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    <title><![CDATA[elDiario.es - Esther Jovaní Roda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/esther_jovani_roda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Esther Jovaní Roda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Esto se acabó, chicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/acabo-chicos_132_2055310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La puesta en libertad provisional de La Manada parece una suerte de resistencia del lobby judicial ante la avanzadilla, que les ha sobrepasado, de la calle. De &lsquo;la gente&rsquo;, que dir&iacute;a aquel. La representaci&oacute;n de una escena en la que se vislumbra la posibilidad de p&eacute;rdida del estatus inigualable de los Poderes del Estado.
    </p><p class="article-text">
        No entraremos a discutir el p&eacute;simo momento procesal en que se toma tal decisi&oacute;n, que lo es. Tampoco la penosa redacci&oacute;n del argumentario en que el tribunal se sustenta, que lo es. Ni siquiera vamos a decantarnos por la v&iacute;a del trasnochado C&oacute;digo Penal o la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que tambi&eacute;n. Aunque el 504 contiene buenos presupuestos que bien podr&iacute;an haber tenido en cuenta el Tribunal de La manada para, precisamente, decidir en contrario.
    </p><p class="article-text">
        Puesto que doctores tiene la iglesia, que hagan su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; y ahora nos estamos enfrentando a un cambio de paradigma en la concepci&oacute;n sobre el lugar que nos ha tocado en suerte (&iquest;?) ocupar a las mujeres. Y ha comenzado a calar en el imaginario colectivo porque esa fina lluvia persistente, ese chirimiri violeta a lo largo de los tiempos, ha devenido en un brotar de ojos de agua por donde menos se esperaba, desde donde jam&aacute;s se hubiese imaginado, desde donde la parquedad de miras se hac&iacute;a escuchar como lo neutro, lo central, lo normal. Resulta que ahora nos damos cuenta de que, lo normal, no era m&aacute;s que un secarral de cigarras que silencian apenas cuatro gotas y un poco de aire fresco.
    </p><p class="article-text">
        Mucha met&aacute;fora, s&iacute;. Con permiso de ustedes. El secarral es donde las mujeres hemos vivido siempre, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. El chirimiri, todas aquellas esforzadas acciones de las feministas o las a punto de serlo con acciones que parec&iacute;an no calar en el terreno, pero que a&uacute;n as&iacute; no han dejado de insistir sobre que viv&iacute;amos en un h&aacute;bitat yermo. Las cigarras, no creo que necesite mucha explicaci&oacute;n, ese ruido sistem&aacute;tico e insalubre por ensordecedor, que no comunica m&aacute;s que la anulaci&oacute;n de cualquier intento de escuchar m&aacute;s all&aacute; del mismo. Lo normal, hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que se ha impuesto la moda de la perspectiva de g&eacute;nero, algunos lo denominan la ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, y siguen situ&aacute;ndose en el centro por ello. En realidad, todo un clamor. Pero a&uacute;n siendo muy cierto que los operadores jur&iacute;dicos, como otros tantos profesionales, deber&iacute;an formarse en sus estudios desde aquella perspectiva, no deja de ser parad&oacute;jico que en lo que deber&iacute;an ser instruidos resulta ser sobre m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n a la que aplican sus leyes, que no son lo mismo que la justicia, como ya se sabe. Estamos reclamando que aprendan a ver a las mujeres tal y como son y no como en ellas se representa el ideal propio de legisladores y jueces. como si se tratara de una comunidad ajena que ha irrumpido de repente.
    </p><p class="article-text">
        Las feministas, que las hemos dejado entrar y ahora nos quieren gobernar. En nuestra propia casa, d&oacute;nde se habr&aacute; visto.
    </p><p class="article-text">
        Ellas, las de enfrente, las otras. Las dem&aacute;s a partir del n&uacute;cleo, lo central y normal que marca, como unidad de medida, no solo c&oacute;mo es el mundo sino c&oacute;mo ha de seguir siendo. Todav&iacute;a estamos las mujeres en el margen de la sociedad, de cada uno de los espacios o circunstancias tambi&eacute;n, quedando siempre en un costado, un aparte, mirando y escuchando qu&eacute; se dirime sobre nosotras. Sin nosotras. Excepto cuando nos hacemos presentes, desestabilizando el orden establecido, trayendo problemas, vaya, y entonces se nos escruta detenidamente con esa unidad de medida modelo de c&oacute;mo se debe pensar y actuar. De c&oacute;mo se debe sentir en cada situaci&oacute;n de la vida. Lo que es l&iacute;cito y no que sintamos.
    </p><p class="article-text">
        Estar&aacute; bien que se instruyan en nuevos conocimientos sobre las mujeres con eso de la perspectiva de g&eacute;nero, aunque tengamos que esperar una generaci&oacute;n para ver los resultados. Teniendo en cuenta que falta determinar qu&eacute; resultados se supone debemos esperar.
    </p><p class="article-text">
        A mayor instrucci&oacute;n sobre g&eacute;nero, de legisladores y jueces, no tiene por qu&eacute; resultar menor n&uacute;mero de violaciones a priori. Pero la detecci&oacute;n clara de una intimidaci&oacute;n, el momento y raz&oacute;n en que la v&iacute;ctima se abandona a su suerte, los mecanismos por los que se procura gustar al victimario, sea t&iacute;o, primo, hermano, padre, vecino, novio o absoluto desconocido, puede ayudar a dar legitimidad, a dignificar, a las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Una vez conocida, la cualificaci&oacute;n de una agresi&oacute;n sexual, por definici&oacute;n contra las mujeres y ni&ntilde;as o ni&ntilde;os (no se pierda de vista esta unidad de colectivos vulnerables), siempre por hombres, puede con una buena perspectiva de g&eacute;nero hacer visibles elementos circunstanciales determinantes en el hecho. Pero sin la visibilizaci&oacute;n que est&aacute; dando el movimiento feminista en las calles y, por fuerza, a las Instituciones, ser&iacute;a imposible llevar esta cuesti&oacute;n hacia la prevenci&oacute;n, que es lo fundamental.
    </p><p class="article-text">
        Es alarmante la sola posibilidad de que las televisiones se beneficien, proveyendo de ping&uuml;es emolumentos a los condenados, si llegan hasta el extremo de darles p&aacute;bulo. As&iacute; se fragua la ideolog&iacute;a de la violaci&oacute;n. El control informal, por s&iacute; solo, no puede cargar con la responsabilidad de sostener la l&iacute;nea roja que jam&aacute;s se deber&iacute;a traspasar en un estado de derecho. Nosotras hemos hecho nuestro trabajo, dentro de la m&aacute;s estricta legalidad&hellip; de momento. Quedamos a la espera de la respuesta de los Poderes del Estado. Si el marco legal no es suficiente para salvaguardar los
    </p><p class="article-text">
        derechos b&aacute;sicos de los colectivos m&aacute;s vulnerables, nadie puede garantizar que alguno de &eacute;stos no decida traspasarlos. Esto se acab&oacute;, chicos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Esther Jovan&iacute; Roda, En clau de Dona, Castell&oacute;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Jovaní Roda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/acabo-chicos_132_2055310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Jun 2018 09:11:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esto se acabó, chicos]]></media:title>
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