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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elena Costas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elena_costas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elena Costas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Hacia una Tumultocracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tumultocracia_132_2062696.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los medios de comunicación consumen un porcentaje creciente de nuestra atención</p><p class="subtitle">Los medios en España son más abundantes y plurales que nunca, y somos uno de los países líderes en el uso de redes sociales como fuente de información</p><p class="subtitle">Los mensajes políticos distribuidos en las redes sociales son luego captados por unos medios de comunicación altamente ideologizados, generando espirales de opiniones radicales que se refuerzan mutuamente</p></div><p class="article-text">
        Herbert Simon, uno de los economistas m&aacute;s visionarios del siglo pasado, defini&oacute; claramente la paradoja a la que nos enfrentamos en la sociedad de la informaci&oacute;n. Como la informaci&oacute;n consume la atenci&oacute;n de sus receptores, una riqueza de informaci&oacute;n generar&aacute; indefectiblemente una pobreza de atenci&oacute;n. Y muchos oportunistas se aprovechar&aacute;n de eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n ocupan cada vez m&aacute;s espacio en nuestras vidas. Hace d&eacute;cadas los ciudadanos les dedic&aacute;bamos de promedio unas pocas horas a la semana, leyendo el peri&oacute;dico o escuchando la radio en familia. Pero, con la expansi&oacute;n de las cadenas de televisi&oacute;n primero y con el mundo digital despu&eacute;s, les he hemos ido dedicando una fracci&oacute;n m&aacute;s importante de tiempo. O, dicho de otra manera, los medios de comunicaci&oacute;n, incluyendo las redes sociales, consumen un porcentaje creciente de nuestra atenci&oacute;n. Sin ir m&aacute;s lejos, tocamos de media nuestro tel&eacute;fono 2,600 veces al d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esos millones de horas de atenci&oacute;n son valios&iacute;simas para los que Tim Wu llama &ldquo;mercaderes de atenci&oacute;n&rdquo; (<a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/234876/the-attention-merchants-by-tim-wu/9780804170048/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).&nbsp;Los medios de comunicaci&oacute;n compiten por el jugoso mercado de la atenci&oacute;n, para luego venderla a otras empresas a cambio de ingresos publicitarios. Por un lado, ello puede tener efectos positivos sobre la independencia de los medios de comunicaci&oacute;n, porque, cuanto m&aacute;s dinero privado ingresen, mayor es su independencia de los poderes pol&iacute;ticos. Por otro, las estrategias comerciales de los medios les pueden llevar a especializarse en nichos concretos de mercado, contribuyendo a crear c&aacute;maras de resonancia donde los consumidores son expuestos a mensajes confortablemente homog&eacute;neos desde el punto de vista ideol&oacute;gico. Adem&aacute;s, los gobiernos son tambi&eacute;n capaces de manipular estrat&eacute;gicamente la atenci&oacute;n de los ciudadanos, ya sea a trav&eacute;s de publicidad institucional o de hackers a sueldo que propaguen &ldquo;mangueras de mentiras&rdquo; (<a href="https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/perspectives/PE100/PE198/RAND_PE198.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Unos medios de comunicaci&oacute;n libres son esenciales para el funcionamiento de una democracia. Basta que nos preguntemos qui&eacute;n suele descubrir los casos de corrupci&oacute;n o el abuso de la cosa p&uacute;blica. Suelen ser los medios de comunicaci&oacute;n y no, por ejemplo, los partidos o incluso los organismos dedicados a la lucha contra la corrupci&oacute;n. Tambi&eacute;n lo indican los datos comparados. Existe una fuerte correlaci&oacute;n entre la posici&oacute;n de un pa&iacute;s en los indicadores de salud democr&aacute;tica e institucional y su ubicaci&oacute;n en los r&aacute;nquines que miden tanto la <em>cantidad&nbsp;</em>de los medios de comunicaci&oacute;n&ndash; y, muy particularmente, el n&uacute;mero de peri&oacute;dicos le&iacute;dos por cada mil habitantes &ndash; como la <em>calidad </em>de los mismos &ndash; es decir, su grado de independencia &ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos desde hace tiempo que los medios de comunicaci&oacute;n espa&ntilde;oles arrastran algunos lastres hist&oacute;ricos. En cantidad, nuestro problema es la baja tasa de lectura de peri&oacute;dicos. S&oacute;lo la mitad de los espa&ntilde;oles lee el peri&oacute;dico a diario. En Europa, son tres de cada cuatro. En calidad, nuestros medios pecan, primero, de una fuerte concentraci&oacute;n en unos pocos grupos editoriales, gracias a una legislaci&oacute;n favorable (<a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4260351&amp;id_col=100508&amp;id_subcol=100517" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).&nbsp;En segundo lugar, los medios espa&ntilde;oles tienen un marcado sesgo ideol&oacute;gico en sus l&iacute;neas editoriales (<a href="http://www.ingentaconnect.com/content/cis/reis/2012/00000139/00000001/art00007%5D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema medi&aacute;tico cae as&iacute; en la categor&iacute;a de &ldquo;pluralismo polarizado&rdquo; (<a href="https://books.google.se/books/about/Comparing_Media_Systems.html?id=954NJChZAGoC&amp;redir_esc=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Somos plurales porque tenemos peri&oacute;dicos, radios y canales de televisi&oacute;n que reflejan todas las orientaciones pol&iacute;ticas. Pero estamos polarizados porque los medios espa&ntilde;oles tienen poca pluralidad interna. Los peri&oacute;dicos de derechas apenas cuentan con voces de izquierdas y viceversa. En contraste, los sistemas medi&aacute;ticos en pa&iacute;ses anglosajones o n&oacute;rdicos tienen en algunos casos menor pluralidad externa &ndash; es decir, menos medios &ndash;, pero mayor pluralidad interna. All&iacute;, el lector de un peri&oacute;dico de derechas est&aacute; m&aacute;s expuesto a opiniones de izquierda. Aqu&iacute;, el mismo lector habita en burbuja donde fundamentalmente escucha una &uacute;nica versi&oacute;n de un problema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En el trabajo que hemos elaborado para el Informe sobre la Democracia de la Fundaci&oacute;n Alternativas para el a&ntilde;o 2017 (<a href="http://www.fundacionalternativas.org/public/storage/publicaciones_archivos/38f6355a38458d20d34fb49a1baf047e.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) vemos que, mientras el inter&eacute;s de los espa&ntilde;oles por la pol&iacute;tica ha aumentado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la confianza en los medios de comunicaci&oacute;n ha descendido de forma paralela a la de los partidos pol&iacute;ticos (Gr&aacute;fico 1).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, somos uno de los pa&iacute;ses donde m&aacute;s gente cree en las redes sociales para distinguir los hechos de la ficci&oacute;n (<a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/Digital%20News%20Report%202017%20web_0.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Los espa&ntilde;oles, para informarnos, utilizamos m&aacute;s las redes sociales que en otros pa&iacute;ses. Un 47 por ciento de ciudadanos conectados a internet utilizan <em>Facebook&nbsp;</em>para obtener noticias (frente a un 41 por ciento en otros pa&iacute;ses); un 32 por ciento <em>Whatsapp&nbsp;</em>(frente a un 9), un 24 por ciento <em>YouTube&nbsp;</em>(frente a un 18), y un 18 por ciento <em>Twitter</em>&nbsp;(frente a un 11).En particular, de 36 pa&iacute;ses estudiados, Espa&ntilde;a se encuentra en el segundo lugar, tras Brasil, en el que un mayor n&uacute;mero de usuarios utiliza <em>Whatsapp&nbsp;</em>como fuente de informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La mayor dependencia de las redes sociales de los espa&ntilde;oles est&aacute; influyendo &ndash; o est&aacute; siendo influida &ndash; por una forma de hacer pol&iacute;tica muy volcada hacia las redes. La evidencia anecd&oacute;tica nos dice que, por ejemplo, los tweets de los pol&iacute;ticos o sus posts en <em>Facebook&nbsp;</em>son frecuentemente discutidos en las tertulias o incluso en las noticias de los principales medios de comunicaci&oacute;n &ndash; una pr&aacute;ctica menos extendida en otros pa&iacute;ses europeos. El gr&aacute;fico 2 recoge el n&uacute;mero de seguidores de los cinco pol&iacute;ticos nacionales m&aacute;s seguidos en <em>Twitter&nbsp;</em>en Espa&ntilde;a, Reino Unido, Alemania y Suecia, ponderados por la poblaci&oacute;n de cada pa&iacute;s.
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                </figure><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos con m&aacute;s seguidores son los espa&ntilde;oles. Despu&eacute;s vienen los del Reino Unido, que, seguramente no por casualidad, se ha convertido tambi&eacute;n en un entorno medi&aacute;tico-pol&iacute;tico altamente polarizado. Una sociedad donde tambi&eacute;n han triunfado los mensajes simplistas que caben en 140 (o 280) caracteres. Recordemos las mentiras sobre los millones de libras que se ahorrar&iacute;an los brit&aacute;nicos por el <em>Brexit</em>y el impacto que tuvieron sobre el voto. De hecho, como han mostrado estudios posteriores, en caso de que los brit&aacute;nicos hubieran recibido una informaci&oacute;n m&aacute;s ecu&aacute;nime, el resultado del refer&eacute;ndum hubiera sido distinto. Por el contrario, en Alemania y en Suecia el impacto de los pol&iacute;ticos en <em>Twitter </em>es m&aacute;s moderado. Aunque el establecimiento de una relaci&oacute;n causal es complicado, tanto Alemania como Suecia son pa&iacute;ses donde el debate p&uacute;blico se caracteriza por un menor radicalismo y personalismo, con m&aacute;s &eacute;nfasis en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que en los pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, en los medios tradicionales observamos una creciente segmentaci&oacute;n del mercado.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo a Lluis Orriols (<a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4260351&amp;id_col=100508&amp;id_subcol=100517" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), que encontr&oacute; una progresiva la polarizaci&oacute;n en el consumo de los medios de comunicaci&oacute;n desde 1993, el an&aacute;lisis de la ideolog&iacute;a media de los consumidores de los principales canales de televisi&oacute;n (gr&aacute;fico 3), peri&oacute;dicos (gr&aacute;fico 4) y radios (gr&aacute;fico 5) muestra que se est&aacute; consolidando en nuestro pa&iacute;s un mercado de medios segmentado pol&iacute;ticamente. Los medios parecen ir concentr&aacute;ndose en una banda concreta del espectro ideol&oacute;gico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Con lo que, si me dices el medio que sigues, es f&aacute;cil deducir a qu&eacute; partido, u orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica, votas (<a href="https://www.jotdown.es/2016/01/dime-quien-votas-te-dire-quien-lees/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), tal y como se desprende del gr&aacute;fico 6.
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        Si nos centramos en los consumidores de medios en Catalu&ntilde;a, encontramos una fuerte conexi&oacute;n entre el medio elegido y la preferencia por la independencia (gr&aacute;fico 7). El 80% de los espectadores de TV3 y el 71% de los del canal de noticias auton&oacute;mico 3/24 se declaran partidarios de la independencia. Por el contrario, los catalanes que ven cadenas de televisi&oacute;n de &aacute;mbito estatal son mayoritariamente contrarios a la independencia. En prensa escrita, todos los lectores de <em>El Punt Avui </em>y el 94% de los del <em>Ara </em>son independentistas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Por qu&eacute; los medios espa&ntilde;oles parece que se especializan en nichos ideol&oacute;gicos concretos? Por un lado, nuestros medios pueden tener una agenda pol&iacute;tica, expl&iacute;cita o secreta. Pero tambi&eacute;n est&aacute;n sujetos a fuerzas globales que empujan hacia la polarizaci&oacute;n. Los periodistas, pensando en su carrera personal m&aacute;s que en la de su medio, pueden anteponer la &ldquo;fama&rdquo; popular (<a href="https://books.google.se/books?hl=en&amp;lr=&amp;id=bekyAwAAQBAJ&amp;oi=fnd&amp;pg=PA278&amp;dq=sobbrio+2013+media&amp;ots=4pwZH1sqq0&amp;sig=EsYvZ6vURFJtrIGkpCzlUL5arOc&amp;redir_esc=y#v=onepage&amp;q=sobbrio%202013%20media&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ] a consideraciones deontol&oacute;gicas. Y los propios medios tienen incentivos para dar un margen de discreci&oacute;n a los periodistas &ndash; para que sean menos escrupulosos en el <em>fact checking&nbsp;</em>o para que deslicen sus opiniones en lugar de proveer datos s&oacute;lidos &ndash;. As&iacute; reducen los costes de producci&oacute;n de las noticias.
    </p><p class="article-text">
        En teor&iacute;a, los medios de comunicaci&oacute;n son el cuarto poder en una democracia, los perros guardianes que dan la voz de alarma frente a los abusos. Pero, por muchos estudios, sabemos que los medios de comunicaci&oacute;n tienden a la parcialidad. Omiten informaci&oacute;n de forma selectiva (<a href="https://academic.oup.com/jeea/article/10/4/831/2298504" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>),&nbsp;establecen la agenda de discusi&oacute;n (<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047272711000715" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) enmarcan las noticias de las noticias mediante el uso de un determinado lenguaje (<a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.3982/ECTA7195" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) y recurren a fuentes de informaci&oacute;n amigas &nbsp;(<a href="https://books.google.se/books?hl=en&amp;lr=&amp;id=bekyAwAAQBAJ&amp;oi=fnd&amp;pg=PA278&amp;dq=sobbrio+2013+media&amp;ots=4pwZH1sqq0&amp;sig=EsYvZ6vURFJtrIGkpCzlUL5arOc&amp;redir_esc=y#v=onepage&amp;q=sobbrio%202013%20media&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos sesgos inherentes a los medios de comunicaci&oacute;n pueden agravarse con la irrupci&oacute;n de los medios digitales y las redes sociales. Como ya advirtiera J&uuml;rgen Habermas, si bien la conectividad de internet ayuda a desenmascarar y desestabilizar los reg&iacute;menes poco liberales, en las democracias liberales internet puede erosionar el debate p&uacute;blico. Las <em>fake news&nbsp;</em>se propagan m&aacute;s r&aacute;pido que nunca. &nbsp;Y, como hemos visto, en Espa&ntilde;a las redes sociales tienen una fuerza especial.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos, emisores y receptores a la vez, nos encerramos en ecosistemas ideol&oacute;gicos cada vez m&aacute;s aislados. Compartimos &ldquo;postverdades&rdquo;, chistes y arrebatos emocionales. Pues el humor y la ira mantiene el sentimiento de identidad entre los miembros de un grupo. Si te r&iacute;es o enfadas con nosotros, eres de los nuestros. Eso aumenta el temor a que nuestra democracia sea suplantada por lo que el activista que ayud&oacute; a propagar la primavera &aacute;rabe, Wael Ghonim, llama &ldquo;tumultocracia&rdquo; (<em>mobocracy</em>): que los votos sean reemplazados por concentraciones violentas convocadas desde las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Estamos lejos de eso en Espa&ntilde;a. Pero la fuerte polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los medios de comunicaci&oacute;n est&aacute; consolidando en nuestro pa&iacute;s unas c&aacute;maras de resonancia donde los consumidores de unos medios tienden a dar m&aacute;s importancia a unos temas, o votar a unos partidos. Sin violencia, pero con poco espacio para el encuentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Lapuente Giné, Elena Costas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tumultocracia_132_2062696.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Jun 2018 18:56:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Hacia una Tumultocracia?]]></media:title>
    </item>
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