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    <title><![CDATA[elDiario.es - Vicente Muñoz-Reja]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/vicente_munoz-reja/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Vicente Muñoz-Reja]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Aflamencar el trovo, repentizar el cante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/aflamencar-trovo-repentizar-cante_1_2214465.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab81e753-0618-4d3e-b364-aa35d4a1d3b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aflamencar el trovo, repentizar el cante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El grupo trovero Mesa Café de La Unión y el Malacate Flamenco, y a iniciativa de Paco Paredes, renuevan la alianza entre el trovo y el flamenco</p></div><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; durante las Terceras Jornadas de Tradici&oacute;n y Folclore organizadas por la asociaci&oacute;n El Malacate Flamenco, el viernes 16 de Marzo. La &ldquo;ciudad alucinante&rdquo; de La Uni&oacute;n fue testigo. All&iacute; y entonces se dio constancia de los primeros pasos en la andadura de un nuevo camino hacia el viejo encuentro del flamenco y del trovo.
    </p><p class="article-text">
        Curioso contraste esto de encaminarse novedosamente hacia un viejo encuentro. Se trata de una experiencia poco com&uacute;n, pero por la que ha pasado cualquiera. Dos viejos conocidos vuelven a encontrarse al cabo de un tiempo. No se reconocen. Dudan por un instante, se examinan de arriba a abajo. Y al final se acuerdan el uno del otro. Se conoc&iacute;an de sobra. No obstante, y gracias a ese primer momento de extra&ntilde;eza, ambos descubren algo nuevo en el otro.
    </p><p class="article-text">
        Dos preguntas salen al paso. Primera: &iquest;De qu&eacute; se conoc&iacute;an el flamenco y el trovo, concretamente en el contexto de la Sierra y el Campo de Cartagena? &iquest;C&oacute;mo se encontraron por vez primera? Y segunda: &iquest;C&oacute;mo pueden volver a encontrarse, casi como si no se conocieran, a&uacute;n conoci&eacute;ndose ya de sobra?
    </p><p class="article-text">
        A la primera pregunta podemos contestar en abstracto. Para que dos cosas se encuentren, una tiene que arrimarse a la otra, salir a su encuentro. Hay, no obstante, una respuesta concreta. La ofrecieron con magisterio en sendas conferencias Joaqu&iacute;n &ldquo;El Palmesano&rdquo; y Paco Paredes.
    </p><p class="article-text">
        El trovo de la Sierra y Campo de Cartagena toma forma a finales del XIX, con la figura de Jos&eacute; Mar&iacute;a Mar&iacute;n, y de Jos&eacute; Castillo, Manuel &ldquo;El Minero&rdquo;, y otros tantos. &Eacute;ste es el trovo que perdura all&iacute; hasta hoy vivo. Es el trovo en el que los troveros reconocen hoy su linaje, distinguiendo las &eacute;pocas a las que dio continuidad &Aacute;ngel Roca. Y es el trovo cuyas formas m&eacute;tricas y modalidades se mantienen, y sobre los cuales se a&ntilde;aden otras, como las contribuciones del propio Palmesano&ndash;D&eacute;cimas encadenadas, Quintillera y Entrevista (que modifica una modalidad chilena).
    </p><p class="article-text">
        Aunque el trovo adquiere su forma actual en el &aacute;mbito de influencia de la sierra minera de Cartagena y La Uni&oacute;n, a su nacimiento contribuye el surlevante en su conjunto. El origen de los cantes mineros es tambi&eacute;n m&uacute;ltiple, palpable en la ambig&uuml;edad de la denominaci&oacute;n m&aacute;s primitiva de sus estilos. La historia del trovo y el cante est&aacute; ligada tambi&eacute;n al Rojo el Alpargatero, a Concha Pe&ntilde;aranda (La Cartagenera), a Pedro el Morato, al Cojo de la Playa, y a otros tantos. El trasiego cosmopolita al que por entonces se vio sujeto el surlevante resulta crucial para el desarrollo de ambas artes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Paco Paredes explic&oacute; c&oacute;mo, en el primer encuentro entre el trovo y el flamenco, es &eacute;ste &uacute;ltimo el que sale al encuentro del primero. Si uno atiende a la m&eacute;trica, la hermandad formal entre el trovo y los cantes mineros salta a la vista. Hay en cualquier caso evidencia documental de esta &iacute;ntima conexi&oacute;n, subrayada ya por G&eacute;nesis Garc&iacute;a entre otras. La presencia del flamenco es tambi&eacute;n un rasgo que diferencia a este trovo de similares tradiciones en comarcas cercanas. En la segunda mitad del XIX, el flamenco se arrima al trovo. El cante minero empieza cantando letras de troveros. <em>El trovo se aflamenca</em>.
    </p><p class="article-text">
        Paredes repas&oacute; minuciosamente algunas de las letras de origen trovero que fueron aflamencadas. Empez&oacute; recordando versos del trovo de Pedro el Morato que divulg&oacute; Antonio Chac&oacute;n. Se&ntilde;al&oacute; tambi&eacute;n c&oacute;mo Mar&iacute;n trajo de la Guerra de Cuba el cante de la guajira, unido a la m&eacute;trica de la d&eacute;cima. Continu&oacute; refiri&eacute;ndose a Emiliana Benito, creadora de la &ldquo;Emiliana&rdquo;, cuyos versos de &ldquo;La Grabiela&rdquo; grab&oacute; la Ni&ntilde;a de los Peines metidos por tarantas. Tambi&eacute;n mencion&oacute; al Cojo de M&aacute;laga, y su importancia para la presencia en el flamenco del trovo de Mar&iacute;n. Se&ntilde;al&oacute; la continuidad que dio Antonio Grau, hijo del Rojo. Y por supuesto, se refiri&oacute; a Antonio Pi&ntilde;ana, que cant&oacute; en muchas ocasiones dictado por troveros, e incluy&oacute; la malague&ntilde;a y la guajira del trovo en el grupo de los cantes mineros. Muchos de los flamencos coet&aacute;neos a Mar&iacute;n grabaron sus letras, tarea que tuvo continuidad a trav&eacute;s de figuras como Pepe Marchena, llegando hasta Enrique Morente y m&aacute;s ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; la primera pregunta y su respuesta. Los cantes mineros est&aacute;n por nacimiento ligados a la tradici&oacute;n del trovo.
    </p><p class="article-text">
        A la segunda pregunta&ndash;&iquest;c&oacute;mo pueden el trovo y el flamenco volver a encontrarse?&ndash;podemos contestar tambi&eacute;n en abstracto: que sea el trovo el que se arrime ahora al flamenco. Hay tambi&eacute;n una respuesta concreta a esta pregunta. La dio el grupo trovero Mesa Caf&eacute;, a sugerencia de Paco Paredes. Bueno, m&aacute;s que responder, trovaron la respuesta. Para que trovo y flamenco vuelvan a encontrarse, casi como dos desconocidos, hay que <em>repentizar el cante flamenco</em>.
    </p><p class="article-text">
        Rematadas las conferencias, subieron al escenario la cantaora Raquel Cantero y el guitarrista Pablo Barrionuevo, uni&eacute;ndose tambi&eacute;n al Palmesano y a Paredes los troveros Pedro Jes&uacute;s L&oacute;pez Salmer&oacute;n y Pedro Jos&eacute; S&aacute;nchez, el Alcazare&ntilde;o. Paredes anunci&oacute; algo ins&oacute;lito: iban a repentizar estrofas de tres, seis, siete y ocho versos. Todas estas estrofas modifican el canon trovero de cuartetas, redondillas, quintillas y d&eacute;cimas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los cinco troveros dictaron estrofas improvisadas que la cantaora meti&oacute; por palos distintos de las malague&ntilde;as y guajiras troveras&ndash;que son cantes ortodoxos para el trovo. Se repentizaron estrofas de tres versos por soleares; de cinco, por mineras; y de seis, por colombianas. Los cantes se repentizaron con tanta libertad e inmediatez que, aunque novedoso, pareci&oacute; casi un ejercicio consabido. Los dos viejos conocidos se empezaban a reconocer.
    </p><p class="article-text">
        No estaba previsto que Cantero entrara en escena, pero ocurri&oacute; que estaba por all&iacute; y Paredes le pidi&oacute; ayuda. Cant&oacute; de s&uacute;bito y sin preparaci&oacute;n, y dijo dos cosas que merece la pena recordar. Tras una sole&aacute; musit&oacute;: &ldquo;qu&eacute; emoci&oacute;n&rdquo;. Y es que la cantaora, a la que dictaban los troveros, escuchaba por vez primera el verso poco antes de cantarlo. Y no entend&iacute;a la estrofa como un todo hasta que la cerraba. En otro momento, apunt&oacute; que necesitaba algo de tiempo para hacer adaptar los versos a la m&uacute;sica, para hacer compatible la melod&iacute;a del cante a la espec&iacute;fica conjunci&oacute;n de s&iacute;labas y distribuci&oacute;n de acentos. Se trata de dos efectos de la repentizaci&oacute;n en el cante.
    </p><p class="article-text">
        Hay precedentes de troveros dictando a cantaores y metiendo versos por cantes distintos de la malague&ntilde;a y la guajira. El propio Paredes revis&oacute; en detalle numerosos casos desde la &eacute;poca de Mar&iacute;n hasta su reciente experiencia personal con Juan Pinilla y Roc&iacute;o M&aacute;rquez. Juan Lanz&oacute;n tambi&eacute;n hab&iacute;a dejado por escrito que hay que &ldquo;intentar que el trovo encuentre otros cauces musicales, diferentes a la malague&ntilde;a y a la guajira, si queremos enriquecerlo&rdquo;. Adem&aacute;s, en el Valle del Guadalent&iacute;n tambi&eacute;n aflamencan los fandangos de su trovo. As&iacute; mismo, se sabe que la improvisaci&oacute;n es un viejo gusto de los flamencos. Aunque entonces emplearon letras aprendidas, es famosa la contienda por buler&iacute;as entre la Ni&ntilde;a de los Peines y Mairena en la boda de El Lebrijano. Y es que todo encuentro es siempre en realidad cosa de dos. Aunque sea uno el que se arrime, el otro tiene que hacerle hueco.
    </p><p class="article-text">
        Un nuevo camino hacia el reencuentro entre flamenco y trovo ya se est&aacute; allanando. Es el trovo el que sale ahora al encuentro, liberando sus formas expresivas e interviniendo sobre el fraseo y la interpretaci&oacute;n del cante. As&iacute; se declaraba y ejecutaba el pasado viernes en La Uni&oacute;n: cualquier cante flamenco puede y quiere ser repentizado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicente Muñoz-Reja]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Mar 2018 12:16:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aflamencar el trovo, repentizar el cante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Unión,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rocío Márquez: de Murcia al cometa, y vuelta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rocio-marquez-murcia-cometa-vuelta_1_2254713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02f49c6f-edf3-450c-9f9c-f290363075bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rocío Márquez: de Murcia al cometa, y vuelta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cantaora ofreció un repertorio flamenco clásico en Ribera de Molina, acompañada de la guitarra de Miguel Ángel Cortés.</p></div><p class="article-text">
        Cuando ni&ntilde;a, Roc&iacute;o era tan rubia que pasaba por guiri. Cuentan que en su primera actuaci&oacute;n en el tablao de la Carboner&iacute;a de Sevilla qued&oacute; todo el mundo confundido. Al llegar pregunt&oacute; por el guitarrista para empezar a prepararse, pero all&iacute; pensaban que ven&iacute;a de juerga. &ldquo;La ni&ntilde;a rubia est&aacute; buscando a los artistas&rdquo;, bromeaba Jose el Zamorano. Al rato cant&oacute; la ni&ntilde;a y se acab&oacute; la broma. A Jose aquello lo dej&oacute; fuera de &oacute;rbita por unos d&iacute;as. Al final de la noche le preguntaron que qu&eacute; le hab&iacute;an parecido los fandangos, y &eacute;l respond&iacute;a: &ldquo;ha sonado como si la tierra se estuviera abriendo bajo cascos de caballos al trote; pero no de dolor, se abr&iacute;a de gusto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy lo dif&iacute;cil para Roc&iacute;o M&aacute;rquez es que no la reconozcan&ndash;despu&eacute;s de cuatro trabajos discogr&aacute;ficos y una inenarrable lista de actuaciones y reconocimientos fuera y dentro del mundo del flamenco. El pasado fin de semana par&oacute; en Murcia y actu&oacute; dos veces junto con la guitarra de Miguel &Aacute;ngel Cort&eacute;s: la noche del s&aacute;bado 24 y el mediod&iacute;a del domingo 25. Ven&iacute;a de Toulouse y antes de que termine Febrero cantar&aacute; en Jerez. En esta ocasi&oacute;n hemos tenido la suerte de recibirla casi como en casa, en familia: un pu&ntilde;ado de gente, acogidos por el centro cultural Tejemaneje, emplazado en Ribera de Molina. Cant&oacute; sobre una loma desde donde se divisa la Vega Media entera y al poniente. De la an&eacute;cdota de la ni&ntilde;a guiri de la Carboner&iacute;a algo queda. A Roc&iacute;o ya la conocemos en todos sitios, pero sigue poniendo cabezas fuera de &oacute;rbita por donde pasa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Abri&oacute; desde Cuba, con unas guajiras cuyas letras podemos encontrar (casi todas) en el disco <em>El Ni&ntilde;o</em>. Vino despu&eacute;s hasta Granada, para recoger a Miguel &Aacute;ngel por tangos, y se detuvo all&iacute; un momento con unos versos que grab&oacute; en <em>Claridad, </em>encabalgando tangos, tanguillos y guajiras. Estos dos primeros cantes (guajiras y tangos) se suceden amablemente, con naturalidad, quiz&aacute;s porque la m&eacute;trica literaria de las guajiras es especialmente compatible con la de los tangos (esos ecos los explor&oacute; El Piyayo). Resuelve finalmente el tercio metiendo por buler&iacute;as el tango argentino &ldquo;Chiquil&iacute;n de Bach&iacute;n&rdquo;, de Piazzolla y Ferrer. Se nota, incluso para quienes no sabemos, que detr&aacute;s del orden en que se suceden los cantes se esconde una precisa y cuidadosa voluntad expresiva. Roc&iacute;o M&aacute;rquez nos est&aacute; llevando a un sitio al que queremos ir, pero no sabemos todav&iacute;a d&oacute;nde queda.
    </p><p class="article-text">
        Tras esto, dos letras por peteneras nos atraviesan como un rayo. &ldquo;Quisiera yo renegar / de este mundo por entero / volver de nuevo a habitar / por ver si en un mundo nuevo / encontrara m&aacute;s verdad&rdquo;. Las falsetas de Miguel &Aacute;ngel son a la vez ox&iacute;geno y combustible. Entre la gente se empiezan a notar temblores, se escuchan carraspeos. Pasan por fin al Romance a C&oacute;rdoba, que marca un hito en la exploraci&oacute;n que Roc&iacute;o M&aacute;rquez ha hecho de Pepe Marchena. En la grabaci&oacute;n original, Marchena recita por momentos, y por momentos canta. Roc&iacute;o ha hecho suya esta pieza, modificando m&iacute;nimamente las transiciones entre los fragmentos recitados y los cantados, acomodando los cambios a su gusto, a lo que le pide la garganta. Hay puntos en los que es imposible discernir si est&aacute; hablando o si est&aacute; cantando. En o&iacute;dos de quien lo escucha, el efecto sensorial es inaudito. Da igual cu&aacute;ntas veces lo escuches, te va a sonar siempre nuevo, distinto.
    </p><p class="article-text">
        Ahora tambi&eacute;n resulta patente que ella est&aacute; disfrutando. Conoce tan bien la pieza que se est&aacute; olvidando de s&iacute; misma. Parece estar pasando de cantar a escucharse, y al escucharse, parece que est&aacute; entendiendo lo que el romance dice por su boca, casi como si ya no supiera que es ella misma la que canta. Este paso del aspecto activo y determinante (cante) al contemplativo y receptivo (escucha) es crucial. Garc&iacute;a Lorca lo explicaba muy bien: es necesario olvidarse de la forma para que la forma tome tierra y se haga carne.
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        Estamos en el medio d&iacute;a del recital y la expresi&oacute;n encuentra aqu&iacute; su hogar nativo. &iquest;Sabe Roc&iacute;o, como los antiguos griegos, que hay una tendencia en las cosas a encontrar un centro, como hacia la mitad del camino, justo antes de llegar o tras empezar a volver? S&iacute; que lo sabe. Todo lo que no quiere acabarse trata de detenerse antes del final, antes de acelerar para volver, siempre hacia un nuevo comienzo.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; entonces la milonga marchenera de la &ldquo;&Eacute;poca del Cometa&rdquo;. Los all&iacute; presentes nos vimos arrastrados por la estela del &ldquo;cometa ensangrentao&rdquo;, cometa que giraba sobre esa cabeza rubia, rub&iacute;sima, que era tambi&eacute;n el Sol que nos hab&iacute;a puesto en &oacute;rbita. Est&aacute;bamos ya todos a merced de un mismo movimiento. Se nos iba el cuerpo con el comp&aacute;s, y se nos animaba cuando se animaba la guitarra, y se nos apagaba cuando se apagaba la voz. Aunque estaba all&iacute;, no puedo rememorar esto con nitidez. S&iacute; recuerdo la secuencia de tonos que a veces musita Roc&iacute;o (y que te permitir&iacute;a identificarla en medio de una multitud). Recuerdo tambi&eacute;n ver las caras de los dem&aacute;s y avergonzarme al pensar c&oacute;mo se me habr&iacute;a quedado la m&iacute;a.
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        Alguien entre el p&uacute;blico dijo al t&eacute;rmino de la milonga: &ldquo;nos vais a matar&rdquo;. Pues ah&iacute; va. Despu&eacute;s de la milonga, por levante: los fragmentos de &ldquo;Eleg&iacute;a&rdquo; de Miguel Hern&aacute;ndez que cantaba Enrique Morente, y lo que &eacute;l llamaba tarantas primitivas, un trovo por tarantas de El Algar de Cartagena&hellip; &iexcl;qu&eacute; hab&iacute;a cantado antes tambi&eacute;n Marchena! &ldquo;Dime el hombre por qu&eacute; muere / y los astros por qu&eacute; se mueven&rdquo;. O estamos muertos, o con los astros. Es lo mismo. Desde el firmamento ve&iacute;amos c&oacute;mo Murcia llegaba hasta Guardamar del Segura. Muere porque muere y se mueven porque se mueven. Alguien vuelve a hablar entre el p&uacute;blico: &ldquo;ya estamos muertos, ya pod&eacute;is hacer lo que quer&aacute;is&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Expiramos. Tratamos de recuperar aliento, sin mucho &eacute;xito. Pero viene el &uacute;ltimo tercio, y Roc&iacute;o empieza a devolvernos a la tierra suavemente con dos coplas metidas por buler&iacute;as (&ldquo;Me embrujaste&rdquo; y &ldquo;Se nos rompi&oacute; el amor&rdquo;). Y sin embargo, hab&iacute;a a&uacute;n una sorpresa antes de tocar la atm&oacute;sfera y cerrar por caracoles: unas seguiriyas aceleradas a doble tiempo. &Aacute;giles, s&oacute;lidas y geom&eacute;tricas.
    </p><p class="article-text">
        Roc&iacute;o y Miguel &Aacute;ngel comentaron luego que ten&iacute;an que volver sobre esas seguiriyas. Estaban tan a gusto que en la ejecuci&oacute;n hab&iacute;an introducido novedades involuntariamente. Parece que ni siquiera ellos ten&iacute;an todo el control sobre la &oacute;rbita. A ver qu&eacute; nos traen cuando la trayectoria del cometa vuelva a cruzar el surlevante. Aqu&iacute; seguimos tomando tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicente Muñoz-Reja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rocio-marquez-murcia-cometa-vuelta_1_2254713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Feb 2018 11:46:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rocío Márquez: de Murcia al cometa, y vuelta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rocío Márquez,Música]]></media:keywords>
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