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    <title><![CDATA[elDiario.es - Patricia Horrillo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/patricia_horrillo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Patricia Horrillo]]></description>
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      <title><![CDATA[Aplicaciones para ligar: ponme cuarto y mitad de carne y medio kilo de emoción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/aplicaciones-ligar-ponme-cuarto-emocion_1_2210867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbc5c79e-26cc-4372-8e94-b43a1da95a92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aplicaciones para ligar: ponme cuarto y mitad de carne y medio kilo de emoción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La carta de aplicaciones es cada vez más amplia. ¿Y el menú? La casquería física y emocional de hombres y mujeres dispuestas a mezclarse con el mejor aliño</p><p class="subtitle">Tengo ganas de conocer tipos que me interesen y con los que me pueda acostar, pero este mercadeo agotador y venta de mí misma me hace plantearme si de verdad no hay otra forma</p><p class="subtitle">En esta época en la que los selfies y la exhibición fotográfica están tan extendidos, se puede saber mucho de alguien por las imágenes que publica</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; puede hacer una mujer de 41 a&ntilde;os para ligar en Madrid? Me siento un poco como Carrie Bradshow en uno de los cap&iacute;tulos de Sexo en Nueva York cuando me hago esta pregunta, pero os aseguro que no es un <em>invent</em>. Las personas solteras que vivimos en el gran monstruo que es la capital de Espa&ntilde;a sabemos que, por una cuesti&oacute;n num&eacute;rica, deber&iacute;amos poder encontrar hombres y mujeres con los que podamos encajar seg&uacute;n lo que estemos buscando. De hecho, ahora disponemos de montones de aplicaciones para conocer gente nueva, rollos, amigos, amantes y hasta potenciales parejas. &iquest;Acaso no hab&eacute;is o&iacute;do hablar de Tinder, Badoo, Meetic, Adopta un t&iacute;o, Ok Cupid, Lovoo&hellip;? La carta es cada vez m&aacute;s amplia. &iquest;Y el men&uacute;? El men&uacute; son nuestras carnes (y hasta corazones): la casquer&iacute;a f&iacute;sica y emocional de hombres y mujeres dispuestas a mezclarse con el mejor ali&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En este mercado se nos vende la idea de que &ldquo;ah&iacute; fuera&rdquo;, en ese oc&eacute;ano de internet, existe la persona con la que somos compatibles. En la publicidad de estas nuevas empresas c&aacute;rnicas se nos muestran chicos y chicas estilosas y felices como en los anuncios de Coca-Cola de los a&ntilde;os 80. Y nos cuentan que, seamos como seamos (heterosexuales, heteroflexibles, transexuales, homosexuales, bisexuales, sapiosexuales, demisexuales&hellip;) y sea lo que sea que busquemos (desde sexo espor&aacute;dico a una relaci&oacute;n tradicional), con una aplicaci&oacute;n y desde la comodidad de nuestro dispositivo m&oacute;vil lo podemos encontrar.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, mi experiencia por estos mundos de los contactos por apps ha sido variada: desde el buffet libre a la entrega a domicilio, aunque ahora he llegado a un momento de empacho del que no s&eacute; muy bien c&oacute;mo salir.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que entr&eacute; en contacto con una aplicaci&oacute;n para ligar fue a principios de 2010, por lo que se puede decir que viv&iacute; la prehistoria de los programas de citas online. Hab&iacute;a vuelto a Madrid despu&eacute;s de varios a&ntilde;os viviendo en Barcelona y un divorcio a cuestas. Ten&iacute;a 32 a&ntilde;os y casi ning&uacute;n lazo con la gente de mi ciudad. Una amiga que trabajaba en Meetic me propuso que me abriera una cuenta. &ldquo;&iexcl;Venga, an&iacute;mate! Y te pongo perfil premium un par de meses&rdquo;. Mi primera reacci&oacute;n fue re&iacute;rme porque me parec&iacute;a marciano y le dije que no ten&iacute;a el cuerpo preparado para tanto futuro.
    </p><p class="article-text">
        Pero a los pocos meses, las ganas y la curiosidad se antepusieron a las reticencias y me di de alta. Avis&eacute; a mi amiga y empec&eacute; a ver c&oacute;mo me mov&iacute;a en ese mundo digital que era completamente nuevo para m&iacute;. &iexcl;Todav&iacute;a no ten&iacute;a ni Twitter en ese momento! Por aquel entonces yo ten&iacute;a un m&oacute;vil de la era pre-smart (&iexcl;qu&eacute; tiempos!) y todo se hac&iacute;a desde el ordenador: completar informaci&oacute;n, responder a ciertas cuestiones para presentarte &ldquo;en sociedad&rdquo;, subir fotos para el perfil&hellip; y avivar al voyeur que (creo que) todxs llevamos dentro.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo lo divertido que me result&oacute; empezar a mirar los &ldquo;cromos&rdquo; de los perfiles de t&iacute;os: nole, nole, nole, &iexcl;sile!, nole, nole&hellip; S&iacute;, claro, aqu&iacute; no se trataba tanto de &ldquo;tenerlos&rdquo; sino de los que una quer&iacute;a tener. Me gustaba tambi&eacute;n llegar a casa y, al encender el ordenador y conectarme, que empezaran a llegarme mensajitos de los chicos a los que les hab&iacute;a gustado mi perfil. Ten&iacute;a todo un punto naif que me devolv&iacute;a en parte a la adolescencia.
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a varios chicos y aprend&iacute; que una buen&iacute;sima conexi&oacute;n chateando no tiene que corresponderse necesariamente con que luego esa persona me atraiga o encajemos en persona. Con lo que reduje el tiempo de &ldquo;conocimiento&rdquo; escrito y, con el &uacute;ltimo chico con el que tuve una cita, a los pocos d&iacute;as de habernos saludado a trav&eacute;s de la pantalla, me qued&eacute; con &eacute;l casi seis a&ntilde;os porque las qu&iacute;micas (y m&aacute;s tarde el amor) funcionaron. Fue una experiencia maravillosa y supe que en mis c&iacute;rculos personales y laborales nunca le habr&iacute;a conocido, as&iacute; que me rend&iacute; a la tecnolog&iacute;a y a internet.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 2017, meses despu&eacute;s de separarme y tras un tiempo de recogimiento necesario, decid&iacute; probar alguna de esas aplicaciones para ligar de las que tanto hab&iacute;a o&iacute;do hablar. Ahora no buscaba pareja sino otro tipo de encuentros para ver la compatibilidad en la cama y pasar un buen rato. Hab&iacute;an pasado unos a&ntilde;os y ya todo eran apps para m&oacute;viles. Muchas alternativas y cada una autopromocionada como &ldquo;la mejor herramienta para X&rdquo;, siendo X buscar pareja, ligar o, directamente, follar.
    </p><p class="article-text">
        Me lanc&eacute; a Tinder y tuvo su gracia. Era f&aacute;cil e intuitiva y s&oacute;lo se abr&iacute;a el chat cuando las dos personas nos hab&iacute;amos gustado (match!). Con una o varias fotos y una descripci&oacute;n personal ten&iacute;a que hacerme una idea r&aacute;pida para decidir en qu&eacute; direcci&oacute;n pasaba los &ldquo;cromos&rdquo;: hacia la izquierda para descartar o hacia la derecha para salvar. La verdad es que en esta &eacute;poca en la que los selfies y la exhibici&oacute;n fotogr&aacute;fica est&aacute;n tan extendidos, se puede saber mucho de alguien por las im&aacute;genes que publica. Yo eliminaba a todos los que posaban al lado de un coche, una moto o un barco. Nunca me han interesado los individuos que necesitan reforzar  su masculinidad con algo que lleve un motor.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros matches fueron divertidos, como a&ntilde;os atr&aacute;s. Aunque enseguida me di cuenta de dos cosas: por un lado, que no es lo mismo treinta y pocos que estar entrando en la cuarentena y, por otro, que se abriera el chat no quer&iacute;a decir que hubiera una conversaci&oacute;n, sobre todo si la que iniciaba la charla era yo. Aunque no fue siempre as&iacute;, la mayor&iacute;a de las veces en las que escrib&iacute; la primera, no recib&iacute; respuesta. Ahora que lo pienso, puede que las dos cosas s&iacute; que est&eacute;n relacionadas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Tinder fue divertida hasta que me asust&eacute;. Qued&eacute; con un tipo del que no sab&iacute;a nada m&aacute;s que le gustaba un tema musical muy friki que es mi favorito, y le propuse unos vinos ese mismo mediod&iacute;a en una terraza. Yo era muy clara en mis mensajes: &ldquo;no busco pareja, busco compatibilidad personal y una cierta atracci&oacute;n f&iacute;sica para pas&aacute;rmelo bien en la cama, sin otras expectativas&rdquo;. Y aunque no me pas&oacute; nada, el individuo combinaba todos los elementos por los que me habr&iacute;a cambiado de acera de cruz&aacute;rmelo por la noche. Ah&iacute; me di cuenta de lo vulnerable que era y busqu&eacute; una excusa para largarme despu&eacute;s del primer vino (no supe c&oacute;mo hacer para hacerlo antes). Cuando me fui, sent&iacute; rabia por no ser un t&iacute;o para poder vivir mis impulsos sin miedo. &iexcl;Grrrrr!
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esta experiencia, un amigo me dijo que probara con OK Cupid porque ten&iacute;a varios filtros que me permitir&iacute;a poder seleccionar mejor las personas con las que quedaba. Y as&iacute; lo hice. Me borr&eacute; del Tinder y me hice una cuenta en esta otra aplicaci&oacute;n. Al ser todo en ingl&eacute;s es cierto que filtra a gente (con el clasismo que eso mismo conlleva). Hay un cuestionar infinito muy orientado a la poblaci&oacute;n de Estados Unidos con preguntas sobre armas, Trump, amish&hellip; pero que me permiti&oacute; completar un perfil bastante completo.
    </p><p class="article-text">
        OK Cupid tuvo varias cosas buenas y es que, por ejemplo, me oblig&oacute; a hacerme a m&iacute; misma preguntas sobre pr&aacute;cticas sexuales que jam&aacute;s me hab&iacute;a hecho. Los porcentajes de afinidad ayudan a que realmente puedas entablar una conversaci&oacute;n con alguien de tu misma cuerda. Y, en ese sentido, tienes m&aacute;s datos para valorar con qui&eacute;n te citas en persona. Tuve algunas citas satisfactorias aunque lleg&oacute; un momento en el que tambi&eacute;n me agot&oacute; la din&aacute;mica: quedas para tomar algo, ofreces la mejor versi&oacute;n de ti misma (que crees que m&aacute;s le puede interesar al t&iacute;o que tienes enfrente), intentas prestar atenci&oacute;n a lo que te cuenta de s&iacute; mismo y, si las qu&iacute;micas encajan&hellip; &ldquo;&iquest;En la tuya o en la m&iacute;a?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, todo ese esfuerzo de frescura y naturalidad, que al principio era divertido, ahora se me ha indigestado&hellip; No es f&aacute;cil encontrar matches en la vida real en los que se combine una cierta afinidad ideol&oacute;gica y una buena qu&iacute;mica en la cama. Tengo ganas de conocer tipos que me interesen y con los que me pueda acostar, pero este mercadeo agotador y venta de m&iacute; misma me hace plantearme si de verdad no hay otra forma. &iquest;Deber&iacute;a recurrir a las citas que me organicen colegas? &iquest;Voy a un speeddate? &iquest;Pruebo con los anuncios por palabras? Todav&iacute;a no lo tengo decidido. Acepto ideas&hellip; #UnaCitaParaPatri
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Horrillo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Mar 2018 19:31:49 +0000]]></pubDate>
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