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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_antonio_gallego_capel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Antonio Gallego Capel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El SMI como coartada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3a7b5b6-9d42-4eec-8c45-60e35bbe8b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El SMI como coartada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En política, cuestionar sistemáticamente el procedimiento es, en la práctica, una forma eficaz de bloquear el resultado</p></div><p class="article-text">
        El Ejecutivo regional asegura no oponerse a la subida del SMI, pero su bater&iacute;a de objeciones legales y t&eacute;cnicas revela una estrategia pol&iacute;tica clara: ralentizar, cuestionar y, en la pr&aacute;ctica, debilitar una de las pocas herramientas eficaces contra la precariedad. Hay una forma muy reconocible de oponerse a los avances sociales sin decirlo abiertamente: no negar el objetivo, pero s&iacute; discutir cada paso necesario para alcanzarlo. Eso es exactamente lo que est&aacute; haciendo el Gobierno regional con la subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI).
    </p><p class="article-text">
        El argumento oficial, no estamos en contra de la subida, sino de c&oacute;mo se aplica, suena razonable en la superficie. Pero cuando se examina de cerca, se convierte en una coartada. Porque en pol&iacute;tica, cuestionar sistem&aacute;ticamente el procedimiento es, en la pr&aacute;ctica, una forma eficaz de bloquear el resultado.
    </p><p class="article-text">
        El Ejecutivo auton&oacute;mico habla de &ldquo;vulneraci&oacute;n de la legalidad&rdquo;, de &ldquo;jerarqu&iacute;a normativa&rdquo; y de &ldquo;debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva&rdquo;. Conceptos jur&iacute;dicos complejos que, sin embargo, contrastan con una realidad mucho m&aacute;s simple: miles de trabajadores en la Regi&oacute;n de Murcia siguen atrapados en salarios bajos, convenios bloqueados y una precariedad estructural que no se resuelve sola.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil tomarse en serio la defensa de la negociaci&oacute;n colectiva cuando esta lleva a&ntilde;os fallando precisamente en los sectores m&aacute;s vulnerables. &iquest;D&oacute;nde estaba esa preocupaci&oacute;n institucional cuando los convenios no se actualizaban o cuando los sueldos quedaban por debajo de lo necesario para vivir con dignidad? Apelar ahora a ese marco como escudo frente al SMI no parece una defensa del di&aacute;logo social, sino un intento de preservar un statu quo claramente insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo un debate t&eacute;cnico, sino un modelo de sociedad. El SMI representa una l&iacute;nea roja: el m&iacute;nimo que una econom&iacute;a considera aceptable para vivir. Y en contextos donde el mercado laboral no corrige por s&iacute; mismo las desigualdades, cuestionar esa herramienta equivale a asumir, aunque no se diga expl&iacute;citamente, que hay trabajadores que pueden seguir cobrando por debajo de ese umbral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el &eacute;nfasis en aspectos como si el c&aacute;lculo debe basarse en el IPC o en otros indicadores econ&oacute;micos introduce una falsa neutralidad t&eacute;cnica. No es un debate inocente. Es una forma de desplazar la discusi&oacute;n lejos de su n&uacute;cleo pol&iacute;tico: qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde con cada decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, sindicatos como UGT y CCOO han se&ntilde;alado algo inc&oacute;modo pero evidente: m&aacute;s de 150.000 personas en la Regi&oacute;n dependen directamente del SMI. Para ellas, este no es un debate jur&iacute;dico ni acad&eacute;mico. Es una cuesti&oacute;n de supervivencia cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la postura del Gobierno regional no puede leerse como una mera discrepancia t&eacute;cnica. Es una toma de posici&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, conviene nombrarla sin rodeos: poner en cuesti&oacute;n el SMI en los t&eacute;rminos actuales significa, de facto, alinearse con quienes prefieren salarios m&aacute;s bajos y menor intervenci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, no es si se est&aacute; a favor o en contra de la subida en abstracto. La pregunta es si se est&aacute; dispuesto a asumir las consecuencias reales de frenarla, diluirla o condicionarla hasta vaciarla de contenido. Porque a estas alturas, lo que est&aacute; en juego no es el procedimiento. Es la dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/smi-coartada_132_13110553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 04:01:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El SMI como coartada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,SMI - Salario Mínimo Interprofesional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcc62006-1868-4636-b4ff-6c051b786151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La memoria no es un adorno que pueda añadirse después de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Alcalde de&nbsp;Murcia pretende inaugurar el pr&oacute;ximo 26 de marzo la segunda fase de rehabilitaci&oacute;n&nbsp;con una gran exposici&oacute;n. La operaci&oacute;n se presenta como un &eacute;xito de recuperaci&oacute;n patrimonial y un paso m&aacute;s para convertir el edificio en un espacio cultural de referencia. Sin embargo, tras el discurso institucional hay una ausencia dif&iacute;cil de justificar: el espacio de Memoria Democr&aacute;tica que exige su declaraci&oacute;n oficial como Lugar de Memoria sigue sin existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de un detalle menor ni de una cuesti&oacute;n simb&oacute;lica que pueda resolverse con una placa o un panel improvisado. La declaraci&oacute;n de la C&aacute;rcel Vieja como Lugar de Memoria Democr&aacute;tica implica obligaciones claras: preservar el significado hist&oacute;rico del lugar, explicar p&uacute;blicamente lo que all&iacute; ocurri&oacute; y dignificar a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria no es un adorno que pueda a&ntilde;adirse despu&eacute;s de inaugurar el edificio. Forma parte esencial de su identidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la C&aacute;rcel Vieja no es un contenedor cultural cualquiera. Durante d&eacute;cadas fue uno de los principales espacios de represi&oacute;n franquista en la Regi&oacute;n. Por sus galer&iacute;as pasaron miles de presos pol&iacute;ticos tras la Guerra Civil: republicanos, sindicalistas, militantes de partidos democr&aacute;ticos o simplemente ciudadanos denunciados por su entorno. El edificio que hoy se presenta como icono cultural fue durante a&ntilde;os un instrumento de castigo y silenciamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay adem&aacute;s un episodio hist&oacute;rico que ilustra hasta qu&eacute; punto la represi&oacute;n impregn&oacute; todo el entorno del penal. En plena dictadura, el cercano convento de las Agustinas fue cedido por el obispo de la di&oacute;cesis para ampliar el recinto penitenciario y adosarlo a la c&aacute;rcel. Aquella cesi&oacute;n permiti&oacute; reforzar un sistema pensado para encerrar a quienes hab&iacute;an sido derrotados pol&iacute;ticamente. La Iglesia colaboraba as&iacute;, de manera directa, en la maquinaria represiva del r&eacute;gimen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con estos antecedentes, inaugurar una fase decisiva de la rehabilitaci&oacute;n sin haber definido ni ejecutado el espacio de memoria no es una simple omisi&oacute;n t&eacute;cnica. Es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante a&ntilde;os, los gobiernos del PP&nbsp;han mostrado un desinter&eacute;s persistente frente a las pol&iacute;ticas de memoria democr&aacute;tica. Cuando no las han bloqueado directamente, las han relegado a un segundo plano o las han vaciado de contenido. La historia reciente de Espa&ntilde;a est&aacute; llena de ejemplos: leyes sin presupuesto, proyectos paralizados y lugares de memoria convertidos en promesas aplazadas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La C&aacute;rcel Vieja corre ahora el riesgo de convertirse en otro caso m&aacute;s de esa pol&iacute;tica de desmemoria. Se rehabilita el edificio, se programan exposiciones y se inaugura con titulares culturales, pero se posterga aquello que obliga a mirar de frente la historia de la represi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El problema no es que la c&aacute;rcel se transforme en un espacio cultural. Ser&iacute;a deseable que lo fuera. El problema es hacerlo como si el pasado inc&oacute;modo del edificio fuera un obst&aacute;culo que conviene diluir entre exposiciones y actividades culturales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria democr&aacute;tica no puede tratarse como una nota a pie de p&aacute;gina en un proyecto arquitect&oacute;nico. Es una responsabilidad p&uacute;blica. Y en un lugar como la C&aacute;rcel Vieja, esa responsabilidad es a&uacute;n mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia puede convertir este edificio en un gran espacio cultural. Pero si lo hace sin asumir plenamente la memoria de quienes fueron encarcelados entre sus muros, la ciudad no estar&aacute; inaugurando un lugar de cultura: estar&aacute; inaugurando un elegante ejercicio de olvido.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/carcel-vieja-cultura-si-memoria-no_132_13076709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Cárcel Vieja: Cultura sí, memoria no]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie en su sano juicio está defendiendo al régimen iraní. Nadie está justificando a los ayatolás. Pero plantear el debate en esos términos es intelectualmente deshonesto</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las recientes declaraciones de Fernando L&oacute;pez Miras sobre el conflicto con Ir&aacute;n no son un desliz: es la expresi&oacute;n de una forma de entender la pol&iacute;tica exterior basada en consignas binarias. &ldquo;O con la Uni&oacute;n Europea o con los dictadores iran&iacute;es&rdquo;. El problema es que el mundo no funciona as&iacute;. Y, sobre todo, el Derecho Internacional no funciona as&iacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nadie en su sano juicio est&aacute; defendiendo al r&eacute;gimen iran&iacute;. Nadie est&aacute; justificando a los ayatol&aacute;s. Pero plantear el debate en esos t&eacute;rminos es intelectualmente deshonesto. Porque el verdadero dilema no es si estamos &ldquo;con Ir&aacute;n&rdquo; o &ldquo;con las democracias&rdquo;. El verdadero dilema es si estamos con las normas que rigen el orden internacional o con la l&oacute;gica del poder que permite a las grandes potencias actuar al margen de esas normas cuando les conviene.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a no elige entre bloques emocionales. Espa&ntilde;a est&aacute; jur&iacute;dicamente vinculada a la Uni&oacute;n Europea y al sistema multilateral consagrado en la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Y ese sistema establece algo muy claro: el uso de la fuerza no es una cuesti&oacute;n de afinidades pol&iacute;ticas, sino de legalidad. Solo la leg&iacute;tima defensa o un mandato del Consejo de Seguridad pueden ampararlo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando desde el Partido Popular se exige alineamiento autom&aacute;tico con &ldquo;nuestros socios&rdquo;, lo que en realidad se est&aacute; defendiendo es una pol&iacute;tica exterior subordinada, no una pol&iacute;tica exterior responsable. Se habla de prudencia mientras se agita la bandera del bloque. Se invoca la estabilidad mientras se normaliza que dos o tres potencias decidan unilateralmente qu&eacute; es leg&iacute;timo y qu&eacute; no lo es.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El l&iacute;der del PP, quiero creer que Feij&oacute;o, ha optado por esa misma senda: convertir la pol&iacute;tica internacional en una extensi&oacute;n de la batalla interna. Pero el Derecho Internacional no es un eslogan. No es una pancarta que se despliega contra el adversario dom&eacute;stico. Es el &uacute;nico escudo real que tienen los Estados medianos frente a la arbitrariedad de los m&aacute;s fuertes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque ese es el fondo del asunto que se evita cuidadosamente mencionar: si hoy aceptamos que nuestros aliados puedan actuar al margen del marco multilateral sin consecuencias, ma&ntilde;ana no tendremos legitimidad para exigir que otros no hagan lo mismo. Las normas no pueden ser obligatorias para los adversarios y optativas para los amigos. Eso no es orden internacional; es ley del m&aacute;s fuerte con barniz occidental.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Uni&oacute;n Europea presume, con raz&oacute;n, de ser un proyecto basado en el derecho y el multilateralismo. Pero esa credibilidad se construye con coherencia. Si la respuesta ante cada crisis es cerrar filas sin matices en torno a cualquier acci&oacute;n de Estados Unidos o de cualquier socio estrat&eacute;gico, entonces la llamada &ldquo;autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea&rdquo; es una ficci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Defender la legalidad internacional no es equidistancia moral. No es blanquear dictaduras. Es, precisamente, lo contrario: exigir que las reglas sean iguales para todos. Si se debilita ese principio, quienes m&aacute;s pierden no son las superpotencias, sino pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, cuya influencia depende de que existan normas compartidas y no solo correlaciones de fuerza.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La simplificaci&oacute;n de L&oacute;pez Miras puede funcionar en un mitin. Puede arrancar aplausos f&aacute;ciles apelando al miedo y al enemigo externo. Pero empobrece el debate p&uacute;blico y, lo que es peor, transmite la idea de que la pol&iacute;tica exterior se reduce a elegir bando sin preguntarse por la legalidad de los actos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de estar contra Europa. Se trata de exigir que Europa sea coherente con lo que dice defender. No se trata de simpatizar con Ir&aacute;n. Se trata de no aceptar que el mundo sea gobernado a golpe de decisi&oacute;n unilateral sin control jur&iacute;dico efectivo. Y no se trata de tibieza, sino de firmeza democr&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la verdadera fortaleza de Occidente no es su capacidad militar. Es su compromiso con el Estado de derecho. Si ese compromiso se vuelve selectivo, deja de ser fortaleza y se convierte en simple conveniencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y entonces, ya no habr&aacute; diferencia real entre el discurso de los bloques y la l&oacute;gica que dicen combatir.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ayatolas-seguidismo-pp_132_13042492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 05:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni con los ayatolás ni con el seguidismo del PP]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16a6d003-6e89-4386-b24e-3548d646e1b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Basta de condicionar la libertad de conciencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hablamos de devoción personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequívoco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En pleno siglo XXI, que todav&iacute;a se promuevan las fiestas locales en honor de una Virgen o Santo patr&oacute;n tiene su aquel, que las autoridades civiles o militares participen en manifestaciones religiosas, con banda, bast&oacute;n de mando y medallas al cuello. Lo que algunos llaman &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; es, en realidad, una manifestaci&oacute;n expl&iacute;cita de privilegio religioso institucional que ignora el principio de neutralidad y la diversidad de la sociedad espa&ntilde;ola.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de devoci&oacute;n personal: hablamos de representantes del Estado que se colocan en primera fila de un acto confesional, transmitiendo un mensaje inequ&iacute;voco: la identidad institucional se confunde con una fe concreta. Para quienes no son cat&oacute;licos, ateos o pertenecen a otras confesiones, esto no es cultura; es exclusi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante la dictadura, la Iglesia y el Estado eran uno. Los cargos p&uacute;blicos presid&iacute;an misas y procesiones como s&iacute;mbolo de autoridad, subordinando la representaci&oacute;n c&iacute;vica a la religi&oacute;n oficial. Hoy, 47 a&ntilde;os despu&eacute;s, la repetici&oacute;n de estos rituales con presencia institucional no es inocua ni neutral. Es un eco simb&oacute;lico de aquel modelo autoritario que pretende legitimar poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s de la fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada banda y cada bast&oacute;n de mando colocado frente al altar refuerzan la idea de que la instituci&oacute;n favorece a la religi&oacute;n mayoritaria, ignorando la pluralidad de la ciudadan&iacute;a. Y lo m&aacute;s preocupante: los propios cargos parecen verlo como &ldquo;normal&rdquo;, sin cuestionar el impacto en quienes no se identifican con esa fe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El art&iacute;culo 16.3 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola permite cooperaci&oacute;n con las confesiones, pero nunca autoriza a los representantes p&uacute;blicos a protagonizar actos religiosos. La neutralidad no consiste en &ldquo;estar presente&rdquo; y posar para las c&aacute;maras: consiste en no usar el cargo p&uacute;blico para avalar una religi&oacute;n concreta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La confusi&oacute;n entre tradici&oacute;n y protagonismo institucional perpet&uacute;a la idea de que la representaci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; vinculada a la religi&oacute;n mayoritaria, lo cual es incompatible con la Espa&ntilde;a plural y democr&aacute;tica de hoy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a ha cambiado: la diversidad religiosa y la poblaci&oacute;n no creyente crecen cada a&ntilde;o. Lo que antes se consideraba &ldquo;normal&rdquo; hoy puede ofender o excluir. La asistencia de alcaldes y concejales a procesiones con s&iacute;mbolos institucionales es un acto que hiere la igualdad y la neutralidad. No se trata de atacar la devoci&oacute;n, sino de exigir que los cargos p&uacute;blicos respeten a toda la ciudadan&iacute;a y no la utilicen como escaparate de su poder.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">S&iacute; es voluntario y personal h&aacute;ganlo, pero sin usar s&iacute;mbolos, ni ostentar representaci&oacute;n institucional. La presencia de cargos institucionales en actos religiosos no es un gesto inocuo de tradici&oacute;n; es una forma simb&oacute;lica de privilegio confesional que ignora la pluralidad y vulnera la neutralidad del Estado. En una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica y diversa, los cargos p&uacute;blicos deben aprender a respetar la frontera entre representaci&oacute;n civil y devoci&oacute;n religiosa, o corren el riesgo de cometer apolog&iacute;a hacia el nacionalcatolicismo que se impuso durante la dictadura.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/basta-condicionar-libertad-conciencia_132_13022547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 05:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Basta de condicionar la libertad de conciencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b68f795a-b4ba-4cfa-a2d2-b01daa9aebd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ya no vale hablar de la pésima financiación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace años como insuficiente y lesivo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Asamblea Regional ha rechazado apoyar el nuevo modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica propuesto por el Gobierno central. El argumento del Partido Popular es conocido: la Regi&oacute;n de Murcia seguir&iacute;a infrafinanciada y el sistema no corrige completamente el desequilibrio hist&oacute;rico. El diagn&oacute;stico puede discutirse en sus matices, pero lo que merece un an&aacute;lisis m&aacute;s riguroso es la consecuencia pol&iacute;tica de la decisi&oacute;n adoptada: supeditar cualquier mejora efectiva de financiaci&oacute;n a un hipot&eacute;tico cambio de Gobierno en Espa&ntilde;a.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el punto cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la propuesta estatal, con independencia de su dise&ntilde;o final, implicar&iacute;a para Murcia dos efectos objetivos: un incremento neto de recursos estructurales y una reducci&oacute;n sustancial de la carga de deuda asociada a la infrafinanciaci&oacute;n acumulada. Es decir, una mejora simult&aacute;nea del flujo anual de financiaci&oacute;n y del stock de endeudamiento. En t&eacute;rminos de econom&iacute;a p&uacute;blica regional, ambas variables son las que determinan la capacidad real de sostener el gasto en servicios fundamentales sin recurrir a ajustes o a m&aacute;s deuda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Rechazar esa mejora no equivale a preservar el statu quo en espera de algo mejor. Equivale a consolidar el sistema vigente, que es precisamente el que el propio Gobierno murciano califica desde hace a&ntilde;os como insuficiente y lesivo. La coherencia t&eacute;cnica exigir&iacute;a explicar por qu&eacute; es preferible permanecer en un modelo que genera d&eacute;ficit estructural de financiaci&oacute;n antes que transitar a otro que, aun imperfecto, reduce ese d&eacute;ficit.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La respuesta impl&iacute;cita es pol&iacute;tica, no financiera: la expectativa de que un futuro Ejecutivo del PP impulse un sistema m&aacute;s favorable. Pero esa hip&oacute;tesis descansa sobre tres supuestos altamente inciertos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El primero es la aritm&eacute;tica parlamentaria. La reforma de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica exige acuerdos multilaterales complejos y mayor&iacute;as reforzadas. No existe ninguna evidencia hist&oacute;rica de que un cambio de signo en La Moncloa facilite autom&aacute;ticamente ese consenso. De hecho, el actual modelo caduc&oacute; en 2014 con un Gobierno del PP y tampoco entonces se abord&oacute; su renovaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El segundo supuesto es el margen fiscal estatal. La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es una redistribuci&oacute;n abstracta: implica recursos presupuestarios efectivos. Cualquier reforma que mejore significativamente a las comunidades infrafinanciadas requiere aumentar el volumen global del sistema o redistribuirlo con ganadores y perdedores claros. Ninguno de esos escenarios es pol&iacute;ticamente neutro ni depende solo de la voluntad del partido que gobierne.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tercero es el coste de oportunidad temporal. Cada a&ntilde;o sin reforma supone para la Regi&oacute;n mantener un diferencial negativo de financiaci&oacute;n por habitante respecto a la media. Ese diferencial no es ret&oacute;rico: se traduce en menor capacidad de gasto sanitario, educativo y social o, alternativamente, en mayor endeudamiento para sostener niveles equivalentes de servicio. Posponer una mejora cierta hoy a cambio de una mejora hipot&eacute;tica ma&ntilde;ana tiene un coste acumulativo que rara vez se incorpora al debate pol&iacute;tico, pero que es cuantificable.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde esta perspectiva, la posici&oacute;n adoptada por el PP regional introduce una paradoja dif&iacute;cil de sostener: se denuncia de forma estructural la infrafinanciaci&oacute;n y, al mismo tiempo, se rechaza una propuesta que la reducir&iacute;a, no porque empeore la situaci&oacute;n relativa actual, sino porque no la corrige completamente y porque procede de un Gobierno de signo contrario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese desplazamiento del criterio, de la suficiencia financiera a la autor&iacute;a pol&iacute;tica del modelo, es lo que transforma una discusi&oacute;n t&eacute;cnica leg&iacute;tima en una decisi&oacute;n estrat&eacute;gicamente partidista. Y esa decisi&oacute;n tiene efectos materiales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica no es un marco abstracto de reparto territorial. Es el mecanismo que determina cu&aacute;nto puede gastar realmente una comunidad en sanidad, educaci&oacute;n o dependencia sin deteriorar su posici&oacute;n fiscal. En comunidades estructuralmente infrafinanciadas, cada mejora marginal tiene un impacto proporcionalmente mayor que en las que ya parten de niveles superiores.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso el debate relevante no es si el nuevo modelo resolver&iacute;a definitivamente la posici&oacute;n relativa de la Administraci&oacute;n Regional, algo que probablemente requerir&aacute; varias revisiones, sino si es racional rechazar una mejora verificable bajo la premisa de que en un futuro indeterminado podr&iacute;a existir otra mayor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pol&iacute;tica p&uacute;blica responsable suele operar con mejoras incrementales bajo restricciones reales. La pol&iacute;tica de espera, en cambio, traslada el riesgo a los ciudadanos: si la alternativa prometida no llega, la situaci&oacute;n inicial persiste o empeora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese es el riesgo que hoy asume el Gobierno Regional. Y convendr&iacute;a explicarlo con la misma claridad con la que se denuncia la infrafinanciaci&oacute;n. Porque, en financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, no decidir tambi&eacute;n es decidir: es elegir seguir como se est&aacute;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-vale-hablar-pesima-financiacion_132_13005617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 18:34:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ya no vale hablar de la pésima financiación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/601f72e3-3e18-4d17-ad6b-f8d13ef658e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de señalar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta incómoda: ¿Realmente estamos mejor que hace veinte años? ¿Tenemos más oportunidades? ¿Más futuro? ¿Más igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignación.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">En la Regi&oacute;n de Murcia, miles de familias est&aacute;n pagando hasta 6.000 &euro; al a&ntilde;o para que sus hijos puedan estudiar un m&oacute;dulo de Formaci&oacute;n Profesional y no digo nada de un grado universitario en centros privados. No porque quieran, sino porque muchas veces no tienen otra opci&oacute;n. La educaci&oacute;n p&uacute;blica deliberadamente pierde recursos, la oferta se queda corta y la alternativa acaba siendo pagar o renunciar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Mientras tanto, m&aacute;s del 60% del electorado sigue respaldando, elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, lo mismo. No es mala suerte. No es casualidad. Es el resultado de una forma de votar que lleva d&eacute;cadas renunciando a exigir resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n es una de las comunidades con mayor continuidad pol&iacute;tica de toda Espa&ntilde;a. La derecha gobierna casi sin interrupci&oacute;n desde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. &iquest;El balance? Sueldos bajos, dependencia de un turismo de tercera, industria agroalimentaria intensiva y la construcci&oacute;n, fuga de j&oacute;venes cualificados, servicios p&uacute;blicos tensionados y una econom&iacute;a fr&aacute;gil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero el discurso sigue siendo siempre el mismo: bajar impuestos, libertad, y culpar de todos los males a los dem&aacute;s. La realidad es otra: menos impuestos para algunos, menos servicios para todos. Cuando se recorta financiaci&oacute;n p&uacute;blica, el dinero no desaparece. Se traslada. Lo acabamos pagando en matr&iacute;culas, en seguros privados, en academias, en cl&iacute;nicas, en residencias. En gastos que antes cubr&iacute;a lo com&uacute;n. No pagamos menos. Pagamos dos veces. Primero con impuestos, y despu&eacute;s con nuestra cartera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La pol&iacute;tica de privatizaci&oacute;n de la derecha no se anuncia a bombo y platillo. No llega con grandes titulares. Se hace poco a poco, con conciertos, externalizaciones, subvenciones selectivas y &ldquo;colaboraciones p&uacute;blico-privadas&rdquo; que casi siempre benefician a los mismos. Se debilita lo p&uacute;blico y se fortalece el negocio. Y cuando alguien se queda fuera, se le dice que es culpa suya.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Este modelo no ser&iacute;a posible sin una ciudadan&iacute;a que, en buena parte, ha normalizado votar por inercia. Votar &ldquo;a los de siempre&rdquo;. Votar por miedo. Votar porque &ldquo;los otros son peores&rdquo;, aunque no se sepa exactamente por qu&eacute;. Durante a&ntilde;os se ha construido un relato donde criticar al gobierno es &ldquo;ir contra los murcianos&rdquo;. Donde cuestionar el modelo es ser desleal. Donde cambiar es peligroso. As&iacute;, la pol&iacute;tica se convierte en identidad. Y la identidad sustituye al pensamiento cr&iacute;tico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Pero una democracia sin alternancia se degrada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin alternancia no hay presi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin presi&oacute;n no hay autocr&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Sin autocr&iacute;tica no hay mejora.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Solo acomodamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La alternancia no es una cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica. Es una cuesti&oacute;n de salud democr&aacute;tica. Es la &uacute;nica forma de recordar a quien gobierna que no es due&ntilde;o de las instituciones. La Regi&oacute;n paga hoy el precio de no haber cambiado nunca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los j&oacute;venes que se marchan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan las familias que se endeudan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los pacientes que esperan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Lo pagan los estudiantes que no llegan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y, aun as&iacute;, seguimos votando igual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">No se trata de se&ntilde;alar con el dedo a nadie. Se trata de hacerse una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;Realmente estamos mejor que hace veinte a&ntilde;os? &iquest;Tenemos m&aacute;s oportunidades? &iquest;M&aacute;s futuro? &iquest;M&aacute;s igualdad? Si la respuesta es no, seguir haciendo lo mismo no es estabilidad. Es resignaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La Regi&oacute;n no est&aacute; condenada al atraso. Tiene talento, recursos y gente preparada. Lo que le falta es una ciudadan&iacute;a que deje de conformarse con lo mismo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Votar no es elegir un equipo. Es evaluar resultados.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Y en la Regi&oacute;n, los resultados llevan demasiado tiempo suspendiendo.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/votar-consecuencias_132_12983602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Votar siempre lo mismo también tiene consecuencias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Educación,Sanidad,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9743523-518b-4aec-aabe-c14632ea9148_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de una carencia reciente ni de un problema técnico puntual. Es el resultado de años de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad política</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia presume, con raz&oacute;n, de ser un referente en depuraci&oacute;n y reutilizaci&oacute;n del agua. Las cifras oficiales hablan de eficiencia, sostenibilidad y liderazgo europeo. Sin embargo, detr&aacute;s de ese relato institucional hay realidades que no aparecen en las estad&iacute;sticas ni en los actos p&uacute;blicos. Una de ellas es la de Los Valientes, pedan&iacute;a de Molina de Segura, cuyos vecinos llevan d&eacute;cadas sin una depuradora en condiciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se trata de una carencia reciente ni de un problema t&eacute;cnico puntual. Es el resultado de a&ntilde;os de retrasos, promesas incumplidas y falta de voluntad pol&iacute;tica. Generaciones enteras han crecido escuchando que &ldquo;el proyecto est&aacute; en marcha&rdquo;, que &ldquo;ya queda poco&rdquo;, que &ldquo;est&aacute; previsto en los planes&rdquo;. Pero la infraestructura nunca llega.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, los vecinos cumplen. Cumplen pagando impuestos. Cumplen abonando, mes a mes, el canon de saneamiento en sus facturas del agua. Un impuesto auton&oacute;mico que no es simb&oacute;lico ni opcional, sino obligatorio y finalista: se recauda espec&iacute;ficamente para financiar la depuraci&oacute;n y el saneamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes se da una paradoja dif&iacute;cil de justificar: se paga por un servicio que no se recibe. Este hecho, por s&iacute; solo, deber&iacute;a provocar una reflexi&oacute;n profunda en las instituciones responsables. Porque no estamos ante un problema de recursos, la Regi&oacute;n gestiona cientos de millones de euros en infraestructuras hidr&aacute;ulicas, sino ante un problema de prioridades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; aparece una responsabilidad clara: ESAMUR. La Entidad de Saneamiento y Depuraci&oacute;n de Aguas Residuales de la Regi&oacute;n de Murcia gestionan el canon, planifica inversiones y coordina la red de depuradoras. Su funci&oacute;n es garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a un saneamiento digno. No solo los que viven en grandes n&uacute;cleos urbanos o zonas estrat&eacute;gicas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, Los Valientes sigue fuera del mapa real de inversiones. Durante a&ntilde;os, ESAMUR ha participado en convenios, estudios y anuncios relacionados con Molina de Segura y su entorno. Se han firmado acuerdos, se han reservado partidas y se han presentado proyectos. Pero en la pr&aacute;ctica, la depuradora de la pedan&iacute;a sigue siendo una promesa incumplida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras tanto, se invierten millones en modernizar instalaciones ya existentes, en ampliar plantas en otros municipios o en reforzar infraestructuras vinculadas al regad&iacute;o. Inversiones leg&iacute;timas, sin duda. Pero que no pueden servir como excusa para perpetuar una desigualdad territorial evidente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque lo que ocurre en Los Valientes no es una an&eacute;cdota. Es un ejemplo de c&oacute;mo las zonas perif&eacute;ricas y menos visibles quedan relegadas en la agenda pol&iacute;tica. Donde no hay focos, no hay prisas. Donde no hay r&eacute;dito electoral inmediato, se pospone.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias no son solo administrativas. Afectan a la salud p&uacute;blica, al entorno natural y a la calidad de vida. Afectan tambi&eacute;n a la confianza en las instituciones. &iquest;C&oacute;mo pedir responsabilidad ciudadana cuando la administraci&oacute;n no cumple con su parte?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los vecinos han hecho lo que se espera en una democracia: han presentado escritos, han solicitado reuniones, han acudido a los medios, han protestado de forma pac&iacute;fica y persistente. No han optado por el ruido, sino por la constancia. Y, aun as&iacute;, siguen esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pregunta es inevitable: &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os m&aacute;s?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos recibos m&aacute;s hay que pagar sin recibir el servicio correspondiente?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntas legislaturas m&aacute;s tienen que pasar sin una soluci&oacute;n definitiva?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Cu&aacute;ntos anuncios m&aacute;s hay que escuchar antes de que empiecen las obras?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">ESAMUR no puede seguir ampar&aacute;ndose en informes, tr&aacute;mites o complejidades t&eacute;cnicas. Su responsabilidad es convertir los recursos p&uacute;blicos en servicios reales. Y en este caso, no lo ha hecho.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Los Valientes no piden trato de favor. Pide igualdad. Pide que el canon que paga se traduzca en infraestructuras. Pide que la gesti&oacute;n del agua, de la que tanto se presume, llegue tambi&eacute;n a quienes llevan demasiado tiempo esperando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque pagar sin recibir no es eficiencia. Es injusticia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y porque una Regi&oacute;n que aspira a liderar la gesti&oacute;n h&iacute;drica no puede permitirse dejar atr&aacute;s a parte de su ciudadan&iacute;a.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/valientes-deuda-pendiente-esamur_132_12963087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2026 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Valientes y la deuda pendiente de ESAMUR]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a451f3ba-67f8-44e2-b2b4-a5fe043705db_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135292.jpg" width="3067" height="1725" alt="La falacia de la okupación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este enfoque punitivo ignora que la ocupación es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situación no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusión social</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reciente reforma impulsada por el PP y Vox en la Regi&oacute;n de Murcia se presenta como una medida firme contra la ocupaci&oacute;n ilegal. Seg&uacute;n sus promotores, su objetivo es impedir que &ldquo;los okupas&rdquo; se beneficien de la vivienda asequible financiada con dinero p&uacute;blico. Sin embargo, detr&aacute;s de este discurso aparentemente contundente se esconde otra realidad: la norma no va dirigida contra redes criminales organizadas, sino contra las personas m&aacute;s vulnerables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Conviene, adem&aacute;s, poner el problema en su justa dimensi&oacute;n. A nivel nacional, el Ministerio del Interior registr&oacute; 16.426 casos de ocupaci&oacute;n ilegal en 2024, una cifra que equivale a un promedio de unas 45 ocupaciones al d&iacute;a. Aunque eso pueda sonar elevado, representa poco m&aacute;s de 0,06 % del total de viviendas en Espa&ntilde;a, lo que indica que no estamos ante un fen&oacute;meno masivo que justifique una alarma social desproporcionada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos regionales confirman esa relativa minor&iacute;a del fen&oacute;meno. Seg&uacute;n fuentes locales, solo hay unos 435 casos de viviendas ocupadas ilegalmente, lo que representa aproximadamente el 0,05 % del parque total de viviendas en la Comunidad Aut&oacute;noma. Adem&aacute;s, aunque se iniciaron cerca de 500 procedimientos judiciales por ocupaci&oacute;n en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el tiempo promedio para desalojar un inmueble supera los 18 meses, lo que evidencia que lo que hay que mejorar, si acaso es esa demora.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que los portales inmobiliarios muestran que en ciertos segmentos del mercado, como viviendas en venta, la presencia de inmuebles ocupados puede alcanzar cifras m&aacute;s elevadas (por ejemplo, alrededor del 5% en la provincia de Murcia).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero es fundamental aclarar que este dato se refiere &uacute;nicamente a una parte muy concreta del mercado secundario y no al total del parque de viviendas disponible.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">PP y Vox defienden la reforma como una forma de proteger la legalidad y los derechos de los propietarios. Sin embargo, la legislaci&oacute;n vigente ya contempla mecanismos legales para proteger al propietario, incluidos procedimientos judiciales y desalojos, aunque lentos y mejorables, como muestran las cifras. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Presentar esta reforma como una necesidad urgente basada en una &ldquo;crisis de okupaci&oacute;n&rdquo; es, cuando menos, una simplificaci&oacute;n interesada. Los n&uacute;meros no respaldan una emergencia generalizada, sino un problema localizado y minoritario que la ley ya aborda, aunque con limitaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La reforma no solo criminaliza, sino que excluye de facto del acceso a vivienda asequible a personas que hayan sido condenadas por ocupaci&oacute;n en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, como muestran los datos, la ocupaci&oacute;n no es un fen&oacute;meno homog&eacute;neo: puede ir desde grupos organizados hasta familias en situaci&oacute;n de precariedad que no encuentran otra alternativa habitacional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este enfoque punitivo ignora que la ocupaci&oacute;n es muchas veces consecuencia de la falta de acceso real a la vivienda. Castigar a quienes han estado en esa situaci&oacute;n no soluciona el problema de fondo; simplemente refuerza la exclusi&oacute;n social. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las consecuencias de este enfoque son profundas. Excluir a las personas m&aacute;s vulnerables del acceso a vivienda p&uacute;blica no soluciona el problema: lo perpetua. Sin un hogar estable es imposible mantener un empleo digno, escolarizar adecuadamente a los hijos o reconstruir un proyecto de vida. La exclusi&oacute;n se hace cr&oacute;nica y los conflictos sociales se intensifican.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s, medidas como esta contribuyen a estigmatizar la pobreza. Se transmite la idea de que quien ha ca&iacute;do en la exclusi&oacute;n es culpable de su situaci&oacute;n y que las causas estructurales, como la escasez de vivienda asequible o la precariedad econ&oacute;mica, son irrelevantes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La vivienda no deber&iacute;a ser un premio para los &ldquo;buenos ciudadanos&rdquo; ni un castigo para los &ldquo;malos&rdquo;. Deber&iacute;a ser una herramienta para garantizar dignidad, estabilidad y cohesi&oacute;n social. Convertirla en un instrumento punitivo puede generar r&eacute;ditos pol&iacute;ticos a corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si realmente se quiere combatir la ocupaci&oacute;n ilegal, la respuesta pasa por abrir puertas, no cerrarlas: m&aacute;s vivienda p&uacute;blica y asequible, pol&iacute;ticas efectivas de prevenci&oacute;n de desahucios, mediaci&oacute;n entre partes y apoyo social real. Todo lo dem&aacute;s es propaganda populista.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falacia-okupacion_132_12944907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falacia de la okupación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/873a82df-42ec-41d0-beef-e74d7693fe11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pacto que sacrifica el Mar Menor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad</p></div><p class="article-text">
        La reforma de la Ley del Mar Menor que impulsa el Gobierno regional de Fernando L&oacute;pez Miras no es un error t&eacute;cnico ni una discrepancia leg&iacute;tima sobre c&oacute;mo gestionar un ecosistema fr&aacute;gil. Es el resultado directo de un pacto pol&iacute;tico entre el PP y Vox que tiene un objetivo claro: desactivar las pocas barreras legales que incomodan a quienes llevan a&ntilde;os contaminando sin consecuencias reales.
    </p><p class="article-text">
        Conviene llamar a las cosas por su nombre. Esta reforma no nace del inter&eacute;s general ni de criterios cient&iacute;ficos. Nace de una alianza parlamentaria que intercambia protecci&oacute;n ambiental por estabilidad pol&iacute;tica, y que vuelve a utilizar el Mar Menor como moneda de cambio. El ecosistema, una vez m&aacute;s, paga el precio de los acuerdos de despacho.
    </p><p class="article-text">
        Permitir que empresas sancionadas por contaminar sigan accediendo a subvenciones p&uacute;blicas es una decisi&oacute;n profundamente ideol&oacute;gica. No es &ldquo;defender al sector primario&rdquo;, como repiten de forma mec&aacute;nica PP y Vox. Es blindar a los infractores, premiar el incumplimiento y castigar indirectamente a quienes s&iacute; respetan la ley. Es instaurar una competencia desleal financiada con dinero p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje es brutalmente claro: no importa cu&aacute;nto da&ntilde;es el medio ambiente; el Gobierno regional seguir&aacute; de tu lado. Si hay multa, se paga. Si hay protesta social, se ignora. Y si hay ayudas p&uacute;blicas, se reparten igual. Este no es un modelo de desarrollo: es un modelo de impunidad.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente obsceno que esta contrarreforma llegue despu&eacute;s de que el Mar Menor haya sufrido colapsos ecol&oacute;gicos documentados, mortandades masivas y una degradaci&oacute;n reconocida internacionalmente. No se legisla desde la prevenci&oacute;n ni desde la reparaci&oacute;n, sino desde el negacionismo pr&aacute;ctico: aceptar el da&ntilde;o como algo inevitable y, por tanto, asumible.
    </p><p class="article-text">
        Vox nunca ha ocultado su desprecio por las pol&iacute;ticas ambientales. Forma parte de su ADN ideol&oacute;gico: negar la crisis ecol&oacute;gica, ridiculizar la protecci&oacute;n del medio ambiente y presentar cualquier l&iacute;mite legal como un ataque a la libertad econ&oacute;mica. Lo grave es que el Partido Popular, lejos de marcar distancia, asume ese marco y lo traduce en leyes para mantenerse en el poder.
    </p><p class="article-text">
        Porque esto va de poder. De conservar mayor&iacute;as. De no molestar a determinados intereses econ&oacute;micos. Y de trasladar el coste pol&iacute;tico y ambiental al conjunto de la ciudadan&iacute;a y a las generaciones futuras. Mientras tanto, se invoca el empleo, el campo o la econom&iacute;a como coartadas emocionales para justificar lo injustificable.
    </p><p class="article-text">
        Pero gobernar no es obedecer a los m&aacute;s ruidosos ni a los m&aacute;s influyentes. Gobernar es poner l&iacute;mites, especialmente cuando est&aacute; en juego un bien com&uacute;n irreemplazable. Y aqu&iacute; el l&iacute;mite se ha cruzado hace tiempo: cuando se decide que contaminar no solo no excluye del sistema, sino que sigue dando acceso a ayudas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        La reforma del PP con el apoyo de Vox no es solo un ataque al Mar Menor. Es un ataque al principio b&aacute;sico de igualdad ante la ley. Es decirle a la ciudadan&iacute;a que hay dos reglas: una estricta para la mayor&iacute;a y otra flexible para quienes contaminan con respaldo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor no necesita m&aacute;s pactos vergonzantes ni m&aacute;s cesiones a quienes lo han llevado al borde del colapso. Necesita exactamente lo contrario: leyes m&aacute;s duras, controles reales y responsabilidades personales, incluso penales, para quienes destruyen el medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, reformas a la baja, discursos vac&iacute;os y alianzas con el negacionismo, no es gesti&oacute;n. Es una renuncia deliberada a proteger una joya que es de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pacto-sacrifica-mar-menor_132_12923973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 05:00:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pacto que sacrifica el Mar Menor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10c2dfa5-58d3-44d7-a2d9-e0631eb27448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La liberaci&oacute;n de 65 trabajadores extranjeros explotados en una finca agr&iacute;cola de Ulea no es solo una noticia policial. Es una enmienda a la totalidad al discurso que Vox y su l&iacute;der regional, Jos&eacute; &Aacute;ngel Antelo, llevan tiempo propagando sobre la migraci&oacute;n irregular.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque mientras Vox se&ntilde;ala al migrante como amenaza, invasor o problema de convivencia, la realidad demuestra algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: el sistema econ&oacute;mico y agr&iacute;cola que dicen defender se sostiene, en demasiadas ocasiones, sobre su explotaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No hablamos de irregularidades menores ni de casos aislados. Hablamos de personas obligadas a trabajar en condiciones inhumanas, privadas de derechos b&aacute;sicos, sometidas por el miedo y la necesidad. Cinco detenidos, tres en prisi&oacute;n. Eso tiene un nombre: explotaci&oacute;n laboral grave. Y ocurre en el coraz&oacute;n del campo que Vox idealiza y dice proteger.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qui&eacute;n se beneficia realmente de la migraci&oacute;n irregular que Vox demoniza?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde luego, no los trabajadores. Se benefician quienes los contratan sin derechos, quienes los hacinan, quienes los amenazan con la deportaci&oacute;n si protestan. Y ese modelo no se combate con discursos incendiarios ni con expulsiones simb&oacute;licas, sino con inspecciones, regulaci&oacute;n y voluntad pol&iacute;tica. Justo lo que Vox rechaza de forma sistem&aacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El discurso de Antelo y de su partido no es inocuo. Genera miedo, y el miedo es el mejor aliado del explotador. Cuando una persona teme ser detenida o expulsada, no denuncia. Cuando se la presenta p&uacute;blicamente como sospechosa por el simple hecho de existir, se normaliza que se la trate como mercanc&iacute;a. Ese es el efecto real y tangible del discurso de la &ldquo;mano dura&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Vox habla sin descanso de &ldquo;ley y orden&rdquo;, pero guarda un silencio atronador ante el desorden moral y econ&oacute;mico que permite que decenas de personas sean tratadas como esclavos modernos. Nunca les o&iacute;mos exigir m&aacute;s inspecciones laborales en el campo. Nunca se&ntilde;alan a los empresarios explotadores. Nunca proponen regularizar para proteger derechos. El enemigo siempre es el &uacute;ltimo de la cadena, el m&aacute;s d&eacute;bil, el que no puede defenderse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y aqu&iacute; entra tambi&eacute;n la responsabilidad de su entorno social y pol&iacute;tico, de quienes repiten consignas sin detenerse a mirar las consecuencias. Porque no se puede clamar contra la migraci&oacute;n irregular mientras se aplaude un modelo productivo que la necesita para funcionar. No se puede exigir expulsiones masivas y luego fingir sorpresa cuando aparecen casos de explotaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Eso no es ingenuidad: es hipocres&iacute;a pol&iacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a necesita trabajadores en el campo. La Regi&oacute;n de Murcia los necesita. Lo que no necesita es un discurso que convierte a esas personas en chivos expiatorios mientras protege, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, a quienes hacen negocio con su vulnerabilidad. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Endurecer la vida del migrante no protege el campo: protege al explotador.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El caso de Ulea deber&iacute;a servir para desmontar relatos interesados. Para recordar que el verdadero problema no son quienes vienen a trabajar, sino quienes se aprovechan de que llega de manera irregular, voz ni respaldo institucional. Y para evidenciar que un proyecto pol&iacute;tico que solo apunta hacia abajo, mientras mira hacia otro lado cuando el abuso viene de arriba, no defiende la ley ni el orden: defiende un privilegio.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque no hay mayor fraude moral que utilizar el sufrimiento ajeno para ganar votos. Y no hay mayor indignidad que llamar amenaza a quien, en realidad, est&aacute; sosteniendo con su trabajo aquello que otros dicen amar.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/senalar-debil-sirve-ocultar-culpable_132_12906791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando señalar al débil sirve para ocultar al culpable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-futbol-neutralidad-responsabilidad-publica_132_12896855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/470e4724-114a-48d6-88f2-2d4cfc33c597_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el culto se integra en el funcionamiento ordinario del espacio, aunque sea a través de un tercero, la frontera constitucional empieza a desdibujarse</p></div><p class="article-text">
        El reciente nombramiento de un capell&aacute;n vinculado al Real Murcia ha generado un debate que no es religioso, sino constitucional. No est&aacute; en cuesti&oacute;n la libertad de culto, sino el modo en que determinadas decisiones pueden comprometer la neutralidad ideol&oacute;gica que la Constituci&oacute;n exige tanto a los poderes p&uacute;blicos como, indirectamente, a quienes gestionan bienes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 16.3 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola establece que <em>&ldquo;ninguna confesi&oacute;n tendr&aacute; car&aacute;cter estatal&rdquo;</em>. Este precepto no proh&iacute;be la religi&oacute;n ni su expresi&oacute;n en la esfera privada, pero s&iacute; impone al Estado, y a todas sus administraciones, un deber positivo de neutralidad.
    </p><p class="article-text">
        El Tribunal Constitucional ha sido claro al respecto: la aconfesionalidad implica que los poderes p&uacute;blicos no pueden identificarse, directa ni indirectamente, con una confesi&oacute;n concreta, ni otorgarle una posici&oacute;n de ventaja simb&oacute;lica frente a otras creencias o frente a la no creencia.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de hostilidad hacia lo religioso, sino de garantizar la igualdad y el pluralismo como valores superiores del ordenamiento jur&iacute;dico (art. 1 CE).
    </p><p class="article-text">
        Cuando el estadio es de titularidad municipal, deja de ser un simple espacio deportivo para convertirse en un bien de dominio p&uacute;blico o patrimonial afecto a un uso de inter&eacute;s general. Esto tiene consecuencias jur&iacute;dicas relevantes.
    </p><p class="article-text">
        La cesi&oacute;n, formal o de facto, de un espacio dentro de ese inmueble para la pr&aacute;ctica de un culto concreto plantea una cuesti&oacute;n esencial: &iquest;puede una administraci&oacute;n permitir que un bien p&uacute;blico se utilice para fines confesionales sin vulnerar el principio de neutralidad?
    </p><p class="article-text">
        La jurisprudencia constitucional y contencioso-administrativa apunta a que el uso religioso de un espacio p&uacute;blico solo es compatible con la Constituci&oacute;n cuando concurren condiciones muy estrictas:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>igualdad de acceso</li>
                                    <li>ausencia de identificaci&oacute;n institucional</li>
                                    <li>car&aacute;cter excepcional y no estructural</li>
                                    <li>inexistencia de s&iacute;mbolos o pr&aacute;cticas permanentes</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Cuando el culto se integra en el funcionamiento ordinario del espacio, aunque sea a trav&eacute;s de un tercero, la frontera constitucional empieza a desdibujarse.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento no puede refugiarse en la autonom&iacute;a del club si es propietario del estadio. La doctrina constitucional ha se&ntilde;alado que la neutralidad no se elude mediante intermediarios.
    </p><p class="article-text">
        Si una entidad privada gestiona un bien p&uacute;blico, lo hace bajo condiciones. Y una de ellas es el respeto a los principios constitucionales que vinculan a la administraci&oacute;n titular. Permitir que un espacio municipal se asocie de forma estable a una confesi&oacute;n concreta no es una decisi&oacute;n neutral, aunque no exista una orden expresa del consistorio.
    </p><p class="article-text">
        La omisi&oacute;n tambi&eacute;n genera responsabilidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el club no es solo una entidad deportiva: es una sociedad mercantil, con trabajadores y profesionales sujetos a una relaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n y la legislaci&oacute;n laboral protegen el derecho a no sufrir discriminaci&oacute;n por motivos religiosos. En este contexto, la institucionalizaci&oacute;n de un espacio de culto dentro del entorno de trabajo puede generar:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Presi&oacute;n ambiental</li>
                                    <li>Exclusi&oacute;n simb&oacute;lica</li>
                                    <li>Dudas razonables sobre la neutralidad del empleador</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La libertad religiosa incluye el derecho a no participar y a no verse confrontado con manifestaciones confesionales promovidas por la propia organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el art&iacute;culo 16.3 CE tambi&eacute;n habla de &ldquo;relaciones de cooperaci&oacute;n&rdquo; con las confesiones religiosas. Pero el Tribunal Constitucional ha insistido en que cooperar no significa integrar la religi&oacute;n en la estructura institucional ni normalizar su presencia en espacios comunes.
    </p><p class="article-text">
        La cooperaci&oacute;n tiene l&iacute;mites: no puede romper la igualdad ni convertir lo p&uacute;blico en una prolongaci&oacute;n de lo confesional.
    </p><p class="article-text">
        Este debate no cuestiona la fe de nadie ni el derecho individual a vivirla. Cuestiona algo distinto: si las instituciones est&aacute;n cumpliendo su deber constitucional de neutralidad en una sociedad plural.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un estadio municipal, s&iacute;mbolo colectivo y espacio compartido, alberga de forma estable un culto concreto, no estamos ante un gesto inocuo, sino ante una decisi&oacute;n con implicaciones jur&iacute;dicas, simb&oacute;licas y democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La aconfesionalidad no es una opci&oacute;n ideol&oacute;gica: es una exigencia constitucional. Y respetarla no divide; incluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-futbol-neutralidad-responsabilidad-publica_132_12896855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 05:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fe en el fútbol: neutralidad y responsabilidad pública]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-decision-transformo-espana-cambio-region-murcia_132_12884236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70261c9f-04b8-45c6-899e-1e4f884fba50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para la Región de Murcia, tradicionalmente aislada y con un desarrollo desigual, la entrada en la UE ha tenido un impacto profundo y duradero</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la entrada de Espa&ntilde;a en la entonces Comunidad Econ&oacute;mica Europea, conviene recordar que Europa no fue un accidente de la historia ni una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Fue una decisi&oacute;n pol&iacute;tica consciente, adoptada por un Gobierno socialista que entendi&oacute; que el futuro de Espa&ntilde;a, y de sus regiones, pasaba por integrarse cuanto antes en el proyecto europeo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al frente de aquellas negociaciones estuvo mi admirado Fernando Mor&aacute;n, ministro de Asuntos Exteriores del primer Gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez. Pero Mor&aacute;n no camin&oacute; solo. Lider&oacute; un equipo de alto nivel en el que tuvieron un papel decisivo Carlos Westendorp, como secretario de Estado para las Comunidades Europeas y negociador jefe, y Manuel Mar&iacute;n, que pronto se convertir&iacute;a en uno de los espa&ntilde;oles m&aacute;s influyentes en Bruselas y, posteriormente, en vicepresidente de la Comisi&oacute;n Europea. Aquella generaci&oacute;n socialista comprendi&oacute; que Europa no era solo un mercado, sino un espacio pol&iacute;tico, social y democr&aacute;tico al que Espa&ntilde;a deb&iacute;a incorporarse sin complejos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Espa&ntilde;a sal&iacute;a de una dictadura larga, con enormes carencias estructurales y profundas desigualdades territoriales. Integrarse en Europa significaba consolidar la democracia, modernizar la econom&iacute;a, fortalecer los servicios p&uacute;blicos y reducir las brechas entre regiones. Supuso asumir costes, adaptar sectores productivos y aceptar reglas comunes, pero tambi&eacute;n acceder a oportunidades in&eacute;ditas hasta entonces. El tiempo ha demostrado que la apuesta fue acertada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para la Regi&oacute;n de Murcia, tradicionalmente aislada y con un desarrollo desigual, la entrada en la UE ha tenido un impacto profundo y duradero. Europa ha sido uno de los principales motores de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y territorial de la comunidad aut&oacute;noma.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La agricultura murciana es quiz&aacute; el ejemplo m&aacute;s evidente. La integraci&oacute;n en el mercado &uacute;nico permiti&oacute; a miles de explotaciones acceder a nuevos mercados, profesionalizarse y modernizarse. La Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n ha sido clave para sostener rentas agrarias, mejorar infraestructuras de regad&iacute;o y garantizar la competitividad de un sector que hoy es estrat&eacute;gico para la econom&iacute;a regional. Sin Europa, dif&iacute;cilmente la Regi&oacute;n se habr&iacute;a consolidado como una de las grandes despensas agr&iacute;colas del continente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero el impacto europeo no se limita al campo. Los fondos estructurales y de cohesi&oacute;n han llegado a pr&aacute;cticamente todos los rincones de la Regi&oacute;n: carreteras, equipamientos sanitarios y educativos, depuraci&oacute;n de aguas, rehabilitaci&oacute;n urbana, proyectos de innovaci&oacute;n, formaci&oacute;n para el empleo y desarrollo rural. Muchos municipios, especialmente los m&aacute;s peque&ntilde;os, han podido acometer inversiones que de otro modo habr&iacute;an sido inalcanzables.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Europa tambi&eacute;n ha estado presente en la universidad, en la I+D y en la movilidad de los j&oacute;venes. Miles de estudiantes murcianos han podido formarse en otros pa&iacute;ses gracias a programas como Erasmus, ampliando horizontes y adquiriendo competencias que hoy revierten en la propia regi&oacute;n. Esa dimensi&oacute;n europea de la juventud murciana es uno de los legados menos visibles, pero m&aacute;s valiosos, de la integraci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pertenencia a la UE ha demostrado su valor no solo en tiempos de bonanza, sino tambi&eacute;n en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Durante la crisis financiera y, m&aacute;s recientemente, durante la pandemia, los mecanismos europeos de apoyo han sido fundamentales para proteger empleo, empresas y servicios p&uacute;blicos. Los fondos de recuperaci&oacute;n han vuelto a situar a Europa como un actor clave para la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y digital de la Regi&oacute;n de Murcia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nada de esto significa que el proyecto europeo est&eacute; exento de cr&iacute;ticas o de desaf&iacute;os pendientes. La pol&iacute;tica agraria, la gesti&oacute;n del agua, la cohesi&oacute;n territorial o la respuesta a las desigualdades sociales siguen siendo debates abiertos. Pero es precisamente desde dentro de Europa, y no desde el aislamiento, desde donde la Regi&oacute;n puede defender mejor sus intereses.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Recordar hoy qui&eacute;n lider&oacute; la entrada de Espa&ntilde;a en Europa no es un ejercicio de nostalgia, sino de responsabilidad democr&aacute;tica. Fue un Gobierno socialista quien asumi&oacute; el coste pol&iacute;tico y la complejidad de negociar la adhesi&oacute;n, pensando en el largo plazo y en el inter&eacute;s general del pa&iacute;s y de sus regiones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando hoy se cuestiona el proyecto europeo o se banalizan sus beneficios, conviene mirar atr&aacute;s con rigor y memoria. La Espa&ntilde;a de 1986 y la Regi&oacute;n de Murcia de hoy no son comparables. Y esa transformaci&oacute;n no se explica sin Europa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, la conclusi&oacute;n es clara: la entrada en la Uni&oacute;n Europea fue uno de los mayores aciertos pol&iacute;ticos de la democracia espa&ntilde;ola, y para la Regi&oacute;n de Murcia ha sido una palanca decisiva de desarrollo, cohesi&oacute;n y oportunidades. Reconocerlo no es propaganda; es, simplemente, de justicia hist&oacute;rica.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/europa-decision-transformo-espana-cambio-region-murcia_132_12884236.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 05:00:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa: una decisión que transformó España y cambió la Región de Murcia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gobiernan para la privada y pagamos los usuarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gobiernan-privada-pagamos-usuarios_132_12850926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/410d320b-548a-4fb6-b0c6-9dd7d67c086c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gobiernan para la privada y pagamos los usuarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sanidad privada no actúa como complemento puntual del sistema público. Se ha convertido en un actor privilegiado, protegido y financiado con fondos públicos, sin los controles ni las obligaciones que se exigen a lo público</p></div><p class="article-text">
        En la Regi&oacute;n de Murcia el deterioro de la sanidad p&uacute;blica no es una fatalidad ni una consecuencia inevitable de la falta de recursos. Es el resultado de decisiones pol&iacute;ticas muy concretas. Decisiones que explican por qu&eacute;, mientras miles de usuarios esperan semanas para ver a su m&eacute;dico de cabecera o meses para una prueba diagn&oacute;stica, el dinero p&uacute;blico fluye sin obst&aacute;culos hacia la sanidad privada.
    </p><p class="article-text">
        El dato es elocuente: casi 90 millones de euros m&aacute;s de lo presupuestado acabaron en conciertos sanitarios. No hablamos de una emergencia sobrevenida ni de una situaci&oacute;n excepcional, sino de una pr&aacute;ctica estructural. Presupuestar una cantidad y acabar gastando casi el doble no es una desviaci&oacute;n t&eacute;cnica; es una forma de gobernar sin debate y sin rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno regional y la Consejer&iacute;a de Salud conocen perfectamente este patr&oacute;n. Se repite a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Se infraestima el gasto en conciertos, se deja que el sistema p&uacute;blico acumule retrasos y, llegado el momento, se presenta la derivaci&oacute;n a la privada como &uacute;nica salida posible. As&iacute; se construye el relato de que lo p&uacute;blico &ldquo;no da m&aacute;s de s&iacute;&rdquo;, mientras se oculta que se le ha privado deliberadamente de medios.
    </p><p class="article-text">
        Esta pol&iacute;tica tiene responsables y tiene ideolog&iacute;a. No es incapacidad de gesti&oacute;n, es una concepci&oacute;n de la sanidad como mercado. Una visi&oacute;n que convierte la enfermedad en oportunidad de negocio y al usuario en cliente cautivo. Por eso hay dinero para contratos millonarios con grupos privados, pero no para reforzar plantillas, estabilizar profesionales o apostar decididamente por la Atenci&oacute;n Primaria.
    </p><p class="article-text">
        La sanidad privada no act&uacute;a como complemento puntual del sistema p&uacute;blico. Se ha convertido en un actor privilegiado, protegido y financiado con fondos p&uacute;blicos, sin los controles ni las obligaciones que se exigen a lo p&uacute;blico. Externaliza la actividad m&aacute;s rentable y devuelve los casos complejos cuando dejan de ser negocio. El riesgo lo asume lo p&uacute;blico; el beneficio, lo privado.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias las sufren los usuarios. Listas de espera interminables, pruebas duplicadas, atenci&oacute;n fragmentada y una desigualdad cada vez m&aacute;s evidente entre quien puede permitirse un seguro privado y quien depende exclusivamente del sistema p&uacute;blico. No es una deriva casual: es una desigualdad promovida desde las propias instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la transparencia brilla por su ausencia. No hay auditor&iacute;as independientes que eval&uacute;en si estos conciertos mejoran realmente la salud de la poblaci&oacute;n. No se publican de forma clara los criterios, los beneficiarios ni los resultados. Se gasta dinero p&uacute;blico sin someterlo al escrutinio p&uacute;blico. Y eso, en una democracia, deber&iacute;a ser inaceptable.
    </p><p class="article-text">
        La sanidad p&uacute;blica no se defiende con discursos vac&iacute;os ni con promesas gen&eacute;ricas. Se defiende con inversi&oacute;n sostenida, planificaci&oacute;n a largo plazo y una voluntad pol&iacute;tica clara de poner el derecho a la salud por encima del beneficio empresarial. Cada euro que se desv&iacute;a innecesariamente a la privada es un euro menos para profesionales, infraestructuras y cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Este modelo no es inevitable. Es una elecci&oacute;n pol&iacute;tica. Y como tal, puede cambiarse. Pero ese cambio no llegar&aacute; solo desde los despachos. Requiere presi&oacute;n social, organizaci&oacute;n ciudadana y un debate p&uacute;blico honesto sobre qu&eacute; sanidad queremos y para qui&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Defender la sanidad p&uacute;blica es defender la igualdad, la dignidad y el derecho a enfermar sin miedo a esperar. Es exigir que el dinero p&uacute;blico sirva al inter&eacute;s com&uacute;n y no a balances empresariales. Y es recordar que cuando se gobierna para la privada, quienes pagan siempre son los mismos: los usuarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gobiernan-privada-pagamos-usuarios_132_12850926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 05:00:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gobiernan para la privada y pagamos los usuarios]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el día del Laicismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dia-laicismo_132_12830245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0b3f011-3898-4c73-98ee-8d5537ec5dc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el día del Laicismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Región de Murcia tiene una ciudadanía plural, joven, diversa, crítica, abierta al mundo. Pero sus instituciones todavía funcionan como si siguieran viviendo en otro siglo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada 9 de diciembre, cuando se celebra el D&iacute;a Internacional del Laicismo y de la Libertad de Conciencia, en la Regi&oacute;n de Murcia la fecha adquiere un significado especialmente urgente. Mientras en buena parte del mundo democr&aacute;tico se aprovecha esta jornada para reivindicar la neutralidad del Estado y la plena libertad de conciencia, aqu&iacute; sigue siendo casi un acto de resistencia c&iacute;vica. Y no por casualidad: la derechona murciana, empe&ntilde;ada en mezclar pol&iacute;tica y religi&oacute;n, contin&uacute;a defendiendo una estructura confesional que ha condicionado el desarrollo social, cultural e institucional de esta tierra durante generaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En este contexto, la labor que realiza Europa Laica cobra una relevancia extraordinaria. Cada a&ntilde;o, esta organizaci&oacute;n insiste en visibilizar el 9 de diciembre, explicar por qu&eacute; la neutralidad del Estado no es un capricho ideol&oacute;gico y recordar que la libertad de conciencia solo existe cuando ning&uacute;n poder pol&iacute;tico se arrodilla ante ninguna doctrina religiosa. Su trabajo, constante y tenaz, resulta inc&oacute;modo para quienes se benefician del viejo orden simb&oacute;lico donde lo cat&oacute;lico funciona como una plantilla obligatoria para la vida p&uacute;blica. Justamente por eso es tan necesario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia es un ejemplo claro de c&oacute;mo la imposici&oacute;n hist&oacute;rica del catolicismo institucional ha moldeado durante d&eacute;cadas, y en algunos &aacute;mbitos todav&iacute;a lo hace, aquello que se considera &ldquo;lo normal&rdquo;. Lo cat&oacute;lico no ha funcionado aqu&iacute; como una tradici&oacute;n m&aacute;s entre muchas, sino como el molde &uacute;nico que determinaba qu&eacute; era moral, qu&eacute; era respetable, qu&eacute; era identidad regional y qu&eacute; quedaba fuera de los m&aacute;rgenes. Ese monopolio cultural ha tenido un coste social evidente: ha limitado debates, ha frenado avances, ha estigmatizado la diversidad y ha estrechado la idea de ciudadan&iacute;a. La imposici&oacute;n religiosa no ha generado cohesi&oacute;n: ha generado uniformidad forzada.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La derechona se aferra a este marco confesional porque lo necesita. No es casual que cualquier propuesta de laicidad provoque reacciones exageradas, como si reclamar un Estado neutral fuera un ataque personal. Siempre recurren a los mismos argumentos: la tradici&oacute;n, la mayor&iacute;a social, la &ldquo;identidad murciana&rdquo;, como si la fe, cualquiera, fuera un criterio para definir la ciudadan&iacute;a. Pero el laicismo no cuestiona las creencias individuales; cuestiona que el poder p&uacute;blico se ponga a su servicio. Lo que realmente molesta a quienes defienden este viejo esquema es que la neutralidad institucional debilita sus privilegios.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y es que el 9 de diciembre no es solo una fecha conmemorativa: es un recordatorio de que la libertad de conciencia no existe cuando una sola tradici&oacute;n religiosa ocupa todos los espacios simb&oacute;licos del Estado. La neutralidad no quita nada a nadie; al contrario, garantiza que cada persona pueda vivir, pensar y creer, o no creer, sin presiones ni tutelas. Europa Laica insiste a&ntilde;o tras a&ntilde;o en esta idea: el laicismo no divide; libera. No borra la diversidad espiritual de la sociedad; simplemente impide que una sola visi&oacute;n se convierta en norma obligatoria.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia tiene una ciudadan&iacute;a plural, joven, diversa, cr&iacute;tica, abierta al mundo. Pero sus instituciones todav&iacute;a funcionan como si siguieran viviendo en otro siglo. Y esta contradicci&oacute;n tiene un precio. Una regi&oacute;n que aspira a ser moderna no puede mantener estructuras simb&oacute;licas heredadas del pasado que condicionan la vida p&uacute;blica y privilegian a una confesi&oacute;n concreta. La derechona lo sabe, y por eso se opone con tanta fuerza al laicismo: porque el laicismo implica perder el monopolio cultural que durante a&ntilde;os ha utilizado como herramienta de poder.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El 9 de diciembre nos recuerda que ha llegado el momento de romper ese marco. La ciudadan&iacute;a murciana no necesita m&aacute;s liturgia institucional, ni m&aacute;s s&iacute;mbolos obligatorios, ni m&aacute;s moral &uacute;nica disfrazada de tradici&oacute;n. Necesita aire, y ese aire se llama laicidad. Europa Laica lleva tiempo se&ntilde;alando el camino. Tarde o temprano, las instituciones tendr&aacute;n que seguirlo. Porque la libertad de conciencia no es una concesi&oacute;n: es un derecho. Y ya es hora de que en esta regi&oacute;n se practique de verdad.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/dia-laicismo_132_12830245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Dec 2025 11:36:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el día del Laicismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Falta de criterio, responsabilidad y coherencia política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falta-criterio-responsabilidad-coherencia-politica_132_12815607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1bc84e7-533e-4927-a314-fa96b8434bc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1130390.jpg" width="1592" height="896" alt="Falta de criterio, responsabilidad y coherencia política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de cada rectificación disfrazada, detrás de cada argumentario intercambiable según el escenario, hay un deterioro profundo de la credibilidad institucional</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a nos hemos acostumbrado a que las palabras de los responsables p&uacute;blicos tengan fecha de caducidad. Lo que hoy es una advertencia solemne, ma&ntilde;ana es una postura matizable; lo que se condena en un territorio se celebra en otro. Esta elasticidad discursiva, tan asumida ya por buena parte de la clase pol&iacute;tica, no solo es una falta de rigor: es una falta de respeto a la inteligencia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        El caso de la Regi&oacute;n de Murcia es el ejemplo m&aacute;s reciente de esta deriva. Su presidente rechaza ahora unas elecciones anticipadas alegando que ser&iacute;a una &ldquo;irresponsabilidad&rdquo;, pero &eacute;l mismo, y su partido, ha repetido hasta la saciedad que sin Presupuestos no se puede gobernar. La coherencia, al parecer, es un lujo que solo se aplica cuando conviene. Y lo que la Administraci&oacute;n Central se presenta como ingobernable, en la Regi&oacute;n de Murcia se pretende vender como estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de contradicciones no son inocuas. Detr&aacute;s de cada rectificaci&oacute;n disfrazada, detr&aacute;s de cada argumentario intercambiable seg&uacute;n el escenario, hay un deterioro profundo de la credibilidad institucional. Y, sobre todo, un mensaje impl&iacute;cito: que la pol&iacute;tica no es un espacio de principios, sino de oportunismo.
    </p><p class="article-text">
        La incoherencia que exhiben algunos dirigentes no es casual ni fruto del descuido: responde a una estrategia pol&iacute;tica calculada, basada en adaptar el discurso a la posici&oacute;n que ocupan en cada momento. Cuando gobiernan, apuestan por la estabilidad; cuando est&aacute;n en la oposici&oacute;n, reclaman cambios inmediatos. Este comportamiento no es exclusivo de un territorio, pero el caso reciente en la Regi&oacute;n de Murcia lo evidencia con especial claridad.
    </p><p class="article-text">
        Un presidente auton&oacute;mico con poder consolidado tiene incentivos para evitar elecciones, incluso sin Presupuestos, porque controla la agenda, la comunicaci&oacute;n institucional y los tiempos parlamentarios. En cambio, en la pol&iacute;tica nacional, exigir elecciones permite desgastar al Gobierno central y sostener un relato de bloqueo permanente.
    </p><p class="article-text">
        El discurso de que &ldquo;sin Presupuestos no se puede gobernar&rdquo; es una herramienta ret&oacute;rica. Los gobiernos regionales, incluido el nuestro, han gobernado m&aacute;s de un ejercicio con cuentas prorrogadas sin grandes sobresaltos. Sin embargo, a nivel estatal, se utiliza como argumento para cuestionar la legitimidad del Ejecutivo. La contradicci&oacute;n es evidente: lo que se considera ingobernable a nivel central se presenta como perfectamente gestionable a nivel regional.
    </p><p class="article-text">
        En partidos con un liderazgo nacional fuerte, los presidentes auton&oacute;micos equilibran dos agendas: la propia, centrada en mantener el poder territorial, y la estatal, alineada con el discurso general. Esto genera tensiones y mensajes contradictorios. Lo que defiende un dirigente en su territorio puede entrar en conflicto directo con la estrategia que impulsa el partido en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        A corto plazo, esta falta de coherencia puede resultar &uacute;til: permite atacar al adversario cuando conviene y evitar riesgos cuando se gobierna. Pero a medio y largo plazo, la ciudadan&iacute;a percibe la contradicci&oacute;n, y eso erosiona la credibilidad de todo el sistema pol&iacute;tico. La pol&iacute;tica deja de percibirse como un ejercicio racional y empieza a verse como un teatro en el que las palabras se usan sin intenci&oacute;n de ser cumplidas.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a no puede permitirse una clase pol&iacute;tica que trate la coherencia como si fuera opcional. La sociedad est&aacute; cansada de discursos que se contradicen a s&iacute; mismos, de dirigentes que exigen en la oposici&oacute;n aquello que se niegan a cumplir cuando gobiernan, de un lenguaje pol&iacute;tico convertido en herramienta de desgaste y no en compromiso democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no necesita m&aacute;s titulares altisonantes; necesita dirigentes con palabra. Con criterio. Con la madurez suficiente para sostener un argumento m&aacute;s all&aacute; de sus intereses coyunturales. Y eso empieza por algo tan b&aacute;sico como no exigir a otros lo que uno no est&aacute; dispuesto a cumplir.
    </p><p class="article-text">
        Porque, por mucho que algunos intenten normalizarlo, la coherencia no es una extravagancia moral: es el m&iacute;nimo imprescindible para que la pol&iacute;tica vuelva a ser cre&iacute;ble. Y sin credibilidad, la democracia se queda sin suelo bajo los pies.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/falta-criterio-responsabilidad-coherencia-politica_132_12815607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Dec 2025 05:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Falta de criterio, responsabilidad y coherencia política]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La financiación autonómica y el arte de mirarse al espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/financiacion-autonomica-arte-mirarse-espejo_132_12785259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02bdd2dd-c28c-44a0-9716-e5733b2d53aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La financiación autonómica y el arte de mirarse al espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que resulta evidente es que, mientras se siga señalando exclusivamente hacia arriba, hacia el Gobierno central, se seguirá evitando el conflicto más incómodo: el que exige pedir coherencia dentro del propio bloque territorial</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia lleva a&ntilde;os se&ntilde;alando una evidencia que ya nadie discute: es una de las comunidades peor financiadas del pa&iacute;s. No es un lamento ret&oacute;rico ni un ejercicio de victimismo localista; es un dato verificable. Seg&uacute;n las comparativas oficiales, Murcia recibe m&aacute;s de mil euros menos por habitante que las regiones mejor situadas, lo que se traduce en cerca de 1.700 millones de euros anuales que no llegan a los servicios p&uacute;blicos. La cifra impresiona, no por abstracta, sino porque explica, sin necesidad de grandes diagn&oacute;sticos, por qu&eacute; la regi&oacute;n vive en un permanente estado de insuficiencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En este escenario, el Gobierno central suele aparecer como el responsable principal y casi exclusivo. Y, por supuesto, alguna responsabilidad tiene: el sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica es antiguo, ineficiente y desigual. Lleva quince a&ntilde;os sin actualizarse, a pesar de que el pa&iacute;s ha cambiado profundamente en ese periodo. Pero culpar &uacute;nicamente a la Moncloa es una explicaci&oacute;n tan c&oacute;moda e interesada como incompleta.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque en este debate hay un elemento que rara vez ocupa titulares: el PP gobierna once de las diecisiete comunidades aut&oacute;nomas. Once ejecutivos auton&oacute;micos, once presupuestos, once intereses y once voces dentro del mismo partido. Una mayor&iacute;a territorial que, sobre el papel, permitir&iacute;a articular una propuesta conjunta, coherente, t&eacute;cnicamente solvente y, sobre todo, solidaria para reformar el sistema. Sin embargo, ese consenso interno no existe. Ni siquiera se acerca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La raz&oacute;n es sencilla: el PP gobierna comunidades con posiciones diametralmente opuestas en este asunto. Por un lado, regiones infrafinanciadas como la Regi&oacute;n, Andaluc&iacute;a o la Comunidad Valenciana, que llevan a&ntilde;os reclamando un cambio profundo del modelo. Por otro, comunidades que se benefician del sistema vigente o que, al menos, no salen perjudicadas por &eacute;l. Y entre unas y otras, el acuerdo es pr&aacute;cticamente imposible si implica renuncias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ning&uacute;n presidente auton&oacute;mico, sea del partido que sea, quiere ser quien asuma que su territorio recibir&aacute; menos en una futura redistribuci&oacute;n. Ese es el verdadero tab&uacute; del debate. No es la t&eacute;cnica, no son los criterios, no son los informes: es la p&eacute;rdida potencial de recursos. Por eso resulta m&aacute;s f&aacute;cil exigir al Gobierno central lo que ni siquiera se es capaz de pactar dentro del propio partido.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Parad&oacute;jicamente, el discurso p&uacute;blico y el discurso interno divergen. En p&uacute;blico, los presidentes auton&oacute;micos reclaman reformas urgentes, equidad, justicia territorial. En privado, la conversaci&oacute;n es otra: c&oacute;mo evitar que la reforma deteriore la posici&oacute;n de cada comunidad. Y as&iacute;, el pa&iacute;s acumula una d&eacute;cada y media de par&aacute;lisis en un asunto que lleva consenso diagn&oacute;stico, pero no consenso distributivo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n se encuentra en el lado perjudicado de este bloqueo. Y lo que resulta evidente es que, mientras se siga se&ntilde;alando exclusivamente hacia arriba, hacia el Gobierno central, se seguir&aacute; evitando el conflicto m&aacute;s inc&oacute;modo: el que exige pedir coherencia dentro del propio bloque territorial. Si once comunidades gobernadas por el mismo partido no han sido capaces de construir una posici&oacute;n com&uacute;n en quince a&ntilde;os, &iquest;c&oacute;mo se puede esperar un gran acuerdo nacional que implique a diecisiete territorios y a varias fuerzas pol&iacute;ticas?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica seguir&aacute; siendo un problema sin resolver mientras las comunidades, todas, no solo las peor financiadas, no asuman que una reforma con justicia significa tambi&eacute;n asumir costes. Y mientras los partidos contin&uacute;en evitando este debate interno, el modelo seguir&aacute; oxid&aacute;ndose, y regiones como Murcia seguir&aacute;n esperando una correcci&oacute;n que nunca llega.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Culpar al Gobierno central es sencillo y pol&iacute;ticamente rentable. Mirar hacia los lados y se&ntilde;alar responsabilidades en la propia casa es, sin duda, m&aacute;s inc&oacute;modo. Pero quiz&aacute; ah&iacute;, precisamente ah&iacute;, se encuentre el punto de partida que lleva a&ntilde;os faltando.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/financiacion-autonomica-arte-mirarse-espejo_132_12785259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 05:00:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La financiación autonómica y el arte de mirarse al espejo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el PP murciano quiere tapar sus vergüenzas proclama una falsa “pinza”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pp-murciano-quiere-tapar-verguenzas-proclama-falsa-pinza_132_12756537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/924e00ef-4697-409d-9d73-a67a2c3f32a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el PP murciano quiere tapar sus vergüenzas proclama una falsa “pinza”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Cada vez que Vox marca distancia en algún punto o que el PSRM-PSOE plantea críticas razonadas, el PP responde con la teoría de la conspiración: todos contra nosotros</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Partido Popular de la Regi&oacute;n de Murcia repite el mantra de la &ldquo;pinza&rdquo; entre Vox y el PSOE para justificar su aislamiento pol&iacute;tico. Pero los hechos demuestran que la &uacute;nica alianza real es la que une a PP y Vox en el poder, mientras la izquierda, una vez m&aacute;s, ofrece di&aacute;logo y encuentra portazos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde las filas del Partido Popular en la Regi&oacute;n de Murcia se ha popularizado una expresi&oacute;n tan hueca como recurrente: la &ldquo;pinza&rdquo; entre Vox y el PSRM-PSOE. Seg&uacute;n este relato, ambas formaciones antag&oacute;nicas pol&iacute;ticamente actuar&iacute;an de forma coordinada para desgastar al Gobierno de Fernando L&oacute;pez Miras.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, basta repasar los hechos recientes para comprobar que esa acusaci&oacute;n carece de fundamento y sirve, sobre todo, como cortina de humo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Vox no s&oacute;lo facilit&oacute; la investidura del actual presidente, sino que ha apoyado todos los presupuestos auton&oacute;micos y sostiene al PP en la mayor&iacute;a de los ayuntamientos de la Regi&oacute;n. Lejos de conspirar contra el Gobierno, la extrema derecha se ha convertido en su socio estable, tanto en la administraci&oacute;n regional como en los municipios.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hablar de &ldquo;pinza&rdquo;, por tanto, no responde a la realidad institucional, sino a una necesidad pol&iacute;tica: el PP necesita un enemigo para cohesionar a su electorado y justificar su cerraz&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La estrategia es clara. Cada vez que Vox marca distancia en alg&uacute;n punto o que el PSRM-PSOE plantea cr&iacute;ticas razonadas, el PP responde con la teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n: todos contra nosotros.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es el viejo recurso del victimismo conservador, que permite presentarse como perjudicado de una supuesta alianza imposible entre la izquierda y la extrema derecha, mientras se invisibilizan las propias contradicciones internas del Gobierno murciano.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Frente a esa actitud defensiva, la izquierda ha demostrado una voluntad real de di&aacute;logo. El PSOE regional ha ofrecido acuerdos en cuestiones esenciales como el agua, la sanidad p&uacute;blica, la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica y la protecci&oacute;n del Mar Menor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Todas esas propuestas han sido rechazadas sistem&aacute;ticamente por L&oacute;pez Miras, no por inviables, sino porque aceptar el di&aacute;logo supondr&iacute;a reconocer que la Regi&oacute;n necesita consenso, no sumisi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Murcia, tender la mano parece un gesto revolucionario cuando el poder se ejerce desde la soberbia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El aut&eacute;ntico bloqueo no proviene de una &ldquo;pinza&rdquo; ficticia, sino de la alianza real entre PP y Vox, que mantiene a la Regi&oacute;n atrapada en un modelo agotado: conservador, inmovilista y desconectado de los problemas sociales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Murcia sigue a la cola en servicios p&uacute;blicos y transparencia institucional, mientras sus dirigentes dedican m&aacute;s energ&iacute;a a inventar enemigos que a resolver los desaf&iacute;os del presente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el fondo, la &ldquo;pinza&rdquo; es un eslogan: una forma de disfrazar el aislamiento del PP, de negar su incapacidad para pactar m&aacute;s all&aacute; de la derecha y de esconder que la pluralidad democr&aacute;tica no es una amenaza, sino una oportunidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La verdadera pinza no une a Vox y al PSOE. La verdadera pinza es la del miedo y la del silencio, esa que el PP aplica cada vez que se le pide di&aacute;logo, rendici&oacute;n de cuentas o humildad pol&iacute;tica.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/pp-murciano-quiere-tapar-verguenzas-proclama-falsa-pinza_132_12756537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Nov 2025 05:01:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el PP murciano quiere tapar sus vergüenzas proclama una falsa “pinza”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quien no cuida a sus mayores no merece la confianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-cuida-mayores-no-merece-confianza_132_12729969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/125a0eb5-1921-4924-918a-8e6df1703458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quien no cuida a sus mayores no merece la confianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gran mayoría de mayores dependen del bolsillo de su familia o de la suerte de conseguir una plaza pública. Y la suerte, en política social, nunca debería ser un criterio de acceso</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia, envejecer se ha convertido en un lujo. No es una met&aacute;fora ni una exageraci&oacute;n: es el resultado directo de una pol&iacute;tica social insuficiente y de una falta de prioridades que roza la indiferencia. Murcia es, desde hace a&ntilde;os, la comunidad con las pensiones m&aacute;s bajas del pa&iacute;s y, a la vez, una de las que peor cuida a sus mayores.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pensi&oacute;n media apenas supera los 1.160 euros mensuales, muy por debajo de la media nacional. Y con esa cantidad, un jubilado murciano se enfrenta a precios de residencias privadas que rondan los 2.000 o 2.500 euros al mes. La aritm&eacute;tica es sencilla y cruel: el 70 % de los mayores no puede acceder a una plaza privada ni, aunque destine &iacute;ntegra su pensi&oacute;n. Y el sistema p&uacute;blico, que deber&iacute;a compensar esta desigualdad, no da abasto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los datos son elocuentes. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe del IMSERSO, Murcia apenas cuenta con 2,5 plazas residenciales por cada 100 personas mayores de 65 a&ntilde;os, cuando el est&aacute;ndar europeo recomienda como m&iacute;nimo cinco. Esto significa que faltan m&aacute;s de 6.400 plazas solo para alcanzar el m&iacute;nimo que marca la dignidad institucional. Otras comunidades &mdash;Castilla y Le&oacute;n, La Rioja, Galicia o el Pa&iacute;s Vasco&mdash; no solo han alcanzado esa ratio, sino que la superan con creces. Aqu&iacute;, seguimos, como en casi todo, a la cola.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s, de las 63 residencias existentes en la Regi&oacute;n, solo 14 son p&uacute;blicas o semip&uacute;blicas. El resto son privadas, y apenas una fracci&oacute;n de sus plazas &mdash;unas 800, seg&uacute;n datos recientes&mdash; est&aacute;n concertadas o subvencionadas. En resumen: la gran mayor&iacute;a de mayores dependen del bolsillo de su familia o de la suerte de conseguir una plaza p&uacute;blica. Y la suerte, en pol&iacute;tica social, nunca deber&iacute;a ser un criterio de acceso.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esto no es un problema t&eacute;cnico ni una cuesti&oacute;n de tr&aacute;mites. Es, ante todo, una decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Cada plaza p&uacute;blica que no se crea, cada presupuesto que se aplaza y cada anuncio sin ejecuci&oacute;n se traduce en una vida sin cuidados, en una familia sobrecargada, en una mujer (porque casi siempre son mujeres) que renuncia a su empleo para cuidar a quien la Administraci&oacute;n ha abandonado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El discurso institucional suele repetir que &ldquo;la Regi&oacute;n de Murcia cuida a sus mayores&rdquo;. Pero los hechos dicen otra cosa. No basta con visitas oficiales a residencias ni con promesas de ampliaciones futuras. Hace falta una estrategia seria, sostenida y transparente, con objetivos medibles y financiaci&oacute;n suficiente. Lo dem&aacute;s son gestos vac&iacute;os.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque una sociedad que no garantiza un final digno a sus mayores no es justa, y una pol&iacute;tica que no mira por ellos no es digno del voto. Las elecciones, al fin y al cabo, deber&iacute;an servir para premiar la responsabilidad y castigar la desatenci&oacute;n. No hay mejor term&oacute;metro moral que el trato a quienes ya lo dieron todo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Regi&oacute;n de Murcia envejece, y lo hace mal. Sin un plan regional de envejecimiento digno, sin refuerzo de la red p&uacute;blica, y con una econom&iacute;a dom&eacute;stica que no soporta el coste de la dependencia, el futuro social est&aacute; hipotecado. El bienestar no se mide en discursos ni en inauguraciones, sino en plazas disponibles, en profesionales formados y en familias que no tienen que elegir entre cuidar y sobrevivir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si la pol&iacute;tica no sirve para proteger a quienes nos precedieron, entonces sirve para poco. No se trata de vivir m&aacute;s a&ntilde;os, sino de vivirlos con dignidad. Y esa dignidad empieza por reconocer que la vejez no puede ser un negocio, ni una carga, ni un olvido institucional.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los murcianos y murcianas merecen m&aacute;s que resignaci&oacute;n. Merece un gobierno que escuche, que planifique, que cuide. Porque cuidar a los mayores no es un favor: es una obligaci&oacute;n moral, un deber c&iacute;vico y, sobre todo, una prueba de decencia.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-cuida-mayores-no-merece-confianza_132_12729969.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2025 05:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quien no cuida a sus mayores no merece la confianza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la fe se convierte en un bien de lujo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-convierte-lujo_132_12699123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a384f7ec-5a11-45db-ac1d-cc93d6f8e4b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120083.jpg" width="5137" height="2889" alt="Cuando la fe se convierte en un bien de lujo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras en los cementerios municipales las tarifas y condiciones son públicas, en los templos parroquiales reina la discreción</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La muerte, se supone, deber&iacute;a igualarnos a todos. Pero basta mirar de cerca algunos templos para comprobar que incluso en el descanso eterno hay categor&iacute;as. Los columbarios eclesi&aacute;sticos, esos espacios para depositar urnas funerarias dentro de iglesias, conventos o monasterios, se han convertido en un negocio discreto pero creciente en muchas zonas de Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n en la Regi&oacute;n de Murcia, donde la tradici&oacute;n religiosa y el patrimonio hist&oacute;rico conviven con la necesidad econ&oacute;mica de parroquias y di&oacute;cesis.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Iglesia cat&oacute;lica que prohib&iacute;a la cremaci&oacute;n porque era vista como una pr&aacute;ctica contraria a la fe en la resurrecci&oacute;n de los muertos y, adem&aacute;s, porque en algunos contextos fue promovida por grupos anticristianos, permite desde hace a&ntilde;os esta pr&aacute;ctica, presentada como una alternativa pastoral para familias creyentes que desean reposar cerca de su comunidad de fe. En principio, nada reprochable. Pero lo que empez&oacute; como un gesto espiritual se ha transformado en una fuente de ingresos silenciosa y, en muchos casos, nada transparente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras en los cementerios municipales las tarifas y condiciones son p&uacute;blicas, en los templos parroquiales reina la discreci&oacute;n. No es f&aacute;cil encontrar, ni siquiera preguntar, cu&aacute;nto cuesta un columbario en una iglesia hist&oacute;rica. Tampoco hay criterios publicados sobre qui&eacute;n accede primero si el espacio es limitado. En templos de alto valor simb&oacute;lico, como la Catedral de Murcia o el Santuario de la Fuensanta, ni siquiera se anuncia si existe este servicio. Y cuando existe en otras parroquias, los precios pueden superar los 2.000 euros, especialmente en las ubicaciones m&aacute;s pr&oacute;ximas al altar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Oficialmente, no hay reservas para &ldquo;fieles preferentes o destacados&rdquo;. Pero en la pr&aacute;ctica, s&iacute; existe una selecci&oacute;n silenciosa. El acceso preferente suele darse a feligreses muy devotos, antiguos, miembros de cofrad&iacute;as, benefactores o familias vinculadas hist&oacute;ricamente a la parroquia. Si a esto sumamos los precios elevados, se configura un filtro social que distingue entre fieles de primera y de segunda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nada de esto es nuevo. Durante siglos, solo nobles, cl&eacute;rigos y patronos eran enterrados dentro de los templos, mientras el pueblo descansaba fuera, en cementerios comunes. Hoy, el columbario en templos parece actualizar esa jerarqu&iacute;a en versi&oacute;n contempor&aacute;nea: el altar no es para cualquiera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A favor de la Iglesia puede decirse que la necesidad econ&oacute;mica es real. El mantenimiento de templos hist&oacute;ricos supone un esfuerzo enorme, y las aportaciones por columbarios son una v&iacute;a de financiaci&oacute;n que muchas parroquias consideran leg&iacute;tima. Pero reconocer esa realidad no puede servir de excusa para mantener pr&aacute;cticas opacas y excluyentes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La transparencia no deber&iacute;a ser un lujo espiritual. Si la fe se proclama igual para todos, los criterios de acceso y las tarifas de los columbarios eclesi&aacute;sticos tambi&eacute;n deber&iacute;an serlo. Publicar precios, plazos de concesi&oacute;n, destinos de los fondos y criterios de adjudicaci&oacute;n ser&iacute;a un primer paso para devolver a estos espacios su verdadero sentido pastoral, y no el de un privilegio reservado a unos pocos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque si la salvaci&oacute;n no se compra, tampoco deber&iacute;a comprarse el sitio donde descansamos para esperarla.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fe-convierte-lujo_132_12699123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Oct 2025 04:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la fe se convierte en un bien de lujo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin verdad no hay justicia y sin memoria no hay futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-hay-justicia-memoria-no-hay-futuro_132_12664877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0b3f011-3898-4c73-98ee-8d5537ec5dc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin verdad no hay justicia y sin memoria no hay futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las democracias maduras no temen revisar su pasado; al contrario, lo hacen para construir un futuro más digno</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la Regi&oacute;n de Murcia, los debates recientes sobre el nombre del aeropuerto y la inscripci&oacute;n franquista en la fachada de la Catedral de Murcia por poner un ejemplo, muestran hasta qu&eacute; punto Espa&ntilde;a sigue arrastrando heridas que nunca se cerraron del todo. A muchos les incomoda hablar de memoria democr&aacute;tica, pero precisamente por ese silencio durante d&eacute;cadas es por lo que hoy sigue siendo imprescindible.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Ley de Memoria Democr&aacute;tica no es un capricho pol&iacute;tico ni una revisi&oacute;n interesada de la historia. Es una norma que busca algo tan b&aacute;sico como reconocer la dignidad de quienes fueron perseguidos, represaliados o silenciados por la dictadura franquista. Hablar de memoria no es reabrir heridas: es reparaci&oacute;n, justicia y verdad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El caso del aeropuerto de Corvera es revelador. Se pretend&iacute;a bautizarlo con el nombre de Juan de la Cierva, ingeniero brillante, s&iacute;, pero tambi&eacute;n colaborador del golpe de Estado de 1936. &iquest;Es razonable que una infraestructura p&uacute;blica del siglo XXI lleve el nombre de alguien vinculado al origen de una dictadura que cost&oacute; miles de vidas y d&eacute;cadas de represi&oacute;n? La ley dice que no, y con raz&oacute;n. No se trata de negar la val&iacute;a t&eacute;cnica de De la Cierva, sino de evitar que los espacios p&uacute;blicos glorifiquen a quienes participaron o fueron c&oacute;mplices en la destrucci&oacute;n de la democracia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo mismo ocurre con la leyenda &ldquo;Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera. &iexcl;Presente!&rdquo; en la fachada de la Catedral de Murcia. Esa inscripci&oacute;n no es un elemento art&iacute;stico ni hist&oacute;rico neutral; es una consigna de exaltaci&oacute;n franquista, colocada para rendir homenaje al fundador de la Falange. Mantenerla hoy, en un edificio emblem&aacute;tico de la ciudad, es mantener viva la simbolog&iacute;a de una dictadura que neg&oacute; los derechos y libertades que hoy disfrutamos. Por cierto, no encontr&eacute; prueba p&uacute;blica de un expediente abierto y sancionador concluido que haya obligue al Obispado, titular de la misma desde 2014 gracias al privilegio de las inmatriculaciones otorgadas por un gobierno del PP, para retirar la inscripci&oacute;n. S&iacute; hay documentado con peticiones, escritos (burofaxes), concentraciones y reclamaciones de asociaciones y partidos pol&iacute;ticos; y silencio o falta de actuaci&oacute;n firme por parte de la Di&oacute;cesis y, hasta la fecha p&uacute;blica, de las administraciones competentes. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quienes critican la Ley de Memoria Democr&aacute;tica suelen hacerlo en nombre de una supuesta &ldquo;neutralidad hist&oacute;rica&rdquo;. Pero la neutralidad ante la injusticia no es virtud, sino complicidad. Las democracias maduras no temen revisar su pasado; al contrario, lo hacen para construir un futuro m&aacute;s digno. Alemania, Italia, Argentina o Chile lo entendieron hace tiempo: no hay reconciliaci&oacute;n sin reconocimiento del da&ntilde;o.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La memoria democr&aacute;tica no borra la historia; la completa. Pone nombre a las v&iacute;ctimas, contextualiza los hechos, y retira los honores a quienes nunca debieron tenerlos. La Regi&oacute;n de Murcia tiene el deber de mirar su pasado con valent&iacute;a. Porque la justicia no se mide por los nombres en los aeropuertos ni por las inscripciones en las catedrales, sino por la verdad que somos capaces de asumir colectivamente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Solo recordando con verdad podremos, por fin, convivir en paz.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/no-hay-justicia-memoria-no-hay-futuro_132_12664877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Oct 2025 04:01:03 +0000]]></pubDate>
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