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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_antonio_gallego_capel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Medio siglo sin Fofó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/medio-siglo-fofo_132_13334187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91fe4642-d8b2-4af6-9484-75a0d45d3f47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146130.jpg" width="4961" height="2790" alt="Medio siglo sin Fofó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá esa sea la verdadera grandeza de Fofó. No haber sido una estrella de la televisión, sino haber conseguido algo mucho más difícil, ocupar un lugar permanente en la memoria de millones de niños que hoy son sesentones</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Han pasado cincuenta a&ntilde;os desde la perdida de Fof&oacute; y, sin embargo, para muchos de nosotros sigue siendo una presencia cercana. No por ser historia de la televisi&oacute;n, sino porque forma parte de los recuerdos m&aacute;s felices de nuestra infancia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los ni&ntilde;os de hoy tienen cientos de canales, plataformas y pantallas. Nosotros ten&iacute;amos menos cosas, pero quiz&aacute; por eso algunas dejaron una huella m&aacute;s profunda. Fof&oacute; entraba cada d&iacute;a en nuestras casas con una sonrisa, una canci&oacute;n y una forma de entender el entretenimiento que no necesitaba grandes artificios para llegar al coraz&oacute;n infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Recordarlo es tambi&eacute;n reivindicar la figura del payaso, un oficio tan antiguo como noble y, a menudo, infravalorado. Hacer re&iacute;r parece sencillo cuando se hace bien, pero exige talento, sensibilidad y una extraordinaria capacidad para conectar con los dem&aacute;s. Los grandes payasos no solo provocan carcajadas; acompa&ntilde;an, consuelan y ayudan a mirar la vida con m&aacute;s esperanza. Fof&oacute; pertenec&iacute;a a esa categor&iacute;a de artistas capaces de convertir la ternura en un lenguaje universal.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Recuerdo perfectamente la tristeza que sent&iacute; cuando muri&oacute;. Era un ni&ntilde;o y lo viv&iacute; como si hubiera perdido a alguien de mi propia familia. Puede parecer exagerado visto desde fuera, pero quienes crecimos con &eacute;l lo entender&aacute;n. Fof&oacute; era el l&iacute;der de un grupo payasos que aparec&iacute;a en la televisi&oacute;n, era una compa&ntilde;&iacute;a cotidiana, un rostro familiar que asoci&aacute;bamos con la alegr&iacute;a.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Tambi&eacute;n recuerdo la inauguraci&oacute;n de la estatua de Fof&oacute; en el parque que lleva su nombre en Murcia. Aquel d&iacute;a acudieron Gaby, Miliki y Fofito para rendir homenaje a quien hab&iacute;a hecho re&iacute;r y cantar a varias generaciones de espa&ntilde;oles. Hab&iacute;a tanta expectaci&oacute;n que nos subimos al tejado de la cantina para poder ver. Son im&aacute;genes que el tiempo no ha borrado y que siguen formando parte de mis recuerdos m&aacute;s queridos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay memorias que se desvanecen y otras que permanecen intactas. A m&iacute; me ocurre cada vez que escucho 'Susanita tiene un rat&oacute;n'. Han pasado d&eacute;cadas desde aquellas tardes de infancia y, sin embargo, sigo emocion&aacute;ndome. No es &uacute;nicamente la canci&oacute;n. Es todo lo que viene con ella, la inocencia de aquellos a&ntilde;os, la felicidad sencilla de la ni&ntilde;ez y el recuerdo de quien nos ense&ntilde;&oacute; a cantar sonriendo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que aquellas canciones reflejan una sociedad muy distinta a la actual y contienen referencias que hoy pueden parecer anacr&oacute;nicas. Los tiempos cambian y es l&oacute;gico que tambi&eacute;n cambie nuestra forma de interpretar ciertas letras. Pero reducir el legado de Fof&oacute; a una lectura exclusivamente contempor&aacute;nea ser&iacute;a injusto. Aquellas canciones fueron hijas de su tiempo. Quienes las escuch&aacute;bamos de ni&ntilde;os no busc&aacute;bamos modelos sociales, encontr&aacute;bamos imaginaci&oacute;n, alegr&iacute;a y momentos compartidos con nuestras familias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Podemos observar el pasado con esp&iacute;ritu cr&iacute;tico sin renunciar al afecto que sentimos por &eacute;l. La nostalgia no consiste en desear que el mundo vuelva a ser como era, sino en recordar con cari&ntilde;o aquello que nos hizo felices.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; esa sea la verdadera grandeza de Fof&oacute;. No haber sido una estrella de la televisi&oacute;n, sino haber conseguido algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, ocupar un lugar permanente en la memoria de millones de ni&ntilde;os que hoy son sesentones. En Ulea, donde naci&oacute; durante una gira de la familia Arag&oacute;n, y en Murcia, donde una estatua recuerda su figura, su recuerdo sigue vivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque hay personas que pasan a la historia y otras que permanecen en el coraz&oacute;n de la gente. Medio siglo despu&eacute;s de su partida, la sonrisa de Fof&oacute; sigue acompa&ntilde;ando a quienes un d&iacute;a fuimos ni&ntilde;os y aprendimos, de su mano, que la alegr&iacute;a tambi&eacute;n puede ser una forma de cari&ntilde;o.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/medio-siglo-fofo_132_13334187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Medio siglo sin Fofó]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El calor no es diferente, pero depende del sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/calor-no-diferente-depende-sistema_132_13313964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/924aed90-f9d7-41d2-848a-98795458cb04_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145535.jpg" width="1096" height="616" alt="El calor no es diferente, pero depende del sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aire acondicionado no llegó gracias a la Consejería de Educación. Llegó gracias al esfuerzo económico de las familias a través del AMPA, después de sucesivas negativas de la administración</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">He le&iacute;do que el consejero de Educaci&oacute;n de la Administraci&oacute;n Regional atribuye las dificultades para climatizar los colegios a las limitaciones de las instalaciones el&eacute;ctricas. Puede que t&eacute;cnicamente tenga raz&oacute;n. Sin embargo, para muchos padres y madres que llevamos a&ntilde;os viendo c&oacute;mo se posponen soluciones imprescindibles, esa explicaci&oacute;n suena m&aacute;s a justificaci&oacute;n que a respuesta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mi hija comenz&oacute; su escolarizaci&oacute;n en el colegio p&uacute;blico La Arboleda, en el barrio de La Flota de Murcia. Era un centro nuevo, a estrenar, una infraestructura que deb&iacute;a representar la apuesta por la educaci&oacute;n del futuro. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El aire acondicionado no lleg&oacute; gracias a la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n. Lleg&oacute; gracias al esfuerzo econ&oacute;mico de las familias a trav&eacute;s del AMPA, despu&eacute;s de sucesivas negativas de la administraci&oacute;n. Y no fue la &uacute;nica carencia. Tambi&eacute;n tuvimos que adquirir una fotocopiadora para que el profesorado pudiera desarrollar su trabajo en condiciones adecuadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La implicaci&oacute;n de las familias fue a&uacute;n m&aacute;s lejos. Con la colaboraci&oacute;n de la Concejal&iacute;a de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Murcia se consiguieron &aacute;rboles j&oacute;venes para mejorar los espacios con sombra en el patio del centro. Los padres los plantamos y, adem&aacute;s, instalamos un sistema de riego por goteo para garantizar su mantenimiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No cuento esto para reivindicar el compromiso de las familias, que siempre ha existido y siempre existir&aacute;. Lo cuento porque revela una realidad inc&oacute;moda, en demasiadas ocasiones los padres terminan cubriendo necesidades que deber&iacute;an estar garantizadas por la administraci&oacute;n p&uacute;blica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso resulta dif&iacute;cil aceptar que, a&ntilde;os despu&eacute;s, se sigan esgrimiendo obst&aacute;culos t&eacute;cnicos como principal explicaci&oacute;n. Las limitaciones el&eacute;ctricas no aparecieron de repente. El aumento de las temperaturas tampoco. Los episodios de calor extremo son cada vez m&aacute;s frecuentes y llevan a&ntilde;os siendo una evidencia para cualquier docente, alumno o familia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s, resulta inevitable comparar esta situaci&oacute;n con la de muchos centros concertados. Aunque tambi&eacute;n forman parte del sistema educativo sostenido con fondos p&uacute;blicos, en numerosos casos cuentan con mayores m&aacute;rgenes para acometer mejoras o responder con m&aacute;s rapidez a determinadas necesidades. Mientras tanto, en algunos colegios p&uacute;blicos las familias se ven obligadas a suplir carencias b&aacute;sicas que deber&iacute;an estar cubiertas desde el primer momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La cuesti&oacute;n no es si existen dificultades t&eacute;cnicas. Claro que existen. La verdadera cuesti&oacute;n es por qu&eacute; no se planificaron antes las inversiones necesarias para resolverlas. Gobernar consiste precisamente en anticipar los problemas y dotar de recursos a los servicios p&uacute;blicos para afrontarlos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La educaci&oacute;n p&uacute;blica no puede depender de la capacidad econ&oacute;mica, del tiempo libre o del nivel de organizaci&oacute;n de las familias de cada centro. Un colegio debe disponer de instalaciones adecuadas porque es un derecho de los alumnos y una obligaci&oacute;n de la administraci&oacute;n, no porque un AMPA consiga reunir fondos suficientes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si queremos que las familias elijan libremente entre educaci&oacute;n p&uacute;blica y concertada en condiciones de igualdad, la red p&uacute;blica debe ofrecer unas infraestructuras dignas y adecuadas sin depender de iniciativas extraordinarias de padres y madres. De lo contrario, la comparaci&oacute;n acaba siendo inevitable y, en muchos casos, injusta para quienes apuestan por la escuela p&uacute;blica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando un responsable pol&iacute;tico explica lo que no puede hacerse, los ciudadanos esperan escuchar tambi&eacute;n cu&aacute;ndo se har&aacute; y c&oacute;mo se har&aacute;. Porque las excusas, por muy t&eacute;cnicas que sean, no bajan la temperatura de las aulas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y los alumnos y los maestros siguen siendo quienes soportan el calor.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/calor-no-diferente-depende-sistema_132_13313964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 04:00:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El calor no es diferente, pero depende del sistema]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agrupémonos para el cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/agrupemonos-cambio_132_13285249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b6944c3-4d19-48ac-89b3-f2b95bd08b50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agrupémonos para el cambio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde mi punto de vista, existe una idea que merece ser discutida con serenidad y ambición: la unidad de la izquierda: construir un espacio común capaz de sumar fuerzas, talento y compromiso alrededor de un proyecto compartido para la Región de Murcia</p></div><p class="article-text">
        Las reflexiones que estos d&iacute;as se est&aacute;n produciendo en el seno del PSRM son una buena noticia. Un partido vivo es un partido que debate, que escucha y que se pregunta constantemente c&oacute;mo servir mejor a la sociedad a la que aspira a representar.
    </p><p class="article-text">
        La Regi&oacute;n de Murcia afronta desaf&iacute;os enormes: el acceso a la vivienda, la calidad del empleo, la sostenibilidad del modelo productivo, la defensa de los servicios p&uacute;blicos, la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica o la lucha contra las desigualdades. Ante estos retos, la pregunta que debemos hacernos no es s&oacute;lo qu&eacute; partido lidera la oposici&oacute;n, sino c&oacute;mo construimos una mayor&iacute;a social capaz de impulsar un cambio pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista, existe una idea que merece ser discutida con serenidad y ambici&oacute;n: la unidad de la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de refundar un nuevo partido. Tampoco de diluir la identidad de ninguna organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Hablo de algo mucho m&aacute;s sencillo y, al mismo tiempo, m&aacute;s transformador: construir un espacio com&uacute;n capaz de sumar fuerzas, talento y compromiso alrededor de un proyecto compartido para la Regi&oacute;n de Murcia.
    </p><p class="article-text">
        Y en mi humilde opini&oacute;n, los y las socialistas debemos ser quienes impulsemos ese proceso. No mirando a nadie por encima del hombro, sino desde la responsabilidad que nos corresponde como principal fuerza progresista de la Regi&oacute;n. La ciudadan&iacute;a no entiende muchas veces las divisiones, las siglas enfrentadas o las disputas entre organizaciones que comparten objetivos fundamentales. Lo que espera es que quienes defienden pol&iacute;ticas progresistas sean capaces de entenderse para mejorar la vida de la gente.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia demuestra que la fragmentaci&oacute;n debilita las posibilidades de construir una alternativa de gobierno. Cuando las energ&iacute;as se concentran en competir dentro del mismo espacio pol&iacute;tico, se pierde fuerza para disputar la mayor&iacute;a social necesaria para transformar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso creo que debemos explorar f&oacute;rmulas innovadoras de participaci&oacute;n y cooperaci&oacute;n. Una candidatura amplia, plural, abierta y democr&aacute;tica podr&iacute;a ser una herramienta &uacute;til para sumar sensibilidades distintas sin que nadie tenga que renunciar a su identidad. Una lista abierta y desbloqueada permitir&iacute;a adem&aacute;s que la ciudadan&iacute;a tuviera una mayor capacidad de decisi&oacute;n sobre qui&eacute;nes la representan.
    </p><p class="article-text">
        Pero la unidad no puede ser &uacute;nicamente una suma electoral. Debe construirse sobre ideas, propuestas y un proyecto compartido. La unidad por s&iacute; sola no genera ilusi&oacute;n; la ilusi&oacute;n nace cuando existe una visi&oacute;n clara de futuro y cuando la ciudadan&iacute;a percibe que hay una alternativa cre&iacute;ble para gobernar.
    </p><p class="article-text">
        El verdadero debate no es c&oacute;mo repartimos espacios pol&iacute;ticos. El verdadero debate es c&oacute;mo construimos una mayor&iacute;a social que devuelva la esperanza a quienes desean una Regi&oacute;n m&aacute;s justa, m&aacute;s pr&oacute;spera y m&aacute;s igualitaria.
    </p><p class="article-text">
        La unidad de la izquierda no debe ser un fin en s&iacute; mismo. Debe ser el instrumento para poner en marcha el cambio que la Regi&oacute;n de Murcia necesita. Y ese es un debate que merece la pena abrir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/agrupemonos-cambio_132_13285249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 04:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Socialismo,PSOE Murcia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuperar el límite de mandatos antes de 2027]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/recuperar-limite-mandatos-2027_132_13268305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/601f72e3-3e18-4d17-ad6b-f8d13ef658e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recuperar el límite de mandatos antes de 2027"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Limitar los mandatos favorece la renovación política, evita la excesiva concentración de poder y obliga a los partidos a formar nuevos liderazgos</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; una medida de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica aprobada por unanimidad en 2014 dej&oacute; de ser necesaria justo cuando empez&oacute; a afectar al presidente de la Comunidad Aut&oacute;noma?
    </p><p class="article-text">
        Hace doce a&ntilde;os, la Asamblea Regional alcanz&oacute; uno de esos consensos que deber&iacute;an trascender las coyunturas partidistas. Todos los grupos pol&iacute;ticos coincidieron en que la Presidencia de la Comunidad Aut&oacute;noma deb&iacute;a estar limitada a dos mandatos. No se trataba de una ocurrencia ni de un gesto simb&oacute;lico. Era un valor democr&aacute;tico elemental: las instituciones son m&aacute;s importantes que las personas que las ocupan.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica. Limitar los mandatos favorece la renovaci&oacute;n pol&iacute;tica, evita la excesiva concentraci&oacute;n de poder y obliga a los partidos a formar nuevos liderazgos. En definitiva, fortalece la calidad democr&aacute;tica de las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en 2021 aquel consenso salt&oacute; por los aires. La limitaci&oacute;n fue eliminada en uno de los momentos pol&iacute;ticos m&aacute;s convulsos de la historia reciente de la Regi&oacute;n de Murcia. La fallida moci&oacute;n de censura contra el Gobierno auton&oacute;mico desemboc&oacute; en una reconfiguraci&oacute;n de las mayor&iacute;as parlamentarias y en una legislatura marcada por el transfuguismo pol&iacute;tico. Fue en ese contexto cuando se derog&oacute; una de las principales medidas de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica aprobadas por la Asamblea Regional.
    </p><p class="article-text">
        Aquello fue legal. Pol&iacute;ticamente, resulta mucho m&aacute;s que discutible.
    </p><p class="article-text">
        Porque la cuesti&oacute;n sigue siendo la misma, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a cambiado entre 2014 y 2021 para justificar la eliminaci&oacute;n del l&iacute;mite de mandatos?
    </p><p class="article-text">
        No hubo una movilizaci&oacute;n ciudadana reclamando su desaparici&oacute;n. No exist&iacute;a un problema institucional que resolver. No se present&oacute; ning&uacute;n estudio que demostrara que aquella medida hab&iacute;a sido un fracaso. Lo &uacute;nico que hab&iacute;a cambiado era una circunstancia evidente: el l&iacute;mite empezaba a tener consecuencias reales para quien ocupaba la Presidencia de la Comunidad Aut&oacute;noma.
    </p><p class="article-text">
        Fernando L&oacute;pez Miras fue el principal beneficiario pol&iacute;tico de aquella reforma. Es una constataci&oacute;n objetiva. Sin la modificaci&oacute;n legal aprobada en 2021, su horizonte pol&iacute;tico habr&iacute;a estado condicionado por una norma que el propio Partido Popular hab&iacute;a respaldado a&ntilde;os antes.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso resulta necesario reabrir el debate.
    </p><p class="article-text">
        La actual legislatura ofrece una oportunidad para recuperar una medida que nunca debi&oacute; desaparecer. Si en 2021 existi&oacute; una mayor&iacute;a parlamentaria para eliminar el l&iacute;mite de mandatos, hoy puede existir otra mayor&iacute;a para restablecerlo. Y deber&iacute;a hacerlo mediante el procedimiento de urgencia para que la reforma pueda entrar en vigor antes de las pr&oacute;ximas elecciones auton&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Algunos argumentar&aacute;n que la propuesta busca impedir una futura candidatura de L&oacute;pez Miras. Pero ese enfoque invierte el orden l&oacute;gico de las cosas. Las leyes no deben dise&ntilde;arse para favorecer ni para perjudicar a una persona concreta. Deben responder a principios generales y permanentes.
    </p><p class="article-text">
        Y el principio que inspir&oacute; la reforma de 2014 sigue siendo v&aacute;lido hoy.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna democracia pierde calidad por limitar los mandatos de sus m&aacute;ximos responsables. Al contrario. Las limitaciones al poder forman parte de la esencia misma del constitucionalismo democr&aacute;tico. Existen l&iacute;mites presupuestarios, l&iacute;mites competenciales, l&iacute;mites temporales y mecanismos de control precisamente porque la concentraci&oacute;n prolongada de poder nunca ha sido una buena noticia para las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Quienes defienden la eliminaci&oacute;n del l&iacute;mite suelen afirmar que deben ser exclusivamente los ciudadanos quienes decidan en las urnas. Pero las democracias modernas no funcionan &uacute;nicamente sobre la base de la voluntad electoral. Tambi&eacute;n descansan sobre reglas destinadas a garantizar el equilibrio institucional y la renovaci&oacute;n de los liderazgos.
    </p><p class="article-text">
        La Regi&oacute;n de Murcia ya comprendi&oacute; esa realidad en 2014. Por eso la limitaci&oacute;n de mandatos fue aprobada por unanimidad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, la pregunta sigue siendo pertinente. Si aquella medida era buena para la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica entonces, &iquest;por qu&eacute; dej&oacute; de serlo cuando empez&oacute; a afectar al presidente en ejercicio?
    </p><p class="article-text">
        La Asamblea Regional tiene la posibilidad de corregir aquella decisi&oacute;n. No para ajustar cuentas con nadie. No para alterar artificialmente la competencia electoral. Sino para recuperar un consenso democr&aacute;tico que nunca debi&oacute; romperse.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n no es qui&eacute;n ocupa hoy el Palacio de San Esteban. La cuesti&oacute;n es qu&eacute; reglas queremos que rijan nuestras instituciones en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Y si dos mandatos eran suficientes en 2014 para proteger la calidad democr&aacute;tica de la Regi&oacute;n de Murcia, cuesta entender por qu&eacute; no habr&iacute;an de serlo tambi&eacute;n en 2027.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/recuperar-limite-mandatos-2027_132_13268305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 04:00:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recuperar el límite de mandatos antes de 2027]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La justicia que no es ágil no puede ser justa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/justicia-no-agil-no-justa_132_13249089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec4949f4-2fc9-439c-8913-31598df0cd8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La justicia que no es ágil no puede ser justa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El procedimiento de la desaladora de Escombreras, en el que figura el expresidente autonómico Ramón Luis Valcárcel, simboliza esa deriva</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Espa&ntilde;a se ha instalado una idea, pero cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de negar: la justicia es un desastre. Y una justicia que no &aacute;gil no es justicia, es otra cosa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El principio de igualdad ante la ley, recogido en la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola, sigue siendo incuestionable en el papel. Pero en la pr&aacute;ctica convive con una realidad que lo desmiente a diario: procedimientos interminables, macrocausas que se alargan durante m&aacute;s de una d&eacute;cada y decisiones que llegan cuando el caso ya ha perdido todo impacto social o pol&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es corrosivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las grandes causas de corrupci&oacute;n se han convertido en el espejo m&aacute;s inc&oacute;modo del sistema. Instrucciones eternas, recursos encadenados, piezas separadas, agendas imposibles. Y mientras tanto, una sensaci&oacute;n creciente en la ciudadan&iacute;a: la justicia no resuelve, administra el tiempo hasta que el tiempo resuelve por ella.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia es un ejemplo dif&iacute;cil de ignorar. El procedimiento de la desaladora de Escombreras, en el que figura el expresidente auton&oacute;mico Ram&oacute;n Luis Valc&aacute;rcel, simboliza esa deriva, lleva judicializado e investigado m&aacute;s de 15 a&ntilde;os y se prev&eacute; que la vista oral se celebre en septiembre de 2027. No importa solo el desenlace judicial, que llegar&aacute; cuando llegue, sino el efecto acumulado: a&ntilde;os de procedimiento que se traducen en a&ntilde;os de desgaste institucional. Y ese desgaste, una vez producido, ya no se revierte.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque aqu&iacute; est&aacute; el n&uacute;cleo del problema: la desigualdad no siempre est&aacute; en la sentencia, sino en el camino hasta ella. No todos los ciudadanos pueden sostener a&ntilde;os de litigio. No todos pueden pagar la espera. No todos pueden resistir el proceso. La igualdad formal existe; la material, no siempre.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y a esa desigualdad se suma otro elemento igual de da&ntilde;ino: la politizaci&oacute;n percibida del sistema. El bloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y su renovaci&oacute;n convertida en conflicto partidista permanente han convertido un &oacute;rgano clave en parte del problema en lugar de parte de la soluci&oacute;n. Aunque la independencia judicial individual exista, la arquitectura institucional proyecta una sospecha constante.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es devastador: la justicia pierde autoridad sin necesidad de dejar de funcionar. Basta con que funcione demasiado despacio, demasiado tarde y demasiado lejos del ciudadano.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque una justicia lenta no es una justicia imperfecta. Es una justicia que deja de cumplir su funci&oacute;n principal: ser cre&iacute;ble.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y cuando la justicia deja de ser cre&iacute;ble, no se resiente solo el sistema judicial. Se resiente la democracia.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/justicia-no-agil-no-justa_132_13249089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 04:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La justicia que no es ágil no puede ser justa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No son solo cinco años, es todo lo demás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-son-cinco-anos_132_13222772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/095ed0c2-3e4d-472a-a10e-9bb817876e20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No son solo cinco años, es todo lo demás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Iglesia lleva de siempre gestionando los abusos con una lógica reconocible: minimizar el escándalo, contener el daño mediático y presentar cada nueva condena como una excepción lamentable</p></div><p class="article-text">
        Cada vez que se conoce la condena a un sacerdote por abusos sexuales a menores, el debate p&uacute;blico parece seguir un ritual ya conocido: un titular, un rato de indignaci&oacute;n y una r&aacute;pida vuelta a la normalidad. Como si estuvi&eacute;ramos ante una anomal&iacute;a aislada y no frente a una patolog&iacute;a institucional que lleva d&eacute;cadas repiti&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, un nuevo caso en la Regi&oacute;n Murcia vuelve a dejar una sensaci&oacute;n dif&iacute;cil de ignorar. Cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n. La discusi&oacute;n inmediata gira, como siempre, en torno a si la pena es suficiente o insuficiente. Pero centrarse &uacute;nicamente en esa cifra es quedarse en la superficie del problema.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera cuesti&oacute;n es m&aacute;s delicada: &iquest;por qu&eacute; delitos de esta gravedad, cuando son cometidos por miembros de la Iglesia, no generan una exigencia social sostenida proporcional al da&ntilde;o causado?
    </p><p class="article-text">
        No hablamos de un ciudadano cualquiera investido accidentalmente de confianza. Hablamos de personas que ocupan posiciones de autoridad moral, cercan&iacute;a con menores y legitimidad social construida precisamente sobre una supuesta superioridad &eacute;tica. El abuso no es solo f&iacute;sico o psicol&oacute;gico; es tambi&eacute;n una demolici&oacute;n de la confianza depositada en una instituci&oacute;n que durante siglos ha reclamado autoridad sobre la educaci&oacute;n moral de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, el patr&oacute;n se repite. Se individualiza al culpable, se encapsula el caso y se evita mirar el marco general. Un sacerdote concreto. Una parroquia concreta. Un episodio concreto. Como si el problema fueran &uacute;nicamente determinadas &ldquo;manzanas podridas&rdquo; y no una cultura hist&oacute;rica de opacidad, corporativismo y protecci&oacute;n reputacional.
    </p><p class="article-text">
        La Iglesia lleva de siempre gestionando los abusos con una l&oacute;gica reconocible: minimizar el esc&aacute;ndalo, contener el da&ntilde;o medi&aacute;tico y presentar cada nueva condena como una excepci&oacute;n lamentable. Mientras tanto, las v&iacute;ctimas cargan durante a&ntilde;os, a menudo d&eacute;cadas, con secuelas que ning&uacute;n calendario penal puede medir.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no basta con celebrar que &ldquo;la justicia act&uacute;a&rdquo;. La justicia llega, demasiadas veces, tarde, fragmentada y despu&eacute;s de a&ntilde;os de silencio. Y cuando por fin llega, el foco p&uacute;blico dura menos que cualquier pol&eacute;mica pol&iacute;tica semanal.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero esc&aacute;ndalo democr&aacute;tico: la anestesia social.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil imaginar semejante contenci&oacute;n p&uacute;blica si una instituci&oacute;n cualquiera acumulase durante d&eacute;cadas casos de abuso a menores, din&aacute;micas internas de silencio y resistencias sistem&aacute;ticas a la rendici&oacute;n de cuentas. Pero la Iglesia sigue benefici&aacute;ndose de una especie de blindaje cultural residual, una deferencia heredada que opera incluso en sociedades formalmente secularizadas.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad democr&aacute;ticamente madura deber&iacute;a exigir m&aacute;s, no menos, a quienes se presentan como referentes morales. M&aacute;s transparencia, m&aacute;s responsabilidad y una conversaci&oacute;n p&uacute;blica menos c&oacute;moda.
    </p><p class="article-text">
        Y hay una contradicci&oacute;n especialmente obscena en todo esto. La misma instituci&oacute;n que hist&oacute;ricamente ha pretendido intervenir en debates p&uacute;blicos sobre familia, sexualidad, educaci&oacute;n afectiva o moral privada sigue arrastrando un historial devastador de abusos y respuestas insuficientes frente a ellos. Durante d&eacute;cadas se ha arrogado autoridad para decirle a la sociedad c&oacute;mo vivir, c&oacute;mo educar a sus hijos y qu&eacute; valores defender, mientras en su interior demasiadas veces se proteg&iacute;a el silencio antes que a las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el esc&aacute;ndalo no es &uacute;nicamente penal, sino profundamente pol&iacute;tico y cultural. Porque no hablamos solo de delitos individuales, sino de una estructura que durante demasiado tiempo ha disfrutado de legitimidad social sin asumir plenamente el coste de sus propias contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        El problema no son solo cinco a&ntilde;os. El problema es todo lo que todav&iacute;a permite que cinco a&ntilde;os sean la &uacute;nica cifra de la que terminamos hablando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-son-cinco-anos_132_13222772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No son solo cinco años, es todo lo demás]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La demagogia del 'Agua para todos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/demagogia-agua_132_13195955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c42f823b-46b2-4675-b6b0-503347f1da18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La demagogia del &#039;Agua para todos&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue una pieza maestra de comunicación política. Sencillo, emocional y fácil de repetir. El problema es que partía de una premisa embustera: que el agua es un recurso disponible que solo necesita ser mejor repartido</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia, el agua hace a&ntilde;os que dej&oacute; de ser solo un recurso. Es un argumento pol&iacute;tico, una bandera electoral y, en demasiadas ocasiones, una excusa para no afrontar decisiones inc&oacute;modas. Y en ese terreno, el Partido Popular ha sido especialmente eficaz construyendo un relato pol&iacute;ticamente rentable, pero que cada vez est&aacute; m&aacute;s alejado de la realidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El lema 'Agua para todos' fue una pieza maestra de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sencillo, emocional y f&aacute;cil de repetir. El problema es que part&iacute;a de una premisa embustera: que el agua es un recurso disponible que solo necesita ser mejor repartido. Como si la hidrolog&iacute;a dependiera del BOE.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Partido Popular es el eje de ese discurso. Pero tambi&eacute;n su l&iacute;mite. Porque no es una tuber&iacute;a m&aacute;gica: depende de la situaci&oacute;n real de otra cuenca, con sus propias sequ&iacute;as, sus propios usos y sus propios l&iacute;mites. Y cuando el agua no est&aacute;, no hay presi&oacute;n pol&iacute;tica que la cree.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aun as&iacute;, durante a&ntilde;os se ha insistido en presentar el problema como si fuera exclusivamente externo. Como si todo se resolviera con m&aacute;s trasvases, m&aacute;s obras y m&aacute;s voluntad. Mientras tanto, se ha evitado entrar en un debate que incomoda: el de los l&iacute;mites del modelo de explotaci&oacute;n agr&iacute;cola en el sureste.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En ese contexto, el papel del Sindicato Central de Regates del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) no puede analizarse como si fuera un actor neutro. Act&uacute;a como un lobby pol&iacute;tico y es leg&iacute;timo que defienda los intereses de sus asociados. Lo discutible es que su discurso haya funcionado durante a&ntilde;os como prolongaci&oacute;n del relato pol&iacute;tico dominante: m&aacute;s agua siempre, venga de donde venga, cueste lo que cueste, y resulta que cuando sobra en una parte es porque no falta en otra. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el problema es que no todo vale. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, distintas actuaciones administrativas y denuncias han se&ntilde;alado la existencia de&nbsp;regad&iacute;os sin autorizaci&oacute;n, extracciones irregulares de acu&iacute;feros y ampliaciones de superficie no ajustadas a la planificaci&oacute;n hidrol&oacute;gica. No son casos anecd&oacute;ticos en el debate p&uacute;blico, sino s&iacute;ntomas de un modelo que en algunos puntos ha ido por delante de las reglas que lo deber&iacute;an ordenar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y eso tiene consecuencias. Porque cuando se exige m&aacute;s agua mientras se estira el sistema por encima de sus l&iacute;mites, el resultado no es estabilidad: es tensi&oacute;n permanente. Tensi&oacute;n entre cuencas, entre territorios y dentro del propio modelo productivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La paradoja es que, mientras se mantiene el discurso de la escasez externa, la soluci&oacute;n que durante a&ntilde;os se despreciaba, la desalaci&oacute;n, se ha convertido en imprescindible. No por convicci&oacute;n, sino por necesidad. Y aun as&iacute;, el debate sigue atrapado en las mismas trincheras de hace d&eacute;cadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; el problema del agua en la Regi&oacute;n no sea solo t&eacute;cnico ni solo pol&iacute;tico. Quiz&aacute; sea, sobre todo, un problema de honestidad. Porque es m&aacute;s f&aacute;cil prometer lo imposible que asumir los l&iacute;mites. Y m&aacute;s rentable se&ntilde;alar fuera que mirar dentro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el agua no responde a estrategias de comunicaci&oacute;n. Responde a la f&iacute;sica, a la climatolog&iacute;a y a la gesti&oacute;n real de los recursos disponibles. Y cuanto m&aacute;s tarde se asuma eso, m&aacute;s caro ser&aacute; el ajuste.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay que decirlo sin rodeos: la Regi&oacute;n de Murcia no puede seguir construyendo su futuro sobre la dependencia del trasvase, reducir esa dependencia no es una renuncia. Es la &uacute;nica forma de garantizar la estabilidad. </span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/demagogia-agua_132_13195955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 04:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La demagogia del 'Agua para todos']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4881f59-38f5-434c-a4b3-c1e50b5d9575_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reciente decisión del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitación del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Murcia llevamos d&eacute;cadas aceptando una contradicci&oacute;n que apenas se discute: consideramos el transporte urbano un servicio p&uacute;blico esencial, pero su gesti&oacute;n sigue en manos privadas. Y no pasa nada&hellip; hasta que pasa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente decisi&oacute;n del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitaci&oacute;n del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo. Es el s&iacute;ntoma de un modelo que hace aguas: contratos complejos, recursos constantes, retrasos acumulados y una sensaci&oacute;n generalizada de que el servicio nunca termina de estar a la altura.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, el debate p&uacute;blico ha defendido, con raz&oacute;n, la importancia de blindar la sanidad o la educaci&oacute;n. Pero rara vez se aplica ese mismo criterio a otros servicios que tambi&eacute;n son p&uacute;blicos por ley y por sentido com&uacute;n. El transporte urbano es uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hablamos de un servicio cualquiera. Hablamos de c&oacute;mo se mueve una ciudad, de qui&eacute;n puede acceder a su trabajo, de si vivir en una pedan&iacute;a es una desventaja o no. Hablamos, en definitiva, de igualdad, de favorecer la gesti&oacute;n del tiempo, de calidad de vida. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El modelo concesional tiene l&oacute;gica sobre el papel: el Ayuntamiento fija condiciones y una empresa especializada presta el servicio. Pero en la pr&aacute;ctica, ese equilibrio se rompe con facilidad. Cuando el contrato falla, todo falla. Cuando el dise&ntilde;o es defectuoso, las consecuencias duran a&ntilde;os. Y cuando hay conflictos, el margen de maniobra p&uacute;blica es limitado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Frente a esto, la gesti&oacute;n directa mediante una empresa p&uacute;blica no es una utop&iacute;a ni una rareza. Es, de hecho, el modelo habitual en muchas ciudades.&nbsp;Barcelona y Madrid gestionan su red a trav&eacute;s de empresas p&uacute;blicas, una empresa 100% municipal que ha sido capaz de modernizar su flota y asumir un papel clave en la movilidad urbana.&nbsp;Europa, urbes como Nantes o Rennes de un tama&ntilde;o medio a la de nuestra ciudad hacen lo propio, donde incluso los estudios han mostrado que la gesti&oacute;n p&uacute;blica puede ser m&aacute;s eficiente que la privada en determinadas condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Tal vez no sean sistemas perfectos, pero funcionan. Y, sobre todo, responden a una l&oacute;gica distinta: la del servicio, y no a la del beneficio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Eso no significa ignorar los riesgos. Crear una empresa p&uacute;blica exige inversi&oacute;n, planificaci&oacute;n y una gesti&oacute;n profesional que evite caer en ineficiencias o en el cortoplacismo pol&iacute;tico. Pero seguir como hasta ahora tambi&eacute;n tiene costes, aunque sean menos visibles: dependencia, rigidez contractual y una mejora del servicio que siempre parece aplazarse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La cuesti&oacute;n de fondo no es ideol&oacute;gica, sino de coherencia. Si defendemos que ciertos servicios deben garantizarse desde lo p&uacute;blico por su impacto en la vida de la gente, esa defensa no puede quedarse a medias. No puede limitarse a algunos &aacute;mbitos mientras en otros aceptamos modelos que, una y otra vez, generan problemas estructurales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia tiene ahora una oportunidad, aunque venga de la mano de un rev&eacute;s jur&iacute;dico. M&aacute;s all&aacute; de rehacer un contrato, quiz&aacute; ha llegado el momento de replantear el modelo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque si por ley la competencia y la gesti&oacute;n del servicio de transporte es p&uacute;blico, la pregunta es inevitable: &iquest;por qu&eacute; no lo prestamos como tal?</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7483443b-9e82-4509-a98e-ae43c0fbf1c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El debate público ya no gira en torno a si sería legítimo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tránsfugas. La discusión se limita a valorar si la operación sería viable o conveniente</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la pol&iacute;tica murciana hay anomal&iacute;as que, con el paso del tiempo, dejan de escandalizar y empiezan a parecer normales. El transfuguismo es una de ellas. Lo que deber&iacute;a provocar un rechazo inmediato, que un cargo electo abandone el partido con el que se present&oacute; a las elecciones y utilice su esca&ntilde;o para alterar mayor&iacute;as parlamentarias, se ha ido aceptando con una inquietante naturalidad. En pocos lugares se percibe con tanta claridad como en el laboratorio de la Regi&oacute;n de Murcia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La crisis interna en Vox vuelve a colocar sobre la mesa un escenario que en cualquier democracia m&iacute;nimamente exigente resultar&iacute;a inaceptable, pero que aqu&iacute; se analiza con fr&iacute;a aritm&eacute;tica parlamentaria, a L&oacute;pez Miras le bastar&iacute;an dos diputados para aguantar hasta mayo de 2027.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La aprobaci&oacute;n de los presupuestos y la estabilidad del Ejecutivo dependen de apoyos externos cada vez m&aacute;s inciertos. En ese contexto, la ruptura de apenas dos diputados de Vox bastar&iacute;a para convertir una minor&iacute;a parlamentaria en una mayor&iacute;a funcional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El debate p&uacute;blico ya no gira en torno a si ser&iacute;a leg&iacute;timo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tr&aacute;nsfugas. La discusi&oacute;n se limita a valorar si la operaci&oacute;n ser&iacute;a viable o conveniente. El transfuguismo ha dejado de ser un problema democr&aacute;tico para convertirse en una variable estrat&eacute;gica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia conoce bien este mecanismo. En 2021, una moci&oacute;n de censura impulsada por el partido que gan&oacute; las elecciones auton&oacute;micas del 2019 parec&iacute;a destinada a desalojar al Partido Popular del gobierno regional. La operaci&oacute;n se desplom&oacute; cuando Ciudadanos, quien le facilit&oacute; la investidura a L&oacute;pez Miras, siete de sus diputados, entre ellos nada m&aacute;s y nada menos que el Presidente de la Asamblea Regional, abandonaron la disciplina de su partido y con alguna prebenda terminaron sosteniendo al Ejecutivo de L&oacute;pez Miras. Aquella maniobra convirti&oacute; el Parlamento murciano en el ejemplo m&aacute;s visible de c&oacute;mo un pu&ntilde;ado de esca&ntilde;os puede deshacer en unos d&iacute;as lo que los votantes decidieron en las urnas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo m&aacute;s llamativo es que estas pr&aacute;cticas no ocurren en un vac&iacute;o pol&iacute;tico. La Comunidad Aut&oacute;noma de Murcia es una regi&oacute;n donde las redes de poder informal, empresariales, religiosas, universitarias han tenido hist&oacute;ricamente una influencia considerable en la vida p&uacute;blica. Durante a&ntilde;os, uno de esos polos de influencia gir&oacute; en torno a la UCAM y a la figura de su fundador, el empresario ya fallecido Jos&eacute; Luis Mendoza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mendoza no solo construy&oacute; una universidad privada; tambi&eacute;n articul&oacute; un entorno social y pol&iacute;tico lleno de privilegios con capacidad de proyectarse en distintos &aacute;mbitos de la vida p&uacute;blica murciana. Dentro de ese ecosistema se ha desarrollado parte de la trayectoria pol&iacute;tica de dirigentes como, Antelo ferviente disc&iacute;pulo despu&eacute;s de abandonar el baloncesto y uno de sus yernos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las redes de influencia rara vez desaparecen cuando cambian las siglas partidistas. Simplemente se adaptan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el problema de fondo no es qui&eacute;n pueda protagonizar un eventual transfuguismo ni qui&eacute;n pueda beneficiarse de &eacute;l. El problema es que el sistema pol&iacute;tico murciano lleva d&eacute;cadas reconociendo formalmente que el transfuguismo es una pr&aacute;ctica nociva y, al mismo tiempo, toler&aacute;ndolo cuando resulta &uacute;til.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El llamado Pacto Antitransfuguismo naci&oacute; precisamente para evitar que los partidos utilizaran deserciones individuales para alterar mayor&iacute;as institucionales. En teor&iacute;a, todas las fuerzas pol&iacute;ticas lo respaldan. En la pr&aacute;ctica, su cumplimiento suele evaporarse cuando la aritm&eacute;tica parlamentaria empieza a apretar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia se ha convertido demasiadas veces en el laboratorio donde estas contradicciones se hacen visibles. Cada nuevo episodio rebaja un poco m&aacute;s el umbral de tolerancia democr&aacute;tica. Cada nuevo caso de transfuguismo se discute menos en t&eacute;rminos &eacute;ticos y m&aacute;s en t&eacute;rminos de oportunidad pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y ese desplazamiento del debate es, quiz&aacute;, la se&ntilde;al m&aacute;s preocupante de todas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si la estabilidad de un gobierno depende de convencer a uno o dos diputados para que abandonen el partido con el que fueron elegidos, el problema no es solo la fragilidad parlamentaria. El problema es haber aceptado que los esca&ntilde;os pueden transformarse en piezas intercambiables dentro de un mercado pol&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando una democracia llega a ese punto, el transfuguismo deja de ser una anomal&iacute;a. Se convierte en sistema.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11a20aba-bada-4526-bc67-fbd25b4bdd47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140454.jpg" width="762" height="429" alt="La ficción de un solo sistema de formación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elección, termina separando al alumnado por origen social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia se habla de &ldquo;sistema educativo sostenido con fondos p&uacute;blicos&rdquo; como si fuera una realidad homog&eacute;nea. No lo es. En la pr&aacute;ctica, existen dos redes: una p&uacute;blica y otra concertada. Ambas financiadas con dinero p&uacute;blico, pero no sometidas a las mismas condiciones ni con los mismos resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos son conocidos, aunque pocas veces se ponen en el centro del debate: la escuela p&uacute;blica concentra mucho m&aacute;s alumnado de origen extranjero, familias con menos recursos y estudiantes con mayores necesidades educativas. La concertada, en cambio, mantiene en general perfiles m&aacute;s homog&eacute;neos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No es casualidad. Es el resultado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante d&eacute;cadas, la pol&iacute;tica educativa en la Regi&oacute;n de Murcia por parte del Partido Popular ha apostado por sostener y ampliar la red concertada mientras la escuela p&uacute;blica ha tenido que absorber m&aacute;s presi&oacute;n con menos recursos relativos. No hace falta buscar grandes declaraciones: basta con observar c&oacute;mo ha evolucionado el sistema.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En barrios como La Flota en la ciudad de Murcia, esta dualidad se ve con claridad. La concertada no solo est&aacute; presente: en algunos casos iguala o supera a la p&uacute;blica. Pero la diferencia no est&aacute; solo en el n&uacute;mero de centros, sino en qui&eacute;n acaba en cada uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las cuotas &ldquo;voluntarias&rdquo;, determinados proyectos educativos o din&aacute;micas de admisi&oacute;n act&uacute;an como filtros silenciosos. No excluyen de forma expl&iacute;cita, pero s&iacute; ordenan. Y lo hacen siempre en la misma direcci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elecci&oacute;n, termina separando al alumnado por origen social.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; es donde la cuesti&oacute;n deja de ser t&eacute;cnica y pasa a ser pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque cuando un sistema financiado con dinero p&uacute;blico no garantiza una distribuci&oacute;n equilibrada del alumnado, no estamos ante una simple diferencia de modelos. Estamos ante una forma de organizar la desigualdad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Se puede defender la existencia de la concertada. Lo que resulta m&aacute;s dif&iacute;cil es justificar que, con fondos p&uacute;blicos, funcione como una red paralela que no asume las mismas responsabilidades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hablar de esto no es ideolog&iacute;a. Es describir lo que ocurre.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y en la Regi&oacute;n de Murcia, lo que ocurre es que no hay un solo sistema educativo. Hay dos. Y no juegan con las mismas reglas.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 04:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El SMI como coartada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3a7b5b6-9d42-4eec-8c45-60e35bbe8b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El SMI como coartada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En política, cuestionar sistemáticamente el procedimiento es, en la práctica, una forma eficaz de bloquear el resultado</p></div><p class="article-text">
        El Ejecutivo regional asegura no oponerse a la subida del SMI, pero su bater&iacute;a de objeciones legales y t&eacute;cnicas revela una estrategia pol&iacute;tica clara: ralentizar, cuestionar y, en la pr&aacute;ctica, debilitar una de las pocas herramientas eficaces contra la precariedad. Hay una forma muy reconocible de oponerse a los avances sociales sin decirlo abiertamente: no negar el objetivo, pero s&iacute; discutir cada paso necesario para alcanzarlo. Eso es exactamente lo que est&aacute; haciendo el Gobierno regional con la subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI).
    </p><p class="article-text">
        El argumento oficial, no estamos en contra de la subida, sino de c&oacute;mo se aplica, suena razonable en la superficie. Pero cuando se examina de cerca, se convierte en una coartada. Porque en pol&iacute;tica, cuestionar sistem&aacute;ticamente el procedimiento es, en la pr&aacute;ctica, una forma eficaz de bloquear el resultado.
    </p><p class="article-text">
        El Ejecutivo auton&oacute;mico habla de &ldquo;vulneraci&oacute;n de la legalidad&rdquo;, de &ldquo;jerarqu&iacute;a normativa&rdquo; y de &ldquo;debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva&rdquo;. Conceptos jur&iacute;dicos complejos que, sin embargo, contrastan con una realidad mucho m&aacute;s simple: miles de trabajadores en la Regi&oacute;n de Murcia siguen atrapados en salarios bajos, convenios bloqueados y una precariedad estructural que no se resuelve sola.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil tomarse en serio la defensa de la negociaci&oacute;n colectiva cuando esta lleva a&ntilde;os fallando precisamente en los sectores m&aacute;s vulnerables. &iquest;D&oacute;nde estaba esa preocupaci&oacute;n institucional cuando los convenios no se actualizaban o cuando los sueldos quedaban por debajo de lo necesario para vivir con dignidad? Apelar ahora a ese marco como escudo frente al SMI no parece una defensa del di&aacute;logo social, sino un intento de preservar un statu quo claramente insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo un debate t&eacute;cnico, sino un modelo de sociedad. El SMI representa una l&iacute;nea roja: el m&iacute;nimo que una econom&iacute;a considera aceptable para vivir. Y en contextos donde el mercado laboral no corrige por s&iacute; mismo las desigualdades, cuestionar esa herramienta equivale a asumir, aunque no se diga expl&iacute;citamente, que hay trabajadores que pueden seguir cobrando por debajo de ese umbral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el &eacute;nfasis en aspectos como si el c&aacute;lculo debe basarse en el IPC o en otros indicadores econ&oacute;micos introduce una falsa neutralidad t&eacute;cnica. No es un debate inocente. Es una forma de desplazar la discusi&oacute;n lejos de su n&uacute;cleo pol&iacute;tico: qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde con cada decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, sindicatos como UGT y CCOO han se&ntilde;alado algo inc&oacute;modo pero evidente: m&aacute;s de 150.000 personas en la Regi&oacute;n dependen directamente del SMI. Para ellas, este no es un debate jur&iacute;dico ni acad&eacute;mico. Es una cuesti&oacute;n de supervivencia cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la postura del Gobierno regional no puede leerse como una mera discrepancia t&eacute;cnica. Es una toma de posici&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, conviene nombrarla sin rodeos: poner en cuesti&oacute;n el SMI en los t&eacute;rminos actuales significa, de facto, alinearse con quienes prefieren salarios m&aacute;s bajos y menor intervenci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es si se est&aacute; a favor o en contra de la subida en abstracto. La pregunta es si se est&aacute; dispuesto a asumir las consecuencias reales de frenarla, diluirla o condicionarla hasta vaciarla de contenido. Porque a estas alturas, lo que est&aacute; en juego no es el procedimiento. Es la dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 04:01:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El SMI como coartada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcc62006-1868-4636-b4ff-6c051b786151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La memoria no es un adorno que pueda añadirse después de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Alcalde de&nbsp;Murcia pretende inaugurar el pr&oacute;ximo 26 de marzo la segunda fase de rehabilitaci&oacute;n&nbsp;con una gran exposici&oacute;n. La operaci&oacute;n se presenta como un &eacute;xito de recuperaci&oacute;n patrimonial y un paso m&aacute;s para convertir el edificio en un espacio cultural de referencia. Sin embargo, tras el discurso institucional hay una ausencia dif&iacute;cil de justificar: el espacio de Memoria Democr&aacute;tica que exige su declaraci&oacute;n oficial como Lugar de Memoria sigue sin existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de un detalle menor ni de una cuesti&oacute;n simb&oacute;lica que pueda resolverse con una placa o un panel improvisado. La declaraci&oacute;n de la C&aacute;rcel Vieja como Lugar de Memoria Democr&aacute;tica implica obligaciones claras: preservar el significado hist&oacute;rico del lugar, explicar p&uacute;blicamente lo que all&iacute; ocurri&oacute; y dignificar a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria no es un adorno que pueda a&ntilde;adirse despu&eacute;s de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la C&aacute;rcel Vieja no es un contenedor cultural cualquiera. Durante d&eacute;cadas fue uno de los principales espacios de represi&oacute;n franquista en la Regi&oacute;n. Por sus galer&iacute;as pasaron miles de presos pol&iacute;ticos tras la Guerra Civil: republicanos, sindicalistas, militantes de partidos democr&aacute;ticos o simplemente ciudadanos denunciados por su entorno. El edificio que hoy se presenta como icono cultural fue durante a&ntilde;os un instrumento de castigo y silenciamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay adem&aacute;s un episodio hist&oacute;rico que ilustra hasta qu&eacute; punto la represi&oacute;n impregn&oacute; todo el entorno del penal. En plena dictadura, el cercano convento de las Agustinas fue cedido por el obispo de la di&oacute;cesis para ampliar el recinto penitenciario y adosarlo a la c&aacute;rcel. Aquella cesi&oacute;n permiti&oacute; reforzar un sistema pensado para encerrar a quienes hab&iacute;an sido derrotados pol&iacute;ticamente. La Iglesia colaboraba as&iacute;, de manera directa, en la maquinaria represiva del r&eacute;gimen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con estos antecedentes, inaugurar una fase decisiva de la rehabilitaci&oacute;n sin haber definido ni ejecutado el espacio de memoria no es una simple omisi&oacute;n t&eacute;cnica. Es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, los gobiernos del PP&nbsp;han mostrado un desinter&eacute;s persistente frente a las pol&iacute;ticas de memoria democr&aacute;tica. Cuando no las han bloqueado directamente, las han relegado a un segundo plano o las han vaciado de contenido. La historia reciente de Espa&ntilde;a est&aacute; llena de ejemplos: leyes sin presupuesto, proyectos paralizados y lugares de memoria convertidos en promesas aplazadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La C&aacute;rcel Vieja corre ahora el riesgo de convertirse en otro caso m&aacute;s de esa pol&iacute;tica de desmemoria. Se rehabilita el edificio, se programan exposiciones y se inaugura con titulares culturales, pero se posterga aquello que obliga a mirar de frente la historia de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El problema no es que la c&aacute;rcel se transforme en un espacio cultural. Ser&iacute;a deseable que lo fuera. El problema es hacerlo como si el pasado inc&oacute;modo del edificio fuera un obst&aacute;culo que conviene diluir entre exposiciones y actividades culturales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria democr&aacute;tica no puede tratarse como una nota a pie de p&aacute;gina en un proyecto arquitect&oacute;nico. Es una responsabilidad p&uacute;blica. Y en un lugar como la C&aacute;rcel Vieja, esa responsabilidad es a&uacute;n mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia puede convertir este edificio en un gran espacio cultural. Pero si lo hace sin asumir plenamente la memoria de quienes fueron encarcelados entre sus muros, la ciudad no estar&aacute; inaugurando un lugar de cultura: estar&aacute; inaugurando un elegante ejercicio de olvido.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie en su sano juicio está defendiendo al régimen iraní. Nadie está justificando a los ayatolás. Pero plantear el debate en esos términos es intelectualmente deshonesto</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las recientes declaraciones de Fernando L&oacute;pez Miras sobre el conflicto con Ir&aacute;n no son un desliz: es la expresi&oacute;n de una forma de entender la pol&iacute;tica exterior basada en consignas binarias. &ldquo;O con la Uni&oacute;n Europea o con los dictadores iran&iacute;es&rdquo;. El problema es que el mundo no funciona as&iacute;. Y, sobre todo, el Derecho Internacional no funciona as&iacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nadie en su sano juicio est&aacute; defendiendo al r&eacute;gimen iran&iacute;. Nadie est&aacute; justificando a los ayatol&aacute;s. Pero plantear el debate en esos t&eacute;rminos es intelectualmente deshonesto. Porque el verdadero dilema no es si estamos &ldquo;con Ir&aacute;n&rdquo; o &ldquo;con las democracias&rdquo;. El verdadero dilema es si estamos con las normas que rigen el orden internacional o con la l&oacute;gica del poder que permite a las grandes potencias actuar al margen de esas normas cuando les conviene.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a no elige entre bloques emocionales. Espa&ntilde;a est&aacute; jur&iacute;dicamente vinculada a la Uni&oacute;n Europea y al sistema multilateral consagrado en la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Y ese sistema establece algo muy claro: el uso de la fuerza no es una cuesti&oacute;n de afinidades pol&iacute;ticas, sino de legalidad. Solo la leg&iacute;tima defensa o un mandato del Consejo de Seguridad pueden ampararlo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando desde el Partido Popular se exige alineamiento autom&aacute;tico con &ldquo;nuestros socios&rdquo;, lo que en realidad se est&aacute; defendiendo es una pol&iacute;tica exterior subordinada, no una pol&iacute;tica exterior responsable. Se habla de prudencia mientras se agita la bandera del bloque. Se invoca la estabilidad mientras se normaliza que dos o tres potencias decidan unilateralmente qu&eacute; es leg&iacute;timo y qu&eacute; no lo es.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El l&iacute;der del PP, quiero creer que Feij&oacute;o, ha optado por esa misma senda: convertir la pol&iacute;tica internacional en una extensi&oacute;n de la batalla interna. Pero el Derecho Internacional no es un eslogan. No es una pancarta que se despliega contra el adversario dom&eacute;stico. Es el &uacute;nico escudo real que tienen los Estados medianos frente a la arbitrariedad de los m&aacute;s fuertes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque ese es el fondo del asunto que se evita cuidadosamente mencionar: si hoy aceptamos que nuestros aliados puedan actuar al margen del marco multilateral sin consecuencias, ma&ntilde;ana no tendremos legitimidad para exigir que otros no hagan lo mismo. Las normas no pueden ser obligatorias para los adversarios y optativas para los amigos. Eso no es orden internacional; es ley del m&aacute;s fuerte con barniz occidental.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Uni&oacute;n Europea presume, con raz&oacute;n, de ser un proyecto basado en el derecho y el multilateralismo. Pero esa credibilidad se construye con coherencia. Si la respuesta ante cada crisis es cerrar filas sin matices en torno a cualquier acci&oacute;n de Estados Unidos o de cualquier socio estrat&eacute;gico, entonces la llamada &ldquo;autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea&rdquo; es una ficci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Defender la legalidad internacional no es equidistancia moral. No es blanquear dictaduras. Es, precisamente, lo contrario: exigir que las reglas sean iguales para todos. Si se debilita ese principio, quienes m&aacute;s pierden no son las superpotencias, sino pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, cuya influencia depende de que existan normas compartidas y no solo correlaciones de fuerza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La simplificaci&oacute;n de L&oacute;pez Miras puede funcionar en un mitin. Puede arrancar aplausos f&aacute;ciles apelando al miedo y al enemigo externo. Pero empobrece el debate p&uacute;blico y, lo que es peor, transmite la idea de que la pol&iacute;tica exterior se reduce a elegir bando sin preguntarse por la legalidad de los actos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de estar contra Europa. Se trata de exigir que Europa sea coherente con lo que dice defender. No se trata de simpatizar con Ir&aacute;n. Se trata de no aceptar que el mundo sea gobernado a golpe de decisi&oacute;n unilateral sin control jur&iacute;dico efectivo. Y no se trata de tibieza, sino de firmeza democr&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la verdadera fortaleza de Occidente no es su capacidad militar. Es su compromiso con el Estado de derecho. Si ese compromiso se vuelve selectivo, deja de ser fortaleza y se convierte en simple conveniencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y entonces, ya no habr&aacute; diferencia real entre el discurso de los bloques y la l&oacute;gica que dicen combatir.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 05:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16a6d003-6e89-4386-b24e-3548d646e1b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Basta de condicionar la libertad de conciencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hablamos de devoción personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequívoco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En pleno siglo XXI, que todav&iacute;a se promuevan las fiestas locales en honor de una Virgen o Santo patr&oacute;n tiene su aquel, que las autoridades civiles o militares participen en manifestaciones religiosas, con banda, bast&oacute;n de mando y medallas al cuello. Lo que algunos llaman &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; es, en realidad, una manifestaci&oacute;n expl&iacute;cita de privilegio religioso institucional que ignora el principio de neutralidad y la diversidad de la sociedad espa&ntilde;ola.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de devoci&oacute;n personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequ&iacute;voco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta. Para quienes no son cat&oacute;licos, ateos o pertenecen a otras confesiones, esto no es cultura; es exclusi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante la dictadura, la Iglesia y el Estado eran uno. Los cargos p&uacute;blicos presid&iacute;an misas y procesiones como s&iacute;mbolo de autoridad, subordinando la representaci&oacute;n c&iacute;vica a la religi&oacute;n oficial. Hoy, 47 a&ntilde;os despu&eacute;s, la repetici&oacute;n de estos rituales con presencia institucional no es inocua ni neutral. Es un eco simb&oacute;lico de aquel modelo autoritario que pretende legitimar poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s de la fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada banda y cada bast&oacute;n de mando colocado frente al altar refuerzan la idea de que la instituci&oacute;n favorece a la religi&oacute;n mayoritaria, ignorando la pluralidad de la ciudadan&iacute;a. Y lo m&aacute;s preocupante: los propios cargos parecen verlo como &ldquo;normal&rdquo;, sin cuestionar el impacto en quienes no se identifican con esa fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El art&iacute;culo 16.3 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola permite cooperaci&oacute;n con las confesiones, pero nunca autoriza a los representantes p&uacute;blicos a protagonizar actos religiosos. La neutralidad no consiste en &ldquo;estar presente&rdquo; y posar para las c&aacute;maras: consiste en no usar el cargo p&uacute;blico para avalar una religi&oacute;n concreta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La confusi&oacute;n entre tradici&oacute;n y protagonismo institucional perpet&uacute;a la idea de que la representaci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; vinculada a la religi&oacute;n mayoritaria, lo cual es incompatible con la Espa&ntilde;a plural y democr&aacute;tica de hoy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a ha cambiado: la diversidad religiosa y la poblaci&oacute;n no creyente crecen cada a&ntilde;o. Lo que antes se consideraba &ldquo;normal&rdquo; hoy puede ofender o excluir. La asistencia de alcaldes y concejales a procesiones con s&iacute;mbolos institucionales es un acto que hiere la igualdad y la neutralidad. No se trata de atacar la devoci&oacute;n, sino de exigir que los cargos p&uacute;blicos respeten a toda la ciudadan&iacute;a y no la utilicen como escaparate de su poder.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">S&iacute; es voluntario y personal h&aacute;ganlo, pero sin usar s&iacute;mbolos, ni ostentar representaci&oacute;n institucional. La presencia de cargos institucionales en actos religiosos no es un gesto inocuo de tradici&oacute;n; es una forma simb&oacute;lica de privilegio confesional que ignora la pluralidad y vulnera la neutralidad del Estado. En una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica y diversa, los cargos p&uacute;blicos deben aprender a respetar la frontera entre representaci&oacute;n civil y devoci&oacute;n religiosa, o corren el riesgo de cometer apolog&iacute;a hacia el nacionalcatolicismo que se impuso durante la dictadura.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 05:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ya no vale hablar de la pésima financiación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace años como insuficiente y lesivo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Asamblea Regional ha rechazado apoyar el nuevo modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica propuesto por el Gobierno central. El argumento del Partido Popular es conocido: la Regi&oacute;n de Murcia seguir&iacute;a infrafinanciada y el sistema no corrige completamente el desequilibrio hist&oacute;rico. El diagn&oacute;stico puede discutirse en sus matices, pero lo que merece un an&aacute;lisis m&aacute;s riguroso es la consecuencia pol&iacute;tica de la decisi&oacute;n adoptada: supeditar cualquier mejora efectiva de financiaci&oacute;n a un hipot&eacute;tico cambio de Gobierno en Espa&ntilde;a.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el punto cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la propuesta estatal, con independencia de su dise&ntilde;o final, implicar&iacute;a para Murcia dos efectos objetivos: un incremento neto de recursos estructurales y una reducci&oacute;n sustancial de la carga de deuda asociada a la infrafinanciaci&oacute;n acumulada. Es decir, una mejora simult&aacute;nea del flujo anual de financiaci&oacute;n y del stock de endeudamiento. En t&eacute;rminos de econom&iacute;a p&uacute;blica regional, ambas variables son las que determinan la capacidad real de sostener el gasto en servicios fundamentales sin recurrir a ajustes o a m&aacute;s deuda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace a&ntilde;os como insuficiente y lesivo. La coherencia t&eacute;cnica exigir&iacute;a explicar por qu&eacute; es preferible permanecer en un modelo que genera d&eacute;ficit estructural de financiaci&oacute;n antes que transitar a otro que, aun imperfecto, reduce ese d&eacute;ficit.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La respuesta impl&iacute;cita es pol&iacute;tica, no financiera: la expectativa de que un futuro Ejecutivo del PP impulse un sistema m&aacute;s favorable. Pero esa hip&oacute;tesis descansa sobre tres supuestos altamente inciertos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El primero es la aritm&eacute;tica parlamentaria. La reforma de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica exige acuerdos multilaterales complejos y mayor&iacute;as reforzadas. No existe ninguna evidencia hist&oacute;rica de que un cambio de signo en La Moncloa facilite autom&aacute;ticamente ese consenso. De hecho, el actual modelo caduc&oacute; en 2014 con un Gobierno del PP y tampoco entonces se abord&oacute; su renovaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El segundo supuesto es el margen fiscal estatal. La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es una redistribuci&oacute;n abstracta: implica recursos presupuestarios efectivos. Cualquier reforma que mejore significativamente a las comunidades infrafinanciadas requiere aumentar el volumen global del sistema o redistribuirlo con ganadores y perdedores claros. Ninguno de esos escenarios es pol&iacute;ticamente neutro ni depende solo de la voluntad del partido que gobierne.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tercero es el coste de oportunidad temporal. Cada a&ntilde;o sin reforma supone para la Regi&oacute;n mantener un diferencial negativo de financiaci&oacute;n por habitante respecto a la media. Ese diferencial no es ret&oacute;rico: se traduce en menor capacidad de gasto sanitario, educativo y social o, alternativamente, en mayor endeudamiento para sostener niveles equivalentes de servicio. Posponer una mejora cierta hoy a cambio de una mejora hipot&eacute;tica ma&ntilde;ana tiene un coste acumulativo que rara vez se incorpora al debate pol&iacute;tico, pero que es cuantificable.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde esta perspectiva, la posici&oacute;n adoptada por el PP regional introduce una paradoja dif&iacute;cil de sostener: se denuncia de forma estructural la infrafinanciaci&oacute;n y, al mismo tiempo, se rechaza una propuesta que la reducir&iacute;a, no porque empeore la situaci&oacute;n relativa actual, sino porque no la corrige completamente y porque procede de un Gobierno de signo contrario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese desplazamiento del criterio, de la suficiencia financiera a la autor&iacute;a pol&iacute;tica del modelo, es lo que transforma una discusi&oacute;n t&eacute;cnica leg&iacute;tima en una decisi&oacute;n estrat&eacute;gicamente partidista. Y esa decisi&oacute;n tiene efectos materiales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es un marco abstracto de reparto territorial. Es el mecanismo que determina cu&aacute;nto puede gastar realmente una comunidad en sanidad, educaci&oacute;n o dependencia sin deteriorar su posici&oacute;n fiscal. En comunidades estructuralmente infrafinanciadas, cada mejora marginal tiene un impacto proporcionalmente mayor que en las que ya parten de niveles superiores.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso el debate relevante no es si el nuevo modelo resolver&iacute;a definitivamente la posici&oacute;n relativa de la Administraci&oacute;n Regional, algo que probablemente requerir&aacute; varias revisiones, sino si es racional rechazar una mejora verificable bajo la premisa de que en un futuro indeterminado podr&iacute;a existir otra mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pol&iacute;tica p&uacute;blica responsable suele operar con mejoras incrementales bajo restricciones reales. La pol&iacute;tica de espera, en cambio, traslada el riesgo a los ciudadanos: si la alternativa prometida no llega, la situaci&oacute;n inicial persiste o empeora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el riesgo que hoy asume el Gobierno Regional. Y convendr&iacute;a explicarlo con la misma claridad con la que se denuncia la infrafinanciaci&oacute;n. Porque, en financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, no decidir tambi&eacute;n es decidir: es elegir seguir como se est&aacute;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 18:34:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/601f72e3-3e18-4d17-ad6b-f8d13ef658e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de señalar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta incómoda: ¿Realmente estamos mejor que hace veinte años? ¿Tenemos más oportunidades? ¿Más futuro? ¿Más igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignación.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En la Regi&oacute;n de Murcia, miles de familias est&aacute;n pagando hasta 6.000 &euro; al a&ntilde;o para que sus hijos puedan estudiar un m&oacute;dulo de Formaci&oacute;n Profesional y no digo nada de un grado universitario en centros privados. No porque quieran, sino porque muchas veces no tienen otra opci&oacute;n. La educaci&oacute;n p&uacute;blica deliberadamente pierde recursos, la oferta se queda corta y la alternativa acaba siendo pagar o renunciar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Mientras tanto, m&aacute;s del 60% del electorado sigue respaldando, elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, lo mismo. No es mala suerte. No es casualidad. Es el resultado de una forma de votar que lleva d&eacute;cadas renunciando a exigir resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n es una de las comunidades con mayor continuidad pol&iacute;tica de toda Espa&ntilde;a. La derecha gobierna casi sin interrupci&oacute;n desde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. &iquest;El balance? Sueldos bajos, dependencia de un turismo de tercera, industria agroalimentaria intensiva y la construcci&oacute;n, fuga de j&oacute;venes cualificados, servicios p&uacute;blicos tensionados y una econom&iacute;a fr&aacute;gil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero el discurso sigue siendo siempre el mismo: bajar impuestos, libertad, y culpar de todos los males a los dem&aacute;s. La realidad es otra: menos impuestos para algunos, menos servicios para todos. Cuando se recorta financiaci&oacute;n p&uacute;blica, el dinero no desaparece. Se traslada. Lo acabamos pagando en matr&iacute;culas, en seguros privados, en academias, en cl&iacute;nicas, en residencias. En gastos que antes cubr&iacute;a lo com&uacute;n. No pagamos menos. Pagamos dos veces. Primero con impuestos, y despu&eacute;s con nuestra cartera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La pol&iacute;tica de privatizaci&oacute;n de la derecha no se anuncia a bombo y platillo. No llega con grandes titulares. Se hace poco a poco, con conciertos, externalizaciones, subvenciones selectivas y &ldquo;colaboraciones p&uacute;blico-privadas&rdquo; que casi siempre benefician a los mismos. Se debilita lo p&uacute;blico y se fortalece el negocio. Y cuando alguien se queda fuera, se le dice que es culpa suya.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Este modelo no ser&iacute;a posible sin una ciudadan&iacute;a que, en buena parte, ha normalizado votar por inercia. Votar &ldquo;a los de siempre&rdquo;. Votar por miedo. Votar porque &ldquo;los otros son peores&rdquo;, aunque no se sepa exactamente por qu&eacute;. Durante a&ntilde;os se ha construido un relato donde criticar al gobierno es &ldquo;ir contra los murcianos&rdquo;. Donde cuestionar el modelo es ser desleal. Donde cambiar es peligroso. As&iacute;, la pol&iacute;tica se convierte en identidad. Y la identidad sustituye al pensamiento cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero una democracia sin alternancia se degrada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin alternancia no hay presi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin presi&oacute;n no hay autocr&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin autocr&iacute;tica no hay mejora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Solo acomodamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La alternancia no es una cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica. Es una cuesti&oacute;n de salud democr&aacute;tica. Es la &uacute;nica forma de recordar a quien gobierna que no es due&ntilde;o de las instituciones. La Regi&oacute;n paga hoy el precio de no haber cambiado nunca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los j&oacute;venes que se marchan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan las familias que se endeudan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los pacientes que esperan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los estudiantes que no llegan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y, aun as&iacute;, seguimos votando igual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">No se trata de se&ntilde;alar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;Realmente estamos mejor que hace veinte a&ntilde;os? &iquest;Tenemos m&aacute;s oportunidades? &iquest;M&aacute;s futuro? &iquest;M&aacute;s igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n no est&aacute; condenada al atraso. Tiene talento, recursos y gente preparada. Lo que le falta es una ciudadan&iacute;a que deje de conformarse con lo mismo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Votar no es elegir un equipo. Es evaluar resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y en la Regi&oacute;n, los resultados llevan demasiado tiempo suspendiendo.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Educación,Sanidad,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9743523-518b-4aec-aabe-c14632ea9148_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de una carencia reciente ni de un problema técnico puntual. Es el resultado de años de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad política</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia presume, con raz&oacute;n, de ser un referente en depuraci&oacute;n y reutilizaci&oacute;n del agua. Las cifras oficiales hablan de eficiencia, sostenibilidad y liderazgo europeo. Sin embargo, detr&aacute;s de ese relato institucional hay realidades que no aparecen en las estad&iacute;sticas ni en los actos p&uacute;blicos. Una de ellas es la de Los Valientes, pedan&iacute;a de Molina de Segura, cuyos vecinos llevan d&eacute;cadas sin una depuradora en condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de una carencia reciente ni de un problema t&eacute;cnico puntual. Es el resultado de a&ntilde;os de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad pol&iacute;tica. Generaciones enteras han crecido escuchando que &ldquo;el proyecto est&aacute; en marcha&rdquo;, que &ldquo;ya queda poco&rdquo;, que &ldquo;est&aacute; previsto en los planes&rdquo;. Pero la infraestructura nunca llega.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, los vecinos cumplen. Cumplen pagando impuestos. Cumplen abonando, mes a mes, el canon de saneamiento en sus facturas del agua. Un impuesto auton&oacute;mico que no es simb&oacute;lico ni opcional, sino obligatorio y finalista: se recauda espec&iacute;ficamente para financiar la depuraci&oacute;n y el saneamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes se da una paradoja dif&iacute;cil de justificar: se paga por un servicio que no se recibe. Este hecho, por s&iacute; solo, deber&iacute;a provocar una reflexi&oacute;n profunda en las instituciones responsables. Porque no estamos ante un problema de recursos, la Regi&oacute;n gestiona cientos de millones de euros en infraestructuras hidr&aacute;ulicas, sino ante un problema de prioridades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; aparece una responsabilidad clara: ESAMUR. La Entidad de Saneamiento y Depuraci&oacute;n de Aguas Residuales de la Regi&oacute;n de Murcia gestionan el canon, planifica inversiones y coordina la red de depuradoras. Su funci&oacute;n es garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a un saneamiento digno. No solo los que viven en grandes n&uacute;cleos urbanos o zonas estrat&eacute;gicas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, Los Valientes sigue fuera del mapa real de inversiones. Durante a&ntilde;os, ESAMUR ha participado en convenios, estudios y anuncios relacionados con Molina de Segura y su entorno. Se han firmado acuerdos, se han reservado partidas y se han presentado proyectos. Pero en la pr&aacute;ctica, la depuradora de la pedan&iacute;a sigue siendo una promesa incumplida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, se invierten millones en modernizar instalaciones ya existentes, en ampliar plantas en otros municipios o en reforzar infraestructuras vinculadas al regad&iacute;o. Inversiones leg&iacute;timas, sin duda. Pero que no pueden servir como excusa para perpetuar una desigualdad territorial evidente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque lo que ocurre en Los Valientes no es una an&eacute;cdota. Es un ejemplo de c&oacute;mo las zonas perif&eacute;ricas y menos visibles quedan relegadas en la agenda pol&iacute;tica. Donde no hay focos, no hay prisas. Donde no hay r&eacute;dito electoral inmediato, se pospone.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias no son solo administrativas. Afectan a la salud p&uacute;blica, al entorno natural y a la calidad de vida. Afectan tambi&eacute;n a la confianza en las instituciones. &iquest;C&oacute;mo pedir responsabilidad ciudadana cuando la administraci&oacute;n no cumple con su parte?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los vecinos han hecho lo que se espera en una democracia: han presentado escritos, han solicitado reuniones, han acudido a los medios, han protestado de forma pac&iacute;fica y persistente. No han optado por el ruido, sino por la constancia. Y, aun as&iacute;, siguen esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pregunta es inevitable: &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os m&aacute;s?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos recibos m&aacute;s hay que pagar sin recibir el servicio correspondiente?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntas legislaturas m&aacute;s tienen que pasar sin una soluci&oacute;n definitiva?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos anuncios m&aacute;s hay que escuchar antes de que empiecen las obras?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">ESAMUR no puede seguir ampar&aacute;ndose en informes, tr&aacute;mites o complejidades t&eacute;cnicas. Su responsabilidad es convertir los recursos p&uacute;blicos en servicios reales. Y en este caso, no lo ha hecho.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes no piden trato de favor. Pide igualdad. Pide que el canon que paga se traduzca en infraestructuras. Pide que la gesti&oacute;n del agua, de la que tanto se presume, llegue tambi&eacute;n a quienes llevan demasiado tiempo esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque pagar sin recibir no es eficiencia. Es injusticia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y porque una Regi&oacute;n que aspira a liderar la gesti&oacute;n h&iacute;drica no puede permitirse dejar atr&aacute;s a parte de su ciudadan&iacute;a.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2026 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a451f3ba-67f8-44e2-b2b4-a5fe043705db_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135292.jpg" width="3067" height="1725" alt="La falacia de la okupación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este enfoque punitivo ignora que la ocupación es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situación no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusión social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente reforma impulsada por el PP y Vox en la Regi&oacute;n de Murcia se presenta como una medida firme contra la ocupaci&oacute;n ilegal. Seg&uacute;n sus promotores, su objetivo es impedir que &ldquo;los okupas&rdquo; se beneficien de la vivienda asequible financiada con dinero p&uacute;blico. Sin embargo, detr&aacute;s de este discurso aparentemente contundente se esconde otra realidad: la norma no va dirigida contra redes criminales organizadas, sino contra las personas m&aacute;s vulnerables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Conviene, adem&aacute;s, poner el problema en su justa dimensi&oacute;n. A nivel nacional, el Ministerio del Interior registr&oacute; 16.426 casos de ocupaci&oacute;n ilegal en 2024, una cifra que equivale a un promedio de unas 45 ocupaciones al d&iacute;a. Aunque eso pueda sonar elevado, representa poco m&aacute;s de 0,06 % del total de viviendas en Espa&ntilde;a, lo que indica que no estamos ante un fen&oacute;meno masivo que justifique una alarma social desproporcionada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos regionales confirman esa relativa minor&iacute;a del fen&oacute;meno. Seg&uacute;n fuentes locales, solo hay unos 435 casos de viviendas ocupadas ilegalmente, lo que representa aproximadamente el 0,05 % del parque total de viviendas en la Comunidad Aut&oacute;noma. Adem&aacute;s, aunque se iniciaron cerca de 500 procedimientos judiciales por ocupaci&oacute;n en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el tiempo promedio para desalojar un inmueble supera los 18 meses, lo que evidencia que lo que hay que mejorar, si acaso es esa demora.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que los portales inmobiliarios muestran que en ciertos segmentos del mercado, como viviendas en venta, la presencia de inmuebles ocupados puede alcanzar cifras m&aacute;s elevadas (por ejemplo, alrededor del 5% en la provincia de Murcia).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero es fundamental aclarar que este dato se refiere &uacute;nicamente a una parte muy concreta del mercado secundario y no al total del parque de viviendas disponible.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">PP y Vox defienden la reforma como una forma de proteger la legalidad y los derechos de los propietarios. Sin embargo, la legislaci&oacute;n vigente ya contempla mecanismos legales para proteger al propietario, incluidos procedimientos judiciales y desalojos, aunque lentos y mejorables, como muestran las cifras. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Presentar esta reforma como una necesidad urgente basada en una &ldquo;crisis de okupaci&oacute;n&rdquo; es, cuando menos, una simplificaci&oacute;n interesada. Los n&uacute;meros no respaldan una emergencia generalizada, sino un problema localizado y minoritario que la ley ya aborda, aunque con limitaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reforma no solo criminaliza, sino que excluye de facto del acceso a vivienda asequible a personas que hayan sido condenadas por ocupaci&oacute;n en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, como muestran los datos, la ocupaci&oacute;n no es un fen&oacute;meno homog&eacute;neo: puede ir desde grupos organizados hasta familias en situaci&oacute;n de precariedad que no encuentran otra alternativa habitacional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este enfoque punitivo ignora que la ocupaci&oacute;n es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situaci&oacute;n no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusi&oacute;n social. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias de este enfoque son profundas. Excluir a las personas m&aacute;s vulnerables del acceso a vivienda p&uacute;blica no soluciona el problema: lo perpetua. Sin un hogar estable es imposible mantener un empleo digno, escolarizar adecuadamente a los hijos o reconstruir un proyecto de vida. La exclusi&oacute;n se hace cr&oacute;nica y los conflictos sociales se intensifican.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s, medidas como esta contribuyen a estigmatizar la pobreza. Se transmite la idea de que quien ha ca&iacute;do en la exclusi&oacute;n es culpable de su situaci&oacute;n y que las causas estructurales, como la escasez de vivienda asequible o la precariedad econ&oacute;mica, son irrelevantes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La vivienda no deber&iacute;a ser un premio para los &ldquo;buenos ciudadanos&rdquo; ni un castigo para los &ldquo;malos&rdquo;. Deber&iacute;a ser una herramienta para garantizar dignidad, estabilidad y cohesi&oacute;n social. Convertirla en un instrumento punitivo puede generar r&eacute;ditos pol&iacute;ticos a corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si realmente se quiere combatir la ocupaci&oacute;n ilegal, la respuesta pasa por abrir puertas, no cerrarlas: m&aacute;s vivienda p&uacute;blica y asequible, pol&iacute;ticas efectivas de prevenci&oacute;n de desahucios, mediaci&oacute;n entre partes y apoyo social real. Todo lo dem&aacute;s es propaganda populista.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/873a82df-42ec-41d0-beef-e74d7693fe11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pacto que sacrifica el Mar Menor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad</p></div><p class="article-text">
        La reforma de la Ley del Mar Menor que impulsa el Gobierno regional de Fernando L&oacute;pez Miras no es un error t&eacute;cnico ni una discrepancia leg&iacute;tima sobre c&oacute;mo gestionar un ecosistema fr&aacute;gil. Es el resultado directo de un pacto pol&iacute;tico entre el PP y Vox que tiene un objetivo claro: desactivar las pocas barreras legales que incomodan a quienes llevan a&ntilde;os contaminando sin consecuencias reales.
    </p><p class="article-text">
        Conviene llamar a las cosas por su nombre. Esta reforma no nace del inter&eacute;s general ni de criterios cient&iacute;ficos. Nace de una alianza parlamentaria que intercambia protecci&oacute;n ambiental por estabilidad pol&iacute;tica, y que vuelve a utilizar el Mar Menor como moneda de cambio. El ecosistema, una vez m&aacute;s, paga el precio de los acuerdos de despacho.
    </p><p class="article-text">
        Permitir que empresas sancionadas por contaminar sigan accediendo a subvenciones p&uacute;blicas es una decisi&oacute;n profundamente ideol&oacute;gica. No es &ldquo;defender al sector primario&rdquo;, como repiten de forma mec&aacute;nica PP y Vox. Es blindar a los infractores, premiar el incumplimiento y castigar indirectamente a quienes s&iacute; respetan la ley. Es instaurar una competencia desleal financiada con dinero p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje es brutalmente claro: no importa cu&aacute;nto da&ntilde;es el medio ambiente; el Gobierno regional seguir&aacute; de tu lado. Si hay multa, se paga. Si hay protesta social, se ignora. Y si hay ayudas p&uacute;blicas, se reparten igual. Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente obsceno que esta contrarreforma llegue despu&eacute;s de que el Mar Menor haya sufrido colapsos ecol&oacute;gicos documentados, mortandades masivas y una degradaci&oacute;n reconocida internacionalmente. No se legisla desde la prevenci&oacute;n ni desde la reparaci&oacute;n, sino desde el negacionismo pr&aacute;ctico: aceptar el da&ntilde;o como algo inevitable y, por tanto, asumible.
    </p><p class="article-text">
        Vox nunca ha ocultado su desprecio por las pol&iacute;ticas ambientales. Forma parte de su ADN ideol&oacute;gico: negar la crisis ecol&oacute;gica, ridiculizar la protecci&oacute;n del medio ambiente y presentar cualquier l&iacute;mite legal como un ataque a la libertad econ&oacute;mica. Lo grave es que el Partido Popular, lejos de marcar distancia, asume ese marco y lo traduce en leyes para mantenerse en el poder.
    </p><p class="article-text">
        Porque esto va de poder. De conservar mayor&iacute;as. De no molestar a determinados intereses econ&oacute;micos. Y de trasladar el coste pol&iacute;tico y ambiental al conjunto de la ciudadan&iacute;a y a las generaciones futuras. Mientras tanto, se invoca el empleo, el campo o la econom&iacute;a como coartadas emocionales para justificar lo injustificable.
    </p><p class="article-text">
        Pero gobernar no es obedecer a los m&aacute;s ruidosos ni a los m&aacute;s influyentes. Gobernar es poner l&iacute;mites, especialmente cuando est&aacute; en juego un bien com&uacute;n irreemplazable. Y aqu&iacute; el l&iacute;mite se ha cruzado hace tiempo: cuando se decide que contaminar no solo no excluye del sistema, sino que sigue dando acceso a ayudas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        La reforma del PP con el apoyo de Vox no es solo un ataque al Mar Menor. Es un ataque al principio b&aacute;sico de igualdad ante la ley. Es decirle a la ciudadan&iacute;a que hay dos reglas: una estricta para la mayor&iacute;a y otra flexible para quienes contaminan con respaldo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor no necesita m&aacute;s pactos vergonzantes ni m&aacute;s cesiones a quienes lo han llevado al borde del colapso. Necesita exactamente lo contrario: leyes m&aacute;s duras, controles reales y responsabilidades personales, incluso penales, para quienes destruyen el medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, reformas a la baja, discursos vac&iacute;os y alianzas con el negacionismo, no es gesti&oacute;n. Es una renuncia deliberada a proteger una joya que es de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10c2dfa5-58d3-44d7-a2d9-e0631eb27448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La liberaci&oacute;n de 65 trabajadores extranjeros explotados en una finca agr&iacute;cola de Ulea no es solo una noticia policial. Es una enmienda a la totalidad al discurso que Vox y su l&iacute;der regional, Jos&eacute; &Aacute;ngel Antelo, llevan tiempo propagando sobre la migraci&oacute;n irregular.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque mientras Vox se&ntilde;ala al migrante como amenaza, invasor o problema de convivencia, la realidad demuestra algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: el sistema econ&oacute;mico y agr&iacute;cola que dicen defender se sostiene, en demasiadas ocasiones, sobre su explotaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de irregularidades menores ni de casos aislados. Hablamos de personas obligadas a trabajar en condiciones inhumanas, privadas de derechos b&aacute;sicos, sometidas por el miedo y la necesidad. Cinco detenidos, tres en prisi&oacute;n. Eso tiene un nombre: explotaci&oacute;n laboral grave. Y ocurre en el coraz&oacute;n del campo que Vox idealiza y dice proteger.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qui&eacute;n se beneficia realmente de la migraci&oacute;n irregular que Vox demoniza?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde luego, no los trabajadores. Se benefician quienes los contratan sin derechos, quienes los hacinan, quienes los amenazan con la deportaci&oacute;n si protestan. Y ese modelo no se combate con discursos incendiarios ni con expulsiones simb&oacute;licas, sino con inspecciones, regulaci&oacute;n y voluntad pol&iacute;tica. Justo lo que Vox rechaza de forma sistem&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El discurso de Antelo y de su partido no es inocuo. Genera miedo, y el miedo es el mejor aliado del explotador. Cuando una persona teme ser detenida o expulsada, no denuncia. Cuando se la presenta p&uacute;blicamente como sospechosa por el simple hecho de existir, se normaliza que se la trate como mercanc&iacute;a. Ese es el efecto real y tangible del discurso de la &ldquo;mano dura&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Vox habla sin descanso de &ldquo;ley y orden&rdquo;, pero guarda un silencio atronador ante el desorden moral y econ&oacute;mico que permite que decenas de personas sean tratadas como esclavos modernos. Nunca les o&iacute;mos exigir m&aacute;s inspecciones laborales en el campo. Nunca se&ntilde;alan a los empresarios explotadores. Nunca proponen regularizar para proteger derechos. El enemigo siempre es el &uacute;ltimo de la cadena, el m&aacute;s d&eacute;bil, el que no puede defenderse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; entra tambi&eacute;n la responsabilidad de su entorno social y pol&iacute;tico, de quienes repiten consignas sin detenerse a mirar las consecuencias. Porque no se puede clamar contra la migraci&oacute;n irregular mientras se aplaude un modelo productivo que la necesita para funcionar. No se puede exigir expulsiones masivas y luego fingir sorpresa cuando aparecen casos de explotaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Eso no es ingenuidad: es hipocres&iacute;a pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a necesita trabajadores en el campo. La Regi&oacute;n de Murcia los necesita. Lo que no necesita es un discurso que convierte a esas personas en chivos expiatorios mientras protege, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, a quienes hacen negocio con su vulnerabilidad. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El caso de Ulea deber&iacute;a servir para desmontar relatos interesados. Para recordar que el verdadero problema no son quienes vienen a trabajar, sino quienes se aprovechan de que llega de manera irregular, voz ni respaldo institucional. Y para evidenciar que un proyecto pol&iacute;tico que solo apunta hacia abajo, mientras mira hacia otro lado cuando el abuso viene de arriba, no defiende la ley ni el orden: defiende un privilegio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hay mayor fraude moral que utilizar el sufrimiento ajeno para ganar votos. Y no hay mayor indignidad que llamar amenaza a quien, en realidad, est&aacute; sosteniendo con su trabajo aquello que otros dicen amar.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></media:title>
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