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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Casielles]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura_casielles/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Casielles]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Borrador para un diccionario del amor aquí y ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/borrador-diccionario-amor-ahora_1_12856653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e690fcb5-9394-425f-8d67-80a4239731d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Borrador para un diccionario del amor aquí y ahora"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Es posible un nuevo léxico que alcance a este azaroso y siempre escurridizo sentimiento en construcción?</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Ah!.</strong> &ldquo;Pero ah, el amor, esa palabra&hellip;&rdquo;. Esta frase que parece escuchada por casualidad en cualquier parte, en realidad lleva clavada en mi cabeza hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os como una cita muy concreta. Es el comienzo de un pasaje de &lsquo;Rayuela&rsquo; de Cort&aacute;zar, ese libro del que tantas y tantos salimos con una idea del amor como un juego de azares y de fantasmas. Con el tiempo nos hemos ido desprendiendo de buena parte de esa mirada, ya no queremos que amar sea andar penando por la ciudad. Pero, aun as&iacute;, ah, el amor, esa palabra&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Borrador.</strong> En 1975, la referente del pensamiento feminista y lesbiano Monique Wittig se fue con una amante, Sande Zeig, a una isla griega, y se pasaron el verano jugando. El resultado fue &lsquo;Borrador para un diccionario de las amantes&rsquo;, un libro delicioso que despliega un mundo distinto, habitado solo por mujeres, cuya historia y pensamiento se deja entrever a trav&eacute;s de sus palabras. Como en &eacute;l, usamos la palabra &ldquo;borrador&rdquo; como una declaraci&oacute;n de intenciones: este diccionario es necesariamente subjetivo y no exhaustivo, algo azaroso, siempre en construcci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuidado.</strong> Palabra fetiche, maltratada e indispensable. La usamos para todo y se nos va gastando un poco. Sigue siendo, sin embargo, capaz de apuntar al &aacute;tomo del amor, la unidad m&aacute;s peque&ntilde;a en la que se atisba: una tierna atenci&oacute;n a lo que otra persona necesita, un hacerse cargo de que se resuelva, un estar en lo nimio para que lo grande y lo grave y lo ingrato se pueda habitar. &ldquo;Te proteger&eacute; de los miedos a la hipocondr&iacute;a (&hellip;)/ De las injusticias y las mentiras de tu tiempo / De los fracasos que por tu talante f&aacute;cilmente atraer&aacute;s&rdquo;, cantaba Battiato en una canci&oacute;n que se titulaba as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Doler, dolor.</strong> &ldquo;Si duele, no es amor&rdquo;, escuchamos mucho a menudo. Bueno. Si da&ntilde;a adrede es mal amor, si duele todo el rato es mala idea. Pero quiz&aacute; no haya modo de escapar de que duela algo que pasa por encontrarse con vulnerabilidad, explorar la hondura, intentar lo mejor. Quiz&aacute; no haya, siquiera, que escapar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esto.</strong> &ldquo;Esto y esto y esto. Y esto que llega a m&iacute; en calidad de inocencia hoy&rdquo;: as&iacute; defin&iacute;a Juan Larrea lo que era la poes&iacute;a para &eacute;l. Dir&iacute;a que tambi&eacute;n aplica al amor. &ldquo;Quien lo prob&oacute; lo sabe&rdquo;, le responde, a trav&eacute;s de los siglos, aquel otro poema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Feminismo.</strong> Hay preguntas que, una vez vistas, ya no podemos dejar de hacernos. Las que trae consigo el feminismo son de ese pelaje. Por eso, el amor en este siglo no puede sino estar habitado por ellas. Son las preguntas de c&oacute;mo seguir queriendo en un entramado de desigualdades y violencias, c&oacute;mo esquivarlas, c&oacute;mo construir fuera de ah&iacute;. Son las preguntas por la libertad y la autonom&iacute;a, las preguntas por el deseo y el goce, las preguntas por la justicia. Respecto a las respuestas, solo sabemos una cosa: se dibujan en el hacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Grulla.</strong> Diez d&iacute;as despu&eacute;s de cancelar su boda, la escritora J.D. Hauser se fue a ver aves con una excursi&oacute;n. Lo cuenta en &lsquo;La novia grulla&rsquo;, un libro que gira en torno a varias met&aacute;foras sobre ese animal. Pero mi an&eacute;cdota favorita tiene por protagonista a otro: el jabal&iacute;. La autora cuenta que cada noche sol&iacute;an ver algunos. Hac&iacute;an apuestas: &ldquo;Normalmente, ve&iacute;amos cuatro, yo esperaba ver cinco, pero apost&eacute; que ser&iacute;an tres, pensando que era lo m&aacute;ximo que pod&iacute;a esperar&rdquo;. Vieron veinte. &ldquo;Y, en medio de la celebraci&oacute;n, me di cuenta de que era muy triste haber apostado tan poco. De que ni siquiera me permit&iacute;a imaginar que pudiera recibir tanto como esperaba&rdquo;. &iquest;T&uacute; cu&aacute;nto sue&ntilde;as que ver&aacute;s, que vivir&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        <strong>(h)amor.</strong> En 2015, la editorial Continta Me Tienes le puso una h entre par&eacute;ntesis al amor y sac&oacute; un libro que titul&oacute; as&iacute;. La idea se convirti&oacute; en una colecci&oacute;n, que tiene ya diez vol&uacute;menes. Algunos son tem&aacute;ticos: (h)amor propio, (h)amor bi(y)bollo, (h)amor de madre, (h)amor trans... Todos son colectivos y los define una perspectiva cr&iacute;tica, diversa, desafiante. Si se ponen juntos, forman una pila multicolor, una biblioteca indispensable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Isla de las Tentaciones.</strong> La premisa del programa os sonar&aacute;: es un reality show al que acuden parejas para probar su fidelidad. Separados temporalmente, conviven en casas de lujo con solteros o solteras que tratan de tentarles. Cada cual puede ver, puntualmente, im&aacute;genes de lo que hace la otra persona. Y obrar en consecuencia, se supone. Su &uacute;ltima temporada, la octava, la vieron casi cuatro millones de personas. La mitad de ellas, menores de 25 a&ntilde;os. Qu&eacute; podr&iacute;a salir mal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jerarqu&iacute;a.</strong> Si nos ponemos a cuestionar lo que est&aacute; mandado en t&eacute;rminos de amor, lo m&aacute;s dif&iacute;cil de deshacer quiz&aacute; sea esa escalera de valores que arma todo el tinglado en torno a la pareja y la familia. Amistades, comunidades, toda compa&ntilde;&iacute;a de otra clase queda relegada a la periferia de lo menos importante, de lo menor. Cuando intentamos desafiarlo, las hipotecas y las bajas laborales y las decisiones hospitalarias y las ofertas de ocio y casi cualquier cosa se nos ponen en contra. Y hasta nos miran raro por preguntar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Kil&oacute;metros.</strong> Alabados sean en su divina labor los alsas y los ryanaires, el cercan&iacute;as que va de tu casa a la m&iacute;a, todos los blablacares de la pasi&oacute;n. La distancia no es olvido, nunca, no. (Pero c&oacute;mo cansa).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Liberalismo. </strong>No podemos desprendernos del software que nos conforma el pensamiento igual que nos quitamos la ropa. Y, lo queramos o no, el que traemos puesto de f&aacute;brica en este tiempo est&aacute; hecho de consumo, de urgencia, de s&aacute;lvese quien pueda, de inter&eacute;s, de cinismo, de una fuerte costumbre de usar y tirar. &iquest;C&oacute;mo hacemos para que no se nos meta en la cama todo esto tambi&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Monogamia.</strong> Una cosa es el amor y otra muy distinta sus estructuras. Cuando cuestionamos la monogamia hay un matiz importante: no se trata solo, ni sobre todo, de la apuesta porque la sexualidad y el afecto no tengan necesariamente que darse exclusivamente con una persona. Lo interesante empieza m&aacute;s bien al considerar que ese organizarse de a dos, con el amor de pareja como centro de las construcciones vitales, constituye un sistema que deja fuera muchas otras posibilidades: quiz&aacute; m&aacute;s gozosas, quiz&aacute; m&aacute;s estables, quiz&aacute; m&aacute;s libres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ni&ntilde;xs.</strong> Dicen los peri&oacute;dicos que cada vez menos. Dicen los an&aacute;lisis que cada vez m&aacute;s tarde. Dicen unas amigas que qu&eacute; felices. Dicen otras amigas que no tan bien. Dicen otras m&aacute;s que qu&eacute; ganas, qu&eacute; angustia, que qu&eacute; pena. Dicen nuestros padres que si hemos considerado lo bastante la decisi&oacute;n de no tenerlos. O de que s&iacute;. Dice Instagram que mira esta cl&iacute;nica. Dicen que gatos y perretes tambi&eacute;n, que nuevas familias interespecie. Dicen que tic tac. Dicen que qu&eacute; dices. No s&eacute; qu&eacute; decir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otra.</strong> &ldquo;Me enamoro de una persona que es una persona otra. Quiero que nos una la fuerza que hace s&oacute;lida la materia. Es de esperar llaga profunda como cauce de r&iacute;o&rdquo;. En su &uacute;ltimo libro, &lsquo;Con&rsquo;, la poeta Miriam Reyes hace ese hallazgo que es evidente como tantas de las cosas geniales: la formulaci&oacute;n de &ldquo;persona otra&rdquo; para referirnos a esa a la que amamos y con la que nos intentamos relacionar. De esa distancia insalvable nacen, bic&eacute;falos, el deseo y el desencuentro: eso es algo que conviene no olvidar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Publ&iacute;calo (en redes sociales).</strong> Nos hemos desprendido de rituales, de se&ntilde;ales. Ni anillos, ni bodas, ni la palabra &ldquo;novia&rdquo;, ni juntar a las familias en las fiestas de guardar. Pero el animalito que nos habita y que pide estabilidad y reconocimiento siempre encuentra nuevos caminos que transitar. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; nunca pones fotos m&iacute;as en Instagram?&rdquo; &ndash;escuchamos entonces&ndash;&nbsp;&ldquo;&iquest;No te parece que es el momento de dar ese paso ya?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Querer.</strong> Pese a todo, sigue siendo un verbo. Transitivo o no, con m&aacute;s o menos complementos. Querer(te/le/les), querer hacer cosas, quererse mucho, bien o mal, querer m&aacute;s o menos, o no querer m&aacute;s. Un verbo, no una idea flotante. Un verbo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rupturas.</strong> Hace ya un tiempo largo &ndash;desde que el divorcio empez&oacute; a ser posible, al menos&ndash; que la asunci&oacute;n de que el amor no es para siempre es el punto de partida de las relaciones. Es todo un cambio, si lo piensas. Lanzarse al mar sabiendo que el agua seguramente se evapore en alg&uacute;n momento, pero aun as&iacute; lanzarse. Probablemente, todas estas palabras se resuman ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seducci&oacute;n.</strong> Una novela titulada as&iacute;, &lsquo;La seducci&oacute;n&rsquo;, ha puesto una lamparita sobre esta palabra, que dormitaba desde hace un tiempo con cierta capa de polvo por encima. Su autora, Sara Torres, dio en el clic de recordar que no hay ninguna raz&oacute;n por la que esa noci&oacute;n bella tuviera que quedar asociada a la depredaci&oacute;n de los donjuanes: que pod&iacute;a recuperar su car&aacute;cter de dulzura, lentitud, ilusi&oacute;n y misterio. Y que eso, en un mundo que todo lo lee en t&eacute;rminos de caza, tiene bastante de transformador.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tinder. </strong>O Bumble, Wapa, Grindr, OkCupid, la que a ti te guste. La infinita esperanza de que hay alguien esper&aacute;ndote al alcance de un clic. La posibilidad de elegir c&oacute;mo contarte: c&oacute;mo querr&iacute;as ser. La frustraci&oacute;n de que no funcione. O el milagro de que s&iacute;. Izquierda, derecha, match: cuidado con pensar que la vida funciona como un cat&aacute;logo de opciones. A la gente no se la puede apagar como se apaga un tel&eacute;fono.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ubicuas.</strong> Es una exigencia contempor&aacute;nea: estar en todas partes, llegar a todo. Versiones online de cada cosa para no fallar a nada, videollamadas sustitutorias de presencias, taxis atravesando jadeantes la ciudad. Tambi&eacute;n en el amor nos habita una absoluta, irreal demanda de estar en varios sitios al mismo tiempo. Tener el cuerpo en el mismo sitio que la cabeza, sin embargo, tambi&eacute;n nos podr&iacute;a sentar bien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vivienda.</strong> Cuando Mar&iacute;a Merc&eacute; Mar&ccedil;al escrib&iacute;a aquello de &ldquo;la sombra de mi amor sin casa&rdquo;, no se refer&iacute;a a este sinvivir de alquileres imposibles que no permiten hacer la vida como se anhela. Hay una econom&iacute;a del amor y la casa es una de las varas que la mide. &iquest;Qu&eacute; significa &ldquo;amor&rdquo; si no podemos decidir separarnos porque no podemos pagar dos alquileres? &iquest;Si no podemos emanciparnos para construir un proyecto com&uacute;n? &iquest;Qu&eacute; saldr&aacute; por la ventana de un pisito demasiado peque&ntilde;o?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>5W.</strong> Qu&eacute;, qui&eacute;n, c&oacute;mo, cu&aacute;ndo, d&oacute;nde. Como en el periodismo, en el amor conviene mantenerse en la pregunta. No con la duda sorda de la incertidumbre. S&iacute; con el asombro a punto de lo que no damos por sentado, y acogemos con agradecimiento cada vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>X.</strong> Bajo los neones del pornocapitalismo, nada parece estar oculto. El sexo ya no se esconde en salas oscuras. Al contrario: est&aacute; por todas partes, perseguirlo es casi un mandato. Pero no es ning&uacute;n secreto que eso tambi&eacute;n nos desactiva, nos bloquea, nos satura y nos aleja de lo que nuestro cuerpo nos pueda estar dando a escuchar. Si nos vamos un rato, si cerramos los ojos al hiperest&iacute;mulo, &iquest;qu&eacute; deseo aparece? &iquest;Qu&eacute; nos invita a buscar?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Yo.</strong> &iquest;C&oacute;mo encontrar el equilibrio entre darse y no perderse? &iquest;Marcar los l&iacute;mites adecuados pero no imponerse? &iquest;Priorizarse sin ser ego&iacute;sta? No se puede amar sino desde el yo: cuando nos dejamos diluir empiezan los problemas. Pero mucho yo no hay quien lo aguante. Nadie dijo que fuera f&aacute;cil, no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Zapatillas.</strong> De andar por casa. Es uno de los regalos m&aacute;s simb&oacute;licos que he hecho. Alguien regresaba a la ciudad tras una larga temporada viviendo fuera. Iba a quedarse en mi piso hasta que encontrase otro lugar. Las cosas no parec&iacute;a que fueran a ser f&aacute;ciles en adelante &ndash;y no, no lo fueron&ndash;, pero pens&eacute; que podr&iacute;a gustarle encontrarlas al llegar. Ah&iacute;, bajo la mesa, de fieltro azul, como diciendo la palabra &ldquo;bienvenida&rdquo;. He adquirido una costumbre, en estos a&ntilde;os: cuando nos enfadamos o no viene por casa un tiempo largo, escondo esas zapatillas en alguna parte, para no verlas. Pero lo cierto es que, luego, siempre las vuelvo a sacar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Casielles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/borrador-diccionario-amor-ahora_1_12856653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Dec 2025 18:59:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Borrador para un diccionario del amor aquí y ahora]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Mamá, ¿te puedes sentar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mama-puedes-sentar_129_2235447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Eso que se entiende normalmente por “trabajo” puede pararse, pero la vida no: esa otra huelga es necesaria, precisamente, por los propios motivos que muestra</p><p class="subtitle">La producción se puede interrumpir, pero los niños no dejan de mamar, los ancianos no dejan de mearse. Y todo lo demás también</p></div><p class="article-text">
        <em>&iquest;Mam&aacute;, te puedes sentar?</em> Que tire la primera piedra quien no haya dicho esta frase, con tono exasperado, en una reuni&oacute;n familiar o una visita, la pasada Navidad o el &uacute;ltimo domingo. <em>Mam&aacute;, por favor, en serio, ya lo hago yo. </em>Pero mam&aacute; no para, porque siempre hay una tarea pendiente y, si no la hay, podemos inventarla: siempre es posible limpiar los cristales que ya est&aacute;n limpios, descolgar las cortinas para lavarlas.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos mucho de la huelga laboral, pero la dif&iacute;cil es la otra. Los huecos que cuenta la patronal, al fin y al cabo, nos resultan m&aacute;s sencillos de incorporar. Quiz&aacute; porque eso que se entiende normalmente por &ldquo;trabajo&rdquo; puede pararse, pero la vida no: esa otra huelga es necesaria, precisamente, por los propios motivos que muestra. La producci&oacute;n se puede interrumpir, pero los ni&ntilde;os no dejan de mamar, los ancianos no dejan de mearse. Y todo lo dem&aacute;s tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Contaba una amiga hace unos d&iacute;as como, cuando sus padres hablaban sobre la huelga, su madre se refiri&oacute; a cocinar a mediod&iacute;a: <em>bueno, mujer, pero la comida la hago, si eso no me cuesta nada.</em> Porque <em>no nos cuesta nada</em>, porque <em>total qu&eacute; m&aacute;s da</em>, porque <em>es m&aacute;s f&aacute;cil hacer que mandar</em>, lo seguimos haciendo. Es por eso por lo que el bicho dentro crece y por lo que, pese a la corresponsabilidad, pese a los aliados, pese a los avances, tantas cosas no cambian.
    </p><p class="article-text">
        Hay un gran enemigo de esta huelga, m&aacute;s fuerte que cualquier patronal, m&aacute;s intimidatorio que toda polic&iacute;a: la culpa. Esa gran traba que, desde dentro, nos impide a cada rato caminar hacia otras vidas posibles. En estos d&iacute;as de militancia y razones, muchos hombres preguntan c&oacute;mo hacer la huelga. Preocupados, intentan encontrar el modo de sostener, el modo de colaborar, el modo de ser parte. Mientras, muchas mujeres preguntan c&oacute;mo hacer, tambi&eacute;n: preguntan c&oacute;mo sumarse a la huelga y, a la vez, no fallar a lo que, pese a todo, siguen &ndash;seguimos&ndash; sintiendo como inexcusable.
    </p><p class="article-text">
        Me dec&iacute;a otra amiga, estos d&iacute;as de reflexionar: <em>&iquest;Has pensado que huelga de cuidados es tambi&eacute;n no mandar ese mensaje en que preguntas qu&eacute; tal? &iquest;Has pensado que tambi&eacute;n es dejar de sentir que le est&aacute;s fallando a este amigo, desatendiendo a tal persona que te necesita?</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sabes? Tampoco nosotras podemos parar. Nosotras que decimos, exasperadas, eso de <em>mam&aacute;, en serio, si&eacute;ntate ya</em>, no somos m&aacute;s capaces de estarnos quietas. Ni la liberaci&oacute;n sexual, ni la emancipaci&oacute;n econ&oacute;mica, ni nada de nada: tambi&eacute;n nosotras enredamos aceleradas el camino de las ocupaciones laborales, afectivas e identitarias. Otra amiga m&aacute;s me dec&iacute;a, hace unas semanas: <em>Estoy en un bar, tom&aacute;ndome una copa sola; si suelto el m&oacute;vil, no s&eacute; qu&eacute; hacer. </em>Otra:<em> &iquest;En qu&eacute; momento empezamos a sentirnos culpables por no trabajar en s&aacute;bado? </em>Una m&aacute;s: <em>&iquest;C&oacute;mo se hace para simplemente estar en un lugar, sin hacer necesariamente nada?</em>
    </p><p class="article-text">
        En la vida no hay campo de pruebas. Pero a veces, raras veces, se da la ocasi&oacute;n de un experimento. Esta huelga que se convoca para el 8M es la ocasi&oacute;n para probar a ver qu&eacute; pasa. Podemos ver una imagen ins&oacute;lita: la de mam&aacute; sentada. La de nosotras sentadas.
    </p><p class="article-text">
        De repente, se me aparece una pista. Hay un momento en el que hacemos algo as&iacute;: cuando estamos enfadadas. En un amor, por ejemplo. <em>No voy a escribirle, </em>decimos, <em>no voy a preguntarle ni qu&eacute; tal.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A lo mejor as&iacute; se entera, </em>decimos. <em>A lo mejor as&iacute; se entera de que todos los d&iacute;as estoy pendiente.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es, de alg&uacute;n modo, lo mismo. Ahora estamos enfadadas, muy enfadadas. Porque nos matan, porque nos silencian. Porque queremos otras vidas y estamos atrapadas en la rueda de no poder parar. Y nos parece que, tal vez, si paramos, se note. Y que algo pueda cambiar despu&eacute;s de la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra raz&oacute;n por la que la huelga de cuidados es dif&iacute;cil: porque es abrir el mel&oacute;n donde m&aacute;s cuesta, donde m&aacute;s conflicto causa. Al fin y al cabo, fuera de casa, muchas hemos aprendido a ser mujeres fuertes. Pero en la pareja, en la familia, en la amistad, es m&aacute;s dif&iacute;cil. Decir <em>hoy no doy la cena a pap&aacute;</em> desaf&iacute;a a la culpa. Decir <em>hoy dejo a la nena llorar</em> desaf&iacute;a a la inercia. Decir <em>hoy</em> <em>no te voy a preguntar c&oacute;mo est&aacute;s</em> desaf&iacute;a a un monstruo que vive dentro de lo que somos, y en el que habitan tanto la luz de los d&iacute;as como su sombra. Plantear con los hombres de nuestras vidas de qu&eacute; modo todo esto configura un sistema injusto de vida es, probablemente, lo m&aacute;s dif&iacute;cil de esta huelga.
    </p><p class="article-text">
        Pero es tambi&eacute;n, seguramente, su gran potencia. Rara vez en la vida hay campo de pruebas, pero aqu&iacute; una peque&ntilde;a, gran prueba de otra vida que ser&iacute;a posible. El ejercicio de imaginaci&oacute;n en el que este mal reparto de lo que nos sostiene funciona de otra forma.
    </p><p class="article-text">
        Paramos un d&iacute;a, aunque nos sea dif&iacute;cil, para que dejar de ir corriendo por los d&iacute;as no sea imposible de imaginar, para empezar, para nosotras mismas.
    </p><p class="article-text">
        Paramos un d&iacute;a, peleando contra toda la culpa, para aprender que es posible estarnos quietas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, mam&aacute;: si&eacute;ntate, porfa.
    </p><p class="article-text">
        Es por ti, pero es tambi&eacute;n por m&iacute;, y por todas.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que es dif&iacute;cil, pero vamos a tener que aprender a hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Casielles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mama-puedes-sentar_129_2235447.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Mar 2018 20:09:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mamá, ¿te puedes sentar?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Huelga feminista,8M]]></media:keywords>
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