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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmen Alquegui]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmen_alquegui/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmen Alquegui]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Que les devuelvan sus bancos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/les-devuelvan-bancos_132_7283673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42786cfa-57b2-4d15-a6c2-42fd2e7505e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que les devuelvan sus bancos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para coger fuerzas necesitamos hacer memoria concreta de nuestras ancestras, porque por ellas estamos aquí y les debemos actuar en esa urgencia que para ellas es más tenaz, porque llevan demasiadas décadas poniendo el cuerpo por nosotras.</p></div><p class="article-text">
        Lo urgente es hablar de los terribles embistes que un patriarcado bien armado est&aacute; dando contra las mujeres. No me preocupa (demasiado) la cruzada concreta contra los feminismos que hemos visto en estos &uacute;ltimos d&iacute;as y meses. Las que buscamos consuelo en la historia de los movimientos feministas sabemos que saldremos de esta dando la pelea en las calles del mundo entero, rompi&eacute;ndonos y reorganiz&aacute;ndonos desde la creatividad, la imaginaci&oacute;n y la conciencia clara de que o luchamos juntas o nos matar&aacute;n por separado. Y para coger fuerzas necesitamos hacer memoria concreta de nuestras ancestras, porque por ellas estamos aqu&iacute; y les debemos actuar en esa urgencia que para ellas es m&aacute;s tenaz, porque llevan demasiadas d&eacute;cadas poniendo el cuerpo por nosotras (conscientes o no de ello).
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o quiero pensar en mi abuela (la que conoc&iacute;). De ella hered&eacute; la corta estatura, pero tambi&eacute;n me ayud&oacute; a construir el puzzle de lo que soy. He ido uniendo piezas con los a&ntilde;os, pero esa mujer decidi&oacute; que su vejez no iba a ser un infierno. Se alej&oacute; de quien le hizo da&ntilde;o y tom&oacute; las riendas de una vida en la que no hab&iacute;a podido elegir, hasta ese momento. Yo la recuerdo disfrutona y viajera. La bailarina que no se perd&iacute;a una verbena en el pueblo (o en el pueblo de al lado) y a la que siempre recuerdo con gestos de pudor fingido y de descaro en la carcajada. La que no perdonaba una partida a la brisca porque se respiraba chisme, vida y un pasar del tiempo sin obligaciones impuestas.
    </p><p class="article-text">
        He decidido pensar tambi&eacute;n en mi otra abuela (la que no conoc&iacute;) porque me prest&oacute; su nombre justo antes de partir y porque estoy convencida de que esta preocupaci&oacute;n m&iacute;a por el mundo entero fue la tarea que decidi&oacute; encomendarme. Gobernaba una casa en la que pod&iacute;a comer todo el mundo, conocido o desconocido. Nombrarla en el pueblo ha sido durante a&ntilde;os una forma de respirarla recogiendo los recuerdos cari&ntilde;osos de la gente. Tal vez vivi&oacute; demasiado por las y los dem&aacute;s pero es que es muy dif&iacute;cil desembarazarte de todas las tareas que se te han asignado por ser mujer.
    </p><p class="article-text">
        Son retazos de las m&iacute;as, pero a&ntilde;ado al recuerdo a las t&iacute;as abuelas casadas o solteras, las vecinas, las abuelas de mis amigas y a todas las que ahora est&aacute;n cogiendo su relevo, ocupando el escalaf&oacute;n m&aacute;s experimentado de nuestras vidas. Pr&aacute;cticamente todas han aportado sudor y tiempo en la erosi&oacute;n de la estructura que ten&iacute;a un plan para todas nosotras (pero sin contar con nosotras). Han sido ejemplo de lucha aunque no estuvieran cortando calles el 8 de marzo porque cada d&iacute;a enfrentaban un sistema opresor sin matices.
    </p><p class="article-text">
        Durante todo este a&ntilde;o han mutado en cifras, cuerpos aparcados. De nuevo se ha pensado por ellas sin preguntar qu&eacute; necesitaban, sin un plan que estableciese un horizonte para vislumbrar nuevas oportunidades. Desaparecidas del espacio p&uacute;blico ya no ocupan las terrazas de las cafeter&iacute;as ni los bancos de los pueblos como lo hac&iacute;an antes. Otras muchas se han quedado aisladas sin sus espacios de reuni&oacute;n para hacer manualidades o planificar un divorcio. Todas esas ocupaciones eran tan poderosas porque eran conquistas.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo la complejidad de una vida en pandemia, pero me cuesta comprender por qu&eacute; optan desde los poderes p&uacute;blicos por quitarles la voz y por qu&eacute; el resto participamos de esa divisi&oacute;n intergeneracional que nos incapacita para ver a las otras. Hay muchas urgencias, much&iacute;simas para las mujeres. Pero una de las prioritarias creo que es devolverles sus bancos para que sigan abriendo grietas para nosotras. Porque, aunque no lo digan en voz alta, no est&aacute;n dispuestas a permitir que muchas de sus historias se repitan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Alquegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/les-devuelvan-bancos_132_7283673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 23:12:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que les devuelvan sus bancos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dolor-invisible_132_6452680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa3c9289-2b18-4878-9535-e87345af901e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dolor invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia hacia las mujeres no es una lacra, es una política pública desde el mismo momento en el que no aplica la prevención en cada espacio de competencia privada y pública.</p></div><p class="article-text">
        S&eacute; que el dolor no se ve. Que es algo que debemos sentir, no percibir con los ojos. Pero la realidad nos obliga a una mirada metaf&oacute;rica que debemos reactivar desde la empat&iacute;a. Resistir es dolor, aguantar es dolor, sobrevivir es dolor porque es algo que hacemos contra nuestra voluntad. Y cuando quien vulnera nuestras mentes, pieles y cuerpos es una persona f&iacute;sica, los ojos de alguien reaccionan y pueden detener ese tormento. Pero &iquest;y cu&aacute;ndo el enemigo no tiene un solo rostro?
    </p><p class="article-text">
        El sistema laboral no tiene rostro. Es un entramado de pol&iacute;ticas que permiten que haya muchas mujeres violentadas al no participar en igualdad de condiciones en el mercado de trabajo. Que se sientan inferiores cuando descubren que cobran menos. Que frieguen suelos de rodillas (en el pa&iacute;s que invent&oacute; la fregona), hagan camas a destajo, vivan 24 horas cuidando y limpien culos por migajas econ&oacute;micas pero con una gran remuneraci&oacute;n en secuelas f&iacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        La administraci&oacute;n no tiene rostro. Pero se puede permitir mirar el tuyo con desprecio y tratarte como una &ldquo;chiquilla ignorante&rdquo; si te atreves a levantar la voz. Porque hay algunas mujeres detentando carteras pero preguntando lo que deben hacer a su se&ntilde;or con los obst&aacute;culos que eso supone en nuestro caminar. Porque las leyes tienen cuotas, pero muy poca vida detr&aacute;s, as&iacute; que no nos extra&ntilde;e cuando un polic&iacute;a no sabe reconocer la violencia cuando esta es ejercida sobre un cuerpo de mujer. La violencia hacia las mujeres no es una lacra, es una pol&iacute;tica p&uacute;blica desde el mismo momento en el que no aplica la prevenci&oacute;n en cada espacio de competencia privada y p&uacute;blica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Abrir los ojos es ampliar el espectro de las agresiones percibidas y comprendidas, es poner &quot;rostro&quot; a unas estructuras que siguen ejerciendo la violencia como forma de perpetuarse. Nos queda juntarnos, denunciar y dejar de sobrevivir para empezar a vivir</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La comunicaci&oacute;n virtual no tiene rostro. Pero las palabras escritas en redes hieren a la mayor&iacute;a de las que no tenemos armaduras emocionales fuertes. Los ataques a hermanas, los acosos, los chantajes sexuales, los corrillos de los que se jactan de los desnudos que acumulan en su m&oacute;vil. Hay dolor cuando dejan de percibirte como una persona, aunque no se sienta f&iacute;sicamente.
    </p><p class="article-text">
        La medicina no tiene rostro. Pero pariremos con dolor (a no ser que nos mediquen), sufriremos todas las cargas emocionales (aunque la soluci&oacute;n r&aacute;pida sean los antidepresivos), algunas de nuestras enfermedades ser&aacute;n meros inventos, y podremos definirnos como lo que deseemos ser (siempre que m&eacute;dicos y psiquiatras te lo permitan).
    </p><p class="article-text">
        La pandemia no tiene rostro. Este mantra se han atrevido a repetirnos durante meses, pero una vez abierto el tel&oacute;n vemos que es mentira. Trabajadoras del hogar, sobre todo migrantes, despedidas. Cargas escolares sumadas a las laborales y las de cuidados en un mismo espacio, a veces habitable, otras veces no tanto. Y las que viv&iacute;an con su maltratador han padecido durante meses sin que ello haya echado abajo las estructuras de nuestra civilizada rutina.
    </p><p class="article-text">
        La justicia no tiene rostro, la educaci&oacute;n, las ciudades, la Historia, la ley de Extranjer&iacute;a y los expolios que &ldquo;obligan&rdquo; a crear esa ley de Extranjer&iacute;a&hellip; La lista es interminable. Si pensamos en cada parcela de nuestro mundo y fijamos la mirada, la desigualdad se manifestar&aacute; poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        Vivo a trav&eacute;s de las m&iacute;as as&iacute; que acumulo toda una vida de malestares ajenos. Los f&iacute;sicos derivan en un llanto roto y rabia. Los mentales se acumulan como una carga pesada. Abrir los ojos es ampliar el espectro de las agresiones percibidas y comprendidas, es poner &ldquo;rostro&rdquo; a unas estructuras que siguen ejerciendo la violencia como forma de perpetuarse. Y una vez identificado, tan solo nos queda juntarnos, denunciar y dejar de sobrevivir para empezar a vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Alquegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dolor-invisible_132_6452680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Nov 2020 07:32:43 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Defender lo que amamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/defender-amamos_132_1662161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La huelga feminista internacional como proceso para tambalear el sistema.</p></div><p class="article-text">
        Poco a poco vamos entendiendo que esta huelga feminista no es una jornada, es un proceso, y eso nos obliga a trabajar(nos) cada d&iacute;a. &ldquo;Si nosotras paramos el 8M, se para el mundo&rdquo; es el mantra que repetimos porque un peque&ntilde;o vistazo a las cifras de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la vida lo avalan. Pero &iquest;d&oacute;nde reposa la transformaci&oacute;n real? En cada gesto, en cada palabra, en cada postura. Nosotras amamos todo lo que odia el patriarcado, todo lo que odia el capitalismo, todo lo que odia el colonialismo, y nuestra pr&aacute;ctica cotidiana deber&iacute;a encaminarse a defender esos amores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; odia el patriarcado? La cocci&oacute;n a fuego lento (pero fuera de los hogares) de relaciones entre mujeres. Relaciones de escucha, empat&iacute;a, generosidad, respeto y a veces ternura. Detesta que nos juntemos, pero sobre todo que nos entendamos. Nuestra fuerza en la calle revierte en insultos. Nuestra acci&oacute;n real y pol&iacute;tica diaria se transforma en partidos mis&oacute;ginos consiguiendo esca&ntilde;os o resistencias institucionales a la aplicaci&oacute;n justa de las leyes (que tambi&eacute;n necesitan revisi&oacute;n). Tambi&eacute;n odia que disfrutemos, que estemos aprendiendo de las compa&ntilde;eras latinoam&eacute;ricanas que basta ya de dolor, que ha llegado la hora del placer, de abandonar la culpabilidad. No soporta cuando tomamos conciencia colectiva de a qui&eacute;n pertenecen los cuerpos que habitamos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; odia el capitalismo? Que no le cedamos esos cuerpos, que los dediquemos a labores &ldquo;improductivas&rdquo;, amores que no le interesan para la reproducci&oacute;n de la vida (y de las futuras pensiones). Que estemos trastocando m&iacute;nimamente su camino hacia una individualidad para no organizar la cr&iacute;tica, pero una homogeneidad organizada en el consumo. Que protejamos los proyectos de econom&iacute;a feminista, social y solidaria. Que abonemos los campos, que recojamos las cosechas, que vayamos despacio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; odia el colonialismo? A las que defienden el territorio que expolia el capital. A las que se acuerpan con la tierra por ellas y por nosotras. Nos soportan que las veamos y se queden grabadas en nuestra retina, porque al mirarnos en el espejo veremos a las explotadas, las heridas, las insultadas, las ahogadas, las asesinadas. Y ese dolor o esas ausencias nos remueven, nos mueven. La mirada colonial (no es cosa de hace siglos, no) no quiere que nos encontremos, as&iacute; que busqu&eacute;monos. No con el &ldquo;t&uacute;,&nbsp;&iquest;de d&oacute;nde eres?&rdquo;, sino con &ldquo;&iquest;qu&eacute; sientes?, &iquest;nos necesitamos?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo intentar&eacute; asumir mi parte (con todas sus incongruencias). Defender&eacute; en grupos a WhatsApp a las 'compas' que entendieron que esto es una guerra de aquellos que las llaman &ldquo;trastornadas&rdquo; porque amo su valent&iacute;a; criticar&eacute; las acciones parlamentarias malintencionadas para impedir otras formas de quererse, de follar o de ser porque quiero un mundo en el que quepan todos los sentires; romper&eacute; cada muro que me a&iacute;sla de las que tienen menos que yo, de las que viven de otra forma, de las que vienen de fuera de mi casa porque me han ense&ntilde;ado a odiarlas o temerlas y yo sigo hablando de amar.
    </p><p class="article-text">
        El pasado a&ntilde;o ocup&eacute; un lugar en el espacio de las ausentes en la manifestaci&oacute;n del 8M. Fueron mi dolencia personal, mi espina clavada. Y en ese lugar recuper&eacute; un sentir que no me provocaron ni las calles repletas. En la cabecera de ese espacio se instal&oacute; una mujer gitana mayor, orgullosa y en&eacute;rgica. Debe ser luchadora veterana porque la reconocieron y saludaron varias personas. Me transmiti&oacute; alegr&iacute;a a trav&eacute;s de sus ojos alegres, de sus comentarios de sorpresa feliz. Solo pod&iacute;amos querernos, y ah&iacute; empieza todo.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos un a&ntilde;o caminando entre ochos de marzo, escalando cumbres, descendiendo precipicios. El desborde en las calles de varios pa&iacute;ses supuso un nuevo inicio pero &iquest;de qu&eacute;?. De esperanzas de cambio, por supuesto, pero tambi&eacute;n de miedos, de tensiones, de viejos/nuevos obst&aacute;culos. Reconocerlos y sortearlos ralentiza la marcha, pero nadie dijo que un sistema de dominaci&oacute;n como es el patriarcado y sus alianzas nos lo fuera a poner f&aacute;cil. Vamos a volver a desbordar las calles, vamos a volver a vaciar las aulas. Mucha gente no podr&aacute; abandonar sus tareas de cuidados, ni seremos capaces de bajar el ritmo de la maquinaria consumista. Pero esto no va de un d&iacute;a. Amemos lo que detestan para seguir agrietando las estructuras que nos aplastan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Alquegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/defender-amamos_132_1662161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Mar 2019 16:17:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Defender lo que amamos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las que sí, las que no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/las-que-si-las-que-no_132_2234785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una huelga de 24 horas no transforma el mundo, es verdad. Una nueva toma de conciencia sí. Hemos dado los primeros pasos y parece que no hay vuelta atrás.</p></div><p class="article-text">
        Mi madre no va a hacer huelga este 8 de marzo. No sabe. La ganadera de Rasines tampoco. No puede. La que sirve el men&uacute; del d&iacute;a en San Vicente de la Barquera no se ha enterado. La que atiende a una se&ntilde;ora mayor en Laredo ha visto carteles, pero cree que no se lo dicen a ella. Habr&aacute; muchas ausentes, tantas como mujeres sosteniendo nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Se dice, se rumorea que esta convocatoria de huelga feminista ya es un &eacute;xito. Y quiero creer que es verdad. No solo por las alianzas creadas, las p&aacute;ginas de peri&oacute;dicos y horas de radio y televisi&oacute;n ocupadas, las j&oacute;venes peleando su futuro (y el nuestro), los nuevos comienzos o los enemigos desenmascarados. Es un &eacute;xito porque nos ha tocado ponernos en el lugar de las otras.
    </p><p class="article-text">
        Amigas que se sienten culpables por dejar de cuidar (y esa culpabilidad nos abruma) pero busc&aacute;is juntas soluciones. Amigas que por primera vez ir&aacute;n a una manifestaci&oacute;n y te toca tranquilizarlas. Desconocidas gitanas, migrantes que crees que no son parte de tu vida porque no las ves (pero est&aacute;n y tu mundo funciona por ellas). La que te hace el pan, la que limpia a tu abuela, la que te da el cambio. Cada una de ellas es un compendio de razones para estar en la calle ese d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y nos podemos cargar de tantos argumentos para llenar las calles como vidas ajenas alcance nuestra mirada. Dejemos de consumir -no solo el 8 de marzo, cada d&iacute;a de nuestra vida- los productos que no garanticen condiciones dignas de trabajo para las mujeres en cualquier parte del mundo. Dejemos de aceptar como dogma la historia otros territorios contada bajo nuestra visi&oacute;n &uacute;nica e inamovible. Dejemos de creer que estamos sosteniendo la econom&iacute;a de pa&iacute;ses enteros pagando aqu&iacute; sueldos de miseria a las que nos cuidan.
    </p><p class="article-text">
        Nos debemos echar en la espalda las razones de muchas a las que no podremos escuchar ni ver en esta huelga. Me reconozco privilegiada, blanca, independiente y sorda. Sorda a los reclamos de otras porque no eran los m&iacute;os. Sorda a los llantos de las que no llegaban a fin de mes. Sorda ante las penurias administrativas de las sin papeles. Sorda a los gritos de la que se defend&iacute;a. Pero poco a poco empiezo a escuchar y si tuviera que contar mi lista de motivos para secundar este paro no ser&iacute;a mi timbre de voz el que sonase.
    </p><p class="article-text">
        Una huelga de 24 horas no transforma el mundo, es verdad. Una nueva toma de conciencia s&iacute;. Hemos dado los primeros pasos y parece que no hay vuelta atr&aacute;s, pero necesitamos todo el engranaje en funcionamiento; a las precarizadas, a las que queremos soltar privilegios, a las invisibles, a las mayores que aleccionan, a las j&oacute;venes que empujan para combatir juntas este sistema patriarcal y capitalista que perpetua la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Yo este 8 de marzo paro por mi madre que acumula casi todas mis razones en una sola vida, en un solo cuerpo. Que lleva toda su vida cuidando (y lo que le queda), que ha trabajado desde que era ni&ntilde;a (y aun no es suficiente para cobrar una pensi&oacute;n digna), que hace tiempo que tom&oacute; las riendas de nuestro consumo (porque alguna batalla se merec&iacute;a ganar). Yo paro porque ella no sabe parar, pero empieza a escuchar como yo y a entender que si otras mujeres hicieron huelga este 8 de marzo de 2018, el a&ntilde;o que viene la vamos a necesitar a ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Alquegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/las-que-si-las-que-no_132_2234785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Mar 2018 17:42:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las que sí, las que no]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Día Internacional de la Mujer,Feminismo,Huelgas,Cantabria,8M]]></media:keywords>
    </item>
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