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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pilar Alberola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pilar_alberola/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pilar Alberola]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Inti Watana: un grupo de artesanas se une contra el machismo y la pobreza de su comunidad en Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/inti-watana-unidas-olvido_1_1893390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08ccff74-b2a2-4c40-9b3b-aa7c74a990b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inti Watana: un grupo de artesanas se une contra el machismo y la pobreza de su comunidad en Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el norte argentino, un grupo de mujeres tejedoras se ha organizado para salir adelante y convertirse en una red de apoyo para sus vecinas contra la violencia machista o la falta de educación sexual</p><p class="subtitle">"Nos sentamos a cocinar, empezamos a hablar de las verduras y terminamos hablando de nosotras, de los anticonceptivos y de la violencia", dice una de ellas</p><p class="subtitle">Las mujeres han recibido formación en los últimos meses y ahora buscan llegar a más compañeras y poder impulsar políticas locales por la igualdad de género</p></div><p class="article-text">
        En Huacalera, un pueblo de Jujuy, provincia de Argentina que hace frontera con Bolivia, viven 767 personas. Sus calles no est&aacute;n asfaltadas, pero est&aacute; comunicado por la ruta 40, que cruza el pa&iacute;s y sus lugares m&aacute;s tur&iacute;sticos. Pasan autobuses cada dos horas, el pasaje cuesta 20 pesos (unos 50 c&eacute;ntimos de euro) y est&aacute; al lado de Tilcara, centro del turismo mochilero de la Quebrada de Humahuaca.
    </p><p class="article-text">
        Solo hay una diferencia de 15 minutos entre Tilcara y Huacalera, pero al bajar del colectivo [autob&uacute;s], lo primero que desaparece es la se&ntilde;al del m&oacute;vil. Lejos del wifi, los restaurantes veganos y los bares de fiesta, la conexi&oacute;n, la electricidad y el agua corriente llegaron hace pocos meses a algunas de las zonas del pueblo. 
    </p><p class="article-text">
        Inti Watana es un peque&ntilde;o barrio de Huacalera. Es, tambi&eacute;n, el nombre que adopt&oacute; un grupo de mujeres que se re&uacute;ne tres veces a la semana para recuperar la tradici&oacute;n que sus antepasados transmitieron de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Aprenden a tejer junto a Ver&oacute;nica Cruz, la m&aacute;s mayor de todas y la que mejor conoce las t&eacute;cnicas. Lo hacen en telar de pedales, una t&eacute;cnica muy antigua en la que parte del telar se ata a la cintura y la otra, al suelo con un clavo. Con la lana de llama y oveja que compran en los pueblos de alrededor tejen juntas mantas, ponchos, polainas y calcetines gruesos. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora se re&uacute;nen en la casa de una de ellas, un peque&ntilde;o espacio que hace de taller, almac&eacute;n y tienda. Conforme van llegando, cada una se sienta en su lugar, unas se encargan del hilado, otras tejen a dos agujas, otras hacen los motivos en los bastidores para luego juntarlas para los tradicionales ponchos. Tejer les permite salir adelante y ser econ&oacute;micamente independientes, pero tambi&eacute;n genera la situaci&oacute;n de confianza que muchas necesitan. Con el tiempo, las artesanas han decidido convertirse en un grupo de apoyo para otras mujeres del barrio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El grupo sali&oacute; de nuestra propia iniciativa, no cont&aacute;bamos con el apoyo de nadie&rdquo;, comenta Estela, una enfermera de 32 a&ntilde;os. Asegura que cuando termin&oacute; los estudios, no logr&oacute; encontrar trabajo. Decidi&oacute; unirse a las vecinas del barrio para aprender las t&eacute;cnicas y poder trabajar. &ldquo;Aqu&iacute; no solo nos juntamos a tejer, entre nosotras hemos creado una red de apoyo para las mujeres del barrio, hemos aprendido mucho juntas&rdquo;, explica.
    </p><h3 class="article-text">De tejedoras a activistas contra la violencia machista</h3><p class="article-text">
        Estela es madre de dos ni&ntilde;as, la primera la tuvo con 19 a&ntilde;os. En la regi&oacute;n, muchas mujeres se quedan embarazadas siendo adolescentes y la gran mayor&iacute;a no est&aacute;n casadas. Su soluci&oacute;n es esconderse, muchas se fajan para que no se les note y otras se quedan en casa para evitar ser vistas. &ldquo;Mi primer embarazo lo viv&iacute; avergonzada, sin saber mucho sobre lo que estaba pasando, despu&eacute;s de los cursos a los que asistimos aprendimos que el embarazo no es algo malo&rdquo;, afirma la joven juje&ntilde;a. Tampoco pueden planificar sus embarazos por la falta de acceso a m&eacute;todos anticonceptivos. &ldquo;El problema es la falta de educaci&oacute;n sexual&rdquo;, cuenta Estela. &ldquo;Ac&aacute; estos temas no se tratan, el machismo, la violencia de g&eacute;nero, son naturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses, las mujeres de Inti Watana, que significa 'atada al sol', acudieron a un taller contra la violencia de g&eacute;nero que organiza la Secretaria de Paridad y G&eacute;nero del gobierno de la provincia. &ldquo;Al principio nadie hablaba en el curso, ac&aacute; si te pegan te escondes o no denuncias, es 'lo normal&rdquo;, comenta Elena, una de las m&aacute;s j&oacute;venes del grupo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el curso ten&iacute;amos miedo a hablar. Muchas lloraban, otras se soltaban y empezaban. Nosotras trat&aacute;bamos de acompa&ntilde;ar&rdquo;, cuenta Mar&iacute;a, hermana mayor de Estela. A partir de ese d&iacute;a ha intentado hablar con las mujeres del barrio. Pero no es f&aacute;cil. Los maridos, dice, no le dejan entrar en las casas. Si las mujeres salen mucho tiempo empiezan los celos y las preguntas, seg&uacute;n explica. Para evitarlo, su estrategia pasa por hablar con ellas a trav&eacute;s de actividades cotidianas, como cocinar juntas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos sentamos a cocinar en su casa y poco a poco empezamos a hablar de las verduras y terminamos hablando de nosotras, de los embarazos, de los anticonceptivos y, sobre todo, de la violencia&rdquo;, comenta Mar&iacute;a. Tambi&eacute;n es enfermera y utiliza esos conocimientos en las charlas cotidianas con las mujeres del barrio de Inti Watana. Tambi&eacute;n, intentan que vengan a tejer con ellas. &ldquo;Hay que llegar a ellas poco a poco, que hagan cosas, que no se queden en casa. Aprovechamos las fiestas para juntarnos todas y charlar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque Jujuy es la provincia con m&aacute;s Centros de Atenci&oacute;n de la Violencia de G&eacute;nero, para las mujeres de Huacalera el m&aacute;s cercano est&aacute; en Humahuaca, a unos 28 kil&oacute;metros de distancia. Pero la dificultad no est&aacute; solo la distancia. Las mujeres de Inti Watana saben que la violencia de g&eacute;nero existe en el barrio pero las complicaciones para denunciar son m&uacute;ltiples. &ldquo;Lo primero es que si te golpean no avisas. La soluci&oacute;n es esconderse y taparse los moretones. A veces cuando avisas la Polic&iacute;a te dice que 'algo habr&aacute;s hecho&rdquo;, comenta Estela.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Secretar&iacute;a de Paridad y G&eacute;nero de la provincia explican que han desarrollado un plan de prevenci&oacute;n de la violencia que incluye capacitaciones dirigidas a agentes de la Polic&iacute;a que trabajan en la calle. &ldquo;Es muy complejo porque hay que trabajar una estructura que viene de hace muchos a&ntilde;os, de disciplina y autoridad, entonces lo que intentamos es desnaturalizar lo que han aprendido y buscamos la sensibilizaci&oacute;n con las v&iacute;ctimas&rdquo;, apunta Soledad Sapag, directora de la secretar&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Las Inti Watana han creado un movimiento comunitario que busca llegar a m&aacute;s mujeres y convertirse en impulsoras de pol&iacute;ticas y ayudas locales contra la violencia machista. &ldquo;El trabajo consiste en este proceso de acercarse, ver c&oacute;mo se visualiza la situaci&oacute;n de igualdad g&eacute;nero en los diferentes municipios de la provincia y desde ah&iacute; crear estrategias de trabajo conjunto porque no nos sirven pol&iacute;ticas 'enlatadas' debido a la diversidad cultural de la provincia&rdquo;, sostiene, por su parte, Sapag.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Vinieron a por m&iacute; y ahora mi vida es mucho m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El grupo se ha ido ampliando con los meses y las artesanas han construido un centro justo enfrente de su taller para poder realizar all&iacute; actividades culturales. El centro lo han construido ellas, porque, dicen, &ldquo;los hombres que trabajan en la construcci&oacute;n no han querido participar&rdquo;. Las mujeres del pueblo se encargan principalmente de las labores de cuidados. Pocas trabajan fuera de casa, como ellas. La mano de obra es masculina, trabajan en invierno en la construcci&oacute;n y en verano en la cosecha. &ldquo;No ven bien que las mujeres trabajemos&rdquo;, comenta Mar&iacute;a Cruz, hermana mayor de Estela.
    </p><p class="article-text">
        Aseguran que est&aacute;n solas en aquella regi&oacute;n alejada de los focos de atenci&oacute;n de Buenos Aires, donde las noticias no llegan. &ldquo;No tenemos casi informaci&oacute;n, los anticonceptivos raramente llegan, los adolescentes no saben nada sobre ellos y los hombres no forman parte de lo que hacemos, no vienen a nada ni lo aprueban&rdquo;, reitera Mar&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo se vivi&oacute; aqu&iacute; el movimiento por la despenalizaci&oacute;n del aborto? Ellas responden con contundencia: &ldquo;Ac&aacute; ni se sinti&oacute; el movimiento porque la gente est&aacute; preocupada por comer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Luchan contra el machismo que las rodea, pero reconocen los obst&aacute;culos que tienen en contra: las mujeres en el pueblo tienen pocas salidas, hay muy poco trabajo y, por tanto, poca libertad para decidir. Muchas tienen familias numerosas y una situaci&oacute;n econ&oacute;mica muy precaria. Las pocas que encuentran trabajo es en la venta ambulante en los centros tur&iacute;sticos, pero Huacalera no lo es, as&iacute; que tienen que desplazarse a los pueblos de los alrededores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tejer es algo innato&rdquo;, dicen. Y los hijos de algunas corretean por el taller mientras ellas beben ap&iacute; caliente (elaborado con ma&iacute;z), que ayuda a sobrellevar la ca&iacute;da del sol y el fr&iacute;o des&eacute;rtico que llega a la habitaci&oacute;n. &ldquo;Fue lindo, porque, como dicen ac&aacute;, te abren la cabeza. Yo estaba encerrada con los chicos en casa antes de conocerlas. Ellas vinieron a por m&iacute; y ahora mi vida es mucho m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;, comenta Elena.
    </p><p class="article-text">
        Esta periodista les muestra un art&iacute;culo en Internet que cuenta sus actividades. Ven su fotograf&iacute;a y el titular: &ldquo;Mujeres emprendedoras&rdquo;. No dejan de repetirlo, entre ellas se miran y sonr&iacute;en. Se vuelve a o&iacute;r la frase entre susurros y medias sonrisas: &ldquo;Mujeres emprendedoras&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Alberola]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Oct 2018 19:20:15 +0000]]></pubDate>
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