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    <title><![CDATA[elDiario.es - Margarita Valencia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/margarita_valencia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Margarita Valencia]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Alma Guillermoprieto en el espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alma-guillermoprieto-espejo_129_2137979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49873dba-6629-4d9b-a627-2d581d59a709_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alma Guillermoprieto en el espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tiene una voz suave, dulce. Un andar ligerísimo. Sabe mirar y sabe preguntar</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>As&iacute; es la escritota, periodista y bailarina mexicana <a href="https://www.eldiario.es/cultura/Estela-Guillermoprieto-Princesa-Comunicacion_0_767473492.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">premiada con el Princesa de Asturias</a>&nbsp;de Comunicaci&oacute;n y Humanidades</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Alma Guillermoprieto tiene una voz suave, dulce, con un dejo indefinible que uno calificar&iacute;a como mexicano solo despu&eacute;s de saber que puede ser mexicano. Y tiene un andar ligero, liger&iacute;simo, como si tuviera que evitar el piso a toda costa. Y la una y el otro se confabulan para que uno olvide a veces que Alma es una mujer grande y buena moza, imposible de ignorar. Por eso resulta tan divertida la an&eacute;cdota que cont&oacute; durante la clausura del Foro Centroamericano de Periodismo (2011). Guillermoprieto record&oacute; para sus estudiantes su primera visita a El Salvador como periodista, a donde lleg&oacute; apenas con una lista de nombres. Uno de ellos, tras darle a su vez el nombre de un joven cristiano que podr&iacute;a llevarla a donde ella quer&iacute;a ir, le pidi&oacute;: &ldquo;Vestite de una manera decente, vos. Trat&aacute; de no llamar la atenci&oacute;n.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Esta primera visita a El Salvador fue el comienzo de una serie de reportajes que aparecieron en The Washington Post entre 1982 y 1984 sobre la guerra all&iacute;, &ldquo;un conflicto m&aacute;s complejo (que el de Nicaragua) y tambi&eacute;n un laboratorio incomprensible de la crueldad humana&rdquo;. Este y otros veinticinco textos se pueden leer en Desde el pa&iacute;s de nunca jam&aacute;s, la antolog&iacute;a que Claudio L&oacute;pez de Lamadrid prepar&oacute; y public&oacute; en 2011, un recorrido de treinta a&ntilde;os por la Am&eacute;rica Latina que Alma Guillermoprieto describi&oacute;, reporte&oacute; y explic&oacute; con la inteligencia de quien sabe preguntar y sabe mirar, y con el amor cada vez m&aacute;s desolado de quien empez&oacute; su vida adulta &ldquo;en una Cuba a&uacute;n en plena efervescencia revolucionaria&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Alma no lleg&oacute; a Cuba como reportera sino como bailarina, tras haber fracasado en su intento de entrar a la compa&ntilde;&iacute;a de Twyla Tharp. Merce Cunningham, su maestro de danza en Nueva York, le hab&iacute;a contado que buscaban a una profesora de danza en Cuba y Tharp, que andaba cerca, intervino en la conversaci&oacute;n: &ldquo;Si fuera usted, yo aceptar&iacute;a ese puesto. Por estos lados no va a llegar a ninguna parte.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La historia aparece en La Habana en un espejo, una cr&oacute;nica desencantada y deslumbrante sobre la vida en Cuba en ese momento y que fue publicada primero en ingl&eacute;s, en 2004, a pesar de ser quiz&aacute;s el primer texto de largo aliento que Alma escrib&iacute;a en espa&ntilde;ol en muchos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Su carrera de bailarina la llev&oacute; a Nueva York, y all&aacute; empez&oacute; tambi&eacute;n su carrera period&iacute;stica, primero en The Guardian y en el Washington Post, despu&eacute;s en Newsweek, y despu&eacute;s en la <a href="https://www.newyorker.com/contributors/alma-guillermoprieto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">New Yorker</a> y en la <a href="http://www.nybooks.com/contributors/alma-guillermoprieto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">New York Review of Books.</a> Creo que el descubrimiento de sus cr&oacute;nicas del New Yorker, Cartas desde Am&eacute;rica Latina, fue un parteaguas para muchos de quienes nos convertimos en sus fieles lectores. Reconoc&iacute;amos el mundo que Alma describ&iacute;a all&iacute;, minuciosa y descarnadamente, en toda su gloriosa complejidad, pero la perspectiva era completamente nueva. 
    </p><p class="article-text">
        El nuestro era en ese momento (lo es mucho m&aacute;s ahora) un periodismo de af&aacute;n, que pasaba por encima de  las noticias pero no ten&iacute;a tiempo de detenerse a mirarlas con cuidado. A eso se le sumaba la opini&oacute;n contundente y en general poco informada de los columnistas. El resultado era (sigue siendo) una conversaci&oacute;n pol&iacute;tica tan apasionada e insulsa, irreflexiva e irresponsable. Alma Guillermoprieto nos ofreci&oacute; una Am&eacute;rica Latina poblada de gente con las m&aacute;s diversas inclinaciones y convicciones, gentes de muchas pelambres y de muy variadas ocupaciones, empe&ntilde;ada en la tarea tit&aacute;nica de vivir contra todo pron&oacute;stico. Y quienes la leemos tenemos el privilegio de entender un poco mejor una realidad resbaladiza, compleja, opaca, que nos obliga a tomar posiciones a cada minuto sin darnos tiempo para la reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; hacer periodismo?&rdquo;, pregunt&oacute; Alma a sus estudiantes en el Foro. &ldquo;A falta de militancia y en ausencia de la obligaci&oacute;n moral en abstracto, &iquest;por qu&eacute; seguir en el oficio? En mi caso personal, para satisfacer una curiosidad inagotable, para entender el mundo, y para vivir una aventura maravillosa. (...) Una parte importante de esa aventura es el placer del asiento de primera fila ante el gran teatro del mundo. Esa mirada es la que le prestamos a nuestros lectores.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        The Heart that Bleeds recoge las cr&oacute;nicas que escribi&oacute; para la New Yorker. En 1995 edit&eacute; para Norma la versi&oacute;n en espa&ntilde;ol, con el t&iacute;tulo Al pie de un volc&aacute;n te escribo. Encargu&eacute; la traducci&oacute;n a Hernando Valencia, el mejor traductor colombiano en ese momento, y nunca he visto una cara m&aacute;s desolada que la de Alma tras leer la traducci&oacute;n: no se reconoc&iacute;a a s&iacute; misma en esa voz pasada por la cabeza cult&iacute;sima y muy poco aventurera de Hernando Valencia, y no reconoc&iacute;a a los hombres y mujeres sobre los cuales hab&iacute;a escrito, y cuyas voces hab&iacute;a registrado minuciosamente en sus notas. Pasamos meses trabajando en esa traducci&oacute;n, reconstruyendo conversaciones, precisando las expresiones particulares de cada pa&iacute;s, de cada pueblo, de cada persona con la que hab&iacute;a conversado para escribir la cr&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        El libro no se vendi&oacute; mucho en ese momento, pero creo que ese y los que siguieron se han convertido en referentes fundamentales para quien quiera entender este continente. 
    </p><p class="article-text">
        Durante los m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de andar de un lado a otro buscando historias, Alma ha hecho amigos entra&ntilde;ables. Su llegada a Bogot&aacute; se anuncia siempre con una invitaci&oacute;n a almorzar y se entiende que ser&aacute; ella quien cocine. Escribi&oacute; durante a&ntilde;os una columna de comida para Nexos, y nunca suena tan apasionada como cuando habla del tema. Pero en realidad Alma reportea veinticuatro horas al d&iacute;a, como lo se&ntilde;al&oacute; Juanita Le&oacute;n: &ldquo;Incluso mientras tomaba vino y se re&iacute;a con la gente que quer&iacute;a estaba trabajando&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Juanita Le&oacute;n, directora del peri&oacute;dico digital colombiano <a href="http://lasillavacia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La silla vac&iacute;a,</a> es una de sus muchas disc&iacute;pulas. Su tarea como maestra de cronistas es casi tan relevante como su obra period&iacute;stica, y se inici&oacute; gracias a su asociaci&oacute;n con la <a href="/content/edit/fnpi.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Nuevo Periodismo Iberoamericano,</a> a donde fue a parar por invitaci&oacute;n de Garc&iacute;a M&aacute;rquez desde sus inicios, a mediados de 1995. 
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que la vi, hace unos meses, andaba muy entusiasmada con la idea del periodismo cient&iacute;fico, y pensaba que esa pod&iacute;a ser una salida a la trampa mortal en la que se ha convertido el periodismo de la violencia con el imparable fen&oacute;meno del narcotr&aacute;fico. Su profundo conocimiento de la situaci&oacute;n latinoamericana nos obliga a tomar su preocupaci&oacute;n en serio. En Colombia, lo sabemos bien, el verdadero enemigo del proceso de paz no es la derecha sino el narcotr&aacute;fico, que al perder el territorio colombiano a la democracia perder&iacute;a su ruta fundamental para llegar a M&eacute;xico y a Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ante semejante panorama cuesta trabajo ser optimista o, incluso, no desesperarse&rdquo;, escribi&oacute; Guillermoprieto en el pr&oacute;logo de Desde el pa&iacute;s de nunca jam&aacute;s. Pero remat&oacute; su desaliento con el m&aacute;s latinoamericano de los corolarios: &ldquo;Y sin embargo nunca se me ha ocurrido nada mejor que hacer lo que hago.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sus lectores esperamos que siga iluminando durante muchos a&ntilde;os m&aacute;s este camino culebrero que nos toc&oacute; por hogar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Margarita Valencia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alma-guillermoprieto-espejo_129_2137979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 06:49:31 +0000]]></pubDate>
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