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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Perelló Oliva]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_perello_oliva/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Perelló Oliva]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[The Human League pone el broche final a la XXIV edición de La Mar de Músicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/the-human-league-xxiv-musicas_1_1999817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ffc41c8-124d-4ea7-99f2-8a825b119e38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="The Human League pone el broche final a la XXIV edición de La Mar de Músicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Philip Oakey se mostraba canción tras canción como un excelente vocalista con una voz sobria y potente que sobresalía ante las capas de sintetizadores</p><p class="subtitle">Un cierre perfecto para un show revival de música de los años 80, ciertamente inusual para este festival, que ha contado con una programación de lo más completa en variedad y calidad</p></div><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a de esta XXIV edici&oacute;n de La Mar de M&uacute;sicas. Los sonidos electr&oacute;nicos y los sintetizadores ser&iacute;an los protagonistas de esta jornada cuyo broche final lo pondr&iacute;a The Human League.
    </p><p class="article-text">
        Era uno de los nombres destacados de esta edici&oacute;n del festival. El grupo de Sheffield ha sido parte importante en la historia de la m&uacute;sica como pioneros del Electro-Pop junto a grupos de la talla de Depeche Mode, Gary Numan o Kraftwerk, creadores de este estilo que marc&oacute; los a&ntilde;os 80 en la que los sintetizadores sustituyeron a las guitarras y las cajas de ritmo a las bater&iacute;as ac&uacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        El grupo liderado por Philip Oakey comenzaba el concierto en el auditorio con un lleno total y un ambiente de mucha expectaci&oacute;n entre el p&uacute;blico, que dicho sea de paso, era de una media de edad muy alta. Este a&ntilde;o la programaci&oacute;n ha tratado de componer un crisol de m&uacute;sicas que abarquen un abanico estil&iacute;stico muy amplio, aunque quiz&aacute;s algunos de los grandes nombres (Texas, Morcheeba y The Human League) tratan de rememorar viejas &eacute;pocas de gloria m&aacute;s que apostar por bandas que est&eacute;n vivas en la actualidad. La realidad es que en estos conciertos no ha quedado un asiento libre, dejando un buen sabor de boca a los asistentes.
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        Los m&aacute;s de 40 a&ntilde;os sobre los escenarios se hac&iacute;an notar en cuanto a una puesta en escena impecable con todos los instrumentos de blanco inmaculado y en una disposici&oacute;n de simetr&iacute;a total. Sobre blancas tarimas se elevaban los tres m&uacute;sicos atr&aacute;s (bater&iacute;a electr&oacute;nica y dos teclistas) y frente al p&uacute;blico Philip Oakey con sus dos coristas a los lados: Susan Ann Sulley y Joanne Catherall, pilares sobre las que se apoya el cerebro de la banda brit&aacute;nica y que lo acompa&ntilde;an desde los primeros a&ntilde;os 80.
    </p><p class="article-text">
        Sonaron hits como &ldquo;Mirror Man&rdquo;, &ldquo;Seconds&rdquo; ,&ldquo;Heart like a Mirror&rdquo; o &ldquo;Human&rdquo; que se iban sucediendo con un ritmo imparable, acompa&ntilde;ados de unas proyecciones un tanto simplonas (pac-man, pong y dem&aacute;s mitos de esa d&eacute;cada dorada). Philip Oakey se mostraba canci&oacute;n tras canci&oacute;n como un excelente vocalista con una voz sobria y potente que sobresal&iacute;a ante las capas de sintetizadores.
    </p><p class="article-text">
        Los asistentes (sobre todo el numeroso grupo de jubilados brit&aacute;nicos) coreaban todas y cada una de las canciones que la banda propon&iacute;a. Coreograf&iacute;as, lentejuelas y numerosos cambios de vestuario daban dinamismo al show con un Philip Oakey que manten&iacute;a la atenci&oacute;n del p&uacute;blico con un constante movimiento por el escenario. Una producci&oacute;n perfectamente dise&ntilde;ada para el puro entretenimiento de sus vetustos fans.
    </p><p class="article-text">
        No era mucho m&aacute;s que eso, pero estaba perfectamente ejecutado. The Human League se ha convertido sin duda en una perfecta orquesta tributo de s&iacute; misma. Trabajan al servicio de sus canciones, que hacen revivir la a&ntilde;orada juventud para esa generaci&oacute;n que vivi&oacute; los a&ntilde;os 80, que supuso un tremendo cambio en el aspecto est&eacute;tico, tecnol&oacute;gico y musical.
    </p><p class="article-text">
        Como mandan los c&aacute;nones, dejaron para el final su gran &eacute;xito: &ldquo;Don&acute;t you want me&rdquo;. Fue uno de los singles m&aacute;s populares de la d&eacute;cada y la gente lo esperaba con devoci&oacute;n. Bast&oacute; el comienzo de la canci&oacute;n (con su reconocible l&iacute;nea de bajo electr&oacute;nico) para que todo el p&uacute;blico se levantase de sus asientos y comenzara a cantar. Una suerte de karaoke multitudinario ante la ausencia deliberada del l&iacute;der de la banda. Todo perfectamente medido y calculado para que el respetable se llevase un memorable recuerdo volviendo atr&aacute;s en el tiempo a esos a&ntilde;os en los que llevar hombreras y el pelo cardado era estar en la cresta de la ola.
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        El concierto finaliz&oacute; con un par de canciones de bis para que el p&uacute;blico, ya en pie, se desmelenase con otros hits reconocibles de la banda como &ldquo;Being boiled&rdquo; y &ldquo;Electric dreams&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un cierre perfecto para un show revival de m&uacute;sica de los a&ntilde;os 80, ciertamente inusual para este festival, que ha contado con una programaci&oacute;n de lo m&aacute;s completa en variedad y calidad, pero que, quiz&aacute;s con respecto a otras ediciones, los grandes nombres no han sido de primer nivel.
    </p><p class="article-text">
        Al finalizar el concierto y previo a los conciertos del castillo, la organizaci&oacute;n del festival hab&iacute;a preparado un emotivo video-resumen de esta XXIV edici&oacute;n de La Mar de M&uacute;sicas que mantuvo al p&uacute;blico pegado a sus asientos y que cerr&oacute; con un gran castillo de fuegos artificiales. Un buen broche final, al estilo de las fiestas populares, de este pueblo ef&iacute;mero que se crea en Cartagena durante dos semanas para disfrutar de uno de los mejores festivales de nuestro pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Perelló Oliva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/the-human-league-xxiv-musicas_1_1999817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jul 2018 11:16:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Murcia,Festivales de música,Cartagena]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los ritmos malienses sonaron en La Mar de Músicas con Fatoumata Diawara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/malienses-mar-musicas-fatoumata-diawara_1_2001116.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d67fdf54-c2b8-4380-9e1c-631616ba4beb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ritmos malienses sonaron en La Mar de Músicas con Fatoumata Diawara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de su guitarra y bellas melodías, en un inicio muy evocador, transportó al público a esas tierras africanas de las que surgieron los primeros ritmos y armonías musicales</p><p class="subtitle">Su movimiento hacia el afrobeat de Fela Kuti comenzó a movilizar al público. Y sobre todo con su versión de "Sinner man" de Nina Simone, otra de las referencias del poder femenino en la música negra</p></div><p class="article-text">
        Se hace la noche, la luna llena de julio se ti&ntilde;e de rojo sobre el Mediterr&aacute;neo preparada para ser eclipsada por nuestra esfera terrestre. Daba la sensaci&oacute;n de que este espect&aacute;culo celeste anticipaba lo que estaba por venir.
    </p><p class="article-text">
        Un escenario sobrio, una formaci&oacute;n cl&aacute;sica (bajo, bater&iacute;a, guitarra y teclados) y un nuevo emplazamiento para La Mar de Musicas: el patio antiguo del CIM (un acierto abrir este nuevo espacio al festival). Se sent&iacute;a la expectaci&oacute;n por ver a una artista que parece que ha dejado huella tras su paso en 2012 y su actuaci&oacute;n con Oumu Sangar&eacute;, otra de las musas africanas del festival y madrina art&iacute;stica de nuestra protagonista.
    </p><p class="article-text">
        Con este ambiente expectante y tras una introducci&oacute;n instrumental, sali&oacute; a escena la artista maliense deslumbrando con su sola presencia como solo hacen las que van a ser muy grandes. Una figura imponente, un sol azul de sonrisa de marfil sobre el que orbitaba el resto de la banda.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de su guitarra y bellas melod&iacute;as, en un inicio muy evocador, transport&oacute; al p&uacute;blico a esas tierras africanas de las que surgieron los primeros ritmos y armon&iacute;as musicales . Se uni&oacute; la banda tratando de generar ese trance r&iacute;tmico que tanto buscan en la m&uacute;sica de Mali y sobre el que volaba la portentosa voz de esta artista.
    </p><p class="article-text">
        Ya desde la segunda canci&oacute;n comenz&oacute; la Fatoumata m&aacute;s pol&iacute;tica dialogando con el p&uacute;blico y soltando arengas en pos/pro de la comunicaci&oacute;n entre los pueblos. Irremediablemente hay algo de pol&iacute;tica en un concierto de una artista de Mali que reside en la Europa que cierra las fronteras. Es la voz de ese pueblo que quiere prosperar y que nos ofrece a sus mejores frutos: sus hijos e hijas, abandonados a su suerte en el mar o recibidos con muros y cuchillas. Fatoumata Diawara tiene mucho que decir en todo este desprop&oacute;sito y lo hace a trav&eacute;s de su m&uacute;sica y su palabra. No en vano el t&iacute;tulo del disco recientemente publicado se titula &ldquo;Fenfo: something to say&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante la primera mitad del concierto la energ&iacute;a se mantuvo en un punto medio. Por un lado, por falta de ritmo del espect&aacute;culo y por otro, por la instrumentaci&oacute;n de las canciones, por momentos demasiado europeizada. La banda, aunque correcta, no aportaba las sensaciones y ritmos de la m&uacute;sica de Mali que uno pod&iacute;a esperar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; entre solos de guitarra de Fatoumata y canciones m&aacute;s o menos ordinarias, lleg&oacute; el punto de inflexi&oacute;n. Su movimiento hacia el afrobeat de Fela Kuti comenz&oacute; a movilizar al p&uacute;blico (muy est&aacute;tico hasta este momento) que quer&iacute;a ser part&iacute;cipe de esta m&aacute;gica noche. Y sobre todo con su versi&oacute;n de &ldquo;Sinner man&rdquo; de Nina Simone, otra de las referencias de lucha y poder femenino en la m&uacute;sica negra. Esta canci&oacute;n, con toda su carga devocional, termin&oacute; de despertar a la Fatoumata m&aacute;s salvaje. A trav&eacute;s de su sentido canto comenz&oacute; la transformaci&oacute;n a hechicera, a esa bruja Karab&aacute; (personaje de &ldquo;Kirik&uacute; y la bruja&rdquo; que ha interpretado en el cine), que con su cola de caballo comenz&oacute; a ahuyentar a los malos esp&iacute;ritus. As&iacute; danz&oacute; pose&iacute;da como solo saben hacer las mujeres del continente negro.
    </p><p class="article-text">
        Desde este momento sus mensajes de paz y conciliaci&oacute;n calaron de verdad en los corazones de los asistentes. Ya hab&iacute;a roto esa barrera invisible de hielo entrando en sinton&iacute;a con esas ra&iacute;ces de las que nos hablaba en &ldquo;Kokoro&rdquo;. La embajadora africana abri&oacute; las fronteras de la vieja Europa y transform&oacute; en l&aacute;grimas la emoci&oacute;n de algunos de los asistentes que escuchaban sus mensajes de paz y conciliaci&oacute;n entre culturas.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute; todo fue f&aacute;cil. Le bast&oacute; decir: &ldquo;&iquest;Os gusta bailar? &iquest;S&iacute;? Todo el mundo arriba&rdquo; y puso el p&uacute;blico en pie. La artista de Mali consigui&oacute; hechizar al respetable que, ahora s&iacute;, se entregaba en cuerpo y alma a todo lo que propon&iacute;a desde el escenario.
    </p><p class="article-text">
        Sigui&oacute; desmelenando su tocado azul con m&aacute;s bailes e hizo cantar al p&uacute;blico en varias ocasiones. Con el p&uacute;blico rendido a sus pies tuvo tiempo de explayarse en su bambara nativo, poes&iacute;a pentat&oacute;nica de estas etnias creadoras del blues. Se le vio visiblemente emocionada por la energ&iacute;a que ahora recib&iacute;a. En la m&uacute;sica todo es de ida y vuelta. Lo que das es lo que recibes.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; sigui&oacute; con algunas de las canciones m&aacute;s reconocibles de su primer disco como la preciosa &ldquo;Sowa&rdquo;, aunque siguiendo en esa l&iacute;nea de sonoridades m&aacute;s cercanas al funk o blues anglosaj&oacute;n que al &ldquo;Mali Blues&rdquo; de la que ella es representante. Como en la versi&oacute;n del &ldquo;Higher ground&rdquo; de Stevie Wonder con la que casi despidieron el concierto.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, a pesar de la falta de sonoridades africanas en la m&uacute;sica que su banda franco-maliense propon&iacute;a, la energ&iacute;a de esta artista total puso en pie a un p&uacute;blico entregado a la empresa romper los muros y barreras que separan a nuestros continentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Perelló Oliva]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jul 2018 12:04:07 +0000]]></pubDate>
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