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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nadia Murad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nadia_murad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nadia Murad]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fui esclava sexual de ISIS. Cuento mi historia porque es la mejor arma que tengo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/esclava-sexual-isis-cuento-historia_129_1899614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4d27688-f460-479c-bb98-e18dc3fc31e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fui esclava sexual de ISIS. Cuento mi historia porque es la mejor arma que tengo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ganadora del premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, relata su extraordinaria travesía, de esclava del Estado Islámico a activista por los derechos humanos</p></div><p class="article-text">
        El mercado de esclavas abr&iacute;a por la noche. Pod&iacute;amos o&iacute;r el bullicio de los combatientes que estaban en la planta de abajo organizando todo, y cuando el primer hombre entr&oacute; a la habitaci&oacute;n, todas comenzamos a gritar. Fue como una explosi&oacute;n. Grit&aacute;bamos como si estuvi&eacute;ramos heridas, algunas se retorc&iacute;an y vomitaban en el suelo, pero nada de eso detuvo a los combatientes.
    </p><p class="article-text">
        Comenzaron a pasearse por la habitaci&oacute;n, mir&aacute;ndonos, mientras nosotras grit&aacute;bamos y les ped&iacute;as compasi&oacute;n. Rodeaban a las j&oacute;venes m&aacute;s bonitas y les preguntaban &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os tienes?&rdquo;. Les miraban la boca y el pelo. &ldquo;&iquest;Son todas v&iacute;rgenes, verdad?&rdquo; le preguntaron al guardia, que asinti&oacute; y dijo &ldquo;&iexcl;Por supuesto!&rdquo;, como un comerciante orgulloso de sus productos. Luego los combatientes comenzaron a tocarnos donde les daba la gana, nos pasaban las manos por los pechos y las piernas, como si fu&eacute;ramos animales.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los combatientes recorr&iacute;an la habitaci&oacute;n, revisando a las chicas y haciendo preguntas en &aacute;rabe o en turcomano, todo fue un caos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Tranquilas!&rdquo;, nos gritaban los combatientes. &ldquo;&iexcl;Calladas!&rdquo;. Pero sus &oacute;rdenes solo nos hac&iacute;an gritar a&uacute;n m&aacute;s. Si era inevitable que un combatiente me llevase, no se lo pondr&iacute;a f&aacute;cil. Grit&eacute; y aull&eacute;, abofeteando las manos que me tocaban el cuerpo. Otras chicas hac&iacute;an lo mismo, enroll&aacute;ndose como si fueran una bola en el suelo, o lanz&aacute;ndose sobre sus hermanas o amigas para intentar protegerlas.
    </p><p class="article-text">
        En un momento, un hombre se detuvo frente a nosotras. Era un combatiente de alto rango llamado Salwan, que hab&iacute;a venido con otra muchacha, una joven yazid&iacute; de Hardan que pensaba dejar all&iacute; luego de comprar a su reemplazante. &ldquo;Ponte de pie&rdquo;, me dijo. Como no le obedec&iacute;, me pate&oacute;. &ldquo;&iexcl;T&uacute;! &iexcl;La chica con la chaqueta rosa! &iexcl;Te he dicho que te pongas de pie!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a los ojos hundidos en la carne de su amplio rostro, que parec&iacute;a estar casi completamente cubierto por pelo. No parec&iacute;a un hombre. Parec&iacute;a un monstruo.
    </p><p class="article-text">
        Atacar Sinjar [en el norte de Irak] y llevarse chicas para utilizarlas como esclavas sexuales no era la decisi&oacute;n espont&aacute;nea de un soldado codicioso. ISIS lo ten&iacute;a todo planeado: c&oacute;mo entrar&iacute;an en nuestras casa, qu&eacute; chicas ten&iacute;an m&aacute;s o menos valor, qu&eacute; combatientes se merec&iacute;an tener una sabaya [esclava sexual] como premio y cu&aacute;les deber&iacute;an pagar por una. Incluso hablaban de sabayas en su revista propagand&iacute;stica, Dabiq, en un intento por atraer nuevos reclutas. Pero ISIS no es tan original como sus miembros piensan.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia, siempre se ha utilizado la violaci&oacute;n como un arma de guerra. Nunca pens&eacute; que yo tendr&iacute;a algo en com&uacute;n con mujeres de Ruanda (antes de todo esto, ni siquiera sab&iacute;a que exist&iacute;a un pa&iacute;s llamado Ruanda) y ahora me une a ellas la experiencia m&aacute;s horrorosa, el ser v&iacute;ctima de un crimen de guerra del que es tan dif&iacute;cil hablar que hasta 16 a&ntilde;os antes de que ISIS llegara a Sinjar no se hab&iacute;a condenado a nadie en el mundo por cometerlo.
    </p><p class="article-text">
        En la planta de abajo, un hombre apuntaba las transacciones en un libro, escrib&iacute;a nuestros nombres y los nombres de los combatientes que nos escog&iacute;an. Me puse a pensar en lo que significaba que me llevara Salwan, en lo fuerte que parec&iacute;a y lo f&aacute;cil que ser&iacute;a para &eacute;l machacarme simplemente con las manos. Sin importar lo que &eacute;l hiciera, y sin importar con cuanta fuerza yo me resistiese, nunca ser&iacute;a capaz de defenderme. &Eacute;l ten&iacute;a olor a huevos podridos y colonia.
    </p><p class="article-text">
        Yo miraba al suelo, a los pies y tobillos de los combatientes y las chicas que pasaban a mi lado. En medio de la multitud, vi un par de sandalias de hombre con unos tobillos delgados, casi como de mujer, y antes de pensar en lo que estaba haciendo, me arroj&eacute; sobre esos pies. Comenc&eacute; a implorarle: &ldquo;Por favor, ll&eacute;vame contigo&rdquo;, le dije. &ldquo;Haz lo que quieras, pero no dejes que me lleve este gigante&rdquo;. No s&eacute; por qu&eacute; el hombre delgado acept&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Me mir&oacute; de arriba a abajo, se gir&oacute; hacia Salwan y dijo &ldquo;Es m&iacute;a&rdquo;. Salwan no discuti&oacute;. El hombre delgado era un juez de Mosul y nadie lo contradec&iacute;a. Segu&iacute; al hombre delgado hasta el escritorio. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo te llamas?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Hablaba con una voz suave pero desagradable.&ldquo;Nadia,&rdquo; respond&iacute;, y &eacute;l se gir&oacute; hacia el hombre que llevaba el registro. El hombre pareci&oacute; reconocer en seguida al combatiente y comenz&oacute; a apuntar nuestra informaci&oacute;n. Pronunci&oacute; nuestros nombres en voz alta mientras los escrib&iacute;a. &ldquo;Nadia, Hajji Salman&rdquo;, y cuando pronunci&oacute; el nombre de mi captor, me pareci&oacute; que la voz le temblaba un poco, como si le diera miedo, y entonces me pregunt&eacute; si no hab&iacute;a cometido un grave error.
    </p><p class="article-text">
        <em>Finalmente, Nadia Murad logr&oacute; escapar de sus captores del ISIS. Logr&oacute; salir de Irak y a principios de 2015 lleg&oacute; como refugiada a Alemania. Ese mismo a&ntilde;o comenz&oacute; su activismo para despertar conciencia sobre la trata de personas.</em>
    </p><p class="article-text">
        En noviembre de 2015, un a&ntilde;o y tres meses despu&eacute;s de que el ISIS entrara a mi aldea llamada Kojo, viaj&eacute; desde Alemania hacia Suiza para hablar en una conferencia de la ONU sobre problemas de las minor&iacute;as &eacute;tnicas. Era la primera vez que iba a relatar mi experiencia delante de una audiencia tan grande. Quer&iacute;a hablar de todo: de los ni&ntilde;os que murieron deshidratados intentando huir del ISIS, de las familias que quedaron perdidas en las monta&ntilde;as, de los miles de mujeres y ni&ntilde;os que segu&iacute;an en cautiverio, de lo que mis hermanos vieron en el lugar de la masacre.
    </p><p class="article-text">
        Yo era solo una de los cientos de miles de v&iacute;ctimas yazid&iacute;es. Mi pueblo se dispers&oacute;, muchos viv&iacute;an como refugiados dentro y fuera de Irak, y Kojo segu&iacute;a ocupado por ISIS. El mundo necesitaba saber muchas cosas de lo que le estaba sucediendo al pueblo yazid&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a decirles que hab&iacute;a mucho por hacer. Era necesario establecer una zona segura para las minor&iacute;as religiosas en Irak, juzgar a los combatientes de ISIS &ndash;desde los l&iacute;deres hasta los ciudadanos que hab&iacute;an apoyado sus atrocidades&ndash; por genocidio y cr&iacute;menes de lesa humanidad, y era necesario liberar Sinjar. Tendr&iacute;a que hablar frente a la audiencia de Hajji Salman y todas las veces que me viol&oacute; y todo el abuso del que fui testigo. Hablar con sinceridad fue una de las decisiones m&aacute;s dif&iacute;ciles que tuve que tomar, y tambi&eacute;n la m&aacute;s importante.
    </p><p class="article-text">
        Mientras le&iacute;a mi discurso, temblaba. Habl&eacute; lo m&aacute;s calmadamente posible sobre c&oacute;mo tomaron Kojo y se llevaron a las chicas como yo para convertirlas en sabayas. Les habl&eacute; de c&oacute;mo me hab&iacute;an violado y golpeado una y otra vez, y de c&oacute;mo finalmente logr&eacute; escapar. Les habl&eacute; de mis hermanos que fueron asesinados. Nunca es f&aacute;cil contar nuestra propia historia. Cada vez que hablas, lo vuelves a vivir. Cuando explico c&oacute;mo me violaban en cada puesto de control, o la sensaci&oacute;n del l&aacute;tigo de Hajji Salman sobre la manta que me cubr&iacute;a, o c&oacute;mo se oscurec&iacute;a el cielo de Mosul mientras yo buscaba ayuda, revivo esos momentos y el terror que sent&iacute;. Otros yazid&iacute;es tambi&eacute;n son arrastrados por estos recuerdos.
    </p><p class="article-text">
        Mi historia, contada de forma honesta y directa, es la mejor arma que tengo contra el terrorismo, y pienso seguir utiliz&aacute;ndola hasta que los terroristas sean juzgados. Todav&iacute;a queda mucho por hacer. Los l&iacute;deres mundiales, y especialmente los l&iacute;deres musulmanes, deben ponerse de pie y proteger a los oprimidos.
    </p><p class="article-text">
        Di mi discurso. Cuando termin&eacute; de contar mi historia, segu&iacute; hablando. Les dije que no me hab&iacute;an criado para dar discursos. Les dije que todo el pueblo yazid&iacute; quiere que el ISIS sea juzgado por genocidio y que ellos ten&iacute;an el poder de ayudar a proteger a las personas vulnerables del mundo entero. Les dije que quer&iacute;a mirar a los hombres que me hab&iacute;an violado a los ojos y verlos en el banquillo de los acusados. Pero sobre todo, les dije, quiero ser la &uacute;ltima chica del mundo con una historia como la m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>Nadia Murad fue secuestrada junto a otras mujeres yazid&iacute;es en agosto de 2014 cuando Kojo, su aldea en Sinjar, en el norte de Irak, fue atacada por el Estado Isl&aacute;mico. Atrapada junto a sus hermanas, perdi&oacute; a seis hermanos y a su madre. En 2018 le dieron el&nbsp;Premio Nobel de la Paz junto al ginec&oacute;logo congol&eacute;s Denis Mukwege. Este es un extracto de su autobiograf&iacute;a, Yo ser&eacute; la &uacute;ltima: historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Isl&aacute;mico, publicada por Virago.</em><a href="https://www.theguardian.com/world/2018/oct/05/denis-mukwege-nadia-murad-nobel-peace-prize-2018" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel de la Paz</a>
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Luc&iacute;a Balducci
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nadia Murad]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Oct 2018 18:11:09 +0000]]></pubDate>
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