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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Osuna]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_osuna/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Osuna]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La sororidad del instante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sororidad-instante_132_13049864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/831ba082-f3fc-4f8c-9df5-cbfbb514d6ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sororidad del instante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, con la situación tan dramática que estamos atravesando y ante lo que parece que se nos viene encima, puede que lo más necesario y urgente sea intentar ser generosas y compasivas con nosotras mismas y con aquellas con las que compartimos nuestra vida cotidiana</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de ti sin las mujeres que te sostienen a diario? &iquest;C&oacute;mo habr&iacute;as llegado hasta aqu&iacute; sin todas ellas? &iquest;En qu&eacute; tipo de mujer te hubieses convertido sin el amor y la compasi&oacute;n de las que han caminado a tu lado? De aquellas que te cuidaron, siguen cuid&aacute;ndote y lo har&aacute;n hasta el final. 
    </p><p class="article-text">
        Revisando este &uacute;ltimo a&ntilde;o, rebobinando los meses y los d&iacute;as como en una pel&iacute;cula, me vienen a la cabeza im&aacute;genes, instantes y escenas que repito todos y cada uno de mis d&iacute;as, casi sin darme cuenta; y en todas, de un modo u otro, aparecen y ocupan un lugar esencial las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres buenas que practican el feminismo y la sororidad no como un principio, un anhelo o un fundamento, sino, m&aacute;s bien, como una forma natural de acompa&ntilde;amiento, como un modo de reconocimiento honesto ante nuestras propias dificultades.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, he aqu&iacute; una especie de carta de agradecimiento, un texto sencillo y de gratitud, hacia todas las que, d&iacute;a a d&iacute;a, nos dedican el afecto que necesitamos para resistir. Las que practican el cuidado colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, con la situaci&oacute;n tan dram&aacute;tica que estamos atravesando y ante lo que parece que se nos viene encima, puede que lo m&aacute;s necesario y urgente sea intentar ser generosas y compasivas con nosotras mismas y con aquellas con las que compartimos nuestra vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos conciencia y construyamos juntas una especie de cubierta de sarmientos para resguardarnos. Como aquellas que elaboraban muchas de nuestras abuelas para proteger el corral o el huerto. Un espacio al que agarrarnos para no descender. 
    </p><p class="article-text">
        En este momento de conflictos, de auge de la extrema derecha, de violencia y de discurso del odio, solo nos queda reivindicar el cuidado y el apoyo mutuo; solo nos queda el feminismo y la sororidad del instante.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque es desde la oscuridad donde una puede hallar la luz, somos nosotras, las mujeres, las que estamos en peligro, las que podemos perder lo que parec&iacute;amos haber logrado.
    </p><p class="article-text">
        Hoy pienso en c&oacute;mo se cuidan las mujeres de mi pueblo. Las que labran la tierra, conocen el nombre de los p&aacute;jaros que revolotean durante las primeras horas del d&iacute;a, saben nombrar las plantas, podan los &aacute;rboles frutales y transmiten su sabidur&iacute;a, con humildad y paciencia, a las chiquillas y las j&oacute;venes del barrio.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me emociona el afecto de las mujeres que ahora tengo m&aacute;s cerca. Con las que convivo, con las que trabajo, con las que espero el autob&uacute;s, con las que comparto alegr&iacute;as, sin negar el dolor cotidiano. Mujeres que atraviesan la ciudad para criar a hijos con dificultades, pocos recursos y sin grandes facilidades para conciliar.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a resiste gracias a la ayuda de otras. Las que no ser&aacute;n recordadas por haber alcanzado grandes logros, recibido premios o dirigido ning&uacute;n proyecto relevante, sino por el amor y el cuidado hacia las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; podamos construir una sociedad m&aacute;s feminista desde lo m&aacute;s b&aacute;sico, desde lo cotidiano. Ojal&aacute; mirar atr&aacute;s y preguntarnos qu&eacute; mujeres somos, qu&eacute; mujeres queremos ser y en qui&eacute;nes queremos encontrarnos. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que muchas hab&eacute;is conseguido llegar a escenarios poderosos. Ahora que algunas os hab&eacute;is empoderado entrando en el abismo del patriarcado y poniendo en pr&aacute;ctica pol&iacute;ticas y modelos, como algunos hombres, poco feministas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Salir de un abismo y volver a entrar en &eacute;l, eso es la vida, &iquest;no?&rdquo;. Esto escribi&oacute; la poeta Emily Dickinson, una mujer que a lo largo de su vida envi&oacute; m&aacute;s de 200 poemas precisamente a otra mujer, su cu&ntilde;ada, Susan Huntington Gilbert, a quien quiso profundamente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Emily muri&oacute;, Susan cubri&oacute; su ata&uacute;d con orqu&iacute;deas y violetas. Las flores, como los r&iacute;os o los campos, guardan recuerdos, emociones y sensaciones que hoy nos unen a mujeres que ya no est&aacute;n. Nos conectan a versiones de nosotras mismas que se transformaron o cambiaron para siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Osuna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sororidad-instante_132_13049864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 20:17:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La sororidad del instante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M,Cantabria,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuidado como forma de combate femenino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuidado-forma-combate-femenino_132_12112846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48073299-1454-4261-bfc6-32b33b3f0dd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuidado como forma de combate femenino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Confío en que cuidándonos entre nosotras, tratándonos bien, consigamos una vida con menos sufrimiento. Creo en que, desde el cuidado cotidiano, el dolor femenino se cure y nuestros tropiezos sean más soportables</p></div><p class="article-text">
        Han pasado seis a&ntilde;os desde que escrib&iacute; un texto como el que escribo hoy coincidiendo con la celebraci&oacute;n del D&iacute;a Internacional de la Mujer. En este tiempo he visto morir a un padre, enfermar a un hermano y nacer a dos criaturas del vientre de una madre.
    </p><p class="article-text">
        He cuidado m&aacute;s que nunca. Por las ma&ntilde;anas, por las tardes, por las noches. Tambi&eacute;n mientras dorm&iacute;a. Por eso, en estos d&iacute;as de lucha, pienso con fuerza en la importancia de cuidarnos, de cuidarnos bien, y de cuidarnos entre nosotras. Y reivindico el cuidado como forma de combate femenino.
    </p><p class="article-text">
        A corto plazo no veo posible que algunos hombres dejen de maltratarnos, de acosarnos y discriminarnos. Tampoco veo factible lograr la igualdad real en nuestros salarios, en la conciliaci&oacute;n, en nuestra carrera profesional o en sectores como la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; conf&iacute;o en que cuid&aacute;ndonos entre nosotras, trat&aacute;ndonos bien, consigamos una vida con menos sufrimiento. S&iacute; creo en que, desde el cuidado cotidiano, el dolor femenino se cure y nuestros tropiezos sean m&aacute;s soportables.
    </p><p class="article-text">
        He buscado en el Diccionario de la lengua espa&ntilde;ola qu&eacute; significa la palabra sororidad y en su primera acepci&oacute;n la define como &ldquo;la amistad o el afecto entre mujeres&rdquo;; y en la segunda como &ldquo;la relaci&oacute;n de solidaridad&rdquo; que existe entre nosotras, especialmente en nuestra lucha por el empoderamiento.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es un d&iacute;a para cuidarnos, para dejar de tratarnos de forma brusca o desconsiderada, para dejar de maltratarnos a nosotras mismas y a las que tenemos enfrente.
    </p><p class="article-text">
        Despi&eacute;rtate, l&aacute;vate la cara, p&eacute;inate, v&iacute;stete, pon el calefactor, prepara el desayuno, coloca el mantel de cuadros que te dio tu abuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despi&eacute;rtalas, lava sus caras, p&eacute;inalas, v&iacute;stelas, dales el desayuno, quita el mantel, ponlo en la lavadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Acomp&aacute;&ntilde;alas a la puerta del colegio. Pregunta a tu vecina qu&eacute; tal ha dormido cuando te la encuentres en el ascensor. Agradece a la panadera que te vende, a diario, los panecillos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Saluda a la mujer que se sienta, cada d&iacute;a, a tu lado en el autob&uacute;s. Agradece a la mujer que limpia tu oficina (siempre es ella), que hoy haya sonre&iacute;do a pesar del cansancio.
    </p><p class="article-text">
        No te escondas en tu WhatsApp por miedo a escuchar a la mujer que te escribe. Ll&aacute;mala y cuida las palabras que le dices tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo poco m&aacute;s podemos hacer. Dejar que nos cuiden y cuidarnos a nosotras tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuidar es coser nuestras heridas, unir nuestros pliegues. Reparar para recomponernos. Y por eso hoy recuerdo con cari&ntilde;o los versos de la poeta cordobesa Ana Castro, (Pozoblanco, 1990), una activista que lucha por visibilizar el dolor de las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto dice Ana en las dos primeras estrofas de su poema &ldquo;Las Hilanderas&rdquo;, que forma parte del libro &ldquo;El cuadro del dolor&rdquo;, publicado en la editorial Renacimiento en 2017.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi hermana es la primera mujer de mi familia que no sabe coser. Perplejas, nos miramos las unas a las otras y nos culpamos en silencio. C&oacute;mo ha podido pasar, si las mujeres de mi familia arreglamos todo as&iacute;, cosiendo, si las mujeres de mi familia hilvanamos la aguja siempre a la primera y sentimos que as&iacute; se calma un poco el mundo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Comentamos este hecho aterradas y nos preguntamos c&oacute;mo ser&aacute; su vida cuando est&eacute; sola. C&oacute;mo criar&aacute; a sus hijos, c&oacute;mo cuidar&aacute; las plantas, c&oacute;mo se asomar&aacute; al balc&oacute;n, si no sabe coser. Nos parece imposible que sin saber coser una pueda salir adelante en la vida. Luego, nos acordamos de los tiempos de ahora, la vida moderna, y nos decimos que lo que importa no tiene arreglo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Osuna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuidado-forma-combate-femenino_132_12112846.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Mar 2025 21:58:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuidado como forma de combate femenino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un día ancho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dia-ancho_132_1661717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las palabras son esenciales, las palabras nos definen y nos salvan", me repetía mi abuela. Una vez me contó lo de su vecina, la que decía estar casada con un hombre bueno porque ni le pegaba ni le faltaba el respeto.</p></div><p class="article-text">
        Si pienso en la palabra <em>feminismo</em> pienso en mi abuela. La veo cosiendo y remendando la entretela de la camisa de mi abuelo. Un domingo cualquiera, por la tarde, en el brasero de su casa. Enhebraba la aguja con esmero y se colocaba el dedal en el extremo de alguno de sus dedos deformes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sol&iacute;a llevar una bata de color ocre, discreta como ella. Siempre se abrochaba los botones, ocho en total. Parec&iacute;an de madera. Y dejaba caer sobre sus hombros delgados una rebeca marr&oacute;n de hilo no muy fino, la &uacute;nica que ten&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Coser, leer, escribir con una caligraf&iacute;a impecable, regar las flores del patio, sacar agua del pozo, aclarar algod&oacute;n, planchar y hacer la masa de las croquetas. Todo eso sab&iacute;a hacer mi abuela. Y nunca se quejaba. &ldquo;Yo he venido a servir, no a que me sirvan&rdquo;, sentenciaba sin reparo y se quedaba tan a gusto. Era muy exagerada, la verdad, pero no he conocido a otra mujer tan buena, jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo me hablaba de lo importante que eran los libros, la m&uacute;sica y las clases de teatro que organizaban las mujeres del barrio, que acababan de crear una asociaci&oacute;n para promover el arte y la cultura entre las vecinas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es necesario acercar la cultura al pueblo&rdquo;, me dec&iacute;a. Pero yo sab&iacute;a que ella, lo que quer&iacute;a y anhelaba, era entregar la cultura a las mujeres, a las vecinas que como ella no hab&iacute;an podido ir a la escuela. &ldquo;No se trata de vulgarizar la cultura sino de entreg&aacute;rsela a la gente, sobre todo a quienes hasta ahora no han podido acceder a ella&rdquo;, y me recordaba a Machado: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil es/ cuando todo baja/ no bajar tambi&eacute;n!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Creo que nunca me habl&oacute; abiertamente del feminismo pero estoy convencida de que mi abuela era feminista, probablemente la primera que conoc&iacute;, una feminista que defendi&oacute; y reivindic&oacute; los derechos y las responsabilidades de las mujeres de su &eacute;poca a trav&eacute;s de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las palabras son esenciales, las palabras nos definen y nos salvan&rdquo;, me repet&iacute;a. Una vez me cont&oacute; lo de su vecina, la que dec&iacute;a estar casada con un hombre bueno porque ni le pegaba ni le faltaba el respeto.
    </p><p class="article-text">
        Eso me conmovi&oacute;, me puso nerviosa y triste. Pero recuerdo que ella me consol&oacute; habl&aacute;ndome de una de esas poetas desconocidas que le gustaban. Se llamaba C&egrave;lia Vi&ntilde;as y fue una poeta y profesora comprometida. Nacida en L&eacute;rida pero afincada en Almer&iacute;a, aunque le prohibieron escribir en su lengua materna, nunca dej&oacute; de dedicarse a la ense&ntilde;anza y la literatura. Mi abuela me recit&oacute; uno de sus poemas que ahora recuerdo con fuerza y que me ha acompa&ntilde;ado todo este tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <em>En la escuela/ han soltado un p&aacute;jaro./ Ma&ntilde;ana es un d&iacute;a de fiesta/ un d&iacute;a ancho. No lo sab&iacute;amos, no/ pero el &aacute;rbol/ al cielo se lo dec&iacute;a /con su verde nuevo/ claro,/ color de mis vacaciones/ con fondo de campo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Osuna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dia-ancho_132_1661717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Mar 2019 16:20:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un día ancho]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujer y ya es bastante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mujer-bastante_132_2234761.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ser feminista, participar en una huelga si se puede o se quiere, o asistir a una manifestación, no es considerarse superior al hombre. Feminismo no es una palabra peligrosa.</p></div><p class="article-text">
        Supe lo que era una huelga cuando un jornalero se encerr&oacute; en la iglesia de mi pueblo para reclamar una subida salarial en la campa&ntilde;a de recogida de la aceituna de aquel invierno. No recuerdo cu&aacute;ndo fue. Yo deb&iacute;a tener doce o trece a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por aquel entonces, me llamaba mucho la atenci&oacute;n observar cada ma&ntilde;ana a centenares de hombres tan seguros de s&iacute; mismos caminar y recorrer nuestras calles y plazas a sus anchas en lugar de recolectar nuestro fruto m&aacute;s preciado. Mientras tanto las mujeres trabajadoras que tambi&eacute;n viv&iacute;an del olivar permanec&iacute;an en casa sin rechistar.
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&eacute; a una de las vecinas del barrio por qu&eacute; no se sumaba a la huelga o por qu&eacute; no participaba en las concentraciones y manifestaciones que se repet&iacute;an esos d&iacute;as en el pueblo. &ldquo;No es lo mismo, eso es cosa de hombres&rdquo;, respondi&oacute; muy seria.
    </p><p class="article-text">
        Nunca entend&iacute; las diferencias que exist&iacute;an entre los jornaleros y las jornaleras de aquella &eacute;poca y qu&eacute; quer&iacute;a decir mi vecina con ese argumento tan poco convincente para m&iacute;, con ese rotundo &ldquo;no es lo mismo&rdquo;. No comprend&iacute;a por qu&eacute; aquellas mujeres no sal&iacute;an a la calle para protestar y reclamar sus derechos ante una situaci&oacute;n especialmente injusta y dif&iacute;cil para ellas.
    </p><p class="article-text">
        Injusta y dif&iacute;cil porque, entre otras cosas, cuando terminaba el tiempo de recolecci&oacute;n, muchos de los hombres que hab&iacute;an sacudido los &aacute;rboles con la vara mientras ellas permanec&iacute;an agachadas en el suelo para recoger las aceitunas, encontraban con m&aacute;s facilidad un nuevo modo de sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Reparaban tuber&iacute;as y cortaban fugas de agua, se sub&iacute;an al andamio de alguna obra, arreglaban tejados, instalaban equipos de aire acondicionado en la vivienda de alg&uacute;n conocido y serv&iacute;an refrescos en los bares de la Plaza de los Naranjos, la m&aacute;s popular y concurrida de la zona.
    </p><p class="article-text">
        Ellas, las jornaleras, las que no se hab&iacute;an acogido a uno de sus derechos fundamentales por no poder afrontar el descuento salarial, tener miedo a sufrir represalias o simplemente sentir verg&uuml;enza, regresaban a casa para ocuparse de su familia y su entorno m&aacute;s cercano.
    </p><p class="article-text">
        Daba la sensaci&oacute;n de que nadie ten&iacute;a grandes planes para ellas. Coser, adecentar el &ldquo;hogar&rdquo;, encalar la fachada de la casa y esperar la llegada de la pr&oacute;xima campa&ntilde;a, una campa&ntilde;a que aunque cueste creerlo, solo aceptaba el trabajo de la mujer en el campo si iba acompa&ntilde;ada por un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, muchas de esas mujeres han alzado la voz para defender sus propios intereses, compartir sus experiencias, denunciar los distintos tipos de violencia que sufren y luchar por alcanzar la igualdad de g&eacute;nero real que tanto anhelan. A veces, cuando regreso a mi pueblo, noto que algo ha cambiado, que algunas de esas mujeres del campo, como mi abuela, se sienten m&aacute;s libres y han encontrado de alguna manera una identidad propia.
    </p><p class="article-text">
        Pero como ella dice, &ldquo;conviene no bajar la guardia, quedan muchos flecos sueltos&rdquo;. Ser feminista, participar en una huelga si se puede o se quiere, o asistir a una manifestaci&oacute;n, no es considerarse superior al hombre. Feminismo no es una palabra peligrosa.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, pienso mucho en &Aacute;ngela Figuera (Bilbao, 1902 - Madrid, 1984), una poeta de la posguerra para quien tampoco nadie tuvo grandes planes. A&uacute;n as&iacute; consigui&oacute; estudiar una carrera, tener un trabajo y acceder a la cultura y a los libros. Una mujer sincera, antifranquista y defensora del papel social de la mujer. &ldquo;No quiero que me tapen la boca/ cuando digo NO QUIERO&rdquo;, gritaba y escrib&iacute;a en may&uacute;sculas en uno de sus poemas recogido en su primer libro 'Mujer de barro' en 1948.
    </p><p class="article-text">
        Y pienso tambi&eacute;n en Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998), la mujer que no quiso ser ni ni&ntilde;era ni modista como su madre y se matricul&oacute; en Gram&aacute;tica y Literatura a pesar de que su propia familia nunca entendiera su amor por el deporte y la escritura.
    </p><p class="article-text">
        Ella lo tuvo claro y creo que, de alguna manera, todos lo tenemos tambi&eacute;n. &ldquo;Soy solo una mujer y ya es bastante&rdquo;, dec&iacute;a Gloria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Osuna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mujer-bastante_132_2234761.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Mar 2018 17:42:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mujer y ya es bastante]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Día Internacional de la Mujer,Huelgas,Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
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