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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sarah Babiker]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sarah_babiker/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sarah Babiker]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Que tus hijos cumplan años es bonito hasta que empieza a ser un agobio: de un puñado de chuches a las macrofiestas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fiestas-cumpleanos-infantiles_1_1897272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c86fc9e9-00c6-4fa5-be6f-9ba8a79a88f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que tus hijos cumplan años es bonito hasta que empieza a ser un agobio: de un puñado de chuches a las macrofiestas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De pronto, te das cuenta de que la celebración cada vez tiene menos que ver con tus ganas, tu disposición de tiempo y recursos, o los gustos específicos de la criatura y más con expectativas externas, costumbres que se establecen como normas</p><p class="subtitle">Se expanden las posibilidades de quedar mal, de agraviar a desconocidos padres de niñas y niños. Se amplían, en fin, los riesgos de que tus niñas infrinjan ya en primaria firmes convenciones sociales</p><p class="subtitle">El cumple ha ido experimentando transformaciones con el tiempo. Así pasamos de llevar un paquete de sugus a clase e invitar a cuatro amigas a complicados códigos de reciprocidad y puesta en escena</p><p class="subtitle">Para suplir la distancia entre lo que se nos exige y la realidad hay ahí afuera una nutrida oferta de externalización cumpleañil. No olvides tener a mano la tarjeta de crédito</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Tus hijos cumplen a&ntilde;os este a&ntilde;o? Imagino que s&iacute;, la gente, incluso la peque&ntilde;a, tiene esa costumbre. &iquest;Van a un colegio donde concurren otras muchas personas de su edad? Lo m&aacute;s probable es que tambi&eacute;n, caso contrario estar&iacute;as infringiendo la ley y alguna convenci&oacute;n de la ONU. Sucede que la intersecci&oacute;n entre el ritual del cumplea&ntilde;os y el contexto de socializaci&oacute;n del colegio genera situaciones tirando a estresantes. Al menos eso sugieren las caras que pone la gente cuando preguntas: &ldquo;&iquest;y t&uacute; c&oacute;mo llevas lo de los cumplea&ntilde;os infantiles?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        He agrupado las reacciones en tres gestos comunes. A) Resoplidos de hartazgo de quienes ven la celebraci&oacute;n de los cumples infantiles como una molesta obligaci&oacute;n social que querr&iacute;an abolir. B) Semblantes aliviados de quienes, gracias a complejos consensos, han dado con la f&oacute;rmula para estandarizar el proceso y que no sea muy costoso. C) Sonrisas triunfantes de quienes pasan la prueba con excelencia y encabezan &ndash; en despliegue y recursos &ndash; el top cinco de los cumples de tercero de primaria. Tres formas de transitar un universo complejo y sorprendentemente normativizado, con sus c&oacute;digos que seguir, y que a veces nos desbordan.
    </p><p class="article-text">
        Que tus hijas cumplan a&ntilde;os es bonito. Ah&iacute; hay cierto consenso. Celebras un a&ntilde;o m&aacute;s de historia, de risas, de camino. Te paras a hacer balance del paso del tiempo, y sonr&iacute;es por c&oacute;mo esa larvilla originaria a la que llamaste hija o hijo se ha ido definiendo, por lo que va deviniendo a trav&eacute;s de las estaciones del a&ntilde;o, de los cursos escolares, de la red de personas ni&ntilde;as y adultas que van conformando su mundito y nutriendo sus recuerdos. S&iacute;. Cumplir a&ntilde;os es precioso. Es una expansi&oacute;n de la existencia. Dan ganas de celebrarlo, de rodearse de gente querida, re&iacute;r y cantar, hacer fotos que miraremos con nostalgia cuando la existencia de nuestros peque&ntilde;os se vaya expandiendo hacia afuera, hacia mundos cada vez m&aacute;s privados y ajenos a nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Que tus hijos cumplan a&ntilde;os es bonito hasta que empieza a ser un agobio. Pues un d&iacute;a, de pronto, te das cuenta de que la celebraci&oacute;n de la cosa cumplea&ntilde;il cada vez tiene menos que ver con tus ganas, tu disposici&oacute;n de tiempo y recursos, o los gustos espec&iacute;ficos de la cumplea&ntilde;era criatura y m&aacute;s con expectativas externas, costumbres de origen desconocido que se establecen como normas. Te encuentras con que la lista de invitados cada vez se basa menos en las peque&ntilde;as amistades infantiles que brotan raras y hermosas en los recreos y los parques, y m&aacute;s en los compromisos sociales. Se expanden las posibilidades de quedar mal, de agraviar a desconocidos padres de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os con quienes tus hijos apenas se relacionan. Se ampl&iacute;an, en fin, los riesgos, de que tus ni&ntilde;as, a causa de tu falta de disposici&oacute;n, de tu nula<em> expertise</em>, o de tu mera ignorancia, infrinjan ya en primaria firmes convenciones sociales.
    </p><h3 class="article-text">Un ritual social que ha cambiado</h3><p class="article-text">
        Como ritual social que es, el cumple ha ido experimentando transformaciones con el tiempo. As&iacute; pasamos de llevar un paquete de sugus a clase e invitar a cuatro amigas a s&aacute;ndwiches de fuagr&aacute;s, a complicados c&oacute;digos de reciprocidad y puesta en escena que est&aacute;n pidiendo a gritos un antrop&oacute;logo que los haga su objeto de estudio. Y t&uacute; que llevas 15 a&ntilde;os sin organizar tu propio cumple, t&uacute; que siempre renegaste de la m&uacute;sica infantil y las princesas Disney, te acabas encontrando llamando a la piscina de bolas a la desesperada. O, cuando te resistes, conviertes la invitaci&oacute;n de las cuatro o cinco amigas de tu hija que caben en tu casa en una operaci&oacute;n semi clandestina.
    </p><p class="article-text">
        Y es que en los &uacute;ltimos tiempos ha ido disminuyendo el n&uacute;mero de bautizos y comuniones. Pero a un ritmo inverso se van multiplicando los macrocumplea&ntilde;os. Como si hubi&eacute;semos redistribuido en laicos plazos el monto total de ritual, celebraci&oacute;n y regalazos de los grandes ritos religiosos. A fiest&oacute;n por a&ntilde;o. En eso se han ido convirtiendo los cumplea&ntilde;os infantiles. A los padres (y en particular a las madres) se nos suponen dotes para las manualidades, habilidades de peluqueras, competencias de domadoras de leones. Pero una de las habilidades m&aacute;s demandadas es una capacidad de organizar eventos digna de una empresa del sector.
    </p><p class="article-text">
        Para suplir la distancia entre lo que se nos exige y la realidad hay ah&iacute; afuera una nutrida oferta de externalizaci&oacute;n cumplea&ntilde;il. No ser&aacute; que el capitalismo no ofrece soluciones a nuestras necesidades creadas. Las ofrece, y muchas: desde las famosas piscinas de bolas, con todo preparado, a las m&aacute;s complejas ofertas personalizadas que har&aacute;n del cumplea&ntilde;os de tu hijo un d&iacute;a especial. &ldquo;Si estamos decididos a darle una sorpresa por todo lo alto y que sus amiguitos se pasen semanas hablando del d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, existen muchas propuestas originales y muy divertidas&rdquo;, nos promete un experto desde los muchos art&iacute;culos que encuentras en la red. La cosas es f&aacute;cilmente solventable. Busca: ideas para celebrar cumplea&ntilde;os infantiles. No olvides tener a mano la tarjeta de cr&eacute;dito.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n puedes entrar en Internet para buscar apoyo en torno a ese desasosiego que sientes en torno a los cumplea&ntilde;os infantiles. &ldquo;Odio los cumplea&ntilde;os infantiles&rdquo;, confiesan usuarias y usuarios en la red, desarrollan diversos autores en ir&oacute;nicos art&iacute;culos. Otras entienden la disconformidad pero argumentan: 1. Que es lindo que la ni&ntilde;a se sienta protagonista por un d&iacute;a; 2. Que si no invitas a sus compa&ntilde;eros le excluir&aacute;n de otras fiestas; 3. Que a ver si lo vas a traumatizar. Disfrutar sin que eso dependa del protagonismo, entender la naturaleza de los v&iacute;nculos, que no es obligatorio gustarle a todo el mundo, que las relaciones se forjan en el d&iacute;a a d&iacute;a y con calma y no por compromiso tampoco ser&iacute;a mala ense&ntilde;anza. Vivir la maternidad o paternidad como un recorrido por un campo de minas en forma de potenciales traumas infantiles es un estr&eacute;s para nosotros y un gran negocio para otras.
    </p><p class="article-text">
        En fin, pensaba empezar este art&iacute;culo con una sarc&aacute;stica descripci&oacute;n de un cumple infantil, v&iacute;vida y sobreexcitada, rebosante de gritos agudos y az&uacute;car. Recoger la estampa de esas madres y padres mirando al m&oacute;vil con estoicismo mientras esperan que saquen la pi&ntilde;ata y se aproxime el fin de la reuni&oacute;n. Glosar el momento de los regalos, ese desfile de cosas y m&aacute;s cosas, a desenvolver frente a todos los ni&ntilde;os para que cada cual desee con creciente intensidad el d&iacute;a que le tocar&aacute; ser el destinatario de 25 juguetes. Pero creo que no se trata de caer en el manido juicio de qu&eacute; malos padres somos, c&oacute;mo estamos perjudicando a nuestras hijas, vamos a condenar a la especie a la degradaci&oacute;n. Si no m&aacute;s bien de detener la inercia ritual por un momento y preguntarnos, otra vez, qu&eacute; queremos hacer por el cumple de nuestras hijas e hijos. Impugnar, en definitiva, el barroquismo y el agobio. Y, ya que estamos, revolvernos ante el capitalismo de la culpa paterna (y sobre todo, materna).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sarah Babiker]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fiestas-cumpleanos-infantiles_1_1897272.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Oct 2018 19:31:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que tus hijos cumplan años es bonito hasta que empieza a ser un agobio: de un puñado de chuches a las macrofiestas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niñez,Infancia,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ansiedad, rechazo y otros sentimientos frecuentes tras el parto: "Todo el mundo celebraba la llegada de mi hija menos yo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/parir_1_1953477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c60ed9de-4e1c-4edb-b7db-87b795049c69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ansiedad, rechazo y otros sentimientos frecuentes tras el parto: &quot;Todo el mundo celebraba la llegada de mi hija menos yo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Es normal que las mujeres tengan sentimientos contradictorios en esta época o dudas sobre su capacidad para cuidar. Estas emociones están influenciadas por el entorno, los consejos y los roles de género”, dicen varias matronas</p><p class="subtitle">El parto de Marta fue bien, pero al poco tiempo la situación la desbordó. “¿Qué coño he hecho con mi vida? ¡Yo no quiero esto!”, se decía</p><p class="subtitle">“Muchas madres no expresan su sufrimiento ni reciben un tratamiento adecuado”, asegura la psiquiatra Ibone Olza, que destaca el papel de las matronas y la necesidad de que haya una atención perinatal integral</p></div><p class="article-text">
        Al introducir las palabras &ldquo;foro postparto&rdquo; en el buscador de Internet, la pantalla devuelve miles de resultados. Son mayoritarios los mensajes que hablan de depresi&oacute;n o de ansiedad, mucho menos frecuente es encontrar a mujeres que acudan a los foros para hablar de las maravillas de las primeras semanas de la maternidad. Es f&aacute;cil visualizar a las miles de autoras de estos post, somnolientas y tristes, doloridas y desconcertadas, frente al ordenador, buscando una respuesta al malestar que sienten en las experiencias de otras mujeres desconocidas que de pronto parecen muy cercanas. Pregunt&aacute;ndose si lo que les pasa es normal, enfrent&aacute;ndose a emociones que no se corresponden a las esperadas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; estaba Elena al poco de ser madre a los 23 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos. En un momento estaba embarazada y al despertar de la anestesia, tras una ces&aacute;rea programada, ya no lo estaba. &ldquo;Siempre me ha dejado un poco de marca, despertar y ver a mi hija ah&iacute; en una l&aacute;mpara de calor alejada de mi&rdquo;. Al principio solo consegu&iacute;a cogerla para darle el pecho. &ldquo;Al segundo d&iacute;a de haber nacido la ni&ntilde;a empec&eacute; a sentirme triste y con bastante ansiedad, era incapaz de dormir de noche ni de d&iacute;a, lo achaqu&eacute; a la estancia del hospital, as&iacute; que al darnos el alta nos fuimos a casa, pero segu&iacute;a sin librarme de esa sensaci&oacute;n, ten&iacute;a una ni&ntilde;a preciosa, sana, maravillosa, todo el mundo me felicitaba y celebraba el nacimiento de mi hija, menos yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Elena que no entend&iacute;a d&oacute;nde estaba la felicidad prometida, por qu&eacute; en lugar de eso hab&iacute;a arrepentimiento, ganas de volver atr&aacute;s y recuperar su antigua vida. &ldquo;Me limitaba a fingir con una sonrisa falsa que todo estaba bien y a llorar desconsoladamente cuando estaba sola&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Mart&iacute;nez y Mar&iacute;a Teresa Villar son, respectivamente, la presidenta y vicepresidenta de la Asociaci&oacute;n de Matronas de Madrid (AMM). Las matronas, cuentan, son el referente en el sistema de salud de las madres y familias, a ellas llegan muchas de las dudas que surgen durante embarazo y postparto. &ldquo;Es normal que las mujeres tengan sentimientos contradictorios en esta &eacute;poca, labilidad emocional, o dudas sobre su capacidad para cuidar. Estas emociones, sin duda, est&aacute;n influenciadas por el entorno, los consejos que reciben, y los roles de g&eacute;nero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En consulta, las matronas hacemos una valoraci&oacute;n del estado emocional en el postparto y, si a los 10-14 d&iacute;as tras el parto, no se han resuelto s&iacute;ntomas como el llanto, la ansiedad o el estado de &aacute;nimo bajo, evaluamos la posibilidad de una depresi&oacute;n postparto y valoramos derivaci&oacute;n a otros profesionales&rdquo;, comentan las matronas. &ldquo;El Ministerio de Sanidad, Pol&iacute;tica Social e Igualdad elabor&oacute; en 2014 una Gu&iacute;a de Pr&aacute;ctica Cl&iacute;nica de atenci&oacute;n en el embarazo y puerperio, con recomendaciones basadas en evidencia cient&iacute;fica, entre las que se incluye el estado emocional&rdquo;, explican.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra especializada en salud mental perinatal Ibone Olza piensa que habr&iacute;a que empezar, m&aacute;s all&aacute; de protocolos, por &ldquo;escuchar a las mujeres, pregunt&aacute;ndoles c&oacute;mo se sienten y qu&eacute; ayuda necesitan. Los obstetras, por ejemplo, casi reducen toda su atenci&oacute;n a la evoluci&oacute;n f&iacute;sica del embarazo y a veces meten un miedo infundado a la embarazada, lo que se conoce como 'efecto nocebo'. El papel de las matronas es clave en todo esto, pero muchas mujeres ni siquiera conocen a la suya&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra da algunas claves sobre c&oacute;mo saber que ha de pedirse ayuda: &ldquo;Si una madre no est&aacute; bien, si se preocupa en exceso, si no duerme apenas, si no disfruta de la maternidad o tiene miedo a hacer da&ntilde;o a su beb&eacute;, si se siente fracasada como madre, si ha habido un parto traum&aacute;tico, o el beb&eacute; permanece hospitalizado por prematuridad u otras causas&hellip; En todas estas situaciones ser&iacute;a recomendable buscar ayuda profesional. Pero lo ideal es que los psic&oacute;logos perinatales sean parte de los equipos de la atenci&oacute;n perinatal, que la atenci&oacute;n sea integral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El contexto de crianza en nuestras sociedades occidentales es el resultado de la soledad f&iacute;sica, de la falta de referentes y del desconocimiento real de la maternidad&rdquo;, contextualiza la antrop&oacute;loga especializada en maternidad Mar&iacute;a Jos&eacute; Garrido. &ldquo;Uno de los problemas en nuestra cultura es que llegamos a la maternidad con unas expectativas bastantes irreales y un enorme desconocimiento sobre los beb&eacute;s: en la mayor&iacute;a de los casos, la primera vez que tenemos un beb&eacute; en brazos, es el nuestro&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">Cuando el parto es un trauma</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La ni&ntilde;a se qued&oacute; muerta en la tripa&rdquo;, rememora Luna. Hace casi tres a&ntilde;os de aquello, cuando casi 15 d&iacute;as despu&eacute;s de salir de cuentas, y despu&eacute;s de varias idas y venidas al hospital, con la sensaci&oacute;n de que algo no iba bien, el equipo m&eacute;dico no capt&oacute; el latido de su hija. Tras una ces&aacute;rea de emergencia, Luna despert&oacute; y su hija no estaba all&iacute;, la hab&iacute;an trasladado en helic&oacute;ptero a un hospital con mayores recursos. Hab&iacute;a sufrido taquicardia, tragado meconio. Pas&oacute; una semana en la UVI, los primeros d&iacute;as fueron una batalla de la madre para que la trasladaran al mismo hospital que su hija.
    </p><p class="article-text">
        Las semanas siguientes tampoco fueron f&aacute;ciles: &ldquo;Estaba siempre muy preocupada, con las hormonas revolucionadas, cualquier cosa que le pasara a la ni&ntilde;a me pon&iacute;a muy mal&rdquo;. Con la convicci&oacute;n de que si hubiese seguido las instrucciones de los doctores que insist&iacute;an en esperar, la ni&ntilde;a no hubiera sobrevivido, le cost&oacute; varios meses superar ese miedo a que le sucediera algo. Para ello, cont&oacute; con el apoyo de su familia y con ayuda psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta Ibone Olza, las experiencias traum&aacute;ticas durante el parto est&aacute;n entre las causas de consulta m&aacute;s comunes. &ldquo;Se estima que probablemente un 20% de las madres recientes sufran alg&uacute;n trastorno mental, y en la mitad esto ya estaba ah&iacute; durante el embarazo. La prevalencia var&iacute;a seg&uacute;n el tipo de trastorno: la ansiedad y la depresi&oacute;n son frecuentes tanto en el embarazo como el postparto, el estr&eacute;s postraum&aacute;tico es frecuente tras el parto, las psicosis puerperales y los trastornos obsesivo compulsivos son mucho menos frecuentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un factor de riesgo para atravesar este tipo de problem&aacute;ticas, explica Olza, es tener antecedentes psiqui&aacute;tricos. Este fue el caso de Marta, madre de una ni&ntilde;a muy deseada, fruto de un embarazo conseguido tras cuatro a&ntilde;os de b&uacute;squeda y seis procesos de reproducci&oacute;n asistida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo siempre pens&eacute; que el d&iacute;a que consiguiera que progresara el embarazo se me iban a quitar todos los miedos. Mentira. Durante todo el embarazo sent&iacute; mucho miedo&rdquo;, recuerda Marta. En aquellos primeros meses de gestaci&oacute;n, tuvo una amenaza de aborto y su ves&iacute;cula empez&oacute; a generar piedras y barro. Al miedo se le sum&oacute; el dolor. &ldquo;Al final del embarazo fui avisando a mi familia de que probablemente tendr&iacute;a depresi&oacute;n postparto. Lo ve&iacute;a venir porque soy paciente psiqui&aacute;trica desde los 20 a&ntilde;os&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        No solo eran las complicaciones del embarazo, tambi&eacute;n se sent&iacute;a sola, le faltaba apoyo emocional por parte de su pareja, le sobraban conflictos y diferencias con la familia. Ibone Olza destaca dos aspectos de la salud mental perinatal: &ldquo;Por un lado, su enorme impacto. Cuando una embarazada o madre reciente padece un trastorno mental y no recibe el tratamiento adecuado, no s&oacute;lo lo sufre ella, le afecta much&iacute;simo al beb&eacute; y seguramente tambi&eacute;n a la pareja, y este impacto puede durar a&ntilde;os o incluso de por vida. Por otro lado, en muchos casos debido al estigma que rodea la enfermedad mental, sumado a la idealizaci&oacute;n de la maternidad y el desconocimiento social, muchas madres no expresan su sufrimiento ni reciben un tratamiento adecuado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El parto de Marta fue bien, pero al poco tiempo la situaci&oacute;n la desbord&oacute;. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o he hecho con mi vida? &iexcl;Yo no quiero esto!&rdquo;, se dec&iacute;a, ya en casa, con aquella beb&eacute; que lloraba y lloraba sin parar. &ldquo;Le gritaba, &iexcl;c&aacute;llate! &iquest;Por qu&eacute; lloras? Me volv&iacute; loca, no sab&iacute;a qu&eacute; estaba pasando, solo quer&iacute;a volver atr&aacute;s. Me cost&oacute; como un mes y medio hacerme cargo de la situaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Terror&iacute;fica soledad</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La soledad en el postparto es terror&iacute;fica. Las madres necesitan ayuda, compa&ntilde;&iacute;a, escucha, no sentirse juzgadas, y darse mucho tiempo para reencontrarse consigo mismas y con sus cuerpos&hellip; Las familias pueden ofrecer mucha ayuda pr&aacute;ctica, pero creo importante tambi&eacute;n que las madres aprendamos a nombrar nuestras necesidades sin juzgarlas, a pedir y a recibir&rdquo;, defiende Olza. Las matronas coinciden en que el rol de la familia es fundamental: &ldquo;Lo m&aacute;s importante es que la mujer se sienta acompa&ntilde;ada y apoyada&rdquo; afirman Mart&iacute;nez y Villar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El nacimiento de un beb&eacute; y su llegada a casa es una 'revoluci&oacute;n' de pareja y familiar. Por muy preparado que se est&eacute; casi siempre surgen dudas y disparidad de opiniones en el entorno, que propician la aparici&oacute;n de momentos tensos y dif&iacute;ciles. En el caso de la madre, esta situaci&oacute;n se agrava con el cansancio y la falta de sue&ntilde;o&rdquo;, a&ntilde;aden.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata de una problem&aacute;tica individual ni que se resuelva en el marco de las familias, coinciden Olza y Garrido. La experta en salud mental perinatal recuerda que &ldquo;lo importante es reconocer que en muchos casos la causa del trastorno es psicosocial: desde la violencia de g&eacute;nero y la violencia obst&eacute;trica hasta el estr&eacute;s laboral, pasando por el perfeccionismo o la soledad. Es decir, la salud mental perinatal es un reflejo y un indicador de c&oacute;mo trata cada sociedad a las madres&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la antrop&oacute;loga apunta a las presiones sociales que deben enfrentar las madres y que se suman a esta soledad en la crianza. &ldquo;Se espera de las madres que vuelvan a su vida normal lo antes posible, a salir con su pareja o amigos, al gimnasio, a realizar todo lo que hac&iacute;an antes de ser madres, como si nada hubiera cambiado, como si la maternidad no fuera importante&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Para encontrar salidas</h3><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del apoyo familiar o la ayuda profesional, muchas madres integran espacios virtuales o presenciales, formados por otras madres para compartir esas vivencias. &ldquo;A la semana de nacer la ni&ntilde;a me incorpor&eacute; a un grupo de lactancia, y fue ah&iacute; d&oacute;nde empez&oacute; el cambio. Empec&eacute; a aceptar que era normal, que eran las hormonas, que no era yo la que sent&iacute;a ese rechazo, que quer&iacute;a a mi hija&rdquo;. Para Marta, este espacio fue fundamental para la superaci&oacute;n de su depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Maria Jos&eacute; Garrido es autora del libro 'Redes de Maternidad y Crianza', de reciente publicaci&oacute;n. La antrop&oacute;loga entiende estos espacios como &ldquo;una versi&oacute;n actualizada de los grupos de mujeres tradicionales alrededor de la crianza. Sus funciones m&aacute;s relevantes destacan el asesoramiento y la resoluci&oacute;n de problemas y dudas, compartir vivencias o el apoyo mutuo y el sost&eacute;n emocional: son madres que sostienen a otras madres estableciendo redes afectivas de crianza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluir mayor informaci&oacute;n sobre el puerperio en los cursos de preparaci&oacute;n al parto, la posibilidad de compartir experiencias con otras madres que hayan pasado por este proceso, el apoyo psicol&oacute;gico como parte de la atenci&oacute;n de la seguridad social a las nuevas madres, o la garant&iacute;a de que los padres puedan usar &iacute;ntegramente los permisos de nacimiento que les corresponden, son algunas de las ideas que proponen las mujeres que ofrecieron su testimonio para este reportaje. Iniciativas que, en su opini&oacute;n, facilitar&iacute;an el tr&aacute;nsito por estas primeras semanas de soledad y desconcierto que, muy frecuentemente, siguen al parto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sarah Babiker]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/parir_1_1953477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Sep 2018 19:08:45 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Dejemos de hablar de apego o sobreprotección y hablemos de cuánto cuestan las escuelas infantiles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/articulo-maternidad_1_2215821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c89a4a43-60bc-48f4-8807-3eaa1ad2a2e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dejemos de hablar de apego o sobreprotección y hablemos de cuánto cuestan las escuelas infantiles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se caracteriza a madres (y padres) como gente que sobreprotege o abandona, pero poco se habla de la pasta que cuestan las escuelas infantiles y de lo jodido que es ir a trabajar tras haber pasado una noche en vela</p><p class="subtitle">No es lo mismo ser madre que padre. No lo es respecto a tu vida laboral, respecto a la cantidad de artículos idiotas que te hablan de tener o no tener hijos, respecto al juicio social</p><p class="subtitle">Las horas que trabajamos de menos las vamos a pagar toda la vida, las horas que se trabajan de más no las vas a recuperar nunca. Estamos todas y todos cansados. Algo no funciona</p></div><p class="article-text">
        Hace pocas semanas mi hija mayor cumpli&oacute; cinco a&ntilde;os. Los d&iacute;as anteriores, me sent&iacute; como en una pel&iacute;cula de Ken Loach, recorriendo mi barrio empobrecido mientras hac&iacute;a c&aacute;lculos sobre cu&aacute;nto para la fiesta y cu&aacute;nto para el regalo y cu&aacute;nto para la tarta. Yo soy de una generaci&oacute;n bisagra entre la promesa de progreso del fin del siglo XX y la precariedad como horizonte de este siglo. A quienes rozamos ese relato nos da cierta verg&uuml;enza admitir que a ratos nuestra vida es una versi&oacute;n con un poco m&aacute;s de glamour y un tanto menos de miseria de las pel&iacute;culas de Ken Loach que ve&iacute;a en la filmoteca de la Facultad de Periodismo, all&aacute; en los noventa, cuando a&uacute;n no sospech&aacute;bamos que la Inglaterra triste post Tatcher, la dignidad permanentemente golpeada, la mera supervivencia puesta en cuesti&oacute;n bajo el mantra neoliberal del &ldquo;No hay alternativa&rdquo; ser&iacute;a nuestro panorama vital al cambiar el milenio.
    </p><p class="article-text">
        Esto es un art&iacute;culo sobre maternidad en el que no voy a hablar sobre si los ni&ntilde;os son m&aacute;s o menos molestos en los restaurantes. Tampoco voy a valorar si mi vida era mejor antes que ahora, no me compr&eacute; una aspiradora, tengo dos hijas, no suman ni restan, son de otra naturaleza que ni los planteamientos cortoplacistas de la felicidad, ni cierta idea consumista de &ldquo;libertad&rdquo; acaban de asumir o procesar.
    </p><p class="article-text">
        Y digo maternidad, porque soy madre, y no es lo mismo ser madre que padre. No lo es respecto a tu vida laboral, o sea respecto a tu acceso a recursos econ&oacute;micos, o sea respecto a tu seguridad presente y futura. No es lo mismo en cuanto a la cantidad de art&iacute;culos idiotas que te hablan de tener o no tener hijos, como quien diserta sobre si es mejor veranear en la playa o en la monta&ntilde;a sin preocuparse sobre si tienes los medios para veranear.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es lo mismo en cuanto a la mirada de la gente, al juicio social que es lo m&aacute;s social que le queda a la crianza, donde todo quisqui tiene una opini&oacute;n, pero muchas menos personas tienen un rato para echarte una mano. Y sobre todo no es lo mismo en cuanto al acecho de arquetipos que te persiguen y al mismo tiempo te esconden.
    </p><p class="article-text">
        Estamos escondidas, s&iacute;, enterradas tras abstracciones del sentido com&uacute;n: que si las obsesas del apego que dan la teta hasta los ocho a&ntilde;os y se dejan tiranizar por sus vastaguitos. Que si las madres trabajadoras e independientes que no renuncian a su carrera ni a ser mujeres. Elige tu bando en el mercado de la maternidad: &iquest;Estivill o Carlos Gonz&aacute;lez?, &iquest;pecho o biber&oacute;n?, &iquest;madre de anuncio o malamadre?, &iquest;feminista de la igualdad o feminista de la diferencia? Categor&iacute;as que se diluyen en contacto con las realidades cotidianas pero que se solidifican y banalizan en el mundo et&eacute;reo del discurso, donde lo importante es posicionarse, y si es con un poco de mala leche, mejor.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se caracteriza a las madres (y a los padres) como gente que sobreprotege o abandona, como egoc&eacute;ntricas o pringados, pero poco se habla de la pasta que cuestan las escuelas infantiles, de lo jodido que es ir a trabajar tras haber pasado una noche en vela. De esos inviernos donde las peque&ntilde;as se enferman y t&uacute; tienes que faltar al trabajo y lo que eso implica, o com&eacute;rtelo con patatas porque eres &ndash;oh, afortunada&ndash; un aut&oacute;noma que trabaja para s&iacute; misma, no tienes que justificar tu falta pero tampoco currar&aacute;s ni cobrar&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En fin, que muy poco se habla de lo mal que se sostiene este tinglado en el que el centro de todo es el empleo, cada vez m&aacute;s precario e inestable, y donde el cuidado de las personas debe ser supeditado a un mundo laboral que se ha ido volviendo m&aacute;s enemigo de nuestras existencias a golpe de reformas laborales.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute; tener hijas si es tan complicado?</h3><p class="article-text">
        Y entonces, te dir&aacute;n: &iquest;Por qu&eacute; tener hijas si es tan complicado? Si no se dan las condiciones. Si el mundo se va al carajo. &iquest;No est&aacute;s siendo irresponsable, o peor, ego&iacute;sta? Pero, &iquest;qu&eacute; pasa si las queremos? &iquest;Qu&eacute; pasa si queremos crear vida, ponerle cara y piel al futuro, abrazar cuerpos peque&ntilde;os, sonre&iacute;r tontamente ante lo indefinible, reinventar lo posible, redescubrir el misterio de las hormigas y reaprender los nombres de los dinosaurios? &iquest;Qu&eacute; pasa si nos fascina el juego gratuito, el humor infante? &iquest;Qu&eacute; pasa si decidimos apostarle al amor denso, que resiste incordios e impertinencias, desencuentros y edades del pavo, ese v&iacute;nculo contradictorio y f&eacute;rtil y tan tan complicado que nos tiene agotadas?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa si optamos por asumir el cansancio, porque nos merece la pena, nos merece la alegr&iacute;a, pero al mismo tiempo exigimos que ellos se cansen m&aacute;s para que nosotras nos cansemos menos, para que nos cansemos lo mismo? La cuesti&oacute;n es que la redistribuci&oacute;n del cansancio trasciende la divisi&oacute;n sexual del trabajo dentro de las familias. No queremos un estado de excepci&oacute;n para quienes tienen hijos, y mucho menos, solo para las madres. De nada sirve &ldquo;el privilegio&rdquo; de una reducci&oacute;n de jornada, ante un mercado laboral que fagocita las horas de todas. Las horas que trabajamos de menos las vamos a pagar toda la vida, las horas que se trabajan de m&aacute;s no las vas a recuperar nunca. Estamos todas y todos cansados. Algo no funciona.
    </p><p class="article-text">
        En fin, cinco a&ntilde;os de maternidad dan para dejarse de chorradas, asumir que las cosas son complicadas, a ratos impredecibles, a ratos, la maravilla. Sirven para entender que cualquier compromiso, avance, cambio revolucionario, pasa por complicarse la vida. Claro que no es necesario tener hijas para entender esto, ni tener hijos te ayuda por s&iacute; mismo a entenderlo. Quiz&aacute;s solo dificulta evadirse del hecho de que esto, como est&aacute; armado, no aguanta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que lo que yo reivindico no es la maternidad como <em>target</em>, ni como &uacute;nico destino para las mujeres, no es el amor materno asociado a la anulaci&oacute;n o el sacrificio, o el amor &ntilde;o&ntilde;o capitalizable por el mercado de los productos infantiles. No es la maternidad como estilo de vida que te vende el capitalismo en sus revistas mientras arrasa las estructuras que sostienen la reproducci&oacute;n de la existencia. El amor que yo reivindico, ni siquiera es un amor privado y bilateral que una a madres e hijas. Es un v&iacute;nculo intergeneracional, el que deber&iacute;amos tener hacia los hijos de los otros, hacia las nosotras del futuro. Que vienen otros, que tiene que haber alternativa, que la vida no puede ser una pel&iacute;cula de Ken Loach repetida en bucle.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sarah Babiker]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/articulo-maternidad_1_2215821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Mar 2018 21:46:48 +0000]]></pubDate>
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