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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francés Boya]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francisco_boya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francés Boya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El valor de lo próximo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proximo_129_10294977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5665cb5d-d69d-427a-aa69-92685db1fbb6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El valor de lo próximo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La velocidad y la inmediatez caracterizan nuestra sociedad e impregnan el dinamismo de las economías urbanas, diseñadas para satisfacer modelos de crecimiento económico que, con frecuencia, subyugan el modelo territorial en favor de los grandes polos urbanos</p><p class="subtitle">El mapa de la ciudad de los 15 minutos en España: el 90% de los hogares tiene cerca colegios y hospitales, pero seguimos lejos del trabajo</p></div><p class="article-text">
        Somos fundamentalmente tiempo, y el tiempo nos atropella y acelera nuestra vida en la medida en que la inmediatez ha empeque&ntilde;ecido el planeta y agigantando el impacto de nuestra forma de habitar en &eacute;l. Hace un siglo, llegar a mi pueblo desde Barcelona, una ciudad relativamente cercana situada a 360 km, requer&iacute;a de unas 36 horas de viaje. Hoy, con ese tiempo y a&ntilde;adiendo una jornada m&aacute;s, podemos dar la vuelta al mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La velocidad y la inmediatez caracterizan nuestra sociedad e impregnan el dinamismo de las econom&iacute;as urbanas, dise&ntilde;adas para satisfacer modelos de crecimiento econ&oacute;mico que, con frecuencia, subyugan el modelo territorial en favor de los grandes polos urbanos, los cuales absorben la poblaci&oacute;n, desarrollan econom&iacute;a a gran escala y en un escaso espacio f&iacute;sico concentran todas las sinergias socioecon&oacute;micas. Podr&iacute;amos pensar que esto no es necesariamente negativo, pero la realidad nos muestra que el modelo de hiper concentraci&oacute;n urbana globalizada que hoy predomina en el planeta nos acerca a una aceleraci&oacute;n de los impactos ambientales y sociales de consecuencias impredecibles en t&eacute;rminos de salud ambiental y social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pretender la desescalada de la globalizaci&oacute;n en busca de patrones de desarrollo urbano y econ&oacute;mico de dimensiones m&aacute;s humanas y sostenibles nos obliga a ver el tiempo como un patr&oacute;n de escala con el que construir ciudades y territorios asentados en l&oacute;gicas de funcionalidad cuyo principio no sea, &uacute;nicamente, el mercado y sus servidumbres sino donde el sentido de la medida vuelva a ser una dimensi&oacute;n vinculada a la condici&oacute;n humana y su relaci&oacute;n con el h&aacute;bitat que ocupa. Es decir, necesitamos volver a reapropiarnos del territorio y entender la dimensi&oacute;n de la proximidad para profundizar en dos temporalidades superpuestas, la nuestra, como individuos que anhelan una vida mejor, y la que nos corresponde como especie que quiere garantizar su futuro y el de su h&aacute;bitat. No en vano, cuando transcurran los siete meses del a&ntilde;o en curso, habremos consumido los recursos que el planeta (Overshoot day) nos puede ofrecer para todo el a&ntilde;o. Es decir, necesitamos un planeta y medio para subsistir, lo cual evidencia que a medio plazo nuestra subsistencia estar&aacute; seriamente comprometida. Y este asunto afecta fundamentalmente a las urbes que consumen el 80% de los recursos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, no nos queda m&aacute;s remedio que desandar un camino en el que hemos desde&ntilde;ado la complejidad de nuestras geograf&iacute;as para comprometernos con un modelo de desarrollo y de habitabilidad m&aacute;s razonable e inteligente. Debemos volver a aprender a &ldquo;ser y estar en el territorio&rdquo;, generando afectos y apego con el entorno, sabiendo que mientras corremos alocadamente sin rumbo, olvidamos que hay dimensiones que somos incapaces de ver y disfrutar porque solo atendemos a la difuminada imagen del paisaje que muestra la velocidad. Por ello, hemos de ser conscientes que esta necesaria transformaci&oacute;n, nos obliga a profundizar en nuevas propuestas para la habitabilidad de un pa&iacute;s castigado por d&eacute;cadas de despoblaci&oacute;n, que ahora, requiere de una nueva visi&oacute;n para conjugar la necesaria funcionalidad de los territorios con una dimensi&oacute;n humana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta legislatura el gobierno ya ha desarrollado una primera estrategia para descentralizar entes estatales hacia capitales de provincia como Soria, C&oacute;rdoba, Teruel, Cuenca, entre otras, adem&aacute;s de una amplia serie de medidas para combatir las disfuncionalidades territoriales. El siguiente paso ha de ser el territorio multic&eacute;ntrico que integra los pueblos y las ciudades en una red de espacios con habitabilidad amable en los que el empleo, los servicios, la formaci&oacute;n y el ocio se distribuyen con la l&oacute;gica de una nueva armonizaci&oacute;n, donde la proximidad sea un nuevo hito en la conformaci&oacute;n de la ordenaci&oacute;n territorial.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Moreno, autor de la Revoluci&oacute;n de la Proximidad, resume este principio en &ldquo;una esfera infinita cuyo centro est&aacute; en todas partes y la circunferencia en ninguna&rdquo;.&nbsp; Este aprendizaje requiere de una acci&oacute;n a m&uacute;ltiples niveles y la administraci&oacute;n ha de ser quien inicie este retorno a un pa&iacute;s de mayor y mejor equidad. Un pa&iacute;s donde la cohesi&oacute;n social no sea solo una aproximaci&oacute;n discursiva, sino que sea una praxis que impone reglas y que mitiga la aglomeraci&oacute;n y la acumulaci&oacute;n en favor de un reparto; de un nuevo paradigma en el que el crecimiento en red permite establecer nuevos equilibrios que nos ayuden en el inaplazable objetivo de vivir mejor y garantizar la vida de nuestro planeta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francés Boya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proximo_129_10294977.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jun 2023 04:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El valor de lo próximo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Urbanismo,Movilidad urbana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pueblos con hambre de futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pueblos-hambre-futuro_129_7988309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9899c79-13b7-40c5-ae38-b049de4f9d61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pueblos con hambre de futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ruralidad ha de ser una opción para los que quieren abandonar la fragilidad individual y construir su futuro en comunidades donde el valor de lo sencillo se convierte en una opción hacia la felicidad</p></div><p class="article-text">
        Dice el soci&oacute;logo franc&eacute;s Gilles Lipovetsky que vivimos seducidos por el &ldquo;Don Juan&rdquo; del hiperconsumo, en una suerte de b&uacute;squeda de la felicidad expr&eacute;s. Una realidad que contrasta frontalmente con la fragilidad de unas sociedades en las que el individuo est&aacute; m&aacute;s solo y fragilizado que nunca. 
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, nuestra evoluci&oacute;n como sociedad est&aacute; marcada por las claves de un capitalismo que ha mutado, como explica Lipovetsky, hacia una seducci&oacute;n individualista de nuestro ego, con el objetivo de conseguirnos todo aquello que puede acercarnos a los sue&ntilde;os y deseos de poseer y acumular cosas. Reflexiono sobre ello cuando leo los enconados debates sobre la despoblaci&oacute;n rural en las redes y las recetas a la carta que, permanentemente, se vuelcan en los escenarios pol&iacute;ticos y medi&aacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        El p&eacute;ndulo viaja entre la a&ntilde;oranza por los pueblos de m&eacute;dicos con iguala y pobreza disimulada entre hipotecas y letras bancarias para conseguir el ansiado seiscientos, o el &eacute;pico retorno a una ruralidad ruda y frustrante, donde las posibilidades de labrar futuros viables, capaces de contraponerse frente al hambre de la socializaci&oacute;n expr&eacute;s de las ciudades y el consumo inmediato, parecen hitos imposibles. 
    </p><p class="article-text">
        El debate resulta oportuno porque penetra en la esencia de lo que queremos ser como sociedad y como pa&iacute;s. Espa&ntilde;a es un lugar envidiado por casi todos los europeos, en cambio es un pa&iacute;s extraordinariamente deshabitado. El poder de lo urbano ha triunfado sobre la &aacute;spera geograf&iacute;a de la piel de toro. Nuestra ruralidad, desprotegida frente a los cambios de los ciclos econ&oacute;micos y la globalizaci&oacute;n, ha resistido peor que la ruralidad francesa, italiana o alemana. 
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n requiere atender y escuchar activamente todas las opiniones, por diversas que sean. La creaci&oacute;n del Foro de la Cohesi&oacute;n Territorial responde a este objetivo. Tambi&eacute;n, el dar voz a la discrepancia de un debate tan poli&eacute;drico y de largo alcance resulta imprescindible. Pero este debate no puede plantearse solo desde la espuma, desde la superficialidad de los t&oacute;picos y mucho menos desde el lamento, entendido como filosof&iacute;a del &ldquo;todo est&aacute; mal&rdquo;. Es exigible honestidad y compromiso. Los avances de nuestra sociedad son innegables; avances en t&eacute;rminos de calidad de vida y prestaciones sociales. Ciertamente, esas mejoras objetivas no han retenido a la poblaci&oacute;n rural en muchos territorios y es posible que tampoco lo consiga la conexi&oacute;n a las redes de alta velocidad si no somos capaces de entender la complejidad del reto al que nos enfrentamos. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que en este reto tenemos muchas asignaturas pendientes en t&eacute;rminos de servicios, digitalizaci&oacute;n, empleo&hellip; por citar algunos. Pero a la vez, nos enfrentamos a un reto para redibujar el relato de la ruralidad. Un nuevo trazo que implica a su vez un cambio en el paradigma de las formas de vida, de los valores y de la cultura que acompa&ntilde;a a ese nuevo relato y, posiblemente, tambi&eacute;n, de los escenarios de futuro que dibuje cada comunidad rural.&nbsp;La ruralidad ha de ser una opci&oacute;n para los que quieren abandonar la fragilidad individual y construir su futuro en comunidades donde el valor de lo sencillo se convierte en una opci&oacute;n hacia la felicidad. La felicidad, como dec&iacute;a la alcaldesa de Ledesma, de escuchar a los p&aacute;jaros, de saber que los ni&ntilde;os van y vienen del cole sin peligro, o que, sencillamente, tu vecino est&aacute; cerca, por si lo necesitas. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo a una anciana que hace ya bastantes a&ntilde;os viv&iacute;a en una casa alejada de todo, posiblemente podr&iacute;a ser el lugar m&aacute;s remoto de Espa&ntilde;a. No hay carretera, ni agua corriente&hellip; Su vida era muy parecida a la de todos los que la precedieron en aquel lugar, que ya por aquel entonces aquejaba de una p&eacute;rdida de habitantes constante. Ante la precariedad de las condiciones de la vida de Francisca y sus 90 a&ntilde;os, sus dos vecinos se turnaron durante a&ntilde;os en transitar cada d&iacute;a los dos cubos de agua con los que ella cubr&iacute;a sus necesidades diarias por el angosto camino que llegaba hasta su casa, compartida, &uacute;nicamente, con su perro. A&uacute;n ahora, cuando paseo por aquella zona despoblada y de casas derruidas, me parece seguir escuchando el latido de la comunidad que vivi&oacute; en aquellos parajes. 
    </p><p class="article-text">
        El relato de la nueva ruralidad debe seducir porque nos da opciones de vida diferentes y contrastadas con lo urbano, sin que ello implique desatenci&oacute;n o p&eacute;rdida de oportunidades.&nbsp;Opciones de incorporarnos a una comunidad que cuida de s&iacute; misma, de su entorno. Comunidades que integran lo mejor de nuestra modernidad y lo mejor de nuestra historia reciente. Por esa raz&oacute;n, la responsabilidad institucional de la Espa&ntilde;a que nos ha tocado vivir es construir un contexto de equidad en las oportunidades y en las herramientas sociales y tecnol&oacute;gicas con las que cada comunidad pueda construir ese horizonte de futuro que anhela. Futuros que suman en una red para habitar territorios distintos pero vivos y conectados entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El Reto, sin duda, es impresionante. Hasta puede producir un cierto v&eacute;rtigo y a la vez resultar apasionante. Porque este no es en absoluto un debate (solo) demogr&aacute;fico, es un debate sobre nuestra forma de vida y sobre nuestro futuro como sociedad. As&iacute; lo ha entendido el Gobierno de Espa&ntilde;a y el presidente Pedro S&aacute;nchez cuando lo ha calificado como un reto democr&aacute;tico. Y ese es, en gran medida, el objetivo de &ldquo;pueblos con futuro&rdquo;, una estrategia para construir herramientas y oportunidades con las que los hombres y, especialmente las mujeres de nuestras ruralidades, construyan sus futuros en comunidad y en equidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francés Boya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pueblos-hambre-futuro_129_7988309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 May 2021 20:23:36 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un reto inaplazable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reto-inaplazable_129_6442801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00670131-9ade-4edc-8be9-710198a38067_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un reto inaplazable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El precio de creer en el espejismo de un falso progreso olvidando de nuevo los territorios rurales y nuestras propias fragilidades como especie será impagable para nuestra sociedad</p></div><p class="article-text">
        Las l&oacute;gicas territoriales y la configuraci&oacute;n de los espacios que habitamos no son fruto del azar. Todas ellas responden a procesos hist&oacute;ricos que han condicionado su evoluci&oacute;n hasta llegar a configurar las realidades actuales.
    </p><p class="article-text">
        No es necesario profundizar en los desajustes que sufre nuestro modelo territorial, que tiene, como su mayor evidencia, un descalabro demogr&aacute;fico que afecta a amplias &aacute;reas de todo el pa&iacute;s, las cuales en su mayor&iacute;a no se adaptaron a los cambios econ&oacute;micos y sociales que se iniciaron hace medio siglo. En este contexto, el desarrollo de las ciudades como paradigma de oportunidades, de generaci&oacute;n de empleo y de acceso a servicios de toda &iacute;ndole ha provocado polaridades, generando antagonismos territoriales, bajo los que se abren brechas que hoy, nos parecen insalvables. Y por si esto fuera poco, la globalizaci&oacute;n y sus din&aacute;micas de competitividad territorial en procesos de producci&oacute;n, donde el principal factor de competitividad ha sido el precio, ha generado la tormenta perfecta que ha arrastrado a miles de municipios a convertirse en espacios residuales donde, adem&aacute;s de menguar la demograf&iacute;a, se desdibuja el horizonte de cualquier posibilidad de futuro donde un joven asiente su proyecto vital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No debemos, en este an&aacute;lisis, excusar a la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la cual deber&iacute;a haber mitigado la hostilidad del mercado con estos espacios y, sin embargo, se conform&oacute; con actuaciones de baja intensidad orientadas a garantizar servicios b&aacute;sicos que, finalmente, en la mayor parte de las ocasiones han acabado sucumbiendo a las disfuncionalidades que asocia el proceso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, en este nuevo tiempo que vivimos y cada vez con m&aacute;s contundencia se impone una nueva l&oacute;gica que nos interpela sobre nuestra forma de habitar entornos cercanos y sus efectos en el conjunto del planeta. Nos interpela y pone en evidencia las consecuencias sobre la sostenibilidad que de ello se deriva. Las amenazas del cambio clim&aacute;tico, de nuevas o ya no tan nuevas pandemias, de inseguridades que cre&iacute;amos superadas, nos obligan a plantear nuevas formas de entender el progreso como parte de ese indivisible binomio que conforman la sostenibilidad y la generaci&oacute;n de riqueza. Es decir, sin sostenibilidad ambiental, social y, a&ntilde;ado, territorial, no habr&aacute; progreso. Se pueden generar espejismos, pero no habr&aacute; progreso. Es en esa nueva l&oacute;gica donde las funcionalidades territoriales cobran un nuevo sentido y un paradigma que, parec&iacute;a, hab&iacute;amos olvidado. Unas funcionalidades que deben estar al servicio de una gesti&oacute;n territorial que responda a los desaf&iacute;os que hoy nos plantea nuestra sociedad. Y resulta obvio que esos desaf&iacute;os tienen mucho que ver con esa estructura de pa&iacute;s capaz de aprovechar las oportunidades y afrontar los desaf&iacute;os que nos plantea el presente y el futuro. Nuestra ruralidad y las ciudades medias son claves en esta nueva l&oacute;gica y, si se me permite, en esta nueva forma de habitar el territorio. Una l&oacute;gica que nos ha de proporcionar la dimensi&oacute;n humana de nuestras ciudades y recuperar el rol imprescindible de nuestras ruralidades en la gesti&oacute;n de los espacios y en el uso de los mismos para cuestiones tan b&aacute;sicas como la producci&oacute;n de alimentos de calidad, la gesti&oacute;n forestal, la garant&iacute;a de preservaci&oacute;n de la biodiversidad, los procesos de generaci&oacute;n de bioeconom&iacute;as de escala o la propia l&oacute;gica de la seguridad en un sentido amplio. Y por supuesto, tambi&eacute;n de las seguridades sanitarias que con tanta crudeza ha puesto en evidencia el COVID-19.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El precio de creer en el espejismo de un falso progreso olvidando de nuevo los territorios rurales y nuestras propias fragilidades como especie ser&aacute; impagable para nuestra sociedad. Por esa raz&oacute;n, es imprescindible desplegar una hoja de ruta que desde la multigobernanza de todos los actores pol&iacute;ticos y territoriales, asuma el reto de generar nuevas din&aacute;micas pol&iacute;ticas y, tal vez, retomar algunas que no lo son tanto con el objetivo de devolver a esos lugares olvidados de la (mal llamada) Espa&ntilde;a vaciada un protagonismo que nunca debieron perder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Secretar&iacute;a General para el Reto Demogr&aacute;fico tiene el claro objetivo de ser la (peque&ntilde;a) polea tractora de esas grandes pol&iacute;ticas que necesitan los territorios y que solo cobran sentido si est&aacute;n asentadas en el consenso y la multigobernanza. Sin olvidar que en este libro blanco, donde casi todo est&aacute; por escribir, solo si damos voz y herramientas a los que a&uacute;n viven y cuidan de estos pueblos podremos iniciar un nuevo camino, largo, sin duda, pero que nos permita dibujar muchos futuros para peque&ntilde;os pueblos donde la vida y la esperanza sean semillas que vuelvan a germinar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francés Boya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reto-inaplazable_129_6442801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Nov 2020 20:54:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un reto inaplazable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solo podremos ganar la batalla a la despoblación y el cambio climático gestionando nuestros bosques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/solo-podremos-despoblacion-climatico-gestionando_129_1157117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a72bc99-9e5d-4d6d-9185-484b7cfd935f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Solo podremos ganar la batalla a la despoblación y el cambio climático gestionando nuestros bosques"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Activar todo el potencial que ofrece nuestro territorio además del forestal, en el sector agroalimentario, residuos orgánicos y el mar requiere de una potente inversión en I+D fuertemente vinculada al desarrollo de la Bioeconomía como eje emergente y estratégico europeo", escribe el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes y otros dos expertos en bioeconomía</p></div><p class="article-text">
        En la reciente reuni&oacute;n con representantes de la sociedad civil con Pedro S&aacute;nchez recalcamos la estrecha relaci&oacute;n de los espacios forestales con el reto demogr&aacute;fico de la Espa&ntilde;a interior. Los terrenos forestales suponen m&aacute;s de la mitad de nuestro pa&iacute;s y est&aacute;n ubicados en las zonas menos accesibles y m&aacute;s monta&ntilde;osas, especialmente en fuertes pendientes, suelos m&aacute;s pobres, lugares m&aacute;s fr&iacute;os o secos, en definitiva, todo aquello que no sirve para agricultura. Precisamente son estas las zonas con mayores problemas de despoblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todos los veranos la sociedad expresa su angustia por los incendios forestales reto ante el que nos hemos limitado a responder mediante un operativo de extinci&oacute;n altamente efectivo pero muy costoso, incapaz como toda respuesta sintom&aacute;tica de abordar las causas subyacentes que se resumen en el abandono de los montes por falta de gesti&oacute;n y desafecci&oacute;n humana lo que comporta el abandono de usos y costumbres, la merma dr&aacute;stico de la caba&ntilde;a ganadera extensiva, el uso de le&ntilde;as para calefacci&oacute;n, el mantenimiento de caminos y la permanente vigilancia que los habitantes ejercen sobre los espacios que habitan.
    </p><p class="article-text">
        Frente a algunos prejuicios, la presencia y gesti&oacute;n antr&oacute;pica del territorio no es negativa per se, antes al contrario, aporta vitales servicios ambientales al conjunto social. Nuestra poblaci&oacute;n de monta&ntilde;a ha sabido mantener el equilibrio con su entorno que ha venido modulando a lo largo de los siglos los espacios que hoy nos arrogamos proteger. Nuestras pol&iacute;ticas conservacionistas han venido partiendo de un grave error, desconocer esta profunda y milenaria coevoluci&oacute;n natural y social debido a la compartimentaci&oacute;n de la ciencia apostando por aislar estos espacios de toda influencia humana prejuzgada como negativa. La consecuencia de todo ello es el abandono de las actividades que modularon estos territorios, la p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n local y el aumento del riesgo de incendios catastr&oacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva y dado el alto grado de coincidencia territorial de ambos retos &ndash; despoblaci&oacute;n interior y abandono forestal - s&oacute;lo conseguiremos resultados significativos si los abordamos conjuntamente.
    </p><p class="article-text">
        El reciente informe del IPPC sobre cambio clim&aacute;tico y uso de la tierra incide en el considerable potencial de la gesti&oacute;n forestal en la lucha contra este reto universal y trascendental. Todos los elementos de una gesti&oacute;n forestal basada en el conocimiento adquirido en los pasados 2 siglos en Europa contribuyen positivamente: preservar el capital de bosques actual, aumentar en masas j&oacute;venes sus existencias mediante tratamientos selv&iacute;colas que superen su tendencia al estancamiento, ampliar los bosques donde sea conveniente y regenerarlos cuando alcancen su madurez dando paso a nuevas generaciones o en masas degradadas. Todo ello aprovechando la madera extra&iacute;da como materia prima renovable estrat&eacute;gica tanto para biomasa, como la de mayor calidad para la construcci&oacute;n sostenible, tejidos o biopl&aacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        Existe en un amplio consenso en que solo ganaremos la batalla al cambio clim&aacute;tico si actuamos con determinaci&oacute;n y en todos los frentes. Si nos limitamos a las energ&iacute;as alternativas f&iacute;sicas (e&oacute;lica y solar) los costes de inversi&oacute;n y problemas de almacenamiento debido a oscilaciones estacionales, diarias y meteorol&oacute;gicas constituyen barreras importantes. Ese enfoque a&uacute;n predominante olvida, por un lado, la demanda t&eacute;rmica de energ&iacute;a que resulta mucho m&aacute;s eficiente cubrir directamente por biomasa que por v&iacute;a el&eacute;ctrica y, por otro, la huella energ&eacute;tica que comportan todo tipo de materiales que usamos cotidianamente sean en la construcci&oacute;n (cemento, hierro, aluminio, vidrio), utensilios (pl&aacute;sticos), productos qu&iacute;micos o textiles.
    </p><p class="article-text">
        La Bioeconom&iacute;a se alza as&iacute; como la soluci&oacute;n oportuna, &oacute;ptima y complementaria centrada en aportar materias primas de origen biol&oacute;gico, b&aacute;sicamente vegetal, que pueden aportar ingentes vol&uacute;menes de biomasa para substituir muchos de los materiales que usamos en la actualidad de origen f&oacute;sil/mineral y que requieren ingentes cantidades de energ&iacute;a. A trav&eacute;s de la fotos&iacute;ntesis, sus procesos productivos son extremadamente eficientes en t&eacute;rminos energ&eacute;ticos como podemos observar en el caso de la madera, bamb&uacute;, corcho o subproductos agr&iacute;colas.
    </p><p class="article-text">
        A todas estas ventajas se suman sus estrat&eacute;gicos efectos colaterales positivos en la lucha contra la concentraci&oacute;n econ&oacute;mica y demogr&aacute;fica. Mientras los materiales actuales muestran una alta concentraci&oacute;n industrial (hierro, cemento, qu&iacute;micos), la generaci&oacute;n de materias primas de origen biol&oacute;gico se produce en todo el territorio diversificando su econom&iacute;a y generando empleo verde de calidad. Una sociedad democr&aacute;tica necesita para su perpetuaci&oacute;n el predominio de una amplia clase media siendo la tendencia a la concentraci&oacute;n empresarial uno de sus principales riesgos. Tampoco es viable un pa&iacute;s con la polarizaci&oacute;n territorial que est&aacute; adquiriendo el nuestro resultando su aportaci&oacute;n reequilibradora del territorio de vital importancia.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la superaci&oacute;n del abandono forestal mejorar&aacute; en rendimiento h&iacute;drico en las cuencas dado que los bosques de alta densidad pierden muchos recursos por intercepci&oacute;n como se ha observado en muchas cuencas desde 1980. Unos bosques m&aacute;s gestionados ser&aacute;n m&aacute;s resilientes al cambio clim&aacute;tico y en caso de una perturbaci&oacute;n como incendios o vendavales, menos proclives a da&ntilde;os mostrando una mayor capacidad de regeneraci&oacute;n respondiendo as&iacute; tambi&eacute;n a la adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico. Bosques m&aacute;s adultos y menos cerrados aumentar&aacute;n la producci&oacute;n de pastos para ganader&iacute;a extensiva y la caza asegurando un suministro de prote&iacute;na animal sin generar gases de efecto invernadero y de alta calidad nutricional.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, reactivar las zonas actualmente afectadas por la despoblaci&oacute;n permitir&iacute;a preservar un valios&iacute;simo patrimonio material e inmaterial que de otra forma se ver&iacute;a seriamente comprometido. Un territorio vivo ofrecer&aacute; a su vez m&uacute;ltiples oportunidades para un turismo desconcentrado, desestacionalizado y fidelizado que tanto necesitamos en la maduraci&oacute;n de uno de los pilares centrales de nuestra econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Activar todo el potencial que ofrece nuestro territorio adem&aacute;s del forestal, en el sector agroalimentario, residuos org&aacute;nicos y el mar requiere de una potente inversi&oacute;n en I+D fuertemente vinculada al desarrollo de la Bioeconom&iacute;a como eje emergente y estrat&eacute;gico europeo. La UE acaba de revisar su Estrategia de Bioeconom&iacute;a y la ha priorizado en el pr&oacute;ximo programa marco de investigaci&oacute;n con 10.000 millones &euro; adem&aacute;s de ser uno de las 9 prioridades de la PAC. Espa&ntilde;a es el pa&iacute;s que mejor a&uacute;na riqueza forestal, agraria y marina en la UE como base para el desarrollo de una bioeconom&iacute;a inclusiva y fuertemente diversificada estando por ello &oacute;ptimamente situada para liderar y reequilibrar hacia el sur la Bioeconom&iacute;a en Europa. &iquest;Podemos permitirnos perder este tren?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Rojas Briales, Francés Boya, Marta Corella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/solo-podremos-despoblacion-climatico-gestionando_129_1157117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2019 20:26:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Solo podremos ganar la batalla a la despoblación y el cambio climático gestionando nuestros bosques]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hola, soy de pueblo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hola-pueblo_129_1719813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fe788bc-7f49-4c7c-acb6-f5010afee8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hola, soy de pueblo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundo rural necesita medios, equidad en el trato administrativo y político, menos normas y más eficaces, más capacidad de decisión y menos paternalismo jacobino</p></div><p class="article-text">
        El pasado d&iacute;a 19 tuvimos oportunidad de participar en el II foro de Pueblos en Movimiento, que tiene su epicentro en la Serran&iacute;a de Ronda y que amenaza con convertirse en un aut&eacute;ntico movimiento s&iacute;smico en favor de una nueva ruralidad incipiente, pero que quiere tener su lugar en el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Felip d'Aner, un diputado del Valle de Aran en las Cortes de C&aacute;diz, en el debate del art&iacute;culo 310 de la Constituci&oacute;n de 1812, cuando abordaban el ordenamiento territorial de Espa&ntilde;a, en referencia a la ordenaci&oacute;n del mapa municipal: &ldquo;Se trata de dar gobierno a los pueblos y que estos tengan todos los remedios en s&iacute; mismos para poder tener una verdadera direcci&oacute;n. Esta no puede haberla si no hay ayuntamientos; luego debe haberlos en todos para su felicidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, ha llovido mucho desde entonces, aunque en el fondo de la cuesti&oacute;n, seguimos en debates no tan diferentes. Expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente seguimos reiteradamente pregunt&aacute;ndonos si nuestra planta municipal de 8.125 municipios es sostenible o no. Y si lo es, &iquest;qu&eacute; pol&iacute;ticas aplicamos para evitar su defunci&oacute;n y evitar que cada hora, cinco ciudadanos decidan abandonar sus pueblos y se instalen en las grandes ciudades? O dicho de otra forma, &iquest;qu&eacute; hacemos con los m&aacute;s de 6.000 municipios rurales que salpican nuestra geograf&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Las opiniones son diversas y no faltan quienes opinan que la ruralidad es anacr&oacute;nica y el futuro pasa por las ciudades como paradigma de la nueva forma de vida de la humanidad. De hecho, las tendencias globales apuntan a eso, y m&aacute;s del 52% de la poblaci&oacute;n mundial ya vive solo en el 2% del planeta, y la tendencia es que la concentraci&oacute;n siga aumentando bajo el influjo de ese eslogan m&aacute;gico que afirma que todo lo que tiene que ver con nuestra posmodernidad est&aacute; en lo urbano, como si en ese horizonte, por cierto muy contaminado, se cociera la Arcadia feliz de nuestra humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, a pesar de las palabras y los discursos, la sostenibilidad de las ciudades se complica. Y no solo la sostenibilidad ambiental, que por supuesto, tambi&eacute;n la social, porque, efectivamente, conocemos los problemas ambientales y sus derivadas clim&aacute;ticas, pero tambi&eacute;n sabemos, porque solo hay que hablar con un estudiante de Madrid o Barcelona, &ndash;aunque no es diferente del de Londres o Par&iacute;s&ndash;, los problemas de movilidad y de alojamiento que hacen pr&aacute;cticamente imposible vivir en ellas, a no ser que seas de familia acomodada y con muchos posibles. De ah&iacute; que la brecha de la desigualdad crezca y la guetizaci&oacute;n o la gentrificaci&oacute;n son nuevas enfermedades urbanas, que parec&iacute;an erradicadas y en cambio tienen m&aacute;s vigencia que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Objetivamente, vivir en una ciudad no aporta mejor calidad de vida ni tiene m&aacute;s ventajas que las que aportan unos servicios que responden a una determinada idea de habitar el planeta. Lo dec&iacute;a Pepe Rubio, del pueblo de Ardales, cuando argumentaba el porqu&eacute; viv&iacute;a en un pueblo afirmando: &ldquo;&hellip;porque aqu&iacute;, cuando miro el horizonte s&eacute; que no estorbo&rdquo;. Pues eso, en el mundo rural, frente a la inhumanidad que significan determinados niveles de aglomeraci&oacute;n, la gente tiene y sabe cu&aacute;l es su lugar, algo que no resulta tan evidente en las ciudades, globales y an&oacute;nimas.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra libertad para vivir en el pueblo o en la ciudad nos la debe dar nuestra decisi&oacute;n personal. Pero que nadie nos diga que somos anacr&oacute;nicos, porque el futuro, su futuro, el de las ciudades, pasa porque algunos decidan continuar cultivando los alimentos que consumen, ocup&aacute;ndose de los bosques que limpian su aire, del agua que beben y de la biodiversidad de la que quieren disfrutar los fines de semana. Por eso, como los de Ronda, abogo por poner de moda el &ldquo;soy de pueblo&rdquo;. Porque sin el pueblo, las cosas van a ser mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles, y porque adem&aacute;s, los de pueblo estamos cansados de ser m&aacute;s pobres, tener menos de casi todo y que nuestras reivindicaciones suenen al que reclama su cuota de subsistencia. S&iacute;, porque en este debate, el problema de fondo son siempre las pol&iacute;ticas, el reparto del dinero y si realmente funciona o no la igualdad de oportunidades y la calidad de los servicios p&uacute;blicos que proclama la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El mundo rural necesita medios, equidad en el trato administrativo y pol&iacute;tico, menos normas y m&aacute;s eficaces, m&aacute;s capacidad de decisi&oacute;n y menos paternalismo jacobino. Necesita m&aacute;s innovaci&oacute;n, m&aacute;s conectividad, mejores comunicaciones y m&aacute;s universidad rural. Necesita empoderar a sus j&oacute;venes, a sus mujeres y a sus mayores para que vuelvan a sus pueblos y se declaren revolucionarios de la ruralidad, una revoluci&oacute;n de los que quieren vivir en coherencia con lo que son, sin atascos y sin humos, en harmon&iacute;a con sus vecinos y con la sonrisa en los labios. Porque aqu&iacute;, en el pueblo, esto s&iacute; que es m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francés Boya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hola-pueblo_129_1719813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2019 20:10:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hola, soy de pueblo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el límite de la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/limite-ciudad_129_1972664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a44cdbf-1ec5-4502-a0ba-cd2fa42206ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el límite de la ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, se nos hace difícil definir qué es la ruralidad, o mejor dicho las ruralidades que coexisten en nuestra geografía</p><p class="subtitle">La desaparición de los agricultores, de sus ganados, de la silvicultura, está latente en cada uno de los incendios a los que hoy miramos con más temor que nunca</p></div><p class="article-text">
        Hace cerca de cincuenta a&ntilde;os, Serrat dec&iacute;a en &lsquo;Pueblo blanco&rsquo;: &ldquo;Escapad gente tierna; que esta tierra est&aacute; enferma; y no esperes del ma&ntilde;ana; lo que no se os dio ayer&rdquo;. Hoy, a&uacute;n resuena su eco y Espa&ntilde;a se enfrenta al reto de revertir la despoblaci&oacute;n con una nueva gesti&oacute;n del medio rural. La Espa&ntilde;a vac&iacute;a relatada por Sergio del Molino se ha hecho presente en nuestros debates como uno de los problemas capitales que afronta el pa&iacute;s. Y por si la literatura no fuera suficiente, cada verano los pavorosos incendios como el del Algarve; el incendio ateniense con 80 muertos; o los pavorosos incendios en California se nos presentan como pesadillas de fuego que nos alertan sobre nuestra relaci&oacute;n con la ruralidad y sus consecuencias en la evoluci&oacute;n del planeta y su habitabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El debate es un debate esquivo, tal vez porque el lenguaje juega un papel decisivo y resulta dif&iacute;cil establecer claramente los t&eacute;rminos del concepto ruralidad y su significado. Siempre hemos interiorizado la ruralidad siguiendo una concepci&oacute;n del siglo XIX, como un espacio referido al campo y con vocaci&oacute;n agrarista. Y siguiendo este criterio nuestras instituciones siempre han vinculado las pol&iacute;ticas del mundo rural como un anexo de las pol&iacute;ticas agrarias. Y eso, si acaso, tuvo sentido cuando ese espacio rural sustentaba el 50% del empleo y del PIB nacional vinculado a la actividad agr&iacute;cola. Hoy la aportaci&oacute;n al producto interior bruto es del 2,3%&nbsp; y el empleo del&nbsp; 4,2%. Por tanto, aunque la agricultura sigue siendo un sector altamente estrat&eacute;gico, su peso en t&eacute;rminos de empleo y aportaci&oacute;n al PIB ha disminuido dr&aacute;sticamente y ha hecho de la ruralidad un espacio mucho m&aacute;s complejo y diverso.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, se nos hace dif&iacute;cil definir qu&eacute; es la ruralidad, o mejor dicho las ruralidades que coexisten en nuestra geograf&iacute;a. Y a&uacute;n nos resulta mucho m&aacute;s complicado definir qu&eacute; hacer con ellas. Qu&eacute; hacer con esos espacios se han convertido en ocasiones en patios traseros de las ciudades d&oacute;nde se dirimen los conflictos entre lo <em>rururbano</em>. Mientras, en la ruralidad remota de las monta&ntilde;as, la inequidad y la falta de oportunidades se transforman en abandono y despoblaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo resolver entonces el problema de nuestra ineficiencia territorial? Parece que no nos queda otro camino que replantear el concepto y el lenguaje que utilizamos para definir la ruralidad.
    </p><p class="article-text">
        El ge&oacute;grafo Laurent Rietort nos aconsejan su deconstrucci&oacute;n para huir de un t&eacute;rmino ya caduco, en el que ruralidad se define como t&eacute;rmino antag&oacute;nico a lo urbano, como espacios en contraposici&oacute;n. Hoy, los conflictos en los espacios rururbanos son visibles en muchas de las ciudades del mundo. Son conflictos que siempre pierden los agricultores y el campo como pieza m&aacute;s d&eacute;bil bajo el mastod&oacute;ntico desarrollo de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n de los agricultores, de sus ganados, de la silvicultura, est&aacute; latente en cada uno de los incendios a los que hoy miramos con m&aacute;s temor que nunca, porque ya sabemos de las dificultades de su control y que el aumento de recursos no es proporcional a la efectividad en su extinci&oacute;n. Es esta realidad la que nos obliga a aprender a gestionar el territorio como un todo. Un todo complementario donde ruralidad y ciudad no pueden ser t&eacute;rminos antag&oacute;nicos sino un nuevo espacio de concertaci&oacute;n y complementariedad. Y los m&aacute;s importante, saber que en esa suma lo realmente sustancial son aquellas actividades que ayudan a gestionar los riesgos y que por consiguiente exigen un plan de apoyo a las poblaciones que las realizan, porque de ello depende el futuro y la seguridad de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Debemos aplicarnos en la definici&oacute;n de un nuevo concepto de las ruralidades, de sus potencialidades, de su interacci&oacute;n con las ciudades, de su papel en el ocio, en la alimentaci&oacute;n, en la preservaci&oacute;n del bosque, de la diversidad, de las fuentes de agua, de las energ&iacute;as alternativas para una econom&iacute;a verde...
    </p><p class="article-text">
        El reto no es f&aacute;cil, pero es imprescindible, porque los horizontes de las ciudades no pueden ser espacios inertes d&oacute;nde el fuego es una nueva y dram&aacute;tica amenaza como consecuencia de la escasa densidad de nuestra ruralidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francés Boya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/limite-ciudad_129_1972664.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Aug 2018 16:42:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el límite de la ciudad]]></media:title>
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