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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángela Arambarri]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angela_arambarri/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángela Arambarri]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Aprender a callar en la esfera virtual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/aprender-callar-esfera-virtual_132_2206530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/323db141-4e9c-4312-b5f9-a63e22faa679_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Banksy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora reflexiona sobre la importancia de recuperar el silencio como elemento importante de comunicación.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">«Por eso te he repetido en más de una ocasión que el amor por la palabra implica la fascinación por el silencio.» (Abate Dinouart, El arte de callar)<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Callar es en ocasiones m&aacute;s dif&iacute;cil que hablar. La decisi&oacute;n de no hablar ya es en s&iacute; una forma de comunicaci&oacute;n. &laquo;Un ser que no sea capaz de renunciar a decir muchas cosas ser&iacute;a incapaz de hablar&raquo;, reflexionaba Ortega y Gasset en El hombre y la gente, teniendo en cuenta que: &laquo;el decir es un estrato m&aacute;s profundo que el hablar&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como habilidad comunicativa, el silencio siempre me ha suscitado inter&eacute;s, y con ello el cuestionamiento de que &laquo;lo dicho&raquo; sea lo que m&aacute;s peso tiene en el intercambio comunicativo. El silencio cobra especial sentido en una sociedad moderna consumista, acelerada y sobresaturada de est&iacute;mulos como la nuestra, en la que cada vez m&aacute;s gente se interesa por la meditaci&oacute;n y ciertas pr&aacute;cticas orientales como el Tai-chi o el Yoga. En palabras del te&oacute;logo y escritor madrile&ntilde;o Pablo D&rsquo;Ors, gracias a estas pr&aacute;cticas &laquo;se aprende a no querer ir a ning&uacute;n lugar distinto del que se est&aacute;; se quiere estar en el que se est&aacute;, pero plenamente, para explotarlo, para ver lo que da de s&iacute;&raquo;. Nos interesa rescatar este llamamiento al repliegue, a la reflexi&oacute;n y a la contenci&oacute;n en esta &eacute;poca en la que la que comunicar parece una exigencia, y los pensamientos, mercanc&iacute;a. El imperativo de manifestarse, de expresarse y hacerse notar es hoy muy superior a la importancia que tiene reflexionar, planear, estar, aprehender. Predomina en nuestros d&iacute;as lo que Jean-Jacques denomin&oacute; la &laquo;escritura de la urgencia&raquo;, en la que en la ausencia de silencio se produce, parad&oacute;jicamente, un silencio en las convicciones y una indiferencia creciente hacia el pensamiento hacia la cosa escrita, pues todos queremos ser visibles, inmediatos. Esto demuestran tambi&eacute;n los escritores que tienen un ritmo de publicaci&oacute;n imparable, como advierte Rafael Ruiz Pleguezuelos en uno de sus art&iacute;culos para la revista Jot Down:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&laquo;Hay reputaciones literarias forjadas desde el ruido y la ubicuidad, con escritores que luchan por estar en todas partes y ofrecen un flujo constante de textos. Un ejemplo al respecto ser&iacute;a esa insistente e incontenible&nbsp;Am&eacute;lie Nothomb, a quien las p&aacute;ginas parecen fluir sin descanso, como si escribir hubiera llegado a ser para ella una especie de segunda respiraci&oacute;n.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el silencio que se produce tras la publicaci&oacute;n de un gran texto tambi&eacute;n puede contribuir a forjar una leyenda, pues, como tambi&eacute;n se&ntilde;ala el autor del art&iacute;culo &laquo;El silencio os sienta tan bien&raquo;, la falta absoluta de informaci&oacute;n sobre un artista provoca que &laquo;la mente de sus admiradores trabaje para ficcionalizar lo que les falta: por qu&eacute; se aparta de todo, qu&eacute; hace cada ma&ntilde;ana, por qu&eacute; se niega a dar textos al mundo&hellip;&raquo;. Un poco m&aacute;s adelante comenta que &laquo;una de las verdades universales de la industria cultural es que el p&uacute;blico siempre quiere m&aacute;s&raquo;. Es as&iacute;. Nos asusta la idea de dejar de tener la habilidad, las ganas o el inter&eacute;s de seguir produciendo.
    </p><p class="article-text">
        Esta obsesi&oacute;n por estar presentes en la esfera p&uacute;blica se traslada, sin duda en nuestros d&iacute;as, a la virtual, pues ahora que las tecnolog&iacute;as forman parte de nuestras actividades diarias &ndash;tener un m&oacute;vil parece implicar la obligaci&oacute;n de estar disponibles las veinticuatro horas&ndash;, se desdibuja la l&iacute;nea que separa nuestra vida online de la offline, y con ella, la que separa nuestra vida p&uacute;blica de la privada. Investigadores de los efectos de las tecnolog&iacute;as en la comunicaci&oacute;n han llegado a la conclusi&oacute;n de que las nuevas tecnolog&iacute;as han tra&iacute;do consigo una &laquo;reflexividad acelerada de la secuencia&raquo;, lo que es decir que los cambios tecnol&oacute;gicos se suceden muy r&aacute;pido y conducen a un estado de constante novedad, que genera en la comunidad usuaria una expectativa insaciable de revoluci&oacute;n y actualizaci&oacute;n, lo que se ha denominado the habitus of the new.
    </p><p class="article-text">
        Trasladando esta reflexi&oacute;n al &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico-comunicativo, en el que yo me muevo, advertimos que la nueva informaci&oacute;n pierde, en cierto modo, su naturaleza comunicativa, precisamente debido a esta expectativa, pues al saber que este contenido ser&aacute; reemplazado de inmediato, no le prestamos la atenci&oacute;n debida. Las aplicaciones tecnol&oacute;gicas como el Whatsapp, que permiten enviar y recibir mensajes instant&aacute;neos, audios, v&iacute;deos, informaci&oacute;n sobre tu ubicaci&oacute;n, etc., han supuesto una revoluci&oacute;n en la mensajer&iacute;a instant&aacute;nea, en la que el silencio, o la no respuesta, tiene una connotaci&oacute;n cada vez m&aacute;s negativa. Si tu disponibilidad no es total, si no est&aacute;s pendiente del m&oacute;vil o si lees un mensaje y decides responder m&aacute;s tarde, no est&aacute;s contribuyendo al intercambio comunicativo con la rapidez esperada, y si tu din&aacute;mica comunicativa no responde a esta filosof&iacute;a de la inmediatez, corres el riesgo de terminar pareciendo un asocial. Si bien es cierto que aplicaciones como Skype o Hangout, entre otras muchas, han contribuido a que la comunicaci&oacute;n con familia y amigos sea m&aacute;s frecuente, la calidad de esta comunicaci&oacute;n, si atendemos a factores como la saturaci&oacute;n de los mensajes en los grupos o la cantidad de im&aacute;genes irrelevantes que se comparten, merecer&iacute;a un an&aacute;lisis cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La red social Facebook, por ejemplo, no disfraza su invitaci&oacute;n a la inmediatez. Al entrar en tu cuenta, lo primero que aparece en tu muro es un: &laquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s pensando?&raquo;, incit&aacute;ndote a transformar de manera autom&aacute;tica tus pensamientos en mensajes, y as&iacute;, darle actividad a la p&aacute;gina y no perder el ritmo de la constante generaci&oacute;n de informaci&oacute;n. De cierta manera, se anula el silencio, el deseo de no comunicar, convirtiendo este no compartir, no manifestar, en una se&ntilde;al de que no quieres participar, deslig&aacute;ndote inevitablemente de una comunidad de la que te han hecho parte. Esta cantidad ingente de informaci&oacute;n puede llevarnos a perder el criterio de saber qu&eacute; es relevante y qu&eacute; no, qu&eacute; tomamos por significativo, &uacute;til, necesario. Olvidamos que no importa tanto a cu&aacute;nta informaci&oacute;n somos capaces de acceder, sino c&oacute;mo de bien podemos procesarla y con qu&eacute; merece la pena quedarse. Hoy, m&aacute;s que nunca, como se&ntilde;alaba D&rsquo;Ors, en su librito La biograf&iacute;a del silencio: &laquo;nos asusta el escenario vac&iacute;o; nos da la impresi&oacute;n de que nos aburriremos en esa desolaci&oacute;n. Pero ese vac&iacute;o es nuestra identidad m&aacute;s radical, pues no es otra cosa que pura capacidad de acogida&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Saber renunciar a decir en las redes sociales y en las aplicaciones de mensajer&iacute;a es una de las habilidades necesarias para ser buenos comunicadores, para no devaluar la palabra. En este caso no se tratar&iacute;a de interpretar qu&eacute; significa que alguien no me env&iacute;e un whatsapp diario o qu&eacute; clase de silencio estrat&eacute;gico emplea Mar&iacute;a si no publica en Instagram lo que ha hecho hoy en una de sus &laquo;stories&raquo; (a d&oacute;nde ha ido, con qui&eacute;n, c&oacute;mo se ha sentido y de qu&eacute; sabor se tom&oacute; el helado), sino entender que el silencio que urge en la vida virtual es uno que d&eacute; espacio y peso a lo dicho, una alternativa a ese &ldquo;hablar por hablar&rdquo;, y que se adapte en la medida de lo posible a la comunicaci&oacute;n natural, en la que hay dinamismo pero tambi&eacute;n pausa, en la que se puede esperar a ver a alguien para preguntarle qu&eacute; tal est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aprender a callar es aprender a contar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Arambarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/aprender-callar-esfera-virtual_132_2206530.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Mar 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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