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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_antonio_gallego_capel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La justicia que no es ágil no puede ser justa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/justicia-no-agil-no-justa_132_13249089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec4949f4-2fc9-439c-8913-31598df0cd8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La justicia que no es ágil no puede ser justa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El procedimiento de la desaladora de Escombreras, en el que figura el expresidente autonómico Ramón Luis Valcárcel, simboliza esa deriva</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Espa&ntilde;a se ha instalado una idea, pero cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de negar: la justicia es un desastre. Y una justicia que no &aacute;gil no es justicia, es otra cosa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El principio de igualdad ante la ley, recogido en la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola, sigue siendo incuestionable en el papel. Pero en la pr&aacute;ctica convive con una realidad que lo desmiente a diario: procedimientos interminables, macrocausas que se alargan durante m&aacute;s de una d&eacute;cada y decisiones que llegan cuando el caso ya ha perdido todo impacto social o pol&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es corrosivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las grandes causas de corrupci&oacute;n se han convertido en el espejo m&aacute;s inc&oacute;modo del sistema. Instrucciones eternas, recursos encadenados, piezas separadas, agendas imposibles. Y mientras tanto, una sensaci&oacute;n creciente en la ciudadan&iacute;a: la justicia no resuelve, administra el tiempo hasta que el tiempo resuelve por ella.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia es un ejemplo dif&iacute;cil de ignorar. El procedimiento de la desaladora de Escombreras, en el que figura el expresidente auton&oacute;mico Ram&oacute;n Luis Valc&aacute;rcel, simboliza esa deriva, lleva judicializado e investigado m&aacute;s de 15 a&ntilde;os y se prev&eacute; que la vista oral se celebre en septiembre de 2027. No importa solo el desenlace judicial, que llegar&aacute; cuando llegue, sino el efecto acumulado: a&ntilde;os de procedimiento que se traducen en a&ntilde;os de desgaste institucional. Y ese desgaste, una vez producido, ya no se revierte.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque aqu&iacute; est&aacute; el n&uacute;cleo del problema: la desigualdad no siempre est&aacute; en la sentencia, sino en el camino hasta ella. No todos los ciudadanos pueden sostener a&ntilde;os de litigio. No todos pueden pagar la espera. No todos pueden resistir el proceso. La igualdad formal existe; la material, no siempre.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y a esa desigualdad se suma otro elemento igual de da&ntilde;ino: la politizaci&oacute;n percibida del sistema. El bloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y su renovaci&oacute;n convertida en conflicto partidista permanente han convertido un &oacute;rgano clave en parte del problema en lugar de parte de la soluci&oacute;n. Aunque la independencia judicial individual exista, la arquitectura institucional proyecta una sospecha constante.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es devastador: la justicia pierde autoridad sin necesidad de dejar de funcionar. Basta con que funcione demasiado despacio, demasiado tarde y demasiado lejos del ciudadano.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque una justicia lenta no es una justicia imperfecta. Es una justicia que deja de cumplir su funci&oacute;n principal: ser cre&iacute;ble.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y cuando la justicia deja de ser cre&iacute;ble, no se resiente solo el sistema judicial. Se resiente la democracia.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/justicia-no-agil-no-justa_132_13249089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 04:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La justicia que no es ágil no puede ser justa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No son solo cinco años, es todo lo demás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-son-cinco-anos_132_13222772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/095ed0c2-3e4d-472a-a10e-9bb817876e20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No son solo cinco años, es todo lo demás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Iglesia lleva de siempre gestionando los abusos con una lógica reconocible: minimizar el escándalo, contener el daño mediático y presentar cada nueva condena como una excepción lamentable</p></div><p class="article-text">
        Cada vez que se conoce la condena a un sacerdote por abusos sexuales a menores, el debate p&uacute;blico parece seguir un ritual ya conocido: un titular, un rato de indignaci&oacute;n y una r&aacute;pida vuelta a la normalidad. Como si estuvi&eacute;ramos ante una anomal&iacute;a aislada y no frente a una patolog&iacute;a institucional que lleva d&eacute;cadas repiti&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, un nuevo caso en la Regi&oacute;n Murcia vuelve a dejar una sensaci&oacute;n dif&iacute;cil de ignorar. Cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n. La discusi&oacute;n inmediata gira, como siempre, en torno a si la pena es suficiente o insuficiente. Pero centrarse &uacute;nicamente en esa cifra es quedarse en la superficie del problema.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera cuesti&oacute;n es m&aacute;s delicada: &iquest;por qu&eacute; delitos de esta gravedad, cuando son cometidos por miembros de la Iglesia, no generan una exigencia social sostenida proporcional al da&ntilde;o causado?
    </p><p class="article-text">
        No hablamos de un ciudadano cualquiera investido accidentalmente de confianza. Hablamos de personas que ocupan posiciones de autoridad moral, cercan&iacute;a con menores y legitimidad social construida precisamente sobre una supuesta superioridad &eacute;tica. El abuso no es solo f&iacute;sico o psicol&oacute;gico; es tambi&eacute;n una demolici&oacute;n de la confianza depositada en una instituci&oacute;n que durante siglos ha reclamado autoridad sobre la educaci&oacute;n moral de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, el patr&oacute;n se repite. Se individualiza al culpable, se encapsula el caso y se evita mirar el marco general. Un sacerdote concreto. Una parroquia concreta. Un episodio concreto. Como si el problema fueran &uacute;nicamente determinadas &ldquo;manzanas podridas&rdquo; y no una cultura hist&oacute;rica de opacidad, corporativismo y protecci&oacute;n reputacional.
    </p><p class="article-text">
        La Iglesia lleva de siempre gestionando los abusos con una l&oacute;gica reconocible: minimizar el esc&aacute;ndalo, contener el da&ntilde;o medi&aacute;tico y presentar cada nueva condena como una excepci&oacute;n lamentable. Mientras tanto, las v&iacute;ctimas cargan durante a&ntilde;os, a menudo d&eacute;cadas, con secuelas que ning&uacute;n calendario penal puede medir.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no basta con celebrar que &ldquo;la justicia act&uacute;a&rdquo;. La justicia llega, demasiadas veces, tarde, fragmentada y despu&eacute;s de a&ntilde;os de silencio. Y cuando por fin llega, el foco p&uacute;blico dura menos que cualquier pol&eacute;mica pol&iacute;tica semanal.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el verdadero esc&aacute;ndalo democr&aacute;tico: la anestesia social.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil imaginar semejante contenci&oacute;n p&uacute;blica si una instituci&oacute;n cualquiera acumulase durante d&eacute;cadas casos de abuso a menores, din&aacute;micas internas de silencio y resistencias sistem&aacute;ticas a la rendici&oacute;n de cuentas. Pero la Iglesia sigue benefici&aacute;ndose de una especie de blindaje cultural residual, una deferencia heredada que opera incluso en sociedades formalmente secularizadas.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad democr&aacute;ticamente madura deber&iacute;a exigir m&aacute;s, no menos, a quienes se presentan como referentes morales. M&aacute;s transparencia, m&aacute;s responsabilidad y una conversaci&oacute;n p&uacute;blica menos c&oacute;moda.
    </p><p class="article-text">
        Y hay una contradicci&oacute;n especialmente obscena en todo esto. La misma instituci&oacute;n que hist&oacute;ricamente ha pretendido intervenir en debates p&uacute;blicos sobre familia, sexualidad, educaci&oacute;n afectiva o moral privada sigue arrastrando un historial devastador de abusos y respuestas insuficientes frente a ellos. Durante d&eacute;cadas se ha arrogado autoridad para decirle a la sociedad c&oacute;mo vivir, c&oacute;mo educar a sus hijos y qu&eacute; valores defender, mientras en su interior demasiadas veces se proteg&iacute;a el silencio antes que a las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el esc&aacute;ndalo no es &uacute;nicamente penal, sino profundamente pol&iacute;tico y cultural. Porque no hablamos solo de delitos individuales, sino de una estructura que durante demasiado tiempo ha disfrutado de legitimidad social sin asumir plenamente el coste de sus propias contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        El problema no son solo cinco a&ntilde;os. El problema es todo lo que todav&iacute;a permite que cinco a&ntilde;os sean la &uacute;nica cifra de la que terminamos hablando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-son-cinco-anos_132_13222772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No son solo cinco años, es todo lo demás]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La demagogia del 'Agua para todos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/demagogia-agua_132_13195955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c42f823b-46b2-4675-b6b0-503347f1da18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La demagogia del &#039;Agua para todos&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue una pieza maestra de comunicación política. Sencillo, emocional y fácil de repetir. El problema es que partía de una premisa embustera: que el agua es un recurso disponible que solo necesita ser mejor repartido</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia, el agua hace a&ntilde;os que dej&oacute; de ser solo un recurso. Es un argumento pol&iacute;tico, una bandera electoral y, en demasiadas ocasiones, una excusa para no afrontar decisiones inc&oacute;modas. Y en ese terreno, el Partido Popular ha sido especialmente eficaz construyendo un relato pol&iacute;ticamente rentable, pero que cada vez est&aacute; m&aacute;s alejado de la realidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El lema 'Agua para todos' fue una pieza maestra de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sencillo, emocional y f&aacute;cil de repetir. El problema es que part&iacute;a de una premisa embustera: que el agua es un recurso disponible que solo necesita ser mejor repartido. Como si la hidrolog&iacute;a dependiera del BOE.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Partido Popular es el eje de ese discurso. Pero tambi&eacute;n su l&iacute;mite. Porque no es una tuber&iacute;a m&aacute;gica: depende de la situaci&oacute;n real de otra cuenca, con sus propias sequ&iacute;as, sus propios usos y sus propios l&iacute;mites. Y cuando el agua no est&aacute;, no hay presi&oacute;n pol&iacute;tica que la cree.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aun as&iacute;, durante a&ntilde;os se ha insistido en presentar el problema como si fuera exclusivamente externo. Como si todo se resolviera con m&aacute;s trasvases, m&aacute;s obras y m&aacute;s voluntad. Mientras tanto, se ha evitado entrar en un debate que incomoda: el de los l&iacute;mites del modelo de explotaci&oacute;n agr&iacute;cola en el sureste.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En ese contexto, el papel del Sindicato Central de Regates del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) no puede analizarse como si fuera un actor neutro. Act&uacute;a como un lobby pol&iacute;tico y es leg&iacute;timo que defienda los intereses de sus asociados. Lo discutible es que su discurso haya funcionado durante a&ntilde;os como prolongaci&oacute;n del relato pol&iacute;tico dominante: m&aacute;s agua siempre, venga de donde venga, cueste lo que cueste, y resulta que cuando sobra en una parte es porque no falta en otra. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el problema es que no todo vale. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, distintas actuaciones administrativas y denuncias han se&ntilde;alado la existencia de&nbsp;regad&iacute;os sin autorizaci&oacute;n, extracciones irregulares de acu&iacute;feros y ampliaciones de superficie no ajustadas a la planificaci&oacute;n hidrol&oacute;gica. No son casos anecd&oacute;ticos en el debate p&uacute;blico, sino s&iacute;ntomas de un modelo que en algunos puntos ha ido por delante de las reglas que lo deber&iacute;an ordenar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y eso tiene consecuencias. Porque cuando se exige m&aacute;s agua mientras se estira el sistema por encima de sus l&iacute;mites, el resultado no es estabilidad: es tensi&oacute;n permanente. Tensi&oacute;n entre cuencas, entre territorios y dentro del propio modelo productivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La paradoja es que, mientras se mantiene el discurso de la escasez externa, la soluci&oacute;n que durante a&ntilde;os se despreciaba, la desalaci&oacute;n, se ha convertido en imprescindible. No por convicci&oacute;n, sino por necesidad. Y aun as&iacute;, el debate sigue atrapado en las mismas trincheras de hace d&eacute;cadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; el problema del agua en la Regi&oacute;n no sea solo t&eacute;cnico ni solo pol&iacute;tico. Quiz&aacute; sea, sobre todo, un problema de honestidad. Porque es m&aacute;s f&aacute;cil prometer lo imposible que asumir los l&iacute;mites. Y m&aacute;s rentable se&ntilde;alar fuera que mirar dentro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el agua no responde a estrategias de comunicaci&oacute;n. Responde a la f&iacute;sica, a la climatolog&iacute;a y a la gesti&oacute;n real de los recursos disponibles. Y cuanto m&aacute;s tarde se asuma eso, m&aacute;s caro ser&aacute; el ajuste.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay que decirlo sin rodeos: la Regi&oacute;n de Murcia no puede seguir construyendo su futuro sobre la dependencia del trasvase, reducir esa dependencia no es una renuncia. Es la &uacute;nica forma de garantizar la estabilidad. </span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/demagogia-agua_132_13195955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 04:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La demagogia del 'Agua para todos']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4881f59-38f5-434c-a4b3-c1e50b5d9575_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reciente decisión del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitación del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Murcia llevamos d&eacute;cadas aceptando una contradicci&oacute;n que apenas se discute: consideramos el transporte urbano un servicio p&uacute;blico esencial, pero su gesti&oacute;n sigue en manos privadas. Y no pasa nada&hellip; hasta que pasa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente decisi&oacute;n del Tribunal Central de Recursos Contractuales de tumbar la licitaci&oacute;n del nuevo contrato de autobuses no es solo un tropiezo administrativo. Es el s&iacute;ntoma de un modelo que hace aguas: contratos complejos, recursos constantes, retrasos acumulados y una sensaci&oacute;n generalizada de que el servicio nunca termina de estar a la altura.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, el debate p&uacute;blico ha defendido, con raz&oacute;n, la importancia de blindar la sanidad o la educaci&oacute;n. Pero rara vez se aplica ese mismo criterio a otros servicios que tambi&eacute;n son p&uacute;blicos por ley y por sentido com&uacute;n. El transporte urbano es uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hablamos de un servicio cualquiera. Hablamos de c&oacute;mo se mueve una ciudad, de qui&eacute;n puede acceder a su trabajo, de si vivir en una pedan&iacute;a es una desventaja o no. Hablamos, en definitiva, de igualdad, de favorecer la gesti&oacute;n del tiempo, de calidad de vida. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El modelo concesional tiene l&oacute;gica sobre el papel: el Ayuntamiento fija condiciones y una empresa especializada presta el servicio. Pero en la pr&aacute;ctica, ese equilibrio se rompe con facilidad. Cuando el contrato falla, todo falla. Cuando el dise&ntilde;o es defectuoso, las consecuencias duran a&ntilde;os. Y cuando hay conflictos, el margen de maniobra p&uacute;blica es limitado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Frente a esto, la gesti&oacute;n directa mediante una empresa p&uacute;blica no es una utop&iacute;a ni una rareza. Es, de hecho, el modelo habitual en muchas ciudades.&nbsp;Barcelona y Madrid gestionan su red a trav&eacute;s de empresas p&uacute;blicas, una empresa 100% municipal que ha sido capaz de modernizar su flota y asumir un papel clave en la movilidad urbana.&nbsp;Europa, urbes como Nantes o Rennes de un tama&ntilde;o medio a la de nuestra ciudad hacen lo propio, donde incluso los estudios han mostrado que la gesti&oacute;n p&uacute;blica puede ser m&aacute;s eficiente que la privada en determinadas condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Tal vez no sean sistemas perfectos, pero funcionan. Y, sobre todo, responden a una l&oacute;gica distinta: la del servicio, y no a la del beneficio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Eso no significa ignorar los riesgos. Crear una empresa p&uacute;blica exige inversi&oacute;n, planificaci&oacute;n y una gesti&oacute;n profesional que evite caer en ineficiencias o en el cortoplacismo pol&iacute;tico. Pero seguir como hasta ahora tambi&eacute;n tiene costes, aunque sean menos visibles: dependencia, rigidez contractual y una mejora del servicio que siempre parece aplazarse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La cuesti&oacute;n de fondo no es ideol&oacute;gica, sino de coherencia. Si defendemos que ciertos servicios deben garantizarse desde lo p&uacute;blico por su impacto en la vida de la gente, esa defensa no puede quedarse a medias. No puede limitarse a algunos &aacute;mbitos mientras en otros aceptamos modelos que, una y otra vez, generan problemas estructurales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia tiene ahora una oportunidad, aunque venga de la mano de un rev&eacute;s jur&iacute;dico. M&aacute;s all&aacute; de rehacer un contrato, quiz&aacute; ha llegado el momento de replantear el modelo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque si por ley la competencia y la gesti&oacute;n del servicio de transporte es p&uacute;blico, la pregunta es inevitable: &iquest;por qu&eacute; no lo prestamos como tal?</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/murcia-si-servicio-publico-no-prestamos_132_13166014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Murcia: si el servicio es público, ¿por qué no lo prestamos como tal?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7483443b-9e82-4509-a98e-ae43c0fbf1c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El debate público ya no gira en torno a si sería legítimo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tránsfugas. La discusión se limita a valorar si la operación sería viable o conveniente</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la pol&iacute;tica murciana hay anomal&iacute;as que, con el paso del tiempo, dejan de escandalizar y empiezan a parecer normales. El transfuguismo es una de ellas. Lo que deber&iacute;a provocar un rechazo inmediato, que un cargo electo abandone el partido con el que se present&oacute; a las elecciones y utilice su esca&ntilde;o para alterar mayor&iacute;as parlamentarias, se ha ido aceptando con una inquietante naturalidad. En pocos lugares se percibe con tanta claridad como en el laboratorio de la Regi&oacute;n de Murcia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La crisis interna en Vox vuelve a colocar sobre la mesa un escenario que en cualquier democracia m&iacute;nimamente exigente resultar&iacute;a inaceptable, pero que aqu&iacute; se analiza con fr&iacute;a aritm&eacute;tica parlamentaria, a L&oacute;pez Miras le bastar&iacute;an dos diputados para aguantar hasta mayo de 2027.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La aprobaci&oacute;n de los presupuestos y la estabilidad del Ejecutivo dependen de apoyos externos cada vez m&aacute;s inciertos. En ese contexto, la ruptura de apenas dos diputados de Vox bastar&iacute;a para convertir una minor&iacute;a parlamentaria en una mayor&iacute;a funcional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El debate p&uacute;blico ya no gira en torno a si ser&iacute;a leg&iacute;timo alterar la voluntad expresada en las urnas mediante tr&aacute;nsfugas. La discusi&oacute;n se limita a valorar si la operaci&oacute;n ser&iacute;a viable o conveniente. El transfuguismo ha dejado de ser un problema democr&aacute;tico para convertirse en una variable estrat&eacute;gica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia conoce bien este mecanismo. En 2021, una moci&oacute;n de censura impulsada por el partido que gan&oacute; las elecciones auton&oacute;micas del 2019 parec&iacute;a destinada a desalojar al Partido Popular del gobierno regional. La operaci&oacute;n se desplom&oacute; cuando Ciudadanos, quien le facilit&oacute; la investidura a L&oacute;pez Miras, siete de sus diputados, entre ellos nada m&aacute;s y nada menos que el Presidente de la Asamblea Regional, abandonaron la disciplina de su partido y con alguna prebenda terminaron sosteniendo al Ejecutivo de L&oacute;pez Miras. Aquella maniobra convirti&oacute; el Parlamento murciano en el ejemplo m&aacute;s visible de c&oacute;mo un pu&ntilde;ado de esca&ntilde;os puede deshacer en unos d&iacute;as lo que los votantes decidieron en las urnas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo m&aacute;s llamativo es que estas pr&aacute;cticas no ocurren en un vac&iacute;o pol&iacute;tico. La Comunidad Aut&oacute;noma de Murcia es una regi&oacute;n donde las redes de poder informal, empresariales, religiosas, universitarias han tenido hist&oacute;ricamente una influencia considerable en la vida p&uacute;blica. Durante a&ntilde;os, uno de esos polos de influencia gir&oacute; en torno a la UCAM y a la figura de su fundador, el empresario ya fallecido Jos&eacute; Luis Mendoza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mendoza no solo construy&oacute; una universidad privada; tambi&eacute;n articul&oacute; un entorno social y pol&iacute;tico lleno de privilegios con capacidad de proyectarse en distintos &aacute;mbitos de la vida p&uacute;blica murciana. Dentro de ese ecosistema se ha desarrollado parte de la trayectoria pol&iacute;tica de dirigentes como, Antelo ferviente disc&iacute;pulo despu&eacute;s de abandonar el baloncesto y uno de sus yernos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las redes de influencia rara vez desaparecen cuando cambian las siglas partidistas. Simplemente se adaptan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el problema de fondo no es qui&eacute;n pueda protagonizar un eventual transfuguismo ni qui&eacute;n pueda beneficiarse de &eacute;l. El problema es que el sistema pol&iacute;tico murciano lleva d&eacute;cadas reconociendo formalmente que el transfuguismo es una pr&aacute;ctica nociva y, al mismo tiempo, toler&aacute;ndolo cuando resulta &uacute;til.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El llamado Pacto Antitransfuguismo naci&oacute; precisamente para evitar que los partidos utilizaran deserciones individuales para alterar mayor&iacute;as institucionales. En teor&iacute;a, todas las fuerzas pol&iacute;ticas lo respaldan. En la pr&aacute;ctica, su cumplimiento suele evaporarse cuando la aritm&eacute;tica parlamentaria empieza a apretar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia se ha convertido demasiadas veces en el laboratorio donde estas contradicciones se hacen visibles. Cada nuevo episodio rebaja un poco m&aacute;s el umbral de tolerancia democr&aacute;tica. Cada nuevo caso de transfuguismo se discute menos en t&eacute;rminos &eacute;ticos y m&aacute;s en t&eacute;rminos de oportunidad pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y ese desplazamiento del debate es, quiz&aacute;, la se&ntilde;al m&aacute;s preocupante de todas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si la estabilidad de un gobierno depende de convencer a uno o dos diputados para que abandonen el partido con el que fueron elegidos, el problema no es solo la fragilidad parlamentaria. El problema es haber aceptado que los esca&ntilde;os pueden transformarse en piezas intercambiables dentro de un mercado pol&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando una democracia llega a ese punto, el transfuguismo deja de ser una anomal&iacute;a. Se convierte en sistema.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/transfuguismo-convirtio-sistema_132_13145008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo el transfuguismo se convirtió en sistema]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11a20aba-bada-4526-bc67-fbd25b4bdd47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140454.jpg" width="762" height="429" alt="La ficción de un solo sistema de formación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elección, termina separando al alumnado por origen social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia se habla de &ldquo;sistema educativo sostenido con fondos p&uacute;blicos&rdquo; como si fuera una realidad homog&eacute;nea. No lo es. En la pr&aacute;ctica, existen dos redes: una p&uacute;blica y otra concertada. Ambas financiadas con dinero p&uacute;blico, pero no sometidas a las mismas condiciones ni con los mismos resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos son conocidos, aunque pocas veces se ponen en el centro del debate: la escuela p&uacute;blica concentra mucho m&aacute;s alumnado de origen extranjero, familias con menos recursos y estudiantes con mayores necesidades educativas. La concertada, en cambio, mantiene en general perfiles m&aacute;s homog&eacute;neos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No es casualidad. Es el resultado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante d&eacute;cadas, la pol&iacute;tica educativa en la Regi&oacute;n de Murcia por parte del Partido Popular ha apostado por sostener y ampliar la red concertada mientras la escuela p&uacute;blica ha tenido que absorber m&aacute;s presi&oacute;n con menos recursos relativos. No hace falta buscar grandes declaraciones: basta con observar c&oacute;mo ha evolucionado el sistema.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En barrios como La Flota en la ciudad de Murcia, esta dualidad se ve con claridad. La concertada no solo est&aacute; presente: en algunos casos iguala o supera a la p&uacute;blica. Pero la diferencia no est&aacute; solo en el n&uacute;mero de centros, sino en qui&eacute;n acaba en cada uno de ellos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las cuotas &ldquo;voluntarias&rdquo;, determinados proyectos educativos o din&aacute;micas de admisi&oacute;n act&uacute;an como filtros silenciosos. No excluyen de forma expl&iacute;cita, pero s&iacute; ordenan. Y lo hacen siempre en la misma direcci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El resultado es un sistema que, bajo la apariencia de libertad de elecci&oacute;n, termina separando al alumnado por origen social.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; es donde la cuesti&oacute;n deja de ser t&eacute;cnica y pasa a ser pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque cuando un sistema financiado con dinero p&uacute;blico no garantiza una distribuci&oacute;n equilibrada del alumnado, no estamos ante una simple diferencia de modelos. Estamos ante una forma de organizar la desigualdad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Se puede defender la existencia de la concertada. Lo que resulta m&aacute;s dif&iacute;cil es justificar que, con fondos p&uacute;blicos, funcione como una red paralela que no asume las mismas responsabilidades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hablar de esto no es ideolog&iacute;a. Es describir lo que ocurre.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y en la Regi&oacute;n de Murcia, lo que ocurre es que no hay un solo sistema educativo. Hay dos. Y no juegan con las mismas reglas.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ficcion-sistema-formacion_132_13131289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 04:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ficción de un solo sistema de formación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El SMI como coartada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3a7b5b6-9d42-4eec-8c45-60e35bbe8b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El SMI como coartada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En política, cuestionar sistemáticamente el procedimiento es, en la práctica, una forma eficaz de bloquear el resultado</p></div><p class="article-text">
        El Ejecutivo regional asegura no oponerse a la subida del SMI, pero su bater&iacute;a de objeciones legales y t&eacute;cnicas revela una estrategia pol&iacute;tica clara: ralentizar, cuestionar y, en la pr&aacute;ctica, debilitar una de las pocas herramientas eficaces contra la precariedad. Hay una forma muy reconocible de oponerse a los avances sociales sin decirlo abiertamente: no negar el objetivo, pero s&iacute; discutir cada paso necesario para alcanzarlo. Eso es exactamente lo que est&aacute; haciendo el Gobierno regional con la subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI).
    </p><p class="article-text">
        El argumento oficial, no estamos en contra de la subida, sino de c&oacute;mo se aplica, suena razonable en la superficie. Pero cuando se examina de cerca, se convierte en una coartada. Porque en pol&iacute;tica, cuestionar sistem&aacute;ticamente el procedimiento es, en la pr&aacute;ctica, una forma eficaz de bloquear el resultado.
    </p><p class="article-text">
        El Ejecutivo auton&oacute;mico habla de &ldquo;vulneraci&oacute;n de la legalidad&rdquo;, de &ldquo;jerarqu&iacute;a normativa&rdquo; y de &ldquo;debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva&rdquo;. Conceptos jur&iacute;dicos complejos que, sin embargo, contrastan con una realidad mucho m&aacute;s simple: miles de trabajadores en la Regi&oacute;n de Murcia siguen atrapados en salarios bajos, convenios bloqueados y una precariedad estructural que no se resuelve sola.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil tomarse en serio la defensa de la negociaci&oacute;n colectiva cuando esta lleva a&ntilde;os fallando precisamente en los sectores m&aacute;s vulnerables. &iquest;D&oacute;nde estaba esa preocupaci&oacute;n institucional cuando los convenios no se actualizaban o cuando los sueldos quedaban por debajo de lo necesario para vivir con dignidad? Apelar ahora a ese marco como escudo frente al SMI no parece una defensa del di&aacute;logo social, sino un intento de preservar un statu quo claramente insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo un debate t&eacute;cnico, sino un modelo de sociedad. El SMI representa una l&iacute;nea roja: el m&iacute;nimo que una econom&iacute;a considera aceptable para vivir. Y en contextos donde el mercado laboral no corrige por s&iacute; mismo las desigualdades, cuestionar esa herramienta equivale a asumir, aunque no se diga expl&iacute;citamente, que hay trabajadores que pueden seguir cobrando por debajo de ese umbral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el &eacute;nfasis en aspectos como si el c&aacute;lculo debe basarse en el IPC o en otros indicadores econ&oacute;micos introduce una falsa neutralidad t&eacute;cnica. No es un debate inocente. Es una forma de desplazar la discusi&oacute;n lejos de su n&uacute;cleo pol&iacute;tico: qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde con cada decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, sindicatos como UGT y CCOO han se&ntilde;alado algo inc&oacute;modo pero evidente: m&aacute;s de 150.000 personas en la Regi&oacute;n dependen directamente del SMI. Para ellas, este no es un debate jur&iacute;dico ni acad&eacute;mico. Es una cuesti&oacute;n de supervivencia cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la postura del Gobierno regional no puede leerse como una mera discrepancia t&eacute;cnica. Es una toma de posici&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, conviene nombrarla sin rodeos: poner en cuesti&oacute;n el SMI en los t&eacute;rminos actuales significa, de facto, alinearse con quienes prefieren salarios m&aacute;s bajos y menor intervenci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es si se est&aacute; a favor o en contra de la subida en abstracto. La pregunta es si se est&aacute; dispuesto a asumir las consecuencias reales de frenarla, diluirla o condicionarla hasta vaciarla de contenido. Porque a estas alturas, lo que est&aacute; en juego no es el procedimiento. Es la dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 04:01:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El SMI como coartada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcc62006-1868-4636-b4ff-6c051b786151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La memoria no es un adorno que pueda añadirse después de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Alcalde de&nbsp;Murcia pretende inaugurar el pr&oacute;ximo 26 de marzo la segunda fase de rehabilitaci&oacute;n&nbsp;con una gran exposici&oacute;n. La operaci&oacute;n se presenta como un &eacute;xito de recuperaci&oacute;n patrimonial y un paso m&aacute;s para convertir el edificio en un espacio cultural de referencia. Sin embargo, tras el discurso institucional hay una ausencia dif&iacute;cil de justificar: el espacio de Memoria Democr&aacute;tica que exige su declaraci&oacute;n oficial como Lugar de Memoria sigue sin existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de un detalle menor ni de una cuesti&oacute;n simb&oacute;lica que pueda resolverse con una placa o un panel improvisado. La declaraci&oacute;n de la C&aacute;rcel Vieja como Lugar de Memoria Democr&aacute;tica implica obligaciones claras: preservar el significado hist&oacute;rico del lugar, explicar p&uacute;blicamente lo que all&iacute; ocurri&oacute; y dignificar a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria no es un adorno que pueda a&ntilde;adirse despu&eacute;s de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la C&aacute;rcel Vieja no es un contenedor cultural cualquiera. Durante d&eacute;cadas fue uno de los principales espacios de represi&oacute;n franquista en la Regi&oacute;n. Por sus galer&iacute;as pasaron miles de presos pol&iacute;ticos tras la Guerra Civil: republicanos, sindicalistas, militantes de partidos democr&aacute;ticos o simplemente ciudadanos denunciados por su entorno. El edificio que hoy se presenta como icono cultural fue durante a&ntilde;os un instrumento de castigo y silenciamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay adem&aacute;s un episodio hist&oacute;rico que ilustra hasta qu&eacute; punto la represi&oacute;n impregn&oacute; todo el entorno del penal. En plena dictadura, el cercano convento de las Agustinas fue cedido por el obispo de la di&oacute;cesis para ampliar el recinto penitenciario y adosarlo a la c&aacute;rcel. Aquella cesi&oacute;n permiti&oacute; reforzar un sistema pensado para encerrar a quienes hab&iacute;an sido derrotados pol&iacute;ticamente. La Iglesia colaboraba as&iacute;, de manera directa, en la maquinaria represiva del r&eacute;gimen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con estos antecedentes, inaugurar una fase decisiva de la rehabilitaci&oacute;n sin haber definido ni ejecutado el espacio de memoria no es una simple omisi&oacute;n t&eacute;cnica. Es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, los gobiernos del PP&nbsp;han mostrado un desinter&eacute;s persistente frente a las pol&iacute;ticas de memoria democr&aacute;tica. Cuando no las han bloqueado directamente, las han relegado a un segundo plano o las han vaciado de contenido. La historia reciente de Espa&ntilde;a est&aacute; llena de ejemplos: leyes sin presupuesto, proyectos paralizados y lugares de memoria convertidos en promesas aplazadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La C&aacute;rcel Vieja corre ahora el riesgo de convertirse en otro caso m&aacute;s de esa pol&iacute;tica de desmemoria. Se rehabilita el edificio, se programan exposiciones y se inaugura con titulares culturales, pero se posterga aquello que obliga a mirar de frente la historia de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El problema no es que la c&aacute;rcel se transforme en un espacio cultural. Ser&iacute;a deseable que lo fuera. El problema es hacerlo como si el pasado inc&oacute;modo del edificio fuera un obst&aacute;culo que conviene diluir entre exposiciones y actividades culturales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria democr&aacute;tica no puede tratarse como una nota a pie de p&aacute;gina en un proyecto arquitect&oacute;nico. Es una responsabilidad p&uacute;blica. Y en un lugar como la C&aacute;rcel Vieja, esa responsabilidad es a&uacute;n mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia puede convertir este edificio en un gran espacio cultural. Pero si lo hace sin asumir plenamente la memoria de quienes fueron encarcelados entre sus muros, la ciudad no estar&aacute; inaugurando un lugar de cultura: estar&aacute; inaugurando un elegante ejercicio de olvido.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie en su sano juicio está defendiendo al régimen iraní. Nadie está justificando a los ayatolás. Pero plantear el debate en esos términos es intelectualmente deshonesto</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las recientes declaraciones de Fernando L&oacute;pez Miras sobre el conflicto con Ir&aacute;n no son un desliz: es la expresi&oacute;n de una forma de entender la pol&iacute;tica exterior basada en consignas binarias. &ldquo;O con la Uni&oacute;n Europea o con los dictadores iran&iacute;es&rdquo;. El problema es que el mundo no funciona as&iacute;. Y, sobre todo, el Derecho Internacional no funciona as&iacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nadie en su sano juicio est&aacute; defendiendo al r&eacute;gimen iran&iacute;. Nadie est&aacute; justificando a los ayatol&aacute;s. Pero plantear el debate en esos t&eacute;rminos es intelectualmente deshonesto. Porque el verdadero dilema no es si estamos &ldquo;con Ir&aacute;n&rdquo; o &ldquo;con las democracias&rdquo;. El verdadero dilema es si estamos con las normas que rigen el orden internacional o con la l&oacute;gica del poder que permite a las grandes potencias actuar al margen de esas normas cuando les conviene.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a no elige entre bloques emocionales. Espa&ntilde;a est&aacute; jur&iacute;dicamente vinculada a la Uni&oacute;n Europea y al sistema multilateral consagrado en la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Y ese sistema establece algo muy claro: el uso de la fuerza no es una cuesti&oacute;n de afinidades pol&iacute;ticas, sino de legalidad. Solo la leg&iacute;tima defensa o un mandato del Consejo de Seguridad pueden ampararlo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando desde el Partido Popular se exige alineamiento autom&aacute;tico con &ldquo;nuestros socios&rdquo;, lo que en realidad se est&aacute; defendiendo es una pol&iacute;tica exterior subordinada, no una pol&iacute;tica exterior responsable. Se habla de prudencia mientras se agita la bandera del bloque. Se invoca la estabilidad mientras se normaliza que dos o tres potencias decidan unilateralmente qu&eacute; es leg&iacute;timo y qu&eacute; no lo es.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El l&iacute;der del PP, quiero creer que Feij&oacute;o, ha optado por esa misma senda: convertir la pol&iacute;tica internacional en una extensi&oacute;n de la batalla interna. Pero el Derecho Internacional no es un eslogan. No es una pancarta que se despliega contra el adversario dom&eacute;stico. Es el &uacute;nico escudo real que tienen los Estados medianos frente a la arbitrariedad de los m&aacute;s fuertes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque ese es el fondo del asunto que se evita cuidadosamente mencionar: si hoy aceptamos que nuestros aliados puedan actuar al margen del marco multilateral sin consecuencias, ma&ntilde;ana no tendremos legitimidad para exigir que otros no hagan lo mismo. Las normas no pueden ser obligatorias para los adversarios y optativas para los amigos. Eso no es orden internacional; es ley del m&aacute;s fuerte con barniz occidental.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Uni&oacute;n Europea presume, con raz&oacute;n, de ser un proyecto basado en el derecho y el multilateralismo. Pero esa credibilidad se construye con coherencia. Si la respuesta ante cada crisis es cerrar filas sin matices en torno a cualquier acci&oacute;n de Estados Unidos o de cualquier socio estrat&eacute;gico, entonces la llamada &ldquo;autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea&rdquo; es una ficci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Defender la legalidad internacional no es equidistancia moral. No es blanquear dictaduras. Es, precisamente, lo contrario: exigir que las reglas sean iguales para todos. Si se debilita ese principio, quienes m&aacute;s pierden no son las superpotencias, sino pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, cuya influencia depende de que existan normas compartidas y no solo correlaciones de fuerza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La simplificaci&oacute;n de L&oacute;pez Miras puede funcionar en un mitin. Puede arrancar aplausos f&aacute;ciles apelando al miedo y al enemigo externo. Pero empobrece el debate p&uacute;blico y, lo que es peor, transmite la idea de que la pol&iacute;tica exterior se reduce a elegir bando sin preguntarse por la legalidad de los actos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de estar contra Europa. Se trata de exigir que Europa sea coherente con lo que dice defender. No se trata de simpatizar con Ir&aacute;n. Se trata de no aceptar que el mundo sea gobernado a golpe de decisi&oacute;n unilateral sin control jur&iacute;dico efectivo. Y no se trata de tibieza, sino de firmeza democr&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la verdadera fortaleza de Occidente no es su capacidad militar. Es su compromiso con el Estado de derecho. Si ese compromiso se vuelve selectivo, deja de ser fortaleza y se convierte en simple conveniencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y entonces, ya no habr&aacute; diferencia real entre el discurso de los bloques y la l&oacute;gica que dicen combatir.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 05:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16a6d003-6e89-4386-b24e-3548d646e1b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Basta de condicionar la libertad de conciencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hablamos de devoción personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequívoco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En pleno siglo XXI, que todav&iacute;a se promuevan las fiestas locales en honor de una Virgen o Santo patr&oacute;n tiene su aquel, que las autoridades civiles o militares participen en manifestaciones religiosas, con banda, bast&oacute;n de mando y medallas al cuello. Lo que algunos llaman &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; es, en realidad, una manifestaci&oacute;n expl&iacute;cita de privilegio religioso institucional que ignora el principio de neutralidad y la diversidad de la sociedad espa&ntilde;ola.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de devoci&oacute;n personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequ&iacute;voco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta. Para quienes no son cat&oacute;licos, ateos o pertenecen a otras confesiones, esto no es cultura; es exclusi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante la dictadura, la Iglesia y el Estado eran uno. Los cargos p&uacute;blicos presid&iacute;an misas y procesiones como s&iacute;mbolo de autoridad, subordinando la representaci&oacute;n c&iacute;vica a la religi&oacute;n oficial. Hoy, 47 a&ntilde;os despu&eacute;s, la repetici&oacute;n de estos rituales con presencia institucional no es inocua ni neutral. Es un eco simb&oacute;lico de aquel modelo autoritario que pretende legitimar poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s de la fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada banda y cada bast&oacute;n de mando colocado frente al altar refuerzan la idea de que la instituci&oacute;n favorece a la religi&oacute;n mayoritaria, ignorando la pluralidad de la ciudadan&iacute;a. Y lo m&aacute;s preocupante: los propios cargos parecen verlo como &ldquo;normal&rdquo;, sin cuestionar el impacto en quienes no se identifican con esa fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El art&iacute;culo 16.3 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola permite cooperaci&oacute;n con las confesiones, pero nunca autoriza a los representantes p&uacute;blicos a protagonizar actos religiosos. La neutralidad no consiste en &ldquo;estar presente&rdquo; y posar para las c&aacute;maras: consiste en no usar el cargo p&uacute;blico para avalar una religi&oacute;n concreta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La confusi&oacute;n entre tradici&oacute;n y protagonismo institucional perpet&uacute;a la idea de que la representaci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; vinculada a la religi&oacute;n mayoritaria, lo cual es incompatible con la Espa&ntilde;a plural y democr&aacute;tica de hoy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a ha cambiado: la diversidad religiosa y la poblaci&oacute;n no creyente crecen cada a&ntilde;o. Lo que antes se consideraba &ldquo;normal&rdquo; hoy puede ofender o excluir. La asistencia de alcaldes y concejales a procesiones con s&iacute;mbolos institucionales es un acto que hiere la igualdad y la neutralidad. No se trata de atacar la devoci&oacute;n, sino de exigir que los cargos p&uacute;blicos respeten a toda la ciudadan&iacute;a y no la utilicen como escaparate de su poder.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">S&iacute; es voluntario y personal h&aacute;ganlo, pero sin usar s&iacute;mbolos, ni ostentar representaci&oacute;n institucional. La presencia de cargos institucionales en actos religiosos no es un gesto inocuo de tradici&oacute;n; es una forma simb&oacute;lica de privilegio confesional que ignora la pluralidad y vulnera la neutralidad del Estado. En una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica y diversa, los cargos p&uacute;blicos deben aprender a respetar la frontera entre representaci&oacute;n civil y devoci&oacute;n religiosa, o corren el riesgo de cometer apolog&iacute;a hacia el nacionalcatolicismo que se impuso durante la dictadura.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 05:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ya no vale hablar de la pésima financiación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace años como insuficiente y lesivo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Asamblea Regional ha rechazado apoyar el nuevo modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica propuesto por el Gobierno central. El argumento del Partido Popular es conocido: la Regi&oacute;n de Murcia seguir&iacute;a infrafinanciada y el sistema no corrige completamente el desequilibrio hist&oacute;rico. El diagn&oacute;stico puede discutirse en sus matices, pero lo que merece un an&aacute;lisis m&aacute;s riguroso es la consecuencia pol&iacute;tica de la decisi&oacute;n adoptada: supeditar cualquier mejora efectiva de financiaci&oacute;n a un hipot&eacute;tico cambio de Gobierno en Espa&ntilde;a.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el punto cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la propuesta estatal, con independencia de su dise&ntilde;o final, implicar&iacute;a para Murcia dos efectos objetivos: un incremento neto de recursos estructurales y una reducci&oacute;n sustancial de la carga de deuda asociada a la infrafinanciaci&oacute;n acumulada. Es decir, una mejora simult&aacute;nea del flujo anual de financiaci&oacute;n y del stock de endeudamiento. En t&eacute;rminos de econom&iacute;a p&uacute;blica regional, ambas variables son las que determinan la capacidad real de sostener el gasto en servicios fundamentales sin recurrir a ajustes o a m&aacute;s deuda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace a&ntilde;os como insuficiente y lesivo. La coherencia t&eacute;cnica exigir&iacute;a explicar por qu&eacute; es preferible permanecer en un modelo que genera d&eacute;ficit estructural de financiaci&oacute;n antes que transitar a otro que, aun imperfecto, reduce ese d&eacute;ficit.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La respuesta impl&iacute;cita es pol&iacute;tica, no financiera: la expectativa de que un futuro Ejecutivo del PP impulse un sistema m&aacute;s favorable. Pero esa hip&oacute;tesis descansa sobre tres supuestos altamente inciertos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El primero es la aritm&eacute;tica parlamentaria. La reforma de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica exige acuerdos multilaterales complejos y mayor&iacute;as reforzadas. No existe ninguna evidencia hist&oacute;rica de que un cambio de signo en La Moncloa facilite autom&aacute;ticamente ese consenso. De hecho, el actual modelo caduc&oacute; en 2014 con un Gobierno del PP y tampoco entonces se abord&oacute; su renovaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El segundo supuesto es el margen fiscal estatal. La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es una redistribuci&oacute;n abstracta: implica recursos presupuestarios efectivos. Cualquier reforma que mejore significativamente a las comunidades infrafinanciadas requiere aumentar el volumen global del sistema o redistribuirlo con ganadores y perdedores claros. Ninguno de esos escenarios es pol&iacute;ticamente neutro ni depende solo de la voluntad del partido que gobierne.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tercero es el coste de oportunidad temporal. Cada a&ntilde;o sin reforma supone para la Regi&oacute;n mantener un diferencial negativo de financiaci&oacute;n por habitante respecto a la media. Ese diferencial no es ret&oacute;rico: se traduce en menor capacidad de gasto sanitario, educativo y social o, alternativamente, en mayor endeudamiento para sostener niveles equivalentes de servicio. Posponer una mejora cierta hoy a cambio de una mejora hipot&eacute;tica ma&ntilde;ana tiene un coste acumulativo que rara vez se incorpora al debate pol&iacute;tico, pero que es cuantificable.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde esta perspectiva, la posici&oacute;n adoptada por el PP regional introduce una paradoja dif&iacute;cil de sostener: se denuncia de forma estructural la infrafinanciaci&oacute;n y, al mismo tiempo, se rechaza una propuesta que la reducir&iacute;a, no porque empeore la situaci&oacute;n relativa actual, sino porque no la corrige completamente y porque procede de un Gobierno de signo contrario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese desplazamiento del criterio, de la suficiencia financiera a la autor&iacute;a pol&iacute;tica del modelo, es lo que transforma una discusi&oacute;n t&eacute;cnica leg&iacute;tima en una decisi&oacute;n estrat&eacute;gicamente partidista. Y esa decisi&oacute;n tiene efectos materiales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es un marco abstracto de reparto territorial. Es el mecanismo que determina cu&aacute;nto puede gastar realmente una comunidad en sanidad, educaci&oacute;n o dependencia sin deteriorar su posici&oacute;n fiscal. En comunidades estructuralmente infrafinanciadas, cada mejora marginal tiene un impacto proporcionalmente mayor que en las que ya parten de niveles superiores.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso el debate relevante no es si el nuevo modelo resolver&iacute;a definitivamente la posici&oacute;n relativa de la Administraci&oacute;n Regional, algo que probablemente requerir&aacute; varias revisiones, sino si es racional rechazar una mejora verificable bajo la premisa de que en un futuro indeterminado podr&iacute;a existir otra mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pol&iacute;tica p&uacute;blica responsable suele operar con mejoras incrementales bajo restricciones reales. La pol&iacute;tica de espera, en cambio, traslada el riesgo a los ciudadanos: si la alternativa prometida no llega, la situaci&oacute;n inicial persiste o empeora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el riesgo que hoy asume el Gobierno Regional. Y convendr&iacute;a explicarlo con la misma claridad con la que se denuncia la infrafinanciaci&oacute;n. Porque, en financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, no decidir tambi&eacute;n es decidir: es elegir seguir como se est&aacute;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 18:34:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/601f72e3-3e18-4d17-ad6b-f8d13ef658e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de señalar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta incómoda: ¿Realmente estamos mejor que hace veinte años? ¿Tenemos más oportunidades? ¿Más futuro? ¿Más igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignación.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En la Regi&oacute;n de Murcia, miles de familias est&aacute;n pagando hasta 6.000 &euro; al a&ntilde;o para que sus hijos puedan estudiar un m&oacute;dulo de Formaci&oacute;n Profesional y no digo nada de un grado universitario en centros privados. No porque quieran, sino porque muchas veces no tienen otra opci&oacute;n. La educaci&oacute;n p&uacute;blica deliberadamente pierde recursos, la oferta se queda corta y la alternativa acaba siendo pagar o renunciar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Mientras tanto, m&aacute;s del 60% del electorado sigue respaldando, elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, lo mismo. No es mala suerte. No es casualidad. Es el resultado de una forma de votar que lleva d&eacute;cadas renunciando a exigir resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n es una de las comunidades con mayor continuidad pol&iacute;tica de toda Espa&ntilde;a. La derecha gobierna casi sin interrupci&oacute;n desde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. &iquest;El balance? Sueldos bajos, dependencia de un turismo de tercera, industria agroalimentaria intensiva y la construcci&oacute;n, fuga de j&oacute;venes cualificados, servicios p&uacute;blicos tensionados y una econom&iacute;a fr&aacute;gil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero el discurso sigue siendo siempre el mismo: bajar impuestos, libertad, y culpar de todos los males a los dem&aacute;s. La realidad es otra: menos impuestos para algunos, menos servicios para todos. Cuando se recorta financiaci&oacute;n p&uacute;blica, el dinero no desaparece. Se traslada. Lo acabamos pagando en matr&iacute;culas, en seguros privados, en academias, en cl&iacute;nicas, en residencias. En gastos que antes cubr&iacute;a lo com&uacute;n. No pagamos menos. Pagamos dos veces. Primero con impuestos, y despu&eacute;s con nuestra cartera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La pol&iacute;tica de privatizaci&oacute;n de la derecha no se anuncia a bombo y platillo. No llega con grandes titulares. Se hace poco a poco, con conciertos, externalizaciones, subvenciones selectivas y &ldquo;colaboraciones p&uacute;blico-privadas&rdquo; que casi siempre benefician a los mismos. Se debilita lo p&uacute;blico y se fortalece el negocio. Y cuando alguien se queda fuera, se le dice que es culpa suya.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Este modelo no ser&iacute;a posible sin una ciudadan&iacute;a que, en buena parte, ha normalizado votar por inercia. Votar &ldquo;a los de siempre&rdquo;. Votar por miedo. Votar porque &ldquo;los otros son peores&rdquo;, aunque no se sepa exactamente por qu&eacute;. Durante a&ntilde;os se ha construido un relato donde criticar al gobierno es &ldquo;ir contra los murcianos&rdquo;. Donde cuestionar el modelo es ser desleal. Donde cambiar es peligroso. As&iacute;, la pol&iacute;tica se convierte en identidad. Y la identidad sustituye al pensamiento cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero una democracia sin alternancia se degrada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin alternancia no hay presi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin presi&oacute;n no hay autocr&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin autocr&iacute;tica no hay mejora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Solo acomodamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La alternancia no es una cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica. Es una cuesti&oacute;n de salud democr&aacute;tica. Es la &uacute;nica forma de recordar a quien gobierna que no es due&ntilde;o de las instituciones. La Regi&oacute;n paga hoy el precio de no haber cambiado nunca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los j&oacute;venes que se marchan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan las familias que se endeudan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los pacientes que esperan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los estudiantes que no llegan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y, aun as&iacute;, seguimos votando igual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">No se trata de se&ntilde;alar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;Realmente estamos mejor que hace veinte a&ntilde;os? &iquest;Tenemos m&aacute;s oportunidades? &iquest;M&aacute;s futuro? &iquest;M&aacute;s igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n no est&aacute; condenada al atraso. Tiene talento, recursos y gente preparada. Lo que le falta es una ciudadan&iacute;a que deje de conformarse con lo mismo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Votar no es elegir un equipo. Es evaluar resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y en la Regi&oacute;n, los resultados llevan demasiado tiempo suspendiendo.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Educación,Sanidad,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9743523-518b-4aec-aabe-c14632ea9148_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de una carencia reciente ni de un problema técnico puntual. Es el resultado de años de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad política</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia presume, con raz&oacute;n, de ser un referente en depuraci&oacute;n y reutilizaci&oacute;n del agua. Las cifras oficiales hablan de eficiencia, sostenibilidad y liderazgo europeo. Sin embargo, detr&aacute;s de ese relato institucional hay realidades que no aparecen en las estad&iacute;sticas ni en los actos p&uacute;blicos. Una de ellas es la de Los Valientes, pedan&iacute;a de Molina de Segura, cuyos vecinos llevan d&eacute;cadas sin una depuradora en condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de una carencia reciente ni de un problema t&eacute;cnico puntual. Es el resultado de a&ntilde;os de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad pol&iacute;tica. Generaciones enteras han crecido escuchando que &ldquo;el proyecto est&aacute; en marcha&rdquo;, que &ldquo;ya queda poco&rdquo;, que &ldquo;est&aacute; previsto en los planes&rdquo;. Pero la infraestructura nunca llega.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, los vecinos cumplen. Cumplen pagando impuestos. Cumplen abonando, mes a mes, el canon de saneamiento en sus facturas del agua. Un impuesto auton&oacute;mico que no es simb&oacute;lico ni opcional, sino obligatorio y finalista: se recauda espec&iacute;ficamente para financiar la depuraci&oacute;n y el saneamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes se da una paradoja dif&iacute;cil de justificar: se paga por un servicio que no se recibe. Este hecho, por s&iacute; solo, deber&iacute;a provocar una reflexi&oacute;n profunda en las instituciones responsables. Porque no estamos ante un problema de recursos, la Regi&oacute;n gestiona cientos de millones de euros en infraestructuras hidr&aacute;ulicas, sino ante un problema de prioridades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; aparece una responsabilidad clara: ESAMUR. La Entidad de Saneamiento y Depuraci&oacute;n de Aguas Residuales de la Regi&oacute;n de Murcia gestionan el canon, planifica inversiones y coordina la red de depuradoras. Su funci&oacute;n es garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a un saneamiento digno. No solo los que viven en grandes n&uacute;cleos urbanos o zonas estrat&eacute;gicas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, Los Valientes sigue fuera del mapa real de inversiones. Durante a&ntilde;os, ESAMUR ha participado en convenios, estudios y anuncios relacionados con Molina de Segura y su entorno. Se han firmado acuerdos, se han reservado partidas y se han presentado proyectos. Pero en la pr&aacute;ctica, la depuradora de la pedan&iacute;a sigue siendo una promesa incumplida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, se invierten millones en modernizar instalaciones ya existentes, en ampliar plantas en otros municipios o en reforzar infraestructuras vinculadas al regad&iacute;o. Inversiones leg&iacute;timas, sin duda. Pero que no pueden servir como excusa para perpetuar una desigualdad territorial evidente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque lo que ocurre en Los Valientes no es una an&eacute;cdota. Es un ejemplo de c&oacute;mo las zonas perif&eacute;ricas y menos visibles quedan relegadas en la agenda pol&iacute;tica. Donde no hay focos, no hay prisas. Donde no hay r&eacute;dito electoral inmediato, se pospone.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias no son solo administrativas. Afectan a la salud p&uacute;blica, al entorno natural y a la calidad de vida. Afectan tambi&eacute;n a la confianza en las instituciones. &iquest;C&oacute;mo pedir responsabilidad ciudadana cuando la administraci&oacute;n no cumple con su parte?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los vecinos han hecho lo que se espera en una democracia: han presentado escritos, han solicitado reuniones, han acudido a los medios, han protestado de forma pac&iacute;fica y persistente. No han optado por el ruido, sino por la constancia. Y, aun as&iacute;, siguen esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pregunta es inevitable: &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os m&aacute;s?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos recibos m&aacute;s hay que pagar sin recibir el servicio correspondiente?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntas legislaturas m&aacute;s tienen que pasar sin una soluci&oacute;n definitiva?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos anuncios m&aacute;s hay que escuchar antes de que empiecen las obras?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">ESAMUR no puede seguir ampar&aacute;ndose en informes, tr&aacute;mites o complejidades t&eacute;cnicas. Su responsabilidad es convertir los recursos p&uacute;blicos en servicios reales. Y en este caso, no lo ha hecho.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes no piden trato de favor. Pide igualdad. Pide que el canon que paga se traduzca en infraestructuras. Pide que la gesti&oacute;n del agua, de la que tanto se presume, llegue tambi&eacute;n a quienes llevan demasiado tiempo esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque pagar sin recibir no es eficiencia. Es injusticia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y porque una Regi&oacute;n que aspira a liderar la gesti&oacute;n h&iacute;drica no puede permitirse dejar atr&aacute;s a parte de su ciudadan&iacute;a.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2026 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a451f3ba-67f8-44e2-b2b4-a5fe043705db_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135292.jpg" width="3067" height="1725" alt="La falacia de la okupación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este enfoque punitivo ignora que la ocupación es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situación no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusión social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente reforma impulsada por el PP y Vox en la Regi&oacute;n de Murcia se presenta como una medida firme contra la ocupaci&oacute;n ilegal. Seg&uacute;n sus promotores, su objetivo es impedir que &ldquo;los okupas&rdquo; se beneficien de la vivienda asequible financiada con dinero p&uacute;blico. Sin embargo, detr&aacute;s de este discurso aparentemente contundente se esconde otra realidad: la norma no va dirigida contra redes criminales organizadas, sino contra las personas m&aacute;s vulnerables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Conviene, adem&aacute;s, poner el problema en su justa dimensi&oacute;n. A nivel nacional, el Ministerio del Interior registr&oacute; 16.426 casos de ocupaci&oacute;n ilegal en 2024, una cifra que equivale a un promedio de unas 45 ocupaciones al d&iacute;a. Aunque eso pueda sonar elevado, representa poco m&aacute;s de 0,06 % del total de viviendas en Espa&ntilde;a, lo que indica que no estamos ante un fen&oacute;meno masivo que justifique una alarma social desproporcionada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos regionales confirman esa relativa minor&iacute;a del fen&oacute;meno. Seg&uacute;n fuentes locales, solo hay unos 435 casos de viviendas ocupadas ilegalmente, lo que representa aproximadamente el 0,05 % del parque total de viviendas en la Comunidad Aut&oacute;noma. Adem&aacute;s, aunque se iniciaron cerca de 500 procedimientos judiciales por ocupaci&oacute;n en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el tiempo promedio para desalojar un inmueble supera los 18 meses, lo que evidencia que lo que hay que mejorar, si acaso es esa demora.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que los portales inmobiliarios muestran que en ciertos segmentos del mercado, como viviendas en venta, la presencia de inmuebles ocupados puede alcanzar cifras m&aacute;s elevadas (por ejemplo, alrededor del 5% en la provincia de Murcia).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero es fundamental aclarar que este dato se refiere &uacute;nicamente a una parte muy concreta del mercado secundario y no al total del parque de viviendas disponible.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">PP y Vox defienden la reforma como una forma de proteger la legalidad y los derechos de los propietarios. Sin embargo, la legislaci&oacute;n vigente ya contempla mecanismos legales para proteger al propietario, incluidos procedimientos judiciales y desalojos, aunque lentos y mejorables, como muestran las cifras. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Presentar esta reforma como una necesidad urgente basada en una &ldquo;crisis de okupaci&oacute;n&rdquo; es, cuando menos, una simplificaci&oacute;n interesada. Los n&uacute;meros no respaldan una emergencia generalizada, sino un problema localizado y minoritario que la ley ya aborda, aunque con limitaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reforma no solo criminaliza, sino que excluye de facto del acceso a vivienda asequible a personas que hayan sido condenadas por ocupaci&oacute;n en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, como muestran los datos, la ocupaci&oacute;n no es un fen&oacute;meno homog&eacute;neo: puede ir desde grupos organizados hasta familias en situaci&oacute;n de precariedad que no encuentran otra alternativa habitacional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este enfoque punitivo ignora que la ocupaci&oacute;n es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situaci&oacute;n no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusi&oacute;n social. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias de este enfoque son profundas. Excluir a las personas m&aacute;s vulnerables del acceso a vivienda p&uacute;blica no soluciona el problema: lo perpetua. Sin un hogar estable es imposible mantener un empleo digno, escolarizar adecuadamente a los hijos o reconstruir un proyecto de vida. La exclusi&oacute;n se hace cr&oacute;nica y los conflictos sociales se intensifican.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s, medidas como esta contribuyen a estigmatizar la pobreza. Se transmite la idea de que quien ha ca&iacute;do en la exclusi&oacute;n es culpable de su situaci&oacute;n y que las causas estructurales, como la escasez de vivienda asequible o la precariedad econ&oacute;mica, son irrelevantes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La vivienda no deber&iacute;a ser un premio para los &ldquo;buenos ciudadanos&rdquo; ni un castigo para los &ldquo;malos&rdquo;. Deber&iacute;a ser una herramienta para garantizar dignidad, estabilidad y cohesi&oacute;n social. Convertirla en un instrumento punitivo puede generar r&eacute;ditos pol&iacute;ticos a corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si realmente se quiere combatir la ocupaci&oacute;n ilegal, la respuesta pasa por abrir puertas, no cerrarlas: m&aacute;s vivienda p&uacute;blica y asequible, pol&iacute;ticas efectivas de prevenci&oacute;n de desahucios, mediaci&oacute;n entre partes y apoyo social real. Todo lo dem&aacute;s es propaganda populista.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/873a82df-42ec-41d0-beef-e74d7693fe11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pacto que sacrifica el Mar Menor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad</p></div><p class="article-text">
        La reforma de la Ley del Mar Menor que impulsa el Gobierno regional de Fernando L&oacute;pez Miras no es un error t&eacute;cnico ni una discrepancia leg&iacute;tima sobre c&oacute;mo gestionar un ecosistema fr&aacute;gil. Es el resultado directo de un pacto pol&iacute;tico entre el PP y Vox que tiene un objetivo claro: desactivar las pocas barreras legales que incomodan a quienes llevan a&ntilde;os contaminando sin consecuencias reales.
    </p><p class="article-text">
        Conviene llamar a las cosas por su nombre. Esta reforma no nace del inter&eacute;s general ni de criterios cient&iacute;ficos. Nace de una alianza parlamentaria que intercambia protecci&oacute;n ambiental por estabilidad pol&iacute;tica, y que vuelve a utilizar el Mar Menor como moneda de cambio. El ecosistema, una vez m&aacute;s, paga el precio de los acuerdos de despacho.
    </p><p class="article-text">
        Permitir que empresas sancionadas por contaminar sigan accediendo a subvenciones p&uacute;blicas es una decisi&oacute;n profundamente ideol&oacute;gica. No es &ldquo;defender al sector primario&rdquo;, como repiten de forma mec&aacute;nica PP y Vox. Es blindar a los infractores, premiar el incumplimiento y castigar indirectamente a quienes s&iacute; respetan la ley. Es instaurar una competencia desleal financiada con dinero p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje es brutalmente claro: no importa cu&aacute;nto da&ntilde;es el medio ambiente; el Gobierno regional seguir&aacute; de tu lado. Si hay multa, se paga. Si hay protesta social, se ignora. Y si hay ayudas p&uacute;blicas, se reparten igual. Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente obsceno que esta contrarreforma llegue despu&eacute;s de que el Mar Menor haya sufrido colapsos ecol&oacute;gicos documentados, mortandades masivas y una degradaci&oacute;n reconocida internacionalmente. No se legisla desde la prevenci&oacute;n ni desde la reparaci&oacute;n, sino desde el negacionismo pr&aacute;ctico: aceptar el da&ntilde;o como algo inevitable y, por tanto, asumible.
    </p><p class="article-text">
        Vox nunca ha ocultado su desprecio por las pol&iacute;ticas ambientales. Forma parte de su ADN ideol&oacute;gico: negar la crisis ecol&oacute;gica, ridiculizar la protecci&oacute;n del medio ambiente y presentar cualquier l&iacute;mite legal como un ataque a la libertad econ&oacute;mica. Lo grave es que el Partido Popular, lejos de marcar distancia, asume ese marco y lo traduce en leyes para mantenerse en el poder.
    </p><p class="article-text">
        Porque esto va de poder. De conservar mayor&iacute;as. De no molestar a determinados intereses econ&oacute;micos. Y de trasladar el coste pol&iacute;tico y ambiental al conjunto de la ciudadan&iacute;a y a las generaciones futuras. Mientras tanto, se invoca el empleo, el campo o la econom&iacute;a como coartadas emocionales para justificar lo injustificable.
    </p><p class="article-text">
        Pero gobernar no es obedecer a los m&aacute;s ruidosos ni a los m&aacute;s influyentes. Gobernar es poner l&iacute;mites, especialmente cuando est&aacute; en juego un bien com&uacute;n irreemplazable. Y aqu&iacute; el l&iacute;mite se ha cruzado hace tiempo: cuando se decide que contaminar no solo no excluye del sistema, sino que sigue dando acceso a ayudas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        La reforma del PP con el apoyo de Vox no es solo un ataque al Mar Menor. Es un ataque al principio b&aacute;sico de igualdad ante la ley. Es decirle a la ciudadan&iacute;a que hay dos reglas: una estricta para la mayor&iacute;a y otra flexible para quienes contaminan con respaldo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor no necesita m&aacute;s pactos vergonzantes ni m&aacute;s cesiones a quienes lo han llevado al borde del colapso. Necesita exactamente lo contrario: leyes m&aacute;s duras, controles reales y responsabilidades personales, incluso penales, para quienes destruyen el medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, reformas a la baja, discursos vac&iacute;os y alianzas con el negacionismo, no es gesti&oacute;n. Es una renuncia deliberada a proteger una joya que es de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10c2dfa5-58d3-44d7-a2d9-e0631eb27448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La liberaci&oacute;n de 65 trabajadores extranjeros explotados en una finca agr&iacute;cola de Ulea no es solo una noticia policial. Es una enmienda a la totalidad al discurso que Vox y su l&iacute;der regional, Jos&eacute; &Aacute;ngel Antelo, llevan tiempo propagando sobre la migraci&oacute;n irregular.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque mientras Vox se&ntilde;ala al migrante como amenaza, invasor o problema de convivencia, la realidad demuestra algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: el sistema econ&oacute;mico y agr&iacute;cola que dicen defender se sostiene, en demasiadas ocasiones, sobre su explotaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de irregularidades menores ni de casos aislados. Hablamos de personas obligadas a trabajar en condiciones inhumanas, privadas de derechos b&aacute;sicos, sometidas por el miedo y la necesidad. Cinco detenidos, tres en prisi&oacute;n. Eso tiene un nombre: explotaci&oacute;n laboral grave. Y ocurre en el coraz&oacute;n del campo que Vox idealiza y dice proteger.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qui&eacute;n se beneficia realmente de la migraci&oacute;n irregular que Vox demoniza?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde luego, no los trabajadores. Se benefician quienes los contratan sin derechos, quienes los hacinan, quienes los amenazan con la deportaci&oacute;n si protestan. Y ese modelo no se combate con discursos incendiarios ni con expulsiones simb&oacute;licas, sino con inspecciones, regulaci&oacute;n y voluntad pol&iacute;tica. Justo lo que Vox rechaza de forma sistem&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El discurso de Antelo y de su partido no es inocuo. Genera miedo, y el miedo es el mejor aliado del explotador. Cuando una persona teme ser detenida o expulsada, no denuncia. Cuando se la presenta p&uacute;blicamente como sospechosa por el simple hecho de existir, se normaliza que se la trate como mercanc&iacute;a. Ese es el efecto real y tangible del discurso de la &ldquo;mano dura&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Vox habla sin descanso de &ldquo;ley y orden&rdquo;, pero guarda un silencio atronador ante el desorden moral y econ&oacute;mico que permite que decenas de personas sean tratadas como esclavos modernos. Nunca les o&iacute;mos exigir m&aacute;s inspecciones laborales en el campo. Nunca se&ntilde;alan a los empresarios explotadores. Nunca proponen regularizar para proteger derechos. El enemigo siempre es el &uacute;ltimo de la cadena, el m&aacute;s d&eacute;bil, el que no puede defenderse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; entra tambi&eacute;n la responsabilidad de su entorno social y pol&iacute;tico, de quienes repiten consignas sin detenerse a mirar las consecuencias. Porque no se puede clamar contra la migraci&oacute;n irregular mientras se aplaude un modelo productivo que la necesita para funcionar. No se puede exigir expulsiones masivas y luego fingir sorpresa cuando aparecen casos de explotaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Eso no es ingenuidad: es hipocres&iacute;a pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a necesita trabajadores en el campo. La Regi&oacute;n de Murcia los necesita. Lo que no necesita es un discurso que convierte a esas personas en chivos expiatorios mientras protege, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, a quienes hacen negocio con su vulnerabilidad. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El caso de Ulea deber&iacute;a servir para desmontar relatos interesados. Para recordar que el verdadero problema no son quienes vienen a trabajar, sino quienes se aprovechan de que llega de manera irregular, voz ni respaldo institucional. Y para evidenciar que un proyecto pol&iacute;tico que solo apunta hacia abajo, mientras mira hacia otro lado cuando el abuso viene de arriba, no defiende la ley ni el orden: defiende un privilegio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hay mayor fraude moral que utilizar el sufrimiento ajeno para ganar votos. Y no hay mayor indignidad que llamar amenaza a quien, en realidad, est&aacute; sosteniendo con su trabajo aquello que otros dicen amar.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-futbol-neutralidad-responsabilidad-publica_132_12896855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/470e4724-114a-48d6-88f2-2d4cfc33c597_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el culto se integra en el funcionamiento ordinario del espacio, aunque sea a través de un tercero, la frontera constitucional empieza a desdibujarse</p></div><p class="article-text">
        El reciente nombramiento de un capell&aacute;n vinculado al Real Murcia ha generado un debate que no es religioso, sino constitucional. No est&aacute; en cuesti&oacute;n la libertad de culto, sino el modo en que determinadas decisiones pueden comprometer la neutralidad ideol&oacute;gica que la Constituci&oacute;n exige tanto a los poderes p&uacute;blicos como, indirectamente, a quienes gestionan bienes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 16.3 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola establece que <em>&ldquo;ninguna confesi&oacute;n tendr&aacute; car&aacute;cter estatal&rdquo;</em>. Este precepto no proh&iacute;be la religi&oacute;n ni su expresi&oacute;n en la esfera privada, pero s&iacute; impone al Estado, y a todas sus administraciones, un deber positivo de neutralidad.
    </p><p class="article-text">
        El Tribunal Constitucional ha sido claro al respecto: la aconfesionalidad implica que los poderes p&uacute;blicos no pueden identificarse, directa ni indirectamente, con una confesi&oacute;n concreta, ni otorgarle una posici&oacute;n de ventaja simb&oacute;lica frente a otras creencias o frente a la no creencia.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de hostilidad hacia lo religioso, sino de garantizar la igualdad y el pluralismo como valores superiores del ordenamiento jur&iacute;dico (art. 1 CE).
    </p><p class="article-text">
        Cuando el estadio es de titularidad municipal, deja de ser un simple espacio deportivo para convertirse en un bien de dominio p&uacute;blico o patrimonial afecto a un uso de inter&eacute;s general. Esto tiene consecuencias jur&iacute;dicas relevantes.
    </p><p class="article-text">
        La cesi&oacute;n, formal o de facto, de un espacio dentro de ese inmueble para la pr&aacute;ctica de un culto concreto plantea una cuesti&oacute;n esencial: &iquest;puede una administraci&oacute;n permitir que un bien p&uacute;blico se utilice para fines confesionales sin vulnerar el principio de neutralidad?
    </p><p class="article-text">
        La jurisprudencia constitucional y contencioso-administrativa apunta a que el uso religioso de un espacio p&uacute;blico solo es compatible con la Constituci&oacute;n cuando concurren condiciones muy estrictas:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>igualdad de acceso</li>
                                    <li>ausencia de identificaci&oacute;n institucional</li>
                                    <li>car&aacute;cter excepcional y no estructural</li>
                                    <li>inexistencia de s&iacute;mbolos o pr&aacute;cticas permanentes</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Cuando el culto se integra en el funcionamiento ordinario del espacio, aunque sea a trav&eacute;s de un tercero, la frontera constitucional empieza a desdibujarse.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento no puede refugiarse en la autonom&iacute;a del club si es propietario del estadio. La doctrina constitucional ha se&ntilde;alado que la neutralidad no se elude mediante intermediarios.
    </p><p class="article-text">
        Si una entidad privada gestiona un bien p&uacute;blico, lo hace bajo condiciones. Y una de ellas es el respeto a los principios constitucionales que vinculan a la administraci&oacute;n titular. Permitir que un espacio municipal se asocie de forma estable a una confesi&oacute;n concreta no es una decisi&oacute;n neutral, aunque no exista una orden expresa del consistorio.
    </p><p class="article-text">
        La omisi&oacute;n tambi&eacute;n genera responsabilidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el club no es solo una entidad deportiva: es una sociedad mercantil, con trabajadores y profesionales sujetos a una relaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n y la legislaci&oacute;n laboral protegen el derecho a no sufrir discriminaci&oacute;n por motivos religiosos. En este contexto, la institucionalizaci&oacute;n de un espacio de culto dentro del entorno de trabajo puede generar:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Presi&oacute;n ambiental</li>
                                    <li>Exclusi&oacute;n simb&oacute;lica</li>
                                    <li>Dudas razonables sobre la neutralidad del empleador</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La libertad religiosa incluye el derecho a no participar y a no verse confrontado con manifestaciones confesionales promovidas por la propia organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el art&iacute;culo 16.3 CE tambi&eacute;n habla de &ldquo;relaciones de cooperaci&oacute;n&rdquo; con las confesiones religiosas. Pero el Tribunal Constitucional ha insistido en que cooperar no significa integrar la religi&oacute;n en la estructura institucional ni normalizar su presencia en espacios comunes.
    </p><p class="article-text">
        La cooperaci&oacute;n tiene l&iacute;mites: no puede romper la igualdad ni convertir lo p&uacute;blico en una prolongaci&oacute;n de lo confesional.
    </p><p class="article-text">
        Este debate no cuestiona la fe de nadie ni el derecho individual a vivirla. Cuestiona algo distinto: si las instituciones est&aacute;n cumpliendo su deber constitucional de neutralidad en una sociedad plural.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un estadio municipal, s&iacute;mbolo colectivo y espacio compartido, alberga de forma estable un culto concreto, no estamos ante un gesto inocuo, sino ante una decisi&oacute;n con implicaciones jur&iacute;dicas, simb&oacute;licas y democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La aconfesionalidad no es una opci&oacute;n ideol&oacute;gica: es una exigencia constitucional. Y respetarla no divide; incluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-futbol-neutralidad-responsabilidad-publica_132_12896855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 05:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-decision-transformo-espana-cambio-region-murcia_132_12884236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70261c9f-04b8-45c6-899e-1e4f884fba50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para la Región de Murcia, tradicionalmente aislada y con un desarrollo desigual, la entrada en la UE ha tenido un impacto profundo y duradero</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la entrada de Espa&ntilde;a en la entonces Comunidad Econ&oacute;mica Europea, conviene recordar que Europa no fue un accidente de la historia ni una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Fue una decisi&oacute;n pol&iacute;tica consciente, adoptada por un Gobierno socialista que entendi&oacute; que el futuro de Espa&ntilde;a, y de sus regiones, pasaba por integrarse cuanto antes en el proyecto europeo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al frente de aquellas negociaciones estuvo mi admirado Fernando Mor&aacute;n, ministro de Asuntos Exteriores del primer Gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez. Pero Mor&aacute;n no camin&oacute; solo. Lider&oacute; un equipo de alto nivel en el que tuvieron un papel decisivo Carlos Westendorp, como secretario de Estado para las Comunidades Europeas y negociador jefe, y Manuel Mar&iacute;n, que pronto se convertir&iacute;a en uno de los espa&ntilde;oles m&aacute;s influyentes en Bruselas y, posteriormente, en vicepresidente de la Comisi&oacute;n Europea. Aquella generaci&oacute;n socialista comprendi&oacute; que Europa no era solo un mercado, sino un espacio pol&iacute;tico, social y democr&aacute;tico al que Espa&ntilde;a deb&iacute;a incorporarse sin complejos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a sal&iacute;a de una dictadura larga, con enormes carencias estructurales y profundas desigualdades territoriales. Integrarse en Europa significaba consolidar la democracia, modernizar la econom&iacute;a, fortalecer los servicios p&uacute;blicos y reducir las brechas entre regiones. Supuso asumir costes, adaptar sectores productivos y aceptar reglas comunes, pero tambi&eacute;n acceder a oportunidades in&eacute;ditas hasta entonces. El tiempo ha demostrado que la apuesta fue acertada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para la Regi&oacute;n de Murcia, tradicionalmente aislada y con un desarrollo desigual, la entrada en la UE ha tenido un impacto profundo y duradero. Europa ha sido uno de los principales motores de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y territorial de la comunidad aut&oacute;noma.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La agricultura murciana es quiz&aacute; el ejemplo m&aacute;s evidente. La integraci&oacute;n en el mercado &uacute;nico permiti&oacute; a miles de explotaciones acceder a nuevos mercados, profesionalizarse y modernizarse. La Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n ha sido clave para sostener rentas agrarias, mejorar infraestructuras de regad&iacute;o y garantizar la competitividad de un sector que hoy es estrat&eacute;gico para la econom&iacute;a regional. Sin Europa, dif&iacute;cilmente la Regi&oacute;n se habr&iacute;a consolidado como una de las grandes despensas agr&iacute;colas del continente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el impacto europeo no se limita al campo. Los fondos estructurales y de cohesi&oacute;n han llegado a pr&aacute;cticamente todos los rincones de la Regi&oacute;n: carreteras, equipamientos sanitarios y educativos, depuraci&oacute;n de aguas, rehabilitaci&oacute;n urbana, proyectos de innovaci&oacute;n, formaci&oacute;n para el empleo y desarrollo rural. Muchos municipios, especialmente los m&aacute;s peque&ntilde;os, han podido acometer inversiones que de otro modo habr&iacute;an sido inalcanzables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Europa tambi&eacute;n ha estado presente en la universidad, en la I+D y en la movilidad de los j&oacute;venes. Miles de estudiantes murcianos han podido formarse en otros pa&iacute;ses gracias a programas como Erasmus, ampliando horizontes y adquiriendo competencias que hoy revierten en la propia regi&oacute;n. Esa dimensi&oacute;n europea de la juventud murciana es uno de los legados menos visibles, pero m&aacute;s valiosos, de la integraci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pertenencia a la UE ha demostrado su valor no solo en tiempos de bonanza, sino tambi&eacute;n en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Durante la crisis financiera y, m&aacute;s recientemente, durante la pandemia, los mecanismos europeos de apoyo han sido fundamentales para proteger empleo, empresas y servicios p&uacute;blicos. Los fondos de recuperaci&oacute;n han vuelto a situar a Europa como un actor clave para la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y digital de la Regi&oacute;n de Murcia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nada de esto significa que el proyecto europeo est&eacute; exento de cr&iacute;ticas o de desaf&iacute;os pendientes. La pol&iacute;tica agraria, la gesti&oacute;n del agua, la cohesi&oacute;n territorial o la respuesta a las desigualdades sociales siguen siendo debates abiertos. Pero es precisamente desde dentro de Europa, y no desde el aislamiento, desde donde la Regi&oacute;n puede defender mejor sus intereses.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Recordar hoy qui&eacute;n lider&oacute; la entrada de Espa&ntilde;a en Europa no es un ejercicio de nostalgia, sino de responsabilidad democr&aacute;tica. Fue un Gobierno socialista quien asumi&oacute; el coste pol&iacute;tico y la complejidad de negociar la adhesi&oacute;n, pensando en el largo plazo y en el inter&eacute;s general del pa&iacute;s y de sus regiones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando hoy se cuestiona el proyecto europeo o se banalizan sus beneficios, conviene mirar atr&aacute;s con rigor y memoria. La Espa&ntilde;a de 1986 y la Regi&oacute;n de Murcia de hoy no son comparables. Y esa transformaci&oacute;n no se explica sin Europa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, la conclusi&oacute;n es clara: la entrada en la Uni&oacute;n Europea fue uno de los mayores aciertos pol&iacute;ticos de la democracia espa&ntilde;ola, y para la Regi&oacute;n de Murcia ha sido una palanca decisiva de desarrollo, cohesi&oacute;n y oportunidades. Reconocerlo no es propaganda; es, simplemente, de justicia hist&oacute;rica.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-decision-transformo-espana-cambio-region-murcia_132_12884236.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 05:00:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Gobiernan para la privada y pagamos los usuarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gobiernan-privada-pagamos-usuarios_132_12850926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/410d320b-548a-4fb6-b0c6-9dd7d67c086c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gobiernan para la privada y pagamos los usuarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sanidad privada no actúa como complemento puntual del sistema público. Se ha convertido en un actor privilegiado, protegido y financiado con fondos públicos, sin los controles ni las obligaciones que se exigen a lo público</p></div><p class="article-text">
        En la Regi&oacute;n de Murcia el deterioro de la sanidad p&uacute;blica no es una fatalidad ni una consecuencia inevitable de la falta de recursos. Es el resultado de decisiones pol&iacute;ticas muy concretas. Decisiones que explican por qu&eacute;, mientras miles de usuarios esperan semanas para ver a su m&eacute;dico de cabecera o meses para una prueba diagn&oacute;stica, el dinero p&uacute;blico fluye sin obst&aacute;culos hacia la sanidad privada.
    </p><p class="article-text">
        El dato es elocuente: casi 90 millones de euros m&aacute;s de lo presupuestado acabaron en conciertos sanitarios. No hablamos de una emergencia sobrevenida ni de una situaci&oacute;n excepcional, sino de una pr&aacute;ctica estructural. Presupuestar una cantidad y acabar gastando casi el doble no es una desviaci&oacute;n t&eacute;cnica; es una forma de gobernar sin debate y sin rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno regional y la Consejer&iacute;a de Salud conocen perfectamente este patr&oacute;n. Se repite a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Se infraestima el gasto en conciertos, se deja que el sistema p&uacute;blico acumule retrasos y, llegado el momento, se presenta la derivaci&oacute;n a la privada como &uacute;nica salida posible. As&iacute; se construye el relato de que lo p&uacute;blico &ldquo;no da m&aacute;s de s&iacute;&rdquo;, mientras se oculta que se le ha privado deliberadamente de medios.
    </p><p class="article-text">
        Esta pol&iacute;tica tiene responsables y tiene ideolog&iacute;a. No es incapacidad de gesti&oacute;n, es una concepci&oacute;n de la sanidad como mercado. Una visi&oacute;n que convierte la enfermedad en oportunidad de negocio y al usuario en cliente cautivo. Por eso hay dinero para contratos millonarios con grupos privados, pero no para reforzar plantillas, estabilizar profesionales o apostar decididamente por la Atenci&oacute;n Primaria.
    </p><p class="article-text">
        La sanidad privada no act&uacute;a como complemento puntual del sistema p&uacute;blico. Se ha convertido en un actor privilegiado, protegido y financiado con fondos p&uacute;blicos, sin los controles ni las obligaciones que se exigen a lo p&uacute;blico. Externaliza la actividad m&aacute;s rentable y devuelve los casos complejos cuando dejan de ser negocio. El riesgo lo asume lo p&uacute;blico; el beneficio, lo privado.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias las sufren los usuarios. Listas de espera interminables, pruebas duplicadas, atenci&oacute;n fragmentada y una desigualdad cada vez m&aacute;s evidente entre quien puede permitirse un seguro privado y quien depende exclusivamente del sistema p&uacute;blico. No es una deriva casual: es una desigualdad promovida desde las propias instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la transparencia brilla por su ausencia. No hay auditor&iacute;as independientes que eval&uacute;en si estos conciertos mejoran realmente la salud de la poblaci&oacute;n. No se publican de forma clara los criterios, los beneficiarios ni los resultados. Se gasta dinero p&uacute;blico sin someterlo al escrutinio p&uacute;blico. Y eso, en una democracia, deber&iacute;a ser inaceptable.
    </p><p class="article-text">
        La sanidad p&uacute;blica no se defiende con discursos vac&iacute;os ni con promesas gen&eacute;ricas. Se defiende con inversi&oacute;n sostenida, planificaci&oacute;n a largo plazo y una voluntad pol&iacute;tica clara de poner el derecho a la salud por encima del beneficio empresarial. Cada euro que se desv&iacute;a innecesariamente a la privada es un euro menos para profesionales, infraestructuras y cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Este modelo no es inevitable. Es una elecci&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, puede cambiarse. Pero ese cambio no llegar&aacute; solo desde los despachos. Requiere presi&oacute;n social, organizaci&oacute;n ciudadana y un debate p&uacute;blico honesto sobre qu&eacute; sanidad queremos y para qui&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Defender la sanidad p&uacute;blica es defender la igualdad, la dignidad y el derecho a enfermar sin miedo a esperar. Es exigir que el dinero p&uacute;blico sirva al inter&eacute;s com&uacute;n y no a balances empresariales. Y es recordar que cuando se gobierna para la privada, quienes pagan siempre son los mismos: los usuarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gobiernan-privada-pagamos-usuarios_132_12850926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 05:00:31 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[En el día del Laicismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dia-laicismo_132_12830245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0b3f011-3898-4c73-98ee-8d5537ec5dc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el día del Laicismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Región de Murcia tiene una ciudadanía plural, joven, diversa, crítica, abierta al mundo. Pero sus instituciones todavía funcionan como si siguieran viviendo en otro siglo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada 9 de diciembre, cuando se celebra el D&iacute;a Internacional del Laicismo y de la Libertad de Conciencia, en la Regi&oacute;n de Murcia la fecha adquiere un significado especialmente urgente. Mientras en buena parte del mundo democr&aacute;tico se aprovecha esta jornada para reivindicar la neutralidad del Estado y la plena libertad de conciencia, aqu&iacute; sigue siendo casi un acto de resistencia c&iacute;vica. Y no por casualidad: la derechona murciana, empe&ntilde;ada en mezclar pol&iacute;tica y religi&oacute;n, contin&uacute;a defendiendo una estructura confesional que ha condicionado el desarrollo social, cultural e institucional de esta tierra durante generaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En este contexto, la labor que realiza Europa Laica cobra una relevancia extraordinaria. Cada a&ntilde;o, esta organizaci&oacute;n insiste en visibilizar el 9 de diciembre, explicar por qu&eacute; la neutralidad del Estado no es un capricho ideol&oacute;gico y recordar que la libertad de conciencia solo existe cuando ning&uacute;n poder pol&iacute;tico se arrodilla ante ninguna doctrina religiosa. Su trabajo, constante y tenaz, resulta inc&oacute;modo para quienes se benefician del viejo orden simb&oacute;lico donde lo cat&oacute;lico funciona como una plantilla obligatoria para la vida p&uacute;blica. Justamente por eso es tan necesario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia es un ejemplo claro de c&oacute;mo la imposici&oacute;n hist&oacute;rica del catolicismo institucional ha moldeado durante d&eacute;cadas, y en algunos &aacute;mbitos todav&iacute;a lo hace, aquello que se considera &ldquo;lo normal&rdquo;. Lo cat&oacute;lico no ha funcionado aqu&iacute; como una tradici&oacute;n m&aacute;s entre muchas, sino como el molde &uacute;nico que determinaba qu&eacute; era moral, qu&eacute; era respetable, qu&eacute; era identidad regional y qu&eacute; quedaba fuera de los m&aacute;rgenes. Ese monopolio cultural ha tenido un coste social evidente: ha limitado debates, ha frenado avances, ha estigmatizado la diversidad y ha estrechado la idea de ciudadan&iacute;a. La imposici&oacute;n religiosa no ha generado cohesi&oacute;n: ha generado uniformidad forzada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La derechona se aferra a este marco confesional porque lo necesita. No es casual que cualquier propuesta de laicidad provoque reacciones exageradas, como si reclamar un Estado neutral fuera un ataque personal. Siempre recurren a los mismos argumentos: la tradici&oacute;n, la mayor&iacute;a social, la &ldquo;identidad murciana&rdquo;, como si la fe, cualquiera, fuera un criterio para definir la ciudadan&iacute;a. Pero el laicismo no cuestiona las creencias individuales; cuestiona que el poder p&uacute;blico se ponga a su servicio. Lo que realmente molesta a quienes defienden este viejo esquema es que la neutralidad institucional debilita sus privilegios.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y es que el 9 de diciembre no es solo una fecha conmemorativa: es un recordatorio de que la libertad de conciencia no existe cuando una sola tradici&oacute;n religiosa ocupa todos los espacios simb&oacute;licos del Estado. La neutralidad no quita nada a nadie; al contrario, garantiza que cada persona pueda vivir, pensar y creer, o no creer, sin presiones ni tutelas. Europa Laica insiste a&ntilde;o tras a&ntilde;o en esta idea: el laicismo no divide; libera. No borra la diversidad espiritual de la sociedad; simplemente impide que una sola visi&oacute;n se convierta en norma obligatoria.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia tiene una ciudadan&iacute;a plural, joven, diversa, cr&iacute;tica, abierta al mundo. Pero sus instituciones todav&iacute;a funcionan como si siguieran viviendo en otro siglo. Y esta contradicci&oacute;n tiene un precio. Una regi&oacute;n que aspira a ser moderna no puede mantener estructuras simb&oacute;licas heredadas del pasado que condicionan la vida p&uacute;blica y privilegian a una confesi&oacute;n concreta. La derechona lo sabe, y por eso se opone con tanta fuerza al laicismo: porque el laicismo implica perder el monopolio cultural que durante a&ntilde;os ha utilizado como herramienta de poder.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El 9 de diciembre nos recuerda que ha llegado el momento de romper ese marco. La ciudadan&iacute;a murciana no necesita m&aacute;s liturgia institucional, ni m&aacute;s s&iacute;mbolos obligatorios, ni m&aacute;s moral &uacute;nica disfrazada de tradici&oacute;n. Necesita aire, y ese aire se llama laicidad. Europa Laica lleva tiempo se&ntilde;alando el camino. Tarde o temprano, las instituciones tendr&aacute;n que seguirlo. Porque la libertad de conciencia no es una concesi&oacute;n: es un derecho. Y ya es hora de que en esta regi&oacute;n se practique de verdad.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dia-laicismo_132_12830245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Dec 2025 11:36:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el día del Laicismo]]></media:title>
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