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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Gavilán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_gavilan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Gavilán]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La muerte de Ekai: en el espejo de la experiencia de los campos de concentración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/muerte-ekai-espejo-experiencia-concentracion_132_2778269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5657b1e2-b9a6-4428-a613-95268b4e6f62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte de Ekai: en el espejo de la experiencia de los campos de concentración"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discriminación, el acoso, los agravios, la violencia y la transfobia institucionalizada han sumergido la vida de las personas transexuales en una existencia que se encuentra por debajo de lo humano o incluso de vidas que se asumen como algo inconcebible e inhabitable</p></div><p class="article-text">
        Los campos de concentraci&oacute;n alemanes representan uno de los episodios privilegiados de la historia de la infamia. El ingreso del prisionero en estos campos iba unido, seg&uacute;n la narraci&oacute;n de <strong>Primo Levi</strong>, a una serie de ritos violentos, gritos, insultos, golpes; una estrategia planificada de rituales siniestros con los que se venc&iacute;a su resistencia y se anulaba su voluntad. Con la p&eacute;rdida de su ropa, con el rapado de sus cabellos, dej&aacute;ndolos desnudos a la intemperie, fumig&aacute;ndolos y con los uniformes de rayas consegu&iacute;an que se derrumbaran, que perdieran lo que los identificaba como individuos, o lo que es lo mismo, que dejaran de ser humanos.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia extrema de la crueldad logra terminar con la individualidad y la humanidad. La vida de un prisionero ha de consistir en trabajar, dormir, comer, enfermar, curarse o morir. Su vida le pertenece a los carceleros, que se encargan de que tenga una existencia repleta de sufrimiento. De golpe, y sin ninguna raz&oacute;n aparente, la vida del ser humano se introduce en un t&uacute;nel lleno de zafiedad y horror. Alguien al que le arrebatan sus posesiones, lo separan de sus familiares, sus amigos y su vida cotidiana, se convierte en un ser vac&iacute;o y sin valor, un ser sin dignidad que ve c&oacute;mo se destruye su identidad para convertirse en un despojo, en una especie de nada con un n&uacute;mero tatuado en su brazo. Como dec&iacute;a Primo Levi, la mirada, solo aquella mirada, con que aquel oficial lo mir&oacute; en el campo de concentraci&oacute;n lo dej&oacute; convertido en una piltrafa. Ante la mirada del oficial nazi perdi&oacute; su valor y su dignidad y se vio despojado de su humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de la narraci&oacute;n que hace Primo Levi de la vida en Auschwitz es que no se restringe solo al relato de los horrores, del sufrimiento generalizado, de la tortura continuada y de la muerte por las condiciones aberrantes en las que viven los prisioneros, sino que <strong>se extiende a la denuncia contra la violencia, la intolerancia, la opresi&oacute;n, las perversas manifestaciones del microfascismo en la vida cotidiana</strong> y, sobre todo, plantea la necesidad de pensar sobre el sentido de la vida del hombre y de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        En el campo de concentraci&oacute;n, el prisionero se repliega, ha de vivir bajo m&iacute;nimos, sometido a las condiciones m&aacute;s duras, el hambre, el barro, el fr&iacute;o y la congelaci&oacute;n. La vida se aleja de ellos, se oscurece e imposibilita el m&aacute;s m&iacute;nimo reflejo de vida interior. Todos han de guardar las fuerzas para resistir al rigor del clima, la violencia, el dominio salvaje y cruel de la bestialidad, la muerte y la podredumbre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Giorgio Agamben </strong>cree que los prisioneros de los campos de concentraci&oacute;n y los refugiados que soportan una vida sin los derechos humanos representan el cuerpo despojado de la humanidad. El totalitarismo arrebata a estos hombres su humanidad, reduci&eacute;ndolos a la vida desnuda, despoj&aacute;ndolos de su capacidad afirmativa y creadora, formando as&iacute; un cuerpo muerto y una negatividad concentrada.
    </p><p class="article-text">
        En los campos de concentraci&oacute;n, seg&uacute;n cuenta Primo Levi, hab&iacute;a unos prisioneros que se encog&iacute;an en un rinc&oacute;n, abrazados a sus tobillos y se balanceaban desde adelante hacia atr&aacute;s con un movimiento r&iacute;tmico y pausado hasta que desaparec&iacute;an. <strong>Jorge Alem&aacute;n</strong> relacionaba a estos prisioneros con el fen&oacute;meno de la anorexia. El prisionero se encoge, se retrae y se a&iacute;sla hasta que desaparece sin que nadie lo advierta.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s,<strong> hay un paralelismo estrecho con la experiencia de todas aquellas personas que han tenido que soportar las condiciones extremas del rechazo, la soledad, la incomprensi&oacute;n</strong>, la marginaci&oacute;n y la segregaci&oacute;n desde edades muy tempranas. A las personas transexuales les pasa algo parecido. Ante los gritos y las amenazas, ante la incomprensi&oacute;n de su familia, se encogen, crean muros de silencio y aislamiento a su alrededor y desaparecen en una prisi&oacute;n invisible que se crea al margen de su voluntad. Son prisioneros y refugiados sin necesidad de salir de su h&aacute;bitat.
    </p><p class="article-text">
        Su vida consiste en sufrir el rechazo, en constatar que su identidad no coincide con lo que se espera de ellos, en desconectar, en retraerse, encogerse y desaparecer. Si los prisioneros del Lager sent&iacute;an el dolor del exilio, la separaci&oacute;n del hogar, la familia y los amigos, <strong>las personas transexuales se ven obligadas a excluirse, aislarse, refugiarse en un mundo de soledad y abandono</strong>. El poder impone un conjunto de normas que oprimen a las minor&iacute;as excluidas y las deshumaniza. En realidad, es como si se mantuviera en guettos a la amplia diversidad de personas que asumen identidades sexuales y formas de vida ajenas o contrarias a la heteronormatividad y la cisnormatividad, como si se les encerrara en un apartheid, como si se los mantuviera en calidad de refugiados en el interior de su ciudad y su naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La violencia expulsa a las personas transexuales de la sociedad. Los insultos, las coacciones, el acoso y los golpes deshumanizan sus vidas. De la misma forma que en los campos de concentraci&oacute;n se destruye al ser humano, la crueldad y la intransigencia terminan destruyendo a unas personas inocentes. El ambiente irrespirable del entorno los lleva a la muerte f&iacute;sica o la muerte social. La discriminaci&oacute;n, como dec&iacute;a <strong>Hanna Arendt,</strong> es una forma de matar sin necesidad de derramar sangre.
    </p><p class="article-text">
        El ser apaleado por el sufrimiento, ya sea el prisionero o el excluido por motivos sexuales, se desvanece asfixiado, vac&iacute;o, atrofiado. No basta con resistir, con sobrevivir y adaptarse a los tiempos de penuria y a las condiciones deprimentes de unas normas restrictivas y mutilantes. Hay un momento en que, despu&eacute;s de la pesada carga del estigma, el dolor y la humillaci&oacute;n, el individuo tiene que inventarse de nuevo desde la ruina y los despojos. Las personas transexuales tienen que reconstruir su identidad, necesitan traspasar las fronteras del dolor y el ostracismo.
    </p><p class="article-text">
        En el ambiente asfixiante del zulo se gesta la identidad de la resistencia. El mismo car&aacute;cter de constricci&oacute;n y subordinaci&oacute;n, los l&iacute;mites impuestos a la identidad se convierten en la fuerza que genera la resistencia.
    </p><p class="article-text">
        En el relato que construye Primo Levi sobre la experiencia concentracionaria resulta sorprendente que, despu&eacute;s de haber conocido la cara del horror y la muerte, de haber vivido en las peores condiciones en que puede vivir un ser humano, cuando los aliados lo liberan, aun estando descalzo, hambriento y desesperado, el novelista descubre que en el fondo de s&iacute; mismo se ha mantenido muy d&eacute;bil la llama del sujeto. La vida sigue generando la subjetividad y la conciencia. Cuando menos lo esperaba, durante el largo viaje de vuelta, hab&iacute;a renacido con el olor de la hierba del campo, con las ramas de los &aacute;rboles mecidas por el aire y con la energ&iacute;a salvaje de la naturaleza que sent&iacute;a bajo sus pies. A pesar del hundimiento, el ser humano mantiene el optimismo al creer que se puede seguir creando un espacio de libertad.
    </p><p class="article-text">
        En ese libro impresionante de Primo Levi se nos ofrece la experiencia terror&iacute;fica de los campos de concentraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n <strong>se nos muestra la liberaci&oacute;n como una alegr&iacute;a, un motivo de entusiasmo,</strong> que se eleva sobre un fondo de angustia y sufrimiento. Abandonar el campo de concentraci&oacute;n abre un periodo de sufrimiento tan intenso como el del encierro; enfrenta al prisionero a una marea que amenaza con ahogarlo, lo atenaza la culpa de no haber hecho m&aacute;s, de no haber sido m&aacute;s solidario, de haber sobrevivido en lugar de otro que se lo hubiera merecido m&aacute;s. La dificultad consiste en encontrar la manera de ser humano de nuevo, de conseguir la forma de incorporarse a la vida. Y en esa misma tesitura se encuentran las personas que tuvieron que atravesar el desierto de una infancia y una adolescencia llenas de todo tipo de golpes, insultos, gritos, encierro, dificultades y soledad.
    </p><p class="article-text">
        La discriminaci&oacute;n, el acoso, los agravios, la violencia y la transfobia institucionalizada han sumergido la vida de las personas transexuales en una existencia que se encuentra por debajo de lo humano o incluso de vidas que se asumen como algo inconcebible e inhabitable. Y aun as&iacute;, en la propia din&aacute;mica social se forma el empoderamiento de los despose&iacute;dos y los excluidos que exigen la aceptaci&oacute;n de sus cuerpos, el reconocimiento de sus identidades y sus derechos. La multiplicidad de los cuerpos, las distintas formas de enfocar el deseo y las diferentes maneras de concebir las identidades pasan a ser una forma m&aacute;s de concebir la diversidad. Mientras tanto, la persona transexual se ha acostumbrado a vivir en las ruinas de la vida, ha tenido que soportar la existencia de un yo vac&iacute;o, sin sentido, debilitado y casi destruido en el que se contempla el suicidio como una salida.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavilán, Juan Gavilán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/muerte-ekai-espejo-experiencia-concentracion_132_2778269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Feb 2018 19:04:51 +0000]]></pubDate>
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