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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juana Moreno Nieto]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juana_moreno_nieto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juana Moreno Nieto]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Contrataciones en origen y el monocultivo global de la fresa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/contrataciones-origen-monocultivo-global-fresa_132_2048848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7997f255-e90b-4752-883c-2a95e14d6ef8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contrataciones en origen y el monocultivo global de la fresa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Proteger a estas mujeres exige asegurar su igualdad de derechos con el resto de trabajadores y trabajadoras, que es justamente lo que el programa de contratación en origen impide, articulando desigualdades de género, clase, origen y precarización jurídica, así como cuestionar el modelo productivo de la fresa.</p></div><p class="article-text">
        Las insostenibiilidades del actual sistema agroalimentario son m&uacute;ltiples y generalmente las relacionamos con su impacto medioambiental, sus efectos nocivos sobre la salud o la destrucci&oacute;n de las producciones y modos de vida campesinos. No obstante, las violencias que se ejercen sobre la mano de obra que trabaja en condiciones de gran precariedad en los campos de la agricultura global forman parte estructural de este sistema aunque queden, a menudo, invisibilizadas.
    </p><p class="article-text">
        Estas &uacute;ltimas semanas, hemos visto romperse el pacto de silencio existente en torno a las condiciones de vida y trabajo de las temporeras extranjeras en el sector de la fresa en Huelva. La publicaci&oacute;n a finales de abril de un reportaje denunciando las violaciones y abusos sexuales sufridos por trabajadoras marroqu&iacute;es del sector pon&iacute;a en el punto de mira el sistema de contrataciones en origen, erigido durante a&ntilde;os como modelo ejemplar de &ldquo;migraci&oacute;n ordenada&rdquo; por las instituciones espa&ntilde;olas, marroqu&iacute;es y europeas.
    </p><p class="article-text">
        A principios de junio, unas cien jornaleras marroqu&iacute;es, apoyadas por el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), intentaron denunciar en los juzgados incumplimientos del contrato y abusos sexuales en una empresa de Almonte. En solo dos d&iacute;as, el empleador organiza el retorno del conjunto de trabajadoras de su finca a Marruecos, a&uacute;n cuando sus contratos no hab&iacute;an finalizado. El objetivo, evitar que pudieran ratificar sus denuncias ante la inspecci&oacute;n de trabajo el lunes siguiente. Sin embargo, una parte importante de las trabajadoras resiste y se niega a embarcar en los autobuses. Las redes sociales y medios locales retransmiten lo que est&aacute; ocurriendo y se logra detener el traslado de las trabajadoras al puerto de Algeciras.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n, en la que ante una tentativa de denuncia las trabajadores son &ldquo;devueltas&rdquo; a Marruecos ilustra especialmente bien la tendencia autoritaria del mercado de trabajo en el sector fresero y del sistema de contrataciones en origen que lo organiza.
    </p><p class="article-text">
        Como en ocasiones anteriores, las asociaciones de productores denuncian una campa&ntilde;a de desprestigio contra el sector, minimizan lo que consideran &ldquo;pr&aacute;cticas aisladas&rdquo; de ciertos individuos e incluso basculan la responsabilidad sobre las propias v&iacute;ctimas, acus&aacute;ndolas de mentir y relacion&aacute;ndolas con la prostituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estos f&eacute;rtiles terrenos para los estereotipos sexistas y racistas (Martin D&iacute;az 2002), nos parece muy importante insistir en que no se trata de hechos aislados ni fortuitos, sino que el programa de contrataci&oacute;n en origen desarrollado para responder a las necesidades del monocultivo de fresa, es la causa principal de la vulnerabilidad de estas temporeras frente a todo tipo de abusos. Es el r&eacute;gimen migratorio, puesto al servicio del capitalismo agroalimentario global y su alianza con el patriarcado y el racismo, lo que explica la situaci&oacute;n de las jornaleras marroqu&iacute;es en la agricultura onubense.
    </p><p class="article-text">
        La provincia de Huelva es la principal zona de producci&oacute;n de fresas extra-tempranas en Europa. Su vocaci&oacute;n exportadora y la utilizaci&oacute;n de todo tipo de insumos (variedades patentadas de fresas, pl&aacute;sticos para invernaderos, agroqu&iacute;micos...) insertan al sector en una cadena agroalimentaria dominada por las grandes empresas transnacionales que producen los insumos agr&iacute;colas y controlan la distribuci&oacute;n de la fruta en los mercados europeos, acumulando la mayor parte de los beneficios. La dependencia de los productores agr&iacute;colas frente a estos actores globales, junto a la gran cantidad de mano de obra necesaria para recolectar la fresa, hacen que el mantenimiento del costo del trabajo a la baja constituya una estrategia fundamental para los productores a fin de asegurar la rentabilidad del sector y aumentar el margen de beneficios.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto de b&uacute;squeda de una mano de obra flexible, barata y que no se organice para exigir mejoras laborales, debe entenderse la instauraci&oacute;n de un sistema de contrataciones en origen totalmente feminizado desde el a&ntilde;o 2000. A partir de 2006, se institucionaliza el programa de contrataciones con Marruecos que contar&aacute; con cuantiosas subvenciones de la Uni&oacute;n Europea, y ello a pesar de su dimensi&oacute;n utilitarista, la precariedad laboral y jur&iacute;dica que impone a las trabajadoras y el car&aacute;cter sexista de la selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, al Estado espa&ntilde;ol y a la Comisi&oacute;n Europea poco ha parecido importarles el car&aacute;cter discriminatorio que establece la contrataci&oacute;n de mujeres pobres con hijos menos de 14 a&ntilde;os a su cargo para garantizar el retorno a su pa&iacute;s de origen al final de la campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el sistema de contrataciones en origen establece una cautividad jur&iacute;dica y material sobre las temporeras que constituye la base de su desprotecci&oacute;n. Primero, porque los permisos de residencia y trabajo de estas trabajadoras est&aacute;n vinculados a un territorio, a un sector de actividad y a un empleador concreto, lo que supone que las temporeras no tienen derecho a cambiar de trabajo. Igualmente, su retorno la temporada siguiente depende de la voluntad del empleador. Ello instituye una dependencia absoluta de las trabajadoras ante el empresariado y reduce enormemente su capacidad para negociar las condiciones laborales o denunciar cualquier forma de abuso pues si pierden o renuncian a sus empleos, ya de por si valiosos debido a la diferencia salarial existente con Marruecos (equivalente a 6,3 euros por jornal) pierden, adem&aacute;s, el derecho a trabajar legalmente en el Estado espa&ntilde;ol. Las alternativas para aquellas que no acepten las condiciones ofertadas son claras y poco alentadoras, quedarse de manera irregular en el Estado espa&ntilde;ol o regresar a Marruecos sin posibilidad de volver a acceder a un contrato.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, porque el hecho de que las temporeras residan en las fincas agr&iacute;colas permite ejercer un control sobre la vida privada de las temporeras, como muestra el hecho de que estas trabajadoras vean a menudo limitadas sus salidas nocturnas a fin de garantizar su productividad en el trabajo o que se les lleguen a retener los pasaportes para evitar lo que en el sector se consideran &ldquo;fugas&rdquo;, es decir, el abandono del programa. Asimismo, este modelo residencial dificulta su contacto con la poblaci&oacute;n local y el aprendizaje del espa&ntilde;ol, v&iacute;as fundamentales para hacer valer sus derechos. En contraste, este sistema resulta de gran utilidad para los productores pues les permite de poseer trabajadoras &ldquo;en stock&rdquo; y ajustar diariamente el tama&ntilde;o de su plantilla a las necesidades del cultivo.
    </p><p class="article-text">
        Por todo esto, para proteger a estas mujeres se hace imprescindible asegurar su igualdad de derechos con el resto de trabajadores y trabajadoras, que es justamente lo que el programa de contrataci&oacute;n en origen impide, articulando desigualdades de g&eacute;nero, clase, origen y precarizaci&oacute;n jur&iacute;dica, as&iacute; como cuestionar el modelo productivo de la fresa, paradigm&aacute;tico de una agricultura globalizada, que induce a que los eslabones m&aacute;s d&eacute;biles de la cadena, las trabajadoras, carguen con todas las insostenibilidades y violencias de un sistema que beneficia al gran capital y sus alianzas patriarcales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emmanuelle Hellio, Juana Moreno Nieto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/contrataciones-origen-monocultivo-global-fresa_132_2048848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jul 2018 20:21:22 +0000]]></pubDate>
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