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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andrea Godínez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andrea_godinez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andrea Godínez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La historia de Mario, el niño hondureño que se unió solo a la caravana migrante y ahora quiere volver a casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mario-quiere-volver-casa_1_1869680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b63a443b-0be3-4f7a-9860-e2ba8da380bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia de Mario, el niño hondureño que se unió solo a la caravana migrante y ahora quiere volver a casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mario es un niño migrante hondureño que se unió solo a la caravana que desde el pasado 13 de octubre camina rumbo a Estados Unidos</p><p class="subtitle">El menor, que fue detenido al intentar cruzar la frontera entre Guatemala y México, se encuentra en un albergue para menores de Tapachula (México), pero dice que quiere volver a San Pedro Sula con sus padres</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.plazapublica.com.gt/content/mario-quiere-volver-casa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Este reportaje se public&oacute; originalmente en Plaza P&uacute;blica, de Guatemala</strong></a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Mario David tiene un tono de voz profundo, es curioso, inquieto y con una sonrisa llena de contagiosa picard&iacute;a. <a href="https://www.plazapublica.com.gt/content/mario-quiere-volver-casa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El peque&ntilde;o guerrero, originario de San Pedro Sula, con sus 12 a&ntilde;os es uno de los menores </a>no acompa&ntilde;ados que viajan en la caravana migrante que sali&oacute; el pasado 13 de octubre de Honduras hacia Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Su inquietud y curiosidad llamaron la atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n y de los migrantes que <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-hondurenos-Mexico-encerro-temporalmente_0_827317311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">avanzan en la caravana</a><a href="https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-hondurenos-Mexico-encerro-temporalmente_0_827317311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> por M&eacute;xico, tras pasar por Guatemala</a>.
    </p><p class="article-text">
        Lo vi el lunes 15 de octubre, en una de las reuniones de los dirigentes del grupo, despu&eacute;s de haber pasado la frontera de Agua Caliente, sentado, cantando consignas. Despu&eacute;s lo encontr&eacute; subido en veh&iacute;culos avanzando en el recorrido de la caravana por el territorio guatemalteco.
    </p><p class="article-text">
        Al enterarse en las noticias de que un grupo de hondure&ntilde;os dejaba su pa&iacute;s para buscar mejores oportunidades de trabajo y un mejor lugar para vivir, decidi&oacute; unirse a la caravana e iniciar el viaje desde San Pedro Sula, su ciudad natal. Sali&oacute; sin permiso de sus padres y sin avisar a nadie. Llevaba una camiseta de mangas cortas que dice Inglaterra, un pantal&oacute;n corto, un su&eacute;ter amarrado a la cintura y un billete de la suerte de dos lempiras en la bolsa.
    </p><p class="article-text">
        Como los miles de centroamericanos que desde hace dos semanas caminan rumbo a los Estados Unidos, Mario David Castellanos Murillo es el s&iacute;mbolo y reflejo de una sociedad que huye de la violencia y pobreza en la que la corrupci&oacute;n y desigualdad han sumido a Honduras.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; te gustar&iacute;a estudiar en Estados Unidos? &mdash;pregunt&eacute; a Mario la primera vez que le habl&eacute;, en Esquipulas, Chiquimula (Guatemala).
    </p><p class="article-text">
        &mdash;De lo que sea, con tal de que haga pisto [dinero] &mdash;respondi&oacute; entre risas.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cruzar la frontera de Agua Caliente, el peque&ntilde;o consigui&oacute; que le prestaran un tel&eacute;fono para comunicarse con su familia. En breves minutos les inform&oacute; de que no estaba en San Pedro, que se hab&iacute;a unido a la caravana migrante y que su objetivo era llegar a Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Mario es un hombrecito valiente, determinado y atrevido. Tambi&eacute;n es un ni&ntilde;o tierno, juguet&oacute;n y enamorado de su familia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; dice tu familia sobre que est&eacute;s viajando solo hacia Estados Unidos?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Que est&aacute; bien &mdash;responde entre dientes, despu&eacute;s de un largo silencio que se mezcla con suspiros y l&aacute;grimas que recorren sus redondas mejillas.
    </p><p class="article-text">
        Su madre, Dilsya Murillo, cuenta, le dijo que siguiera &ldquo;hasta donde Dios se lo permitiera&rdquo;. Jos&eacute; Castellanos, su padre, dijo a <a href="https://www.plazapublica.com.gt/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Plaza P&uacute;blica</em></a> que el peque&ntilde;o &ldquo;sali&oacute; sin permiso y en b&uacute;squeda de ese sue&ntilde;o de poder vivir mejor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el d&iacute;a en que Mario sali&oacute; de su casa, la mam&aacute; no suelta su m&oacute;vil. Cada vez que el tel&eacute;fono suena, contesta inmediatamente esperando que sea Mario. La llam&eacute; tres veces durante la &uacute;ltima semana, y al percatarse de que no era su hijo, pasaba el tel&eacute;fono a Jos&eacute; para fuera &eacute;l quien atendiera la llamada.
    </p><p class="article-text">
        Seis d&iacute;as despu&eacute;s de iniciar el viaje, tras pasar por Guatemala, a ratos a pie, a ratos subido en camiones o autobuses, Mario lleg&oacute; a Ciudad Tec&uacute;n Um&aacute;n, el pueblo donde termina el territorio guatemalteco y donde, al cruzar el puente Rodolfo Robles, empieza el mexicano; justo sobre el r&iacute;o Suchiate que divide ambos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Lo encontr&eacute; de nuevo en el parque central de ese caluroso pueblo fronterizo. Luc&iacute;a cansado, pero contento. Estaba satisfecho de haber concluido el primer tramo de su viaje. No ten&iacute;a claro su futuro, pero estaba orgulloso de lo logrado. Se sent&oacute; entre varios periodistas, tom&oacute; la c&aacute;mara de uno de ellos y empez&oacute; a tomar fotograf&iacute;as. Necesitaba entretenerse, estaba ansioso.
    </p><p class="article-text">
        Sentados a una mesa ubicada en una plaza de peque&ntilde;os restaurantes, rodeados de otros migrantes, tuvimos una conversaci&oacute;n de amigos. Hablamos del cansancio y de fotograf&iacute;a. Tom&oacute; mi m&oacute;vil y me pidi&oacute; que le dejara jugar al Candy Crush mientras llegaba la hora de caminar.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Te gustar&iacute;a aprender a tomar fotos?  
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mmmm &mdash;asinti&oacute; con la cabeza, prestando poca atenci&oacute;n a la conversaci&oacute;n y toda al tel&eacute;fono con el que jugaba.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cantar el himno hondure&ntilde;o en la plaza central y escuchar a los l&iacute;deres de la caravana, Mario se preparaba para cruzar el puente de manera pac&iacute;fica para ingresar a M&eacute;xico y continuar con la ruta de la caravana.
    </p><h3 class="article-text">Gases lacrim&oacute;genos</h3><p class="article-text">
        Es casi mediod&iacute;a del 19 de octubre y la caravana se dirige hacia Ciudad Hidalgo, la primera parada prevista en territorio mexicano. Una masa humana de unas 3.000 personas se disponen a cruzar la frontera. El calor es intenso, sofocante. Mario marcha al frente de la caravana; no es el l&iacute;der, m&aacute;s bien parece ser el s&iacute;mbolo.
    </p><p class="article-text">
        Un contingente de agentes antidisturbios de la Polic&iacute;a mexicana cierra el port&oacute;n de rejas blancas para impedir el paso de los migrantes. El ambiente se torna tenso. La multitud entona una vez m&aacute;s el himno nacional de Honduras. Mario pide a gritos que los dejen pasar. Ruegan, suplican, exigen, gritan, empujan. El port&oacute;n de rejas blancas empieza a ceder ante la fuerza de los migrantes. Caos. Estruendos. La polic&iacute;a lanza bombas de gas lacrim&oacute;geno para obligar a los migrantes a retroceder. Unos resisten, otros se lanzan al r&iacute;o y empiezan la traves&iacute;a nadando. Otros lo cruzan en las improvisadas balsas en las que a diario centenares de migrantes, comerciantes y vecinos de la zona cruzan la frontera de ida y vuelta.
    </p><p class="article-text">
        Veo a Mario resistir, correr, gritar, llorar. Intenta trepar el port&oacute;n de rejas blancas, pero la imponente mano de un agente se lo impide. El polic&iacute;a federal mexicano lo toma por el cuello y lo devuelve con fuerza a territorio guatemalteco. Mario es fuerte, regordete, unos 150 cent&iacute;metros de estatura; pero es un ni&ntilde;o. Los gases lacrim&oacute;genos que ha inhalado lo vencen; el empuj&oacute;n del federal lo vence; la aplastante multitud lo vence; el caos lo vence. 
    </p><p class="article-text">
        Un funcionario de migraci&oacute;n de M&eacute;xico abre brevemente el port&oacute;n de rejas blancas para que las personas afectadas por los gases puedan pasar al otro lado; a territorio mexicano. Veo a Mario correr. Es uno de los primeros en entrar. Se sienta en el suelo, sofocado, parece no entender nada de lo que ocurre. Su rostro ha cambiado. De pronto, la voz fuerte y chillona y la picard&iacute;a de sus ojos de ni&ntilde;o han desaparecido. Llora. Se restriega los ojos tratando de limpiar las l&aacute;grimas. Alguien deja caer sobre su cara un chorro de agua para ayudarlo a aliviar los da&ntilde;os provocados por el gas.
    </p><p class="article-text">
        Me siento frente a Mario. Le tomo la mano y le acerco un poco de agua para beber. Le pido que se tranquilice, le repito que va a estar mejor. Lo abrazo, nos abrazamos durante algunos minutos; limpio su rostro empapado de l&aacute;grimas y furia. A los dos nos tiembla el cuerpo. A Mario por el susto, a m&iacute; por la impotencia. Mario suspira, llora, se recupera; sigue sin decir una sola palabra.
    </p><p class="article-text">
        Un funcionario de migraci&oacute;n de M&eacute;xico se acerca. Le hace preguntas y las respuestas las va escribiendo en un formulario. Nombre, edad, nacionalidad. Al enterarse de que Mario viaja solo lo levanta del suelo, en donde ha permanecido desde que ingres&oacute; a territorio mexicano y lo mete en una oficina.
    </p><p class="article-text">
        Lo volv&iacute; a ver media hora despu&eacute;s. Sentado dentro de una oficina y rodeado de varias mujeres del departamento de migraci&oacute;n que le soplan el rostro, le dan agua para beber y le aseguran que todo estar&aacute; mejor. Poco a poco se ha recuperado.
    </p><p class="article-text">
        Salimos de la oficina y nos sentamos en unas bancas. Charlamos. Me cuenta las peripecias de su viaje; me da detalle de lo que acaba de ocurrir, de c&oacute;mo la polic&iacute;a mexicana cerr&oacute; el port&oacute;n de rejas blancas, de los gases lacrim&oacute;genos, del miedo. Narra lo que ocurri&oacute; en la oficina de migraci&oacute;n, de las preguntas que le hicieron, de la incertidumbre. No sabe qu&eacute; ocurrir&aacute; con &eacute;l ni con los otros integrantes de la caravana que permanecen dentro de la oficina de migraci&oacute;n, pero est&aacute; decidido a continuar el viaje. Una llamada a mi tel&eacute;fono interrumpe nuestra conversaci&oacute;n. Cuando vuelvo a prestar atenci&oacute;n a Mario, ya no estaba. Agentes de migraci&oacute;n lo hab&iacute;an llevado otra vez a la oficina. Por m&aacute;s que rogu&eacute;, me negaron el acceso.
    </p><p class="article-text">
        Esa fue la &uacute;ltima vez que lo vi.
    </p><h3 class="article-text">Regresar a casa</h3><p class="article-text">
        Busqu&eacute; a Mario durante tres d&iacute;as, sin &eacute;xito. Nadie daba raz&oacute;n de su paradero, apenas hab&iacute;a rumores sobre posibles lugares a donde podr&iacute;an haberlo llevado, pero nada seguro. Que quiz&aacute; estaba en la Estaci&oacute;n de Migraci&oacute;n Siglo XXI; o tal vez en el albergue instalado en la Feria Mesoamericana; o en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado de Chiapas para hombres menores de edad. Todos con ingreso restringido.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que el mi&eacute;rcoles 24 de octubre recib&iacute; un mensaje. Griela Garc&iacute;a Borges, del Centro de Derechos Humanos Fray Mat&iacute;as de C&oacute;rdova, a quien le hab&iacute;a pedido ayuda, me avis&oacute; de que hab&iacute;a encontrado a Mario durante una visita de rutina. Est&aacute; ingresado en un albergue del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de Chiapas, en las afueras de Tapachula. &ldquo;&iexcl;Est&aacute; bien!&rdquo;, me escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y a continuaci&oacute;n un mensaje de voz: &ldquo;&iexcl;Hola Andrea! Aqu&iacute; estoy bien, en un formatorio (reformatorio), pero aqu&iacute; estoy&rdquo;. La voz chillona de Mario en la grabaci&oacute;n; apenas once palabras. &iexcl;Est&aacute; bien! Alivio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Mario quiere regresar a casa, a San Pedro Sula, al lugar del que huy&oacute; esperanzado hace dos semanas. Eso fue lo que dijo a Griela, y es tambi&eacute;n lo que desean sus padres. &ldquo;Yo lo que quiero es que mi hijo vuelva a la casa aqu&iacute; con nosotros&rdquo;, dice Jos&eacute; Castellanos, su padre.
    </p><p class="article-text">
        El Centro de Derechos Humanos Fray Mat&iacute;as de C&oacute;rdova espera que las autoridades migratorias de M&eacute;xico escuchen a Mario esta misma semana y de inmediato lo regresen de forma segura a San Pedro Sula para reunirse con su familia.
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o de estudiar y trabajar en Estados Unidos que llev&oacute; a Mario a unirse a la caravana migrante queda en suspenso. Con su regreso a Honduras, volver&aacute; al punto de partida; a la violencia y la pobreza de las que huy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La cantidad de menores no acompa&ntilde;ados que formaban parte de la caravana y que han sido institucionalizados en M&eacute;xico a&uacute;n es desconocida. Las autoridades mexicanas informan poco sobre la situaci&oacute;n de los migrantes que permanecen en los albergues estatales.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Griela Garc&iacute;a Borges, Mario podr&iacute;a solicitar refugio en M&eacute;xico. El tr&aacute;mite para resolver esa petici&oacute;n tardar&iacute;a no menos de 45 d&iacute;as h&aacute;biles, durante ese tiempo deber&iacute;a permanecer en el albergue. Si el asilo le fuera denegado, ser&iacute;a deportado a Honduras; si le fuera concedido, ser&iacute;a enviado a un albergue de puertas abiertas en la Ciudad de M&eacute;xico, donde permanecer&iacute;a hasta cumplir la mayor&iacute;a de edad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Godínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mario-quiere-volver-casa_1_1869680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Oct 2018 18:35:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia de Mario, el niño hondureño que se unió solo a la caravana migrante y ahora quiere volver a casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[México,Guatemala,Menas - Menores Extranjeros No Acompañados,Caravana de migrantes]]></media:keywords>
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