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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nuria Hernández-Mora]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nuria_hernandez-mora/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nuria Hernández-Mora]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El cambio climático y la política de aguas en España y Portugal: propuestas para una transformación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/espana-portugal-propuestas-nueva-cultura_129_1938767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6681df52-65a3-4178-bece-19cccae02d4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Presa de Alcántara sobre el Tajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Península Ibérica es un territorio natural de riesgo frente a los fenómenos hidro-climáticos extremos, riesgo que se está agravando por la acción del hombre</p><p class="subtitle">La respuesta sólida, racional y eficaz frente al cambio climático es transformar el modelo de uso del agua, con un enfoque que ajuste los usos a los recursos disponibles</p></div><p class="article-text">
        El pasado viernes 7 de septiembre se clausur&oacute; en Coimbra, Portugal, el X Congreso Ib&eacute;rico de Gesti&oacute;n y Planificaci&oacute;n del Agua organizado por la Fundaci&oacute;n Nueva Cultura del Agua bajo el lema &ldquo;Flujos de agua, flujos de vida: 20 a&ntilde;os de continuidad de una nueva cultura del agua&rdquo;. Son 20 a&ntilde;os de un movimiento intelectual y sociopol&iacute;tico que surgi&oacute; en 1998 al calor de los debates que acompa&ntilde;aron la elaboraci&oacute;n del Primer Plan Hidrol&oacute;gico Nacional de 2001 y la renovaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de aguas europea. Buscamos transformar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en torno al agua en ambos pa&iacute;ses ib&eacute;ricos, en base a criterios de conservaci&oacute;n y mejora de la salud de nuestras aguas, de racionalidad econ&oacute;mica, de equidad y transparencia, y de promoci&oacute;n de la participaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos 20 a&ntilde;os el discurso de la Nueva Cultura del Agua se ha consolidado como referente en los &aacute;mbitos del agua, manteniendo el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y el compromiso con los valores que la definen, abordando los nuevos retos tanto cient&iacute;fico-t&eacute;cnicos como sociopol&iacute;ticos que van surgiendo.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno del cambio clim&aacute;tico es claramente uno de estos retos. El cambio clim&aacute;tico es hoy una realidad incontestable con claros impactos sobre la sociedad y el medio ambiente y, por tanto, debe ser un componente imprescindible de la pol&iacute;tica de aguas. Aunque existe incertidumbre sobre la magnitud de los impactos futuros a escala regional o local, tenemos la certeza de que debemos adaptarnos a esta realidad cambiante.
    </p><p class="article-text">
        La Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica es un territorio natural de riesgo frente a los fen&oacute;menos hidro-clim&aacute;ticos extremos, riesgo que se est&aacute; agravando por la acci&oacute;n del hombre. Por un lado, los procesos de cambio clim&aacute;tico est&aacute;n teniendo especial impacto en el &aacute;mbito mediterr&aacute;neo, con ciclos de sequ&iacute;a m&aacute;s frecuentes e intensos, y per&iacute;odos de lluvia m&aacute;s concentrados (tanto geogr&aacute;fica como temporalmente) que generan inundaciones m&aacute;s severas. Por otro lado, las intervenciones humanas en el territorio est&aacute;n fabricando nuevos paisajes de riesgo, al ocupar las llanuras naturales de inundaci&oacute;n; destruir los bosques de ribera y la morfolog&iacute;a natural de los r&iacute;os que proporcionan una protecci&oacute;n natural frente al riesgo de inundaci&oacute;n; o, sobreexplotar y contaminar las aguas subterr&aacute;neas y superficiales de manera que tenemos menos margen para enfrentarnos a per&iacute;odos de sequ&iacute;a, entre otros ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        La nueva realidad clim&aacute;tica e hidrol&oacute;gica no ha sido plenamente aceptada por las administraciones responsables de la gesti&oacute;n del agua y el territorio, ni por los representantes de los principales usos econ&oacute;micos del agua, fundamentalmente el regad&iacute;o y los usos hidroel&eacute;ctricos. Contin&uacute;an plante&aacute;ndose pol&iacute;ticas de agua que no har&aacute;n m&aacute;s que incrementar nuestra vulnerabilidad al riesgo, y por lo tanto, los impactos de estos fen&oacute;menos naturales. Es imprescindible un giro importante en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas relacionadas con el uso del agua y el territorio a lo largo de distintas l&iacute;neas de actuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, hay que adaptar las demandas a los recursos realmente disponibles, aplicando el principio de precauci&oacute;n frente a incertidumbres futuras. En un contexto de aumento de temperaturas y disminuci&oacute;n de agua disponible no podemos plantear incrementos de los principales usos del agua. Los planes hidrol&oacute;gicos aprobados en 2016 planteaban el desarrollo de m&aacute;s de 700.000 nuevas hect&aacute;reas de regad&iacute;o, cuando el regad&iacute;o que existe actualmente ya tiene serios problemas de abastecimiento en muchas partes de la pen&iacute;nsula y se enfrenta a per&iacute;odos recurrentes de escasez. Por otro lado, la principal apuesta p&uacute;blica en relaci&oacute;n al regad&iacute;o son las pol&iacute;ticas de modernizaci&oacute;n de regad&iacute;os, que te&oacute;ricamente servir&iacute;an para ahorrar agua pero, en la pr&aacute;ctica, han tenido un importante 'efecto rebote', de manera que los caudales ahorrados con la modernizaci&oacute;n se han empleado en muchos casos en ampliar las superficies regadas o intensificaci&oacute;n de cultivos, resultando en mayores consumos a escala de cuenca.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco podemos seguir planteando la construcci&oacute;n de nuevos embalses y trasvases como soluci&oacute;n a los riesgos vinculados al cambio clim&aacute;tico. Las sequ&iacute;as son fen&oacute;menos regionales, como vimos en la sequ&iacute;a del 2016-2017 cuando tanto al cabecera del Tajo como la cuenca del Segura experimentaron una disminuci&oacute;n de precipitaci&oacute;n y aportaciones, y el trasvase se mantuvo cerrado durante varios meses, por lo que la interconexi&oacute;n de cuencas a trav&eacute;s de trasvases sirve &uacute;nicamente para extender los riesgos y la escasez de una cuenca a otra. Por otro lado, con la tendencia decreciente de recursos disponibles, construir m&aacute;s embalses para hacer frente a las sequ&iacute;as equivale a abrir m&aacute;s cuentas corrientes cuando nuestros ingresos disminuyen. Ello no resultar&iacute;a en mayores recursos econ&oacute;micos, sino en m&aacute;s cuentas vac&iacute;as. La &uacute;nica respuesta s&oacute;lida, racional y eficaz frente al cambio clim&aacute;tico es transformar el modelo de uso del agua, con un enfoque regional que ajuste los usos a los recursos disponibles, teniendo en cuenta las necesidades ambientales de r&iacute;os, acu&iacute;feros y aguas costeras que son, al fin y al cabo, las f&aacute;bricas naturales de agua, cuyo funcionamiento tenemos que proteger.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n imprescindible proteger los acu&iacute;feros y manantiales, evitando su contaminaci&oacute;n a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas preventivas y la aplicaci&oacute;n del principio del que contamina, o deteriora, paga. Es decir, los sectores responsables de contaminar las fuentes de agua o deteriorar la salud de los ecosistemas acu&aacute;ticos deben ser responsables de financiar su protecci&oacute;n y -en su caso- su recuperaci&oacute;n. S&oacute;lo as&iacute; internalizar&aacute;n los costes de sus actuaciones que generalmente son asumidas por toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito urbano es necesario adaptar las ciudades a las alteraciones clim&aacute;ticas a trav&eacute;s de la implementaci&oacute;n de soluciones basadas en la naturaleza, como la expansi&oacute;n de &aacute;reas verdes permeables, la priorizaci&oacute;n de sistemas de drenaje natural en el espacio urbano, la utilizaci&oacute;n de aguas residuales tratadas para usos no dom&eacute;sticos, reduciendo los usos de agua potable. La capacidad de adaptaci&oacute;n a cambio clim&aacute;tico en el &aacute;mbito local se ver&aacute; reforzada por el fomento de las capacidades sociales y la articulaci&oacute;n de planes participados de gesti&oacute;n de riesgos (de sequ&iacute;a, de inundaciones). La participaci&oacute;n social es fundamental para reducir la vulnerabilidad al riesgo.
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico, en suma, intensifica la necesidad de poner urgentemente en pr&aacute;ctica el cambio de enfoques y estrategias que la nueva cultura del agua, de la mano de la mayoria de la comunidad cientifica y la sociedad civil organizada viene demandando, y en parte consiguiendo, desde hace dos d&eacute;cadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nuria Hernández-Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/espana-portugal-propuestas-nueva-cultura_129_1938767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Sep 2018 19:19:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Medio ambiente]]></media:keywords>
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