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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sílvia Paneque i Sureda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/silvia_paneque_i_sureda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sílvia Paneque i Sureda]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando la ilusión del relato se vuelve fatalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ilusion-relato-vuelve-fatalidad_129_1943536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17a475c4-5ab3-4285-a4f3-1700842f6b75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la ilusión del relato se vuelve fatalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el tumulto cuando las gentes se agitan en la calle, no hay democracia posible y el ser con menos vergüenza siempre se apodera de la palabra</p><p class="subtitle">Ya que en cualquier sociedad existen muchos individuos de este tipo, los argumentos más cerrados que agitan emociones de identidad intensas, contribuyen a imponerse</p></div><p class="article-text">
        Los accidentes de Par&iacute;s despu&eacute;s de la victoria de la selecci&oacute;n francesa en el mundial del 2018 fueron unos hechos que, tal vez, sirvan de met&aacute;fora para otras acciones de una envergadura pol&iacute;tica mayor. La fiesta se descontrol&oacute;: el aburrimiento se rompi&oacute; por la victoria de un equipo de f&uacute;tbol, la calle se llen&oacute; de griter&iacute;o y alcohol, la diversi&oacute;n deriv&oacute; en asaltos a tiendas y, al final, en enfrentamientos abiertos contra la polic&iacute;a. El desenlace fue una jungla urbana devastada por el caos y el desastre. De igual modo, la acci&oacute;n pol&iacute;tica en la calle &ndash;que mantiene formas parecidas a las grandes concentraciones de las fiesta&ndash; tiene el problema que uno puede saber de qu&eacute; manera empieza, pero no como acaba. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de la conexi&oacute;n entre fiesta y conflicto existe un libro de Santos Juli&aacute; sobre la Segunda Rep&uacute;blica titulado <em>Madrid 1931-1934. De la fiesta popular a la lucha de clases. </em>Otro ejemplo sobre esta relaci&oacute;n es el de un antiguo amigo dirigente del PSUC que me cont&oacute; una vez que a la beligerante organizaci&oacute;n Bandera Roja algunos pr&oacute;ximos la llamaban Bandera Rioja. La muestra m&aacute;s cruel, sin embargo, de fiesta que acab&oacute; en desastre, fue la Gran Guerra, lo cuenta Eric J. Hobsbawm, en <em>Historia del siglo XX</em>. Se produjo un cambio traum&aacute;tico en el rostro de los soldados ilusionados por ir a la aventura imaginada de la guerra, cuando volvieron a casa destrozados por la tragedia en 1918.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha habido dosis no menospreciables de &ldquo;fiesta&rdquo; en el comportamiento pol&iacute;tico de los &uacute;ltimos a&ntilde;os y, por ello, Javier Cercas recientemente ha publicado que el espacio p&uacute;blico y pol&iacute;tico le parece el &uacute;nico que prefiere aburrido. La radicalidad pol&iacute;tica, de un lado a otro del espacio ideol&oacute;gico, suele ir acompa&ntilde;ada de algunos elementos de &ldquo;fiesta&rdquo;: p&eacute;rdida de respeto, escarnio o exageraciones. El carnaval ha sido hist&oacute;ricamente el rey de las fiestas. No es extra&ntilde;o que podamos afirmar, por ejemplo, la expresi&oacute;n siguiente: la pol&iacute;tica carnavalesca de Trump. El hijo del poder econ&oacute;mico que llega al poder mediante criticar el poder. Todo absurdo. Sin embargo, lo absurdo es divertido en carnaval.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la crisis del 2008, la p&eacute;rdida de legitimidad de las democracias liberales en occidente &ndash;resquebrajadas por las dificultades de la gente y el comportamiento inmoral de una parte importante de las &eacute;lites&ndash; abri&oacute; el camino a algunos voceros de la radicalidad. En el tumulto cuando las gentes se agitan en la calle, no hay democracia posible y el ser con menos verg&uuml;enza siempre se apodera de la palabra. Ya que en cualquier sociedad existen muchos individuos de este tipo, los argumentos m&aacute;s cerrados que agitan emociones de identidad intensas, contribuyen a imponerse. No es extra&ntilde;o, pues, que despu&eacute;s del per&iacute;odo convulso de mayo del 68 en Par&iacute;s, Europa y Estados Unidos se entrara en una etapa larga de gobiernos de derechas y nacionalistas. Ronald Regan, Margaret Tatcher, Helmut Schmidt y Helmut Kohl.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, la primera fase de la crisis ha mutado diametralmente y el nacionalismo se ha apoderado de la reacci&oacute;n contra el sistema. La sociolog&iacute;a del descontento ha cambiado desde el 2008 y en diferentes Estados consolidados democr&aacute;ticamente ha ido ganando peso la creencia que &ldquo;nosotros vivir&iacute;amos mejor si no fuera por culpa de este elemento exterior a la comunidad nacional&rdquo;. Trump gan&oacute; de esta manera. Cultiv&oacute; una imagen de hombre americano enfrentado a un poder alejado del pueblo o de la comunidad nacional y exacerb&oacute; la batalla racial contra las minor&iacute;as &eacute;tnicas. Para la ciudadan&iacute;a favorable al Br&eacute;xit en Inglaterra, el elemento forano que perjudicaba la &ldquo;comunidad nacional&rdquo;, fue Europa y la inmigraci&oacute;n. El nacionalismo radical ha ganado confianza en Italia, Austria, Francia, Alemania o la Rep&uacute;blica Checa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque se ha insistido mucho a favor de la diferencia en las identidades humanas, tal y como hizo Hannah Arendt en <em>Eichmann en Jerusal&eacute;n</em>, hay quien aprovech&oacute; la razonable indignaci&oacute;n por las dificultades de la crisis de casi todo el mundo, para imponer su grito al se&ntilde;alar un culpable exterior. Este enemigo actuaria contra una &ldquo;comunidad nacional&rdquo; imaginada como homog&eacute;nea y, por lo tanto, excluyente con la diferencia. El activismo pol&iacute;tico en la calle, los bares o las plazas p&uacute;blicas apuntal&oacute;, despu&eacute;s, la idea de &ldquo;comunidad nacional homog&eacute;nea&rdquo; por medio de emociones fuertes. La alegr&iacute;a jug&oacute; su papel en el momento que el individuo se incorpor&oacute; como protagonista a movimientos muy amplios e impresionantes. En la ceremonia compartida, la individualidad cedi&oacute; paso para ser una parte de la multitud. El &ldquo;yo&rdquo; (la diferencia) perdi&oacute; peso por el &ldquo;nosotros&rdquo; (lo homog&eacute;neo).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El per&iacute;odo de incertidumbre donde vivimos no ha terminado ni se ha solucionado el problema de la legitimidad da&ntilde;ada del sistema. La indignaci&oacute;n fue la primera fase del proceso, la segunda est&aacute; siendo dominada por el nacionalismo cerrado. La fiesta se descontrol&oacute;, no obstante aun estamos a tiempo de evitar el desastre o el caos. Espa&ntilde;a y Catalunya, por supuesto, no han estado al margen de estas corrientes globales de fondo. En los dos casos, sin embargo, creo que hay esperanza. En Espa&ntilde;a, el gobierno progresista de Pedro S&aacute;nchez dej&oacute; atr&aacute;s la ret&oacute;rica nacionalista del PP para hablar, de nuevo, de oportunidades y de Europa. En Catalunya, existe una vieja tradici&oacute;n de las izquierdas catalanistas que puede y debe volver m&aacute;s pronto que tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Paneque i Sureda, Alfons Jiménez i Cortacans]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ilusion-relato-vuelve-fatalidad_129_1943536.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Sep 2018 18:43:13 +0000]]></pubDate>
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