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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Aguilar]]></title>
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      <title><![CDATA[Wagensberg y el luto de Einstein]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/wagensberg-luto-einstein_129_2242422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b293e98-1607-4821-8fc1-eb59e2f7ff5e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Wagensberg y el luto de Einstein"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La influencia de Wagensberg tenía tres sólidas bases: su curiosidad infinita, su brillantez e inteligencia y su sentido del humor</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; inventen ellos!&rdquo; exclam&oacute; Unamuno a comienzos del siglo XX, en plena pol&eacute;mica con Ortega por la europeizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Ese desd&eacute;n hacia la ciencia y la t&eacute;cnica, que podr&iacute;amos rastrear hasta Trento, es una de las cosas que afortunadamente ha cambiado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En ese cambio de actitud, result&oacute; imprescindible la labor de Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948), fallecido ayer en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        La influencia de Wagensberg ten&iacute;a tres s&oacute;lidas bases y otras tantas ramas. Las bases eran su curiosidad infinita, su brillantez e inteligencia y su sentido del humor. Las ramas: la acad&eacute;mica, como profesor de Teor&iacute;a de los Procesos Irreversibles en la Universidad de Barcelona; la museogr&aacute;fica, desde el museo de la ciencia de Barcelona, que bajo su direcci&oacute;n se convertir&iacute;a en el actual CosmoCaixa; y la editorial, como director de la colecci&oacute;n Metatemas en Tusquets Editores, una de las colecciones de referencia en divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica en castellano.
    </p><p class="article-text">
        Su formaci&oacute;n laica (era hijo de inmigrantes jud&iacute;os) en la Espa&ntilde;a nacionalcat&oacute;lica le permiti&oacute; mantenerse alejado de cualquier dogmatismo. La lectura de las aventuras del Kon Tiki le llev&oacute; hacia las ciencias y se licenci&oacute; en Fis&iacute;cas en 1972 en la Universidad de Barcelona, donde se doctor&oacute; en 1976 y donde fue profesor desde 1981 hasta su jubilaci&oacute;n hace un par de a&ntilde;os. Sin embargo, curioso impenitente, sus publicaciones cient&iacute;ficas son de lo m&aacute;s variopinto, ya que responden fundamentalmente a sus intereses. As&iacute;, trat&oacute; temas de termodin&aacute;mica, matem&aacute;tica, biof&iacute;sica, microbiolog&iacute;a, paleontolog&iacute;a, entomolog&iacute;a, museolog&iacute;a cient&iacute;fica y filosof&iacute;a de la ciencia.
    </p><p class="article-text">
        En la efervescente Barcelona de los 70 y los 80, palabras como multidisciplinar y transversal no ten&iacute;an el aura que poseen ahora, sin embargo, Wagensberg encontr&oacute; el veh&iacute;culo perfecto para apostar por una tercera cultura que combinara las artes y las ciencias: la colecci&oacute;n Metatemas que cre&oacute; con Beatriz de Moura. El cat&aacute;logo de la colecci&oacute;n es fastuoso, gracias al talento y los conocimientos de Jorge y el hecho de que era un campo casi virgen para las editoriales espa&ntilde;olas. Quiz&aacute; el m&aacute;s emblem&aacute;tico sea precisamente &ldquo;La tercera cultura&rdquo;, el libro dirigido por John Brockman, pero una breve enumeraci&oacute;n de algunos autores es sobrecogedora: Einstein, Lorenz, Gell-Mann, Feynman, Hofstadter, Schrodinger, Jay Gould, Monod, Dawkins, De Waal, Mandelbrot, Watson, Margulis, Lovelock, Dyson, Popper, Crick, Wiener, Prigogine.
    </p><p class="article-text">
        En 1991, la Fundaci&oacute;n La Caixa le ofreci&oacute; hacerse cargo del Museo de la Ciencia de Barcelona. Esa colaboraci&oacute;n tuvo su fruto m&aacute;s espectacular en CosmoCaixa, el maravilloso museo que se inaugur&oacute; en 2006. Lleno de juegos y de ideas, es la experiencia muse&iacute;stica m&aacute;s divertida imaginable, en la que conceptos complejos son explicados (y demostrados) jugando, y adultos con barba y bigote acaban tan fascinados como sus hijos con experimentos sencillos sobre el movimiento browniano o la estructura de los nidos de distintos tipos de ave. Nos quedaremos con la curiosidad de saber c&oacute;mo hubiera logrado asombrarnos con el proyecto del Hermitage de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Autor de m&aacute;s de 20 libros y colaborador frecuente en prensa, una buena manera de disfrutar de Wagensberg es leerlo. Sus estupendas memorias &ldquo;Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s&rdquo; casi equivalen a una cena con &eacute;l, uno de los mejores conversadores de una ciudad llena de buenos conversadores. Era capaz de ilustrar casi cualquier ley f&iacute;sica con una an&eacute;cdota divertida, acompa&ntilde;ada de un inveros&iacute;mil movimiento de sus cejas. Una de mis dos historias favoritas de su repertorio es la de la madre jud&iacute;a que regala a su hijo por su cumplea&ntilde;os dos corbatas. Al d&iacute;a siguiente que comen juntos, el hijo se pone una de las corbatas; nada m&aacute;s abrir la puerta la madre le mirar decepcionada y exclama &ldquo;O sea, que la otra no te gusta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La otra le sucedi&oacute; en un viaje a Chile, cuando tras una conferencia recibi&oacute; la misteriosa invitaci&oacute;n de un millonario local tambi&eacute;n con apellido de origen alem&aacute;n. Lleg&oacute; a una mansi&oacute;n y le hicieron pasar a la biblioteca para esperar a su anfitri&oacute;n. Para hacer tiempo repas&oacute; los libros expuestos, y para su asombr&oacute; encontr&oacute; una amplia representaci&oacute;n de los cl&aacute;sicos del nazismo. En ese momento apareci&oacute; su anfitri&oacute;n, y con una fr&iacute;a excusa Jorge se despidi&oacute; y sali&oacute; apresurado: los dos entendieron perfectamente el equ&iacute;voco.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la p&eacute;rdida para la ciencia y su papel p&uacute;blico en la sociedad, que al final depende de la divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica, de cu&aacute;nto los cient&iacute;ficos se hagan entender por los dem&aacute;s, la temprana muerte de Wagensberg supone otro paso m&aacute;s en la desaparici&oacute;n de la Barcelona efervescente y rebosante de ideas y creatividad que marcaba el camino de Espa&ntilde;a hacia la modernidad. Desde hace muchos a&ntilde;os, un mu&ntilde;eco de Einstein de tama&ntilde;o natural presid&iacute;a la entrada del museo de la Ciencia, en su sede antigua, en la temporal del Palacio Macaya y en la actual. Refrendando la compatibilidad wagensbergiana de ciencia y juego, casi todos los grandes cient&iacute;ficos que pasaban por all&iacute; ped&iacute;an alborozados hacerse una foto con el mu&ntilde;eco. Desde hoy y durante una semana ese mu&ntilde;eco y dos compa&ntilde;eros recientes, Marie Curie y Charles Darwin, llevan unos crespones negros en honor al ex director del Museo. Creo que no cabe mejor homenaje para Jorge Wagensberg que el luto de Einstein.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/wagensberg-luto-einstein_129_2242422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Mar 2018 12:44:22 +0000]]></pubDate>
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