<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel Bernabé]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/daniel_bernabe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel Bernabé]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/516631" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz atomizada: una respuesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/voz-atomizada-respuesta_129_2044552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e4a97f9-e966-4e36-9772-2b759dcb7198_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La voz atomizada: una respuesta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vengo de una ciudad del sur de España de presentar</p><p class="subtitle">La trampa de la diversidad</p><p class="subtitle">, satisfecho por la gran acogida, pero algo cabizbajo por la dura crítica que Alberto Garzón ha hecho de mi libro</p><p class="subtitle">Pienso que, empezando por el título, Crítica de la crítica de la diversidad, el dirigente de IU no ha entendido el libro: ni su motivación, ni su objetivo, ni su forma</p><p class="subtitle">Respuesta al artículo de Alberto Garzón: Crítica a la crítica de la diversidad</p></div><p class="article-text">
        Un lunes cualquiera y el verano ha llegado a Madrid. Vengo de una ciudad del sur de Espa&ntilde;a de presentar La trampa de la diversidad, satisfecho por la gran acogida, pero algo cabizbajo por <a href="https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Critica-critica-diversidad_6_785731424.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la dura cr&iacute;tica que Alberto Garz&oacute;n ha hecho de mi libro</a> en este medio. Dejo atr&aacute;s un AVE lleno de turistas jubilados y esos se&ntilde;ores de pantal&oacute;n caqui a juego con mocas&iacute;n y melena de clase media pulcramente descuidada. c.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llego al cercan&iacute;as dejo de ser un autor de &eacute;xito para volver a ser un trabajador cultural precario. Ambos t&iacute;tulos no son gratuitos, La trampa de la diversidad va como un tiro y ha conseguido algo raro para un ensayo pol&iacute;tico: empezar a trascender las fronteras habituales en las que este tipo de libros se mueven. La otra escarapela no la ostento en propiedad, es la que vivimos millones de personas en este pa&iacute;s: cambiar las monedas de un montoncito a otro, como dec&iacute;a Mac-Laren Ross, para ver qu&eacute; aspecto ineludible de la vida satisfacemos antes. No es pornograf&iacute;a sentimental para lograr su empat&iacute;a, el detalle es importante. Pero eso vendr&aacute; despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El tren que atraviesa Villaverde, Zarzaquemada y Legan&eacute;s va lleno de gente. Son las tres y media de la tarde. El aire acondicionado se ha roto. Hay hombres y mujeres, en una proporci&oacute;n mayor para estas &uacute;ltimas. Hay trajes tristes de oficinistas y macutos cansados de obra. Hay un hijab, un vestido africano de un azul intenso con flores naranjas. Un chaval latino con gorra en equilibrio sobre su cabeza con mirada c&iacute;nica de trapero. Hay altos y bajos, hay una se&ntilde;ora con sobrepeso, un t&iacute;o con barba leyendo un temario de oposiciones, una adolescente que mira su m&oacute;vil y responde, con manos de ardilla nerviosa, a los mensajes. Hay diversidad. Es un hecho. Y salvo que se sea una especie de cripto-fascista aquello no molesta a nadie: al menos entre el pasaje existe una desatenci&oacute;n amable. La cuesti&oacute;n, la que impulsa al libro, es entender que adem&aacute;s de ese hecho, de esa diversidad, toda esa gente tan diferente est&aacute; unida por algo, algo que les hace volver a la peri en ese tren. Algo que por desgracia casi nadie percibe ya, cree ser, a pesar de que determinados c&oacute;digos postales, como dice Ocasio-Cortez, marcan tu vida irremisiblemente.
    </p><p class="article-text">
        Garz&oacute;n se pregunta cu&aacute;l es la tesis del libro. Le respondo, el libro no tiene ninguna tesis. S&iacute; una idea rectora, un p&aacute;lpito, un rastro difuso que sigo como un perro de aguas entre los juncos. Esa idea es que nuestra identidad, aquella construcci&oacute;n entre nuestras tensiones cotidianas y las mediaciones culturales sist&eacute;micas, que marca nuestra relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica, ha cambiado en estos &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, pasando de ser de clase y colectiva a individual y aspiracional. Si en el siglo XX existieron tres grandes identidades, la nacional, la religiosa y la de clase, el neoliberalismo las redujo a una pulpa confusa, sometiendo a los individuos a una competici&oacute;n permanente no s&oacute;lo en sus &aacute;mbitos laborales, sino en su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los epicentros del libro explica c&oacute;mo Thatcher, en el discurso de aceptaci&oacute;n en 1975 del liderazgo del partido torie, confundi&oacute; a prop&oacute;sito la palabra unequal, que puede significar diferencia pero tambi&eacute;n desigualdad. As&iacute; se cre&oacute; la nueva narraci&oacute;n que acab&oacute; con el pacto de posguerra, una en la que los individuos ya no eran desiguales por los desequilibrios capitalistas, sino que eran diferentes por su val&iacute;a individual. La desigualdad se transform&oacute; as&iacute; en diversidad, que se contrapon&iacute;a a la supuesta homogenizaci&oacute;n, y no la igualdad, de los pa&iacute;ses del bloque socialista. Para m&aacute;s se&ntilde;as vean el anuncio de lanzamiento del Apple Macintosh (1984), un hito no buscado en la desarticulaci&oacute;n narrativa del eje izquierda/derecha y del surgimiento de la ideolog&iacute;a californiana, esa que nos ha llevado a que la palabra revoluci&oacute;n se asocie con el emprendimiento empresarial, a que la tecnolog&iacute;a se convierta en un estupefaciente para los conflictos sociales o a que las opciones disponibles sean optar entre Macron o Trudeau.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras sociedades las tensiones han dejado de ser, en buena medida, entre clases sociales mediante conflictos laborales y econ&oacute;micos, para pasar a ser entre grupos identitarios mediante guerras culturales. Lo peor es que la izquierda y el activismo, de forma inconsciente, han comprado el modelo. Ausentes de un horizonte al que dirigirse su acci&oacute;n se centra en ir atendiendo las reclamaciones representativas de una diversidad convertida en un mercado, donde la moneda de cambio es la especificidad identitaria. No se busca as&iacute; c&oacute;mo unir a personas diferentes, sino saciar la competici&oacute;n de la ansiedad por la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Macron o Trudeau, Trump o Le Pen. Si la idea que mueve este libro es la expuesta hasta aqu&iacute;, lo que lo impulsa es el auge de la ultraderecha. La trampa de la diversidad es un libro netamente antifascista. Un libro que no carga contra la diversidad, sino contra su forma mercantilizada que ahoga los esfuerzos de una acci&oacute;n c&iacute;vica com&uacute;n. A pesar de que Garz&oacute;n reconoce el esfuerzo expl&iacute;cito, especula con que el libro es un instrumento &uacute;til para negar las pol&iacute;ticas de diversidad, es decir, que su visi&oacute;n se alza sobre la palabra impresa anticipando lo que el lector, incauto, podr&aacute; pensar del mismo.
    </p><h3 class="article-text">El c&oacute;mo</h3><p class="article-text">
        Garz&oacute;n, en su habitual estilo pedag&oacute;gico, algo poco usual en la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea, algo que quien les escribe siempre ha celebrado, nos da una clase sobre metodolog&iacute;a, atribuyendo, por resumir y agilizar esta contrarr&eacute;plica, al funcionalismo todos los males del libro. Es decir, que quien les escribe toma hechos al azar, escogiendo aquello que le conviene, para explicar a posteriori los cambios sociales de los que habla La trampa. Dejen que les ilustre sobre cu&aacute;l es el problema, efectivamente metodol&oacute;gico, que ha sufrido Garz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Bojack Horseman es una serie que me fascina. En sus cap&iacute;tulos, de 25 minutos, se resumen las tribulaciones de los human of late capitalism de una forma magistral. En uno de ellos, la co-protagonista, una inteligente mujer, feminista, liberal y escritora, tiene una entrevista de trabajo en una revista de tendencias, una de esas publicaciones que hacen de la atomizaci&oacute;n de las identidades y los estilos de vida su principal nicho de mercado. La directora, que obliga a sus empleadas a hacer yoga y a trabajar colgadas del techo, imagino que indicada por alg&uacute;n coacher en management, es una feminista de las que ven en el movimiento de liberaci&oacute;n de la mujer un nicho m&aacute;s de negocio. Cuando la protagonista le pregunta si van a pasar al despacho, la ejecutiva responde indignada algo as&iacute; como que los despachos son patriarcales y que no tienen cabida en esa oficina. Eso s&iacute;, se encarga de dejar muy claro a la aspirante que no se le olvide qui&eacute;n manda all&iacute;, qui&eacute;n es la empleada y qui&eacute;n la jefa.
    </p><p class="article-text">
        Bojack es una tragicomedia de animaci&oacute;n y los temas que trata son producto de la mente de sus guionistas, de su atenta observaci&oacute;n social y por supuesto de su ideolog&iacute;a y sus sesgos. Lo cual no implica que represente funcionalmente todas las taras de este momento hist&oacute;rico tan est&uacute;pido como peligroso. Lo absurdo ser&iacute;a exigir a los guionistas de la serie, que antes de retratar este hecho, c&oacute;mo el feminismo se vac&iacute;a de sus aristas m&aacute;s conflictivas y se convierte en un producto, hicieran un pormenorizado estudio de cu&aacute;ntas revistas de tendencias carecen de despachos pero siguen manteniendo la estructura de clases vigente. O peor, decir a los guionistas que con su narraci&oacute;n est&aacute;n afirmando que el feminismo es una ideolog&iacute;a funcional al sistema, como Garz&oacute;n deduce que yo hago en mi libro.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que yo no puedo afirmar acad&eacute;micamente las ideas de mi libro. Casi tan cierto como que afirmar que no vivimos en una sociedad que tiende hacia el individualismo, usando una encuesta del CIS donde los espa&ntilde;oles dicen que desean vivir en familia, como hace Garz&oacute;n, es un intento de academicismo frustrado. Por supuesto necesitamos de largos y fundados estudios, basados en el an&aacute;lisis pormenorizado de lo real, que nos expliquen realmente c&oacute;mo es la sociedad. Como tambi&eacute;n de panfletos que nos avisen, de forma urgente, que algo parece funcionar realmente mal en nuestra relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica. La trampa de la diversidad es, evidentemente, uno de estos panfletos -orgullosamente, adem&aacute;s-. Un libro que especula, conmueve y sobre todo narra el gigantesco desbarajuste en el que se ha convertido la acci&oacute;n pol&iacute;tica en un momento tan pueril como despiadado.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado -y ahora doy yo la clase- un ensayo sobre pol&iacute;tica en una l&iacute;nea descaradamente agit-prop no puede seguir, por ejemplo, el estilo que el propio Garz&oacute;n utiliza en su art&iacute;culo: as&iacute; no te lee nadie. Un libro con vocaci&oacute;n de mayor&iacute;as debe poder leerse en el metro volviendo de trabajar, en un sof&aacute; con la tele encendida y un par de cr&iacute;os dando por saco. Debe estar lleno de referencias a la cultura popular. Debe organizar lo que mucha gente parece intuir, contar una historia que impulse al lector a leer sobre pol&iacute;tica como lo har&iacute;a no ya con una novela, sino como se ve una serie de la HBO, con ansiedad del siguiente cap&iacute;tulo. A Adam Curtis no s&oacute;lo le he robado algunas ideas, sino tambi&eacute;n un estilo narrativo. De todo se puede aprender.
    </p><p class="article-text">
        No todo el mundo tiene un sal&oacute;n para la lectura. Como no todos los escritores disponemos del tiempo y los recursos para dedicarnos al estudio acad&eacute;mico. Ser un trabajador cultural precario, como lo soy yo, implica que mientras que escrib&iacute;a el libro a un ritmo endiablado no pod&iacute;a desconectar de cuestiones de la propia supervivencia. No se trata tan s&oacute;lo de una intenci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de una necesidad: es imposible dedicar quince d&iacute;as, como har&iacute;a un doctor en ciencias sociales, a justificar un p&aacute;rrafo con una oscura cita. A veces algunos nos tenemos que conformar con poner el espejo, con nuestro olfato, con nuestros p&aacute;lpitos. La literatura de combate se escribe as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; ser&iacute;a injusto es calificar a La trampa de ser una obra que no haya seguido unas reglas, de ser un libro tramposo. Es un libro basado en el hacer period&iacute;stico, que cuenta con decenas de citas de art&iacute;culos de prensa, que intenta atrapar un momento sin crearlo de acuerdo a las fobias y filias del autor. Nada de lo que aparece en sus p&aacute;ginas es falso, una mera invenci&oacute;n interesada, sino la imagen que surge al acaparar columnas, noticias, pel&iacute;culas, programas televisivos y la propia experiencia directa. Soy, como cualquier periodista, parcial, pero intento al menos ser honrado con lo que cuento. A una &eacute;poca se la conoce mejor por sus vertederos que por sus museos, yo no tengo la culpa que la nuestra no huela precisamente bien.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n ya no es si La trampa de la diversidad es un libro in&uacute;til metodol&oacute;gicamente para la academia, sino la enorme aceptaci&oacute;n que est&aacute; teniendo entre los lectores. &iquest;C&oacute;mo es posible que nadie hubiera escrito en Espa&ntilde;a un libro as&iacute; justo en este momento? Es posible porque la izquierda suele ser como un mal defensa que cuando le llega una pelota dif&iacute;cil la chuta para alejarla. Que un libro de un autor semidesconocido, publicado en una editorial prestigiosa pero mediana como Akal, est&eacute; compitiendo con los grandes monstruos que pueblan los anaqueles se debe a que exist&iacute;a un enorme hambre respecto a este tema. Quiz&aacute; yo no sea un gran cocinero, pero s&eacute;, por llevar ya unos a&ntilde;os enfrent&aacute;ndome semanalmente a la actualidad en La Marea, cuando hay gusa de algo.
    </p><h3 class="article-text">El qu&eacute;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que est&aacute; diciendo Bernab&eacute;, aunque no se atreve a llegar tan lejos expl&iacute;citamente, es que hay que dejar de hablar tanto de la diversidad y hablar m&aacute;s de clase trabajadora y sus problemas cotidianos&rdquo;, argumenta Garz&oacute;n en su cr&iacute;tica, una vez m&aacute;s, especulando sobre mi intenci&oacute;n y sus interpretaciones. Pero no es el &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Si el libro cuenta con una gran aceptaci&oacute;n en las librer&iacute;as no es menos cierto que despierta una furibunda antipat&iacute;a, a trav&eacute;s de las redes sociales, en muchas personas relacionadas con el activismo. Todas opinan, a pesar de que deduzco que no le votar&iacute;an aun cort&aacute;ndoles un brazo, igual que Garz&oacute;n: este es un libro contra la diversidad o, a lo peor, un ensayo machista, hom&oacute;fobo y racista. De nada valen las citas directas del libro que contra argumentan con letra impresa esas aseveraciones. El juicio estaba hecho, me temo, antes de que la obra saliera a la calle.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n es bien sencilla y parad&oacute;jicamente apoya la tesis del propio libro: cuando la actividad pol&iacute;tica ha pasado de ser una forma organizada de enfrentar unos problemas grupalmente mediante una ideolog&iacute;a, a una manera de construir nuestra identidad para poder competir con ella en un mercado, la reacci&oacute;n s&oacute;lo puede ser la de la defensa a ultranza de unas posiciones que se demuestran, cada d&iacute;a, perjudiciales para los grupos que conforman las luchas por la diversidad y para la sociedad en su conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Garz&oacute;n, quiz&aacute; sin percatarse, responde igual que lo hizo una usuaria de twitter al art&iacute;culo que inspiro el libro. Contrapone clase contra identidad diversa o, a lo peor, sit&uacute;a a la clase como una esfera m&aacute;s a la que atender representativamente. En ninguna p&aacute;gina del libro se afirma, repito, en ninguna, que el feminismo, la lucha LGTB, de los inmigrantes o de cualquier otro colectivo, sea menos importante o secundaria respecto al conflicto capital-trabajo, que tenga que ser postergada, que no es esencial. El libro insiste en que el neoliberalismo es un sistema global, universal, no s&oacute;lo a un nivel planetario, sino tambi&eacute;n a un nivel de la vida humana. Su respuesta, por tanto, tendr&aacute; que pasar ineludiblemente por enfrentarlo desde todos sus efectos, siendo estas luchas de representaci&oacute;n por la diversidad cruciales.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; dice el libro es que hay conflictos que nos tocan a todos, independientemente de nuestra identidad. Lo sorprendente es que Garz&oacute;n se extra&ntilde;e cuando afirmo que la lucha contra la Troika o la soluci&oacute;n al problema de la deuda soberana es m&aacute;s importante que cualquier otra pol&iacute;tica. No se trata de hacer escalas de valores, s&iacute; de entender que hay problemas que nos tocan a todos independientemente de nuestra identidad, no de nuestra clase, y que impedir&aacute;n realizar cualquier pol&iacute;tica progresista a no ser que les demos una soluci&oacute;n. Que se lo pregunten a S&aacute;nchez Mato.
    </p><p class="article-text">
        Sin dinero se pueden colgar pancartas de Refugees Welcome, pero no atender el problema de los refugiados. Sin soberan&iacute;a se puede hacer un Orgullo festivo pero no destinar presupuestos a formar educadores contra la homofobia. Sin poder aplicar los programas que se prometen electoralmente se pueden colocar pins feministas, pero luego se despide a las trabajadoras del tel&eacute;fono de emergencias contra los maltratos. En una gran empresa del sur de Madrid, me comentaban unas trabajadoras en la presentaci&oacute;n de Legan&eacute;s, se han pintado los pasos de cebra del recinto con la bandera arco-iris mientras que se despide a los empleados, sin importar su identidad sexual, pero s&iacute; su antig&uuml;edad y derechos adquiridos.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una de las vertientes que m&aacute;s r&aacute;pido se comprenden de La trampa, c&oacute;mo el capitalismo blanquea sus tropel&iacute;as a trav&eacute;s de la diversidad. Pero no es la &uacute;nica ni la m&aacute;s importante. De hecho, a mi juicio, el mayor problema -ese que nadie quiere ver, que molesta tanto- es que la propia izquierda y el activismo se comportan respecto a la identidad como cualquier capitalista har&iacute;a con un producto. Lo ponen a competir en un mercado, en este caso el de la diversidad, donde el valor se mide en opresiones y privilegios.
    </p><p class="article-text">
        La interseccionalidad, esa palabra m&aacute;gica tan de moda como hegemon&iacute;a hace unos meses, en la pr&aacute;ctica real significa muy poco. Ve&aacute;moslo con un ejemplo. En la pasada huelga feminista, algunos grupos calificaron a la misma de privilegio blanco porque las trabajadoras inmigrantes no la pod&iacute;an realizar. Ten&iacute;an raz&oacute;n en el hecho, al no tener papeles no pod&iacute;an ejercer su derecho. Lo cual no implica que su articulaci&oacute;n del problema fuera desastrosa. En vez de utilizar la huelga, un derecho ganado con a&ntilde;os de lucha, como ariete para conseguir su necesario objetivo, cargaron contra la misma, pusieron a competir de facto a las mujeres. &iquest;Y saben a qu&eacute; me recuerda esto? A ese mantra neoliberal que r&aacute;pidamente califica de privilegiados a cualquier grupo de trabajadores con derechos consolidados cuando se ponen de huelga. Algo, que por desgracia, cala cada d&iacute;a m&aacute;s en una sociedad individualista y competitiva.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien deduce de aqu&iacute; que La trampa de la diversidad afirma que el feminismo no es importante, que hace el juego al neoliberalismo, que las personas no tienen problemas espec&iacute;ficos al margen de su clase, que no hay activistas que tienen en cuenta esta trampa o que las luchas de la representaci&oacute;n deben ser escindidas de la cuesti&oacute;n obrera tiene un severo problema de comprensi&oacute;n lectora. O m&aacute;s all&aacute;, al haberse educado pol&iacute;ticamente en este contexto busca, inconscientemente, m&aacute;s la competici&oacute;n que la colaboraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo llamativo es que el propio Garz&oacute;n public&oacute; en estas mismas p&aacute;ginas un art&iacute;culo titulado &iexcl;Digamos adi&oacute;s a la izquierda pija! en noviembre de 2016 en el que afirmaba que &ldquo;A pesar de tener a uno de los movimientos obreros m&aacute;s fuertes de Europa, en Espa&ntilde;a la izquierda abandon&oacute; en los setenta la prioridad de construir alternativa en el tejido social.&rdquo; o que &ldquo;En aquellos a&ntilde;os se sentaron las bases de una izquierda institucionalizada, dedicada casi en exclusiva a la gesti&oacute;n, y cada vez m&aacute;s desconectada de la realidad concreta de la clase trabajadora. Una clase que, adem&aacute;s, se fragmentaba cada vez m&aacute;s como consecuencia de las reformas neoliberales de los gobiernos de los 70s y 80s. La izquierda, como estrategia, tend&iacute;a a refugiarse en universidades e instituciones pol&iacute;ticas. Mientras la realidad, por decirlo as&iacute;, caminaba por otra parte&rdquo;. Quiz&aacute; el problema no fue tan s&oacute;lo el carrillismo.
    </p><p class="article-text">
        El resumen de La trampa de la diversidad podr&iacute;a hacerse en una sola frase: no es lo mismo una voz plural que una voz atomizada. Y mediante un principio: quiz&aacute; ha llegado el momento de buscar qu&eacute; es lo que nos une m&aacute;s que lo que nos separa. La trampa puede que adolezca, como libro, de muchas virtudes, pero tiene una creo que importante: ha capitalizado en este momento el debate sobre las identidades desde y para la izquierda. Imaginen esto mismo escrito por un autor de ultraderecha en un gran grupo editorial. Pregunten en Estados Unidos. Aqu&iacute; ya no habr&aacute; un Manifiesto redneck en clave ib&eacute;rica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Bernabé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/voz-atomizada-respuesta_129_2044552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jul 2018 19:22:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6e4a97f9-e966-4e36-9772-2b759dcb7198_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1832314" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6e4a97f9-e966-4e36-9772-2b759dcb7198_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1832314" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La voz atomizada: una respuesta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6e4a97f9-e966-4e36-9772-2b759dcb7198_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alberto Garzón]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
