<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Agulló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_agullo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Agulló]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/516853/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Venezuela: lo que no se entiende]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/venezuela-entiende_129_1661643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7192d540-3ac8-4257-8bb3-586abac1134e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Venezuela: lo que no se entiende"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace mes y medio de la brusca maniobra política que, pergeñada desde el exterior, hundió a Venezuela un poquito más en el caos. Hoy en día, el país, tiene dos Presidentes. Muchas cosas no se entienden aunque hay una muy clara: el petróleo ha iniciado su declive y eso, en un país que vive del crudo como Venezuela, significa una erosión paulatina de los ingresos y de los consensos que existieron alguna vez sobre cómo repartírselos. En realidad, de eso va su crisis. Mucho de lo demás, es literatura…</p></div><p class="article-text">
        Cuando se piensa en Venezuela casi nadie se plantea que, por autoritario que pueda parecer el r&eacute;gimen de Nicol&aacute;s Maduro, ineficiente su acci&oacute;n de gobierno e incluso, leg&iacute;timo el hilo que conduce hasta Juan Guaid&oacute;, el elemento (geo)pol&iacute;tico que subyace, es inquietante. Hace mes y medio que una cuarentena de pa&iacute;ses ha reconocido a un &ldquo;Gobierno&rdquo; que, en un contexto de polarizaci&oacute;n y crispaci&oacute;n, no tiene un control real del territorio y mucho menos, del Estado. La decisi&oacute;n originaria proviene, adem&aacute;s, de Washington y todo esto ocurre en un entorno vol&aacute;til, como el latinoamericano, en el que los conflictos post-electorales son moneda corriente.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; suceder&aacute; cuando, a partir de ahora, vuelvan a producirse situaciones similares en la regi&oacute;n? Dif&iacute;cil de predecir aunque, como otras muchas posibles consecuencias del inopinado desconocimiento internacional de Maduro, casi nadie se lo ha preguntado. Normal: el relato prefabricado en el que son encasilladas las noticias sobre Venezuela descansa sobre tres ejes argumentales (&ldquo;Maduro-dictadura-hambre&rdquo;) que traban casi cualquier cuestionamiento extra, por razonable que sea. Los enfoques son machacones y los comentarios, ideologizados. Ante eso, lo que este art&iacute;culo se plantea es intentar iluminar las abundantes zonas de sombra.
    </p><p class="article-text">
        Primera parada, nuestro entorno. Tocar la fibra sensible del europeo medio exaltando las disfuncionalidades del sistema pol&iacute;tico venezolano es relativamente sencillo. La cultura pol&iacute;tica de ambos continentes es tan diferente que hay circunstancias (como la corrupci&oacute;n, la hiperinflaci&oacute;n o el desabasto) que aunque forman parte de la cotidianidad latinoamericana, en Europa, espantan. La pregunta entonces es &iquest;por qu&eacute; la prensa nunca exalt&oacute; el grave conflicto poselectoral de Honduras, en 2017; los m&aacute;s de 380 mil muertos acumulados en M&eacute;xico desde 2008 o el incremento en 2018, del 166%, de los homicidios en las favelas de R&iacute;o de Janeiro?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta, posiblemente, sea m&uacute;ltiple: en la informaci&oacute;n internacional la agenda la suelen marcar las agencias de noticias; cada vez hay menos corresponsal&iacute;as permanentes; Am&eacute;rica Latina es una regi&oacute;n perif&eacute;rica&hellip; La cuesti&oacute;n subyacente es entonces de caj&oacute;n &iquest;por qu&eacute; a Venezuela, que tiene una poblaci&oacute;n parecida a la de Per&uacute;, se le est&aacute; prestando una atenci&oacute;n informativa similar a la de M&eacute;xico o Brasil? Eso, en Europa, equivaldr&iacute;a a poner en un mismo plano a Portugal y Alemania&hellip; Para responder, quiz&aacute;s ser&iacute;a bueno hacerse, como Mario Vargas Llosa en &lsquo;Conversaci&oacute;n en la catedral&rsquo;, una pregunta matriz: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo se jodi&oacute; Venezuela?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El relato medi&aacute;tico hegem&oacute;nico tendr&iacute;a muy clara la respuesta: con el chavismo. Los datos duros, sin embargo, sugieren otra cosa: en 2008, los soci&oacute;logos venezolanos Margarita L&oacute;pez Maya y Luis Lander sosten&iacute;an que, entre 1989 y 2005, se hab&iacute;an producido 15,611 protestas callejeras en Venezuela (2,67 por d&iacute;a). El malestar, por tanto, viene de lejos &iquest;Pero por qu&eacute; entonces casi nadie establece una l&iacute;nea de continuidad entre el descontento de la Venezuela pre y post-chavista? Los motivos se pueden intuir aunque, lo m&aacute;s pr&aacute;ctico, es preguntarse por los efectos: sobrecargar el periodo actual tiende a hurtarle perspectiva al problema de fondo.
    </p><p class="article-text">
        Prueba de ello es que, el tratamiento informativo que acostumbra a d&aacute;rsele a Hugo Ch&aacute;vez, escamotea que su primera elecci&oacute;n como Presidente, en 1998, constituy&oacute; en realidad el &uacute;ltimo acto pol&iacute;tico de una larga crisis de legitimidad como las que ahora abundan, incluso en pa&iacute;ses de nuestro entorno. Ch&aacute;vez, hace veinte a&ntilde;os, obtuvo un nada desde&ntilde;able 56% de los votos y su nueva Constituci&oacute;n, un 71%. Quiz&aacute;s por eso, visto desde la perspectiva actual, sea l&iacute;cito preguntarse qu&eacute; desencaden&oacute; un descontento tan grande para que los venezolanos escogieran a Ch&aacute;vez, de una forma tan abrumadora, por encima de sus partidos tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es sencilla: el Caracazo, una revuelta popular que tuvo lugar en la capital del pa&iacute;s en 1989. Su saldo fue de 276 muertos oficiales y m&aacute;s de 3 mil oficiosos (recu&eacute;rdese, como referencia, que ETA asesin&oacute; en Espa&ntilde;a a 829 personas en 51 a&ntilde;os). Durante los nueve d&iacute;as que dur&oacute; el mot&iacute;n, seg&uacute;n la Corte Interamericana de Derechos Humanos, &ldquo;la mayor&iacute;a de las muertes fueron ocasionadas por disparos indiscriminados realizados por agentes del Estado venezolano mientras que otras fueron el resultado de ejecuciones extrajudiciales&rdquo; (CIDH, 1999). Si hoy, los venezolanos siguen recordando aquello con terror, imag&iacute;nese en 1998.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto &iquest;c&oacute;mo se lleg&oacute; a un punto de ebullici&oacute;n tan extremo? De hecho &iquest;cu&aacute;l fue el detonante real de un suceso que dinamit&oacute; la legitimidad del sistema pol&iacute;tico y envenen&oacute; el devenir del pa&iacute;s por d&eacute;cadas? El relato oficial, el de la Wikipedia, alude al incremento del&nbsp; precio de la gasolina pero el verdadero problema de fondo fue m&aacute;s estructural: entre 1982 y 2003, los precios internacionales del petr&oacute;leo, se desplomaron. En la &lsquo;Venezuela Saudita&rsquo; eso supuso que se pasara, en poco tiempo, de incrementos del 25% en el salario real y del 40%&nbsp;&nbsp; en el gasto social, a planes de &lsquo;ajuste&rsquo; que, desde 1983, contrajeron exponencialmente el PIB.
    </p><p class="article-text">
        En el plano social, esos recortes provocaron que el pa&iacute;s pasara, r&aacute;pidamente, de elevados niveles de bienestar y una estabilidad pol&iacute;tica considerable, una rareza en Am&eacute;rica Latina, al&nbsp; caos. Protestas callejeras, revueltas, intentos de Golpe, inflaci&oacute;n galopante, inseguridad y sobresaltos se convirtieron, despu&eacute;s de 1989, en el pan nuestro de cada d&iacute;a: en realidad, un escenario muy similar al de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &iquest;Qu&eacute; hay entonces de excepcional en el periodo de Maduro? Pues, salvo que ahora se televisa, no gran cosa: los precios del petr&oacute;leo volvieron a caer abruptamente en 2015 y la econom&iacute;a venezolana sigue siendo crudo-dependiente.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, lo m&aacute;s inquietante, lo que explica el car&aacute;cter end&eacute;mico de la conflictividad (y casi nunca se le cuenta a la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional) es que la clase pol&iacute;tica venezolana nunca ha sido capaz, ni antes ni despu&eacute;s de Ch&aacute;vez, de tejer un consenso orientado al reparto de la renta petrolera pero, sobre todo, al establecimiento de un modelo de desarrollo&nbsp; sostenible. Eso ni siquiera fue posible cuando, en 2011 y 2012, los precios internacionales del petr&oacute;leo superaron los 100 d&oacute;lares: el rentismo es insaciable. Pero &iquest;qu&eacute; caus&oacute; y qu&eacute; causa ese fracaso pol&iacute;tico nacional? La mala administraci&oacute;n, la cultura del despilfarro y la corrupci&oacute;n generalizada tienen parte de culpa pero la oposici&oacute;n que ahora abandera Guaid&oacute;, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, mientras su grupo pol&iacute;tico perd&iacute;a 24 de 26 elecciones, intent&oacute; golpes de Estado (2002), refer&eacute;ndums revocatorios (2004) y boicots electorales (2006 y 2017) pero, sobre todo, le apost&oacute; todo a una pol&iacute;tica combinada de lobby exterior y protesta callejera interior. Un comportamiento como ese, en Espa&ntilde;a, ser&iacute;a carne de Tribunal Supremo &iquest;De d&oacute;nde sale entonces el reconocimiento de Guaid&oacute; como Presidente &lsquo;encargado&rsquo;? Ser&iacute;a bueno saberlo: lejos de contribuir a desactivar el problema, le echa le&ntilde;a al fuego y eso, considerando la situaci&oacute;n actual, es muy preocupante: en Venezuela hay cultura de la violencia, resentimiento acumulado y muchas armas sueltas &iquest;Hasta d&oacute;nde quieren llegar algunos? No se entiende.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Agulló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/venezuela-entiende_129_1661643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Mar 2019 20:31:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7192d540-3ac8-4257-8bb3-586abac1134e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41361" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7192d540-3ac8-4257-8bb3-586abac1134e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41361" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Venezuela: lo que no se entiende]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7192d540-3ac8-4257-8bb3-586abac1134e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Guaidó,Nicolás Maduro,Venezuela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué se puede esperar de Bolsonaro?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/puede-esperar-bolsonaro_129_1864425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efed9fbb-5fd4-438f-8fe5-4d8bd4925809_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué se puede esperar de Bolsonaro?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bolsonaro será presidente pero no tendrá un poder absoluto: lo probable es que tenga que entenderse con los partidos de centro-derecha</p></div><p class="article-text">
        La pregunta, en realidad, deber&iacute;a ser m&aacute;s amplia: &iquest;hacia d&oacute;nde ir&aacute; Brasil en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os? Si nos atenemos a los trapos sucios de Jair Bolsonaro, divulgados por la prensa internacional durante las &uacute;ltimas semanas, fascismo puro y duro. Si se consideran algunos elementos, menos centrados en el personaje, la explicaci&oacute;n puede ser m&aacute;s rica en matices. En realidad no se trata de blanquear al pr&oacute;ximo presidente, un <em>outsider</em>, sino de saber qu&eacute; puede pasar en la octava econom&iacute;a del mundo: un pa&iacute;s habitado por 208 millones de personas, que dobla en extensi&oacute;n a la Uni&oacute;n Europea y que suele ser frecuentemente asociado -desde que el intelectual vien&eacute;s Stefan Zweig public&oacute; un libro al respecto, en 1941- a la idea de futuro.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello en Brasil, ahora mismo, no se respira mucho optimismo. Como dec&iacute;a el humorista Mill&ocirc;r Fern&aacute;ndes en tiempos de crisis, aqu&eacute;l es un pa&iacute;s con &ldquo;un enorme pasado por delante&rdquo;. Un pasado que da pistas. La primera: Bolsonaro ser&aacute; presidente pero, al igual que Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016), no tendr&aacute; un poder absoluto. Eso siempre y cuando, claro, no rompa las reglas del juego. En caso de que respete la Constituci&oacute;n, lo previsible es que el parlamento de Brasilia siga siendo el gran escenario de negociaci&oacute;n. Es algo a lo que un pa&iacute;s que tiene m&aacute;s de treinta partidos representados en el parlamento est&aacute; muy acostumbrado. En ese marco, Bolsonaro y su Partido Social Liberal (PSL) no lo tendr&aacute;n f&aacute;cil: contar&aacute;n con un porcentaje de esca&ntilde;os similar al de Ciudadanos en Espa&ntilde;a (10%).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; margen de maniobra dejar&aacute; eso? Pues considerando que el c&oacute;digo deontol&oacute;gico del citado PSL impide alianzas con la izquierda y que negociar con los parlamentarios sectorialmente, como pretend&iacute;a Bolsonaro, no parece viable, lo probable es que tenga que entenderse con los partidos de centro-derecha (en Brasil, llamado <em>Centr&atilde;o</em>). El <em>Centr&atilde;o</em>&nbsp;es una decena de grup&uacute;sculos que controlan el 40% de los esca&ntilde;os (m&aacute;s o menos como el PP en Espa&ntilde;a), conforman una malla clientelista con ramificaciones en casi todos los Estados y defienden, ante todo, sus intereses: durante a&ntilde;os, constituyeron la base parlamentaria de los Gobiernos de izquierda hasta que, en 2016, promovieron el <em>impeachment</em>&hellip; contra la izquierda. En estas presidenciales no han logrado rematar la faena, pero siguen mandando.
    </p><p class="article-text">
        Su poder territorial, de hecho, sigue siendo inmenso. Un fen&oacute;meno interesante en estas elecciones ha sido, en efecto, la bifurcaci&oacute;n del voto: en bastantes estados, Bolsonaro ha ganado la elecci&oacute;n presidencial mientras que en la local, para Gobernador, se ha impuesto un centrista. Es el caso del sure&ntilde;o estado de Paran&aacute;: Bolsonaro gan&oacute; all&iacute; con un 56% y el candidato a Gobernador, centrista, con un 59%. Esto a lo que en realidad remite es a la naturaleza del <em>Centr&atilde;o</em>: se trata, m&aacute;s que de un conjunto de partidos ideol&oacute;gicamente afines, de familias pol&iacute;tico/empresariales que parasitan y al mismo tiempo garantizan la reproducci&oacute;n del sistema. Estamos, pues, ante el aut&eacute;ntico catalizador y contrapeso de la pol&iacute;tica brasile&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Con Bolsonaro, los fieles de la balanza no parece que vayan a cambiar mucho. Pero lo que se pesa, s&iacute;: no solo la colaboraci&oacute;n entre este centro y esta derecha, si se concreta, ser&aacute; in&eacute;dita sino que proyectar&aacute; a algo m&aacute;s que a dos grandes conjuntos de familias pol&iacute;ticas. De hecho, la nueva derecha brasile&ntilde;a se ha erigido en estas elecciones en representante de una oligarqu&iacute;a perif&eacute;rica emergente, ligada al agronegocio y sostenida por los 44 millones de evang&eacute;licos y su <em>Teolog&iacute;a de la Prosperidad</em>&nbsp;(que contraponen a la <em>Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n</em>). El <em>Centr&atilde;o</em>, por el contrario, representa una vieja l&oacute;gica de poder (con capacidad informal de veto) que tiene su matriz en el estado de S&atilde;o Paulo, el m&aacute;s rico y desarrollado.
    </p><p class="article-text">
        El <em>quid</em> de la cuesti&oacute;n radica, en realidad, en que ambos polos se necesitan: en 2016, el centro necesit&oacute; a la derecha para desalojar del Gobierno, v&iacute;a <em>impeachment</em>, a Dilma Rousseff. Ten&iacute;a muchas ambiciones pero sobre todo tem&iacute;a dos cosas, que los Juegos Ol&iacute;mpicos de R&iacute;o consolidaran el liderazgo pol&iacute;tico de la expresidenta y que la explotaci&oacute;n del petr&oacute;leo, in&eacute;dita en Brasil, proporcionara una base material s&oacute;lida a la izquierda. Era, pues, el momento y la derecha apoy&oacute;. Ahora, sin embargo, esa misma derecha es la que reclama empat&iacute;a: el agronegocio, que ya genera uno de cada tres empleos en Brasil y supone el 44% de las exportaciones, necesita inversiones, no solo traducidas en dinero, sino en decisiones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Y 'decisiones pol&iacute;ticas' quiere decir iniciativas capaces de alterar din&aacute;micas tradicionales. En concreto: la patronal del agronegocio pide desde sus bases en estados perif&eacute;ricos (como Mato Grosso do Sul, Rio Grande do Sul o el ya citado Paran&aacute;) una fuerte inversi&oacute;n en infraestructuras que permita colocar sus cosechas en los mercados internacionales sin depender tanto de puertos ya insuficientes, como el de Santos, que est&aacute; en el estado de S&atilde;o Paulo. Tambi&eacute;n reclama carreteras e incluso hidrov&iacute;as que permitan sacar sus zafras por el Amazonas. Si Bolsonaro impone un programa as&iacute; estar&aacute; afectando a los intereses de la centralizadora y especuladora oligarqu&iacute;a paulista. Aqu&iacute; hay, pues, un escollo potencial.
    </p><p class="article-text">
        De todos modos hay otro terreno donde el entendimiento, incluso inmediato, parece m&aacute;s plausible: el gasto p&uacute;blico, que desde 1995 ha crecido un 58% y actualmente carcome las finanzas e hipoteca el futuro, se ha convertido en una obsesi&oacute;n pol&iacute;tica compartida por centro y derecha. Ah&iacute;, un severo plan de ajuste, como en la Argentina de Mauricio Macri, parece avecinarse. Y ello hasta el punto de que este &uacute;ltimo debiera constituir el motor del pr&oacute;ximo Gobierno: &uacute;til tanto para descoser los avances sociales tejidos por la izquierda (sobre todo en el empobrecido Nordeste) como para obtener (privatizaciones mediante) los apoyos pol&iacute;ticos que Bolsonaro necesitar&aacute; en el parlamento y, por qu&eacute; no, en el &aacute;vido capital exterior.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al resto de asuntos candentes, desde la pol&iacute;tica presupuestaria hasta las libertades p&uacute;blicas pasando por las pol&iacute;ticas de seguridad, sociales y medioambientales, la actuaci&oacute;n de Bolsonaro es probable que tienda a subsumirse al modelo de crecimiento adoptado, a la evoluci&oacute;n de las relaciones de fuerza y por supuesto, a la coyuntura. En la pr&aacute;ctica, el nuevo presidente har&aacute; lo que m&aacute;s le convenga en cada momento: de hecho, no debieran descartarse manipulaciones, golpes de efecto e incluso algunas desagradables sorpresas. La izquierda, mientras tanto, zozobra: est&aacute; pol&iacute;ticamente descabezada; org&aacute;nicamente fragmentada; institucionalmente limitada y con su capacidad de movilizaci&oacute;n lastrada. Y ojo porque el poder desgasta pero -como dec&iacute;a Giulio Andreotti- la oposici&oacute;n desgasta a&uacute;n m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Agulló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/puede-esperar-bolsonaro_129_1864425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Oct 2018 07:05:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/efed9fbb-5fd4-438f-8fe5-4d8bd4925809_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="350331" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/efed9fbb-5fd4-438f-8fe5-4d8bd4925809_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="350331" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Qué se puede esperar de Bolsonaro?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/efed9fbb-5fd4-438f-8fe5-4d8bd4925809_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Jair Bolsonaro,Ultraderecha,Latinoamérica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brasil: Biblia, buey, bala]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/brasil-biblia-buey-bala_129_1893500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d774820b-8a1b-4cb8-adbe-60c8d270c0e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Brasil: Biblia, buey, bala"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la burguesía le cuesta mucho fidelizar, en un contexto de declive económico, a un proletariado urbano machacado por el desempleo, la precariedad y la violencia y precisamente por eso, prefiere negociar bajo cuerda con un liderazgo carismático ‘de urgencia’ como el de Bolsonaro</p></div><p class="article-text">
        A Jair Bolsonaro, reciente ganador de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasile&ntilde;as, le hubiera resultado complicado ser elegido en Espa&ntilde;a: en 2003, en los pasillos del Congreso, no dud&oacute; en espetarle a una compa&ntilde;era diputada que no la violaba porque &ldquo;no se lo merec&iacute;a&rdquo;. Adem&aacute;s de ese desagradable episodio, el personaje en cuesti&oacute;n ha ido acumulando a lo largo de los a&ntilde;os improperios y salidas de tono de todos los colores: racistas, machistas, hom&oacute;fobas, glorificadoras de la dictadura militar y en t&eacute;rminos generales, poco compasivas. Los brasile&ntilde;os no pueden esconder que saben qui&eacute;n es Jair Bolsonaro: sus exabruptos, exageraciones, zafiedades y empanadas mentales forman parte del acervo pol&iacute;tico nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque, desde que el ex Presidente Lula da Silva (PT, izquierda) fue encarcelado y su candidatura presidencial, impedida, Bolsonaro lideraba las encuestas, sus posibilidades reales se dispararon a una semana de los comicios. Contribuy&oacute; a ello la transfusi&oacute;n de votos de la burgues&iacute;a urbana liberal, fundamentalmente paulista (del Estado de S&atilde;o Paulo, 45 millones de habitantes, con un PIB y un IDH de los m&aacute;s altos de Am&eacute;rica Latina). Prueba de ello es que el PMDB y el PSDB, los dos grandes partidos promotores -en 2016- del <em>Impeachment </em>contra la ex Presidenta Dilma Rousseff, el domingo pasado, apenas sumaron un 6%. El <em>anti-petismo</em> no parece haber sido de hecho, el causante de una adhesi&oacute;n en masa tan r&aacute;pida e impresionante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2014, en la primera vuelta, la candidatura de Dilma Rousseff cosech&oacute; 43 millones de votos. El domingo pasado, la de Fernando Haddad (PT) y la de Ciro Gomes (PDT), que esta vez fueron por separado pero se reunir&aacute;n en la segunda vuelta, sumaron 44 millones. Lo relevante fue, sin embargo, un importante trasvase de intenciones de voto (de Lula a Bolsonaro) que equivale, pr&aacute;cticamente, a los apoyos que hace cuatro a&ntilde;os hicieron la diferencia en la segunda vuelta &iquest;A qu&eacute; ha podido deberse? Pues a lo que Yves Pedrazzini llam&oacute;, hace a&ntilde;os, &lsquo;Cultura de Urgencia&rsquo;, es decir, a un movimiento t&aacute;ctico en un pa&iacute;s en el que, los partidos pol&iacute;ticos, con muy pocas excepciones, no suelen querer decir (casi) nada para la gente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Brasil no existe, de hecho, una crisis de legitimidad como la que caracteriza a algunos pa&iacute;ses europeos: all&iacute;, eso de &ldquo;el sistema YA no me representa luego voto en contra&rdquo; se cambia por &ldquo;el sistema NUNCA me representa luego voto a quien se acuerde de m&iacute;&rdquo;. Es una l&oacute;gica distinta a la europea que, adem&aacute;s, tiende a decidirse en el &uacute;ltimo momento: en 2002, Lula, fue m&aacute;s una revuelta contra los padecimientos provocados por los planes de ajuste que un voto racional a favor de un proyecto izquierdista. En 2018, Bolsonaro, parece estar suponiendo (m&aacute;s que&nbsp;una repentina fe fascista colectiva) un voto retador y una salida frente a los bloqueos, cada vez m&aacute;s inc&oacute;modos, y a la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica a la que ha estado sometido al pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay en este sentido un dato que a menudo se olvida. En esta elecci&oacute;n, no solo PMDB y PSDB se han quedado en un 6% sino que varios pol&iacute;ticos &lsquo;demasiado&rsquo; identificados con el sistema, de izquierda y de derecha, se han quedado fuera de Congreso y Senado (la m&aacute;s conocida, Dilma Rousseff). &iquest;Qu&eacute; quiere esto decir? Pues, para empezar, que lo sucedido el domingo pasado en Brasil tiene una lectura menos simplista y formalista de la que, r&aacute;pidamente, se le ha querido proporcionar en Europa. &iquest;Similitudes con la oleada mundial de ultraderechismo? Pues quiz&aacute;s, aunque con la condici&oacute;n de que se le preste m&aacute;s atenci&oacute;n a las peculiaridades locales: Brasil es, por ejemplo, uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s desiguales del mundo, dato no menor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad supone, en la pr&aacute;ctica, poca cohesi&oacute;n social y obliga a proporcionar explicaciones segmentadas y desde luego, mucho m&aacute;s matizadas de las cosas que aqu&iacute; en Europa. En las zonas rurales, por ejemplo, pr&aacute;cticamente el &uacute;nico factor de vertebraci&oacute;n social que existe son las iglesias, sobre todo evang&eacute;licas. Dichas instituciones que constituyen en multitud de ocasiones instancias de canalizaci&oacute;n local de las relaciones de poder son las estructuras que verdaderamente articulan, organizan y median en el Brasil contempor&aacute;neo. Su existencia, en el fondo, se ha convertido en un regulador al servicio de la estabilidad del sistema y su capacidad de presi&oacute;n, precisamente por ello, est&aacute; aumentando sin freno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En dicho marco, un factor que preocupa cada vez m&aacute;s a los evang&eacute;licos brasile&ntilde;os es la arrogante preeminencia de los circuitos de poder tradicionales: S&atilde;o Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia y el empobrecido Nordeste, granero del PT y desembocadura de fondos p&uacute;blicos. Y ah&iacute; es donde, los evang&eacute;licos, han encontrado un aliado estrat&eacute;gico: el Agronegocio. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, de hecho, el pa&iacute;s est&aacute; cambiando su matriz productiva, lig&aacute;ndola a las exportaciones agr&iacute;colas. Ello est&aacute; provocando sigilosas alteraciones en las relaciones de poder: el eje parece estar movi&eacute;ndose, desde los centros tradicionales, hacia la llamada <em>Rep&uacute;blica de la Soja</em> (una extensa zona de cultivo, equivalente a la superficie de Gran Breta&ntilde;a).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante el <em>Impeachment</em> contra Dilma Rousseff, en 2016, eso fue parte de lo que estuvo en juego: la burgues&iacute;a paulista, reunida alrededor de la suma PMDB/PSDB, no pod&iacute;a sola. Su temor pol&iacute;tico era que los ingresos petroleros (toda una novedad en Brasil) cayeran en manos del PT: contra un clientelismo tan generoso iba a ser imposible competir (no preocupaba la corrupci&oacute;n, inquietaba el asentamiento material del <em>lulismo</em>). Hicieron falta apoyos para la conspiraci&oacute;n, por lo que se sum&oacute; a la causa a esa curiosa alianza, muy reaccionaria, de sojeros y evang&eacute;licos. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, Bolsonaro es el resultado pol&iacute;tico de aquella &lsquo;santa&rsquo; alianza con la salvedad de que, a la burgues&iacute;a paulista, el genio se le ha salido de la l&aacute;mpara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los resultados de la elecci&oacute;n del domingo pasado se mapean, se puede constatar que, casi todas las zonas te&ntilde;idas de bolsonarismo, cultivan soja: desde Mato Grosso a Paran&aacute;, pasando por Goi&aacute;s o Rio Grande do Sul. El Brasil profundo bulle y hoy por hoy necesita de puertos controlados por la burgues&iacute;a urbana (como el de Santos) para colocar su mercanc&iacute;a en los mercados mundiales. Ma&ntilde;ana quiz&aacute;s no (los ojos est&aacute;n puestos en el Amazonas) pero hoy por hoy la entente funciona: a la burgues&iacute;a le cuesta mucho fidelizar, en un contexto de declive econ&oacute;mico, a un proletariado urbano machacado por el desempleo, la precariedad y la violencia y precisamente por eso, prefiere negociar bajo cuerda con un liderazgo carism&aacute;tico &lsquo;de urgencia&rsquo; como el de Bolsonaro. El cap&iacute;tulo que viene, una sorda batalla intraolig&aacute;rquica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Agulló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/brasil-biblia-buey-bala_129_1893500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Oct 2018 19:25:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d774820b-8a1b-4cb8-adbe-60c8d270c0e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="40067" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d774820b-8a1b-4cb8-adbe-60c8d270c0e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="40067" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Brasil: Biblia, buey, bala]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d774820b-8a1b-4cb8-adbe-60c8d270c0e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Jair Bolsonaro]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
