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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marta Romero Diego]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marta_romero_diego/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marta Romero Diego]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un piano en la calle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/piano-calle_132_1810624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f308d28-4765-4f94-8f27-9ba83418912f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Piano público en Zlín, República Checa. | Lucie Urban."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">O cómo en Chequia reconquistan el espacio urbano y se lo devuelven a las artes y a las personas.</p></div><p class="article-text">
        Tras su barba rubia hay una sonrisa siempre asomando. Una de esas sonrisas que parecen decir &lsquo;ey, todo est&aacute; bien&rsquo;. Su cuerpo es grande y trasmite la serenidad de un mast&iacute;n que se siente tranquilo. Sus ojos, de apariencia peque&ntilde;os, parecen encerrar dentro un mar profundo y azul&iacute;simo y no dejan de observarlo todo. Ese es Pavel. El coraz&oacute;n lo trajo a Santander y en cuatro a&ntilde;os ha hecho amigos de cuatro continentes distintos a los que ha descubierto nuevos <em>hobbies</em>, juegos, bebidas artesanas y, sobre todo, m&uacute;sica. M&uacute;sica para las tardes de playa y para los martes lluviosos de invierno; m&uacute;sica siempre, pues es algo sagrado para este checo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El tipo de m&uacute;sica que escuchas refleja tu estado de &aacute;nimo o el anhelo de c&oacute;mo te gustar&iacute;a sentirte tras escucharla&rdquo;. Pavel se convierte en DJ Soyuz cuando pincha sus <em>Sunset Sessions</em> en Liencres o en festivales como el Tojo Rock. &ldquo;En la electr&oacute;nica encuentro m&aacute;s libertad para la imaginaci&oacute;n. Pincho este tipo de m&uacute;sica porque te deja m&aacute;s espacio de creaci&oacute;n, ya que la voz y la letra no son tan protagonistas&rdquo;. Al preguntarle si echa de menos la actividad palpitante de Praga, con multitud de DJs y locales experimentales y <em>underground</em>, me responde: &ldquo;En Espa&ntilde;a, se producen ya aut&eacute;nticas joyas. Me fascina la creatividad de la gente de aqu&iacute;. Quiz&aacute;s en Chequia se escuchen melod&iacute;as m&aacute;s melanc&oacute;licas que llaman a la introversi&oacute;n, es porque hace m&aacute;s fr&iacute;o&rdquo;, bromea. Quiz&aacute;s es verdad.
    </p><p class="article-text">
        En esos inviernos largos y blancos, la m&uacute;sica tambi&eacute;n les ha servido para entrar en calor.&nbsp; &iquest;C&oacute;mo? Sacando los pianos a la calle. La iniciativa <em>Pi&aacute;na Na Ulici</em> comenz&oacute; en 2013, cuando el due&ntilde;o de un caf&eacute;, Ond&#345;ej Kobza, coloc&oacute; los primeros cinco pianos en las calles de Praga con el &uacute;nico objetivo de hacer sonre&iacute;r a la gente. Al poco tiempo, la idea se hab&iacute;a extendido por todo el pa&iacute;s y ya hay m&aacute;s de 50 pianos en estaciones, plazas y parques. &ldquo;Es una iniciativa estupenda. En mi pueblo, de 20.000 habitantes, pusieron uno en el casco viejo y no para de sonar, siempre hay alguien toc&aacute;ndolo e incluso a veces hay cola&rdquo;. De hecho, en las redes sociales se han hecho virales algunos v&iacute;deos de gente tocando dichos pianos, desde famosos como &Oacute;lafur Arnalds, hasta agentes de polic&iacute;a o personas sin hogar.
    </p><p class="article-text">
        Ahora a los pianos se han a&ntilde;adido mesas de ajedrez y el <em>Poesiomat</em>: una especie de esculturas que recuerdan a una trompeta o meg&aacute;fono y cuya funci&oacute;n principal es acercar al paseante poemas recitados por sus propios autores. Tambi&eacute;n se organizan sesiones de cha-cha-cha, <em>waltz</em> o tango en la calle adoquinada. Aquella aparentemente insignificante acci&oacute;n se ha convertido en un modo de activismo social que persigue reconquistar el espacio urbano y devolv&eacute;rselo a las artes y a las personas. &ldquo;Se eligen aquellos espacios que necesitan m&aacute;s atenci&oacute;n, para darles vida, inspirar y empoderar a sus gestores locales, y fortalecer redes sociales para la creaci&oacute;n de proyectos conjuntos&rdquo;, explican los representantes del colectivo cultural responsable.
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica muestra as&iacute;, una vez m&aacute;s, su potencial para despertar el alma, establecer lazos entre recuerdos y fundar rituales entre personas. No es casual que esta iniciativa haya nacido en tierras checas. Ya en el a&ntilde;o 1773 el compositor brit&aacute;nico Charles Burney escribi&oacute;: &ldquo;<em>A menudo escuchaba que los habitantes de Bohemia</em> [una de las tres regiones hist&oacute;ricas que integran la Rep&uacute;blica Checa] <em>eran el pueblo m&aacute;s musical de toda Europa. Viaj&eacute; por todo su Reino, desde el sur hasta el norte, en todas partes preguntaba y averig&uuml;&eacute; que tanto ni&ntilde;os como ni&ntilde;as aprend&iacute;an m&uacute;sica en las ciudades y en el campo</em>&rdquo;. Le pregunto a Pavel por esta tradici&oacute;n musical. &ldquo;En Rep&uacute;blica Checa tenemos un dicho: &lsquo;un checo, un m&uacute;sico&rsquo;. Es solo un dicho y ojal&aacute; fuera verdad. Supongo que la historia y la educaci&oacute;n han tenido mucho que ver&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no todos los checos son m&uacute;sicos, pero lo que es seguro es que Pavel, al igual que la m&uacute;sica, produce calma y crea sinton&iacute;a entre los que tenemos la suerte de estar a su alrededor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Romero Diego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/piano-calle_132_1810624.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Dec 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un piano en la calle]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Flores amarillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/flores-amarillas_132_1858285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e570e585-282b-472b-b98d-ad66cddfe5e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Flores amarillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El color influye enormemente en la vida de los mexicanos… y también en la muerte.</p></div><p class="article-text">
        A veces la vida se vuelve obstinada e incluso cruel y nos pone obst&aacute;culos que parecen inabarcables, haci&eacute;ndonos sufrir lo impensable y rompi&eacute;ndonos en miles de trozos. Me emociono escuchando a Bea contarme c&oacute;mo resurgi&oacute; de las cenizas tras un traum&aacute;tico proceso de divorcio. Como inmigrante mexicana, sin la nacionalidad espa&ntilde;ola, estaba totalmente desamparada ante la ley. Sin embargo, mientras habla, brotan junto a las l&aacute;grimas, grandes dosis de valent&iacute;a, fuerza y optimismo. Es un contrasentido.
    </p><p class="article-text">
        No puedo evitar preguntarle de d&oacute;nde sac&oacute; la fuerza para salir adelante. &ldquo;Pensaba: no me puede ir mal porque mis abuelos est&aacute;n conmigo&rdquo;. Me dice que le ayudaba recordar a su gente, la comida, la m&uacute;sica y los colores de su tierra. &ldquo;&iquest;Los colores?&rdquo;, pregunto sorprendida. &ldquo;M&eacute;xico es color. El color nos da la vida&rdquo;. Es cierto que el color ha estado presente en la regi&oacute;n y sigue est&aacute;ndolo desde hace cientos de a&ntilde;os. Ya en las culturas precolombinas se utilizaban llamativos colores para decorar desde el cuerpo hasta incre&iacute;bles templos como el de Tehotihuac&aacute;n. A principios del siglo XX muralistas como Diego Rivera tambi&eacute;n llenaron el pa&iacute;s de colores en un intento por construir una nueva identidad nacional.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a el mayor mural de M&eacute;xico se encuentra en la ciudad de Pachuca y abarca 32.000 metros cuadrados. El colectivo de artistas visuales Germen Crew llev&oacute; a cabo este proyecto en 2015 con el fin de transformar el espacio urbano y buscar nuevas formas de interacci&oacute;n entre el arte y la ciudadan&iacute;a. Los autores hablan de un &lsquo;nuevo muralismo mexicano&rsquo; con un profundo beneficio social: pone alegr&iacute;a y cambia el estado &aacute;nimo de los habitantes, crea empleo y promueve la participaci&oacute;n comunitaria y mejora la cohesi&oacute;n social. De hecho, en este cerro, la criminalidad se redujo en un 35% y muchos pandilleros se integraron en el proceso art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Parece que el color influye enormemente en la vida de los mexicanos&hellip; y tambi&eacute;n en la muerte. En M&eacute;xico, al igual que en Espa&ntilde;a, se celebra el D&iacute;a de los Muertos el 2 de noviembre, pero con rituales muy distintos. Calles, cementerios y casas se llenan de flores, dulces y papel mach&eacute; de infinitos colores para acoger la visita de los difuntos. &ldquo;No tenemos miedo a la muerte ni a los muertos, les invocamos una vez al a&ntilde;o para que nos visiten. Les seguimos recordando, con alegr&iacute;a, no con tristeza. Preparar el altar es una tarea laboriosa pero me produce mucha calma&rdquo;, me explica Bea.
    </p><p class="article-text">
        Se rodean los altares con p&eacute;talos de flores amarillas (cempasuchil) que gu&iacute;an al difunto hasta las ofrendas con sus alimentos, fotos y recuerdos preferidos. &ldquo;A mi abuelo cada a&ntilde;o le espero con el pan de muerto, un tequila y m&uacute;sica de mariachis, la misma que le acompa&ntilde;&oacute; hasta el cementerio. Nos pidi&oacute; que no nos visti&eacute;ramos de negro, sino de colores y que su despedida fuera una fiesta&rdquo;. Curiosa coincidencia. El abuelo de Bea era de Pachuca.
    </p><p class="article-text">
        No sabemos qu&eacute; ocurre despu&eacute;s de la muerte o si podremos volver cada a&ntilde;o a saludar a nuestros familiares, pero es bonito ver c&oacute;mo los que est&aacute;n a&uacute;n vivos encuentran la forma de poner paz en su coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Feliz D&iacute;a de los Muertos!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Romero Diego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/flores-amarillas_132_1858285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Nov 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Flores amarillas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La diosa Cibeles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/voces-blancas_132_1916304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd6b86db-3f88-4bfc-ae86-dd5d4da98a09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Estatua de bronce de la diosa Cibeles (año 250 - Imperio Romano). The Metropolitan Museum, Nueva York."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay personas que, sólo con su voz, nos calman y acompañan en la soledad. Y a  veces, nuestra propia voz puede ayudarnos a enraizarnos, enganchándonos a la vida y liberándonos de miedos atávicos.</p></div><p class="article-text">
        Desde el primer momento hay algo en su voz que me cautiva. Habla despacio, como susurrando las palabras y pronunciando con delicadeza los sonidos. Su voz es suave pero no fr&aacute;gil. De pronto su beb&eacute; se pone a llorar. Lo coge y comienza a hablarle dulcemente en polaco. El beb&eacute; la mira fascinado y le devuelve una gran sonrisa. Est&aacute; tan embelesado como yo observando la escena. Su voz y sus gestos son hipn&oacute;ticos. Me recuerda a lo que escrib&iacute;a, ya hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, Daniel Stern sobre la importancia de que la figura de apego supiera 'entonar' afectivamente con el beb&eacute; para construir as&iacute; un puente entre ambos.
    </p><p class="article-text">
        Seguro que observ&oacute; a alguien parecido a Kasia para teorizar sobre el entonamiento afectivo. Ella sonr&iacute;e de nuevo y se ruboriza al decirme que lo que m&aacute;s echa de menos de Polonia es el silencio: &ldquo;Aqu&iacute; la gente es m&aacute;s ruidosa y hablan todos a la vez, aunque siento que saben disfrutar m&aacute;s de la vida&rdquo;. Su voz delicada contrasta con la asertividad de su discurso cuando hablamos sobre el aprendizaje de idiomas. &ldquo;Una lengua es mucho m&aacute;s que las palabras, es el tono y el ritmo de la voz, es la cultura que nos define y una poderosa herramienta para descubrir el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para descubrir ese mundo, Kasia se lanz&oacute; hace doce a&ntilde;os a hacer un programa de Voluntariado Europeo en el que ten&iacute;a que acompa&ntilde;ar a personas con discapacidad visual en la Fundaci&oacute;n ONCE en Santander. &ldquo;En seis meses aprend&iacute; espa&ntilde;ol porque practicaba mucho hablando con los participantes del programa; les describ&iacute;a todo y ellos ten&iacute;an grandes necesidades de habla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones hay personas que, solo con su voz, nos calman y acompa&ntilde;an en la soledad. Y a veces, nuestra propia voz puede ayudarnos a enraizarnos, enganch&aacute;ndonos a la vida y liber&aacute;ndonos de miedos at&aacute;vicos. Surge en la conversaci&oacute;n el tema de las enigm&aacute;ticas 'voces blancas' de Polonia y de otros pa&iacute;ses de Europa del Este como Ucrania, Bulgaria o Lituania. Cantos tradicionales interpretados por mujeres, a capella o acompa&ntilde;ados por un tambor. Al llamarlas 'blancas' imagino voces angelicales, pero cuando veo algunos v&iacute;deos me doy cuenta de que se trata m&aacute;s bien de gritos apasionados. La t&eacute;cnica consiste en dejar escapar el m&aacute;ximo de aire con la garganta completamente abierta. Parece bastante complejo no quedarte af&oacute;nico en unos pocos minutos; el secreto est&aacute; en relajar la parte de atr&aacute;s de la garganta. Me llama la atenci&oacute;n el brillo y la fuerza de sus voces, as&iacute; como todas las distintas notas y vibraciones que producen. En cierta medida, me recuerda a las voces de las pandereteras y a los <em>irrintzis</em>.
    </p><p class="article-text">
        De uno de esos grupos de cantos tradicionales naci&oacute; <a href="http://laboratoriumpiesni.pl/en/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laboratorium Pie&#347;ni</a>. Siete mujeres que se han hecho famosas cantando canciones tradicionales de Europa del Este y han conquistado espacios contempor&aacute;neos para la m&uacute;sica folk bajo el prisma de una naturaleza intuitiva, femenina y salvaje. Uno de sus &aacute;lbumes, 'Puste noce' ('Noches vac&iacute;as') se basa en el rito, casi ya perdido, de cantar toda la noche alrededor del cuerpo de un difunto junto con los familiares, en un intento por capturar la esencia de los duelos y de mostrar c&oacute;mo ritos ancestrales ayudaban a enfrentar el dolor a la p&eacute;rdida y el miedo a la muerte.
    </p><p class="article-text">
        De camino a casa, tras la conversaci&oacute;n con Kasia, fantaseo imaginando a todas las mujeres anteriores a m&iacute;, aquellas que cantaron al ritmo de tambores hace m&aacute;s de 3.000 a&ntilde;os, honorando a la diosa Cibeles, la Gran Madre, con su <em>tympanum</em> (tambor de marco). Sacerdotisas y curanderas que guiaron los rituales y acompa&ntilde;aron a sus comunidades en los cambios de estaciones, las cosechas, los funerales y las sanaciones. C&iacute;rculos de mujeres, poderosas y sabias, entonando sus voces frente al fuego. Me entran ganas de cantar. Intento lanzar mi voz al viento, pero no encuentro su fuerza para hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Romero Diego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/voces-blancas_132_1916304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Sep 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La diosa Cibeles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lenguaje]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre relaciones íntimas y vías férreas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/relaciones-intimas-vias-ferreas_132_1956730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c4afab5-3fa2-47b3-96ae-a4472300c9c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre relaciones íntimas y vías férreas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritoras Arlie Russell Hochschild y Barbara Ehrenreich, en su libro Global Woman: Nannies, Maids and Sex Workers in the New Economy (Metropolitan Books, 2003) sostienen que, a nivel mundial, la mujer inmigrante se ha convertido en una mercancía más y abren el debate sobre la actual feminización de la economía global.</p></div><p class="article-text">
        Recuerdo el d&iacute;a que conoc&iacute; a Irina. Coincid&iacute; con ella en el ascensor y me sonri&oacute; nada m&aacute;s entrar. &ldquo;&iquest;T&uacute; vives en el quinto?&rdquo; me pregunt&oacute; con un acento claramente extranjero. Le respond&iacute; que s&iacute; y sin esperar me lanz&oacute; r&aacute;pidamente la siguiente pregunta: &ldquo;&iquest;cu&aacute;nto pagas por el piso?&rdquo;. Me qued&eacute; muy sorprendida y le respond&iacute; de forma autom&aacute;tica, sin estar muy segura de que debiera hacerlo. &ldquo;Oh, muy caro, muy caro&rsquo; respondi&oacute; y sali&oacute; del ascensor a toda velocidad nada m&aacute;s abrirse las puertas. &lsquo;Hasta otro d&iacute;a, tengo mucha prisa&rdquo;. Despu&eacute;s de aquel d&iacute;a, nos hemos vuelto a encontrar muchas veces en el ascensor y en el portal y la escena se suele repetir, me hace unas cuantas preguntas y se excusa por salir corriendo y dejarme con la palabra en la boca. A trav&eacute;s de esas conversaciones de escasos minutos he ido conociendo algo de su vida. Irina es moldava. Hace 20 a&ntilde;os dej&oacute; a su familia y su trabajo de contable y emigr&oacute; a Espa&ntilde;a. Trabaja en dos casas cuidando a dos ancianos que viven solos. Limpia, hace la compra, cocina y, sobre todo, les hace compa&ntilde;&iacute;a. Le pregunto si echa mucho de menos su pa&iacute;s y si le gustar&iacute;a trabajar en otro sitio. &ldquo;Esta es la vida que tengo, ya soy mayor, no la puedo cambiar&rdquo;. Su cara y sus palabras desprenden cierta resignaci&oacute;n y nostalgia. &ldquo;Me voy corriendo, la se&ntilde;ora se enfada si tardo en volver del supermercado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde que Moldavia se independizara en 1991 de la antigua Rep&uacute;blica Sovi&eacute;tica, las historias de exilio han ido moldeando la sociedad. La emigraci&oacute;n ha alcanzado cifras desorbitadas en este peque&ntilde;o pa&iacute;s entre Ruman&iacute;a y Ucrania; entre 1999 y 2005 el volumen de emigrantes aument&oacute; de menos de 100.000 personas a m&aacute;s de 400.000. Seg&uacute;n los datos del censo de 2014, en tan solo una d&eacute;cada, la poblaci&oacute;n ha disminuido de 3,4 a 2,9 millones de habitantes y se estima que el n&uacute;mero de moldavos trabajando en Rusia y otros pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea es alrededor de 600.000, con un mayor porcentaje de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora, en el mercado global, se ofrecen servicios &iacute;ntimos que van desde el cuidado de ni&ntilde;os o de enfermos hasta proporcionar sexo. Las relaciones que se crean con las inmigrantes y las familias de clase media de los pa&iacute;ses que las contratan refleja, en algunos aspectos, la relaci&oacute;n tradicional entre sexos, por lo que podr&iacute;a decirse que las inmigrantes est&aacute;n desempe&ntilde;ando un papel que sigue siendo demandado en los pa&iacute;ses desarrollados. Las autoras argumentan que la versi&oacute;n contempor&aacute;nea del expolio colonial de recursos en los pa&iacute;ses empobrecidos se ha transformado: el nuevo oro son el amor y los cuidados. Ahora los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos extraen &lsquo;mano de obra emocional&rsquo; a bajo coste.
    </p><p class="article-text">
        Artistas moldavos como Pavel Br&#259;ila (1971, Chi&#351;in&#259;u), a trav&eacute;s de sus pel&iacute;culas, fotograf&iacute;as, instalaciones y performances, intenta sensibilizar sobre la preocupante situaci&oacute;n de fuga de cerebros del pa&iacute;s, la cuesti&oacute;n de la identidad nacional y el choque cultural, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico entre los pa&iacute;ses de Europa del Este y Occidente. &ldquo;Las ra&iacute;ces son lo m&aacute;s importante que tenemos y lo estamos perdiendo&rdquo; defiende. En 2003 Br&#259;ila fue reconocido por la Editorial Phaidon como uno de los 100 mejores artistas contempor&aacute;neos del mundo por considerar que su obra ha creado el contexto para una nueva generaci&oacute;n de artistas. Lo que define a Br&#259;ila es el amor por su pa&iacute;s, no desde fanatismos nacionalistas, sino desde el cuidado m&aacute;s sencillo y profundo que se espera de un hombre sonriente y cercano. &ldquo;Moldavia es un pa&iacute;s que va a desaparecer. Los pueblos est&aacute;n muri&eacute;ndose. La gente no sabe qu&eacute; hacer para sobrevivir. Tienen que emigrar. Primero se van a la ciudad, y despu&eacute;s a otro pa&iacute;s para conseguir un trabajo. Los j&oacute;venes lo &uacute;nico que quieren es un IPhone. Eso es todo. Es muy triste. Estamos perdiendo nuestras ra&iacute;ces, nuestra identidad, nuestra historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2002 en su pel&iacute;cula Shoes for Europe  retrataba el cambio de los trenes moldavos en la frontera con Ruman&iacute;a para poder transitar por las v&iacute;as europeas. Br&#259;ila lo utiliz&oacute; como met&aacute;fora del gran proceso de adaptaci&oacute;n que est&aacute;n viviendo los pa&iacute;ses del Este de Europa para poder colocarse en la &lsquo;v&iacute;a occidental&rsquo;. &ldquo;Para m&iacute;, es muy importante mostrar la diferencia entre Europa del Este y Occidente. Para entendernos, &iexcl;tenemos que levantar jodidos trenes!&rdquo;. En otro trabajo &lsquo;Catering Food&rsquo; habla de la nostalgia de los inmigrantes por su tierra a trav&eacute;s de la comida t&iacute;pica de su pa&iacute;s preparada por su madre en un peque&ntilde;o pueblo de Moldavia. La lleva a Berl&iacute;n, en uno de los tantos autobuses que viajan a Europa con inmigrantes, y transporta as&iacute; a los berlineses a la regi&oacute;n de su familia y hace que experimenten, por un momento, lo que pueden sentir sus compatriotas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy me he vuelto a encontrar a Irina en el portal. Iba cojeando. Se cay&oacute; hace unos d&iacute;as de una banqueta limpiando los cristales. A&uacute;n no ha podido ir al m&eacute;dico porque no puede faltar al trabajo. Cuando miro a Irina no veo a una v&iacute;ctima. Es una mujer fuerte y activa que decidi&oacute; emigrar para intentar mejorar su situaci&oacute;n econ&oacute;mica y, quiz&aacute;s tambi&eacute;n, responder a sus ansias de libertad y de conocer el mundo. No deja de ser un tanto ir&oacute;nico que para conseguirlo tenga que vivir ahora en un r&eacute;gimen de semiesclavitud.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Romero Diego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/relaciones-intimas-vias-ferreas_132_1956730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Sep 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre relaciones íntimas y vías férreas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El antídoto africano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/antidoto-africano_132_2060619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f31ccdf7-ce3f-4cc8-b2e8-d1c004fc2b13_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Junaid Jemal Sendi y Addisu Demissie integran DESTINO Dance Company."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde Occidente pensamos, con cierto aire paternalista, en salvar a África, pero se nos ocurre menos veces pensar en la posibilidad de que África también nos puede salvar a nosotros.</p></div><p class="article-text">
        El&nbsp; director de cine keniata Lakarion Wainaina critic&oacute; recientemente en una entrevista la imagen que muestran de &Aacute;frica los medios de comunicaci&oacute;n occidentales: guerra, hambre y pobreza. &ldquo;Un &Aacute;frica que necesita que alguien la salve para poder ser ellos los salvadores, en vez de buscar la verdad&rdquo;, dec&iacute;a Wainiana. Es dif&iacute;cil que &Aacute;frica se quite de encima ese estigma cuando todos alimentamos, de una forma u otra, esa imagen diariamente.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso las personas que hemos tenido la suerte de vivir alguna vez en el continente tenemos la responsabilidad de mostrar la cara oculta de &Aacute;frica, y esa cara oculta es precisamente la m&aacute;s luminosa. Es cierto que en &Aacute;frica hay pobreza, conflictos y hambre, pero tambi&eacute;n en Europa y no por eso dejamos de contar y mostrar otras verdades, otras iniciativas inspiradoras y bellas que est&aacute;n teniendo lugar, que intentan cambiar las cosas y dotan a la sociedad de sentido.
    </p><p class="article-text">
        En &Aacute;frica viven m&aacute;s de 1.000 millones de personas en m&aacute;s de 30 millones de kil&oacute;metros cuadrados. No cabe la generalizaci&oacute;n. Un continente con m&aacute;s de 2.000 etnias y lenguas distintas puede, como poco, contarnos muchas cosas, pero tambi&eacute;n mostrarnos un gran abanico de culturas, ideas y proyectos efervescentes que no hablan de guerra, hambre o pobreza. Iniciativas que nos hablan de la capacidad de resiliencia, de la alegr&iacute;a de vivir, del respeto a los mayores y del sentido de comunidad; que nos muestran que al otro lado de los estigmas chisporrotea la vida.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Wainaina que las nuevas generaciones de j&oacute;venes africanos que comienzan ahora a emprender e innovar son las que podr&aacute;n cambiar esa imagen negativa y estereotipada del continente. Precisamente una de esas iniciativas que nos muestra la cara m&aacute;s luminosa de &Aacute;frica visita Cantabria estos d&iacute;as: <a href="http://www.destinodance.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">DESTINO Dance Company</a>, un proyecto que nos hace vibrar cada m&uacute;sculo del cuerpo, pero tambi&eacute;n el coraz&oacute;n, al escuchar la historia de vida de Junaid Jemal Sendi y Addisu Demissie.
    </p><p class="article-text">
        Junaid y Addisu son dos j&oacute;venes bailarines et&iacute;opes que utilizan la danza para cambiar la realidad de la gente en su pa&iacute;s y para mostrar al resto del mundo que Etiop&iacute;a es mucho m&aacute;s que hambrunas y ni&ntilde;os con abdomen inflado y moscas en la cara. Est&aacute;n decididos a compartir la gran riqueza cultural y art&iacute;stica que poseen mediante la difusi&oacute;n de un estilo propio de danza contempor&aacute;nea fusionado con la danza tradicional que llevan en su ADN.
    </p><p class="article-text">
        DESTINO llegar&aacute; este s&aacute;bado a Santander e impartir&aacute; un taller en el Centro C&iacute;vico del R&iacute;o de la Pila y actuar&aacute; en las fiestas del solsticio organizadas por SolCultural. Despu&eacute;s, llevar&aacute; a cabo una residencia en el Centro Cultural de Solares y seguir&aacute; su periplo hacia el Pa&iacute;s Vasco, Valencia, Madrid y Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Un amigo et&iacute;ope me dijo una vez que lo que m&aacute;s le hab&iacute;a chocado al llegar a Europa a estudiar un m&aacute;ster hab&iacute;a sido la mirada ausente en los ojos de mucha gente con la que se cruzaba por la calle. Desde Occidente pensamos, con cierto aire paternalista, en salvar a &Aacute;frica, pero se nos ocurre menos veces pensar en la posibilidad de que &Aacute;frica tambi&eacute;n nos puede salvar a nosotros. La danza de DESTINO puede ser un buen ant&iacute;doto para comenzar a despertar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Romero Diego, Marta Romero Diego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/antidoto-africano_132_2060619.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jun 2018 08:37:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El antídoto africano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[África,Danza,Cantabria]]></media:keywords>
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