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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alejandro_moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Moreno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[Aprender a sentir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/aprender-sentir_132_1794690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3052ea1-66f3-4c0a-ae3b-ca2be28fece1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aprender a sentir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando este hábito se cronifica, no sólo dejamos de sentir emociones más o menos superficiales, sino también sentimientos más arraigados en las profundidades del ser</p><p class="subtitle">La práctica de sentir es la única manera de aprender a sentir, aunque lo que sintamos sea confuso, vago o incómodo. Esta práctica va activando poco a poco el sistema afectivo, un lugar que la mente tiende a despreciar</p></div><p class="article-text">
        Damos por supuesto que eso de &ldquo;sentir&rdquo; nos viene dado por nuestra condici&oacute;n de seres humanos. Decimos que somos seres que piensan y sienten, &iquest;no? Pero, &iquest;hasta qu&eacute; punto sabemos sentir? &iquest;hasta qu&eacute; punto sentimos realmente? Basta contemplar el trato que damos a la naturaleza para dudar de la calidad de nuestro sentir.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de sentir solemos referirnos a sensaciones f&iacute;sicas: siento fr&iacute;o, calor, duro, blando, sabroso, ins&iacute;pido&hellip; La mayor&iacute;a de las conversaciones se refieren a este aspecto m&aacute;s bien material del sentir.
    </p><p class="article-text">
        Pero el sentir tambi&eacute;n se refiere a emociones: ira, tristeza, alegr&iacute;a, miedo&hellip; Es menos habitual o&iacute;r en las conversaciones que &ldquo;siento ira&rdquo;, &ldquo;siento tristeza&rdquo;, etc. Este tipo de lenguaje emocional suele brillar por su ausencia, porque aparentemente nos coloca en un lugar de debilidad e inferioridad. M&aacute;s bien solemos decir que nos da miedo algo o alguien, o que nos enfadamos porque nos han dicho o no nos han dicho, o que nos entristecen ciertos sucesos, ausencias o recuerdos. El caso es que la emoci&oacute;n, al ser acompa&ntilde;ada de un &ldquo;por qu&eacute;&rdquo;, sea el motivo que sea, no suele ser sentida como tal.
    </p><p class="article-text">
        No estamos habituados a sentir una emoci&oacute;n como tal, sin acompa&ntilde;arla de una historia que la justifica. Nos cuesta salir del &ldquo;siento-miedo-de&rdquo;, &ldquo;siento-alegr&iacute;a-por&rdquo;, &ldquo;estoy-enfadado-con&rdquo;, etc. Solemos proyectar la emoci&oacute;n hacia fuera, ahorr&aacute;ndonos el v&eacute;rtigo de sentir la emoci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando este h&aacute;bito se cronifica, no s&oacute;lo dejamos de sentir emociones m&aacute;s o menos superficiales, sino tambi&eacute;n sentimientos m&aacute;s arraigados en las profundidades del ser. Las emociones no sentidas y negadas se van acumulando, sedimentando e incluso pudriendo en forma de sentimientos m&aacute;s sordos y alienantes, como ocurre con el resentimiento, la pena, la verg&uuml;enza, la culpa o el p&aacute;nico. Estos bloqueos son el resultado de un cierto analfabetismo emocional.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;en qu&eacute; consiste sentir? Esta es una pregunta que la mente no puede entender. La mente no puede sentir, no le corresponde esa funci&oacute;n. Por m&aacute;s que hable, reflexione o analice los sentimientos, no sabr&aacute; c&oacute;mo librarse de ellos m&aacute;s que neg&aacute;ndolos o huyendo de ellos con justificaciones.
    </p><p class="article-text">
        A sentir no se puede aprender m&aacute;s que sintiendo, lo cual implica dejar de un lado el h&aacute;bito mental de justificar o racionalizar lo que sentimos: sentimos lo que sentimos porque lo sentimos. No hay m&aacute;s que a&ntilde;adir. Este ejercicio de estar en contacto con el propio sentir es particularmente liberador, sobre todo respecto de los sentimientos acumulados que se manifiestan de forma recurrente y que tanta energ&iacute;a consumen.
    </p><p class="article-text">
        Una dificultad principal en el aprendizaje del sentir es que no hemos sido educados para ello. Despu&eacute;s de miles de horas en distintas aulas educativas, desde Primaria hasta la Universidad, lo m&aacute;s probable es que no hayamos o&iacute;do una sola palabra acerca de la dimensi&oacute;n experiencial del sentir. Supuestamente hab&iacute;a cosas m&aacute;s importantes que memorizar y no hubo tiempo para ello...(&iexcl;!)
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica de sentir es la &uacute;nica manera de aprender a sentir, aunque lo que sintamos sea confuso, vago o inc&oacute;modo. Esta pr&aacute;ctica va activando poco a poco el sistema afectivo, un lugar que la mente tiende a despreciar.
    </p><p class="article-text">
        Otro problema relacionado con la pobreza emocional es que se retroalimenta de las mismas emociones enajenantes que capta a su alrededor: la ira atrae a la ira, el miedo fomenta el miedo, la negatividad engendra negatividad. Esto es particularmente notorio con los medios de persuasi&oacute;n de masas. Puedes hacer la prueba t&uacute; mismo: cada vez que ves este tipo de &ldquo;noticias&rdquo;, &iquest;se activan en ti emociones enajenantes que no puedes controlar? Muchas veces se activan emociones de rabia o miedo que son r&aacute;pidamente justificadas por el contenido de la noticia. El prop&oacute;sito inconsciente de este tipo de &ldquo;noticias&rdquo; es alimentar la negatividad y la inmadurez emocional de la sociedad, creando un c&iacute;rculo vicioso. Obviamente hay mucha locura a nivel colectivo y global, y eso no nos puede dejar indiferentes, pero la cuesti&oacute;n es qu&eacute; tan volubles somos a nivel emocional cuando recibimos este tipo de contenidos.
    </p><p class="article-text">
        Aprender a sentir es una prioridad de primer nivel si queremos evolucionar de forma consciente como especie. La desconexi&oacute;n afectiva, y particularmente la desconexi&oacute;n del amor, est&aacute; a la orden del d&iacute;a en la sociedad, lo cual explica por qu&eacute; los abusos a escala planetaria son tan frecuentes como aceptados como &ldquo;normales&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/aprender-sentir_132_1794690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Dec 2018 08:19:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aprender a sentir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Morir antes de morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/morir-morir_132_1859146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9f3a8a8-2aba-43a0-bbac-d8072ec468c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Morir antes de morir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo cierto es que nos da miedo morir, de lo contrario no huiríamos tanto de este fenómeno radical. Pero preferimos creer que somos inmortales.</p><p class="subtitle">Huir de la muerte o hacer como que no existe no soluciona el conflicto. Al contrario, lo agrava y se torna más doloroso</p></div><p class="article-text">
        Esta es una expresi&oacute;n que viene del mundo suf&iacute;. A primera vista resalta lo parad&oacute;jico de la frase: &iquest;c&oacute;mo es posible morir antes de morir?&iquest;No es suficiente con morir una vez? De por s&iacute; tenemos bastantes problemas con relaci&oacute;n a la muerte como para enfrentarnos a ella dos veces&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Cierto. Tenemos problemas con la muerte porque hemos perdido el contacto con ella. Por ejemplo, se ha vuelto muy dif&iacute;cil ver un cad&aacute;ver real. Vemos muchos en las pel&iacute;culas, pero ninguno en la realidad. Lo que solemos ver es a nuestro difunto amortajado y maquillado. Parece una ley matem&aacute;tica: cuanta m&aacute;s muerte vemos en el mundo virtual, menos vemos en el mundo real.
    </p><p class="article-text">
        Esta p&eacute;rdida de contacto tiene que ver tambi&eacute;n con el tipo de rituales f&uacute;nebres 'express' a los que asistimos. El pacto t&aacute;cito de no hablar de la muerte en sociedad o la decadencia de festejos asociados a los difuntos. La finitud de la existencia se ha convertido en un tab&uacute;, y s&oacute;lo se habla de la vida; o eso parece, porque &iquest;qu&eacute; vida es &eacute;sa que excluye la muerte en su consideraci&oacute;n? &iquest;Es posible vivir m&aacute;s y mejor y a la vez esconder la muerte?&iquest;Es posible un buen vivir sin un buen morir?
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que nos da miedo morir, de lo contrario no huir&iacute;amos tanto de este fen&oacute;meno radical. Pero preferimos creer que somos inmortales y que no tenemos que cuestionarnos c&oacute;mo vivimos. O que la muerte es un hecho tan obvio que no tenemos que dedicar ning&uacute;n momento a mirarla de frente: &ldquo;Total, no va a cambiar nada...&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Parece que la muerte no nos importa mucho en comparaci&oacute;n con elevar nuestro nivel de vida: &ldquo;&iexcl;M&aacute;s vida, por favor!&rdquo; Como si la vida fuera algo cuantificable...
    </p><p class="article-text">
        Pero esto es una apariencia, porque, por m&aacute;s que la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea se esfuerza en ocultar la muerte o en multiplicar el entretenimiento hasta el infinito, el miedo sigue ah&iacute;, s&oacute;lo que se vive con mayor angustia y soledad que antes. Esto explica la elevada tasa de suicidios diarios que hay en Espa&ntilde;a, algo de lo que tampoco se suele hablar: 10 casos al d&iacute;a seg&uacute;n el &uacute;ltimo registro.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que huir de la muerte o hacer como que no existe no soluciona el conflicto. Al contrario, lo agrava y se torna m&aacute;s doloroso. El pensamiento de la muerte vuelve antes o despu&eacute;s, normalmente acompa&ntilde;ado de un escalofr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia es que ese escalofr&iacute;o viene acompa&ntilde;ado de un pensamiento, s&oacute;lo un pensamiento. No viene de un golpe, un disparo ni nada semejante. Viene de un pensamiento. Este movimiento es tan r&aacute;pido y primitivo que no lo advertimos.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento de la muerte, con el que r&aacute;pidamente nos identificamos, moviliza a su vez muchos otros pensamientos relacionados con c&oacute;mo estamos viviendo, qui&eacute;nes creemos ser y c&oacute;mo deber&iacute;amos ser. Nos pone en contacto con la insuficiencia y el vac&iacute;o que sentimos; con la exigencia de 'ganarnos' o 'merecernos' la vida. Nos da la impresi&oacute;n de que la vida es algo que tenemos, y no algo que somos.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pobreza de los rituales f&uacute;nebres, la p&eacute;rdida del sentido espiritual y la ausencia de contacto con la muerte que ya hemos visto no s&oacute;lo elevan la angustia interior, sino que tambi&eacute;n abren la posibilidad de establecer un contacto directo con el miedo a morir y todos los pensamientos que moviliza.
    </p><p class="article-text">
        Este contacto directo quiere decir que permitamos la simult&aacute;nea manifestaci&oacute;n y disoluci&oacute;n de todos los pensamientos que se est&aacute;n movilizando: pensamientos sobre qui&eacute;n creo ser, qui&eacute;n deber&iacute;a ser o que la muerte es un mal. Es decir, verlos como lo que son: pensamientos abstractos y nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, este contacto directo quiere decir sentir la angustia como angustia, sentir el sentimiento como sentimiento, despojada de los pensamientos que la acompa&ntilde;an. De nuevo otra paradoja, la de permitir que se exprese ese sentimiento para que as&iacute; se desvanezca.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la enigm&aacute;tica frase de lo suf&iacute;es &ldquo;muere antes de morir&rdquo; nos est&aacute; invitando a una &uacute;ltima paradoja: liberarnos de la muerte; liberarnos del 'yo' asustadizo que juzga y huye de la muerte, liberarnos del peque&ntilde;o 'yo' atrapado en la angustiosa lucha de creer ser alguien que no es y de pretender ser alguien que no necesita ser. Esta muerte del 'yo' se experimenta como una vuelta a nacer y nos abre a lo que Spinoza denominaba la &ldquo;vida verdadera&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/morir-morir_132_1859146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Nov 2018 07:33:57 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La represión del silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/represion-silencio_132_1890310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La cultura hegemónica es una invitación constante a este tipo de adicción: “toma, aquí tienes tu dosis de ruido para ahorrarte el silencio</p><p class="subtitle">Las pocas veces que nos permitimos buscar un lapso de silencio placentero solemos acudir a la naturaleza. Éste es un alivio momentáneo, pero sólo momentáneo</p><p class="subtitle">El silencio interior no es pasivo, es receptivo y creador. La ausencia de ruido mental permite que la realidad entre en tu vida con todo su dinamismo y se exprese constantemente</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Alguien sabe d&oacute;nde est&aacute; el silencio? &iquest;Alguien sabe qu&eacute; fue de &eacute;l? No hace muchas d&eacute;cadas, tal vez unos pocos siglos, que se march&oacute; del planeta, por lo menos de las zonas m&aacute;s concurridas.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que vivimos en un mundo ruidoso, sobre todo quienes vivimos en las ciudades. Pero incluso quienes viven lejos de ellas se rodean voluntariamente de ruidos, principalmente con la televisi&oacute;n y el tel&eacute;fono m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Vamos de un canal a otro, de un v&iacute;deo a otro, de un mensaje a otro, de una noticia a otra, de una web a otra&hellip; Pasar dos horas sin recibir informaci&oacute;n de alguna de estas fuentes lo tomamos como un s&iacute;ntoma de aislamiento y desnudez, como una forma de negligencia hacia la sociedad, incluso una se&ntilde;al de soledad y abandono. Pero m&aacute;s que de &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo;, podemos hablar simplemente de ruido: &ldquo;necesito una dosis de ruido como m&iacute;nimo cada dos horas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Normalmente asociamos la represi&oacute;n a una prohibici&oacute;n que nos viene impuesta por alguien y que limita nuestra libertad. De hecho, la represi&oacute;n es uno de los principales mecanismos de las  dictaduras. Y una de las particularidades de la sociedad postmoderna es su (supuesto) desd&eacute;n hacia todo tipo de represi&oacute;n y censura. Pero aqu&iacute; me refiero a otro tipo de represi&oacute;n, pues es un tipo de represi&oacute;n voluntaria, autoimpuesta: la represi&oacute;n del silencio. Tradicionalmente hemos asociado el silencio con la represi&oacute;n, pero ahora lo que est&aacute; sucediendo es una represi&oacute;n encubierta del silencio.
    </p><p class="article-text">
        De por s&iacute; el sistema actual es una f&aacute;brica de ruido y se alimenta de &eacute;l. Necesita ruido para funcionar. Esto ocurre tanto a peque&ntilde;a escala, por ejemplo en muchas familias, como a gran escala, por ejemplo en un pa&iacute;s: todo funciona en la medida en que hay m&aacute;s y m&aacute;s ruido, todo &ldquo;va bien&rdquo;. A este tipo de ruido adictivo lo denominamos &ldquo;actividades&rdquo;, &ldquo;esfuerzo&rdquo;, &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;noticias&rdquo; o &ldquo;entretenimiento&rdquo;. La cultura hegem&oacute;nica es una invitaci&oacute;n constante a este tipo de adicci&oacute;n: &ldquo;toma, aqu&iacute; tienes tu dosis de ruido para ahorrarte el silencio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Solemos concebir el silencio en su forma privativa, como ausencia de ruidos, como ausencia de palabras: en una biblioteca, en una conferencia, en la calma de la noche. Pero &eacute;ste es tan s&oacute;lo un silencio pasivo, de prevenci&oacute;n y respeto a las convenciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Las pocas veces que nos permitimos buscar un lapso de silencio placentero solemos acudir a la naturaleza. &Eacute;ste es un alivio moment&aacute;neo, pero s&oacute;lo moment&aacute;neo. Pues incluso huir de la ciudad para evitar el ruido no sirve de mucho porque el ruido fundamental no es exterior, sino el ruido mental que llevamos dentro y que nos persigue all&aacute; donde vamos.
    </p><p class="article-text">
        Reprimimos el silencio porque no sabemos qui&eacute;nes somos y nos da miedo saberlo. Mi manera personal de haberlo reprimido durante a&ntilde;os fue mediante la lectura empedernida de libros y la especulaci&oacute;n te&oacute;rica, lo cual consideraba una actividad distinguida. Pero ahora s&eacute; que hab&iacute;a algo m&aacute;s, hab&iacute;a una huida del silencio propio.
    </p><p class="article-text">
        Este fen&oacute;meno de la represi&oacute;n del silencio es relativamente reciente, apenas un parpadeo en la historia humana. Por poner un ejemplo tal vez extremo, en la escuela de Pit&aacute;goras, en la Magna Grecia hace 2500 a&ntilde;os, los disc&iacute;pulos ten&iacute;an que asistir a su escuela durante los cinco primeros a&ntilde;os en silencio antes de poder abrir la boca, hablar con Pit&aacute;goras y hacerle preguntas. Por cierto que la imagen que tenemos de Pit&aacute;goras como un matem&aacute;tico y poco m&aacute;s dista mucho de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        El miedo actual al silencio s&oacute;lo se puede trascender contactando con dicho temor. El silencio da miedo al principio, porque parece que nos vamos a &ldquo;perder&rdquo; y &ldquo;no sabremos qui&eacute;nes somos&rdquo;, pero eso ocurre s&oacute;lo al principio. Cuando lo conoces realmente, descubres que el silencio es, antes que nada, tu propio hogar, tu templo, el lugar donde reside realmente nuestra ra&iacute;z viva.
    </p><p class="article-text">
        El silencio interior no es pasivo, es receptivo y creador. La ausencia de ruido mental permite que la realidad entre en tu vida con todo su dinamismo y se exprese constantemente. Como dice el <em>Tao Te Ching</em>: &ldquo;Ense&ntilde;a sin hablar&rdquo;. As&iacute; que te invito a hacerte las siguientes preguntas: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; tu silencio?&iquest;Lo sigues reprimiendo o lo escuchas?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/represion-silencio_132_1890310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Oct 2018 11:02:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La represión del silencio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué es el desarrollo personal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desarrollo-personal_132_1929148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f1e1b33-b0f2-4ec7-a658-401d5a286b35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es el desarrollo personal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debilitamiento de la ortodoxia religiosa está liberando un espacio sin precedentes en el que poder explorar aspectos más auténticos de nosotros mismos, sin tanto miedo al qué dirán, sin la sensación de culpa por ser diferente</p><p class="subtitle">Más que dicho “mejoramiento del yo”, el desarrollo real consiste en despojarse de las barreras de la “persona”</p><p class="subtitle">Sin duda hay un lugar legítimo para el crecimiento y el desarrollo, pero éste opera más por el despojo de lo falso que por la “adquisición” de cualidades nuevas</p></div><p class="article-text">
        No hay duda de que estamos viviendo una &eacute;poca en la que el fen&oacute;meno del &ldquo;desarrollo personal&rdquo; crece de forma exponencial: cursos, talleres, charlas, grupos, libros, t&eacute;cnicas, terapias&hellip; La multiplicaci&oacute;n de estos recursos es abrumadora y a la vez confusa, pues, en cierto modo, todo parece ser susceptible de desarrollo personal.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar surge la pregunta &iquest;a qu&eacute; se debe esta explosi&oacute;n cultural en torno al desarrollo personal? Sin duda tiene que ver con la desaparici&oacute;n de las sociedades tradicionales y el predominio del individualismo, pero no s&oacute;lo eso.
    </p><p class="article-text">
        En el trasfondo de este movimiento late de fondo una aspiraci&oacute;n noble: que el ser humano vive en un estado ordinario de confinamiento mental, como &ldquo;olvidado&rdquo; de s&iacute; mismo, pero que puede explorar muchas dimensiones ignoradas de su ser: su afectividad, su sexualidad, su creatividad, su espiritualidad, su expresividad, etc. El ser humano es multidimensional y quiere explorar el alcance que tiene todos estos planos de experiencia.
    </p><p class="article-text">
        El paulatino debilitamiento de la ortodoxia religiosa est&aacute; liberando un espacio sin precedentes en el que poder explorar aspectos m&aacute;s aut&eacute;nticos de nosotros mismos, sin tanto miedo al qu&eacute; dir&aacute;n, sin la sensaci&oacute;n de culpa por ser diferente. Ahora podemos indagar y expresar nuestros pensamientos, sentimientos, gustos, preferencias, normas de vida, etc. con mucha m&aacute;s libertad que antes.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno del desarrollo personal naci&oacute; en EEUU hacia los a&ntilde;os 60 y no ha parado de crecer desde entonces. Hoy nos llega bajo este mismo paraguas una cantidad de enfoques, propuestas y metodolog&iacute;as tan diversas que parece que todo vale, o que la expresi&oacute;n tiene un significado m&aacute;s bien vago. Expresar la rabia, estar en silencio, bailar sin reglas o realizar posturas y&oacute;guicas pueden entrar dentro del mismo t&eacute;rmino de &ldquo;desarrollo personal&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; significa entonces?
    </p><p class="article-text">
        La dificultad de entender esto aumenta cuando adem&aacute;s los individuos que buscan el &ldquo;desarrollo personal&rdquo; refuerzan un sentido de superioridad, haciendo alarde de haberse formado en tal o cual disciplina, de dominar tal o cual t&eacute;cnica, o de llevar tantos a&ntilde;os practicando tal o cual corriente, tradici&oacute;n o metodolog&iacute;a. Esto fomenta muchas veces un narcisismo en torno a &ldquo;cu&aacute;nto a&ntilde;os llevo en esto y cu&aacute;nto me he superado a m&iacute; mismo&rdquo;. Esta es una de las principales trampas del &ldquo;mejoramiento del yo&rdquo;, y que torna muy ambigua la expresi&oacute;n &ldquo;desarrollo personal&rdquo;: &ldquo;&iexcl;Mirad qu&eacute; creativo soy!&rdquo;, o &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; espont&aacute;neo soy!&rdquo;, o &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; espiritual soy!&rdquo;, o &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; diferente soy!&rdquo; ...
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que dicho &ldquo;mejoramiento del yo&rdquo;, el desarrollo real consiste en despojarse de las barreras de la &ldquo;persona&rdquo;, si atendemos al origen etimol&oacute;gico que relaciona la &ldquo;persona&rdquo; con la m&aacute;scara, con aquello tras lo cual nos ocultamos, incluido ese yo tan orgulloso de llevar tantos a&ntilde;os &ldquo;mejorando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo real no viene tanto del &ldquo;qu&eacute;&rdquo; de la t&eacute;cnica, sino del fen&oacute;meno transformador que experimentamos. Una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que esto ha sucedido es que nuestra propia historia personal, particularmente sus aspectos dram&aacute;ticos, pierden importancia y se desvanecen. En cierto modo, hay un olvido de s&iacute; mismo, pero es un olvido tan s&oacute;lo de los dramas at&aacute;vicos que durante a&ntilde;os hemos estado alimentando y padeciendo, y que llam&aacute;bamos &ldquo;personalidad&rdquo;. Es el olvido de la historia tr&aacute;gica que nos hemos contado y cre&iacute;do a lo largo de nuestra vida. El olvido de las preocupaciones in&uacute;tiles, los miedos recurrentes, los apegos obsesivos, las inquietudes superficiales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; queda entonces? Un ser real, vulnerable, vivo y sin m&aacute;scaras. Otra se&ntilde;al de que ha operado un crecimiento real es que el individuo, olvidadas ya sus viejas historias melodram&aacute;ticas, se abre hacia los dem&aacute;s, se abre a la vida. Empieza entonces la posibilidad de tener v&iacute;nculos y compromisos m&aacute;s reales. Podemos ver al otro con m&aacute;s objetividad, es decir, sin juicio y sin exigencias, porque podemos ver que sus dificultades, como las nuestras, tienen una historia detr&aacute;s que les da vida.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda hay un lugar leg&iacute;timo para el crecimiento y el desarrollo, pero &eacute;ste opera m&aacute;s por el despojo de lo falso que por la &ldquo;adquisici&oacute;n&rdquo; de cualidades nuevas. Dichas cualidades, m&aacute;s que adquirirlas, ya estaban latentes en nosotros y ahora permitimos que florezcan.
    </p><p class="article-text">
        Los seres humanos tenemos la peculiaridad de que somos susceptibles de mucho desarrollo y transformaciones, y ahora estamos viviendo una &eacute;poca &uacute;nica en cuanto a la posibilidad de explorar a fondo esta realidad, pero de nosotros depende asumirlo, y tambi&eacute;n qu&eacute; tipo de desarrollo queremos: si es uno que alimente el ego o no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/desarrollo-personal_132_1929148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Sep 2018 09:06:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es el desarrollo personal?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El conocimiento transformador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/conocimiento-transformador_132_1966901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La clave del conocimiento es la comprensión transformadora, la comprensión experiencial, aquella que penetra en nuestro ser modificándolo</p><p class="subtitle">Pero, ¿hasta qué punto queremos estar informados o queremos experimentar una cambio real en nuestra vida?</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Existe un tipo de conocimiento que transforma nuestra vida y otro tipo de conocimiento que no. Sin embargo, el uso que hacemos de esta palabra es bastante ambiguo, llegando a confundir con mucha frecuencia el primero con el segundo.
    </p><p class="article-text">
        Voy a poner un ejemplo: todos sabemos que somos mortales y que alg&uacute;n d&iacute;a nuestro cuerpo dejar&aacute; de funcionar; pero, &iquest;hasta qu&eacute; punto sabemos realmente que dentro de unos a&ntilde;os ya no estaremos aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Aparentemente todos &ldquo;sabemos&rdquo; que, por poner otro ejemplo, &ldquo;todo cambia&rdquo; y que &ldquo;nada es para siempre&rdquo;, pero, &iquest;realmente lo sabemos?
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, no lo sabemos cuando el futuro nos sigue dando miedo, cuando nos seguimos aferrando a lo que fue, cuando luchamos para que nada cambie o cuando nos quedamos &ldquo;enganchados&rdquo; a cierto tipo de relaciones.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo caso, cuando efectivamente sabe os que &ldquo;todo cambia&rdquo; y que &ldquo;nada es para siempre&rdquo; tambi&eacute;n lo somos, es decir, no podemos saberlo m&aacute;s que si&eacute;ndolo, como dice M&oacute;nica Cavall&eacute;, lo cual afecta profundamente a c&oacute;mo nos relacionamos con &ldquo;nuestros&rdquo; objetos, &ldquo;nuestras&rdquo; propiedades, &ldquo;nuestras&rdquo; relaciones, &ldquo;mi&rdquo; cuerpo, &ldquo;mi&rdquo; familia, &ldquo;mi&rdquo; trabajo&hellip; Sobre todo, c&oacute;mo me relaciono con &ldquo;mi&rdquo; vida y &ldquo;mi&rdquo; historia personal.
    </p><p class="article-text">
        En este segundo caso, el conocimiento modifica nuestro ser completo, pues nos permite relacionarnos con el mundo desde un lugar diferente: sin tanto temor a los cambios, sin tanta rigidez hacia uno mismo y con m&aacute;s espacio a la hora de relacionarnos con otras personas. Este tipo de aprendizaje tiene la peculiaridad de que no se olvida nunca, pues queda registrado en nuestra comprensi&oacute;n de la realidad, no solo en la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la concepci&oacute;n que tenemos hoy d&iacute;a del conocimiento no se refiere a esta dimensi&oacute;n transformadora. Normalmente se refiere a la adquisici&oacute;n acumulativa de nuevos datos que podemos clasificar, ordenar, memorizar, comparar, almacenar, etc. Estos datos modifican la mente, pero no el ser. Pueden cambiar algunos h&aacute;bitos de vida, pero no pueden penetrar en nuestra dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda. As&iacute; que es m&aacute;s ajustado hablar de informaci&oacute;n que de &ldquo;conocimiento&rdquo;. Digamos que la informaci&oacute;n es algo que se tiene, mientras que el conocimiento se &ldquo;es&rdquo;; no lo tenemos, sino que lo &ldquo;somos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ambig&uuml;edad de lo que entendemos por &ldquo;conocimiento&rdquo; se est&aacute; acentuando todav&iacute;a m&aacute;s con el t&eacute;rmino &ldquo;Sociedad del Conocimiento&rdquo;, con el que se da nombre a la nueva sociedad que ha dejado atr&aacute;s el mundo organizado en torno a las f&aacute;bricas y el trabajo obrero.
    </p><p class="article-text">
        Si la llamada &ldquo;Revoluci&oacute;n Industrial&rdquo; sustituy&oacute; en Europa a la sociedad agr&iacute;cola, ahora se est&aacute; abriendo paso la llamada &ldquo;Sociedad de la Informaci&oacute;n y del Conocimiento&rdquo;, orientada al desarrollo tecnol&oacute;gico y el acceso a la informaci&oacute;n. Sin duda Internet ha inundado los hogares de mucha informaci&oacute;n que antes simplemente no dispon&iacute;amos: noticias, art&iacute;culos, v&iacute;deos, canciones, relatos, libros, pel&iacute;culas, etc. est&aacute;n hoy a la mano como nunca antes; a un &ldquo;click&rdquo; de distancia. Desde luego todo esto est&aacute; contribuyendo a enriquecer nuestro imaginario, a tener muy accesible modos m&aacute;s plurales y diversos de entender la realidad, etc., pero, &iquest;podemos llamar a todo esto conocimiento?
    </p><p class="article-text">
        La clave del conocimiento es la comprensi&oacute;n transformadora, la comprensi&oacute;n experiencial, aquella que penetra en nuestro ser modific&aacute;ndolo. Y esto no se logra con m&aacute;s datos a la mano, sino con una disposici&oacute;n abierta y sensible, es decir, una capacidad para &ldquo;poner en suspenso&rdquo; lo ya conocido y acumulado, con todas las influencias que han conformado nuestra personalidad. En este sentido dice E. Tolle que tenemos m&aacute;s informaci&oacute;n ahora que la que nunca pudo tener Buda, y sin embargo&hellip; &iquest;Es m&aacute;s l&uacute;cida esta Sociedad de la Informaci&oacute;n que hace 2500 a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        El suministro de informaci&oacute;n no tiene mucho recorrido si no atraviesa el proceso alqu&iacute;mico de la comprensi&oacute;n, del conocimiento. Este proceso alqu&iacute;mico y transformador tiene otra peculiaridad: que cuando lo atravesamos somos otros, y eso puede dar miedo, pues pone en cuesti&oacute;n qui&eacute;nes cre&iacute;amos ser, ciertas convicciones sobre el mundo, ciertos posicionamientos r&iacute;gidos, etc. Pero, &iquest;hasta qu&eacute; punto queremos estar informados o queremos experimentar una cambio real en nuestra vida?&iquest;Hasta qu&eacute; punto estamos dispuestos a correr el riesgo de saber? Y repitiendo la pregunta anterior, &iquest;realmente sabemos que &ldquo;todo cambia&rdquo; y que &ldquo;nada es para siempre&rdquo;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/conocimiento-transformador_132_1966901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Aug 2018 10:54:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El conocimiento transformador]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo al fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/miedo-fracaso_132_2002641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2a384d5-cac6-4f9f-8b6a-9ce460992e4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El miedo al fracaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El drama del fracaso es la sensación de no estar a la altura de tus iguales, incluso de no pertenecer a tus iguales, de ser un excluido, una especie de parásito</p><p class="subtitle">El miedo al fracaso opera dentro de un imperativo de ser “normal”, funcional, adaptado, aunque eso cueste la propia salud y la infelicidad del corazón</p><p class="subtitle">Permitirnos cometer errores es un acto de sanación frente al ego y una iniciación al aprendizaje creativo</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; las sociedades son tan conservadoras?&iquest;De d&oacute;nde viene la necesidad de tener una vida previsible?&iquest;Es posible vivir sin miedo?
    </p><p class="article-text">
        Una de las claves para aclarar estas preguntas est&aacute; en la concepci&oacute;n que tenemos del fracaso. El drama del fracaso es la sensaci&oacute;n de no estar a la altura de tus iguales, incluso de no pertenecer a tus iguales, de ser un excluido, una especie de par&aacute;sito. Si hay un aspecto donde la concepci&oacute;n del fracaso cobra hoy especial fuerza es respecto al trabajo: fracasar es no tener un empleo estable. Tambi&eacute;n se aplica al hecho de no tener una familia con descendencia o no tener propiedades, pero ahora tiene menos relevancia respecto al imperativo del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Esto tiene un reflejo en la presi&oacute;n que sufren los adolescentes en el &aacute;mbito educativo, cada vez m&aacute;s orientado al rendimiento acad&eacute;mico y a las expectativas de un empleo estable, con el consiguiente aumento del estr&eacute;s y la ansiedad a esta edad tan temprana. Hay mucha presi&oacute;n en las aulas para obtener buenas calificaciones, para rendir, para &ldquo;ser alguien&rdquo;, para &ldquo;no quedarse atr&aacute;s&rdquo;, para no fracasar.
    </p><p class="article-text">
        El sentimiento de estar a la altura de los iguales pasa por la sensaci&oacute;n de ser productivo y formar parte del circuito de producci&oacute;n-consumo que tanto marca nuestra identidad, nuestro sentido de ser. Estar dentro de este circuito es tambi&eacute;n estar dentro del juego de seducci&oacute;n y sorpresa que ofrecen las marcas, las novedades, los cat&aacute;logos, los anuncios, las luces de ne&oacute;n, los productos de entretenimiento. Estar a la altura de este circuito es formar parte de la satisfacci&oacute;n de todo tipo de deseos: poder dejarse desear y poder satisfacer los deseos de inmediato.
    </p><p class="article-text">
        Estar fuera de este circuito es vivido muchas veces como un fracaso: &ldquo;ya no puedo satisfacer los deseos de inmediato&rdquo;. Pero no tiene por qu&eacute; ser as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; es fracasar entonces? No cumplir con una expectativa, no realizar lo que se esperaba. Esto trae una pregunta m&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; tenemos que cumplir con ciertas expectativas? S&oacute;lo cuando nos vivimos como seres carentes necesitamos completarnos a trav&eacute;s del futuro, a trav&eacute;s de las expectativas. Lo curioso de este juego es que sucede como un c&iacute;rculo vicioso, pues normalmente el cumplimiento de una expectativa trae consigo la aparici&oacute;n de una expectativa nueva, y as&iacute; <em>ad infinitum</em>. Una y otra vez vuelve a aparecer la sensaci&oacute;n de carencia, de no-llegar-todav&iacute;a, de no-ser-suficiente. S&iacute;sifo es la imagen m&iacute;tica de la insuficiencia, con su eterno ciclo de subir una piedra hasta una cima para despu&eacute;s bajarla.
    </p><p class="article-text">
        El miedo al fracaso opera dentro de un imperativo de ser &ldquo;normal&rdquo;, funcional, adaptado, aunque eso cueste la propia salud y la infelicidad del coraz&oacute;n. El coste de cumplir con la expectativa que otros han puesto en ti es muy alto&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Dejar de complacer las expectativas del entorno familiar, social y cultural es doloroso<em> y </em>liberador.  El miedo al fracaso se supera &ldquo;fracasando&rdquo;, siendo tenazmente t&uacute; mismo con todas sus consecuencias. Entonces ves que no ocurre &ldquo;nada&rdquo; tan dram&aacute;tico, pero s&iacute; te has liberado de la pesada carga del &ldquo;qu&eacute; dir&aacute;n&rdquo;. Esto implica estar solo si es necesario. La soledad puede dar miedo al principio, hasta que se transforma en uno de los placeres m&aacute;s supremos de la vida filos&oacute;fica. En realidad no es soledad, es estar consigo mismo. El fin de semana pasado o&iacute; decir al cantante paname&ntilde;o Rub&eacute;n Blades que a &eacute;l le suspendieron las materias de m&uacute;sica y de arte&hellip; &iexcl;Bendito fracaso!
    </p><p class="article-text">
        Esto implica tambi&eacute;n contactar con lo desconocido, con el &ldquo;no saber&rdquo;, con no tener un manual de instrucciones y cometer muchos errores. &iquest;Qu&eacute; hay de malo en cometer errores? Esto nos recuerda que somos humanos, que somos falibles; asumir esta realidad nos libera de muchos miedos en torno al fracaso. Solo podemos aprender a base de equivocaciones, de ensayos de prueba-error-descubrimiento. Un aprendizaje sin errores no es aut&eacute;ntico, es memor&iacute;stico; educaci&oacute;n bancaria, como lo llamaba Paulo Freire. Permitirnos cometer errores (aunque de por s&iacute; ya los cometemos&hellip;) nos abre dimensiones nuevas de experiencia, nos lleva m&aacute;s all&aacute; de la jaula de lo conocido y rutinizado. M&aacute;s all&aacute; del yo temeroso. Nos invita a habitar en lo desconocido, a vivir.
    </p><p class="article-text">
        Repito que el miedo a fracasar se supera fracasando. Esa es la esencia de un buen clown: hace del fracaso su ventaja, la clave del humor. El clown es libre porque ya no tiene nada que perder, ni siquiera la verg&uuml;enza, y eso le permite reflejar al p&uacute;blico su miedo al rid&iacute;culo, que tanto nos hace re&iacute;r. Permitirnos cometer errores es un acto de sanaci&oacute;n frente al ego y una iniciaci&oacute;n al aprendizaje creativo. Este tipo de aprendizaje nos abre a un c&iacute;rculo virtuoso de nuevos aprendizajes, un c&iacute;rculo que ya no es el de S&iacute;sifo, sino que se abre como una espiral hacia lo imprevisible, hacia el misterio, hacia el no-saber creativo. &iquest;No es esto vivir sin miedo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/miedo-fracaso_132_2002641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Jul 2018 08:40:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué es el ego?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ego_132_2031805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando hablamos del ego, solemos relacionarlo con actitudes de superioridad y desprecio hacia los demás</p><p class="subtitle">El ego es una “necesidad” de definirse y comunicarse con la realidad a través de esa definición: yo soy “esto” y no soy lo “otro”</p><p class="subtitle">El ego es un experto protegiendo el miedo, evitando el contacto real, escondiendo los sentimientos, ocultando los vacíos propios, aparentando ser quien no es</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Quien investiga a fondo esta pregunta emprende un viaje transformador, pues el ego no es s&oacute;lo el ego&iacute;smo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos del ego, solemos relacionarlo con actitudes de superioridad y desprecio hacia los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n lo relacionamos con el liderazgo autoritario, la imposici&oacute;n de intereses personales, el narcisismo o la voluntad de dominar al otro. El ego as&iacute; entendido ha adquirido formas estructurales a gran escala, como es el caso del machismo, que entiende la superioridad del hombre sobre la mujer, o el racismo, que entiende la superioridad de la raza blanca sobre el resto de seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no es m&aacute;s que la punta de ese gran iceberg que es el ego. El ego es el conjunto de definiciones mentales que limitan nuestro ser. Esto incluye las m&aacute;scaras que nos ponemos para sentirnos m&aacute;s &ldquo;seguros&rdquo;: la m&aacute;scara del triunfador, del gracioso, del cumplidor, del intelectual, del hombre grave... El ego no es s&oacute;lo las definiciones y actitudes de superioridad, sino tambi&eacute;n de inferioridad. Por ejemplo, definirse a s&iacute; mismo a trav&eacute;s del sufrimiento, la negatividad o el victimismo. Tambi&eacute;n el &ldquo;buenismo&rdquo; de pretender agradar a todo el mundo y que te consideren aceptable: &ldquo;yo soy bueno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ego es una &ldquo;necesidad&rdquo; de definirse y comunicarse con la realidad a trav&eacute;s de esa definici&oacute;n: yo soy &ldquo;esto&rdquo; y no soy lo &ldquo;otro&rdquo;. Esta tendencia nace cuando nos encontramos con un vac&iacute;o que es vivido con angustia y miedo, como si de un pozo sin fondo se tratase. Huimos de este abismo creyendo que no tiene nada que ver con nosotros y es entonces cuando nos &ldquo;agarramos&rdquo; a una de estas definiciones del ego y nos ponemos la m&aacute;scara.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, &iquest;qu&eacute; responder cuando nos preguntan &ldquo;qui&eacute;n eres&rdquo;? Ante una pregunta as&iacute;, obviamente respondemos que somos &ldquo;esto&rdquo; o lo &ldquo;otro&rdquo;, nos dedicamos a tal cosa o tal otra. Estas respuestas tienen un valor funcional, pero el ego aparece cuando estas definiciones nos aportan una sensaci&oacute;n de seguridad que en el fondo carecemos. Ego no es tener gustos, preferencias o un estilo de vida diferenciado. Al contrario, esto es positivo en la medida en que nos ayuda a descubrir qu&eacute; nos hace singulares y &uacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta aqu&iacute; es &iquest;estoy c&oacute;modo sin estas definiciones?&iquest;o necesito ser gracioso, o grave, o bueno, o una v&iacute;ctima? Cuando &ldquo;necesitamos&rdquo; de estas definiciones y m&aacute;scaras el ego construye una distancia insalvable con el mundo. Crea barreras mentales que nos separan de los dem&aacute;s y que dan lugar al sentimiento de separaci&oacute;n. El ego vive solo y siente soledad, pues no es lo mismo estar solo, estar consigo mismo, que sentirse s&oacute;lo. Esto oculta nuestra dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda, indefinible, vulnerable y real de nosotros, aquella que nos conecta de verdad con el mundo y nos permite comunicarnos entre iguales.
    </p><p class="article-text">
        El ego es un experto protegiendo el miedo, evitando el contacto real, escondiendo los sentimientos, ocultando los vac&iacute;os propios, aparentando ser quien no es. Mantener vivo el ego es ciertamente costoso, pues, lejos de resolver estos conflictos internos, ahonda en ellos y los cronifica. As&iacute; es la sensaci&oacute;n de convertirse en un extra&ntilde;o para s&iacute; mismo, como bien describe Kafka en su Metamorfosis.
    </p><p class="article-text">
        El ego no es un asunto que le afecte a unos pocos; es una estructura de mil caras que se nos presenta a todos y cada uno de nosotros. De ah&iacute; la importancia de aprender a detectarlo, pues nos ahorramos muchas dosis de sufrimiento psicol&oacute;gico que a d&iacute;a de hoy sigue afectando a millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia es que en el fondo el ego es irreal, ilusorio, no existe; es maya, como lo llaman en India. La prueba est&aacute; en que estas m&aacute;scaras se pueden eliminar cuando las detectamos y nos volvemos conscientes de ellas. &iquest;Qu&eacute; queda entonces? Al ego lo podemos definir, pero no su ausencia... Esto ha sido llevado al cine en la escena del Retorno del Jedi en la que Darth Vader se quita su oscura m&aacute;scara: lo que queda es un ser vulnerable y real, un ser desconocido, indefinible, vivo.
    </p><p class="article-text">
        Descubrir el ego no conlleva ser &ldquo;perfecto&rdquo; y no cometer errores. S&iacute; conlleva experimentar cambios que conducen a ser m&aacute;s real. No creo correcta la expresi&oacute;n &ldquo;no tener ego&rdquo;, pues la m&aacute;scara podemos volver a pon&eacute;rnosla en cualquier momento. Lo que s&iacute; podemos es desarrollar la capacidad, la lucidez y el h&aacute;bito de &ldquo;captar&rdquo; el ego y sus m&aacute;scaras y no engancharnos a &eacute;l. As&iacute; que una clave para el arte de vivir es mantener esta atenci&oacute;n liberadora, d&iacute;a a d&iacute;a: la atenci&oacute;n de vivir sin la falsa seguridad de una m&aacute;scara, de una definici&oacute;n, de un ego ilusorio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ego_132_2031805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Jul 2018 07:40:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué es el ego?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Murcia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La moral del esfuerzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/moral-esfuerzo_132_2071298.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El esfuerzo tiene su lugar cuando subimos una montaña o cuando estamos realizando una tarea que requiere de mucha energía y atención. Pero el esfuerzo ocupa un lugar equivocado cuando se convierte en un principio de vida</p><p class="subtitle">La moral del esfuerzo premia la pereza de indagar quién eres y qué quieres realmente. Lo más chocante es que esta es la moral de un mundo particularmente “activo”,</p><p class="subtitle">hiperactivo</p><p class="subtitle">. Pero, ¿no estaremos llamando “actividad” a un modo de servidumbre voluntaria?</p></div><p class="article-text">
        Da la impresi&oacute;n de que vivimos en una &eacute;poca de libertad frente a las viejas tradiciones moralistas, pero una mirada m&aacute;s atenta nos revela lo contrario. La vieja moral del deber ha sido sustituida por la nueva moral del esfuerzo: moral en el sentido de &ldquo;hay-que...&rdquo;. Pero, &iquest;de d&oacute;nde viene ese &ldquo;hay-que...&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        El esfuerzo tiene su lugar cuando subimos una monta&ntilde;a o cuando estamos realizando una tarea que requiere de mucha energ&iacute;a y atenci&oacute;n. Pero el esfuerzo ocupa un lugar equivocado cuando se convierte en un principio de vida, en una regla impuesta: &iquest;acaso la naturaleza se esfuerza? &iquest;Se esfuerzan las gaviotas al sobrevolar el mar o los juncos para crecer junto el r&iacute;o? En el caso de los humanos, &iquest;tenemos que esforzarnos cuando amamos o cuando encontramos algo que nos gusta, o directamente amamos o realizamos eso que nos gusta? &iquest;Queremos algo despu&eacute;s de esforzarnos en quererlo, o ese querer brota de forma espont&aacute;nea?
    </p><p class="article-text">
        La vida tiene una fuerza propia, un impulso natural, una inclinaci&oacute;n a expresarse sin esfuerzo. Los chinos denominaron esta din&aacute;mica como <em>wu-wei</em>, que significa algo as&iacute; como &ldquo;no-acci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;acci&oacute;n sin esfuerzo&rdquo;. Cuando conectamos con este impulso natural que nos mueve es cuando s&iacute; tiene lugar el esfuerzo y la constancia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no sucede as&iacute;, lo cual es m&aacute;s que frecuente, el esfuerzo se convierte en una forma de represi&oacute;n de nuestra esencia, de nuestra vitalidad, de nuestra autenticidad. Aceptamos un molde impuesto, un &ldquo;c&oacute;mo-hay-que-ser&rdquo;, nos olvidamos de nosotros mismos y nos forzamos a encajar de la mejor manera dentro de ese molde. Pero, &iquest;c&oacute;mo encajar las curvas de la vida en las l&iacute;neas rectas de un molde impuesto? A base de mucho sufrimiento, revestido con el eufemismo del &ldquo;esfuerzo&rdquo;... Pero, &iquest;qu&eacute; tiene de admirable negarnos la conexi&oacute;n con la fuente espont&aacute;nea de vida?&iquest;Qu&eacute; tiene de admirable adaptar nuestro ser a un modo-de-ser, a un molde que niega nuestra libertad?
    </p><p class="article-text">
        Los sistemas morales parten del principio de que los humanos no son aceptables por s&iacute; mismos, por eso definen un modelo dentro del cual s&iacute; pueden serlo. Aceptar estos sistemas morales y tratar de encajar dentro de sus moldes es la base del sentimiento de culpa: &ldquo;no he cumplido con mi deber&rdquo;, &ldquo;no me he esforzado lo suficiente&rdquo;, &ldquo;no soy v&aacute;lido&rdquo;, etc.
    </p><p class="article-text">
        Si lo examinamos un poco m&aacute;s de cerca, el &ldquo;esfuerzo&rdquo; que hoy est&aacute; tan de moda es una forma de pasividad, como dice E. Fromm, pues nace de la negaci&oacute;n de uno mismo; nace de la pereza de conectar con nuestra fuerza real, con aquello que nos mueve de un modo m&aacute;s espont&aacute;neo y natural, con una energ&iacute;a que nos da m&aacute;s energ&iacute;a y nos lleva m&aacute;s all&aacute; de nuestros supuestos l&iacute;mites. El esfuerzo que no cabalga sobre las alas de esta energ&iacute;a, de este querer y de esta vocaci&oacute;n es una modalidad m&aacute;s de la pereza, eso s&iacute;, revestida de &ldquo;actividad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La moral del esfuerzo premia la pereza de indagar qui&eacute;n eres y qu&eacute; quieres realmente. Lo m&aacute;s chocante es que esta es la moral de un mundo particularmente &ldquo;activo&rdquo;, <em>hiperactivo</em>. Pero, &iquest;no estaremos llamando &ldquo;actividad&rdquo; a un modo de servidumbre voluntaria? &iquest;No es esta moral desconectada de nuestra esencia una fuente enorme de desdicha?
    </p><p class="article-text">
        Las acciones libres no nacen del esfuerzo impuesto, nacen de escucharnos mejor, de sentir m&aacute;s, de apreciar la energ&iacute;a que contiene el propio movimiento de la vida. Sin moldes, sin &ldquo;hay-que&rdquo;... Las acciones libres nacen de un querer que habita en lo m&aacute;s profundo de nuestro ser, y que clama por ser escuchado. Entonces, &iquest;cu&aacute;l es tu verdadero querer? &iquest;Cu&aacute;l es el molde en el que niegas tu frescura, tu aut&eacute;ntica energ&iacute;a y vitalidad?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/moral-esfuerzo_132_2071298.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Jun 2018 13:24:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La moral del esfuerzo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
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