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    <title><![CDATA[elDiario.es - Raúl V. Durán]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Raúl V. Durán]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De latín, ciencia, y panes mohosos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/latin-ciencia-panes-mohosos_132_1881249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f3c449f-68cf-4c7a-ab05-bee87e2be6f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De latín, ciencia, y panes mohosos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Incluso los indómitos mercaderes encontrarán sosiego al comprobar la participación inherente y necesaria del conocimiento científico en la propia revolución económica</p></div><p class="article-text">
        Recuerdo que aquella ma&ntilde;ana de oto&ntilde;o llov&iacute;a de manera inusualmente intensa en Sevilla. Las horas se hac&iacute;an largas. Fue a mitad de ma&ntilde;ana cuando el alumno de bachillerato que se sentaba al fondo de la clase le pregunt&oacute; con algo de picard&iacute;a y bastante cinismo al cansado profesor, al que ya le florec&iacute;an en abundancia las canas en la barba:
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp; Y a m&iacute;, &iquest;para qu&eacute; me va a servir aprender lat&iacute;n?
    </p><p class="article-text">
        El profesor, entre la indignaci&oacute;n y la tristeza, lo mir&oacute; fijo con sus ojos hundidos y le contest&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;Para que no te den un bollo de pan mohoso en la panader&iacute;a!
    </p><p class="article-text">
        La escena ocurri&oacute; hace m&aacute;s de 25 a&ntilde;os en un instituto de barrio humilde, y yo fui testigo. Pero probablemente se habr&aacute; repetido y se seguir&aacute; repitiendo hasta la saciedad. No debe sorprender demasiado la actitud del estudiante, cuyo nombre olvid&eacute;, en una sociedad en que toda acci&oacute;n, omisi&oacute;n, conocimiento, divertimento, experiencia, y hasta la locura s&oacute;lo tienen sentido si se los observa desde el prisma del pragmatismo mercantilista del beneficio, a ser posible econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s por eso, el d&iacute;a que anunci&eacute; a bombo y platillo en casa que mi destino era ser investigador cient&iacute;fico, se encendieron todas las alarmas.
    </p><p class="article-text">
        - El hambre que va a pasar este chiquillo&hellip; - pens&oacute; mi padre.
    </p><p class="article-text">
        Y no se lo reprocho. La apuesta era arriesgada. &iquest;Para qu&eacute; sirve la ciencia?, se cuestionar&iacute;a nuestro estudiante de lat&iacute;n. Para quien ya le lleva dedicados casi 20 a&ntilde;os a la investigaci&oacute;n en bioqu&iacute;mica y biolog&iacute;a celular, la respuesta se presenta obvia. Incluso renunciando al mercantilismo del r&eacute;dito econ&oacute;mico. En una sociedad en la que todo es opinable y cuestionable, en la que los expertos y opinadores de todo afloran en cualquier esquina, bar, o plat&oacute; de televisi&oacute;n, el conocimiento cient&iacute;fico, o la &ldquo;sagrada verdad cient&iacute;fica&rdquo; como la denominara mi mentor, el Profesor Michael N. Hall (Universidad de Basilea, Suiza), aparece como estandarte de gu&iacute;a en una civilizaci&oacute;n en constante b&uacute;squeda por encontrar verdades absolutas. El conocimiento cient&iacute;fico es parte constituyente esencial de la revoluci&oacute;n social y cultural, sin la cual la revoluci&oacute;n econ&oacute;mica pierde su sentido y fin. La misma revoluci&oacute;n cultural que nos hace libres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Semejante argumento no consolar&aacute; al m&aacute;s ambicioso de nuestros emprendedores, siempre a la b&uacute;squeda de una idea original, innovadora, rompedora,&hellip; y sobre todo, que se venda como rosquillas. Pero incluso los ind&oacute;mitos mercaderes encontrar&aacute;n sosiego al comprobar la participaci&oacute;n inherente y necesaria del conocimiento cient&iacute;fico en la propia revoluci&oacute;n econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Como muy bien explicara el Profesor Yuri Lazebnik (Cold Spring Harbor Laboratory, EEUU) en su c&eacute;lebre ensayo <em>&ldquo;&iquest;Puede un bi&oacute;logo arreglar una radio?</em>&rdquo; (https://www.cell.com/cancer-cell/pdf/S1535-6108(02)00133-2.pdf), cuando se enquista la evoluci&oacute;n de cualquiera de las muchas circunstancias que ata&ntilde;en a nuestra sociedad, sean &eacute;stas de &iacute;ndole social, econ&oacute;mica, sanitaria, laboral, o incluso territorial (muy de moda por cierto), la soluci&oacute;n en un porcentaje alt&iacute;simo de las veces aparece de la mano de la implementaci&oacute;n de una nueva capacidad t&eacute;cnica que permite observar el problema desde una perspectiva totalmente distinta. Y ah&iacute;, la ciencia y el conocimiento tecnol&oacute;gico tienen una participaci&oacute;n esencial. La soluci&oacute;n a los problemas socio-sanitarios, cuya repercusi&oacute;n econ&oacute;mica es innegable, no es entendible sin la participaci&oacute;n del avance cient&iacute;fico. El desarrollo t&eacute;cnico necesario para la mejora de la producci&oacute;n primaria e industrial es imposible sin el avance cient&iacute;fico. La inversi&oacute;n cient&iacute;fica aparece pues como el mejor garante del desarrollo (que no del &ldquo;pelotazo&rdquo;) econ&oacute;mico de nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y a pesar de que el argumento arriba expuesto ha sido ya repetido y dado por obvio con anterioridad en los mentideros de todo el pa&iacute;s, algo debemos seguir haciendo mal los que tenemos la responsabilidad de mantener el avance del conocimiento cient&iacute;fico, cuando la sociedad sigue sin entender la esencialidad de nuestra aportaci&oacute;n; y cuando ante cualquier circunstancia de constricci&oacute;n econ&oacute;mica, la inversi&oacute;n en ciencia se sigue viendo sacrificada como un lujo inaceptable por s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no tuvimos tiempo de salir a explicar cu&aacute;nto podemos ayudar a solucionar los problemas de quien leg&iacute;timamente decide qu&eacute; hacer con su dinero. O quiz&aacute;s la escasez de nuestro valios&iacute;simo tiempo no nos permiti&oacute; encontrar una manera m&aacute;s clara de lanzar el mensaje. O peor a&uacute;n, quiz&aacute;s ni nosotros mismos cre&iacute;mos que un bi&oacute;logo pudiera arreglar una radio.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no entendimos bien la importancia de aprender lat&iacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl V. Durán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/latin-ciencia-panes-mohosos_132_1881249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Oct 2018 18:35:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Investigación]]></media:keywords>
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