<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Sandra Magro Ruiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sandra_magro_ruiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sandra Magro Ruiz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/516931/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cienciacritica/restauracion-ecologica-climatico-ii-soluciones_132_1826273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb083e69-3cc7-4935-876a-f1d46f37e1b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La restauración de ecosistemas y la promoción de la infraestructura verde como medidas de adaptación al cambio climático están estrechamente conectadas con las políticas de mitigación</p><p class="subtitle">Conocemos los servicios ambientales con mayores posibilidades de ser recuperados y la restauración ecológica ofrece soluciones para reducir el impacto asociado a eventos climáticos extremos</p><p class="subtitle">Las soluciones basadas en la naturaleza y en general la mitigación y la adaptación al cambio climático requieren de una transformación profunda en nuestra ordenación y gestión del territorio a escalas regionales amplias combinada con acciones locales</p><p class="subtitle">Contamos con numerosas ideas y herramientas de restauración ecológica y con ellas hemos diseñado buenas estrategias a corto, medio y largo plazo. El problema ahora es su implementación ya que requiere conciencia social y voluntad política</p></div><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico est&aacute; aqu&iacute; para quedarse. Por un buen tiempo. Eso ya nadie lo duda, salvo unos pocos desinformados y unos no tan pocos desalmados. Lo que nos queda por aprender ahora es c&oacute;mo podemos <strong>mitigarlo</strong> y hasta qu&eacute; punto podemos <strong>adaptarnos</strong> a la dimensi&oacute;n del cambio que no va a poder frenarse en el corto plazo. Una de las principales preocupaciones que se suman a las relacionadas con sus efectos directos sobre la salud y el bienestar humanos es la <strong>alteraci&oacute;n de numerosos procesos ecol&oacute;gicos </strong>que lleva asociada el cambio clim&aacute;tico. Estas alteraciones afectan a su vez a numerosos <strong>bienes y servicios ecosist&eacute;micos</strong> que necesitamos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, bienes y servicios que se ven tambi&eacute;n alterados por la degradaci&oacute;n directa de los ecosistemas a trav&eacute;s de la fragmentaci&oacute;n, los cambios de uso del territorio, la sobreexplotaci&oacute;n de recursos como el agua o la introducci&oacute;n de especies ex&oacute;ticas, por ejemplo. Esta combinaci&oacute;n de ecosistemas degradados que se ven crecientemente amenazados por cambios en el clima constituye uno de los principales desaf&iacute;os de la restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica del siglo XXI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los servicios ambientales con mayor probabilidad de <strong>ser recuperados</strong> a trav&eacute;s de acciones de restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica destacan los siguientes:&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Sumideros de carbono</strong>, es decir captaci&oacute;n de una parte del CO2 que estamos vertiendo a ritmos crecientes a la atm&oacute;sfera y que est&aacute; en la base del propio cambio clim&aacute;tico. En el caso de Espa&ntilde;a, los bosques ver&aacute;n incrementada su producci&oacute;n forestal (y por tanto su funci&oacute;n como sumideros de carbono) a lo largo de la primera mitad del siglo XXI, pero todo indica que se ver&aacute; reducida posteriormente si no acertamos con las medidas adecuadas de gesti&oacute;n y el clima contin&uacute;a cambiando como lo hace ahora.</li>
                                    <li><strong>Regulaci&oacute;n del ciclo del agua y balance h&iacute;drico</strong>. En el caso de los ecosistemas forestales, su expansi&oacute;n favorece la evapotranspiraci&oacute;n (aumentada por efecto del calentamiento global) en detrimento de la disponibilidad h&iacute;drica tanto para recarga del acu&iacute;fero como para escorrent&iacute;a superficial y como recurso para los ecosistemas y la sociedad. Pero los bosques, como muchas formas de cubierta vegetal, previenen la erosi&oacute;n y aten&uacute;an las inundaciones bruscas y catastr&oacute;ficas. Por tanto, la restauraci&oacute;n debe balancear estas dos caras de la misma moneda cuando recupere la cubierta vegetal de una zona degradada.</li>
                                    <li><strong>Polinizaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de semillas</strong>. La restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica de h&aacute;bitats degradados es capaz de recuperar interacciones entre organismos que se han perdido o han quedado muy afectadas como aquellas que se establecen entre distintos animales y plantas para asegurar la polinizaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de estas &uacute;ltimas.</li>
                                    <li><strong>H&aacute;bitats para la biodiversidad</strong>. La restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica recupera y ampl&iacute;a la cantidad y la calidad de los h&aacute;bitats disponibles para numerosas especies de flora y fauna.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la recuperaci&oacute;n de estos bienes y servicios ambientales clave, la restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica debe encaminarse a reducir el impacto asociado &nbsp;a &nbsp;<strong>eventos extremos</strong> &nbsp;como sequ&iacute;as, inundaciones, heladas fuera de temporada, huracanes muy destructivos, oleaje intenso o incendios devastadores que cada a&ntilde;o vuelven a superar records hist&oacute;ricos. Una manera de hacer frente a estos fen&oacute;menos es recuperando las <strong>barreras naturales</strong> que interfieren o ralentizan los flujos de materia y energ&iacute;a; por ejemplo, restaurando y favoreciendo cordones dunares, marismas y manglares que hacen frente a los embates del mar y aten&uacute;an las inundaciones costeras. &nbsp;Otra forma de amortiguar los efectos de eventos extremos es <strong>proporcionar espacio f&iacute;sico para los procesos naturales</strong>; por ejemplo reconstruyendo las llanuras de inundaci&oacute;n de los r&iacute;os en su curso medio (pensemos en el rio Ebro y sus recurrentes inundaciones) o los humedales continentales, siempre menguantes y amenazados a pesar de sus funciones de laminaci&oacute;n y retenci&oacute;n frente a grandes avenidas de las que nadie se acuerda hasta que ocurre alg&uacute;n desastre. En muchos casos, la restauraci&oacute;n de estas barreras naturales y estos espacios que se han &ldquo;robado&rdquo; a la naturaleza llevar&aacute;n asociado, a corto plazo, la <strong>reconfiguraci&oacute;n o eliminaci&oacute;n de infraestructuras humanas</strong> y, a medio y largo plazo, un cambio profundo en el modelo de <strong>desarrollo territorial</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestro modelo de desarrollo territorial actual en interacci&oacute;n con los escenarios clim&aacute;ticos m&aacute;s probables va a generar <strong>barreras clim&aacute;ticas, no s&oacute;lo f&iacute;sicas,</strong> entre poblaciones y comunidades de animales y plantas. Este modelo dificulta cada vez m&aacute;s no solo los flujos ambientales f&iacute;sicos (hidrol&oacute;gicos, por ejemplo) sino tambi&eacute;n numerosos intercambios y procesos biol&oacute;gicos, catalizando una <strong>fragmentaci&oacute;n difusa</strong> que se suma a la fragmentaci&oacute;n directa del territorio mediante la creaci&oacute;n de infraestructuras y la artificializaci&oacute;n del suelo. El cambio clim&aacute;tico afecta a la conectividad ecol&oacute;gica del territorio. Por ejemplo, los procesos de desertificaci&oacute;n, los incendios o las plagas, que aumentan debido al cambio clim&aacute;tico, generan <strong>desconexiones entre y dentro de los ecosistemas</strong> disminuyendo el h&aacute;bitat realmente disponible y limitando el movimiento de las especies. Por ello, la restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica debe preservar e incluso maximizar la conectividad efectiva entre fragmentos de ecosistemas y entre poblaciones y comunidades, especialmente aquellas que corran mayores riesgos de aislamiento f&iacute;sico y clim&aacute;tico en el futuro.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a44d4fa1-17c9-4fca-ad8a-e26605ed72db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Es bien sabido que ante el cambio clim&aacute;tico, como ante cualquier cambio global, caben dos grupos de acciones principales: la <strong>mitigaci&oacute;n</strong>, es decir, reducir la magnitud del cambio; y la <strong>adaptaci&oacute;n</strong>, que implica adecuarse a los impactos que previsible e inevitablemente este cambio va a traer consigo. Las <strong>medidas de adaptaci&oacute;n en proyectos de restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica</strong> van en la l&iacute;nea de conservar los ecosistemas remanentes en buen estado, fomentar los bosques maduros, favorecer las <strong>masas forestales mixtas</strong>, incrementar la <strong>diversidad gen&eacute;tica</strong> de las especies, facilitar la evoluci&oacute;n de los ecosistemas hacia estados maduros y m&aacute;s funcionales y resilientes, &nbsp;asegurar la <strong>conectividad</strong> entre formaciones vegetales hoy fragmentadas, <strong>diversificar los tipos de h&aacute;bitat</strong> a escala de paisaje y potenciar la <strong>multifuncionalidad</strong> de los ecosistemas. En la reciente publicaci&oacute;n de las bases cient&iacute;fico-t&eacute;cnicas de la Estrategia Estatal de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauraci&oacute;n Ecol&oacute;gicas se incluyen m&aacute;s sugerencias de adaptaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No importa lo claramente definidos y lo realistas que sean <strong>los objetivos de un proyecto</strong> de restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica: la variaci&oacute;n y el cambio ambiental y las incertidumbres asociadas van a seguir estando ah&iacute;. Aqu&iacute; es donde la <strong>gesti&oacute;n adaptativa</strong> se vuelve imprescindible. La gesti&oacute;n adaptativa en los proyectos de restauraci&oacute;n de ecosistemas, proporciona un marco formal para evolucionar desde las metas y los objetivos, planificando acciones de intervenci&oacute;n y monitoreo que aseguren el &eacute;xito en estas circunstancias de cambio creciente y de nuevas incertidumbres. El <strong>seguimiento de los resultados</strong> de las acciones de restauraci&oacute;n durante y tras la implementaci&oacute;n del proyecto permite usar lo aprendido para <strong>reajustar la gesti&oacute;n</strong>, para aplicar nuevas acciones o, si es necesario, para <strong>revisar los objetivos</strong>. Lamentablemente, la expectativa de que la restauraci&oacute;n resultar&aacute; en ecosistemas autosuficientes que no requieren mayor atenci&oacute;n es, en gran medida, infundada. El concepto de <strong>adaptaci&oacute;n basada en ecosistemas</strong> (AbE, o Ecosystem Based Adaptation, EbA, en ingl&eacute;s) implica el uso de la biodiversidad y los servicios ecosist&eacute;micos como una parte esencial de la estrategia global de adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico, es decir, de una estrategia para reducir sus efectos adversos sobre la sociedad, la econom&iacute;a y el medio ambiente. &nbsp;<strong>La adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico basada en los ecosistemas</strong> adem&aacute;s de contribuir a la conservaci&oacute;n de la biodiversidad tiene una buena relaci&oacute;n coste-efectividad y genera numerosos beneficios sociales, econ&oacute;micos, ambientales y culturales. Esta visi&oacute;n de <strong>triple balance</strong>, se apoya en la accesibilidad de estos enfoques a las poblaciones locales, que, dada su interacci&oacute;n y dependencia de los ecosistemas, contribuyen de forma decisiva a mantener el conocimiento tradicional y los valores culturales del territorio en el que viven.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d28936d8-d28d-433d-b15d-6016f5effb54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las acciones de restauraci&oacute;n de ecosistemas y promoci&oacute;n de la infraestructura verde como medidas de adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico est&aacute;n <strong>estrechamente conectadas con las pol&iacute;ticas de mitigaci&oacute;n</strong>, en tanto en cuanto son capaces de contribuir coordinadamente al aumento de la fijaci&oacute;n (sumidero) de carbono. Especialmente en los <strong>entornos urbanos</strong>, estas medidas pueden ser muy importantes y se han englobado dentro del concepto de <em>nature based solutions</em> (NBS) o soluciones basadas en la naturaleza. La mitigaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n a trav&eacute;s de las soluciones basadas en la naturaleza pueden implementarse con este tipo de acciones:&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Almacenar y retener el carbono mediante iniciativas limpias que potencien sumideros naturales.</li>
                                    <li>Desarrollar puertas y corredores verdes aprovechando el potencial de los ecosistemas sanos.</li>
                                    <li>Mitigar los efectos urbanos de isla t&eacute;rmica mediante cubiertas verdes y el desarrollo de la infraestructura verde urbana.</li>
                                    <li>Fomentar t&eacute;cnicas de cultivo que incrementen la fijaci&oacute;n de CO2 en campos agr&iacute;colas.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;Aunque <strong>el problema es complejo</strong> y su resoluci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s y aunque los cient&iacute;ficos no tenemos a&uacute;n todas las respuestas a las principales preguntas, ya contamos con una evidencia apabullante del <strong>riesgo ambiental</strong> que corremos y de la amenaza que ello plantea sobre nuestro bienestar y seguridad. Pero tambi&eacute;n contamos con una <strong>bater&iacute;a amplia de ideas y de herramientas </strong>para construir un mundo mejor. Algunas se recogen en recientes manuales como la <strong>Gu&iacute;a Pr&aacute;ctica de Restauraci&oacute;n Ecol&oacute;gica </strong>que ha impulsado la Fundaci&oacute;n Biodiversidad del Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, que se presentar&aacute; el d&iacute;a 20 de noviembre de 2018 en la COP 14 del Convenio Internacional de Diversidad Biol&oacute;gica (CDB) de Sharm-El Sheik (Egipto) y el 28 de noviembre en el stand del Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica en el CONAMA, el Congreso Nacional de Medio Ambiente que se celebra anualmente en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con estas y muchas m&aacute;s ideas y herramientas hemos dise&ntilde;ado <strong>buenas estrategias</strong> a corto, medio y largo plazo. <strong>El problema es su implementaci&oacute;n </strong>ya que requiere conciencia social y voluntad pol&iacute;tica. &nbsp;Si dejamos de mirar a otro lado y nos ponemos manos a la obra, puede que el planeta aun le deje sitio a <em>Homo sapiens</em> unos siglos, o, quiz&aacute;, unos milenios m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Valladares, Sandra Magro Ruiz, Adrián Escudero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cienciacritica/restauracion-ecologica-climatico-ii-soluciones_132_1826273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Nov 2018 20:30:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cb083e69-3cc7-4935-876a-f1d46f37e1b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="147967" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cb083e69-3cc7-4935-876a-f1d46f37e1b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="147967" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cb083e69-3cc7-4935-876a-f1d46f37e1b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cienciacritica/restauracion-ecologica-cambio-climatico-desafio_132_1848770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El desafío para una restauración de ecosistemas eficiente y actual radica en encontrar un equilibrio entre el pasado, como referencia de lo que hubo, y el futuro, lo que podrá adaptarse a los nuevos escenarios de cambio global</p><p class="subtitle">Es vital tener en cuenta el cambio climático en los programas de restauración así como todas las complejas interacciones entre los procesos y factores implicados huyendo de visiones simplistas y de recetas generales</p><p class="subtitle">Los impactos de los programas de reforestación a gran escala necesitan estar más que nunca en contacto con el conocimiento científico para tomar las mejores decisiones en cada caso</p></div><p class="article-text">
        Restaurar en sentido estricto significa arreglar algo que se ha roto y ponerlo en el estado que antes ten&iacute;a. Sin embargo, si consideramos los escenarios de cambio clim&aacute;tico m&aacute;s probables, la restauraci&oacute;n de los ecosistemas degradados se enfrenta a <strong>una paradoja dif&iacute;cil de resolver</strong>: mirar al pasado como referencia para recuperar lo que se ha perdido o mirar al futuro para regenerar ecosistemas capaces de adaptarse a lo que viene. La <strong>restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica</strong>, seg&uacute;n la <a href="https://www.ser.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SER</a>, la  sociedad internacional que la investiga, coordina y apoya desde el conocimiento cient&iacute;fico y t&eacute;cnico, consiste en ayudar a los ecosistemas que han sido degradados, da&ntilde;ados o destruidos a que recuperen su capacidad de producir bienes y servicios ambientales como las materias primas, la depuraci&oacute;n del agua o del aire o la regulaci&oacute;n del clima. La clave para una restauraci&oacute;n de ecosistemas eficiente y actual radica precisamente en encontrar <strong>un equilibrio entre el pasado y el futuro</strong>. El compromiso con la historia de un territorio a la hora de restaurarlo permite comprender la gama de ecosistemas que un lugar concreto puede albergar, as&iacute; como la disposici&oacute;n de los organismos y especies que forman o han formado parte de ellos. Mirar hacia el futuro, sin embargo, es vital cuando lo que nos preocupa es <strong>reconciliar la recuperaci&oacute;n de un ecosistema</strong> con nuestro propio desarrollo socio-econ&oacute;mico y <strong>con el cambio ambiental global</strong> que ello acarrea. Estamos hablando de pasar de una restauraci&oacute;n convencional en la que se trata de recuperar una foto fija donde los actores (las especies) son &ldquo;las de siempre&rdquo; a una restauraci&oacute;n moderna en la que lo que prima es la recuperaci&oacute;n de procesos y funciones ecol&oacute;gicas, con cierta independencia del elenco (de especies) que hace posible dichas funciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8faebe59-67eb-4f5c-842f-94e95c86a54e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El <strong>cambio clim&aacute;tico</strong> es, sin duda, el motor m&aacute;s medi&aacute;tico de cambio global, pero <strong>no es el &uacute;nico</strong> ni el que m&aacute;s f&aacute;cilmente se asocia con la actividad humana. Los cambios de uso en el territorio, como los procesos de urbanizaci&oacute;n o la expansi&oacute;n de la agricultura, la introducci&oacute;n de especies invasoras y la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos son tambi&eacute;n procesos con importantes repercusiones en el funcionamiento global del planeta. Todos estos componentes del cambio global <strong>interact&uacute;an entre s&iacute; de forma compleja</strong>, reforz&aacute;ndose o atenu&aacute;ndose. Es el resultado neto de todas estas interacciones, en el tiempo y en el espacio, lo que hay que valorar a la hora de restaurar los ecosistemas. Por ello, el punto de partida antes de ponernos a plantar o introducir ninguna especie es determinar para cada caso cu&aacute;ntos y cu&aacute;les de todos estos componentes del cambio global est&aacute;n operando y cu&aacute;les tendr&aacute;n un mayor impacto en el corto y medio plazo. Por su alcance e importancia en la din&aacute;mica de los ecosistemas, el cambio clim&aacute;tico es uno de los factores a los que debemos prestar mayor atenci&oacute;n. Por ello, el segundo paso es concretar los escenarios m&aacute;s probables para el clima futuro en el lugar a restaurar. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no podemos basarnos en modelos globales del clima para poder identificar como afectar&aacute; el cambio clim&aacute;tico a los ecosistemas restaurados ya que son poco &uacute;tiles por su baja resoluci&oacute;n espacial. Para resolver este problema se han desarrollado diversas t&eacute;cnicas, entre las que destaca la regionalizaci&oacute;n (o downscaling), donde se utiliza informaci&oacute;n de escalas de mayor detalle para reelaborar una descripci&oacute;n de las variables clim&aacute;ticas adecuada para trabajar a escala regional, sub-regional o local. Como resultado se obtienen los llamados <strong>escenarios de cambio clim&aacute;tico regionalizados</strong>, mucho m&aacute;s adecuados para su consideraci&oacute;n en los proyectos de restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica. L&oacute;gicamente, el proceso de generaci&oacute;n de escenarios de cambio clim&aacute;tico regionalizados est&aacute; sujeto a nuevas fuentes de incertidumbre, pero apunta en la direcci&oacute;n que la restauraci&oacute;n ecol&oacute;gica moderna necesita.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c8bac60a-2527-40aa-83bd-d0ddf2fa87e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En paralelo a este dilema de pasado frente a futuro, conviene reflexionar sobre c&oacute;mo <strong>la restauraci&oacute;n de ecosistemas afectar&aacute; a su vez al propio clima local</strong>. Es bien conocido, por ejemplo, el importante papel de la vegetaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de tormentas de evoluci&oacute;n diurna en lugares donde estas tormentas contribuyen con una cantidad grande de la precipitaci&oacute;n anual, como es el caso del Sistema Ib&eacute;rico o de la gran pradera americana en verano, o del Amazonas durante buena parte del a&ntilde;o. Una de las principales motivaciones para la restauraci&oacute;n de ecosistemas es mitigar el cambio clim&aacute;tico mediante la recuperaci&oacute;n de <strong>sumideros de carbono</strong>; es decir, mediante el desarrollo de una potente cubierta vegetal. No obstante, los efectos de la restauraci&oacute;n sobre las condiciones locales van mucho m&aacute;s all&aacute; de la influencia en el ciclo del CO2 de las plantas introducidas o favorecidas con la restauraci&oacute;n. Por ejemplo, la recuperaci&oacute;n de <strong>la cubierta vegetal cambia el albedo</strong> y por tanto afecta al balance radiativo de la atm&oacute;sfera. Cuando los bosques, o las comunidades vegetales en general, recubren zonas que antes eran suelo desnudo se absorbe m&aacute;s radiaci&oacute;n y se produce un ligero pero significativo calentamiento local. Si lo que se cubre de vegetaci&oacute;n es una superficie que antes estaba ocupada por hielo y nieve el efecto es m&aacute;s importante ya que el albedo de estas superficies es mayor del 80% mientras que el de una vegetaci&oacute;n continua es inferior al 10%. Si el programa de reforestaci&oacute;n o recuperaci&oacute;n de la cubierta vegetal se realiza a gran escala (v&eacute;ase la gran reforestaci&oacute;n china con m&aacute;s de 50.000 kil&oacute;metros cuadrados reforestados cada a&ntilde;o en la &uacute;ltima d&eacute;cada) o si se suman los programas de distintos pa&iacute;ses y regiones, se ha visto que el efecto puede traducirse en un aumento de una fracci&oacute;n de grado en dos d&eacute;cadas a escala global. Un importante <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-017-02810-8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado en 2018 en Nature Communications revela que <strong>los cambios en la vegetaci&oacute;n a escala global han acarreado un incremento de 0,23 C&ordm;</strong> en el periodo 2000-2015. El estudio desarrolla bien la existencia de dos procesos contrarios que la vegetaci&oacute;n ejerce sobre la temperatura e ilustra <strong>la complejidad inherente a los cambios en la cubierta del suelo</strong>. En este trabajo se cuantifica tambi&eacute;n el efecto contrario al calentamiento por disminuci&oacute;n del albedo, el del <strong>enfriamiento por la evaporaci&oacute;n del agua</strong> que transpira la cubierta vegetal.  Este efecto result&oacute; ser m&aacute;s importante a nivel global que el relacionado con los cambios en el albedo y mucho m&aacute;s importante cuanto mayor la proximidad al ecuador. La conclusi&oacute;n principal fue que la influencia del enfriamiento por transpiraci&oacute;n en el balance energ&eacute;tico de la atm&oacute;sfera es mayor que la influencia del calentamiento por disminuci&oacute;n del albedo. El efecto fue mucho m&aacute;s pronunciado en zonas tropicales, donde el aumento debido a esta supresi&oacute;n del enfriamiento asociado a la transpiraci&oacute;n de la cubierta vegetal rond&oacute; los 2-3 oC.
    </p><p class="article-text">
        Resulta oportuno profundizar a&uacute;n un poco m&aacute;s en la <strong>cascada de efectos</strong> que cualquier cambio en la estructura de los ecosistemas (objeto inmediato de la restauraci&oacute;n) tiene sobre su funcionamiento (objeto &uacute;ltimo de la restauraci&oacute;n), y como un c&uacute;mulo de <strong>acciones locales</strong> puede tener efectos a escalas m&aacute;s amplias, incluso globales.  La expansi&oacute;n de los bosques, tanto natural como favorecida por los programas de reforestaci&oacute;n o restauraci&oacute;n, modifica la din&aacute;mica de evapotranspiraci&oacute;n de la zona al <strong>bombear una cantidad creciente de agua</strong> desde el suelo hacia a la atm&oacute;sfera. Este proceso que puede entenderse como positivo ya que genera un enfriamiento local y amortiguar extremos t&eacute;rmicos, tambi&eacute;n puede intensificar el <strong>efecto de las sequ&iacute;as</strong>, especialmente cuando la selecci&oacute;n de especies no es la adecuada, tal y como ha dejado ver el seguimiento de los <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/ldr.2356" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">programas de reforestaci&oacute;n a gran escala en China</a>.  Por mucho que nos afanemos, no podemos tener una <strong>visi&oacute;n simplista</strong> sobre lo bueno y lo malo a la hora de restaurar.  Cuando uno mira las cosas de manera global aparecen facetas que pueden llegar a cambiar el cuadro completamente.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta los <strong>impactos</strong> que pueden tener los programas de reforestaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n de la cubierta vegetal a gran escala y que <a href="https://www.iucn.org/theme/forests/our-work/forest-landscape-restoration/bonn-challenge" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">son muchas las iniciativas internacionales</a> que, a d&iacute;a de hoy, ven en la restauraci&oacute;n de ecosistemas (especialmente los bosques) la panacea para la mitigaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico, es preciso estar m&aacute;s que nunca <strong>en contacto con el conocimiento cient&iacute;fico</strong> que nos permita tomar las mejores decisiones en cada caso. Sin recetas y viendo cada situaci&oacute;n como si fuera &uacute;nica y compleja. Que lo son.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Valladares, Sandra Magro Ruiz, Adrián Escudero, Joaquín Hortal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cienciacritica/restauracion-ecologica-cambio-climatico-desafio_132_1848770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Nov 2018 19:35:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="724615" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="724615" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
