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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pepe Reig]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pepe_reig/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pepe Reig]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Entendemos la desinformación?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/entendemos-desinformacion_129_12499505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b0604de-36c3-4685-947e-ee6368b31c03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Entendemos la desinformación?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque la verdad no esté de moda, sigue siendo clave responder a la pregunta: ¿cuánta verdad soportan las dictaduras y cuánta mentira las democracias? Esa era la cuestión de fondo. Esa es la pregunta que hay que tener en mente cuando observamos lo que pasa con la posverdad, el posperiodismo y la posdemocracia</p></div><p class="article-text">
        Los avisos sobre el peligro de la proliferaci&oacute;n de mentiras en el espacio p&uacute;blico se han hecho omnipresentes. Las alarmas sobre el riesgo de normalizar la posverdad est&aacute;n por todas partes. La amenaza de la ola ultraderechista asoma a las primeras p&aacute;ginas de los diarios. Todo estaba a la vista.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiz&aacute; no era tan visible, lo que ven&iacute;amos necesitando era que se trazara la l&iacute;nea de puntos que conecta esos peligros: la indiferencia hacia la verdad, el pseudo periodismo de las <em>fake news</em> y el ataque del populismo autoritario contra la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Necesit&aacute;bamos analizar esos tres universos en su interacci&oacute;n, para entender que la amenaza es sist&eacute;mica y nos incumbe a todos. Sin una ciudadan&iacute;a avisada y despierta no tenemos salvaci&oacute;n. Aunque la verdad no est&eacute; de moda, sigue siendo clave responder a la pregunta: &iquest;cu&aacute;nta verdad soportan las dictaduras y cu&aacute;nta mentira las democracias? Esa era la cuesti&oacute;n de fondo. Esa es la pregunta que hay que tener en mente cuando observamos lo que pasa con la posverdad, el posperiodismo y la posdemocracia.
    </p><h2 class="article-text">Posverdad</h2><p class="article-text">
        Acabo de leer en <em>El Salto</em>, un digital intachablemente de izquierda, una largu&iacute;sima entrevista con una joven promesa de la filosof&iacute;a posmoderna, Laura Llevadot. Ella se proclama &ldquo;postfundacional&rdquo;, porque cuestiona tanto los presupuestos de la modernidad como los propios fundamentos de la filosof&iacute;a. Empezando en la &ldquo;deconstrucci&oacute;n&rdquo; de <strong>Jacques Derrida</strong> y a&ntilde;adiendo suficiente anarquismo, el resultado es una filosof&iacute;a &ldquo;antinormativa&rdquo;. Prometo leerla con atenci&oacute;n, pero ya me parece muy ilustrativa del tono actual de la filosof&iacute;a, tras m&aacute;s de medio siglo de &eacute;nfasis en lo ling&uuml;&iacute;stico. El gran descubrimiento parece ser la huida de toda <em>normatividad</em>. As&iacute; que la consigna es mantenerse lejos de <strong>Kant</strong> y, sobre todo, de <strong>Habermas</strong>. Esta joven fil&oacute;sofa dice que eso de explorar las fronteras del &ldquo;ser y el deber ser&rdquo; no es m&aacute;s que un residuo autoritario del pasado. &iexcl;Huyamos, pues, de lo normativo!
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, d&eacute;jenme que pregunte desde la ignorancia filos&oacute;fica: &iquest;c&oacute;mo hacemos para dise&ntilde;ar un escenario social acorde con la <strong>condici&oacute;n humana</strong>? o, m&aacute;s modestamente, &iquest;c&oacute;mo organizamos una <strong>conversaci&oacute;n p&uacute;blica</strong> que sostenga el funcionamiento de nuestra democracia, sin tener ni idea de cu&aacute;les ser&iacute;an las condiciones ideales del di&aacute;logo? &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos mejorar la existencia, sin el acuerdo m&iacute;nimo sobre qu&eacute; es &ldquo;la vida buena&rdquo;, ese elevado ideal de la sabidur&iacute;a cl&aacute;sica?
    </p><p class="article-text">
        Tengo la sospecha -pero &iquest;qui&eacute;n soy yo para sospechar? - de que esto de la <strong>antinormatividad</strong> es una adaptaci&oacute;n filos&oacute;fica al mundo sin reglas en que nos ha metido la globalizaci&oacute;n. En lugar de definir c&oacute;mo deber&iacute;an ser las cosas, que la gente componga identidades y filosof&iacute;as &ldquo;a la carta&rdquo;. Eliges los ingredientes del muestrario y el <em>rider</em> te lo acaba llevando a casa. Es la clase de libertad que el neoliberalismo vende para no hablar de igualdad.
    </p><h2 class="article-text">Posperiodismo</h2><p class="article-text">
        Las opiniones se van a volver turbulentas en cuanto se empiece a hablar de las iniciativas legales para controlar las f&aacute;bricas de bulos y los seudo medios que las alimentan. Vamos a ver enseguida c&oacute;mo las derechas, todas las derechas, se aprestan a defender la <strong>libertad de mentir</strong> en el espacio p&uacute;blico. No podemos equivocarnos en esto: no se trata de restringir ninguna libertad, sino de asegurar la responsabilidad, es decir, quien habla en el espacio p&uacute;blico lo hace bajo su identidad y &eacute;sta debe quedar registrada en alguna parte. Las grandes plataformas de redes sociales (Meta, X o Tik Tok) tendr&aacute;n que responsabilizarse alguna vez de los contenidos que transmiten, &iquest;o no? Una cosa es comunicar y otra informar. Lo primero est&aacute; protegido por la libertad de expresi&oacute;n, mientras no incite al odio o la violencia. Lo segundo est&aacute; regulado por el derecho a la informaci&oacute;n. Y conviene no olvidar que las mentiras no son informaci&oacute;n. Si no desarrollamos narrativas poderosas, capaces de competir con los relatos conspiranoicos sin renunciar a la facticidad, el periodismo habr&aacute; perdido su funci&oacute;n hist&oacute;rica. En tiempos de &ldquo;malismo&rdquo;, el cinismo se vuelve reaccionario y es preciso volver a la &eacute;pica. En esas nuevas narrativas hay que asignar un papel lucido a la gente corriente, en la defensa de la vida, en el rescate de la democracia.
    </p><h2 class="article-text">Posdemocracia</h2><p class="article-text">
        Hace 103 a&ntilde;os de la Marcha sobre Roma y todos tenemos cierta sensaci&oacute;n de &ldquo;d&eacute;j&agrave; vu&rdquo;. Algo como &ldquo;&iquest;esto no lo hemos visto antes?&rdquo;. Hace 100 a&ntilde;os era el fascismo en Italia, Alemania, Hungr&iacute;a, Espa&ntilde;a, etc. Ahora es el populismo de Trump, Milei, Orb&aacute;n o Putin. Ya s&eacute; que no es igual, pero no me negar&aacute;n que rima.
    </p><p class="article-text">
        Quien quiera ver el cat&aacute;logo de contrarreformas que conducen a la posdemocracia, c&oacute;mo se desmonta el entramado de instituciones y derechos que hab&iacute;amos trabajosamente construido, no tiene m&aacute;s que observar la secuencia de <strong>&oacute;rdenes ejecutivas</strong> del nuevo inquilino de la Casa Blanca.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Sus medidas contra la inmigraci&oacute;n no pretenden tanto reducir el contingente de inmigrantes, como generalizar el miedo, un modo efectivo de desalentar la cr&iacute;tica ciudadana.</li>
                                    <li>Las amenazas a jueces y funcionarios celosos de su deber frente a la arbitrariedad, juega tambi&eacute;n en la misma direcci&oacute;n.</li>
                                    <li>La persecuci&oacute;n al pluralismo period&iacute;stico y la venganza presupuestaria y policial contra las universidades cr&iacute;ticas, abundan en ese designio.</li>
                                    <li>La reducci&oacute;n salvaje de las partidas destinadas a inclusi&oacute;n social y ayuda al desarrollo, se acompa&ntilde;an de un discurso descalificador, para deslegitimar toda resistencia.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Pasaron los tiempos de aquel asesor de Clinton que gritaba &ldquo;&iexcl;es la econom&iacute;a, est&uacute;pido!&rdquo;. Ya no es la econom&iacute;a lo que mueve el voto. &ldquo;&iexcl;Es el miedo, est&uacute;pido!&rdquo;. Por todas partes el prop&oacute;sito parece siempre arrebatar a la ciudadan&iacute;a la seguridad sobre su entramado de derechos c&iacute;vicos. Que dejen de so&ntilde;ar con que los tienen y sepan que dependen de la voluntad del poder.
    </p><p class="article-text">
        Si esto no es la tiran&iacute;a de siempre, que venga dios y lo vea.
    </p><p class="article-text">
        Pepe Reig reflexiona sobre estas y otras ideas en su libro <em>En manos de la desinformaci&oacute;n. Posverdad, posperiodismo y posdemocracia </em>(Catarata, 2025).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pepe Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/entendemos-desinformacion_129_12499505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Jul 2025 21:23:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Entendemos la desinformación?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Posverdad,Fake News,Bulos,Donald Trump,Javier Milei,Viktor Orbán,Vladímir Putin,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valencia: La ciudad real y el gobierno de la complejidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia-ciudad-real-gobierno-complejidad_132_2812605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;En la tensi&oacute;n entre el control por el estado del territorio y el empoderamiento de las sociedades contempor&aacute;neas, las ciudades son el frente de resistencia. La capacidad de las grandes urbes de dotarse de instrumentos para gestionar su potencias y sus recursos, ser&aacute; clave para decidir qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Jos&eacute; Mar&iacute;a Mart&iacute; Font. La Espa&ntilde;a de las ciudades. El Estado frente a la sociedad urbana. 2017.</em>
    </p><p class="article-text">
        Quiere la casualidad que coincidan en estos d&iacute;as la aprobaci&oacute;n de la Ley de Capitalidad, o Carta Municipal de Valencia, y la elecci&oacute;n de una nueva direcci&oacute;n pol&iacute;tica del PSPV en esa misma ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; se objete que la Ley llega tarde, pero no ser&aacute; por falta de empe&ntilde;o de los socialistas: hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, gracias a una iniciativa del entonces portavoz socialista en el Ayuntamiento de Valencia, Rafael Rubio, se inclu&iacute;a una t&iacute;mida menci&oacute;n a esa capitalidad en la que ser&iacute;a la Ley de R&eacute;gimen Local Valenciano. M&aacute;s tarde los diputados Cristina Moreno y el ahora presidente de la Generalitat, Ximo Puig, defendieron en las Cortes Valencianas la propuesta aprobada por el pleno municipal. Y Carmen Alborch, a principios de 2011, propuso un texto alternativo al muy deficiente e insuficiente presentado por el Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Lo bien cierto es que Rita Barber&aacute; y su partido nunca mostraron mucho entusiasmo por dotar a Valencia de un estatuto especial, con competencias compartidas con la Generalitat. Un estatuto que habr&iacute;a debido ser el germen de la ciudad metropolitana, si se hubiera sabido reconocer que esa es, precisamente, la ciudad real que tenemos: una ciudad de 800.000 vecinos envuelta en una red urbana con la que suma 1,7 millones de habitantes. La tercera aglomeraci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Una conurbaci&oacute;n que, con su complejidad y sus potencialidades, era preciso situar en el sistema de ciudades espa&ntilde;ol, europeo y&nbsp; mundial. Pero Rita, con la &ldquo;alergia al plan&rdquo; que padecen quienes apuestan por dejar sitio a la especulaci&oacute;n, prefiri&oacute; el escaparate de los eventos a la gobernanza de la complejidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese volver la espalda a la Valencia metropolitana no era m&aacute;s que miedo a la izquierda, seg&uacute;n explica el gran Josep Sorribes en su imprescindible libro <em>Rita Barber&aacute;, el pensamiento vac&iacute;o</em>: &ldquo;Rita conecta con la vieja tradici&oacute;n blasquista de una rep&uacute;blica urbana, de una nueva Venecia o Florencia aunque a principios del XX los blasquistas ten&iacute;an la excusa de estar rodeados de un mundo rural hostil, clerical y de derechas, mientras que Rita est&aacute; rodeada de un &rdquo;cintur&oacute;n rojo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;pensamiento vac&iacute;o&rdquo; que no entiende de complejidad es lo que conocemos como &ldquo;neocon&rdquo;. Esa suerte de derecha dura y &ldquo;sin complejos&rdquo; que, aprovechando la fragmentaci&oacute;n de las clases populares, logr&oacute; arrebatar la hegemon&iacute;a cultural a las fuerzas de progreso. Rita empez&oacute; por desactivar el Consell Metropolit&agrave; de L&rsquo;Horta, el instrumento con el que la izquierda hab&iacute;a empezado a configurar esa Valencia metropolitana y, envolvi&eacute;ndose en su&nbsp; populismo anti-intelectual, rompi&oacute; la conexi&oacute;n entre gobernanza urbana y pensamiento progresista, que hab&iacute;a ligado el &ldquo;cintur&oacute;n rojo&rdquo; con la gran urbe.
    </p><p class="article-text">
        Perdida aquella gran oportunidad por los sucesivos gobiernos conservadores, hoy la implacable realidad de los hechos, la ca&oacute;tica herencia de una Valencia de escaparate, disminuida por una gesti&oacute;n cortoplacista y maltrecha en su identidad urbana por la falta de pol&iacute;ticas de igualdad, obliga a repensar la ciudad y dise&ntilde;ar una estrategia para reunir lo disperso y gobernar lo complejo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, con la Ley de Capitalidad de la Ciudad de Valencia que se aprueba estos d&iacute;as, los socialistas aspiramos a enlazar con el gobierno de Ricard P&eacute;rez Casado, alcalde innovador e impulsor del desaparecido &ldquo;Consell Metropolit&agrave; de l&rsquo;Horta&rdquo;, el gobierno de la cohesi&oacute;n social y de la ciudad abierta. Querr&iacute;amos dar comienzo a un nuevo modelo de ciudad compacto, diverso, social y sostenible.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el tema de fondo que debiera alimentar el debate en el proceso de primarias que registra justo ahora el PSPV de Valencia. En este sentido la candidata a la secretar&iacute;a general del PSPV de la ciudad de Valencia, Sandra G&oacute;mez, acierta al plantear no s&oacute;lo un modelo de partido, moderno y adecuado a ese mundo complejo, sino un modelo y un proyecto de ciudad, que se apoye en la robusta sociedad civil de este &ldquo;cap i casal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero para que ese proyecto sea posible, se requiere del empuje suficiente para vencer demasiadas inercias del pasado: inercias municipales de a&ntilde;os de conservadurismo e inercias de partido arraigadas en a&ntilde;os de resignaci&oacute;n o desesperanza. Se requiere una alternativa de &ldquo;gobernanza&rdquo;, un modo nuevo de ejercicio del poder, volcado en la cooperaci&oacute;n, la flexibilidad y la disposici&oacute;n a escuchar. Que necesita y busca la participaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a activa, cada vez m&aacute;s preparada y exigente, que procura el encuentro con la iniciativa privada, tambi&eacute;n necesitada del aprendizaje de lo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Ese es un reto demasiado grande para no requerir de la m&aacute;xima complicidad entre socialistas. El reto, que compartimos con la amplia base social progresista, consiste en hacer efectivo el derecho a la ciudad, a un espacio p&uacute;blico de calidad. El derecho a la vivienda, a la formaci&oacute;n, a la salud o el cuidado. El derecho a trabajar para un proyecto de vida. El reto, en definitiva, es posibilitar un &ldquo;salario ciudadano complejo&rdquo;, en palabras de Jordi Borja.
    </p><p class="article-text">
        Las primarias son el procedimiento de aquella complicidad, a condici&oacute;n de que impliquen un debate a fondo sobre modelos, sobre propuestas. En este debate, creemos, Sandra G&oacute;mez ha intentado recoger aquella tradici&oacute;n de pensamiento que un&iacute;a el cintur&oacute;n rojo y el progresismo local para construir un relato nuevo. El relato colectivo de una Valencia metropolitana. Mejor que tenga suerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pepe Reig, Francisco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia-ciudad-real-gobierno-complejidad_132_2812605.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Jan 2018 09:48:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Valencia: La ciudad real y el gobierno de la complejidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sandra Gómez,PSPV - Partido Socialista del País Valenciano,Valencia]]></media:keywords>
    </item>
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