objeto una &ldquo;disciplina&rdquo; y aseguran que Romero lo utilizaba todos los viernes para autoflagelarse. Los viernes tambi&eacute;n ayunaba. Lo hac&iacute;a, dicen las hermanas, para no olvidarse del sufrimiento de los dem&aacute;s. &iquest;Se castigaba monse&ntilde;or? &iquest;Por solidaridad -por caridad- o por culpa?
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;nica habitaci&oacute;n de la casa, detr&aacute;s de una cuerda que hoy cierra el paso a los visitantes, est&aacute; la cama y su escritorio, sobre el cual permanece la grabadora Bigston en la que registr&oacute; su diario. Sol&iacute;a sentarse aqu&iacute; la mayor parte de las noches para narrar lo que hab&iacute;a hecho durante el d&iacute;a y la gente con la que se hab&iacute;a encontrado; junto con sus reflexiones personales. La &uacute;ltima grabaci&oacute;n es del 20 de marzo, cuatro d&iacute;as antes de su muerte. Ese d&iacute;a asisti&oacute; a reuniones administrativas y recibi&oacute; una visita de representantes de la organizaci&oacute;n popular izquierdista Ligas Populares 28 de Febrero, a los que no pudo atender. No hay nada m&aacute;s. No tenemos, pues, su propio registro de los &uacute;ltimos tres d&iacute;as de su vida. Pero es posible reconstruir pasajes importantes.
    </p><p class="article-text">
        El 22 de marzo a las cuatro de la tarde, como se hab&iacute;a vuelto ya costumbre cada s&aacute;bado, lo visitaron en esta sala varias personas de su c&iacute;rculo de confianza para discutir la homil&iacute;a dominical. Amenazado de muerte con frecuencia, Romero abrazaba la posibilidad de que cada homil&iacute;a fuera la &uacute;ltima. Y as&iacute; preparaba cada una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos seis meses El Salvador hab&iacute;a vivido un golpe de Estado; dos renuncias masivas de civiles en el gobierno y cinco mil asesinatos atribuidos a los cuerpos de seguridad, a paramilitares y a organizaciones guerrilleras. El ala m&aacute;s dura del Ej&eacute;rcito se hab&iacute;a hecho con el control absoluto del aparato de seguridad; y estructuras paramilitares conocidas como los Escuadrones de la Muerte, operando al amparo de oficiales de alto rango, multiplicaban sus operaciones nocturnas de asesinatos y desapariciones. Romero, que hab&iacute;a convertido las homil&iacute;as dominicales en el &uacute;nico noticiero confiable y en el reporte m&aacute;s completo de violaciones a los derechos humanos, era cronista minucioso del mete&oacute;rico proceso que llevaba al pa&iacute;s a la guerra. Esto le hab&iacute;a valido cr&iacute;ticas p&uacute;blicas y un boicot de la ultraderecha, que inclu&iacute;a tambi&eacute;n a una parte de su propia iglesia. Pocas veces El Salvador estuvo tan convulsionado. Y El Salvador siempre estuvo convulsionado.
    </p><p class="article-text">
        Romero no solo era inc&oacute;modo para el poder tradicional salvadore&ntilde;o; sino tambi&eacute;n para la administraci&oacute;n estadounidense de Jimmy Carter, que hac&iacute;a malabares para mantener su apoyo a un gobierno salvadore&ntilde;o dominado por un aparato militar represivo, mientras oficialmente basaba su pol&iacute;tica exterior en la defensa de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Romero tambi&eacute;n se hab&iacute;a vuelto una piedra en el zapato del Papa Juan Pablo II que, dados sus or&iacute;genes polacos, y su ignorancia sobre Am&eacute;rica Latina, crey&oacute; a aquellos obispos conservadores que acusaron a Romero de tener inclinaciones izquierdistas y de abrirle la puerta al comunismo al que el Papa polaco hab&iacute;a dedicado su vida a combatir. En estas condiciones iniciaba Romero la &uacute;ltima semana de marzo de 1980.
    </p><p class="article-text">
        Entre los asistentes a la reuni&oacute;n de aquel s&aacute;bado 22 de marzo se encontraban dos seglares: su secretaria, Doris Osegueda; y el abogado a cargo de la Oficina de Socorro Jur&iacute;dico, Roberto Cu&eacute;llar. Los dem&aacute;s eran todos sacerdotes: el rector de la jesuita Universidad Centroamericana, Ignacio Ellacur&iacute;a; el jefe provincial de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Centroam&eacute;rica, Francisco Estrada; Ricardo Urioste, secretario particular del arzobispo; el vicario de Chalatenango, Fabi&aacute;n Amaya; Rafael Urrutia, secretario adjunto de Romero; y Mariano Brito, canciller del arzobispado.
    </p><p class="article-text">
        Como Romero, la mayor&iacute;a de los asistentes hab&iacute;an sido condenados a muerte por grupos paramilitares clandestinos. Las amenazas y notificaciones segu&iacute;an llegando a trav&eacute;s de llamadas telef&oacute;nicas, volantes signados con su&aacute;sticas, comunicados en los peri&oacute;dicos o advertencias por radio y televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El arzobispo tom&oacute; la palabra. Les explic&oacute; que durante la semana hab&iacute;a recibido una carta firmada por varios militares en la que le ped&iacute;an interceder por ellos. No quer&iacute;an, escribieron, obedecer &oacute;rdenes de matar. Pero tampoco quer&iacute;an ser identificados. Romero decidi&oacute; que durante la homil&iacute;a en Catedral har&iacute;a un llamado a todos los soldados a desobedecer &oacute;rdenes de matar.
    </p><p class="article-text">
        Sigui&oacute; una intensa discusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Amaya y Brito, menos inclinados a las confrontaciones, sugirieron &ldquo;prudencia y calma&rdquo;. En la delicada situaci&oacute;n que viv&iacute;a el pa&iacute;s, el llamado a los soldados ser&iacute;a interpretado como una provocaci&oacute;n que enfurecer&iacute;a a los coroneles que exped&iacute;an esas &oacute;rdenes de matar; y aumentar&iacute;an el peligro en que ya se encontraba el arzobispo, sus colaboradores y la iglesia salvadore&ntilde;a en general. Urioste, preocupado por la vida de monse&ntilde;or Romero, tambi&eacute;n sugiri&oacute; prudencia. Los jesuitas Ellacur&iacute;a y Estrada, en cambio, con un largo historial de irreverencia y de confrontaci&oacute;n con el poder militar, opinaron que el arzobispo deb&iacute;a incluso endurecer m&aacute;s su mensaje. Le pidieron que incluyera, entre sus denuncias, el allanamiento militar al campus de la jesuita Universidad Centroamericana la tarde de ese mismo s&aacute;bado, durante el cual un estudiante fue muerto y varios m&aacute;s continuaban desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        Sobre estas dos posiciones discurri&oacute; un largo debate hasta que el abogado Cu&eacute;llar intervino para anotar que llamar a los soldados a desobedecer las &oacute;rdenes de sus superiores pod&iacute;a constituir un delito. Era una invitaci&oacute;n a la insubordinaci&oacute;n militar. All&iacute; termin&oacute; la discusi&oacute;n, sin conclusiones, a las ocho de la noche.
    </p><p class="article-text">
        Romero le pidi&oacute; al abogado Cu&eacute;llar que lo acompa&ntilde;ara a cenar. Atravesaron la calle y caminaron apenas unos cuantos metros hasta la cafeter&iacute;a del Hospitalito.
    </p><p class="article-text">
        Entonces dijo algo que, treinta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, Cu&eacute;llar recordaba as&iacute;: &ldquo;Beto, prep&aacute;rese para una batalla legal. Es un llamamiento moral y &eacute;tico contra una ley injusta e inmoral. Se est&aacute;n matando entre propios hermanos, entre pobres&rdquo;. El arzobispo estaba decidido.
    </p><p class="article-text">
        Urrutia, quien a&ntilde;os despu&eacute;s ser&iacute;a el copostulador de la causa de canonizaci&oacute;n de Romero, cuenta que todos los s&aacute;bados, despu&eacute;s de cenar, el arzobispo se retiraba a su cuarto y all&iacute; se hincaba a orar y meditar. &ldquo;Se pon&iacute;a de rodillas frente al crucifijo que ten&iacute;a frente a su cama, desde las diez de la noche hasta las cuatro de la ma&ntilde;ana. Los s&aacute;bados no dorm&iacute;a. Se quedaba en oraci&oacute;n permanente&rdquo;. Aquel s&aacute;bado tambi&eacute;n se qued&oacute; en vela, orando.
    </p><p class="article-text">
        El domingo 23 de marzo, Romero se fue temprano a la bas&iacute;lica del Sagrado Coraz&oacute;n, a pocas cuadras de catedral. All&iacute; celebrar&iacute;a la misa dominical porque desde hac&iacute;a algunos d&iacute;as la catedral estaba tomada por manifestantes de las Ligas Populares 28 de Febrero. Recibi&oacute; a cinco visitantes de comunidades religiosas de Estados Unidos que visitaban El Salvador para hacer un reporte sobre violaciones a los derechos humanos y para expresar su apoyo al arzobispo. A media ma&ntilde;ana la bas&iacute;lica ya estaba llena de gente, pero las calles estaban vac&iacute;as. La presencia de tanquetas militares apostadas por toda la ciudad custodiadas por soldados con rifles de asalto era un permanente recordatorio de que San Salvador era territorio de las Fuerzas Armadas.
    </p><p class="article-text">
        El transmisor de la YSAX, la estaci&oacute;n del arzobispado, hab&iacute;a sido por fin reparado despu&eacute;s del &uacute;ltimo atentado con bombas que silenci&oacute; durante semanas la radio. Ese domingo volv&iacute;a a transmitir en vivo. La YSAX hab&iacute;a sufrido diez atentados con bomba en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. El objetivo de sus atacantes era evitar que los servicios dominicales del arzobispo llegaran al resto del pa&iacute;s. Las homil&iacute;as de Romero eran el &uacute;nico contrapeso a la propaganda oficial; y tambi&eacute;n los reportes m&aacute;s completos y cre&iacute;bles de la situaci&oacute;n del pa&iacute;s: masacres, desapariciones, capturas, asesinatos, denuncias contra la represi&oacute;n, informes de la grave situaci&oacute;n por la que atravesaban algunas comunidades, reportes de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, de ataques contra religiosos...
    </p><p class="article-text">
        Las homil&iacute;as tambi&eacute;n se escuchaban en otros pa&iacute;ses por onda corta, a trav&eacute;s de la Radio Noticias del Continente, cuya sede en San Jos&eacute;, Costa Rica, tambi&eacute;n fue v&iacute;ctima de un atentado con dinamita pocos d&iacute;as antes, pero el transmisor no sufri&oacute; da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Durante la semana, su oficina en el arzobispado recibi&oacute;, desde Washington, muchos mensajes de solidaridad y apoyo. Algunos de grupos de cristianos; otros de personas que quer&iacute;an manifestarle su solidaridad; entre ellas un ex embajador estadounidense. Eran c&aacute;lidas reacciones a la carta p&uacute;blica que Romero hab&iacute;a enviado semanas antes al presidente Jimmy Carter, pidi&eacute;ndole que suspendiera la ayuda militar a El Salvador que estaba siendo evaluada en el Congreso de su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ese domingo 23 de marzo, Romero ofici&oacute; la que ser&iacute;a su &uacute;ltima misa dominical. Consciente de que la ceremonia era transmitida por la radio, llegado al punto de la homil&iacute;a el arzobispo denunci&oacute; el allanamiento a la UCA, y luego pronunci&oacute; las palabras que marcar&iacute;an su fin:
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    </figure><p class="article-text">
        A&uacute;n se conservan grabaciones de esta homil&iacute;a. En ellas se escucha el nutrido aplauso que sigui&oacute; a las palabras del arzobispo. Ausente de la grabaci&oacute;n est&aacute;n las reacciones de muchos, adentro y afuera de Catedral. En el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, y en los c&iacute;rculos de la derecha salvadore&ntilde;a, apretaron los dientes. En el resto del pa&iacute;s los temores por la suerte del arzobispo se aceleraron.
    </p><p class="article-text">
        Mario Incl&aacute;n, un abogado sonsonateco, sigui&oacute; atento la misa dominical por la radio de su carro. Al terminar la homil&iacute;a, le dijo a su esposa: &ldquo;Monse&ntilde;or acaba de firmar su sentencia de muerte&rdquo;. Incl&aacute;n no ten&iacute;a manera de saber que el siguiente d&iacute;a, a las seis y media de la tarde, ser&iacute;a testigo del asesinato del arzobispo.
    </p><p class="article-text">
        Tras la homil&iacute;a, Romero consagr&oacute; y dio la comuni&oacute;n. Entre aquellos que aquel d&iacute;a hicieron fila para recibir la hostia se encontraba el nuevo embajador de Estados Unidos en El Salvador, Robert White.
    </p><p class="article-text">
        Las agencias internacionales de prensa, desde San Salvador y San Jos&eacute;, enviaron cables describiendo la homil&iacute;a. Desde las oficinas centrales en Nueva York, los editores de la agencia de prensa United Press International localizaron a su fot&oacute;grafo en El Salvador, Eulalio P&eacute;rez, y le demandaron fotos de la misa. P&eacute;rez, que solo hac&iacute;a trabajos eventuales para la agencia, se ganaba la vida como laboratorista en la secci&oacute;n fotogr&aacute;fica de El Diario de Hoy. No ten&iacute;a fotos de la misa. Hab&iacute;a pasado el fin de semana de turno, encerrado en el laboratorio del peri&oacute;dico. UPI le solicit&oacute; urgentemente fotos nuevas de Romero. P&eacute;rez las prometi&oacute; para el siguiente d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la misa, Romero sostuvo en la bas&iacute;lica una reuni&oacute;n con otros sacerdotes y con periodistas. A la una de la tarde, parti&oacute; hacia la casa de su amigo y conductor Salvador Barraza, que sol&iacute;a visitar cada domingo despu&eacute;s de la misa para aislarse del mundo y descansar de sus obligaciones clericales. Barraza, aquel d&iacute;a, lo vio llorar. &ldquo;Todos est&aacute;bamos perplejos. De repente empez&oacute; a hablar sobre sus mejores amigos sacerdotes y laicos&rdquo;, contar&iacute;a despu&eacute;s Barraza al sacerdote Jes&uacute;s Delgado. &ldquo;Como aquel almuerzo no ha habido nunca en nuestra casa. Fue un almuerzo triste y desconcertante para todos nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A media tarde parti&oacute; hacia una iglesia en Calle Real, donde celebr&oacute; misa y llev&oacute; a cabo varias confirmaciones. Al volver al Hospitalito, se reuni&oacute; con las hermanas carmelitas. La madre Luz propuso brindar por el retorno de las transmisiones por la YSAX y lo hicieron con vino. Cerca de las diez de la noche el arzobispo se retir&oacute; a dormir.
    </p><p class="article-text">
        A las 6 de la ma&ntilde;ana del lunes 24 de marzo son&oacute; el tel&eacute;fono en el Hospital de la Divina Providencia. Fue la primera llamada de siete u ocho que las hermanas Carmelitas recibir&iacute;an aquella ma&ntilde;ana de personas preocupadas por la seguridad del obispo. La edici&oacute;n de La Prensa Gr&aacute;fica no mencionaba nada sobre la homil&iacute;a del d&iacute;a anterior, pero en sus p&aacute;ginas interiores aparec&iacute;a, entre las esquelas, una invitaci&oacute;n a la misa del primer aniversario luctuoso de Sara Meardi de Pinto, que ser&iacute;a oficiada por monse&ntilde;or Romero a las seis de la tarde en la capilla de la Divina Providencia. La primera llamada alert&oacute; a las religiosas del anuncio y ellas advirtieron tambi&eacute;n sus temores al arzobispo. Las amenazas de muerte contra Romero se hab&iacute;an intensificado y tem&iacute;an un atentado en cualquier momento. No era una buena idea andar anunciando en los peri&oacute;dicos su agenda pastoral. Las religiosas le pidieron cancelar su participaci&oacute;n y que otro sacerdote oficiara en su lugar. &ldquo;Ya me compromet&iacute; con Jorge y no le puedo fallar&rdquo;, respondi&oacute; el arzobispo. &ldquo;Si no ha llegado mi hora no va a pasar nada&rdquo;.
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        A&uacute;n era temprano por la ma&ntilde;ana cuando Romero se fue a su oficina a revisar asuntos pendientes y despu&eacute;s parti&oacute; hacia un rancho de playa con Fernando S&aacute;enz Lacalle, uno de los primeros cl&eacute;rigos del Opus Dei en El Salvador, para un encuentro de reflexi&oacute;n espiritual con otros sacerdotes. S&aacute;enz Lacalle, un cura espa&ntilde;ol que fue muchos a&ntilde;os despu&eacute;s arzobispo de San Salvador, hab&iacute;a llamado la noche anterior a Romero para recordarle el retiro espiritual. Poco interesado en los vaivenes de la vida de los mortales, Lacalle ni siquiera mencion&oacute;, ni en esa llamada ni en las horas que estuvieron juntos en la playa, la homil&iacute;a dominical. Pero not&oacute;, entre la agitaci&oacute;n en que se hab&iacute;a convertido la vida de Romero durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, una consternaci&oacute;n particular. &ldquo;Le llam&eacute; por tel&eacute;fono a monse&ntilde;or el d&iacute;a anterior y le dije que ten&iacute;amos reuni&oacute;n. Entonces me dijo &lsquo;S&iacute;, quiero ir porque estoy muy agobiado&rsquo; o algo as&iacute;. Not&eacute; en la frase que estaba tenso, como con preocupaciones, como con dificultades&rdquo;, recuerda S&aacute;enz Lacalle.
    </p><p class="article-text">
        La amistad de aquellos dos hombres, que se remontaba a los tiempos en los que Romero era sacerdote en San Miguel, se conservaba robusta, porque no hablaban de temas terrenales. Su espacio com&uacute;n era abarcado por las cosas del esp&iacute;ritu, la reflexi&oacute;n y la oraci&oacute;n. Romero no necesit&oacute; decirle qu&eacute; le agobiaba. Lo sab&iacute;a todo el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 1980 el ej&eacute;rcito hab&iacute;a intensificado sus operativos contra las organizaciones populares, mientras grupos paramilitares perpetraban impunemente desapariciones forzosas. La segunda Junta Revolucionaria de Gobierno hab&iacute;a fracasado y buena parte del gabinete renunci&oacute; a principios de mes, tras el asesinato del l&iacute;der dem&oacute;crata cristiano Mario Zamora. Cuando S&aacute;enz Lacalle le telefone&oacute; para invitarlo al mar, Romero acababa de celebrar la m&aacute;s peligrosa de sus homil&iacute;as en Catedral. &ldquo;No es como que ese d&iacute;a &eacute;l hubiese sido un volc&aacute;n en erupci&oacute;n, &eacute;l ya ven&iacute;a cargando con eso&rdquo;, dice S&aacute;enz Lacalle.
    </p><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos meses de su arzobispado, Romero hab&iacute;a encontrado un justo equilibro entre su vida espiritual conservadora y su vida pol&iacute;tica volcada a la defensa de los pobres y las v&iacute;ctimas. Para sus homil&iacute;as, que eran su palestra pol&iacute;tica, consultaba a los jeusitas. Pero sus retiros espirituales los hac&iacute;a, desde que era cura en San Miguel, bajo la tutela del sacerdote del Opus Dei.
    </p><p class="article-text">
        El 24 de marzo era un d&iacute;a perfecto para ir a la playa: caluroso, despejado. Una brisa que no llegaba a viento mec&iacute;a las pocas nubes en el cielo. Se reunieron con otros sacerdotes a la entrada del rancho, pero no encontraron qui&eacute;n les abriera el port&oacute;n. Bordearon y entraron por la playa brincando el muro. &ldquo;&Eacute;ramos todos sacerdotes amigos&rdquo;, recuerda S&aacute;enz Lacalle. &ldquo;Uno dio una charla y despu&eacute;s una pl&aacute;tica. All&iacute; estuvimos en el ranch&oacute;n y ya vino el guardi&aacute;n todo apurado. Nadie le hab&iacute;a avisado que iban a llegar unos curas. Dimos un paseo por la playa antes del almuerzo. Monse&ntilde;or ten&iacute;a prisa por volver porque ten&iacute;a que dar una misa&rdquo;. La &uacute;ltima misa de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Regresaron a San Salvador poco despu&eacute;s del almuerzo. Romero fue a visitar a un otorrino por una molestia en los o&iacute;dos y despu&eacute;s le pidi&oacute; a Barraza que lo llevara a Santa Tecla para confesarse con el jesuita Segundo Azcue. &ldquo;No le tocaba ir, pero ese d&iacute;a, de repente, me dijo que quer&iacute;a confesarse&rdquo;, cont&oacute; Barraza a la escritora Mar&iacute;a L&oacute;pez Vigil. Romero volvi&oacute; a su casa poco antes de las cinco de la tarde y se prepar&oacute; para la misa in memoriam.
    </p><p class="article-text">
        Jorge Pinto y su esposa llegaron a la capilla una hora despu&eacute;s. El arzobispo ya estaba all&iacute;. &ldquo;Estaba orando. Arrodillado, con el breviario en las manos y concentrado en tal forma que probablemente no se percat&oacute; de nuestra presencia&rdquo;, escribi&oacute; Pinto en sus memorias. Minutos antes de iniciar el servicio llegaron algunos invitados.
    </p><p class="article-text">
        Al costado izquierdo del altar se colocaron las monjas. Entre ellas la madre Luz Isabel Cueva, una religiosa mexicana que ten&iacute;a ya varios a&ntilde;os asistiendo a los enfermos en la Divina Providencia y muy cercana a Romero. En el ala derecha se ubicaron enfermos del hospital. Los invitados a la misa memorial ocuparon las bancas de la nave principal. En total, unas veinte personas.
    </p><p class="article-text">
        Mario Incl&aacute;n, el abogado, llev&oacute; a su pap&aacute; a la misa. Llegaron tarde. Al ver tan poca gente decidi&oacute; quedarse. Se sentaron en tercera fila. M&aacute;s tarde a&uacute;n lleg&oacute; Eulalio P&eacute;rez, el fot&oacute;grafo, apenas a tiempo para hacer las fotos que la agencia le hab&iacute;a exigido. Hab&iacute;a visto tambi&eacute;n el anuncio de la misa en el peri&oacute;dico y avis&oacute; a su agencia. Entr&oacute; a la capilla a las 6:20 de la tarde y se coloc&oacute; atr&aacute;s, en la segunda fila de la columna derecha. Sac&oacute; su equipo y comenz&oacute; a disparar fotos. Faltaban diez minutos para el disparo.
    </p><p class="article-text">
        Romero ley&oacute; del Evangelio seg&uacute;n San Juan:&nbsp;Si el grano de trigo no muere, queda solo. Pero si muere, puede dar fruto.&nbsp;Era una misa corta; y la homil&iacute;a fue breve. Mientras la pronunciaba, un autom&oacute;vil Volkswagen Passat cruz&oacute; frente a la capilla, dio la vuelta en el estacionamiento y se qued&oacute; en posici&oacute;n de salida, justo frente a la puerta principal de la capilla. Solo Romero pudo haberlo notado, porque los escasos asistentes a la misa estaban de espaldas a la puerta. Pero afuera algunas personas vieron el carro. Parec&iacute;a tener un desperfecto mec&aacute;nico porque el conductor forcejeaba la palanca de velocidades. En el asiento de atr&aacute;s otro hombre esperaba. A exactamente treinta y un metros con diez cent&iacute;metros de distancia, Romero pontificaba desde el altar. Dirigi&oacute; la mirada hacia afuera. Nunca sabremos si logr&oacute; ver al hombre barbado que, desde la ventanilla de atr&aacute;s del Passat, sac&oacute; un rifle y le apunt&oacute;.
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        &nbsp;&Oacute;scar Arnulfo Romero pronunci&oacute; entonces sus &uacute;ltimas palabras: &ldquo;Que este cuerpo inmolado y esta sangre sacrificada por los hombres nos alimente tambi&eacute;n para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor; como Cristo. No para s&iacute;, sino para dar conceptos de justicia y paz a nuestro pueblo. Un&aacute;monos pues, &iacute;ntimamente en fe y esperanza, a este momento de oraci&oacute;n por do&ntilde;a Sarita y por nosotros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pum.
    </p><p class="article-text">
        El balazo viaj&oacute; directo al t&oacute;rax de Romero, pero su percusi&oacute;n parece haber rebotado en todas las paredes de la capilla, amplific&aacute;ndose. Existe una grabaci&oacute;n de la homil&iacute;a en la que se escucha el disparo. El estruendo es apabullante. No es un pum. Es un PUUUUUUUUMMMMM. Y as&iacute; lo recuerdan los testigos.
    </p><p class="article-text">
        Pinto escribi&oacute; en sus memorias que &ldquo;el disparo son&oacute; como una bomba&rdquo;. De igual manera lo recordar&aacute;n tres d&eacute;cadas despu&eacute;s el abogado Incl&aacute;n, el fot&oacute;grafo P&eacute;rez y la madre Luz. Es cierto que la memoria es enga&ntilde;osa y que la peculiaridad de la grabaci&oacute;n -que al menos Incl&aacute;n escuch&oacute; despu&eacute;s- o el trauma pueden haber amplificado el recuerdo del sonido. Pero as&iacute; lo retienen en la memoria.
    </p><p class="article-text">
        La madre Luz: &ldquo;Cuando termin&oacute; la homil&iacute;a, monse&ntilde;or pas&oacute; al centro del altar a extender el corporal y dej&oacute; de ver hacia afuera. Se oy&oacute; el estruendo de una bomba, no s&eacute; por qu&eacute;. Yo vi como una nube blanca que le cubri&oacute; el rostro. Monse&ntilde;or se agarr&oacute; del mantel y lo hal&oacute;, y se dio vuelta el cop&oacute;n y se dispersaron las hostias sin consagrar. En ese momento cay&oacute; monse&ntilde;or boca arriba, a los pies del Cristo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mario Incl&aacute;n, el abogado: &ldquo;En el momento del disparo se vio como un flash. Monse&ntilde;or se fue para atr&aacute;s. Nos tiramos al suelo. O&iacute;mos otros dos balazos y escuchamos un carro que se iba. Salieron las monjitas de las naves laterales a auxiliar a monse&ntilde;or&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Madre Luz fue la segunda persona en levantarse tras el disparo. Vio de pie a Eulalio P&eacute;rez, detr&aacute;s del lente de su c&aacute;mara y con el dedo en r&aacute;faga dando clics al obturador. La monja corri&oacute; a auxiliar a Romero, que yac&iacute;a inerte. La sangre comenz&oacute; a brotarle por la nariz y la boca. Otras religiosas se acercaron a ayudar, pero no hab&iacute;a mucho que hacer. La madre Luz corri&oacute; al tel&eacute;fono y llam&oacute; a un m&eacute;dico. En el altar, alrededor del arzobispo sangrante, los presentes decidieron que no pod&iacute;an esperar m&eacute;dicos ni ambulancias. Si quedaba alguna esperanza de salvarlo hab&iacute;a que llevarlo de inmediato a un hospital. El coronel Antonio N&uacute;&ntilde;ez, uno de los asistentes a la misa, se ofreci&oacute; a trasladarlo en su veh&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Lemus, un ayudante de sacrist&iacute;a con 13 a&ntilde;os de edad, cenaba en el hospital contiguo a la capilla cuando escuch&oacute; el disparo. Se asom&oacute; por una de las ventanas solaire y alcanz&oacute; a ver c&oacute;mo &ldquo;un autom&oacute;vil capota color rojo sal&iacute;a a toda velocidad&rdquo; por la calle Toluca, seg&uacute;n dijo despu&eacute;s a un detective policial. Fue el primer testigo en aportar datos sobre el autom&oacute;vil. Escuch&oacute; los gritos y sali&oacute; a la calle. Con &eacute;l sali&oacute; tambi&eacute;n Rosa Hern&aacute;ndez, una voluntaria que escuch&oacute; el disparo cuando cocinaba para los enfermos del hospital. Hern&aacute;ndez es la mujer al extremo derecho de la foto de La Piedad. La que carga la mayor parte del peso de Romero.&nbsp;Huy&oacute; a Costa Ricaunos meses despu&eacute;s, tras recibir amenazas de desconocidos que la invitaban a reservarse para s&iacute; misma todo lo que vio. Pedro Lemus, el ni&ntilde;o, no sale en la foto. Pero no estaba muy lejos de la escena, porque despu&eacute;s dijo tambi&eacute;n que vio cuando subieron a monse&ntilde;or Romero, sangrando, al veh&iacute;culo del coronel N&uacute;&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Napole&oacute;n Mart&iacute;nez, un relojero y amigo de la familia Pinto que llegaba apenas a la misa, se encontr&oacute; con el traslado del herido. El relojero impuntual (que desapareci&oacute; algunos d&iacute;as despu&eacute;s y nunca se volvi&oacute; a saber de &eacute;l) ayud&oacute; a cargar a Romero hasta el veh&iacute;culo del coronel N&uacute;&ntilde;ez. Convinieron all&iacute; mismo en llevarlo a la Policl&iacute;nica Nacional, entonces el mejor hospital de pa&iacute;s. El militar conduc&iacute;a tan nervioso que tom&oacute; calles equivocadas.
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;nez cont&oacute; despu&eacute;s a Jorge Pinto que, cuando iba llegando a la capilla, vio varios radiopatrullas que proteg&iacute;an a los asesinos en su fuga. No he encontrado ning&uacute;n otro testimonio que confirme esta versi&oacute;n. Tampoco se refiri&oacute; a esto el chofer del asesino, Amado Garay, que en varias instancias declar&oacute; sobre las circunstancias del asesinato. Es posible que Mart&iacute;nez se refiriera al otro carro de los conspiradores. Porque hubo otro carro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En la capilla, las monjas rodearon al fot&oacute;grafo de UPI. Lo increparon. &iquest;Era eso realmente una c&aacute;mara? &iquest;O era el arma desde la que dispararon a Romero? &iquest;Era &eacute;l un fot&oacute;grafo de verdad o un asesino? Eulalio P&eacute;rez mostr&oacute; sus credenciales de prensa pero no las convenci&oacute;. Alguien hab&iacute;a disparado contra monse&ntilde;or desde la parte posterior de la capilla y all&iacute; es donde estaba &eacute;l, de pie, con su c&aacute;mara en la mano. Lo retuvieron por algunas horas. Despu&eacute;s lo trasladaron, en calidad de detenci&oacute;n ciudadana, al arzobispado, donde fue interrogado por varios sacerdotes. Como muestra de buena fe, Eulalio P&eacute;rez les invit&oacute; a que lo acompa&ntilde;aran al laboratorio de El Diario de Hoy para revelar los negativos, y prometi&oacute; darles impresiones de todos los cuadros. Eso hicieron. Esas son las fotos que se exhiben hoy en la casa-museo. Las &uacute;nicas fotos del asesinato.
    </p><p class="article-text">
        A cargo de la investigaci&oacute;n qued&oacute; el subinspector de detectives Luis Ib&aacute;&ntilde;ez Retana, quien inici&oacute; las pesquisas en la escena del crimen a las 21:30 de ese mismo d&iacute;a. Se hizo acompa&ntilde;ar del sargento Julio Morales y dos detectives de la Polic&iacute;a Nacional. Fue a la capilla de la Divina Providencia, donde intent&oacute; hablar con algunas de las hermanas Carmelitas que continuaban all&iacute;. No quisieron hablar con &eacute;l. Despu&eacute;s fue a la Policl&iacute;nica, donde se encontraba la v&iacute;ctima y mucha gente a la expectativa de su suerte.
    </p><p class="article-text">
        Adentro, junto al cuerpo ya declarado muerto, el juez Atilio Ram&iacute;rez Amaya iniciaba sus propias pesquisas. Algunos de los j&oacute;venes abogados de la Oficina de Socorro Jur&iacute;dico del Arzobispado ayudaron a los forenses a levantar el cuerpo de la v&iacute;ctima y colocarle una placa debajo del torso para radiografiar la trayectoria del proyectil. Tuvieron que repetir el procedimiento varias veces, porque el radiografista no pod&iacute;a obtener una imagen en foco. Algunos levantaban el tronco de Romero, otros colocaban la placa. Otra vez, a colocar el cuerpo despacio, sobre la placa. Tuvieron que repetir el procedimiento unas cinco veces. &ldquo;Cada vez que levantaban el tronco de Romero, un chorrito de sangre sal&iacute;a por la herida&rdquo;, recuerda Florent&iacute;n Mel&eacute;ndez, uno de los abogados de Socorro Jur&iacute;dico. Un chorrito de sangre le sal&iacute;a por la herida. Cuando la radiograf&iacute;a estuvo lista, todos los asistentes ten&iacute;an ya las manos manchadas de sangre.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de la medianoche, el juez Amaya pidi&oacute; a los abogados de Socorro Jur&iacute;dico que lo acompa&ntilde;aran a recorrer la escena del crimen. No encontraron un solo veh&iacute;culo en el camino. &ldquo;Nunca vi San Salvador tan desolada&rdquo;, me dir&aacute; tres d&eacute;cadas despu&eacute;s Florent&iacute;n Mel&eacute;ndez, quien tambi&eacute;n tuvo que irse al exilio despu&eacute;s del crimen, porque las amenazas en su contra incluyeron disparos de r&aacute;faga contra su casa.
    </p><p class="article-text">
        En su primer reporte sobre el asesinato, el detective Ib&aacute;&ntilde;ez Retana escribi&oacute; a sus superiores la misma noche del crimen: &ldquo;No omito manifestar que debido a la falta de colaboraci&oacute;n de las religiosas y el p&uacute;blico no se pudo recabar m&aacute;s informaci&oacute;n relacionada a la muerte de dicho religioso&rdquo;. El detective Ib&aacute;&ntilde;ez no se dio por vencido. Regres&oacute; el siguiente d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En Washington, la ma&ntilde;ana del 25 de marzo, el presidente Jimmy Carter fue informado del asesinato. Escribi&oacute; en su diario: &ldquo;Me angusti&oacute; escuchar que el arzobispo Romero en El Salvador hab&iacute;a sido asesinado. Es uno de los mejores activistas de derechos humanos en el mundo, muy efectivo usando su influencia como cl&eacute;rigo para lograr reformas en su conflictuado pa&iacute;s&rdquo;. Es la &uacute;nica referencia a Romero en su diario.
    </p><p class="article-text">
        Los registros de los d&iacute;as anteriores y posteriores en el diario ilustran a cabalidad las prioridades de Carter en 1980: la carrera por la elecci&oacute;n interna de su partido, disputada contra un Kennedy; la crisis de los rehenes estadounidenses en Ir&aacute;n y el conflicto entre israel&iacute;es y palestinos. La mente del presidente de los Estados Unidos estaba muy lejos de San Salvador.
    </p><p class="article-text">
        A cuatro kil&oacute;metros de la Casa Blanca, en el cuarto H-308 del Capitolio estadounidense, los congresistas aprobaron esa misma tarde un nuevo paquete de ayuda militar para El Salvador. El mismo que, mediante una carta hecha p&uacute;blica en la homil&iacute;a del 17 de febrero, Romero hab&iacute;a pedido a Carter no aprobar.
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      <dc:creator><![CDATA[Carlos Dada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/agujero-milimetros_1_1879510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Oct 2018 19:27:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un agujero de cinco milímetros]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El presidente de Honduras toma posesión entre gases lacrimógenos de Pennsylvania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/presidente-honduras-posesion-lacrimogenos-pennsylvania_1_2818147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77b06bf4-e259-4710-8d2e-4034cf8d8aaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El presidente de Honduras toma posesión entre gases lacrimógenos de Pennsylvania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una ceremonia a la que no asistió ningún mandatario extranjero, el presidente hondureño dio inicio este sábado a su segundo periodo al frente del Ejecutivo</p><p class="subtitle">En las calles de una militarizada Tegucigalpa, miles de manifestantes se enfrentaron contra policías y soldados, y la ciudad se convirtió durante horas en un campo de batalla</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Cr&oacute;nica&nbsp;<a href="https://elfaro.net/es/201801/centroamerica/21412/JOH-toma-posesi%C3%B3n-entre-gases-lacrim%C3%B3genos-de-Pennsylvania.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">originalmente publicada en El Faro</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Se lleg&oacute; el 27 de enero. El cielo gris asom&oacute; por detr&aacute;s del cerro Juana La&iacute;nez, poco despu&eacute;s de las cinco de la ma&ntilde;ana, cerrando una noche de ambulancias, de cacer&iacute;as policiales, de gases lacrim&oacute;genos, de gritos y protestas y quemas de llantas y toma de calles y de carreteras. La ondeante silueta de la bandera de Honduras se dibuj&oacute; en la cima del cerro, que corona Tegucigalpa. Una ciudad militarizada.
    </p><p class="article-text">
        Se lleg&oacute; el 27 de enero, d&iacute;a inevitable en el calendario de un pa&iacute;s roto por<a href="https://elfaro.net/es/201711/centroamerica/21212/Honduras-niega-la-reelecci%C3%B3n-a-su-presidente.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;las elecciones celebradas dos meses antes</a>. Juan Orlando Hern&aacute;ndez, el presidente que maniobr&oacute; de todas las formas posibles para ser reelecto en un pa&iacute;s cuya Constituci&oacute;n proh&iacute;be la reelecci&oacute;n, tomaba posesi&oacute;n de su segundo periodo.
    </p><p class="article-text">
        Se jurament&oacute; protegido por miles de uniformados del Ej&eacute;rcito, la Polic&iacute;a Militar, la Naval y la Polic&iacute;a Nacional. Montaron tres cordones de seguridad alrededor del Estadio Nacional y dispersaron a los manifestantes arrojando unas latitas del tama&ntilde;o de una granada denominadas MP-3-CS, fabricadas en un pueblito de Pennsylvania llamado Homer City,&nbsp;made in USA, que liberan gas lacrim&oacute;geno durante su vuelo y dejan una estela punzante, irritante, vomitiva. Lanzaron tantas de esas latitas de Pennsylvania que una nube de humo blanco espeso se alz&oacute; y se pase&oacute; por el centro de Tegucigalpa. Todos los ojos, todas las gargantas sufrieron en el d&iacute;a para festejar la democracia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A pocas cuadras del estadio, en la colonia Miraflores, el candidato de la Alianza de Oposici&oacute;n a la Dictadura, Salvador Nasralla, hombre de televisi&oacute;n, autoproclamado ganador y a quien al menos la mitad de este pa&iacute;s considera v&iacute;ctima de un fraude, encabezaba una de las protestas contra la toma de posesi&oacute;n. Los militares lo obligaron a retroceder: aventaron tambi&eacute;n latitas de Pennsylvania hacia donde &eacute;l se encontraba, justo bajo un puente vehicular.
    </p><p class="article-text">
        Nasralla trot&oacute;, intentando mantener la dignidad mientras se asfixiaba. Hay un v&iacute;deo que &eacute;l mismo tom&oacute;, convencido de que la revoluci&oacute;n ser&aacute; en Facebook Live. No detuvo nunca la grabaci&oacute;n. Se miran las latitas, la nube de humo, el p&aacute;nico de quienes le acompa&ntilde;an, su carrera hacia atr&aacute;s. Nasralla boquea y tose. Saca la lengua. Mira a la c&aacute;mara del tel&eacute;fono que sostiene con su mano izquierda, asegur&aacute;ndose de que est&aacute; en el campo visual. Es quien documenta y tambi&eacute;n el sujeto documentado. Alguien, en la corrida, le entrega una boquilla. Camina, deja caer el brazo y con &eacute;l la c&aacute;mara pierde su objetivo. Apenas capta sus piernas meci&eacute;ndose, al ritmo de su brazo. El candidato se retira gaseado, con los ojos rojos, la garganta seca, agredido directamente por los soldados que pretendi&oacute; mandar pero acuerpado, auxiliado por sus seguidores. Fin del v&iacute;deo, pero no de la jornada.
    </p><h3 class="article-text">Mientras, en el estadio</h3><p class="article-text">
        Adentro del estadio, acuerpado por los soldados y en cadena nacional de radio y televisi&oacute;n, el presidente Hern&aacute;ndez jura, con la mano sobre una biblia, que todos los d&iacute;as de su segundo periodo pedir&aacute; a Dios que lo ilumine para guiar a este, unos de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres del continente. Promete educaci&oacute;n, salud y trabajo. Junto a &eacute;l, sonriente, el hombre que le coloc&oacute; la banda presidencial: el presidente del Congreso y dirigente de su propio Partido Nacional, Mauricio Oliva, investigado por la Misi&oacute;n de Apoyo contra la Corrupci&oacute;n y la Impunidad en Honduras (MACCIH), sospechoso de formar parte de la red de enriquecimiento il&iacute;cito de diputados que se apropiaron de fondos destinados para obras sociales.
    </p><p class="article-text">
        El jefe de la MACCIH, el peruano Juan Jim&eacute;nez Mayor, no asisti&oacute; a la toma de posesi&oacute;n en protesta por el descaro de los congresistas afines al presidente que, una semana antes, pretendieron a escondidas decretar una ley que proh&iacute;be a ese organismo creado bajo el manto de la Organizaci&oacute;n de Estados Americanos (OEA) y a la Fiscal&iacute;a investigar a funcionarios p&uacute;blicos. El Congreso se retract&oacute; solo despu&eacute;s del reclamo de la Embajada de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        No hubo mandatarios que asistieran a la ceremonia, salvo el propio Juan Orlando Hern&aacute;ndez. Hace mucho tiempo que no se ve&iacute;a en Centroam&eacute;rica una juramentaci&oacute;n presidencial a la que no asistiera ning&uacute;n jefe de Estado del istmo. Canciller&iacute;a de El Salvador dijo que la presidencia hondure&ntilde;a solo invit&oacute; al cuerpo diplom&aacute;tico acreditado en Tegucigalpa. Pero la mayor&iacute;a de las misiones diplom&aacute;ticas ni siquiera fueron representadas por los embajadores, sino por secretarios o encargados de negocios. Lo mismo la Embajada de Estados Unidos, pero vale aclarar que su encargada de negocios, Heidi Fulton, es desde hace meses la m&aacute;xima representante en Honduras, pero que es m&aacute;s influyente que todos los embajadores juntos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que viene sorprender&aacute; a propios y extra&ntilde;os&rdquo;, promet&iacute;a el presidente en su discurso de posesi&oacute;n, despu&eacute;s de quitarse y volverse a poner la banda presidencial. El estadio, rellenado por simpatizantes de su partido, pol&iacute;ticos, empresarios y los representantes del cuerpo diplom&aacute;tico, era ajeno a la batalla campal que ocurr&iacute;a en el resto de la ciudad. Apenas lograban ver el sobrevuelo de los helic&oacute;pteros militares que desde el cielo daban instrucciones a la infanter&iacute;a para interceptar a los manifestantes.
    </p><p class="article-text">
        Afuera, cuando los gases y las detenciones dispersaron a los manifestantes menos agresivos &ndash;adultos y ni&ntilde;os&ndash;, grupos de j&oacute;venes encapuchados, armados con piedras y palos y con toda la disposici&oacute;n de expresar su descontento a&uacute;n a costa de enfrentamientos con la autoridad, tomaron el relevo y marcharon por diversos puntos de la ciudad gritando &ldquo;&iexcl;Fuera JOH!&rdquo;, el canto de la oposici&oacute;n desde los ya lejanos tiempos de campa&ntilde;a. A la gu&iacute;a de los helic&oacute;pteros respondieron con motociclistas que inspeccionaban el terreno, un kil&oacute;metro adelante del n&uacute;cleo de la marcha. Pero los polic&iacute;as ven&iacute;an atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Intercambiaron gases por piedras, se convirtieron en protagonistas de una ciudad con las calles vac&iacute;as que polic&iacute;as, taxistas, periodistas, manifestantes, obreros y cuerpos de socorro han aprendido a leer: el humo negro es quema de llantas. El blanco son gases lacrim&oacute;genos. Dos d&iacute;as antes, escuch&eacute; en la radio a un hombre decir: &ldquo;Yo no s&eacute; qu&eacute; le han echado a este gas, que est&aacute; m&aacute;s fuerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lleva Honduras dos meses. Todos los d&iacute;as. Desde que los hondure&ntilde;os fueron a las urnas a elegir presidente y los dos principales candidatos &ndash;Nasralla y Hern&aacute;ndez&ndash; se proclamaron vencedores. Uno, Nasralla, porque llevaba una considerable ventaja con el recuento de casi el 70 % de los votos, justo cuando se cay&oacute; el sistema inform&aacute;tico. Otro, Juan Orlando Hern&aacute;ndez, porque cuando volvi&oacute; el sistema &eacute;l ya hab&iacute;a remontado. El proceso fue tan irregular que hasta la OEA &ndash;&iexcl;la OEA!&ndash; dijo que no pod&iacute;a avalar ning&uacute;n resultado y recomend&oacute; que las elecciones se repitieran. Pero el Tribunal Supremo Electoral, controlado por Hern&aacute;ndez, lo declar&oacute; ganador. Nasralla grit&oacute; fraude y decenas de miles de hondure&ntilde;os salieron a las calles a gritar lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, casi cuarenta personas han sido asesinadas y los organismos de derechos humanos denuncian detenciones arbitrarias y operaciones dirigidas para acosar, capturar o golpear a sus dirigentes; los periodistas nacionales e internacionales son acosados, amenazados, detenidos o interrogados por polic&iacute;as y militares. El pa&iacute;s atraviesa una profunda crisis pol&iacute;tica generada por la reelecci&oacute;n. Si el segundo mandato de Hern&aacute;ndez contin&uacute;a como inicia, no podr&aacute; gobernar.
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        Esta crisis pol&iacute;tica marcar&aacute; la historia de Honduras como la marc&oacute; el golpe de Estado de 2009. Y mucho tienen en com&uacute;n: las ambiciones de poder de dos presidentes; la determinaci&oacute;n de la Fuerza Armada para reprimir a quienes protestan; la intervenci&oacute;n estadounidense para determinar el estado de las cosas; y la infructuosa, in&uacute;til oposici&oacute;n de la OEA a estas consecuencias: entonces un golpe de Estado, ahora un fraude electoral. En Honduras, democracia es el nombre que reciben cosas que en otros lados se conocen de otra forma: impunidad, corrupci&oacute;n, contubernio, violencia, narcotr&aacute;fico&hellip; Pobreza.
    </p><p class="article-text">
        A la ceremonia en el estadio s&oacute;lo se pod&iacute;a asistir con invitaci&oacute;n. Miles llegaron en buses contratados por los organizadores, con un boleto que les daba derecho a un almuerzo. Salieron del estadio antes que el presidente, a hacer cola junto a los camiones de comida, para que les dieran la bolsita con el almuerzo donde les correspond&iacute;a: los de Olancho, El Para&iacute;so y Danl&iacute; en este cami&oacute;n. Despu&eacute;s, volvieron a sus pueblos distantes, a seguir siendo pobres.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde, las estrechas calles del centro de Tegucigalpa se convirtieron en ratoneras. Las fuerzas de seguridad cazaron a su antojo. Se escucharon otra vez las sirenas, los gritos, los disparos. Se elevaron nuevas cortinas de humo. Humo blanco de Pennsylvania. Uniformados capturaron a j&oacute;venes y los sometieron a macanazos.
    </p><p class="article-text">
        El reinstalado presidente Hern&aacute;ndez no perdi&oacute; tiempo para demostrar sus intenciones: si en los &uacute;ltimos meses ha sido desafiado por la calle, hoy la calle pag&oacute;. Cantaron durante meses la canci&oacute;n que exige su salida, llamada &ldquo;JOH, es pa&rsquo;fuera que vas&rdquo;, la m&aacute;s popular del pa&iacute;s. Pero JOH no se fue. Se quit&oacute; la banda presidencial s&oacute;lo para volv&eacute;rsela a poner. Puede que hoy no tenga ni legitimidad pol&iacute;tica ni social. Puede que no tenga gobernabilidad. Pero tiene el poder.
    </p><p class="article-text">
        Al caer la noche, se escucharon nuevos estruendos provenientes del cerro Juana La&iacute;nez. Desde las inmediaciones de la bandera se elevaron hermosos fuegos artificiales que iluminaron el cielo de Tegucigalpa durante varios minutos. Alguien gast&oacute; mucho dinero para celebrar la renovaci&oacute;n de la democracia. Se lleg&oacute; el 27 de enero. JOH se quiere quedar cuatro a&ntilde;os m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>Texto&nbsp;de Carlos Dada y fotograf&iacute;as de V&iacute;ctor Pe&ntilde;a, cedidos por el medio salvadore&ntilde;o El Faro, donde se public&oacute; originalmente esta cr&oacute;nica.</em><a href="https://elfaro.net/es/201801/centroamerica/21412/JOH-toma-posesi%C3%B3n-entre-gases-lacrim%C3%B3genos-de-Pennsylvania.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">donde se public&oacute; originalmente esta cr&oacute;nica</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Dada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/presidente-honduras-posesion-lacrimogenos-pennsylvania_1_2818147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2018 16:25:09 +0000]]></pubDate>
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