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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mónica Rincón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/monica_rincon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mónica Rincón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El fin de la humanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fin-humanidad_129_1960154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/984bcf8f-8957-44d5-9733-ad07234c42d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de la humanidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A las pasadas víctimas les debemos Justicia, a todos la verdad, ¿y al futuro? Al futuro le debemos que no haya nuevas víctimas</p><p class="subtitle">Platovsky recordaba lo que su padre le dijo y que él nunca olvidó: “Me dijo ‘nunca te olvides de que cuando el Estado se organiza para asesinar personas, es el fin de la sociedad. Es el fin de la humanidad”</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"> “Curiosa es la persistencia del hueso<br/> su obstinación en luchar contra el polvo<br/> su resistencia a convertirse en ceniza  <br/> Un día la picota que excava la tierra<br/> choca con algo duro: no es roca ni diamante  <br/> es una tibia, un fémur, unas cuantas costillas,<br/> una mandíbula que alguna vez habló<br/> y ahora vuelve a hablar  <br/> Todos los huesos hablan, penan, acusan<br/> alzan torres contra el olvido<br/> trincheras de blancura que brillan en la noche  <br/> El hueso es un héroe de la resistencia”<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este poema fue escrito por Oscar Hahn. Desgarrador no s&oacute;lo para un chileno, sino para cualquiera que sepa de los horrores de fosas comunes, torturados, hechos desaparecer. En Espa&ntilde;a o en Chile.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el horror no conoce de fronteras f&iacute;sicas ni ideol&oacute;gicas: va de sur a norte y de izquierda a derecha.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de un nuevo 11 de septiembre, cuando se cumplir&aacute;n 45 a&ntilde;os del golpe de Estado, estos d&iacute;as en Chile han sido de intenso debate sobre Derechos Humanos, tal como a ra&iacute;z de la exhumaci&oacute;n de Franco, lo han sido tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera ambos, Pinochet y Franco, estuvieron hermanados no s&oacute;lo por el horror de sus dictaduras. Augusto Pinochet fue uno de los tres Jefes de Estado (no digo presidente porque a ellos se les escoge con votos y no se les impone por las armas) que asisti&oacute; al sepelio de Francisco Franco. Y a ambos se les rindieron honores a su muerte, claro que en Chile no con un funeral de Estado sino uno en la Escuela Militar donde asisti&oacute; la ministra de Defensa de la &eacute;poca, Viviana Blanlot y donde se le distingui&oacute; por parte del Ej&eacute;rcito con el inexistente t&iacute;tulo de &ldquo;Comandante en Jefe Benem&eacute;rito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo perfectamente esos d&iacute;as y sus extra&ntilde;as paradojas. Como conductora de fin de semana de las noticias del TVN, fuimos el primer canal y el segundo medio en anunciar la noticia. Con el correr de las horas, me percat&eacute; &ldquo;al aire&rdquo; de que la fecha de la muerte de Pinochet coincid&iacute;a con el D&iacute;a Internacional de los Derechos Humanos (10 de diciembre). Se iba el d&iacute;a en que se honra lo que &eacute;l sistem&aacute;ticamente planific&oacute; y logr&oacute; pisotear.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda la historia devino muy distinta en Espa&ntilde;a y en Chile. Mientras en Madrid los restos del tirano descansaban en un majestuoso mausoleo, ac&aacute; Augusto Pinochet fue incinerado. Y sus cenizas quedaron privadamente guardadas en un fundo que fuera de su propiedad en Caleu.
    </p><p class="article-text">
        Como record&oacute; la gran periodista M&oacute;nica Gonz&aacute;lez &ldquo;&eacute;l, que no respet&oacute; nunca la muerte ajena, que no le dio derecho de sepultura a sus enemigos, que mand&oacute; a miles a la tortura y a otros a que les rajaran el est&oacute;mago con corvos para lanzarlos al mar atados a rieles. O a enterrarlos en el desierto. O en los valles. O en las minas abandonadas. Para que no los encontraran nunca. Ese hombre fue condenado por su prontuario a no tener tumba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Chile se avanz&oacute; m&aacute;s en verdad y en Justicia que en Espa&ntilde;a. Pero fue, como lo anunciara el entonces presidente Patricio Aylwin, &ldquo;en la medida de lo posible&rdquo;. Un hito en materia de verdad fue la<em> Comisi&oacute;n Rettig</em> cuyo informe, entregado el 9 de abril de 1991 en el segundo a&ntilde;o del Gobierno Aylwin, se constituy&oacute; en la primera verdad oficial. Aunque no pocos siguieran hablando de &ldquo;presuntos detenidos desaparecidos&rdquo;, la transversalidad de esta comisi&oacute;n, lo contundente de sus datos y lo brutal de la represi&oacute;n que retrat&oacute;, hizo que se avanzara en entender la magnitud de las violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura c&iacute;vico militar y en que no hab&iacute;an sido &ldquo;excesos&rdquo; sino una pol&iacute;tica sistem&aacute;tica de exterminio, tortura y exilio organizada con todo el poder del aparataje estatal.
    </p><p class="article-text">
        Buena parte de esa noche oscura de 16 a&ntilde;os est&aacute; retratada en el Museo de la Memoria ubicado en Santiago; un lugar que fue visitado el 28 de agosto por el presidente espa&ntilde;ol. El gesto de Pedro S&aacute;nchez ten&iacute;a un significado pol&iacute;tico doble: marcar su compromiso con los Derechos Humanos en momentos en que en Madrid se vive la pol&eacute;mica por la exhumaci&oacute;n de Franco y respaldar a esta instituci&oacute;n que ha vivido d&iacute;as complejos tras la pol&eacute;mica por la forma en que lo hab&iacute;a calificado el ahora ex ministro de Cultura, Mauricio Rojas.
    </p><p class="article-text">
        Rojas, un hombre que en el pasado se adscribi&oacute; a la izquierda y cuya madre pas&oacute; por el centro de detenci&oacute;n y tortura Villa Grimaldi, hab&iacute;a sido designado 90 horas antes. Pero el presidente Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era tuvo que aceptarle su renuncia, porque su situaci&oacute;n se hizo insostenible despu&eacute;s de que se recordaran declaraciones suyas de dos fuentes: un libro escrito en 2015 y una entrevista a CNN en 2016. Sus palabras: &ldquo;m&aacute;s que un museo (&hellip;) se trata de un montaje cuyo prop&oacute;sito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo at&oacute;nito, impedirle razonar (&hellip;) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos toc&oacute; tan dura y directamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El todav&iacute;a ministro se disculp&oacute; a las horas de encendida la pol&eacute;mica por su descalificaci&oacute;n del Museo de la Memoria que estar&iacute;a, como secretario de Estado, bajo su dependencia. Dijo que ya no pensaba as&iacute; (nunca supimos c&oacute;mo pensaba ahora), que se trataba de una entrevista antigua (de hace dos a&ntilde;os) y que nunca hab&iacute;a negado o justificado las violaciones a los Derechos Humanos. Pero justamente la memoria le pasaba la cuenta y aunque el Gobierno trat&oacute; de defenderlo, la rebeli&oacute;n de buena parte del mundo de la cultura que declar&oacute; que no trabajar&iacute;a con Rojas y la presi&oacute;n p&uacute;blica termin&oacute; por botarlo.
    </p><p class="article-text">
        El tema era sensible para el presidente Pi&ntilde;era. Es el &uacute;nico personero relevante de su sector que apoy&oacute; el<em> No</em> en el plebiscito contra Augusto Pinochet, fue capaz en su primer mandato de instalar (aun con matices posteriores) el concepto de los &ldquo;c&oacute;mplices pasivos de la dictadura&rdquo; irritando a su sector y de cerrar el Penal Cordillera que m&aacute;s que c&aacute;rcel era un club de campo para militares condenados por delitos de lesa humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo que qued&oacute; tras el fin de semana en que Mauricio Rojas fue ministro de Cultura, fue una discusi&oacute;n respecto del Museo de la Memoria. Desde la derecha hubo cr&iacute;ticas porque no inclu&iacute;a el &ldquo;contexto&rdquo; previo al quiebre de la democracia en Chile, otros pidieron que se incluyera a quienes hab&iacute;an sufrido la violencia pol&iacute;tica de la izquierda y no faltaron quienes cuestionaron hasta los sueldos de los funcionarios del museo o los recursos que &eacute;ste recib&iacute;a en comparaci&oacute;n con otras instituciones.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta m&aacute;s l&uacute;cida que vi esos d&iacute;as, la obtuve en una entrevista en el programa que conduzco en CNN Chile. Daniel Platovsky, un hombre que fue vicepresidente del partido de centro derecha Renovaci&oacute;n Nacional, empresario, cercano a Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, nieto de v&iacute;ctimas del Holocausto y del comunismo y miembro del directorio del Museo de la Memoria fue categ&oacute;rico: &ldquo;Hay un concepto equivocado. Hay muchos que hablan de por qu&eacute; no se ponen ah&iacute; las dos verdades. No existen dos verdades.&nbsp;Las violaciones a los derechos humanos la hacen los Estados, no las personas&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el silencio en el estudio de televisi&oacute;n era cada vez m&aacute;s profundo, Platovsky record&oacute; que tras el golpe de Estado volvi&oacute; con su familia a Chile, tras recuperar las empresas que el Gobierno de Allende les hab&iacute;a expropiado y sostuvo: &ldquo;en esa &eacute;poca y mirado desde esa perspectiva yo era entonces un agradecido de Pinochet y de los militares&rdquo;. Pero estuvo dispuesto a ir m&aacute;s all&aacute; y consultado sobre si no hab&iacute;a querido ver los cr&iacute;menes de la dictadura, afirm&oacute;:&nbsp;&ldquo;Probablemente, o no entend&iacute; los mensajes o no quise ver. Fui parte, quiz&aacute;s, de los c&oacute;mplices pasivos. Lo quiero reconocer, porque me siento libre de eso ya, porque me di cuenta y reconoc&iacute; el problema de los derechos humanos. Y eso es lo que le falta al resto de la derecha: reconocerlo.&nbsp;No duele, al contrario, ayuda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un gesto como el de Platovsky, casi in&eacute;dito y que estremeci&oacute; a muchos, es parte del legado positivo que dej&oacute; el episodio del renunciado ministro. Como tambi&eacute;n lo fue el acto de desagravio que 10 mil chilenos realizaron al Museo de la Memoria.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas uno podr&iacute;a contentarse con que Chile, a diferencia de Espa&ntilde;a, tuvo no una sino cuatro comisiones que buscaron la verdad hist&oacute;rica y la reparaci&oacute;n y tribunales que han ido avanzando (aunque muy lento y gran parte de las veces tarde para las familias de las v&iacute;ctimas y para los sobrevivientes) en Justicia. De hecho, en estos momentos m&aacute;s de 100 personas cumplen condena efectiva por cr&iacute;menes cometidos durante la dictadura, aunque sea en un penal especial como Punta Peuco que se qued&oacute; peque&ntilde;o y hubo que abrir un m&oacute;dulo en la c&aacute;rcel Colina I.
    </p><p class="article-text">
        Lo advirti&oacute; el famoso abogado Juan Bustos en su alegato de cierre por el caso del asesinado ex canciller Orlando Letelier (ocurrido en Washington hasta donde lleg&oacute; el brazo de la dictadura de Pinochet). Haciendo un paralelo con Macbeth, dijo que los cr&iacute;menes de los servicios de inteligencia del Estado de Chile quedaron ocultos en el bosque. Pero que el tiempo pas&oacute; y gracias a jueces valerosos y a la lucha de esas familias valientes que nunca ha dejado de preguntar &ldquo;d&oacute;nde est&aacute;n&rdquo;, el bosque se corri&oacute; y los cr&iacute;menes quedaron al descubierto.
    </p><p class="article-text">
        Ver s&oacute;lo esa parte de la historia ser&iacute;a quedarnos satisfechos con un vaso al que le falta mucho por llenar. Porque la pol&eacute;mica de estos d&iacute;as en Chile ha sido un recordatorio de que no tenemos una memoria compartida y que a&uacute;n hay quienes relativizan el horror de la dictadura y quienes claman por un contexto cada vez que se habla de los cr&iacute;menes cometidos; como si existiera contexto alguno en el cual violar la dignidad fundamental de una persona o perseguirla por sus ideas fuera menos grave. Todav&iacute;a hay quienes como el diputado Ignacio Urutia llama &ldquo;terroristas con aguinaldo&rdquo; a las v&iacute;ctimas de la dictadura que reciben reparaci&oacute;n econ&oacute;mica por parte de ese mismo Estado que en otro tiempo los persigui&oacute; o los que proponen hacer un monumento u homenaje a Pinochet porque dicen fue &ldquo;un brillante estadista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es lo &uacute;nico. En la vereda del frente, tambi&eacute;n hay problemas. En buena parte de esa izquierda que vivi&oacute; en carne propia la persecuci&oacute;n del r&eacute;gimen militar y en los j&oacute;venes militantes de nuevos partidos se aprecia un doble est&aacute;ndar inaceptable en materia de Derechos Humanos. Y de ello tuvimos un triste ejemplo hace poco.
    </p><p class="article-text">
        En el Frente Amplio, que viene a ser de alguna manera af&iacute;n al espa&ntilde;ol Podemos, se desat&oacute; una &aacute;cida discusi&oacute;n cuando el diputado Gabriel Boric cuestion&oacute; la forma en que su sector defend&iacute;a las garant&iacute;as fundamentales cuando se las vulneraba fuera de las fronteras chilenas. &ldquo;Tal como condenamos la violaci&oacute;n de los derechos humanos en Chile, los golpes 'blancos'&nbsp;en Brasil, Honduras y Paraguay, la ocupaci&oacute;n israel&iacute; sobre Palestina, o el intervencionismo de Estados Unidos,&nbsp;debemos con la misma fuerza condenar la permanente restricci&oacute;n de libertades en Cuba,&nbsp;la represi&oacute;n del gobierno de Ortega en Nicaragua, la dictadura en China y el debilitamiento de las condiciones b&aacute;sicas de la democracia en Venezuela&hellip;&nbsp;no podemos permitirnos continuar con el doble est&aacute;ndar en esta materia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se le dijo de todo: traidor, vendido, inoportuno (en momentos en que hab&iacute;a unidad de la izquierda en torno al tema), que ayudaba a la derecha, que hab&iacute;a que respetar el principio de autodeterminaci&oacute;n de los pueblos, en fin. Toda una gama de justificaciones que difieren poco de lo que ha hecho el pinochetismo, cuando en esos tiempos oscuros las v&iacute;ctimas y sus familias clamaban con raz&oacute;n por la solidaridad internacional.
    </p><p class="article-text">
        Triste. Una memoria que no se comparte, una derecha donde hay quienes a&uacute;n valoran a Pinochet y niegan o justifican sus cr&iacute;menes, una izquierda que relativiza los atropellos fuera de Chile. Anteojeras ideol&oacute;gicas transversales que impiden condenar al cercano.
    </p><p class="article-text">
        Una adhesi&oacute;n as&iacute; de precaria a los Derechos Humanos debilita cualquier democracia y se trasunta m&aacute;s all&aacute; de lo ocurrido entre 1973 y 1989. Porque cuando las garant&iacute;as fundamentales se les respetan s&oacute;lo a las buenas personas, entonces bien merecido si a unos delincuentes se les tortura a palos y golpes de electricidad en una c&aacute;rcel (as&iacute; se escuch&oacute; en la televisi&oacute;n chilena frente a un caso real). Y si se asume que los Derechos Humanos s&oacute;lo los violan los del signo ideol&oacute;gico contrario, entonces su defensa no est&aacute; garantizada.
    </p><p class="article-text">
        Cuando falta poco para que este 5 de octubre en Chile se cumplan 30 a&ntilde;os del plebiscito que perdi&oacute; ese dictador al que no le bast&oacute; cambiar los lentes oscuros y el uniforme de capa por el traje de civil con una perla en su corbata, nuestro pa&iacute;s a&uacute;n tiene deudas importantes con los Derechos Humanos. Por ejemplo, no haber legislado a tiempo las exigencias (como disociaci&oacute;n del delito o colaboraci&oacute;n con la investigaci&oacute;n) para que condenados por delitos de lesa humanidad accedan a beneficios carcelarios.
    </p><p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez lo vio en el Museo de la Memoria, Pinochet y sus sanguinarios &ldquo;colaboradores&rdquo; de los organismos de represi&oacute;n dejaron un doloroso n&uacute;mero oficial de 3.216 desaparecidos y asesinados. Sumados a los presos y torturados; m&aacute;s de 40 mil vidas mutiladas.
    </p><p class="article-text">
        A las pasadas v&iacute;ctimas les debemos Justicia, a todos la verdad &iquest;y al futuro? Al futuro le debemos que no haya nuevas v&iacute;ctimas. Que se eviten, no porque nunca m&aacute;s vaya a existir una democracia en crisis, no. Sino porque el verdadero <em>Nunca M&aacute;s</em> se escribe con may&uacute;sculas y es verdadero, s&oacute;lo si no tiene fronteras ideol&oacute;gicas. S&oacute;lo si TODOS entendemos lo que Platovsky recordaba que su padre le dijo y que &eacute;l nunca olvid&oacute;: &ldquo;Me dijo &lsquo;nunca te olvides que cuando el Estado se organiza para asesinar personas, es el fin de la sociedad. Es el fin de la humanidad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Rincón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fin-humanidad_129_1960154.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Aug 2018 20:16:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de la humanidad]]></media:title>
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