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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marian N. Quiles]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marian_n_quiles/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marian N. Quiles]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Todas necesitamos a esa abuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/todas-necesitamos-abuela_129_2800646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c472c19c-5074-44a1-b7e7-1fbcac1fc6a2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que está ocurriendo ahora es esa toma de conciencia de clase obrera, de clase precaria. Pero es que además, las mujeres estamos en plena revolución, protagonistas incuestionables de esta reconquista de derechos, imparables. Esa soledad está llegando a su fin</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas tuve la suerte de participar en una asamblea de mujeres en Elche junto a Irene Montero. Pude escuchar en primera persona testimonios incre&iacute;bles a cerca de condiciones laborales de extrema precariedad. All&iacute; estaban las &ldquo;Kellys&rdquo;, las camareras de piso de los hoteles, mujeres valientes que han decidido organizarse para denunciar los atropellos que sufren en sus trabajos, o las aparadoras de zapatos, mujeres luchadoras que han levantado a muchas familias dej&aacute;ndose la piel y las manos durante a&ntilde;os ahogadas en la econom&iacute;a sumergida, y sumergida estaba su historia tambi&eacute;n hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n tuvimos la oportunidad de escuchar a una mujer, precaria por nacimiento como lo somos todas las mujeres en una sociedad patriarcal, que tuvo que enfrentarse a un desahucio junto a sus hijos. Su experiencia fue la que hizo que me saltara un &ldquo;clic&rdquo; en la cabeza y ahora os explicar&eacute; por qu&eacute;. Ella estaba sola hasta que lleg&oacute; la PAH, eso es lo que dijo. A parte de toda la ayuda que le prestaron, lo que ella m&aacute;s valoraba era que ese sentimiento de soledad, de desamparo, hab&iacute;a desaparecido por fin. Y fue entonces cuando una mujer mayor que estaba sentada en ese c&iacute;rculo alz&oacute; la voz y dijo: &ldquo;Mira si te ha dado cosas la PAH, que te ha dado hasta una abuela&rdquo;. Ese momento se convirti&oacute; de inmediato en mi memoria en un resorte de esperanza y de revoluci&oacute;n. &ldquo;Yo tambi&eacute;n quiero que seas mi abuela&rdquo;, recuerdo que pens&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En ese espacio seguro en el que se convirti&oacute; aquella sala del auditorio, escuchamos la voz de trabajadoras de residencias de personas mayores, pero realmente no fue su voz la que o&iacute;mos, si no la de esas personas mayores convertidas en n&uacute;meros a manos de nuevas empresas privadas que se estaban abriendo camino en el mercado a la venta de la tercera edad. Tambi&eacute;n las cuidadoras, las profesionales y las no profesionales, estaban presentes hablando de nuestra tambi&eacute;n precaria Ley de Atenci&oacute;n a las personas en situaci&oacute;n de dependencia. Todas sentimos esa atm&oacute;sfera especial, algo pas&oacute; en ese lugar. Bueno, podr&iacute;a hablar exclusivamente de ese momento y de esas mujeres durante todo el art&iacute;culo pero no puedo; mil palabras no son suficientes para describir todas esas sensaciones. Contin&uacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Para poder intentar poner palabras a lo que vivimos cada d&iacute;a intento nutrirme de la experiencia de otras personas, por eso voy a continuar citando a Ricardo Romero y Arantxa Tirado en &ldquo;La clase obrera no va al para&iacute;so&rdquo;: &ldquo;La clase dominante es muy consciente de lo que ocurrir&iacute;a si, por casualidad, alg&uacute;n d&iacute;a la clase obrera toma conciencia de su existencia, sobre todo de su capacidad de subvertir el sistema que la oprime: los cimientos del capitalismo correr&iacute;an grave peligro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se las arregla ese capitalismo para que no nos reconozcamos entre nosotras? A ver si consigo explicarlo. En un mismo hotel, las &ldquo;Kellys&rdquo; son contratadas por diferentes empresas. Es decir, est&aacute;n divididas desde el mismo inicio, hasta con prohibiciones de hablar entre ellas. Las aparadoras trabajan en talleres clandestinos o en sus propios domicilios, separadas. Eso se llama &ldquo;atomizaci&oacute;n&rdquo; de la actividad y se consigue con la subcontrataci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La otra amenaza se llama &ldquo;deslocalizaci&oacute;n&rdquo;, es decir: &ldquo;si no te gusta que te quite derechos me voy a China que all&iacute; tengo mano de obra m&aacute;s barata&rdquo;. Precisamente lo que destruy&oacute; la industria del calzado en Elche o en Elda, por ejemplo. &iquest;Os suena? No es cosa del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Imaginaros por un momento esa total indefensi&oacute;n: ninguna prevenci&oacute;n de riesgos laborales, salarios precarios de 2&euro; la hora, jornadas interminables, ausencia total de conciliaci&oacute;n, no tener derecho a paro, ni a jubilaci&oacute;n, ni a bajas laborales. No tener derecho a NADA. Estar SOLA. Estas son sus estrategias entre otras que conocemos perfectamente: el control del cuerpo de la mujer. El PATRIARCADO en may&uacute;sculas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;UY! Eso no va conmigo&hellip;&rdquo;, escucho m&aacute;s de lo que me gustar&iacute;a. Por eso creo que hay que darle una vuelta al concepto de precariedad. La precariedad no es tan solo laboral, amiga m&iacute;a. Yo soy una persona sorda y tambi&eacute;n soy precaria cuando no tengo acceso a la informaci&oacute;n o a la educaci&oacute;n. Sab&iacute;as que hay alumnado sordo ahora mismo, que no tienen acceso a la educaci&oacute;n en Valencia, o en Alicante. Tambi&eacute;n son precarias. Nuestro sistema educativo es precario cuando pasan estas cosas. Todas las valencianas somos m&aacute;s precarias por culpa de la corrupci&oacute;n, que se ha llevado lo que es nuestro por derecho y nos ha dejado unas instituciones precarias, una educaci&oacute;n, una sanidad, unos servicios sociales precarios. Nuestro futuro es precario y nuestras pensiones lo ser&aacute;n tambi&eacute;n, de haberlas claro. En fin, hasta nuestra dignidad es precaria.
    </p><p class="article-text">
        Reley&eacute;ndome a m&iacute; misma, tenemos que reconocer que el capitalismo es cuasi un virus perfecto, muta de forma excepcional cada vez que se ve amenazado. Es incre&iacute;ble, de verdad. Y como todos los virus&nbsp; su paciente cero somos las mujeres, las primeras en ser expuestas y sufrirlo. Es innegable que las mujeres somos las m&aacute;s afectadas por la precariedad en todas sus facetas: la econ&oacute;mica y la social. Pero ese va a ser tambi&eacute;n precisamente su punto d&eacute;bil, las mujeres. NOSOTRAS. El pu&ntilde;etero sistema inmunol&oacute;gico de esta sociedad va a darle una paliza a ese maldito virus que todo lo infecta.
    </p><p class="article-text">
        Voy a ir terminando que me vengo arriba y no hay qui&eacute;n me pare, y voy acabar recreando un cap&iacute;tulo de &ldquo;Erase una vez el cuerpo humano&rdquo; con anticuerpos y gl&oacute;bulos rojos incluidos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; ocurriendo ahora, en estos momentos, es precisamente esa toma de conciencia de clase obrera de la que hablaba antes, de clase precaria para afinar m&aacute;s. Pero es que adem&aacute;s, las mujeres estamos en plena revoluci&oacute;n, protagonistas incuestionables de esta reconquista de derechos, imparables. Esa soledad est&aacute; llegando a su fin.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos un reto inaplazable que tiene varias fases: construir una identidad colectiva de la clase trabajadora y precaria liderada por las mujeres, y generar un movimiento popular organizado que exija los derechos que proporcionan una vida digna. Y no tener una vida digna se llama PRECARIEDAD. Yo soy precaria, si t&uacute; tambi&eacute;n lo eres&hellip; tenemos mucho por hacer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Lima, Marian N. Quiles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/todas-necesitamos-abuela_129_2800646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Feb 2018 20:02:21 +0000]]></pubDate>
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