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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ramón Maíz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ramon_maiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ramón Maíz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Renovar el pacto constitucional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/renovar-pacto-constitucional_129_2077304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cb7b464-513d-47d4-bb87-629395ce6feb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Renovar el pacto constitucional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si ha sido posible modificar la Constitución para reconocer el derecho de sufragio pasivo de quienes ostentan la ciudadanía europea o para establecer una nueva regla del déficit, con mayor razón deberíamos poder reformar la Constitución de 1978 en un sentido federal</p></div><p class="article-text">
        Hasta hoy el independentismo ha encontrado el repliegue estatal como &uacute;nica respuesta. Pero los errores de los dirigentes catalanes no pueden seguir sirviendo de excusa al inmovilismo. M&aacute;s pronto que tarde ser&aacute; necesario empezar a hacer autocr&iacute;tica. Con ocasi&oacute;n del refer&eacute;ndum escoc&eacute;s, desde Inglaterra se emitieron estos mensajes: &ldquo;We love you Scotland&rdquo;, &ldquo;We&rsquo;re better together in UK<em>&rdquo;</em>. No son palabras de amor ni de reconocimiento lo que se han escuchado entre nosotros. En lugar de tender puentes, hemos ido ahondando en el desencuentro.&nbsp; &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las reivindicaciones nacionales catalanas, vascas, gallegas o de otros territorios con demandas de car&aacute;cter identitario (Comunitat Valenciana, Illes Balears&hellip;) no deben entenderse como una amenaza a la democracia espa&ntilde;ola ni a la unidad del Estado sino como aspiraciones leg&iacute;timas de una parte de la ciudadan&iacute;a libremente expresadas en una sociedad plural y democr&aacute;tica que, como tales, han de ser atendidas por todos y entre todos, procurando acomodos que no violenten la convivencia en com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si ha sido posible modificar la Constituci&oacute;n para reconocer el derecho de sufragio pasivo de quienes ostentan la ciudadan&iacute;a europea o para establecer una nueva regla del d&eacute;ficit, con mayor raz&oacute;n deber&iacute;amos poder reformar la Constituci&oacute;n de 1978 en un sentido federal, para, profundizando en su esp&iacute;ritu de integraci&oacute;n, acomodar mejor esas reivindicaciones de naturaleza identitaria que, bien entendidas y gestionadas, han de conducir a una Espa&ntilde;a m&aacute;s cohesionada, m&aacute;s tolerante y m&aacute;s estable. Nada hay de antidemocr&aacute;tico en todo ello. Los procedimientos de reforma (art. 167 CE) y de revisi&oacute;n (art. 168 CE) no figuran en la Constituci&oacute;n para que &eacute;sta pueda ser reformada, sino para que sea reformada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El origen m&aacute;s inmediato del actual conflicto con Catalu&ntilde;a tiene uno de sus referentes en la sentencia constitucional 31/2010. Esta sentencia desconoci&oacute; un pacto que se sit&uacute;a en el coraz&oacute;n de la Constituci&oacute;n de 1978, a saber: las comunidades hist&oacute;ricas aceptan que carecen de poder constituyente (nunca tendr&iacute;an una constituci&oacute;n propia como en los estados federales) y, a cambio, los Estatutos de Autonom&iacute;a aprobados por la mayor&iacute;a absoluta de las Cortes Generales no podr&iacute;an aplicarse&nbsp; si no eran previamente refrendados por el pueblo de la comunidad aut&oacute;noma destinataria de cada uno de ellos. Era un acuerdo de equilibrio, un pacto entre personas que, teniendo sentimientos identitarios distintos, buscaban una f&oacute;rmula de compromiso para seguir viviendo juntos y ganarse un futuro en democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El recurso de inconstitucionalidad promovido por el PP, al recurrir un estatuto aprobado por la mayor&iacute;a absoluta del parlamento que representa al pueblo espa&ntilde;ol y votado favorablemente por la ciudadan&iacute;a de Catalu&ntilde;a, dinamit&oacute; ese acuerdo esencial.&nbsp; El TC desconoci&oacute; ese pacto y como consecuencia de ello entr&oacute; en el fondo del recurso mediante una sentencia interpretativa de amplio alcance que no content&oacute; a nadie y, como consecuencia de todo ello, la ciudadan&iacute;a catalana se sinti&oacute; con raz&oacute;n enga&ntilde;ada, pues el Estatuto que &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo; le hab&iacute;a dado y que ella hab&iacute;a aceptado, resultaba ser mucho m&aacute;s reducido de lo que se hab&iacute;a dialogado y acordado, sin dar opci&oacute;n a que el legislador catal&aacute;n pudiese interpretar su Estatuto en el sentido constitucionalmente m&aacute;s adecuado. El TC impuso una visi&oacute;n unilateral del pacto constitucional, que dej&oacute; a Catalu&ntilde;a sin un texto aprobado por las Cortes Generales y por su propio cuerpo electoral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de aquel d&iacute;a el T&iacute;tulo VIII de la Constituci&oacute;n qued&oacute; herido de muerte. La ulterior jurisprudencia constitucional solo ha venido a reafirmar aquella desafortunada decisi&oacute;n y sus efectos m&aacute;s involucionistas. La p&eacute;sima gesti&oacute;n de la crisis catalana y de la crisis econ&oacute;mica han conducido a una imparable e intensa&nbsp; recentralizaci&oacute;n. El Estado de las Autonom&iacute;as se ha convertido en una apariencia, en envoltorio vac&iacute;o de contenidos inciertos. Salvo en aspectos simb&oacute;licos y organizativos puntuales, las CCAA carecen de facultades para desarrollar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas propias: el estado se ha apoderado de las competencias compartidas, los t&iacute;tulos horizontales se han multiplicado exponencialmente, las bases ya no son un m&iacute;nimo com&uacute;n denominador, sino regulaciones uniformes que se imponen en todo el territorio&hellip; Todo camina hacia atr&aacute;s, como si el dise&ntilde;o territorial de 1978 hubiese sido un error que debe ser corregido devolviendo poderes al centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a esa tendencia que desconoce que una Espa&ntilde;a en libertad es una Espa&ntilde;a en la que deben convivir los diferentes, somos muchos los que creemos que es posible renovar el pacto constitucional dentro de un esp&iacute;ritu de concordia, sin humillaciones, sin vencedores ni vencidos. Somos muchas personas los que apostamos por una salida civilizada del contencioso en el que se encuentra Espa&ntilde;a, en la que se reconozca su diversidad identitaria. Somos muchos los que creemos que es posible, como en otras muchas democracias de nuestros d&iacute;as,&nbsp; avanzar hacia una &ldquo;uni&oacute;n&rdquo; en la que est&eacute;n todos, mediante un proyecto pol&iacute;tico federal, en el que el respeto a la diferencia sea una fortaleza que a todos nos iguale.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su sentencia de 1998 sobre el conflicto del Quebec, el Tribunal Supremo de Canad&aacute; emiti&oacute; una sentencia mod&eacute;lica por la forma en que reconcili&oacute; constitucionalismo y democracia, satisfaciendo a todas las partes. El principio democr&aacute;tico queda definido de esta manera en el punto 64 de la sentencia:
    </p><p class="article-text">
        <em>La democracia no se agota en la forma en la que se ejerce el gobierno. Al contrario, la democracia mantiene una conexi&oacute;n fundamental con objetivos sustantivos, el m&aacute;s importante de los cuales es el autogobierno. La democracia da cobijo a las identidades culturales y grupales. Dicho de otra manera, el pueblo soberano ejerce su derecho al auto-gobierno a trav&eacute;s de la democracia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sobre la base de ese principio la CE podr&iacute;a ofrecer una propuesta constitucional inclusiva que asegurase la concordia y ofreciese estabilidad y seguridad para una generaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Azotados por las noticias que a diario se suceden, vivimos ahora en un tiempo en que no se ve la luz. La confrontaci&oacute;n, el desencuentro, la herida, se ampl&iacute;an ante nuestros ojos. Sin embargo, antes o despu&eacute;s, esa sucesi&oacute;n de infortunios tiene que dejar paso a un momento de calma en que se pueda hablar de todo, de modo inclusivo, en el mutuo reconocimiento y la solidaridad interterritorial,&nbsp; con una soluci&oacute;n constitucional v&aacute;lida para todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Maíz, Ramón Maíz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/renovar-pacto-constitucional_129_2077304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Jun 2018 18:17:50 +0000]]></pubDate>
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